Capítulo Cuatro:
"Contratiempos"
POV: DL Hawkins
—¡ENVIAD LA AYUDA! —bramó Parkman por el móvil—. Llama a cualquiera que pueda ir hacia allí… ¡aunque sea la guardia montada! Pero que lleguen los refuerzos. ¡YA! —llevábamos un cuarto de hora en un atasco monumental para salir de Queens. Tras haber recibido un aviso de que el centro de detención federal estaba siendo asaltado, la ciudad parecía haberse vuelto loca. Los semáforos no paraban de cambiar, los GPS daban señales equivocadas y los móviles no dejaban de llamar y recibir mensajes. Pero lo más inquietante era que aquella locura electrónica comenzó justamente después de se cortaran las comunicaciones con el centro.
—Los equipos de asalto en helicóptero, no pueden salir —dijo tras colgar el móvil—. Parece que en la torre de control no contestan. ¡Mecagüen…! —termino diciendo—. ¡Es Hana! ¡Hana Gitelman! —aclaró al ver rostro hecho un mar confusión.
«¿Hana Gitelman? ¿La misma Hana Gitelman que modificó el discurso del presidente para que cantase Mary tenía una ovejita» pensé.
Matt asintió con la cabeza casi dándose un coscorrón en el salpicadero.
—Hana está colaborando con los asaltantes del complejo. Seguramente ella fue la que ha cortado las comunicaciones. Este no va a ser un buen día. Mis superiores me van a colgar por las pelotas, como esos tipos liberen a los presos que están allí —dijo Parkman acongojado. La buena noticia es que ya estábamos en Nueva York. Tal vez aún se podría remediar. Pero el tiempo pasaba en contra nuestra.
—Sí, el tiempo está en contra nuestra, Hawkins —dijo Parkman leyéndome mis pensamientos por enésima vez—. Para cuando hayamos llegado será demasiado tarde. Se habrán escapado.
Y pensar que hacía menos de una hora, los ánimos eran muy diferentes. Teníamos una pista de Gabriel Gray y una confirmación, si es que se le podía llamar así al reloj, de que había estado allí…
—Sylar —chilló Parkman cortándome el hilo del pensamiento—. Es él. Él está asaltando ahora mismo el centro. Tengo un presentimiento.
—Oye, tú lees los pensamientos, ¿desde cuando tienes presentimientos? —le reprendí.
«Estás empeñado en pintar a Gray como el lobo del cuento de Caperucita» pensé para que me escuchase.
—Además, Gray no conoce a Hana Gitelman.
POV: Claire Bennet
—Deberías presentarme a tu amigo… ese Wireless —decía Gabriel, mientras yo conducía por la autopista camino al apartamento sin apenas trafico. Wireless me había dicho que me facilitaría la vuelta. Pero no me pensé que pondría la gran manzana patas arriba. Todas las autopistas de salida estaban bloqueadas. Y los vuelos retrasados en todos los aeropuertos y helipuertos debido a una amenaza de huracán.
—Pues la verdad es que no le conozco en persona —contesté encogiéndome de hombros ante la mirada de reproche que me devolvió—. No sé ni siquiera su verdadero nombre —continué—, lo único que sé es que es como nosotros. Y que además es un Hacker.
Gabriel estaba en el asiento del copiloto, moviendo con la cabeza como diciéndome 'Qué loca que estás'. Y Hiro estaba en el asiento trasero, contemplando la otra vía de la autopista que estaba atestada de coches. Parecía concentrado o preocupado por algo. Hasta que al final empezó a hablar. Pero a hablar en japonés. Yo no entendía ni una sola palabra, ni de lo que decía Hiro, ni de lo que respondía Gabriel. Hiro estaba claramente enfadado por algo que Gabriel no quería hacer o decir.
—Oye, podéis hablar en cristiano. Yo no leo los subtítulos —les espeté después de un buen rato de conversación.
—No puedo ayudarte, Claire —acabó diciendo Hiro unos segundos después—. Sylar, me estaba contado tu plan.
Aquello no me lo creía. Gabriel le había convencido en japonés de que no aceptase. Estaba empeñado en que era mejor dejar el pasado como estaba.
—Le has puesto en contra del plan, ¿no? —le recriminé a Gabriel mirándole de soslayo, mientras apretaba un poquito más el acelerador de lo normal. Gabriel sostuvo unos segundos la mirada y finalmente se explicó:
—No, no es que Hiro no quiera ayudarnos. Es que no puede. Le han extirpado su poder.
Aquello lo cambiaba todo.
La extirpación quirúrgica consistía en matar las neuronas que activaban los diversos poderes. Sin ellas, el don seguía existiendo, pero no podía manifestarse. Miré a Hiro con el espejo del retrovisor, estaba alicaído. Con el chándal verde pistacho que le habíamos traído para que se quitase el mono de presidiario. No tenía el aspecto tan espectacular, como cuando llevaba el traje de ninja y su espada Kensei.
—Lo importante es que estás bien. Y fuera de esa horrible prisión —dije al poco rato, cuando ya estábamos a una manzana de la plaza Kirby. El plan se había ido al garete. Ya no podíamos cambiar el pasado. Y que yo supiese el don de Hiro era tan insólito como el de Gabriel.
Sólo existía un caso de cada uno.
Pero mientras miraba el rostro de Hiro por el retrovisor, una punzada de remordimiento me atravesaba el corazón. Era una egoísta, no había pensado en lo que Hiro había perdido. ¿Cómo me sentiría yo, si perdiese mi don? Llevaba tanto tiempo sin sentir dolor, verdadero dolor. Que a veces me olvidaba de que otros sí sufrían más que yo.
POV: Gabriel Gray
Aquello sí que había sido un gran contratiempo. Las dudas que tenía acerca de si era conveniente, o no, cambiar el pasado se habían esfumado. Y Claire estaba claramente decepcionada. Intentaba ocultarlo en su rostro, pero se la notaba tensa y cabreada.
«Esto no es bueno para su salud» pensé mientras entrábamos en el apartamento.
—Te esconderemos aquí todo el tiempo que podamos —le dije a Nakamura en inglés—. Después cada uno cogerá su camino y nos separaremos.
—¿Separarnos? —soltó Claire sorprendida, con los ojos abiertos como platos—. ¿Cómo dices?
—Es más seguro para todos. Te lo aseguro —le respondí tranquilamente—. Si permanecemos juntos nos cogerán.
—Tú eres el primero que nos dices que en los tiempos difíciles, somos más fuertes juntos. Y ahora dices que nos separemos. ¡No hay quien te entienda! —continuó Claire en un tono cada vez más alto. Hiro hizo un ademán de excusarse y murmuró algo que sonó a 'Hambre'. Le señalé la cocina y él se marchó para no estorbar en nuestra conversación.
—No es lo mismo Claire. La NSA1 va a investigar el asalto y si descubren que estás implicada, te van a hacer la vida imposible —le razoné.
—Pensaba que íbamos a estar juntos… —comenzó ella a decir.
—¿A fugarnos juntos? —le contesté con el tono más hiriente que podía sacar en aquel momento. Ella se quedó helada, estupefacta—. Claire, vale, lo hemos pasado bien los dos. Pero de ahí a una relación seria…
Estaba siendo lo más cabrón posible. Ella me tenía que odiar. Era lo mejor. A partir de ahora el plan era que cada uno tuviera su propio camino. Aunque no quería separarme de ella, debía de hacerlo por su propio bien.
POV: Hiro Nakamura
Mientras me preparaba un sándwich y oía la discusión que había entre Sylar y Claire, me puse a reflexionar. No me había parado a pensar que volvía a ser libre.
Sin poderes, pero libre.
Sin poder tomar las riendas de mi destino, pero libre.
Sin futuro, pero libre.
Sin poder dejar de mirar atrás huyendo, pero libre.
Ahora que lo pensaba, aquello no me parecía para nada libertad.
Atrás había dejado los tiempos en los que había cabalgado junto al gran Takezo Kensei, el héroe de mi infancia. Y la búsqueda de la espada sagrada que había emprendido con Ando. ¿Dónde estaría Ando ahora? Y también había dejado atrás los tiempos en los que había odiado a Sylar por asesinar a Charlie.
Ahora, sí, ahora, el presente, pues debía de empezar a pensar sólo en el presente, me encontraba en la cocina de Claire comiéndome un sándwich de manteca de cacahuete, y oyendo de fondo la discusión entre Claire y Sylar. Mis rescatadores. Me había sorprendido que fuesen pareja, pero es normal que no esté al tanto de las cosas. Llevo dos años en prisión. Ahora, debía de encontrar la manera de volver a Japón. Con mis poderes podría haber llegado en un instante. El inhibidor ya debía de haber terminado su efecto, y sólo con un pensamiento me encontraría en cualquier lugar que conociera.
La verdad es que deseaba estar en cualquier lugar menos aquí, escuchando su discusión. Claire debía de estar a punto de llorar y Sylar quería acabar con su relación antes de que cada uno se fuese por separado. Yo ya había captado sus intenciones, al instante. También había tenido que despedir amargamente a un amor del pasado.
De pronto parecía que las tornas habían cambiado en la discusión. Claire era quien estaba gritándole e insultándole hasta ponerle verde.
Deseé tener la espada Takezo en mis manos otra vez. Sentirme de nuevo como en mi primera batalla en la era Tokugawa. Luchando junto al hombre que me había inspirado de pequeño a ser un héroe. Sí, deseaba con todas mis fuerzas volver a ser el maestro Kendo que había sido.
Hiro Kensei
POV: Claire Bennet
—Eres un maldito desagradecido, presuntuoso e idiota —la indignación me estaba poniendo confusa y me estaba quedando sin insultos. Gabriel me había estado utilizando durante estos dos meses y no se iba a ir sin que yo me quedara a gusto. Pensé en las noches que habíamos pasado juntos, acurrucados entre las sabanas. En cómo le había querido más que nada en el mundo. Y él me decía que lo nuestro no era en serio. Es verdad que del amor al odio sólo ahí un paso, en aquellos momentos tenía unas ganas tremendas de arrancarle los ojos.
—Espero que te pudras en el infierno, maldito hijo de… —de repente sonó un enorme golpe en la cocina, que me silenció bruscamente. Después unos segundos se oyó un grito procedente de ella.
—¡Ya Ta! —aquello nos dejó helados a los dos. Pensé que le había pasado algo a Hiro. Que se había caído y roto algo. Hasta que el grito volvió a sonar —¡Ya Ta! —pero esta vez era de júbilo, puro júbilo. Tardé unos segundos en comprender que hablaba en japonés "Lo conseguí". Hiro salía de la cocina con la cara totalmente pálida, una sonrisa de oreja a oreja en su boca manchada de migas de sándwich y algo en las manos.
Ese algo era la Kensei.
La espada que había pertenecido a Takezo.
POV: Matt Parkman
—¡Conseguido! Hemos llegado al fin —resopló Hawkins cuando llegamos al aparcamiento del centro de detención
«Sí, al fin. Tarde» menos mal que Hawkins no podía leerme los pensamientos. La única buena noticia es que la locura informática que había invadido a Nueva York había cesado. Pero eso también era una mala noticia. Hana había parado porque ya no era necesaria su distracción. Y yo apenas tenía ánimos para leer la mente a mi compañero.
—Muestren su identificación —espetó el guardia de seguridad que estaba a la entrada del edificio.
—Agente Parkman. Agencia de Seguridad Nacional. Departamento de Control de Evolucionados —le contesté con voz firme—. Y el Agente Hawkins. —dije acordándome de mi copiloto, cuando DL tosió discretamente.
—¿DCE? —inquirió el guardia con un tonillo sardónico—. ¿Cómo han llegado tan pronto? —aquel tipo me estaba impacientando. Estaba molesto por la idea de nuestro Departamento.
Evolucionados vigilando a Evolucionados.
La mayoría de la gente no le gustaba lo especial, y desde que la prensa acuñara el término "evolucionado" para describirnos, estaban mucho más susceptibles.
—Estábamos en la ciudad… —respondí—. ¿Nos va a dar paso? ¿O quiere que llame a sus superiores?
«No te pases con el segurata» me vino de la mente de DL. Finalmente nos acabó dando el paso. Pero en su cabeza todavía había algunos pensamientos que me incordiaban.
—¿Por qué nos tienen tanta manía? —exploté finalmente al notar que el resto de hombres del equipo de seguridad pensaban de una manera similar. DL me contestó más rápido que su propio pensamiento.
—Yo apostaría que una buena razón es que uno o más de los nuestros les han pateado el trasero esta tarde —dijo en broma, yo no le veía por ningún lado la gracia. Llegamos hasta el jefe del centro de detención y Hawkins empezó con el informe. Apenas prestaba atención a los pensamientos de los dos y menos aún a sus palabras. Estaba distraído y confundido. Esperando que terminase ya el maldito día.
—¿Cuántos eran los asaltantes? —preguntó DL, libreta en mano. El jefe respondió medio abochornado:
—Uno, sólo uno. Eso creemos.
—¿Cuántos agentes agredidos, heridos o muertos? —continuó anotando.
—Once agredidos, ocho aquí en el vestíbulo y tres en los pasillos, todos con heridas leves, salvo uno que tiene heridas más graves. Por fortuna ningún muerto.
«Sí, suerte, mucha suerte» pensé distraídamente.
—¿Cuántos presos han logrado escapar? —continuó mi compañero.
—Pues eso es lo más extraño. Sólo ha escapado uno —respondió el jefe. Aquello me sacó de mi ensimismamiento de golpe.
«¿Uno?»
—¿Quién era ese preso? —dije de pronto en un tono histriónico que sobresaltó a ambos.
«Eh… Esto… Preso 271274. Esto Hiro Nakamura» me llegó de la mente del jefe, ahora que estaba escuchando.
—Hiro Nakamura —confirmé en voz alta para Hawkins—. Estupendo. Un día redondo.
1NSA: siglas de National Security Agency. La Agencia de Seguridad Nacional. Una de las oficinas encargadas de la coordinación y defensa de los Estados Unidos.
