Cuarto capítulo! La tensión aumenta por momentos en la cuenta atrás para el día de Navidad! Por cierto, espero que os guste Elvis Presley, porque tiene un gran papel en este capítulo. Si queréis saber cómo va el proceso de aclimatación de Draco a su nueva, vida, seguid leyendo.
Muchísimas gracias a todos los reviewers por su paciencia y su atención! Vosotros hacéis esta historia posible! Os amo! (lluvia de bombones)
Por cierto, como alguien lo preguntaba en un review...sí, soy Holofernes en el Livejournal. Espero que las patéticas aventuras que cuento allí no os desanimen para seguir leyendo mis historias.
. y...ya sabéis...si os gusta la historia, demostrad vuestro amor con un REVIEW! Porque los reviews me hacen feliz, y si soy feliz escribo más! xd.
Elvis?
Eso fue lo primero que pensó Hermione cuando entreabrió los ojos, aún en la confusa nebulosa del sueño, y miró a su alrededor. Aquella colcha de florecillas rosas le era familiar. Aquel póster de la tabla de elementos también. Parpadeó, aturdida, e irguió la cabeza para mirar en derredor.
"Love is all around", musitó para sus adentros, reconociendo la canción de Elvis Presley.
Bajó la cabeza y miró con desmayo el reloj, temiendo ver que fuera más temprano de las once.
Las nueve de la mañana. Hermione hizo una mueca de desesperación y enterró la cabeza en la almohada.
No, gimió para sus adentros.
Normalmente, no le hubiera importado madrugar. En Hogwarts, siempre era la primera de la habitación en levantarse, pero ahora que estaba de vacaciones, quería DORMIR.
Se puso la almohada sobre la cabeza y se la apretó contra los oídos con ambas manos, luchando contra Elvis e intentando desesperadamente volver a conciliar el sueño. Sin embargo, el Rey era más fuerte.
UOOOOO I FEEEL IT IN MY FINGEERS…
Resiste, se dijo, concentrándose solo en la acogedora calidez de la cama y en la suavidad de las sábanas.
EVERYWHEEERE I GOOOOO…
Con un bufido, Hermione claudicó y tiró la almohada a un lado.
Tú ganas, le dijo mentalmente a Elvis, mientras se ponía las zapatillas y salía de su habitación en dirección al baño, rascándose la cabeza. Su pelo comenzaba a parecerse peligrosamente al triángulo de las Bermudas. ¿Desaparecería el peine en él?
Con un sonoro bostezo, abrió la puerta del baño dispuesta a despejarse con una ducha, pero se detuvo en seco al ver a Draco allí, en calzoncillos, de espaldas a ella, con la pelvis indolentemente inclinada hacia la taza de wáter. Meando.
-Joder, Granger!- clamó, lanzándole una sobresaltada mirada por encima del hombro desnudo y, por supuesto, sin moverse -Desaparece!
Hermione se sonrojó furiosamente y se tropezó con el taburete del baño en su rápido retroceso hacia la puerta.
-Aprende a echar el pestillo, imbécil!- replicó, antes de cerrarla de un portazo.
Será imbécil , repitió mentalmente Hermione, llevándose las manos a las mejillas mientras perforaba con la mirada la puerta del baño.
AND SOOO THE FEELING GROOOOWS, continuaba Elvis desde el piso de abajo.
Hermione se inclinó sobre la barandilla.
-¡PAPÁ!- gritó, convencida de que cada vez que escuchara aquella canción le vendría la imagen de Malfoy meando en su baño.- ¡Apaga la música!
-Palomita!- sonrió su padre, asomándose al hueco de la escalera y mirando hacia arriba- Bajáis a desayunar?
-Eh? Oh, sí. Oye, papá- gritó, para hacerse oír sobre Elvis- Apaga el aparato, quieres?
El señor Granger sonrió y le hizo un ok con los dedos.
-¿Que vas a tardar un rato?- interpretó, chillando para que le oyera.- No pasa nada! Os dejo las tortitas en el plato para cuando bajéis!- sonrió, y desapareció.
Hermione suspiró. En ese momento, la puerta del baño se abrió para dar paso a un Draco huraño y despeinado. Hermione se volvió, pero al ver que estaba en paños menores, desvió rápidamente la mirada.
BECAUSE I'M…STUCK ON YOOOOU…
-Pero no apartes la mirada! Disfruta del espectáculo, Granger- le espetó, con una mueca burlona- Es lo que cualquier mujer normal con exquisito gusto haría.
-¿Qué espectáculo?- preguntó ella desdeñosamente, mirándole a los ojos- No creerás que eres el primer chico en calzoncillos que veo.
-¿Ah si? No creí que los libros lo describieran - repuso él, fingiendo sorpresa.
-Y yo no creí que supieras lo que es un libro – replicó en tono sombrío, cruzándose de brazos. Odiaba sentirse incómoda delante de aquel payaso semidesnudo. Le dedicó su mejor mirada de fría eficiencia- Qué tal si te vistes de una vez, Malfoy? Aquí no tienes público que te aplauda.
Draco soltó una carcajada.
-Todo llegará, Granger. Ni siquiera tú has podido reprimir el impulso de irrumpir el baño cuando estaba meando- alzó las cejas y dijo, condescendientemente- Aunque por otra parte, lo comprendo perfectamente. No soy algo que se vea todos los días.
-Por suerte -musitó ella, negándose a entrar en aquel terreno- Oye…dúchate, ahórcate o haz lo que te dé la gana, pero no te pasees así. Por si no te acuerdas, estás en MI casa.
-No!- exclamó Draco, teatralmente- No estoy en Azkaban?-se quedó pensativo unos instantes, y sonrió- Eso tendría cierto sentido. Con tu espléndido carácter serías un gran dementor, Granger- se puso serio- Considéralo. Con la capa nadie vería tu cara, aunque supongo que eso echaría a perder el efecto.
-Préstame tú una y hacemos la prueba- replicó ella- Creo que os sobran las capas negras en vuestra familia.
-Tenemos unas cuantas, sí- concedió, sonriendo con perversidad- Pero no creo que te guste probarte algo manchado de sangre muggle.
Hermione encajó la ofensa sin pestañear, negándose a darle esa satisfacción. En su lugar, adoptó un aire de escepticismoy puso los ojos en blanco.
-Uuh, eso sí que ha dado miedo, Malfoy- dijo lacónicamente- Cómo me intimidan tus comentarios. Mira- movió el brazo arriba y abajo desganadamente- Tiemblo de pavor.
-Oh, gracias, Granger, pero no es para tanto-pestañeó afectadamente Draco, usando el mismo tono afectado que cuando se dirigía a su familia- Tu pijama tampoco está mal. Qué son?- preguntó, señalando a los adorables animalitos que estampaban el pijama de Hermione- Roedores malignos? Conejos?
Hermione cruzó los brazos instintivamente sobre el pecho, maldiciéndose por haber salido con aquel ridículo pijama de ardillas que usaba desde hacía años.
-Son hurones, Malfoy- respondió, imitando su tono cursi- Creí que apreciarías el detalle.
…OOOH YEAAH…STUCK ON YOOOU!
Draco entornó los ojos, tratando de ignorar la música.
-Me encanta .Y ahora¿crees que podré ducharme, o tengo que montar un comité de bienvenida para tu próxima interrupción?- contraatacó, con una buena dosis de dramatismo.- Por favor, necesito saberlo: entrarás antes o después de que me lave la cabeza?
Hermione de repente se sintió muy cansada. No hacía ni veinte minutos que se había levantado y ya tenía los nervios tan crispados que sólo deseaba que llegara la hora de volver a dormir. Le lanzó una mirada de hastío.
-Descubre las maravillas del pestillo, y te ahorrarás la incertidumbre- respondió, lacónica.
-Sí, pero… será suficiente contra alguien sexualmente desesperado?- siguió él, con los ojos chispeantes por la diversión.
-Si tienes miedo de ti mismo es tu problema- bufó ella, peligrosamente cerca de perder la calma- Y ahora…vas a ducharte o no!- clamó, irritada.
-Eso pretendo- respondió él, incisivo.
-¿Entonces a qué esperas?-repuso ella,poniéndose en jarras.
-A que te apartes de una jodida vez?
Hermione le miró, desconcertada.
-¿Eh? Ah- musitó, al percatarse de que efectivamente estaba obstaculizando la entrada al baño. Con las mejillas incendidadas por la humillación, hizo ademán de apartarse por la derecha, justo cuando Draco se movía en ese sentido y lógicamente, tropezando de nuevo con él al intentar pasar por la izquierda.
El ridículo de la situación no hizo más que aliñar el ya de por sí considerable mal humor de ambos bandos. Finalmente, fue Dracoquien, con un irritado chasquido de lengua, puso fin a aquel baile estúpido apartando a Hermione de un brusco empujón.
-Aprende a coordinar, Granger!- le espetó furiosamente, metiéndose en el baño de un portazo.
Hermione se frotó el codo, dolorido por el golpe que se había dado contra la pared, y miró la puerta cerrada del baño con odio reconcentrado.
-Ahógate!- le gritó, esperando de todo corazón que se colara por el desagüe.
Maldito subnormal, regurgitó internamente, entrando en su cuarto y cerrando la puerta con otro sonoro portazo. Maldito niñato engreído! Qué se ha creído? Esta es MI casa. Por qué ha tenido que pasarme esto A MÍ? Tener que hacer de niñera de un idiota estirado que de todas maneras acabará convirtiéndose en un maldito mortífago! Qué desperdicio de tiempo!
Se sentó en el borde de la cama y se puso los calcetines, con la mirada tan sombría que podría haberse llovido encima.
"Un Gryffindor no pierde la templanza jamás, y menos ante las provocaciones de un Slytherin"
-Sí, claro- resopló al recordar las palabras de Minerva McGonagall- Viva usted con él.
Cuando acabó de vestirse, salió del cuarto y se dirigió hacia las escaleras, no sin antes dirigirle una mortífera mirada a la puerta cerrada del baño, desde la que se oía el agua correr. Todo le parecía horrible. La vuelta a casa, normalmente tan celebrada otras veces, se había convertido en una grotesca broma ahora que tenía a su peor enemigo durmiendo en la habitación de al lado. Lo peor de todo es que estaba sola con su desgracia; Harry y Ron no estaban allí para endulzarle la existencia.
Se detuvo en la mitad de la escalera, súbitamente triste al pensar en Harry, y en lo que debía estar haciendo en aquel momento.
ARE YOU LONEESOME TONIIIGHT?…continuaba Elvis desde el comedor.
Hermione supiró y miró al techo.
ARE YOU SOOORRY THAT WE DRIFTED APAAART?...
-Voy a odiar a Elvis el resto de mi vida- musitó, entrando en el comedor a paso decidido, para quitar de una vez por todas la música antes de que fuera demasiado tarde.
IS YOUR HEAAART FILLED WITH PAAIN…?
-No hace falta que me lo recuerdes- le reprochó Hermione a la canción en voz alta. Apretó ansiosamente el botón de "off" y cerró los ojos de alivio al sentir de nuevo el silencio. Qué paz. Casi podría drogarse con ella. Fingir que Malfoy no existía, y que mañana no tenían visita en casa de la tía Rosie. Pero la paz dura lo que uno tarda en apreciarla: muy poco.
-Quién ha parado la música?- preguntó el señor Granger, entrando en el comedor limpiándose las manos con un trapo. Miró a Hermione y sonrió- Te gusta mi nuevo recopilatorio de Elvis? Es un adelanto de Navidad. Me lo dio tu madre ayer.
-Sí , sí. Ya sabes que Elvis me gusta mucho, papá. Es sólo que…a las nueve de la mañana…
-Qué mejor que despertarse con música, palomita? Además, hace un día precioso!
Justo en ese momento, como si hubiera estado esperando la señal de entrar en escena, un rayo desgarró el cielo que se veía por las ventanas del comedor. Segundos más tarde, se oyó el trueno. Padre e hija se miraron en silencio.
-Está a 7 kilómetros- dijo Hermione.
Su padre asintió, satisfecho.
-Eso quiere decir que la lluvia llegará aquí en…-enunció, cediéndole la palabra a Hermione con un gesto de la mano.
-…unos ocho minutos, teniendo en cuenta la velocidad del viento- calculó ella diligentemente.
-Oh, palomita- se extasió el señor Granger, besándole la frente- Cómo te he echado de menos. He intentado miles de veces enseñarle a tu madre a calcular la velocidad de una tormenta, pero no lo capta. Qué mujer tan increíble- suspiró.- Y tu amigo?
-En la ducha- respondió, como si le hubieran echado un jarro de agua fría.
-Ah- dijo el señor Granger- Yo estoy engrasando un poco el Jaguar. Luego tengo que ir a la consulta. Doris me dejó allí las llaves y tengo que recogerlas. Queréis que os lleve a algún sitio con el coche nuevo?
Los ojos de Hermione se iluminaron.
-Sería estupendo, papá. Después de desayunar- respondió.
-Perfecto- concedió el señor Granger, dándose una palmadita de satisfacción en la barriga-Ya veréis. A la luz del día es aún más bonito. Desayuna algo, palomita. Tu madre ya anda diciéndome que estás en los huesos.
-De acuerdo-sonrió Hermione, dirigiéndose hacia la cocina.
Lo primero que notó es que su madre había cambiado las cortinas. Cuadritos amarillos, también para el tapizado de las sillas de madera. En conjunto, le daba un aspecto de lo más coqueto y acogedor a la estancia. Hermione abrió la nevera, cuya blanca superficie estaba cubierta de imanes de las conferencias católicas a las que asistía la tía Rosie. Sacó la botella de zumo- odiaba la leche- y se disponía a servirse un vaso, cuando la repentina irrupción de la música de nuevo la hizo pegar un respingo y tirar el líquido fuera.
YOU'RE THE DEVIL IN DISGUISEEEE….
Otra vez no, se lamentó internamente. Pero al fin y al cabo, era su nuevo recopilatorio de Elvis. Su padre tenía derecho a ponerlo cuanto quisiera. No era culpa suya que en aquellos momentos el demonio se estuviera duchando en el piso de arriba.
Duchando, repitió Hermione. Miró pensativamente el zumo derramado sobre la encimera, que goteaba sobre el suelo, y luego la bayeta que reposaba en el fregadero.
I DIDN'T SEEE THE DEVIL IIN YOUUR EYEEEES….
Una sonrisa maliciosa iluminó sus facciones.
Da mucha rabia cuando sucede en medio de una ducha calentita y confortable, se dijo, arqueando una ceja con falsa pena. Es trágico, pero… a veces se tiene que abrir el grifo!
Y con un lánguido giro de muñeca lo abrió, imaginando cómo trepaba el agua fría por la misma cañería que alimentaba la ducha de Malfoy. La respuesta no se hizo esperar.
-JODER!- retumbó desde el piso de arriba.
Hermione cerró el grifo.
Ah, es una lástima que no tengamos tuberías diferenciales. Estas cosas pasan.
Con la conciencia satisfecha ahora que se había vengado, Hermione se sentó en la silla y sorbió despacito el zumo, que le supo tan dulce como la revancha. Cogió una tortita y le untó mantequilla, mientras tarareaba junto a Elvis el inicio de "In the ghetto", posiblemente su canción favorita. Le gustaba aquella letra tan triste, aquella guitarra tan humilde.
- "Because if there is one thing she doesn't need is another hungry mouth to feed… in the ghetttooooo"- canturreó, pegándole un bocado a la tortita.
-Merlín, ni yo mismo habría compuesto algo mejor para Weasley- comentó sarcásticamente una voz desde el pasillo.
Hermione dejó de masticar. Se acabó la paz.
-Pues tendrías que haber oído la de antes. Te iba como anillo al dedo- respondió, echándole una mirada sombría. No se había secado el pelo, y mojado parecía más oscuro, como el oro viejo. Desde la puerta, donde estaba apoyado, le llegaba el efluvio del champú de manzana. Olía bien.
-Por antes te refieres a antes del ataque de agua helada?- preguntó él, mirándola con toda la intención- Si te gustan las bromitas, podemos hacer bromitas. Tengo una mente privilegiada para ellas- sonrió peligrosamente-Otra cosa es que te gusten.
Hermione ignoró el comentario. Observaba su aspecto, masticando lentamente.
-No irás a salir así-le dijo, incrédula.
-Por?- dijo Draco, quitándose un hilo de la casaca de terciopelo negro bordado que vestía- Demasiado caro para tu sensibilidad? No voy a cambiarme sólo porque estés acostumbrada a salir con vagabundos.
Hermione sintió que el trozo de tortita se le iba por el otro lado y tosió violentamente, golpeándose el pecho para tragar. Miró a Draco con la cara roja.
-Oh no, casi te mueres!-dijo él, alegremente.
-Qué más quisieras - replicó ella, sombríamente-Y Ron y Harry no son vagabundos!
Draco soltó una carcajada.
-Vamos, Granger. Todos sabemos que la última moda Weasley viene directamente del vertedero.
Hermione frunció el ceño, indignada. Si había algo que no soportaba, era que atacaran a personas no presentes. Y aún menos si eran las personas a las que más quería en el mundo.
-No creo que seas el más indicado para hablar de moda- ni ella tampoco, pero antes muerta que quedarse atrás. Miró con desdén su ropa- Ese traje tuyo está bastante desfasado.
Draco frunció el ceño, ofendido.
-De qué estás hablando?-dijo- Es el último grito!
-De horror?-sugirió ella, socarrona.
-De moda- corrigió él.
-Pues lo sería en el siglo XV, pero siento decirte que, en estos momentos, no parece otra cosa que un disfraz muy caro.
La palabra "caro" pareció apaciguar a Malfoy. Se recostó contra el dintel de la puerta, con los brazos cruzados y una arrebatadora sonrisa de suficiencia.
-Admites entonces que destila elegancia. Y que me sienta magníficamente.
Hermione puso los ojos en blanco
-Son las nueve y media de la mañana, Malfoy. Aún no estoy borracha.- dijo, y se arrepintió nada más hacerlo. Sabía que le faltaría tiempo para anotarse aquello.
Y efectivamente…
- Bebes, Granger?- dijo, atónito- Supongo que para irte a la cama con Weasley debe ayudar- murmuró, como un pensamiento secundario-Qué otros pecadillos ocultas? Estudiar a horas intempestivas? Robarle los deberes a los de primero?
-Todos menos mentir- replicó Hermione, con ironía- Por eso, tendrás que disculparme si no puedo complacer tu petición de antes sobre la…elegancia.
Draco silbó. Sus ojos grises titilaron a la luz de la cocina, brillantes como las escamas de los peces.
-No está mal, Granger. No llegas a mi nivel, por supuesto, pero no está mal. Cómo es que acabaste en Gryffindor? Podrías haber sido…Ravenclaw. Tanto te gusta salvar gatos?
-Oh, Dios mío- musitó Hermione, con los ojos teatralmente desorbitados- Que se detenga el mundo! Draco Malfoy me está haciendo un cumplido!
-No se lo cuentes aún a tus amigas, Granger. Sólo he dicho que para ser una Gryffindor y una despreciable sangresucia, tienes alguna que otra ocurrencia.
-Oh, gracias. Qué más puedo pedirle a la Navidad? - dijo ella con sarcasmo. Se levantó y abrió la nevera- Qué quieres beber?
Draco se había sentado en una silla cercana a la puerta y tenía la cabeza indolentemente echada hacia atrás.
-Algo sin veneno, a ser posible- respondió.
Hermione no pudo evitar reírse. Cogió la botella de leche y la de zumo y las dejó sobre la mesa, frente a él.
-No te preocupes- le dijo con sorna- no llevan nada mortal, o al menos, nada peor que lo que tú lleves dentro.
Draco esbozó una media sonrisa ante el comentario, pero, sorprendentemente, no dijo nada. Se limitó a coger la botella de zumo y servirse.
Se hizo entonces un silencio abrumador.
Hermione lo constató, sorprendida, y le miró disimuladamente por si él también se había percatado de aquel extraño alto el fuego, pero Draco estaba bebiendo y no dio muestras de ello. Hermione entendió entonces por qué se le hacía tan rara aquella situación. Nunca antes había estado en tiempo muerto con Malfoy. No sabía cómo era estar sin pelearse con él. Aquel tiempo muerto la desconcertaba, porque la dejaba sin pistas de cómo debía comportarse. Era muy difícil recobrar el comportamiento cívico con Malfoy cuando nunca lo había habido. Era partir desde cero. No se conocían, y lo único que sabían seguro el uno del otro es que la hostilidad era una apuesta segura. Así que Hermione estaba las veinticuatro horas a la defensiva
Pero en aquel momento, mantenerse hostil parecía fuera de lugar.
Haz algo útil, se conminó internamente.
Para no sentirse como una estúpida viéndole desayunar, se levantó y se puso a recoger la cocina. Por el rabillo del ojo pudo ver cómo Draco ignoraba la leche y escogía el zumo.
-No están calientes – le oyó quejarse, mirando con desprecio las tortitas.
-Una vez lo estuvieron, Malfoy- respondió ella, sin volverse- Hace siglos, cuando entraste a ducharte.
-Dame fruta entonces- ordenó al más puro estilo de reyezuelo africano.
Hermione le lanzó una mirada airada desde el hombro.
-Acasoestás manco? Levántate y cógela tú. Aquí no hay elfos domésticos.
-Una lástima. Son unos esclavos maravillosos.-respondió él, con una sonrisa pérfida que indicaba claramente que el período de paz había acabado- Hasta se dejan pegar de manera servicial.
La boca de Hermione podría haber tocado el suelo de lo desmesuradamente que se abrió. Le miró, lívida.
-Cómo te atreves a decir eso!-estalló- Ningún ser vivo debe ser esclavo de otro! No somos nadie para doblegar a otros a nuestra voluntad!
Draco puso los ojos en blanco.
-Llega la caballería Gryffindor- murmuró- Mal, Granger. Hace un momento casi parecías una persona normal.
-Normal como tú? No, gracias- resopló Hermione, indignada- Nunca haría algo tan bárbaro como tener un esclavo.
Draco alzó indolentemente las manos y aplaudió con sarcasmo.
-Mil puntos para Gryffindor por arrebato idealista- dijo con sorna- Y ahora vuelve a la realidad. Quizá en tu mundo estupendo creas que todos nacemos iguales, pero no es así. Es la cruda realidad. Algunos salimos guapos y brillantes, otros salen feos, otros salís repelentes y sangresucias. Las diferencias existen. Negarlas es negar la evidencia.
-No es lo mismo ser feo que ser un esclavo, Malfoy- bufó ella, mirándole airada-Lo primero no puede evitarse, lo segundo sí.
-Weasel se sentirá muy desgraciado al saber que lo suyo no tiene arreglo, Granger- se lamentó Draco con una perversa sonrisa.
Hermione le disparó una mirada mortífera.
-No estamos hablando de Ron, así que déjale fuera de esto! No puedes comparar las condiciones innatas con aquellas que la sociedad te otorga. Uno no nace siendo esclavo. Hacer que un elfo te sirva sólo por ser un elfo es una imposición injusta.
-Más injusto sería que yo tuviera que rebajarme a hacer cosas como limpiar o cocinar!-graznó Draco, ofendido sólo de pensarlo- Soy un purasangre, Granger! Hace 300 años que mi familia puede usar la magia, cuando el 70 de la población de este planeta es incapaz de hacerlo. No ves una selección natural en todo esto?
Hermione dejó escapar un resuello de indignación.
-De qué estás hablando exactamente, Malfoy? Ve por partes, o no sabré qué tontería rebatir primero- contestó ella, sintiendo que la rabia y la amargura estaban muy cerca de hacerle perder el control.
-Estoy hablando de que si la naturaleza favorece a unos pocos con dones excepcionales, lo justo y necesario es que el orden social les favorezca también. Si no puedes usar la magia, naces para servir a los que pueden. Es sencillo. Si existiera algún tipo de igualdad en la naturaleza, habríamos nacido todos muggle. Pero no es así. La naturaleza quiere que haya diferencias. Quiere que haya unos que dominen, y otros que sean dominados.
Hermione le miraba con los ojos abiertos como platos y la boca desencajada. No podía prestar crédito a lo que oía. No podía creer que Draco estuviera hablando con tanta tranquilidad de supremacía racial. Le recordó a las cosas que había leído sobre la segunda guerra mundial y el genocidio judío. Con su pelo platino y su piel pálida, Draco podría haber pasado perfectamente por nazi.
Se mordió el labio inferior, temblando ligeramente.
-Entonces crees que has nacido para dominarme?
Draco arqueó una ceja, divertido por las connotaciones de aquello, pero por una vez, se centró en la discusión.
-Por mucho que me repugne admitirlo, tu caso no es tan claro, Granger. Eres un accidente de la naturaleza. Sabes usar la magia, pero has nacido de muggles. Eso te convierte en una excepción, pero...todos sabemos que de una excepción no se hace una ley científica, o al menos no según la ciencia muggle. Sigues formando parte de una especie sin evolucionar. Entre tu familia y los animales no hay diferencias reales, Granger. No pueden usar la magia.
Hermione cerró los puños, intentando contener el temblor que sacudía todo su ser.
-Entonces estás diciendo que sí- inspiró fuertemente, con los ojos húmedos por la impresión- Estás admitiendo que podrías esclavizar a mi familia como si fueran animales sólo porque no saben lo que es la magia.
-Oooh…pero no llores, Granger!- dijo él, cínico- No será hoy ni mañana. Será un proceso más largo y más costoso. Puede que ni lo veas.
Hermione esbozó una amarga sonrisa.
-Pero tú sí, verdad? Tú vas a formar parte de ello. Vas a ir casa por casa, ejecutando a los "animales", sin compasión.
Los ojos de Draco se clavaron en los suyos, como dos frías balas de metal.
- Por qué habría de sentir compasión, Granger? Siente la naturaleza compasión cada vez que nace alguien deforme? Sintieron los muggles compasión de nosotros cuando nos quemaban sólo por dominar la magia? No sé si alguien te lo ha contado alguna vez, pero la ignorancia de tu estúpida raza llevó a la hoguera a niños sólo por haber aprendido de manera natural las artes ocultas.- tensó la mandíbula, pálido por el resentimiento- Castigaron la superioridad porque no eran capaces de aceptarla.
-Sí, pero no puedes castigar a la humanidad de hoy por los errores del pasado!- insistió ella.
-Cómo que no puedo?- Draco soltó una carcajada- Claro que puedo. Por eso soy mago. Pero tranquila, Granger, cuando llegue el momento podrás elegir entre limpiar culos o fregar platos. No trataría mal a una compañera de Hogwarts.
Se hizo silencio de nuevo. Hermione, de pie, con los puños tan tensos que podría haberse partidos los dedos, le miraba como si pudiera prenderle fuego.
Y por supuesto, Elvis seguía acompañando el momento de la peor manera posible.
YOU LEFT ME CRYING IN THE CHAAAAAPEL….
-Estás loco- musitó ella, mirándole a los ojos con consternación- O eso, o te han lavado el cerebro desde que eras pequeño.
Draco frunció el ceño y abrió la boca para responder, pero justo en ese momento, apareció el señor Granger, cubierto de grasa de coche y con una sonrisa de oreja a oreja.
-Ya está listo!- anunció, alegremente. De pronto, notó que el ambiente estaba a bajo cero y les miró, desconcertado- Interrumpo algo?
-Oh, no. Hablábamos del tiempo - sonrió Draco, tamborileando los dedos en la mesa, sin mirar a Hermione, que le contemplaba con desmayo.
La Gryffindor bajó la vista. Todo cuanto se acababan de decir pesaba sobre su espíritu como una pesada losa. Se mordió el labio, angustiada.
-Oh, vamos, palomita. No te pongas así, seguro que deja de llover en nada- oyó que le decía su padre animadamente- Además, vais a tener el honor de ser los primeros en pasear en el coche nuevo! Coged vuestras cosas, os llevo al centro!
-No quisiera ser una molestia, señor- dijo Draco, afectadamente- No quiero que la lluvia estropee su coche. Puedo quedarme aquí haciendo deberes.
Já! Hermione le miró, sorprendida, y luego frunció el ceño reprobadoramente al ver la sonrisilla descarada que le dirigió él.
-No es ninguna molestia, hombre!- repuso el señor Granger- Esto…vas a ir así?- preguntó, mirando con extrañeza la ropa de Draco
Pese a las circunstancias, Hermione no pudo evitar soltar una risita que fue lúgubremente acogida por Malfoy.
-No pasa nada, papá- intervino ella. Alzó una ceja y añadió- Es lo que se lleva ahora.
-Ah, estas modas- suspiró el señor Granger- dentro de poco os veré con pantalón de campana. Todo vuelve!
Imaginar a Draco vestido con pantalones de campana ajustados y chaqueta con hombreras fue más de lo que su buen gusto podía asimilar. Hizo una mueca y dijo, levantándose de la silla:
-Vamos, Malf…raco.- corrigió- vamos al coche.
Con el señor Granger en cabeza, bajaron en fila india por las escaleras que conducían al garaje. Una vez allí, el seño Granger les indicó que se detuvieran.
-Cerrad los ojos y abridlos cuando os dé la señal- dijo, emocionado- Vais a ver lo más maravilloso del mundo!
Draco reprimió una carcajada.
-Va a traerme un espejo?- preguntó, volviéndose hacia Hermione con los ojos cerrados.
-YA!- gritó el señor Granger.
Hermione sonrió. Incluso a la tenue luz del fluorescente, las elegantes líneas del vehículo, tan clásicas pero tan inconfundibles, relucían como si estuvieran a plena luz del día. La carrocería había sido encerada y abrillantada a conciencia, hasta dejarla como un espejo. Nadie diría que era de segunda mano. Incluso el emblema y los cristales refulgían.
-Oh, papá, es precioso!- dijo, rodeando el coche para verlo mejor.- No me extraña que estés tan contento.
-Bonito, verdad?- suspiró el señor Granger- Llevo años soñando con él. Y cómo suena. Como una seda!- se volvió hacia Draco, que contemplaba fascinado el Jaguar, y le dijo- Conduces, Drakkar?
-Sólo tiene diecisiete años, papá- le recordó Hermione desde el otro lado del vehículo…y obviando que había vuelto a confundir el nombre del Slytherin.
El señor Granger miró a Draco, sorprendido.
-Jesús- dijo, repasándole de arriba a abajo- Como crece la juventud. Creí que tenías diecinueve. Hermione, en cambio, sigue midiendo lo mismo que cuando tenía doce años. Pensábamos que iba a ser más alta, verdad, palomita?
-Una pena- concedió Draco, lanzándole a Hermione una fugaz mirada burlona- Pero cada uno es como es.
Hermione forzó una risa afectada, mirando a Draco como si quisiera saltar sobre el capó del coche y estrangularlo allí mismo.
-Bueno, vámonos!- dijo el señor Granger, abriendo la puerta del coche- Hermione, cariño, por qué no…?
-Cómo no - se adelantó ella, enmascarandosu irritación con una sonrisamientras se sentaba en el asiento trasero, cediéndole a Draco el del copiloto otra vez- Él necesita más espacio para las piernas.
Cinco minutos más tarde, las calles de Londres tenían la oportunidad de admirar aquel maravilloso coche, reluciente como un espejo bajo el cielo nublado. Draco estaba exultante. Todas las mujeres que pasaban por la calle se quedaban mirando el Jaguar y a sus ocupantes. Todas señalaban a Draco y sonreían extasiadas.
Es lo que hay, se felicitó para sus adentros. Observó el perfecto acabado de la caoba lacada que decoraba el interior del vehículo, y tuvo que admitir que nunca había visto algo así. Era un coche. Un estúpido cachivache muggle por el que sólo perdería el culo Arthur Weasley. Pero tenía que reconocer que incluso su propio padre habría admirado su elegancia. Sintió curiosidad por saber cómo funcionaba, cúal era el secreto que hacía que se pudiera mover sin magia. Mirando al señor Granger, se preguntó también qué debía sentirse conduciendo algo tan grande.
Hermione no pudo evitar sonreír, divertida. No se le había escapado la manera en que Draco había admirado el coche. Inequívoco.
Slytherins, Gryffindors, purasangres, sangresucias…los hombres siempre son hombres. Son incapaces de resistirse a cualquier cosa que corra y brille, pensó. A Harry se le ponía la misma cara cada vez que se compraba una escoba nueva. Era la misma vieja historia de siempre.
-Dónde os dejo?-preguntó su padre, mirándola a través del espejo.
-Ah! Déjanos en Essex street si puedes- respondió. Tenían que ir a Gringotts para que Draco cambiara los galones de oro por libras normales, y ésa era la calle muggle más cercana.
Diez minutos después, el señor Granger se despedía de ellos, no sin antes recordarles que tuvieran cuidado con los carteristas y que no comieran en un MacDonalds.
-Llamadme al móvil y vendré por vosotros cuando hayáis terminado-fue lo último que dijo, antes de mover la mano amablemente por la ventanilla y desaparecer entre el tráfico.
Hermione suspiró y se volvió hacia Draco.
-Bueno- dijo- Qué quieres hacer ahora?
-Contigo nada, Granger- le respondió, seco- Ahora que tu padre se ha largado, podemos separarnos, no crees?
Hermione abrió mucho los ojos.
-Pero tú no conoces esto. Puede ser peligroso. Ni siquiera sabes llegar a Gringotts desde aquí!- exclamó.
-Por supuesto que sé llegar-le espetó él, ofendido por la duda- Así que aquí te quedas. Hasta luego- dijo, haciendo ademán de marcharse.
Hermione soltó un resuello de indignación y le agarró por la ropa. Draco se detuvo y la miró irritadamente.
-Exactamente…qué parte de "separarnos" es la que no entiendes, Granger?-resopló- Y no me toques!- dijo, abofeteándole la mano.
Hermione soltó un gemido de dolor al sentir la palmada, y le pegó en el antebrazo a su vez.
-Me parece estupendo que quieras perderte solo, pedazo de estúpido!- siseó, furiosa- Pero procura encontrar el camino de vuelta a este sitio antes de las cinco, porque es cuando llamaré a mi padre para que nos recoja- advirtió.
-Sí, sí- asintió él, poniendo los ojos en blanco-Supera mi ausencia, Granger. Es duro pero si te esfuerzas lo lograrás- dijo, y sin más preámbulos, se dio media vuelta y echó a caminar por Essex Street en dirección al sur.
Es decir, justo en sentido contrario a donde se hallaba Gringotts.
-Y tú por qué no te compras una brújula, imbécil- siseó ella en voz alta, como si pudiera oírla- Si te esfuerzas a lo mejor la entiendes.
Determinada a no permitir que Malfoy le arruinara el día, echó a caminar en dirección opuesta, permitiendo que el jolgorio prenavideño de la ciudad la absorbiera hasta el punto de casi olvidar que tenía que volver a verle. Consultó su reloj. Eran las doce en punto.
Tengo tiempo de sobra para comer e ir a Diagon Alley a comprar los regalos de Navidad.
Estaba tan bonita Londres! Hermione se arrebujó en su bufanda-la de Gryffindor, por supuesto, porque aunque no vistiera el uniforme de Hogwarts , no olvidaba sus colores-y se dejó llevar hacia el mercado de Coventry. En aquellos momentos, un gran número de artistas callejeros congregaban a los viandantes con sus trucos de magia y sus canciones. Desde el interior de las tiendas llegaba el sonido estridente de varias versiones de Oh, blanca Navidad. En todas las farolas se mecían lazos de terciopelo rojos y ristras de bombillas que por la noche iluminarían toda la avenida.
Hermione suspiró. Adoraba su ciudad. Entró en una perfumería y compró un frasco de esencia de sándalo para su madre. Mientras esperaba a que se lo envolvieran para regalo, consideró qué debería regalarle a su padre. Estaba entre A) Un disco, que seguramente estrenaría mientras Malfoy siguiera con ellos y que por tanto, acabaría asociando a cosas desagradables, o B) un libro.
Afortunadamente, al salir de la tienda, encontró otra que le ofreció una tercera opción. Hermione salió muy satisfecha con un bonito llavero de plata, para que su padre pusiera las llaves del nuevo coche.
Sólo cuando por fin se sentó en una cafetería para comer se preguntó qué debía estar haciendo el imbécil de Malfoy.
Habrá iniciado ya su programa de exterminio muggle asesinando a un quiosquero?
Quiso reírse de su propio chiste, pero no pudo. Quiso fingir que la conversación que habían mantenido durante el desayuno nunca se había producido, pero tampoco pudo. Le perturbaba lo que había visto en sus ojos: el brillo del odio, como una llama incombustible en lo más profundo de aquellos ojos grises. Le había oído separar el mundo en blanco y negro, arreglando convenientemente todo lo que no le gustara. La había llamado animal.
Hemione apretó la taza entre sus dedos inconscientemente.
Había tenido miedo?
No exactamente. Pero sus palabras le habían puesto la piel de gallina. Por primera vez, Hermione se preguntó cúales eran las intenciones reales de Malfoy. Siempre le había considerado un insoportable ególatra petulante y racista, pero inofensivo. Sin embargo, después de haberle oído razonar la supremacía de los magos sobre la raza humana, Hermione se preguntó cúan lejos estaba dispuesto a llegar Malfoy para seguir los pasos de su padre.
De algo estaba segura. Draco Malfoy sería un mortífago tarde o temprano.
Con esta convicción como agradable compañía, Hermione acabó de comer y se dirigió hacia Diagon Alley, con la esperanza de que la compra de regalos navideños le diera un giro menos siniestro a sus pensamientos.
No puedo olvidar que tengo que comprarle algo a Víktor también, pensó. Aunque Krum aún no había confirmado su visita en enero, no estaría de más comprarle un detallito.
Pero qué sería lo más apropiado? Su relación con Krum no podría considerarse noviazgo, a menos que cogerse de la mano y cuatro castos besos contara como tal. Sin embargo, tampoco podía tratarle como a un amigo normal, como Ron. Tenía que ser algo especial. Al fin y al cabo, Víktor había sido "su primer amor".
Descartamos regalarle una colonia entonces, se dijo, fisgoneando por los escaparates de Diagon Alley, que estaba tan atestada como cualquier calle muggle en aquel día del año. Hermione tuvo que dar varias veces par algún que otro educado codazo para evitar ser arrastrada lejos de las tiendas.
Entonces tuvo una idea. A primera vista, no parecía lo más original del mundo, pero estaba segura de que a Víktor le haría gracia y sería un bonito recuerdo de lo que compartieron. Felicitándose por la ocurrencia, se dirigió hacia la tienda de equipamiento de quidditch, porque lo primero era lo primero. Después de veinte minutos de pasearse arriba y abajo por la tienda sin decidirse, acabó comprándole a Harry unos guantes de piel antideslizantes especiales para agarrarse a la escoba, y a Ron, unas gafas deportivas nuevas, porque después de dos generaciones Weasley y los picotazos de su lechuza, las que tenía estaban inservibles, y Hermione no quería que Ron acabara empotrado contra un árbol por culpa de no ver nada.
Ginny en cambio fue más fácil. Siempre había querido tener aquel libro de conjuros de belleza, así que no tuvo que romperse demasiado la cabeza. Una vez que" Ponte guapa con un toque de varita" estuvo en su poder, cuidadosamente envuelto para regalo, Hermione ya pudo encargarse con tranquilidad del regalo de Krum. De repente, le asaltó el pensamiento de que estaba comprando regalos para todo el mundo menos para Malfoy. No era muy bonito dejar a alguien sin regalo en Navidad, por muy detestable que fuera, pero tampoco sabía que regalarle.
Una suscripción a las Juventudes Neonazis, pensó sombríamente. Una metralleta. Un espejo.
Miró el reloj y arqueó las cejas, sorprendida. Eran las cuatro y cuarto. Tan rápido pasaba el tiempo? Tenía que darse prisa si quería llegar a tiempo al mismo lugar donde su padre les había dejado. Estaría él ya allí?
La pregunta del millón, se respondió sarcásticamente. Activó el pasadizo secreto de la bocacalle y volvió a entrar en el Londres muggle. Sin embargo, no había dado ni dos pasos por el oscuro callejón, cuando prácticamente tropezó con alguien que estaba sentado en el suelo, recostado contra la pared. Los ojos de Hermione se abrieron como platos y las bolsas se le cayeron al suelo al reconocerle.
-Qué haces aquí?- exclamó, sorprendida al encontrarle sentado en el suelo, con la casaca sucia. Su sorpresa se convirtió en estupor cuando le vio la ceja partida- ¡Y qué te ha pasado!
-No grites - gruñó él, malhumoradamente. Se tocó con la punta de los dedos la herida de la ceja e hizo una mueca de dolor.
-Déjame ver- dijo ella, agachándose frente a él e intentando sin éxito examinarle la herida.
-Ni lo sueñes!- respondió, empujándola con agresividad.- Cúantas veces tengo que decir te que NO me toques?
-Como quieras, subnormal!- gritó Hermione, indignada. Le sacaba de quicio que encima que intentaba ayudarle la tratara de esa forma- Ya me estás contando qué te ha pasado- entrecerró los ojos, acusadora- Ya te has peleado con alguien?
Draco no respondió. Echó las manos hacia atrás para apoyarse en la pared y se puso lentamente en pie. No parecía tener nada roto. Hermione seguía mirándole, entre irritada y consternada, esperando a una respuesta.
-Más vale que me lo digas- advirtió Hermione, temiéndose lo peor- Porque ahora mis padres te verán así y tendré que mentir.
-O quizáno, Granger- respondió él, sacudiéndose la ropa- Simplemente diles la verdad: que me han asaltado.
-¿Te han asaltado!- exclamó ella, con los ojos muy abiertos- Cúando? Quiénes? Dónde?
-Hará una hora, tres tipos, aquí.- respondió secamente él. Arqueó una ceja- Satisfecha?
-No- dijo, enfadada- Eran magos?
-Qué pregunta es esa? Un mago no se atrevería jamás a ponerme la mano encima, Granger- dijo, poniendo los ojos en blanco- Eran tres estúpidos muggle, por supuesto.
Hermione dejó escapar un gruñido de indignación y puso los brazos en jarras. Los ojos le llameaban.
-Te lo dije - resopló- Te lo dije. Te advertí que no salieras con esta pinta. Dios, cómo sabía que te atracarían. Qué te han quitado?- recordó de pronto.
Draco esbozó una media sonrisa de superioridad.
-Nada, Granger, por eso tengo la ceja así- alardeó-Sigo conservando todo el dinero que he sacado de Gringotts.
-Y todo el ego, por lo visto- observó ella, sarcástica- Pero estoy impresionada. No creí que supieras llegar realmente al banco.
-Ya te dije que sabía, Granger. Tengo un magnífico sentido de la orientación- mintió.
Al fin y al cabo, ella no tenía por qué saber que había tardado hora y media en dar con la entrada al Londres Mágico. Había llegado a Gringotts, que es lo que contaba.
-Y cómo es que se han limitado a partirte la ceja?-preguntó ella, con más desconfianza que curiosidad. No le cuadraba que tres ladrones fueran a renunciar a toda una fortuna tan fácilmente.
-"Limitado"?-se escandalizó Draco-Te parece poco que se hayan atrevido a alterar mi precioso rostro?
Pero Hermione no estaba para bromas. Aquella respuesta sólo confirmaba sus temores.
-Qué les has hecho, Malfoy -inquirió, aunque más que una pregunta, sonó a exigencia.- Contesta.
-Pues lo que pude, teniendo en cuenta que no llevo la varita encima- replicó él fríamente-Hacerlos volar con un hechizo y golpearlos contra la pared.
-QUÉ?- Hermione puso el grito en el cielo- HAS USADO MAGIA?-le miró, consternada- Eres…eres…subnormal¡IDIOTA! El ministerio investigará esto y ahora cualquiera podrá encontrarte! Dios mío, sabrán que estás en mi casa!
-Cálmate, Granger- le ordenó, mortalmente frío- No he usado la varita, así que seguramente interpretarán lo sucedido como un brote de magia involuntaria y no lo investigarán. Además- añadió- estamos al lado de la entrada a Diagon Alley. Dudo que les sorprenda detectar magia en esta área.
Hermione no le escuchaba. Se había llevado las manos a la cara y murmuraba cosas incomprensibles por lo bajo. Cuando las retiró, tenía un brillo asesino en la mirada.
-Eres lo peor que podría pasarme- musitó, muy seria- Haces imposible la vida de cualquiera. Pones en peligro la de la mía. Me amargas la existencia.
Por toda respuesta, Draco le dedicó una sonrisa de lo más siniestra. Un fino hilillo de sangre surcaba su rostro desde la herida en la ceja, dejando un rastro rojo que contrastaba vivamente contra su pálida tez.
-No sabes cómo me gusta oír eso - respondió, mirándola a los ojos con perversa satisfacción- Creo que nos vamos a divertir mucho juntos todos los días.
Hermione le miró a los ojos, sin pestañear.
-Por supuesto- dijo, aceptando el desafío implícito- Ya verás qué divertido va a ser que mi madre te eche alcohol en la ceja.
Draco palideció.
-Qué?- preguntó, pero ella echó a caminar en lugar de responderle-¡Eh! Qué quieres decir con eso!- gritó, corriendo tras ella.
Una hora más tarde, todo el barrio de Notting Hill estaba al corriente de que en casa de los Granger había un maníaco gritando.
Qué gran manera de acabar el día.
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