CAPÍTULO 3
EL PLAN DE EMMETT Y ALICE
Bella había conseguido, gracias a su compulsión, que a ella y al cuerpo de Clara les ofrecieran una plaza en un avión que se dirigía a Roma. Durante el viaje no pudo dejar de pensar en lo que había pasado, y tampoco pudo evitar pensar en aquella extraña familia, los Cullen. No eran como ella; no sabían nada sobre la diosa. Eso era un alivio, y a la vez, un inconveniente. Si hubieran sido como ella, Bella habría sabido como luchar contra ellos.
Cuando llegó a Roma, Bella llevó el cuerpo de Clara al cementerio en el que se suponía que habían enterrado su cuerpo. Allí, y después de asegurarse de que nadie estaba por los alrededores, empezó a cavar. Como no tenía una pala, tuvo que usar sus manos, pero no tardó mucho en acabar, pues su fuerza y su velocidad eran superiores a las de cualquier humano con una pala. Cuando encontró el ataúd, lo abrió e introdujo el cuerpo de la que había sido su única amiga en él. Luego volvió a dejar todo como estaba y se marchó de aquel lugar.
- Tenemos que hacer algo. No me fío de ella para nada-dijo Rosalie. Toda la familia se había sentado en la mesa del comedor para hablar sobre la extraña nueva alumna, pero nadie había dicho nada desde que Jasper había explicado lo que había ocurrido en el claro.
Cuando Bella había desaparecido, ellos habían enterrado el cuerpo en el bosque, lo suficientemente profundamente como para que nadie lo encontrara. Y durante todo ese rato no habían podido dejar de pensar en esa hermosa chica de ojos color chocolate. En cuanto habían llegado a casa se habían reunido junto a Carlisle y a Esme en el comedor y les habían explicado lo que había pasado con Bella. Después de eso, nadie había dicho nada. Todos habían estado reflexionando sobre lo ocurrido, sin estar seguros sobre si confiar en la chica o no.
- Claro que tenemos que hacer algo, Rose-dijo Edward. Él había estado escuchando lo que los demás habían estado pensando, por lo que tenía una idea aproximada sobre lo que su familia pensaba con respecto a lo ocurrido-. El problema aquí está en saber qué hacer. A mí no se me ocurre nada, y a ti tampoco. Carlisle y Esme no piensan hacer nada. La opción de Jasper es demasiado drástica. Y cualquier plan que se les ocurra a Alice o a Emmett no es fiable.
- Entonces, hermano, estamos solos-dijo Rosalie. Edward asintió, y ambos salieron de la habitación. Carlisle y Esme fueron los siguientes en abandonar la reunión, y poco después lo hizo Jasper, por lo que Emmett y Alice se quedaron solos en el comedor.
- Tenemos que hacer algo, duende-dijo Emmett con una sonrisa que no presagiaba nada bueno. Su hermana contestó con una sonrisa todavía más diabólica.
- Lo sé, Emmett. Lo sé...
El plan comenzó dos días después, ya que Bella no asistió a clase el día siguiente, y se basaba en una famosa frase: "Si no puedes con tu enemigo, únete a él". Dado que ambos tenían una gran facilidad para relacionarse (a pesar de que no la usaran), ellos eran perfectos para aquel plan. Conseguirían que Bella les dijera quién y qué era sin tener que preguntar, tan sólo gracias a la confianza que habría entre ellos tres. Para cuando la chica se diera cuenta, Emmett y Alice sabrían todos sus secretos.
Bella llegó poco antes de que ellos lo hicieran. Llevaba un sweater blanco, unos vaqueros, unas botas Ugg y un abrigo negro. Iba hacia la entrada del instituto pero, al ver a Alice y a Emmett delante de ella, dio media vuelta y se dirigió hacia Mike con una inventada sonrisa de arrepentimiento. Con todo lo ocurrido no había podido reunirse con él y con los demás en la cafetería. A decir verdad, hacía poco que había llegado de Italia, y lo único para lo que había tenido tiempo había sido para compeler a sus padres para que justificaran su falta.
- Siento lo de ayer. Enfermé.
- No pasa nada, Bella-dijo Mike sin creerse nada de lo que Bella le había dicho. No era la primera vez que hacía algo así.
- ¿Vais a ir hoy? Porque hoy si que estoy disponible.
- Sí. Ven hacia las cinco, si quieres.
- Gracias. Te veo luego.
- Adiós-se despidió Mike mientras que arrancaba su coche.
Bella tuvo que afrontar a los Cullen, ya que, a pesar de que el timbre que indicaba que tenían que entrar a clases estaba sonando, ninguno de los dos se movieron de su posición, uno a cada lado de la puerta de entrada que Bella tenía que utilizar. Cuando llegó, intentó ignorarlos y seguir su camino, pero le cerraron el paso, aunque sin que sus sonrisas desaparecieran.
- ¿Qué queréis?
- Aunque no seas como nosotros-empezó a decir Alice-, eres algo parecido, por lo que queremos conocerte.
- Después de que os encargará un cuerpo con el que había acabado, queréis que seamos amigos. No me lo creo.
- Tienes que ver más lejos que lo que ocurrió ayer-dijo Emmett.
- Lo que ocurrió ayer fue que, de no ser por la aparición de aquel al que maté, vuestra amiguita la rubia habría intentado matarme. Sin mucho éxito, pero...
- Créenos, Bella. Queremos saber cosas de ti. ¿Por qué no te sientas con nosotros durante el almuerzo de hoy? Si no te convence, no volveremos a molestarte.
- Yo no me sentaría con los hermanitos rubios; me quieren muerta.
- No con ellos. Siéntate con nosotros.
- De acuerdo. ¿Me dejáis que vaya a clase?
- Claro-dijeron ambos al unísono apartándose de la puerta. Bella accedió al interior del instituto.
Las primeras clases pasaron sin complicaciones, pero todo se estropeó cuando llego la hora en la que tenía biología. Era su primera clase de biología, ya que no había asistido a la del día anterior, y el profesor no estaba muy contento con ella. Ese era el primero de los dos problemas, aunque era menor. El verdadero problema era que el único lugar libre que quedaba era al lado de una de las personas con las que no se quería encontrar durante aquel día. Edward Cullen. El profesor la invitó a sentarse con él, y a pesar de que era lo que menos quería, Bella no tuvo más remedio que aceptar.
No se dijeron una palabra durante toda la hora, y ninguno de los dos parecía estar prestando mucha atención a la clase, a pesar de que a ambos les gustaba la materia. A decir verdad, estaban más interesados en sus compañeros de laboratorio. Edward no podía dejar de oler el aroma que aquella chica desprendía, que era diferente a cualquier otro que él hubiera olido jamás. Era mucho más dulce, y no parecía humano, sino algo superior a eso. Por otro lado, Bella observaba a Edward sin que este se diera cuenta, con el rabillo del ojo, a pesar de que pareciera que estaba mirando al profesor. Al aprender a luchar había aprendido también a usar su visión periférica, aunque nunca pensó que le fuera a servir de nada; o al menos, hasta ahora.
En cuanto terminó la clase, Edward salió practicamente corriendo de la clase, mientras que Bella se demoró en recoger sus cosas. Era la hora del almuerzo y, a decir verdad, no estaba muy segura de querer hacer lo que estaba a punto de hacer. Iba a conversar con dos de los Cullen. Eran los dos que menos la inquietaban, pero eso no quitaba el hecho de que no confiara en ellos, en ninguno de ellos.
Al llegar a la cafetería, Irina la saludó con la mano, pero ella negó con la mano y siguió su camino hasta la mesa en la que se encontraban Alice y Emmett. De camino observó como los otros tres Cullen la miraban de manera amenazante, pero ella las ignoró. Se sentó en aquella mesa y esperó a que ellos hablaran.
- ¿Quién era la chica de ayer?-dijo Emmett.
- Una amiga. Se llamaba Clara-contestó Bella. No iba a mentir a menos que fuera necesario, pero tampoco iba a decir nada que ellos no le preguntaran.
- ¿Qué hiciste con ella?
- La enterré en su tumba.
- ¿Y quién era el hombre que la trajo? ¿Su asesino?
- Probablemente, entre otros.
- ¿Otros?
- Una persona sola no tiene suficiente estómago como para hacerle a Clara eso. Información de primera mano-dijo Bella, y no mentía. Ella había tenido que ayudar a muchos novatos a matar a sus objetivos porque ellos no eran capaces. Y Clara la había ayudado a ella-. Ahora es vuestro turno. ¿Por qué vuestros hermanitos me miran así desde el primer momento?
- Edward te vio en el bosque. Habías matado a un oso tu sola, y no tu salud mental no parecía muy buena. Era como para preocuparse.
- Sí, pero no como para odiarme. Me provocastéis taquicardia.
- Lo sabemos-dijeron ambos hermanos con misteriosas sonrisas.
El timbre sonó. Bella se levantó y empezó a avanzar hacia su clase, pero una mano en su hombro la detuvo. Los hermanos esperaban una respuesta. Una respuesta de la que ni siquiera Bella estaba segura. Aún así, se arriesgó. Aquella era su oportunidad de averiguar cosas sobre los Cullen y su naturaleza.
- Tenéis una semana para asegurarme que no vais a matarme. Si no me convencéis, os mataré yo.
Sin decir más, se soltó del agarre en su hombro y siguió caminando hacia su siguiente clase, sin poder evitar una sonrisita de autosificiencia cuando su mirada se encontró con la de los demás Cullen.
Hola!
Ya estoy aquí, y no ha pasado mucho tiempo desde la última vez, por suerte. Aun así, es importante que sepáis que esto no va a ser siempre así, ya que no siempre tendré el mismo tiempo e inspiración para escribir.
Quiero agradecer a todo el que dedica un trocito de su tiempo para escribir reviews o para añadir esta historia a sus favoritos y alerts. Quiero que sepáis que de verdad lo agradezco, y que me hace muy feliz leer los e-mails que me llegan
Encontraréis el link para el outfit de Bella en mi perfil.
El siguiente capítulo se llama... "Descubriendo a Edward Cullen".
Nos vemos =)
