Capitulo 4: La primera clase

Dedicado a... RosYCULLEN

-Alice, soy la señorita Sweet, tu nueva profesora, ¿quieres que llamemos a tus padres o prefieres ir a clase?

-Yo quiero ir a clase- suplique.

-Está bien, entonces ven conmigo- me dijo saliendo de aquella habitación.

La seguí por el pasillo, hasta llegar a una clase, ella entro y yo fui tras ella.

-Niños, ella es Mary Alice Brandon, será vuestra nueva compañera durante lo que queda de curso- dijo la señorita Sweet.

-Llamadme Alice- dije yo.

-Hola Alice- saludo toda la clase al unisonó, entre ellos pude distinguir a Kate.

-Siéntate al lado de Kate- me dijo la señorita Sweet.

Rápidamente me dirigía al pupitre que estaba junto al de Kate, y me senté evitando apoyarme en el respaldo de la silla, pues aun me dolía la espalda.

-Alice, es normal que te cueste al principio, ya que todos tus compañeros llevan más tiempo estudiando esto, cuando no comprendas algo solamente pregunta.

-Vale- conteste con una gran sonrisa.

La señorita Sweet comenzó a preguntar las tablas de multiplicar, las reglas ortográficas… y para mí sorpresa era todo lo que yo había estudiado en mi casa.

Cuando llego el momento del recreo Kate me presento a los demás compañeros, todos eran muy buenos y ninguno me trataba como mis padres, ninguno me excluía, sino más bien me aceptaban como uno de ellos.

Fue un perfecto día de clase, apenas notaba ya el dolor de mi espalda debido a mi felicidad, al fin tenía amigos, pero durante la última hora del día ocurrió algo que creo que cambiaria mi vida para siempre.

-Mary Alice Brandon, acuda al despacho de la directora- dijo una mujer entrando por la puerta de clase.

Un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, el dolor de mi espalda se extendió por todo mi cuerpo, me quede paralizada, deseaba gritar con todas mis fuerzas, correr, correr hasta el final del mundo, correr hasta mi casa, mi habitación, sabía que allí nadie me haría daño, era solo mía, nadie más entraba allí.

Pero lo único que pude hacer fue con un gran esfuerzo levantarme, intente correr, pero era como si fuera una marioneta, como si unos hilos invisibles tiraran de mí, me llevaran junto a aquella mujer, intentaba resistirme, pero la fuerza de esos hijos era mayor a la mía, una parte de mi me decía que corriera, otra que estuviera quieta y la ultima y a la que mas temía que siguiera a aquella mujer, que quizá la directora solo deseaba pedir perdón.

Finalmente seguí a aquella mujer hasta la puerta del despacho de la directora, ella se sentó en la mesa que había junto a la puerta, la puerta era completamente negra, parecía muy pesada, llame golpeando con la mano, lo que me produjo un punzante dolor.

-Adelante- escuche que decían desde dentro.

Con un fuerte esfuerzo conseguí abrir la puerta, descubriendo que no solo parecía pesada, sino que lo era.

-¿Me ha llamado llamar?- pregunte dudosa y llena de pánico.

-Sí, siéntate por favor- contesto sin girarse, debido a que estaba mirando por la ventana que había tras su escritorio.

Permanecimos en un silencio incomodo, podía escuchar el paso de los segundo que marcaba el reloj que había colgado sobre la pared, pero para mí a cada momento el paso entre sonido y sonido era menor, mi miedo aumentaba, mi corazón se aceleraba, solo miraba la gran espalda que había frente a mí, la sombra que proyectaba en el patio, el cual divisaba desde mi asiento atabes de la ventana, la sombra de un monstruo a mis ojos de niña, un monstruo que podría acabar con mi vida, o lo que sería peor, evitar que se repitieran los felices momentos que apenas unas horas atrás había compartido con mis compañeros.

En ese momento algo cambio, el temor aumento, su cuerpo giraba poco a poco, baje la vista asustada, temiendo lo que pudiera ocurrirme, esperando el fatídico momento en el que su fusta, o peor, sus manos, volvieran a impactar contra mi cuerpo, esperando que el dolor recorriera con mayor intensidad mi cuerpo, mi cuerpo en dolorido por los golpes que esa misma mañana había recibido, mi espalda envuelta en vendas.

Vi como sus pies se movían, avanzaban hacia mí, mi corazón se acelero más, creí que se me saldría del pecho, mis dientes castañeaban, mi cuerpo temblaba, me costaba respirar, creía que iba a morir.

Pero fue ese el momento en el que una mano firme y pesada se poso delicadamente en mi espalda, aumentaba mi dolor, pero únicamente por el dolor y la presión que sentía, no me había golpeado, no lo pude creer, era… sorprendente.

-Alice, vas a ser una niña buena y no dirás nada a tus padres- dijo con tono cariñoso mientras cogía mi hombro y lo presionaba produciendo que me retorciera.

¿Estaba intentando chantajearme? No lo iba a conseguir, además acababa de darme una idea, sabía que no funcionaria, pero intentarlo no me costaba nada, se lo diría a mis padres.

-Señora directora, ¿está intentando chantajearme? No lo va a conseguir, es mas… me acaba de dar usted una idea- dije sintiendo como con cada palabra la presión sobre mi hombro aumentaba y me retorcía con mayor intensidad.

En ese mismo momento sonó el timbre, la directora instintivamente levanto la mano de mi hombro, sintiéndome libre me levante para correr hacia la puerta para salir de allí, pero al mirar hacia la puerta… ella estaba allí, cerrando la puerta con llave y guardando está en su bolsillo, me sentí prisionera, sentí como si él oxigeno me faltara como si al cerrar la puerta también hubiera cerrado el flujo de aire por mi cuerpo.

Comenzó a caminar hacia mí, y mientras tanto yo caminaba hacia atrás, chocando con los muebles, evitándolos, hasta chocarme finalmente contra la ventana, el gran ventanal…

Pude escuchar como los autobuses se iban, el sonido del motor, estaba sola, debería haberme ido en uno de esos autobuses, imagine que en el colegio solo quedábamos ese horrible monstruo y yo, pero en ese momento escuche como alguien abría la puerta, era la señorita Sweet, ella corrió hacia mí, me tomo de la mano y me saco de allí.

-Alice, ¿estás bien? ¿Te hizo daño?- me pregunto asustada la señorita Sweet.

-Solo me cogió fuerte del hombro, me duele un poco- dije en un susurro sin haber normalizado aun mi respiración y los latidos de mi corazón.

Caminamos rápido hasta salir del edificio, y posteriormente del recinto, una vez fuera del muro que rodeaba la escuela me sentí segura, mi respiración termino de normalizarse, y con ella mi corazón.

-Alice, ¿quieres que te acompañe a casa?- me pregunto la señorita Sweet.

-Si, por favor- suplique aterrada.

El camino se me hizo eterno en completo silencio, pues era bastante largo para hacerlo a pie, y no sabía que decir, cuando al fin llegamos a la entrada de mi casa…

-Alice- comenzó la señorita Sweet- por favor díselo a tus padres- continuo.

-No prometo que me crean- concluí abriendo la puerta, entrando y cerrando tras de mí.

Nadie dijo nada cuando entre en casa, me asome a ver por la ventana y vi como se marchaba la señorita Sweet, mis padres estaban junto con mi hermana viendo la televisión, eran unos adictos a esa caja tonta.

-Hola, he llegado- salude sin obtener respuesta.

Al ver que nadie contestaba, cosa que sabía que ocurriría, me dirigí a mi habitación, cogí mi pijama y fui a darme un baño, llene la bañera, pero no demasiado, pues mi finalidad no era ahogarme, y cuando me introduje en la bañera de agua caliente esperando obtener relajación, solo obtuve un escozor horrible en mi espalda que me ardía al contacto con el agua caliente.

Aguante el dolor que me producía, y en apenas unos segundos este desapareció, no recordaba la última vez que mis padres me habían bañado, pues creo que fue el día anterior a que dijera mi primera frase, ser independiente con mis seis años… era normal para mí.

Estuve un tiempo eterno en aquel baño, el agua se enfriaba con el paso del tiempo, pero me era indiferente. Pensé en todo el día, mis amables compañeros, mi perfecta profesora, y cuando recordé a la directora note el frio del agua, pues su recuerdo enfrió mi cuerpo.

Dejad reviews

Es lo unico que obterngo a cambio de escribir esto...

Dedico al 1º review que llega