Capítulo 4. La mansión Potter.
El cielo estaba nublado, reflejando el ánimo que Harry sentía en ese momento. Hubiera sido una perfecta tarde en su vida, si no hubiera ido a la Madriguera.
Había jurado que no volvería a poner un solo pie en esa casa, pero él sabía que les debía mucho a aquellas personas, su vida entera y le era imposible desaparecer sin más, por más que quisiera. Aun así, todos ellos actuaron como él había imaginado, se habían convertido en seres monótonos.
Sirius Black había prácticamente enloquecido al enterarse que había acudido a Snape en lugar de a él, por ese motivo había estado tan dispuesto a matarlo, su ataque de celos habría sido el culpable de la muerte de ahijado, irónico.
Alastor Moody había reaccionado cómo cualquier ex-cazador de mortífagos, con odio hacia él aunque ni siquiera estuviera seguro de sí lo era o no, el viejo Moody quería recuperar su fama de cazador a toda costa.
Molly Weasley y Nymphadora Tonks no habían hablado nada, después de todo aun sentían cariño por él y no querían que lo lastimaran… ilusas.
Lupin y Arthur Weasley tampoco habían hablado la gran cosa. Harry sabía perfectamente que, si la situación se diera, los dos serían capaces de intentar matarlo. Aunque después sentirían una gran culpa.
Ginny se había quedado dormida, como era de esperarse, debido a que probablemente la noche anterior había estado atosigando a su madre para que le dijera lo sucedido.
Los hermanos Weasley, tan agresivos como siempre, del tipo de personas que ladraban, más nunca mordían.
Todos habían reaccionado exactamente cómo él lo había planeado, excepto una.
Hermione Granger. A ella nunca la había visto así, tan segura, tan jodidamente decidida que por un momento inclusive temió. Harry había pensado que Hermione lloraría y no podría ni hablar y, muy al contrario, fue la única con el suficiente valor para encararlo. Esa chica tenía actitud, había que reconocerlo. Lo impresionante de aquella visita fue cómo Hermione había corrido hacia él y le había preguntado si lo volvería a ver, aun con la actitud que había tomado con ella, lo extrañaba, pero Harry estaba decidido a no pensar en nada de eso, él tenía otros planes.
Después de caminar lo suficiente para subir una especie de montaña, había llegado a su lugar preferido, al único al que podía llama hogar. Para muchos aquel sería un simple prado verde con unos cuantos árboles, sólo un valle más, pero él sabía lo que aquel lugar escondía, el mismo lo había creado. Sacó su varita y comenzó a pronunciar los hechizos correctos; después, con un caminar rápido, llegó a un árbol encorvado y alejado de los demás, sombrío a simple vista, y puso la mano suavemente sobre su tronco.
—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Esas fueron las palabras mágicas, literalmente.
De repente, donde sólo podías apreciar yerba una gran casa comenzó a surgir, una hermosa mansión blanca. No era tan grande ya que ese nunca había sido su estilo, era una casa cualquiera pero con gran apariencia, lo de "mansión" era tan sólo un mote. Una sonrisa apareció en los labios de Harry. Nadie podía detectar aquella mansión, ni siquiera el mejor hechicero. Harry Potter se había esmerado en cuanto a seguridad se refería, tenía tantos hechizos sobre ella que nadie nunca sería capaz de encontrarla, el mismo Lord Voldemort sería incapaz de penetrarla. Había de toda clase, incluso algunos habían sido inventados por el mismo Harry. Gringotts era menos seguro que esa casa y eso enorgullecía de sobremanera al azabache.
Sólo él y nadie más sabía cómo entrar, sólo él y nadie más podía deshabilitar los hechizos… sólo él. Una vida bastante solitaria era la que llevaba ahora Harry, solo sus pensamientos eran sus acompañantes rutinarios, pero nadie más. Ya no necesitaba a nadie en su vida.
Con un caminar lento por fin llegó a la entrada de su casa, no le ponía seguro o llave o esas cosas de muggles, estaba bastante confiado de que nadie podría nunca encontrarla. Abrió la puerta y se encontró una no muy grata sorpresa.
— ¡Estás con vida! Y yo que pensaba que Sirius te mataría—dijo Severus en tono de burla a modo de bienvenida.
Entonces lo recordó, apenas ayer le había dado la clave y los contra-hechizos para entrar, que estúpido. Esa misma noche los cambiaría, eso era seguro.
Harry lo ignoró mientras entraba.
— ¿Qué haces aquí?—preguntó con recelo mientras se sentaba en uno de los mullidos sillones, ese día había sido bastante agotador.
— ¿Qué hago aquí?—repitió con aire ofendido—. Sucede que tu falta de experiencia empieza a preocuparme —contestó el aludido mientras se sentaba en el otro sofá, apareciendo una botella de hidromiel en la mesa de centro junto con dos vasos.
La botella había rellenado los dos vasos con su dorado contenido y uno de ellos se detuvo levitando a unos pocos centímetros de la cara de Harry, quien sin más la había tomado y bebido un sorbo, sintió cómo recorría su garganta y una agradable sensación inundaba su pecho. Definitivamente el alcohol era de una gran ayuda.
—Dime por qué carajo fuiste a la casa de esos malvivientes —explotó. Snape tenía un muy mal carácter cuando no se hacían las cosas cómo él quería—. ¿Qué no recuerdas que todos ellos trabajan en el ministerio? Si les hubieras dado cualquier señal de tus planes ellos…
—Precisamente por eso no lo hice —lo interrumpió, era la cuarta vez que discutían por lo mismo—. Estoy un paso adelante, Snape.
Sabía perfectamente que no podía hablar con nadie acerca de sus planes, eran secretos por una razón y no podía revelarlos a quienes precisamente trabajaban en el ministerio. Sabía que Snape creía que él se echaría para atrás y le contaría todo a Dumbledore, pero ésta vez estaba más que decidido. Aunque Snape seguía estando nervioso, como era de suponerse, así que se puso de pie y comenzó a caminar alrededor.
— ¿Qué pasara si nos atrapan?
— ¿Cómo? No hay posibilidad de que eso ocurra. Ya te he dicho que no pasará nada, será durante las clases en Hogwarts así que, si tienen pistas de que fuimos nosotros, que obviamente no tendrán —agregó rápidamente al notar la mirada de Snape—, tendríamos de excusa que nadie puede desaparecer de esos terrenos con magia.
—De acuerdo —aceptó un poco más tranquilo y tomó asiento de nuevo en el sillón, aunque no se le veía muy convencido.
—Si no estás seguro de lo que harás, será mejor que me lo digas y yo buscaré a otra persona —puntualizó Harry mientras tomaba otro trago de aquella hipnotizadora bebida.
Harry sabía perfectamente que Snape no lo ayudaba por nada más que por su propia conveniencia, sabía perfectamente que entre ellos no había ninguna clase de amistad.
—Tenemos que hacerlo, Fudge no puede estar más cómo ministro de magia —respondió—. Será mejor que examinemos una vez más el plan.
—Será un sábado, no tiene un día preciso, durante la noche antes de que Fudge se vaya. Nos reuniremos en el patio trasero de Hogwarts y usaremos el hechizo de aparición para ir justo delante del ministerio, ahí nos colaremos usando un hechizo ocultador hasta llegar a la puerta del ministro —dijo, era un plan bastante sencillo.
— ¿Crees que un simple hechizo ocultador podrá burlar a quinientas personas en el ministerio?—preguntó con ironía.
— ¿Crees que soy tan idiota?—respondió de vuelta—. Mis hechizos ocultadores no son nada simples, con ellos me he colado más de una vez en el ministerio, por lo que te aseguro que los podremos usar sin que alguien nos detecte.
Snape no pudo evitar poner una cara de asombro que Harry fingió no ver y optó por perderse en la nada, como era su costumbre. Sabía cuál era la siguiente pregunta y no estaba dispuesto a responderla.
— ¿Tú qué vas a andar haciendo en el ministerio?
—No te metas en lo que no te corresponde —tajó con brusquedad. Odiaba que la gente se metiera en sus asuntos, por una razón no los andaba contando—. Pero ese hechizo nos hará invisibles e indetectables, mientras no golpeemos algo o hagamos ruido, estaremos a salvo.
—El despacho de Fudge tiene muchos guardias —murmuró pensativo.
—Mataremos al mismísimo ministro. ¿No me digas que se te ablanda el corazón por matar a unos cuantos guardaespaldas?—preguntó sarcástico. En ese plan no había fallas, la falla sólo la podría hacer la persona que lo ejecuta.
—Me gusta cómo piensas —admitió Snape, soltando risa ácida.
—Entonces, ¿estás conmigo o no?
—Lo estoy.
Harry estaba completamente seguro de que no lo traicionaría, después de todo, no le convenía, él sabía tantas cosas de Snape que podía mandarlo a Azkaban por un muy largo rato.
Ya había roto tantas reglas del ministerio así que, ¿qué importaba una más?
—Estás mejorando como hechicero, Potter, aunque aun no es suficiente.
—No creo que un gran hechicero mataría al ministro —respondió pensativo mientras veía las asas del fuego ardiendo.
No habría vuelta de hoja y él lo sabía, al momento de pronunciar el "Avada Kedavra" contra Fudge crearía una gran polémica nacional. Los aurores estarían en busca del culpable; la gente mágica estaría en caos al creer que Voldemort fue el autor; Los puestos, las casas, los edificios, todo el mundo mágico se paralizaría; la economía decaería por la falta de movimiento; los alumnos de Hogwarts serían llamados por sus padres para volver a casa, ya que tendrán la ilusa idea de que ahí estarán fuera de peligro, sí que sería una polémica. Pero valía la pena, el ministro Cornelius Fudge se había condenado al momento de interponerse en el camino de Harry Potter, moriría cómo castigo, no había nada más que hablar. Y claro, los diputados estarían en busca de un nuevo ministro.
—Snape —murmuró Harry volteándose hacia él, tenía que informarle lo que sucedería. El aludido giró a verlo con expresión interrogante—. ¿Te das cuenta que al momento de matar a Fudge, el siguiente ministro probablemente será…?
—Dumbledore —completó sin inmutarse, al parecer estaba enterado de las consecuencias tan bien cómo él—. Fudge tendrá que caer un día u otro.
—Mañana es el regreso a Hogwarts —dijo cambiando drásticamente de tema, diciéndolo más para él que para Snape—. Recuerda, tú y yo seguimos igual que el año pasado.
—Vaya, y yo pensaba que éramos mejores amigos ahora —dijo sarcástico—. Me estoy quedando sin el antídoto del Veritaserum —dijo más serio.
—Toma —fue a la cocina y le aventó desde ahí aquel pequeño frasco, el aludido lo atrapó y lo comenzó a examinar.
—Nadie había descubierto el antídoto para el veritaserum —dijo anonadado y Harry pudo distinguir un deje de celos en su voz.
Que un simple niñato de quince años lo haya opacado en eso de las pociones no le debía estar cayendo muy bien. Con la mano temblorosa Snape se llevó aquel frasco a los labios, tomándose su contenido sin chistar, Harry sonrió al observar sus muecas de desagrado.
—No dije que fuera deliciosa —murmuró rodando los ojos al observar cómo había aventado el frasco y se empinaba la botella de hidromiel sobre sus labios, bebiéndose todo su contenido para quitar aquel mal sabor de su boca.
—Carajo —contestó con el entrecejo fruncido, al parecer aquel sabor no le había caído mucho en gracia—. Me voy —soltó sin titubeos.
—Adiós, Severus.
Snape, con su peculiar caminar, fue a la puerta abriéndola y comenzando a emprender la marcha para subir la colina, desapareciendo en la penumbra.
Harry necesitaba estar solo, después de recoger la botella ahora vacía de hidromiel se precipitó a ir a su cama, tenía que descansar. El día siguiente iba a ser muy duro, tendría que enfrentarse contra las críticas miradas de los alumnos de Hogwarts; tendría que contestar las preguntas incómodas que probablemente Minerva McGonagall le haría acerca de su nuevo aspecto y su nueva actitud, y cómo cada año habría un grupo de niñatas que no lo dejarían en paz. Estaba agotado de tan sólo pensar lo que pasaría al día siguiente.
En su coqueta a un lado de su cómoda tenía una fotografía mágica, una de los viejos tiempos. Sonrió al notar lo feliz que se veía en ese entonces, Harry Potter de doce años saludaba con alegría y efusividad desde su portarretratos acompañado de una pequeña de la misma edad, con un cabello castaño y enredado, quien imitaba su gesto. Después de estar un rato saludando, la pequeña Hermione lo besaba en la mejilla.
¿Por qué estaba pensando en Hermione? Después de todo, ella no era nadie en su vida… al menos ya no más…
Qué opinan acerca de los planes de Harry? :3
Les gusto este cápitulo? no les gusta este fic? no les gusta como escribo? me odian? ahora si quieren hacerme el crucio? T_T
Espero que haya sido de su agrado
Dejen su opinión
Gracias por leer y comentar!(:
