Bueno, aquí está el nuevo chap...

Espero que os guste:D (se admiten sugerencias:) )

p.d.: hay algún mini-cambio porque un Dumbledore claramente malvado y controlador no me servía para el resto de la historia...no hay cambios significativos, sólo matices respecto a la relacción Dumbledore-Harry


Cuando Harry entró en la casa casi se choca con Linsey, que bajaba las escaleras con una ropa distinta. Le sonrió amablemente y continuó andando.

Nada demostraba que recordase el "incidente" ocurrido minutos antes. Harry, frustrado, decidió escribir a todos en busca de una respuesta. ¡Era imposible que viese a los dementores, y ya no digamos golpearlos!

Subió corriendo las escaleras y echó el pestillo de su cuarto. Sacó de la tabla suelta pergamino, tinta y una pluma, y rápidamente copió en tres trozos de papel la misma carta:

"Hay una chica viviendo con los Dursley. Esta noche, no sé cómo, ha golpeado a dos dementores. ¡Los ha vencido! Dice que no sabe lo que son y que ella es...tóxica para ellos, pero eso no tiene sentido. ¿Qué está pasando?

Quiero una respuesta"

Dobló cuidadosamente los pliegos de papel, escribió fuera el nombre de Ron, Hermione y Lupin, y los ató a la pata de Hedwing.

-Quiero respuestas¿de acuerdo?-murmuró, tratando de que no le temblase la voz.-Quiero respuestas.

Cuando Harry bajó a cenar, todo era normal. Linsey ponía la mesa, Dudley gruñía junto a ella y los Dursley veían la tele en el salón. De no ser por las manchas de barro en sus pantalones (que se hizo al caer), Harry hubiese creído que todo había sido un mal sueño.

La cena transcurrió con tranquilidad.
Harry observaba a Linsey, tratando de encontrar un fallo a su disfraz.

Estaba tan concentrado en ella, tratando de captar cada gesto, cada matiz, que apenas se percató de que llamaban a la puerta.

Como siempre, Linsey se levantó a abrir.
Desde la entrada le llegó una voz poderosa que conocía bien:

-Buenas noches. ¿Está Harry?
Cuando un hombre alto y delgado vestido con una túnica, con un enorme sombrero en la cabeza y una larga barba plateada que llegaba casi hasta el suelo entró en la cocina de los Dursley, el tiempo pareció detenerse. Todos se miraban unos a otros, como en una imagen congelada, preguntándose cómo reaccionar.
-Vernon, Petunia- saludó Dumbledore.

Los Dursley lo miraron sin decir nada.
-Harry...Cuánto tiempo...me alegro de verte.- dijo Dumbledore con voz serena.
-Eh...yo también, señor.-respondió él, tratando de adivinar qué hacía Dumbledore allí.
Como si le hubiese leído la mente, Dumbledore explicó:
-Verás Harry, teniendo en cuenta los recientes sucesos pensé que lo mejor sería hablar contigo. En...privado. –aclaró, viendo las miradas estupefactas de los Dursley.

-Sí, claro, señor. ¿Tal vez en mi cuarto? –asintió Harry.

Una vez estuvieron dentro de la habitación de Harry, Dumbledore empleó un hechizo de silencio para asegurar su privacidad y se le quedó mirando durante unos minutos que se le hicieron interminables.

-Harry...-dijo, con voz urgente, como si lo que fuese a decirle fuese de vital importancia.- ¿Es cierto lo que dices en tu carta¿Esa joven...venció a los dementores¿Así, sin más, como si fuesen unos matones cualquiera?

-Sí.- los ojos de Dumbledore parecían taladrarlo, buscando algún rastro de mentira en su mirada.

-Harry¿estás seguro de que no empleó ningún tipo de magia? Tal vez lo hiciese de forma instintiva...

-No, señor. Yo la vi. No empleó la magia, los dementores estaban confiados, y entonces empezó a sufrir...no podía respirar...se ahogaba...

-Pobre chica...-musitó Dumbledore, comprensivo. Debía tener muy malos recuerdos para reaccionar así.

-No fue ella, señor. El dementor empezó a boquear, y se volvió corpóreo...ella lo golpeó contra una pared, le amenazó y él huyó con su compañero.

- ¿Me está diciendo que la joven Linsey ahuyentó ella sola a dos dementores, sin sufrir ningún daño y sin recurrir a la magia?

- Técnicamente, no. Su nombre es Lyra. Me lo dijo en el callejón.-una sonrisa amarga se formó en los labios de Harry. Estaba demasiado confundido.

-¿Lyra¿Estás seguro?

-Eso dijo.-respondió Harry, encogiéndose de hombros. No veía que importancia podía tener.- Aunque puede que lo haya inventado.

Dumbledore, al fin, hizo aparecer unas cómodas butacas con un elegante gesto de su varita, se sentó y juntó las yemas de los dedos, pensativo, haciendo caso omiso a Harry.

Y Harry estaba empezando a hartarse. Mucho. Y acababa de recordar que estaba furioso con Dumbledore por no haberle hablado antes de la profecía, y por tenerlo todo el verano encerrado en privet drive y aislado, y...

Un momento¿cómo había sabido él lo que decía en su carta?

- Profesor Dumbledore.-llamó su atención, con voz fría.- ¿Cómo supo que Lyra había vencido a los dementores?

Dumbledore lo desvió la mirada, incómodo, y una luz se encendió en la cabeza de Harry. Ahora entendía porqué tardaban tanto las contestaciones de sus amigos¡le habían bloqueado el correo! Una rabia sorda, helada, le subió por la espalda. Eso ya era demasiado. Engañado, manipulado, mentido, y aislado, y ahora ¡le robaban el correo!- ¿Con qué derecho se atrevió a tocar mi correo¿Con qué derecho¿Porqué me ha mantenido aquí solo, encerrado, PORQUÉ¿Porqué no ha evitado que pasase, desde que nací pudo haber hecho algo y no hizo más que esconderse y esperar que yo lo solucionara todo! Si usted es el único al que Voldemort teme¡derrótelo! Porque tal vez yo no quiera hacerlo...otra vez. He perdido a mi familia, Lili, James, Sirius,...¡TODO PORQUE USTED NO QUISO HACER NADA!- de pronto Harry cayó en la cuenta de que estaba de pie, gritando a Dumbledore, y comprendió que esos pensamientos llevaban mucho tiempo en su cabeza. Se sentía algo mejor ahora, aunque un poco mareado.- ¿porqué?- susurró, fulminando a su director con la mirada.

-Harry...por favor, Harry, cálmate.- dijo Dumbledore, sereno, aunque su voz temblaba un poco.- Si lo hice fue porque consideré que era lo mejor...

-¿Lo mejor para quién¿Para usted¿Para mí¿Para el mundo mágico? –preguntó, sarcástico.

-¡Lo mejor para todos! Harry, no puedes culparme de todo lo que ha pasado...- Dumbledore parecía casi...¿suplicante? Se veía más anciano, más...débil...

- Por supuesto que no. Una parte de culpa es de Voldemort. Pero no olvide que fue usted quién permitió que naciese ese odio en él, quién le obligó, como a mí, a vivir en el orfanato, en su infierno muggle personal. Porque yo no voy a olvidarlo...

-Harry, cálmate. Es cierto que no debí haber permitido que Riddle permaneciese en el orfanato...más de una vez hablé con el director Dippet sobre eso, pero yo no era más que un profesor, no podía hacer nada.- la voz de Dumbledore era de nuevo firme, tranquila, tratando de calmar a Harry.

-Tal vez es que no le importa que Voldemort mate a la gente¿no? Usted tiene el poder suficiente como para impedirlo, es el único a quien Voldemort teme...

-¿Qué quieres decir con eso, Harry?- Dumbledore sonaba ofendido, decepcionado, acusante. Y Harry no pudo evitar culparle de todo, por permitir que su vida no fuese más que un maldito y constante infierno. No le importaba lo que dijese la profecía, él no era más que un niño y Dumbledore era el adulto, era poderoso, que se enfrentase él a Voldemort si quería. Estaba harto.

-Sólo eso, profesor. Sólo eso.

Una sonrisa desconcertante había aparecido en los labios de Harry. Ahora entendía a que se refería Lyra con lo de la alegría fría y amarga...

Y, como si la hubiese invocado, en la puerta se oyó el sonido de unos nudillos golpeando suavemente la madera.

-¿Harry?

- ¿Sí, Linsey?- respondió él, con sarcasmo a penas contenido.

-Tus tío están preocupados, me han enviado a preguntarte si podrían hablar contigo un momento...en privado.- desde luego era ironía eso que detectaba en la voz de Lyra.

-¿Linsey?- preguntó Dumbledore, sereno de nuevo, a través de la puerta.

-Ajá. ¿A quién tienes escondido ahí que no quieres que vea, Harry?-preguntó, burlona, al ver que no abría la puerta.

-Nunca me creerías...-era divertido jugar al sarcasmo con Linsey. Lo cual, bien pensado, resultaba preocupante.

-Pues tendrá que hacerlo.- replicó Dumbledore, desapareciendo las butacas y abriendo la puerta.

Linsey entró en la habitación mirando al anciano con desconfianza. Había algo en él que no le agradaba. Harry se limitaba a observar, curioso.

-Linsey...voy a decirte algo que seguramente cambie tu vida para siempre, algo que probablemente te sorprenda. Eres...una bruja.

-¿Qué?- Linsey miró con ojos abiertos de incredulidad al anciano chiflado también conocido como Dumbledore.