# Pesadillas.

Se vio a si mismo con la Hoz ensangrentada en la mano izquierda; elevándola para dar el golpe de gracia, Kohaku, a lo lejos escuchó los gritos de su hermana, miró a su alrededor; todo estaba en llamas, monstruos destruyendo la aldea de Inuyasha, matando a sus amigos y aldeanos sin culpa ni razón, una vez más bajo su mando, nuevamente; no era más que un títere gobernado por un ser sin compasión.

«Mata»

Era el único sonido que inundaba su cabeza, frente a él, la joven de ojos chocolate; la misma que lo había perdonado en tiempos pasados, yacía desangrándose en el suelo, inconsciente debido al dolor de sus heridas, estaba sola, tan sola como él, nadie la socorría, nadie la protegía de él.

«Mata»

La sentencia estaba dada, no había salvación para Rin, menos para su propia alma, una vez mas fue débil.

— ¡No lo hagas Kohaku!

La voz de su hermana hizo que girara su cabeza para enfrentar su odio, su dolor, su decepción, los ojos de quien una vez fue tan cercana y maternal, ahora lo miraban con tristeza; emergiendo desde lo más profundo de su ser.

«Mata»

Sus sentidos se alertaron saltando y esquivando el ataque de Sango, ella no permitiría que matara a Rin, sus manos no volverían a mancharse, ¡Naraku ya no lo dominaba!, ¿por qué entonces deseaba arrebatarle la vida; a la joven que decía amar?

El paisaje seguía ensangrentado, desgarrador y a la vez mudo, salvo la voz que ordenaba sus pecados y la voz de la esperanza de su hermana.

— ¡Si la amas no la lastimes! —Gritaba Sango.

«Mata» Ordenaba la voz.

Con un golpe, fuerte y bien acertado dejó a la exterminadora fuera de combate. Caminó hacia la joven, Rin una vez más seria lastimada por su debilidad, antes era un niño; eran comprensibles sus miedo, en su momento no estuvo preparado para ser exterminador, pero ahora, ahora era un hombre y aun así no sabía cómo luchar contra aquella fuerza; que lo obligaba a herir a quien amaba.

Se arrodilló frente a la joven y levantó su cabeza tirando de su cabello, la mujer seguía inconsciente y sangrando; producto de las primeras estocadas recibidas, era impresionante que aun respirara, un solo golpe, y todo acabaría para ella, cuando su corazón dejara de latir, él también pagaría con la muerte sus actos, pero no solo por arrepentimiento, la verdad, lo angustiaba la vergüenza de saberse asesino.

Sango abrió un poco los ojos, la luz de las llamas iluminaban a Kohaku, ella; estaba de espaldas a él, pero podía ver sus sombras perfectamente, y no pudo ni quiso perderse un solo segundo de la imagen; de su hermano cortando la garganta de Rin, dejando caer su cuerpo como si fuera un bulto, la exterminadora producto de la adrenalina; se incorporó para comprobar con sus ojos, que su tierno y joven hermano; se había convertido en un monstruo, no lo pensó, no tuvo tiempo; debía actuar por ella, por él y por el resto de los que amaba; se levantó para matarlo. Cuando el hombre la miró a los ojos, se despidió en silencio, cortándose también la garganta, yéndose sin siquiera pedir perdón.


— ¡Kohaku! —La voz de Rin lo hizo reaccionar, estaba desorientado, ¿Acaso, no la había matado?

—Pero que desconsiderado, te quedaste dormido —Recriminó con un puchero y sinceridad.

«Una pesadilla»

—Me invitas porque tienes algo muy; pero muy importante que hablar conmigo, y te duermes dejándome con la duda, que mal amigo.
Rin con su hablar sin parar; no le daba tiempo o espacio a Kohaku, para salir de su pesadilla y reaccionar, le dolía la cabeza, habían sido emociones demasiado intensas; sin mencionar, crueles.

Las mejillas infladas de la joven, fingiendo enojo; le transmitieron paz, él no la había lastimado, ¿Pero…?

—Y bien… —Rin insistía.

Iba a declarar su amor a la joven, solicitarle que se quedara con él; en vez de volver con el demonio, pero calló.

—Quería darte esto, para que nunca me olvides.

Recibió una bolsita de tela, al abrirla; encontró un colgante de delfín tallado en nácar.

— ¡Kohaku es hermoso!, muchas gracias —Sonrió y deposito un beso en su mejilla.

—Rin, ante todo; y pase lo que pase, quiero que siempre seas feliz —Le dijo tomando sus manos, mientras que ella tenía un mal presentimiento.

— ¿Qué te pasa?

—Tengo que partir por ahora, pero algún día volveré, te lo prometo —Sonrió con ternura y esperanza.

Rin lo miraba confundida, no entendía porque su amigo estaba tan extraño y peor aún, la abandonaba.

— ¡Kirara! —Llamó Kohaku con rapidez, quería llorar, pero no lo haría frente a ella.

Rin no salía de su confusión, cuando su amigo montó al felino y partió como escapando de ella; sin siquiera despedirse, quedo muda, sintiendo en su pecho la tristeza de quizás no volver a ver al exterminador, y el inconsciente sentimiento de culpa; al pensar que escapaba de ella.

Por su parte Kohaku no pudo aguantar las lágrimas mucho más, el dolor de no poder decirle que la amaba; lo desgarraba por dentro, una silueta caminando por el bosque en dirección a la aldea; llamo su atención, sabia quien era, y en el fondo; tenía que hablar con él.

—Señor Sesshomaru.

El aludido no detuvo su andar, si quería decirle algo, debía hacerlo rápido, su misión era más importante que lo que tuviera que decir el exterminador.

—Cuídela por favor —Eso sí llamó su atención.

Detuvo sus pasos y giró para enfrentarlo.

— ¿Le pasó algo a Rin? —Preguntó pero sin demostrar preocupación.

—No, yo solo…, solo quiero que la haga feliz…

—Si no eres capaz de proteger lo que amas, olvídala; no la mereces —Volvió a girar y retomar su camino.

Kohaku se quedo frustrado y quiso reclamar, pero no pudo, se sabía débil.

Sesshomaru por su parte avanzó pero con paso lento, dándole la oportunidad al joven de enfrentarlo, pero eso nunca pasó, no sabía que sentía Rin por aquel joven, tampoco le interesaba, el iría por aquello que le pertenecía y lo llevaría lejos, donde nadie pudiera arrebatárselo.

Kohaku se quedo viendo sus pies, era débil, no había actuado mejor que en su pesadilla, dejar a Sesshomaru la responsabilidad de cuidar y amar a la mujer que él decía amar, era de cobardes.

Una lágrima corrió por su mejilla y muchas más la siguieron, se dirigió a ningún lugar, para hacer nada en particular, era débil, pero ella jamás lo sabría, jamás se enteraría que él no peleó por su corazón.

Fin.


¡Hola Bruxi!, de nuevo; lamento la demora. ¡No te imaginas lo que me costó escribir esto! Solo espero que valga la pena y te guste… (Se supone que es angustia) Con respecto a una pista, me sentí culpable así que te daré una… soy chilena. Besos y aun me falta una historia, que estará pronto y sin falta.-