Aclaración importante: Creemos necesario aclarar que aunque no lo parezca esto es sólo el principio de la historia, que ahora haya tantas escenas sexuales no significa que todo el fic vaya a ser así. Ya tenemos toda la historia planeada y planificada, no escribimos al azar, sabemos qué va a pasar en cada momento y es necesario este comienzo que trae detrás una historia con mucha más trama. Para los que disfrutáis de la parte sexual, no os preocupéis, no os decepcionaréis y los que buscáis una historia más profunda también vais a quedar contentos con el resultado.
MUCHAS gracias por todo vuestro apoyo y ánimo y aquí os dejamos el siguiente capítulo :)
Recomendación: Mientras escribíamos la parte de Regina en la casa de Emma teníamos en mente una canción de Norah Jones que se titula "Turn me on" por si queréis ponerla de acompañamiento mientras leéis ;)
Capítulo 4. Alumna aplicada
En ningún momento pasó por la cabeza de Emma que iba a quedar en ese estado luego de la visita de Regina. La otra mujer no tenía idea de lo sensual que era, y la rubia estaba segura de que aunque aparentara ser fría, por dentro era todo lo contrario.
El día aún era largo, por lo que no pudo resistirse a llamar a una de sus "amigas" del trabajo para que calmara un poco sus deseos.
El resto de la noche de Emma es como las demás, esta vez pudo lucirse como de costumbre con un traje de policía, y más tarde volvió a casa para meterse en la cama, ahora sola.
-¿Qué te parece si después de cenar vemos una película juntos? ¡Puedes elegir la que quieras!- Regina sonreía mirando a Henry, a veces se sentía mal por el niño, no pasaba todo el tiempo que le gustaría con él.
El niño sonrió ampliamente. Estaba acostumbrado a irse a la cama muy temprano –¡Sí! ¿Podemos ver Harry Potter? ¿Me dejarás ver la última?-
La morena se hizo la que dudaba en broma –Bueno, no lo sé… quizás sea muy sangrienta para ti- sonrío y se acercó a besar su mejilla –Claro que podemos mirarla, y ¿sabes qué? ¡Podemos hacer palomitas de maíz antes!-
Henry estaba muy ilusionado con todo. Luego de cenar los dos solos porque Max aún estaba trabajando, se dirigieron a la cocina para hacer las palomitas. Regina podía pedirle a cualquiera de sus empleadas que las preparara, pero la idea era pasar tiempo con el niño y en ese caso, la cocina no le desagradaba para nada.
-¡Hey! ¡No le pongas tanto caramelo!- se rio mirando al niño mientras por poco vaciaba el frasco encima de las palomitas.
-¡Pero así es mejor! ¡Como en el cine mamá!- cogió algo para beber y ambos se fueron a la sala para ver la película en el gran televisor que tenían.
Pero en el instante en el que estaban por sentarse en el sillón, la puerta se abrió y un silencio invadió tanto a la morena como al niño. Era Max, y no traía buena cara. Cuando ni siquiera decía "Buenas noches" no significaba nada bueno, seguro había sido un día muy malo en el trabajo –Regina, prepara una maleta pequeña, tenemos un vuelo para Los Ángeles en media hora-
Regina se quedó dura, no quería cancelar sus planes con su hijo –¿No puedes ir solo? Es que íbamos a tener noche de películas con Henry- intentó sonar lo más amena posible, con suerte podía ser que el hombre cediera.
-¿Tú crees que voy a suspender este viaje por una estúpida "noche de películas"? ¡Por favor Regina! Si pudieras quedarte créeme que ya estaría en Los Ángeles. Llama a la niñera, y si no está disponible que se quede con una de las empleadas- ni siquiera una mirada había dirigido a su propio hijo, tampoco pasaba por su mente el hecho de poder llevarlo para pasar unos días los tres juntos.
Al niño se le llenaron los ojos de lágrimas. Nunca iba a poder entender el trato que tenía su padre para con él, y envidiaba a sus compañeros de escuela. Jamás Max lo había ido a buscar, sólo habían compartido unas vacaciones juntos en sus 8 años de vida.
Dejó las palomitas a un lado y se fue corriendo a su cuarto. Sabía que no había chance de insistir en estas situaciones, siempre lo más importante para su padre era el trabajo.
A Regina se le rompió el corazón al ver a su hijo así. Y más culpable se sentía por haberlo ilusionado. Salió corriendo detrás de él pero apenas quiso abrir la puerta de su cuarto la mirada desafiante de su marido la acosaba por detrás.
-No hay tiempo para tonterías Regina, ¡ya se le pasará!-
La morena se vio obligada a ir detrás de su marido. Lo odiaba, no entendía cómo podía ser así con su propio hijo, miles de veces le había insistido para llevarlo a sus viajes, diciendo que ella se haría cargo de él pero jamás había accedido –¿Cómo puede ser que jamás pienses en él? Por Dios Max, ¡es tu hijo!- indignada comenzó a sacar ropa de tu armario para meterla en una maleta.
Durante su viaje Regina había tenido un tiempo a solas para comprar la lencería que Emma le había pedido. Había elegido una de color rojo con encaje. Probablemente para su marido sería uno más de sus conjuntos, nada de otro mundo, pero secretamente, Regina esperaba que para Emma no lo fuera.
Los días habían pasado muy lento, pero al fin el sábado había llegado.
Emma se había dado un largo baño luego de haber visitado a su madre en la mañana. Después de eso, se recostó con la idea de dormir sólo un momento, pero se despertó con el insistente timbre. La siesta se había extendido accidentalmente dos horas y la morena estaba poniéndose bastante nerviosa por tener que esperar. Se levantó enseguida buscando lo primero que tenía a mano para ponerse. Esa noche la tendría libre y eso le gustaba. No tenía idea qué pasaría esa tarde pero estaba lista para darle una buena clase a la otra mujer.
La rubia abrió la puerta rogando que no se hubiera ido –Regina, lo siento… me quedé dormida. Pasa –hablaba bastante rápido, se notaba que estaba un poco nerviosa-
Con su ropa completamente arreglada y el conjunto debajo, la morena entró al departamento de la stripper –Veo que te tomas muy en serio tu trabajo. Muy bien Emma- dijo con un tono de ironía al ver a la otra mujer con jeans y una camiseta negra de lo más normal.
-Es que tuve un compromiso en la mañana…- bostezó sin poder evitarlo y se llevó la mano a su cabeza para acomodar un poco su pelo –¿Pasamos al cuarto? Espero que vengas preparada-
Regina tenía que admitir que Emma incluso con cara de dormida se veía muy linda. Caminó detrás ella hacia el cuarto. Dejó su bolso en el suelo y antes de que la rubia pudiera darse cuenta desprendió su camisa dejando a la vista su nuevo sujetador rojo –¿Tu qué crees?-
La stripper la miró levantando sus cejas clavando su mirada directo en los pechos de la morena –Veo que has aprendido… me encanta- enseguida se dio cuenta que eso que había dicho estuvo de más pero no pudo evitarlo –Bueno, ¿qué quieres que hagamos?-
Regina no pudo evitar sonreír al escuchar a la otra mujer decir que le encantaba -Bueno, quiero poner en práctica tus enseñanzas- bajó el cierre de su falda, y la dobló dejándola bien acomodada junto a su camisa.
La rubia se sentó en la cama observando detenidamente lo que hacía la otra mujer –Eso de doblar la ropa no es excitante para nada- se rio un poco y comenzó a quitarse lo que llevaba puesto. La lencería que tenía en ese momento era bastante normal, pero en su cuerpo todo quedaba terriblemente sexy.
-Es que luego quedan arrugas…- al ver que la rubia sonreía asintió –Sí, cierto, nada excitante- apenas Emma se quedó en ropa interior, la morena de deslizó por la cama acomodándose encima de ella.
-Seguro tienes alguien que la planche por ti… no te quejes- la stripper llevó sus manos a la espalda de la morena comenzando a acariciarla con la punta de sus dedos.
-Tengo personas para todo…- Regina no pudo evitar buscar los labios de la rubia. Intentaba mentalizarse de que esto era sólo una práctica, por el bien de su pareja, pero sabía que en el fondo no lo era. La miró a los ojos y se acercó a besarla.
La stripper correspondió el beso sin dudarlo, y posó su mano sobre la nuca de Regina haciéndola bajar a su cuello para que lo bese también. Sus manos no podían estar quietas, recorrían cada rincón de la espalda de la morena con suaves caricias.
Entre besos y mordiscos Regina recorría el cuello de la rubia. Su piel era suave, y un delicioso aroma invitaba a la morena a trazar un recorrido con su lengua hasta el pecho de la otra mujer. Llevó una mano a su espalda para poder quitarle el sujetador porque claramente sobraba. Al mismo tiempo sentía las manos de la stripper recorrer su cuerpo, haciéndola estremecer de deseo.
Un gemido se escapó de la boca de Emma, no quería ejercer presiones a la otra mujer pero realmente necesitaba más de ella.
Al oír el sonido emitido por la rubia en señal de su clara excitación, Regina no pudo evitar continuar el camino de besos por su vientre, e inconscientemente llevó su mano a uno de los pechos pellizcando uno de sus pezones.
La piel de Emma se erizaba con cada beso, su respiración se agitaba y su cuerpo irradiaba calor al sentir el contacto con la otra mujer. No pudo evitar sorprenderse y gemir aún más fuerte al sentir a Regina tocar sus pezones, no era lo planeado, ni era algo que ella le hubiera enseñado, pero le encantaba que fuera de ese modo. La misma mano de la rubia se había posado tímidamente sobre la cabeza de la morena, invitándola a bajar aún más por su cuerpo. Emma creía que si paraba le iba a dar algo.
Cuando la morena estaba a punto de llegar a la entrepierna de la stripper se frenó –Y bien maestra- habló agitada –¿Crees que voy mejorando?-
Emma rodó sus ojos al ver que Regina paraba. No podía entender cómo su marido buscaba a otras mujeres teniendo a una como ella en casa, tan pasional, tan delicada, tan ella. Intentó componerse un poco para hablarle –Muy bien… no sé qué hace tu marido buscando a otras mujeres sinceramente- la rubia estaba muy mojada, podía sentirlo en su ropa interior, y si no recibía la atención que necesitaba, seguramente se la daría ella misma.
-Bueno, quizás es que tengo fallos en otras habilidades y no en besar- la miró a los ojos notando lo excitada que estaba al igual que ella –¿Qué crees que deberíamos probar?-
La rubia estaba sufriendo en ese momento. No podía simplemente dejarse llevar tan fácil, se suponía que esto era un trabajo –No sé hasta dónde estás dispuesta a llegar…-
La morena la miró unos segundos pensativa –Si tú fueras yo y tuvieras a un hombre como te tengo yo a ti… ¿Qué harías? ¿Cómo actuarías?-
-Tendría dos opciones… le haría un buen sexo oral, aunque dadas las circunstancias, y en el estado en el que estoy, me lo tiraría sin más- Emma la miró muy fijo esperando su reacción, estaba tan caliente que no le importaba pararse a medir sus palabras.
Regina se quedó parada unos segundos –En ese caso debería complacerlo y darle lo que quiere- Sin más miramientos se acercó a besar a la rubia apasionadamente y llevo la mano a su entrepierna. Hacía tiempo que no tenía sexo con una mujer, pero no había olvidado cómo hacerlas estremecer con su tacto.
Los movimientos de la morena tomaron a la stripper por sorpresa, pero abrió sus piernas para darle más acceso cuando sintió sus dedos sobre ella. La tomó por la nuca presionándola más contra su cuerpo y jugaron con sus lenguas hasta que le faltó la respiración y tuvo que apartarla para tomar aire entre gemidos. Le sorprendía la habilidad que tenía la otra mujer para hacerle disfrutar tanto, era como si no fuera la primera vez que lo hacía.
Los dedos de Regina recorrían toda su humedad y se detuvo en su clítoris haciendo círculos sobre él. Sabía que se estaba saliendo completamente del guion, pero estaba demasiado excitada como para parar, los gemidos de la rubia la estaban volviendo loca.
Emma no podía soportarlo más, miró fijamente a los ojos de la otra mujer, con la boca entre abierta y jadeando –Te quiero dentro de mi Regina…-
La rubia la hacía sentir sexy, deseable, algo que hacía tiempo que no pensaría que sentiría. Se acercó a su boca mordiendo su labio inferior por momentos y metió dos dedos en el interior de Emma.
Los gemidos de la stripper retumbaron en la habitación, sentía los dedos de la otra mujer entrar y salir rápidamente. Movió sus caderas en sentido contrario a ella, haciendo que el placer fuera aún mayor, no faltaba mucho para que alcanzara el orgasmo –Me voy a correr en tus dedos…- Apenas podía pronunciar las palabras, su respiración agitada no se lo permitía.
A Regina le excitaba mucho que la otra mujer le fuera narrando lo que se le pasaba por la cabeza. Se animó a agregar un dedo más y siguió moviéndolos mientras con la boca se deleitaba en su cuello, saboreando el aroma de aquella mujer que se estremecía a causa de ella.
Emma no podía contenerse ni un segundo más, las caricias y besos de la morena tenían el control de su cuerpo. Emitió un grito de pasión, estaba temblando por el éxtasis y con una última sacudida alcanzó el clímax. Unos segundos después relajó su cuerpo en el colchón con Regina todavía sobre ella. Por primera vez en mucho tiempo no sabía qué decir.
La morena se dejó caer al lado de la otra mujer sin ser capaz de mirarla. Tenía que decir algo que la hiciera sonar fría, que tapara sus actos porque sabía que no se había comportado como debía -¿Y bien? ¿Debería mejor algo? Habla, te pago para que me aconsejes-
El comportamiento de la morena hizo suspirar a Emma –No deberías mejorar nada… pensé que te habías dado cuenta tú sola-
Regina levantó una ceja mirándola –Está bien… La próxima semana podrías enseñarme a decirle cosas que lo exciten, ¿Te parece?-
-¿No te ha excitado lo que te dije?- Sin importarle la actitud fría que estaba teniendo se acomodó sobre ella. Llevaba tiempo con ganas de hacérselo a la otra mujer y de escucharla gritar.
La morena no podía estar más excitada, pero tenía que disimular para que no se notara –Pero quiero aprender a volverle loco sólo con palabras también- sin poder evitarlo miró los labios de Emma.
Eso no pasó desapercibido por la rubia y se acercó aún más a ella -¿Quieres dejar eso para la próxima clase? ¿Segura?- rozó levemente sus labios.
-Es… es tarde ya- le costaba hablar, sentía el aliento caliente de la otra mujer en su boca.
-¿Te gustó hacérmelo? Porque a mí me encantó…-
-Bueno… sirvió para su propósito, ¿no?- sin percatarse, Regina mordió levemente su labio inferior.
-Espero que te sirva con él… por mi parte estás más que aprobada- se acercó a besarla suavemente y luego se incorporó quitándose de encima suyo.
-Perfecto entonces… la semana que viene más- podía sentir una gran humedad entre sus piernas, pero dejarse llevar sólo demostraría su debilidad.
Emma se levantó cubriéndose con una bata –¿Quieres algo de beber o de comer? ¿Algo frío tal vez?-
Regina carraspeó incorporándose en la cama -¿Tienes té helado?- necesitaba bajar la calentura antes de volver a casa.
-Sí tengo- Caminó hacia la cocina y al rato volvió con dos vasos, le acercó uno a la morena –¿Ya has intentado algo de esto con tu marido?-
Bebió un largo tragó –Eh… sí, sí- era mentira, pero no quería que la otra mujer se pensara cualquier cosa.
Emma se sentó en la cama, pensaba que no lo había probado aún -¿Y qué tal ha ido?-
-Ehh bien, hay mejoría pero hay que seguir trabajando en ello- intentaba sonar convincente.
La rubia levantó sus cejas, no parecía muy creíble –Bueno, le pondremos un poco más de ganas el sábado que viene, no te preocupes-
Regina asintió terminando su té. Se levantó de la cama buscando su ropa –Bueno, voy a irme ya- Miró la hija en su reloj, eran las 10 de la noche -¡Dios mío! ¡Es tardísimo! ¿Cómo no me dijiste?-
-Bueno, la clase estaba interesante, supongo que se nos extendió un poco… ¿te dirán algo en casa?- Emma no pudo evitar sonreír de costado.
-No creo que mi marido se haya percatado, le importa poco mi presencia- se acomodó el pelo frente a un espejo –Pero Henry se preguntará dónde estoy…- suspiró.
-Sí… seguro el niño debe estar esperándote, pero no te preocupes no se va a enojar, los niños siempre entienden- Emma intentó quitarle importancia al asunto, le daba pena que el esposo de la otra mujer fuera así con ella.
-No creo que entienda esto, pero inventaré algo, se me da bien eso- terminó de vestirse y tomó sus cosas –Bueno, hasta la semana que viene-
La rubia fue con ella hasta la puerta –Nos vemos en unos días- la miró fijamente esperando algún tipo de despedida "especial".
Regina le devolvió la mirada durante unos segundos –Adiós- salió de allí sin más y fue a casa rápidamente. Por suerte Max no había preguntado por ella y a Henry le dijo que había estado organizando un evento con la abuela. Después de darle las buenas noches se fue a su habitación pensando en lo que acababa de pasar. Estaba mal, muy mal. Se había pasado de la raya, no había manera de justificar lo que había hecho en casa de Emma. Pero lo que más culpa le daba, era lo mucho que le había gustado, parecía que el sexo por fin estaba teniendo sentido en su vida luego de tantos años.
