Crap 4.


Dio vueltas en la manta el tiempo suficiente como para que la simple idea dejara de humillarlo al punto de querer hacerse daño. En su necedad acabó abriendo el celular y buscando la foto de la china.

Tenía otra mejor de ella, una que mil veces quiso borrar porque lo deshonraba, una que sin razones jamás logró eliminar. Quizás porque Kagura se veía muy bonita con ese atuendo chino (que tal vez no lo era, pero todo lo relacionado a ella en su cabeza era chino); en dicha estampa mostraba la sonrisa burlesca de quien tiene un pie victorioso sobre su adversario.

Por alguna razón le agradaba más la que la aplicación le había sacado, quizás porque era una expresión que solía verle a diario, era más fresca y natural. Tenía la estampa de una muchacha simple. Le venía a recordar a la Kagura que le caía bien y no a la bribona que le caía mal, esa que se mofaba por haberlo noqueado trabajando en equipo (no, no se lo olvidaría jamás).

Miró el reloj digital y pensó que seguramente ya había encontrado a quién molestar a esas horas de la noche. Con esa idea en mente se vistió y puso la moto en marcha. Una parte de él en verdad esperaba no encontrarla en la estación, más que nada para no tener que lidiar con ella en una situación que juzgaba de incómoda.

Sin embargo allí estaba ella, sentada en el mismo banco en el que la había visto por última vez hacía tres cuartos de hora.

—¿Todavía sigues acá? —cuestionó él, flemático pero burlón—. Te puedo conseguir una caja de cartón.

—Es tarde para ir molestando en casas ajenas —su respuesta fue superflua, como si estuviera hablando con el perro callejero que usaba la estación como casa; pero su reacción era consecuencia de la sorpresa.

Prefirió pensar que Okita estaba allí porque buscaba algún kiosko abierto y no por ella.

—Y ahora te preocupas por molestar —le picó con la acotación, para de inmediato plantar un gesto mezcla de saturación con resignación—. No vivo lejos. Si prometes no comerte todo… —No completó la frase, y los segundos que le tomó a la chica soltar prenda le parecieron ridículamente eternos.

—¿Eh? —Era clara la invitación de Okita, pero ella no salía de su asombro. Primero por verlo ahí y luego por presenciar una clara predisposición de su parte a ser menos bastardo de lo que solía ser.

—Para que después no digas que no soy gentil… —No lograba su cometido de ofrecerle techo sin tener que decirlo de manera explícita, pero es que nunca hallaba la manera de hablar con ella sin terminar a los gritos y a los insultos— ¿Te subes o me voy? —Y no iba a intentarlo aunque su vida dependiera de ello.

Kagura, porque estaba dormida o cansada del día largo, tardó en hacer sinapsis, a tal punto que no tenía voluntad para fastidiarlo con algo previsible. De golpe se acordó de la conversación que había tenido con Shinpachi y Gintoki y sintió algo similar al "miedo". O al menos esa ligera incomodidad ante la idea de estar a solas con él se le parecía bastante.

Recién cuando Okita giró con la moto y soltó alguna frase indicando que se marchaba logró reaccionar. Se puso de pie y dio esos pasos decisivos para evitar la inminente partida, pero no se subió. Era como si hasta el último instante estuviera esperando a que el patán que ella conocía saliera a flote.

—¿Vas a subirte o esperas a que te cargue? —Ante esa prepotencia Kagura tomó la decisión de subirse. No fue que terminó de aplastar el culo en el asiento trasero que el patán que ella esperaba salió a relucir— ¿No era que nunca jamás te ibas a subir a esta moto?

Oh, grave error. Okita así descubrió que no había mujer más orgullosa en el universo, aunque el mote de "mujer" sentía que le quedaba grande, porque a fin de cuentas eso de bajarse y caminar a la par de él era de niña caprichosa. Tres cuadras le costó convencerla. A ese paso llegarían en una semana al pequeño cuarto rentado.

Apenas entró Kagura se dio cuenta de detalles irrelevantes (al menos ella se decía a sí misma que todo lo relacionado a Okita era irrelevante), por ejemplo en que no había muchos objetos del propietario. Apenas una muda de ropa sobre un viejo ropero vacío (lo veía así porque las puertas y cajones estaban abiertos).

La habitación olía a encierro y a prostituta de mala higiene, y Kagura no tuvo problemas en decírselo, originando así la primera discusión en esas cuatro paredes, necesaria para quebrar un poco el hielo y la contrariedad que genera el estar a solas con alguien a quien no sabes si odiar o dar una segunda oportunidad.

El ambiente estaba tenso y aunque quisiera negarlo Okita estaba nervioso, tanto que se traicionaba a sí mismo con comentarios fuera de lugar, porque más allá de decirle que si tanto le molestaba el olor del cuarto podía dormir afuera, tuvo el desatino de fanfarronear al respecto.

—¿Para qué voy a limpiar si nunca tengo visitas? —fue su postrera defensa mientras extendía unas sábanas a modo de manta— Es más, es raro que traiga una chica aquí y que sea solo para dormir.

Kagura se acostó en la manta, pero con los ojos bien abiertos de espanto. Ahora esa incomodidad sí era miedo. Gin-chan siempre le había dicho que no aceptara la cortesía de los muchachitos porque estos solo tenían un único fin, que era llevarla a la cama.

Bueno, Okita lo había logrado, ahí estaba: tendida en una cama; pero por el recuerdo de su madre, la ropa se quedaría dónde estaba. ¡Antes muerta que sucumbir a sus fantasías alimentadas por tanto manga yaoi!

"Se ve que no trae muchas chicas aquí, ¿cuándo fue la última vez que limpio el muy cochino?" Se preguntó a sí misma, incapaz de poder articular palabra alguna, no fuera a ser cosa que provocara la amenaza que de golpe representaba Sôgo. ¡Pero todo era culpa de Gintoki y Shinpachi por meterle esas ideas absurdas en la cabeza!

—¿Qué pasa, te asustaste? —Okita logró interpretar a la perfección la postura petrificada de Kagura y su silencio mortuorio— Tranquila, que a ti no te pongo un dedo encima.

—¡Más te vale! —Se incorporó con clara intenciones de irse— ¡Prefiero dormir bajo un puente o en una caja de cartón!

—Ven aquí imbécil —la detuvo sosteniéndola de un brazo cuando se sentó en la manta—. No soy esa clase de sujeto. —Tampoco pretendía que pensara que la había invitado con ese fin, aunque la idea se le hacía muy graciosa.

Kagura se quitó esa mano de encima como si fuera la de un violador; pobre Okita, no se le podía acusar de lo que no había hecho ni pensaba hacer. Sí se lo podía culpar de menso, porque aprovechó la evidente incomodidad de la muchacha para fastidiarla.

—Aunque… con la puntita me conformo.

—¡Yo no soy ninguna de esas atorrantas que traes aquí!

¿Por qué le tenía que pasar eso? Se preguntó Kagura… ella solo había aceptado la invitación simplemente porque en verdad quería darle la ocasión para redimirse, pero el enano no dejaba de ser el mismo imbécil de siempre.

—Está bien… empecemos con un beso —risueño cerró los ojos, pero tuvo que abrirlos cuando le llegó una trompada bien puesta. Ahí se le fue toda la jocosidad de encima.

Entre insultos y amenazas de muerte y odio eterno trataron de conciliar el sueño; pero para Kagura fue imposible. Al otro día amaneció con la estampa digna de un panda. Como no había nada para comer en esa pocilga, y luego de despreciar el anpan que pensaba desayunar Okita, fue hasta la tienda de Otose con la excusa de trabajar. Era una buena manera de comer gratis y ahorrarse el viaje de ida y vuelta a casa.

Por eso no fue de extrañar que por la noche el mismísimo Gintoki se apareciera allí en búsqueda de la niña para, al final, ser un cliente más. Se había acercado a la tienda preocupado por la ausencia de Kagura; sin embargo al conocer las razones se hallaba más inquieto por saber en dónde había pasado la noche.

La inocencia de ella la imposibilitaba para mentir al respecto, tarde se dio cuenta de su error.

—Y yo, con el corazón en la boca —se quejó el supuesto adulto dándole un sorbo a su taza con sake—, porque claro, un yato en la tierra es como dejar un león suelto en plena ciudad, y me entero no de que estás presa o que has desaparecido luego de cometer un crimen. ¡No, me entero de que pasaste la noche con un chico!

—¡No lo digas así, Gin-chan, que suena como si hubiera perdido mi inmaculada virginidad! —lloriqueó ella mirando el piso de madera.

—¡¿Qué le voy a decir a Umibôzu, eh?! —siguió retándola eufóricamente con el mostrador en el medio— ¡¿Cuántas veces te he dicho que tienes que cuidarte de los hombres cuando no andas conmigo?!

—Jefe —decidió intervenir Okita al ver que la disputa lo involucraba y de la peor manera— le aseguro que no pasó nada y en tal caso no debe preocuparse, tengo un cajón lleno de profilácticos.

—¡No lo empeores! —se quejó Kagura, roja de vergüenza.

—¡Sí, un cajón lleno que, espero, siga estándolo por mucho tiempo más! ¡Al menos hasta que Kagura tenga edad suficiente, o fuerza suficiente, para defenderte del hermano loco que tiene y que no soy yo! —Gintoki dejó de lado su papel de padre irresponsable para ejercer el que más le gustaba, que era el de bebedor empedernido.

Cuando terminó la jornada laboral, Kagura no sabía si era más peligroso pasar la noche con Okita o irse en la moto con un Gintoki borracho. A veces su intento de jefe la cuidaba de una manera extraña y ambigua.

—Ya deja de quejarte, que si tenemos un accidente con la suerte que tengo seguro que tú sales ilesa y yo quedo parapléjico. —Como pudo logró meter la llave y girarla.

—Será mejor que pasemos la noche en Kabuki. Estás muy borracho, Gin-chan.

—¡¿Qué, otra vez quieres pasar la noche con el poli, no fue suficiente con ayer?!

—¡Deja de gritar idioteces, estás borracho y no pasó nada!

—Sí, mejor conduce tú —dijo de manera incoherente y se dejó deslizar hacia atrás, sosteniéndose como podía del asiento—. ¿Por qué me miras así? Si ya te enseñé todo lo que podía enseñarte al respecto. ¡Al menos de cómo manejar la moto! ¡Porque por lo visto todavía no pude enseñarte cómo manejar a los buitres que te rondan!

Kagura entornó los ojos y decidió ignorar lo que era el soliloquio obsesivo de un Gin-chan borracho.

Era la primera vez que Gintoki le cedía ese lugar, era casi admitirla como adulta, aunque la realidad estaba bastante alejada de eso y era más cruda: Gintoki no podía asegurar de llegar intacto a su casa sin matar a una familia entera en el camino.

—Imagina, esos niños en la banquina... —Él ya se había hecho toda la película—. La sangre, y la madre llorando y gritando antes de sucumbir en un charco de órganos humanos. Y yo parapléjico, por supuesto, incapaz de defenderme de las agresiones de los transeúntes.

Kagura siguió ignorándolo para en cambio sentarse en la moto y conducir hasta Akiba. Ella no lo sospechaba, pero esa había sido la última noche que trabajaría con su peor pesadilla.

Es extraño como la visión de una persona puede cambiar ante lo irremediable de una posible muerte.

Cuando al otro día se presentó a trabajar creyendo que sería una jornada más, Otose le avisó que no tendrían repartidor. Okita había tenido un accidente y estaba hospitalizado, aunque la palabra correcta no sería "accidente" a un intento de asesinato.

—¿Él está…? —No sabía si preguntar si estaba vivo, entero o más tonto que lo usual.

—Está. —Fue la respuesta lacónica de la mujer quien sin esfuerzo había vislumbrado la preocupación de la muchacha—. Me vine porque no puedo dejar la tienda a cargo de ustedes o me funden en una tarde, pero a esta hora iban a operarlo.

—Entonces está grave —reprochó—. No fastidie, vieja.

—No me preocupo —suspiró—; porque es la clase de sujeto que no muere sin dar pelea. ¡Y lo de vieja ahórratelo!

—Si sabe de algo…

—Sí, sí —agitó un brazo entendiendo el pedido y restándole importancia—. Ponte a trabajar, que el mundo no se detuvo.

La muchacha trató de hacerlo sin que el dato la perturbara de más y se interpusiera en su labor, pero aunque quiso desentenderse del tema no era tan descorazonada. Por fortuna las pocas novedades que obtuvo fueron alentadoras, todo había salido tan bien que en pocas horas Okita recuperó la consciencia.

Cuando esa noche volvió del trabajo a Gintoki no le costó leer en el semblante de su amiga la preocupación.


(…)


Antes que nada quiero darles las gracias a Mei, Coppelia y sugar64 por pasarse a leer el fic; no puedo responderles los comentarios anónimos como a los demás, pero no por eso voy a dejar de agradecerles la compañía.

Le comentaba a melgamonster en una respuesta a su review que muchas veces tiendo a usar palabras o expresiones (modismos) extranjeros. Una de las razones es que soy argentina (y este es un país en donde en una esquina te puedes cruzar con un francés, un venezolano, un inglés, un senegalés, un amanto, etc) por otro lado mi hermano es mochilero así que ha traído a casa a gente de diversas nacionalidades. Sin ir más lejos se casó con una costaricense y me dieron dos sobrinas nicaragüenses. Tengo primos viviendo en EEUU, en México y en España que también tuvieron hijos, incluso mis primas se han casado con paraguayos y colombianos. Cuando mi cuñada estuvo aquí en mi casa se la pasó conviviendo cerca de medio año conmigo y me pegó el "mae" de ella (ya no tanto, pero antes se me escapaba un "mae" y la gente me miraba raro). Hace poco fui de visita para Centroamérica y estuve casi tres meses… estamos en diciembre y todavía sigo diciendo bus. Como le decía a mel: Cosas que pasan cuando tienes una familia rara que hace de su casa un hotel turístico. ¡Hasta gente de Suiza que no hablaba una goma de español ha vivido con nosotros! Imaginen lo que es convivir con alguien que solo habla y entiende alemán XD, pero tomaban mate, eso sí. En fin, quería aclarar por qué a veces uso modismos extranjeros (de hecho follar y joder es uno de mis favoritos).

Creo que al final las notas fueron más largas que el capítulo.

Muchas gracias a todos por pasarse y perdón por la demora, pero como comenté más arriba estuve de viaje desde principios de agosto hasta finales de octubre, para colmo apenas llegué (de manera literal porque bajé del avión y me entró la llamada) conseguí empleo, y como era full-time se me complicó acomodar los horarios. Hoy en día, pese a que debo estudiar para rendir en febrero (el examen de ingreso a la UNA es de los más exigentes) quería hacerme de tiempo para escribir. ¡Lo necesitaba!

Hasta pronto y gracias por la paciencia ^^.