-¡que me dejes en paz Nabiki!-Akane Tendo corría escaleras abajo para esquivar a su hermana mayor, quien no dejaba de molestarla agitando una carta en su mano, pasaron por todos los rincones de la casa, incluso la habitación de huéspedes.

-¿Qué sucede?-Una adormitada Ranma se levantaba de su saco de dormir, incorporándose a la pequeña batalla matutina.

-Nabiki está gritando a los cuatro vientos que Ryoga me escribió-Akane se sentó de brazos cruzados en el saco de su nueva amiga pelirroja, ya pasadas unas semanas desde la llegada de Ranma a casa y al compartir entrenamientos con ella a diario, podía darse la confianza de llamarla así, amiga.

La Tendo castaña seguía con el sobre perfumado entre los dedos, Ranma ya conocía sus lujosas tendencias así que se acercó a su mochila para recoger un billete.

-Que sean dos-dijo Nabiki.

-está bien-a regañadientes tomo otro billetes y le paso los dos, quitándole la carta y lanzándola hacia Akane, habiendo logrado su cometido la muchacha guardo el dinero en su bolsillo y se retiró de la habitación dando una risa maliciosa

-¡eso es lo que vale la privacidad de tu hermana!-grito a todo pulmón la ofendida, recostándose luego con la carta en el regazo, haciéndole señas a Ranma para que se estirara con ella. Saotome le hizo caso, posicionándose despacio a su lado, rozando la piel de las suaves piernas de la chica con la suya misma, a duras penas depilada, porque siendo sincera, mantener su cuerpo era todo un tema ahora que lucía como dama. Por momentos olvidaba que ya no era hombre físicamente y se alarma al pensar en que dirían si los vieran tan juntos y a puertas cerradas…algo muy dentro llevaba días avisándole que ya se estaba aprovechando de la situación, que debía decirle a Akane de una vez por todas la verdad, pero prefería hacerse el sordo a sus propias conclusiones, después de todo con senos o con marcados pectorales seguía siendo el mismo testarudo e inseguro Ranma Saotome.

-Ryoga vendrá a quedarse unos días-Akane pronuncio las palabras como si cada una le pesara más que la otra, sin darse cuenta de que el impacto era doble.

-¿y eso es malo?-pregunto la de la trenza, tratando de no sonar molesta, pero sin conseguirlo del todo. Luego de un largo suspiro Akane comenzó un monologo jamás antes dicho, ya había decidido que si quería sincerarse necesitaba de alguien que pudiera ver la situación de forma objetiva, equivocándose de nuevo escogió a Ranma.

-es malo porque lo nuestro no tiene futuro, aun si nos casáramos tendría que fingir cosas que no siento… es malo porque Ryoga es una buena persona y merece de alguien que lo ame, pero yo no soy la indicada… -sin darse cuenta había comenzado a llorar, se inclinó un poco para sentarse y secarse las gotas tibias que caían por su rostro hasta su vestido-es malo porque quiero ¡de verdad quiero quererlo pero no puedo! Sé que hay algo malo en mí y me odio por eso…

Ranma no sabía cómo reaccionar, se sentó frente a ella, murmurando ruidos sin sentido, cuando los sollozos de Akane se volvieron más fuertes poso la mano sobre su cabeza y ella se apoyó en sus rodillas desnudas, mojándole las piernas con las lágrimas. ¿Qué podía decirle? Mordió su labio para no actuar como un hombre, levantarle el rostro con sus dedos, limpiarle y decirle que no volviera a repetir eso, al menos no delante de él.

-A…Akane… no hay nada malo en ti-Decía mientras le acariciaba los cabellos azulados con ambas manos-solo no has conocido al hombre...persona, no has conocido a la persona correcta-los nervios ya le enredaban la legua, lo que decía no tenía ningún sentido, al menos nada que fuera moralmente aceptado. La mujer con la que soñó toda la infancia y adolescencia lloraba postrada a sus pies, contándole que se casaría sin amor, gritándole lo infeliz que sería en una vida con Ryoga pero no… no podía hacer nada, no era nada ante tal problema… sus pensamientos daban vueltas mientras Akane balbuceaba "no quiero" una y otra vez, si tan solo ella le diera un motivo más, solo uno para mandar a volar toda norma social y decirle que él era en realidad un hombre, atrapado en cuerpo femenino pero con sentimientos de hombre…-Akane…

-no he sentido nada por nadie desde niña-la chica levanto la cabeza, suspirando, entre los sollozos se restregaba los ojos, forzándose a dejar de llorar, de pronto un sentimiento de vergüenza le invadió, esos ojos azules grisáceos que tenía en frente con la expresión más triste que jamás hubiese visto, el flashback con el chico Saotome volvió a su cabeza, como si por unos segundos estuviese frente a ella haciendo lo que nadie más había logrado en 17 años, haciéndola sentir-no he sentido nada desde el día en que conocí a Ranma.

-¿Co...cómo?-él aludido exclamo subiendo la voz sin darse cuenta, pero su compañera sello sus labios poniéndole el dedo índice en la boca.

-Ranma, tu hermano- dijo la chica Tendo, cohibiéndose-¡pero no debería estar diciéndote esto a ti!-aun con lamentos interrumpiéndole la respiración volvía a tener su particular carisma floreciente, propinándole un puñetazo suave en el hombre a la otra joven, quien aún no se recuperaba de aquella confesión-tienes que ayudarme a decirle a Ryoga la verdad ¿lo prometes?

-si…-murmuro, gozando de la sonrisa que su amiga le regalaba.

...

El resto de la mañana transcurrió sin novedad, esperaban al prometido para almorzar pero se retrasó y se apareció por la casa a eso de las siete, interrumpiendo la cena.

-querida Akane, familia-el recién llegado respiraba exaltado mientras saludaba con la cabeza a todos, deteniéndose en Ranma por unos segundos antes de acomodarse al lado de su novia-perdonen la demora, es que me perdí al salir de casa-con una sonrisa boba trato de besar a Akane, pero ella movió el rostro y en cambio le extendió la mano.

-qué bueno que ya estés aquí-la chica no sonrió, Ranma no pudo evitar tomarlo como chiste y largarse a reír disimulando con una tos falsa.

-bueno a ver cómo nos arreglamos con tanto huésped-Nabiki daba el toque ácido a la deliciosa cena.

-no seas así Nabiki-le dijo Kasumi a su hermana, terminando de servirle un plato a Ryoga- Akane puede hospedar a Ranma en su cuarto.

-Claro que sí, será divertido-Soltó Akane, con cierta complicidad en la mirada.