Hey! wno lo sientooo! m olvid d publikr el sgte. cap!... me concntré en escribir!... si les gusta est, mañana publico el 5! besoooos! Dios los guard!!

Capítulo 4: Simplemente no puedo

Amaneció, el sol había salido, era un día radiante. Pero Hermione se sentía fatal. Quizás serían las copas, el haberse quedado despierta hasta muy tarde, o quizás simplemente era el hecho de que su "supuesto" mejor amigo haya rebelado secretos de su adolescencia delante todos sus otros amigos.

Es un estúpido ególatra, claro, cuando bebe se olvida del resto del mundo y habla demás ¡sin considerar las consecuencias!... tranquila Mione, no debes dejar que te afecte ¡Pero cómo no me va a afectar si estaba hablando de mi!... de nosotros.

Dispuesta a olvidarse del incidente, decidió tomar un baño. Era tan relajante sentir el agua tibia recorrer su cuerpo, realmente lo necesitaba. Comenzó a pensar en lo que Harry había dicho ¿de verdad sentía que ella lo había dejado? ¿De verdad pensaba que las cosas habían quedado bien? De pronto sin previo aviso, su mente se hundió en sus recuerdos.

Estaba en su habitación, al día siguiente de la discusión que tuvo con el ojiverde.

- Lo siento… - dijo de pronto el peliazabache entrando en su cuarto – yo no medí mis palabras.

- Lo siento también – dijo la castaña dándose la vuelta para mirarlo – la verdad es que yo no quiero herir a Ron, lo quiero demasiado como para hacerle eso, pero lo quiero como un amigo.

- Mione, yo… sólo quiero que sepas que yo me siento de la misma manera que tú con respecto a mi… pero no hacia mi mismo, o sea yo… - comenzó a balbucear el ojiverde.

- Lo sé, Harry, te entiendo – dijo la castaña posando una de sus manos en el hombro del muchacho – y también entiendo por qué no quieres hacer esto, sé que piensas que Ron se va a molestar, que nos va a odiar, pero, Harry, Ron nos ama a los dos, somos sus amigos, y lo que él quiere es nuestra felicidad ante todo – y se acercó a él, despacio, como dando a conocer sus intenciones pero a la vez manteniendo el misterio. Era la primera vez que era tan osada con un chico.

- No, Hermione, simplemente no puedo – le había dicho quitando la mano de la chica de su hombro.

- Entiendo… - había concluido la ojiambar y se había volteado para no cruzarse con su mirada.

- Herms, siento algo demasiado especial por ti, me muero de ver que un chico se te acerca – las palabras del peliazabache eran como fuego en la piel de la castaña – hasta tenía ganas de golpear a Ron cada vez que te besaba; lo que quiero decir es que… no es porque no te quiera, es porque… no puedo.

- Ya te dije que entiendo… - le respondió Hermione con un tono indiferente – no ¿sabes qué? No entiendo, porque a mí también me asusta este sentimiento, pero estaba dispuesta a afrontarlo. Estaba dispuesta a darnos una oportunidad… pero ahora que lo pienso, quizás y no vale la pena, sobre todo cuando la persona con la que quería intentarlo se para frente a mí y me dice cobardemente que "simplemente… no puede" – sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

- Yo… Herms, lo siento, no sabes cuánto me duele esto; es que ahora no puedo tener una relación, y menos con la chica que acaba de dejar a mi mejor amigo – se había excusado Harry, estas palabras habían encendido la ira de la castaña.

- ¿Esto sigue siendo por Ron? ¡Maldita sea Harry! Yo también lo quiero, pero sé que él comprendería; esto no es por Ron, Harry, no te engañes… esto nunca ha sido por Ron, siempre ha sido por tu propia cobardía – comenzó a gritar la ojiambar con furia, ¿cómo podía pararse ahí y decir que pensaba en Ron cuando en realidad era por su propio miedo a amar? – no me trates de engañar… te conozco demasiado bien.

- O por lo menos eso es lo que crees, Hermione – dijo "El niño que vivió" con una mirada desafiante - ¿y a qué viene ese "siempre"? Perdóname pero creo que esto recién empezó al inicio de este año… ¿o me equivoco? ¿o tú ya tenías sentimientos por mí desde antes? – de pronto el peliazabache había olvidado lo serio de la discusión y una sonrisa se había asomado por sus labios.

- Y el engreído Potty regresa – dijo la castaña completamente roja – ¡vete de mi cuarto!

- ¡Bien! – y con un portazo se había ido.

Hace mucho tiempo que no recordaba eso; el agua se sentía tan bien en su piel. Entonces reparó en que ya llevaba más de 20 minutos en la ducha. Era hora de salir y enfrentarse al mundo real. Se vistió, peinó y maquilló y por fin salió del baño, para encontrar a nadie más que al ojiverde de sus sueños, al cuál según ella, "odiaba" en estos momentos.

- Lo siento – comenzó el muchacho; a la castaña le parecía estar de nuevo en su recuerdo.

- ¡Genial! Otra alucinación mía…

- ¿Qué? – dijo Harry mirándola de manera confusa, Hermione se maldecía a sí misma por haber dicho eso – en fin… Hermione, ayer bebí mucho, no fue mi intención, lo hice sin pensar – parecía estar enumerando frases sacadas de un libro titulado "Cómo pedir disculpas y no morir en el intento" – sabes que te quiero ¿verdad?... ¿me disculpas? – dijo el peliazabache poniendo una sonrisa única.

Fingida… esa no es tu verdadera sonrisa.

Hermione lo conocía demasiado bien como para creerse ese numerito. Él era orgulloso, no iría a pedirle disculpas así no más, alguien lo obligó.

Ronald Weasly, ¡eres hombre muerto!

- ¿Ahora me puedes decir lo que realmente piensas? ¿Quién te mandó? – dijo la castaña sentándose a su lado – no te creí nada.

- Vengo a pedirte disculpas y no me crees: ¡es el colmo! Todo salió de mi corazón y tú piensas que alguien me obligó a venir… - comenzó Harry, hablando como si fuera una esposa ofendida.

- Harry, no te gastes… sé que no viniste aquí por tu propia cuenta, eres demasiado orgulloso, sí, lo eres – agregó al ver la mirada de su mejor amigo – como para venir aquí sin que alguien te haya obligado.

- Bien… esto no da para más, me hizo jurar que no diría que él me había enviado, porque según él, lo matarías, pero ya descubriste todo el numerito – dijo dándose por vencido el muchacho de la cicatriz – pero, en serio Herms, lo siento…

- Harry, ¿lo que dijiste ayer era verdad? ¿sientes que yo te dejé? – inquirió Hermione olvidando toda su ira, ahora sólo quería saber qué pensaba el muchacho dueño de sus suspiros y tormentos.

- Mione, yo estaba tomado, no le puedes dar mucho crédito a las palabras de un borracho ¿o sí? – dijo el ojiverde con un intento de sonrisa.

- De acuerdo – dijo la castaña poniéndose de pie – te entiendo…

- Espera... sí, jamás quise admitirlo pero supongo que cuando uno está borracho no mide lo que dice… Herms, siento haberte hecho pasar por eso, yo sé que tú tomaste una decisión, pero simplemente no podía dejar de sentir que me habías abandonado…

- Harry…

- Déjame terminar, por favor… y quizás hasta ayer lo sentía así, pero hoy me di cuenta que no, que yo lo propicié, no tenía ni tengo derecho a sentirme como "la víctima", y por más que me arrepienta no puedo cambiarlo… porque no hay segundas oportunidades ¿verdad? – quiso saber Harry, todo dependía de la respuesta de la muchacha, si ella decía que sí las cosas cambiarían, no estaba dispuesto a dejarla ir esta vez…

- No, supongo que no – dijo la castaña con una mirada llena de tristeza; todo parecía indicar que para ellos no habían segundas oportunidades.

Sintiéndose más apesadumbrado de lo que nunca pensó, Harry salió del cuarto, sin decir una palabra más. Quería reclamarle, decirle que aún podían intentarlo, pero no tenía las agallas para hacerlo, o mejor dicho el atrevimiento, después de todo… él se lo había buscado. El día tan hermoso que había empezado parecía haber perdido su brillo.