Prompt: 004. Touch


Tus manos
(Touka & Yoriko)

Las manos de Yoriko están hechas de sol.

Si Touka toca su piel se maravilla al ser recibida con un tacto muy suave, de pétalos de azucena recién arrancada de la tierra pero con cortesía. Piensa que en comparación con las suyas —esas con las que se baña en sangre y machaca huesos y golpea los rostros de quienes la sacan de quicio— las manos de Yoriko son sin duda más bonitas.

(Tan tan bonitas).

No puede evitarlo, a decir verdad. Touka ve sus manos y lo comprende. Comprende que a diferencia de las de Yoriko las suyas con certeza son feas, en el fondo, en la carne.

(Son terribles y debería esconderlas).

—y se pregunta cómo es que a Yoriko no le dan asco al tomarla de la palma mientras suelta risitas y la apura a andar más aprisa porque de lo contrario llegarán tarde a la clase siguiente—.

Se le forma un nudo en el estómago, que se acrecienta a la hora del almuerzo. Siendo que Yoriko tiene esta tendencia a mantener sus dedos unidos, acariciándole los nudillos y el dorso de la mano. Para tranquilizarla. Para decirle sin palabras: ah, Touka, no debes estar triste. (pues tu padre quizá se ha ido al extranjero y Ayato huyó a no sabes dónde, más yo estoy aquí ¿sabes? soy tu mejor amiga y puedes tenerme confianza).

Y Touka arruga el ceño, se muerde los labios, porque ella–

Ella confía en Yoriko. (Dios sabe que confía).

Empero entiende que no es mutuo, que es imposible, por mucho que lo desee. Pues si Yoriko supiese– si Yoriko se enterase de su verdadera naturaleza entonces–

Entonces.

— ¿Touka?

Yoriko la mira con preocupación. Touka suelta un suspiro.

—No es nada —dice—. No es nada, en serio —reitera.

—sólo que creo que tus manos son muy cálidas,

y me arrebatan la vista porque yo soy todo sombra,

y si rozas tu muñeca contra la mía me incinero, nada más—.

Una cosa nimia. Banal. Pasajera.

Excepto–

— Uhm —Yoriko hace un ruido de asentimiento—. Mentirosa. Has desviado la mirada.

Excepto que Yoriko encuentra averías en sus secretos, de alguna manera. Esquinitas por donde puede colarse y alcanzarla. Ella capta sus respingos nerviosos, las sonrisas algo forzadas, su expresión perdida cuando le ofrece un bocadillo antes de que Touka lo acepte.

(quizá sospecha, quizá lo sabe, quizá–).

Pero Yoriko afianza su agarre, sorprendiéndola un instante; y no le observa con desconfianza ni temor o asco. Nunca jamás. Siempre le da una mirada suave de avellana, dulce, reconfortante. Y no la suelta.

— Está bien Touka, ¿estaremos siempre juntas así no?

(así que no hay necesidad de preocuparse).

Touka entonces se cree un poco más digna de sostenerle la mano y se tranquiliza, un poco. Incluso si aún tiene un retortijón súbito en el estómago. —Sus palmas siguen siendo horrendas, no obstante—.

Yoriko la toca. Touka olvida.

Porque no quiere pensar en el futuro, únicamente añora que Yoriko continúe dibujándole figuras amorfas en la piel. Al delinear asimismo ocho letras impares, que se imprimen allí, y prevalecen. Es que es ahí cuando Touka, le acaricia de vuelta, con la fragilidad de una pluma cubierta de brea. Y es el turno de Yoriko para maravillarse.

(Las manos de Touka están hechas de luna).