Advertencia: este capítulo contiene un leve spanking, aviso por si no es de tu agrado.
John se acercó a paso lento, mientras movía la cabeza en señal negativa. Estaba preocupado y sumamente molesto. Sabía de la adicción de Sherlock, pero habían trabajado juntos, Holmes le había prometido cosas, pero al parecer para el hombre todo era un juego. Sherlock Holmes seguía siendo un irresponsable y mentiroso, pero John Watson se encargaría de cambiar esa situación, no se podía seguir permitiendo que su hombre se destruyera, mucho menos cuando tenían una hija en conjunto.
Le toco el hombro de forma brusca, haciendo que el de ojos claros enfocara su mirada en él. Sin embargo, no hubo diálogo, Sherlock sólo se le quedó mirando y dio una sonrisa ladina, para luego girarse y terminar mirando el techo de forma divertida.
- Sherlock, dios – se frotaba la cara molesto - ¿sabías que eres el imbécil más grande del mundo? –
- Hahaha imposible, estoy casi seguro que debo ser de las mentes más brillantes – respondió con su tono petulante de siempre. John estaba incrédulo, pero a la vez, no pudo evitar soltar una carcajada. Sherlock simplemente no podía dejar de ser Sherlock.
Pero no era momento para divertirse, mucho menos para quedarse quieto. Necesitaba hacer algo por su novio, que en ese momento se encontraba pasando por una etapa de euforia y felicidad extrema, pues Sherlock reía de forma casi maníaca.
- John Watson si estuvieras aquí, te la mamaría hasta el amanecer – el aludido sintió sus orejas y mejillas enrojecer, no sabía que estaba pasando por la mente de Sherlock – amor te amo tanto, te adoro, sobre todo tu enorme pene – luego siguió hablando un par de incoherencias llenas de amor. Según Watson, su novio estaba pasando por los síntomas inmediatos de la aquella droga, pero apenas comenzara a salir de su organismo, las cosas podrían ponerse feas.
Así que John se sentó con mirada molesta a escuchar como Sherlock Holmes gritaba sus fantasías sexuales, como enumeraba cada cosa que le gustaba de él y como maldecía divertido en distintos idiomas.
Pero ya pasado cerca de una hora, ya sin risa o la típica euforia. Sherlock comenzó a temblar, se quejaba mientras rodaba por el suelo y terminaba abrazándose. John rápidamente se le acercó y comprobó que se le estaba subiendo la temperatura y el pulso se aceleraba. Como pudo tomó al de cabello ondulado y lo llevó a la habitación que compartían, rápidamente fue por paños fríos y algunos de sus implementos médicos para revisarlo a profundidad.
Luego vinieron las náuseas, como pudo llevo a Sherlock al sanitario, sobando su espalda mientras el hombre devolvía prácticamente sus jugos gástricos, pues seguramente no comía desde la última vez que él le preparó la comida.
A rastras lo devolvió a la habitación, teniendo que cambiar su ropa llena de sudor. Le dio algo de agua y mientras reemplazo los paños fríos, necesitaba suero y un par de analgésicos.
Por suerte Molly le ayudó, pasando más tarde a dejar lo solicitado. La mujer le dio un abrazo al despedirse, deseándole buen ánimo, pues podía notar la molestia y el cansancio en los ojos del exsoldado. El torpemente le regalo una media sonrisa, sintiéndose nuevamente entre la preocupación y la furia.
Rápidamente le puso un suero con algunos medicamentos necesarios para pasar la crisis producto del excesivo consumo de drogas. Esperaba que pronto Sherlock estuviera consciente, pues necesitaban hablar y muy seriamente.
Pese a que se sentía cansado, no se podía permitir dormir con su novio en ese estado, estaba preocupado que tuviera alguna crisis grave o que se ahogara con su propio vómito. Ahora que tenía tiempo para meditar, no tenía idea como Sherlock podía llevar tantos años con idas y venidas con las drogas sin haber muerto, si que el cuerpo del hombre era algo increíble, y no sólo por su hermosa apariencia.
Ya cerca de las dos de la mañana Sherlock comenzó a dar signos de estar despertando de su episodio bajo la influencia de las drogas. Parpadeó un par de veces, intentando enfocar su mirada pese a la tenue luz que había en la habitación.
De inmediato notó como un paño se encontraba sobre su frente, que estaba con otras ropas y cuidadosamente arropado sobre su cama, solo había un sospechoso para él estar en esa posición. Apenas pudo ver mejor, notó como cerca de la ventana se advertía la silueta de un hombre que conocía muy bien, dio grandes respiraciones y cerró los ojos, de seguro era otra de sus alucinaciones.
Pero al abrirlos nuevamente, frente a él y con el ceño fruncido, se encontraba su querido John Watson. Sherlock no sabía que hacer o decir, intento hablar, pero solo salieron un par de gemidos. El doctor abandono la habitación, para luego regresar con un té y un par de galletas saladas.
Se las tendió de forma brusca, Sherlock aún con la mirada baja y sin atreverse a hablar, las acepto y de forma lenta comenzó a comer, mientras la pesada mirada del exsoldado seguía puesta en su cuerpo. Se sentía avergonzado, idiota y sobre todo arrepentido, pero no sabía como entablar la conversación.
- Jo…Jo…John – fue un susurro apenas audible, lo decía con dolor.
- ¡Come! – fue la orden de su novio, con su aquel tono que utilizaba cuando estaba en la faceta de militar.
El detective consultor dio un respingo y ahogo un chillido, rápidamente se enfoco en seguir alimentándose, pese a que no tenía ánimos de hacerlo. Sabía que ya había agotado y por lejos la paciencia de John. El hombre estaba tenso, sus hombros estaban rígidos, sus ojos estaban rojos y con enormes ojeras, su cabello estaba revuelto y su ropa estaba arrugada. Todo en él indicaba estrés, pero también enojo con una pizca de preocupación. Sherlock acostumbrado siempre a tener la última palabra, en estos momentos no se atrevía a romper una orden tan directa.
En absoluto silencio John se llevó la taza y volvió a los pocos segundos, frotándose la cara y luego revolviendo sus cabellos desesperado. Se sentó en la cama matrimonial junto a Sherlock, aclarándose la garganta un par de veces y pasando de forma enérgica su lengua por sus labios, pero el detective consultor le interrumpió.
- Perdón – dijo bajito – perdón John –
- ¿Por qué pides perdón Holmes? – lo decía serio, con su voz de mando. Solo provocando más ansiedad en Sherlock, que rápidamente comenzó a temblar, quizás aún por los efectos de la droga en su sistema.
- Por ser un idiota. Por haber descuidado a Rosie, por insinuar que ella era una molestia y permitir que se fueran – bajo la mirada, sus ojos se llenaron de pánico al no notar reacción alguna en el doctor – John, mírame. Yo los amo, jamás podría vivir sin ustedes – no aguanto más y en un rápido movimiento se abalanzo sobre el cuerpo de John.
Le abrazo de forma enérgica, mientras su novio se quedaba tieso, sin moverse apenas un centímetro. Sherlock le rodeo con los brazos y de forma encorvada se escondió en el pecho del mayor, para luego soltar un par de palabras de disculpa y quizás algunas lágrimas rebeldes. Si bien no se quería mostrar débil, sabía que había jodido todo y que él, y sólo él era el culpable.
- Ok Holmes, ¿y por qué más? – lo dijo de forma pausada, apenas rozando aquellos cabellos que tanto le gustaban.
Sherlock de inmediato se separo y le quedo mirando, estaba entrando en pánico, pues no tenía idea de en que más había fallado. Sabía que estaba lleno de errores, pero no sabía en que más había fallado aquella fatídica noche.
Arrugo la frente y rápidamente estuvo en su palacio mental, buscando una respuesta, pero no encontraba nada, no sabía que más quería John Watson. Su novio suspiro de forma cansada, al parecer el detective más inteligente, también podía ser el más imbécil.
- Lo siento John, no lo sé –
- Wow, el gran Sherlock Holmes no sabe algo – respondió de forma sarcástica, mientras le dedicaba una sonrisa burlesca. El detective sólo le miraba avergonzado, realmente no sabía por que más se tendría que disculpar – por ponerte en peligro Sherlock, por drogarte. Siendo un total y absoluto irresponsable –
El rizado le miro confundido, si bien John le había prohibido de cierta forma volver a sus vicios, tampoco es que le hubieran importado del todo. Él asumía que el médico sabía de sus escondites o de sus consumos ocasionales.
- ¿Sabes lo que me preocupé al verte con una sobredosis?, ¿por qué sigues siendo tan autodestructivo, acaso no recuerdas que ahora tienes una familia que proteger? – la voz de John salió con temblores, estaba apenado y al fin se permitió expresar algo más, sin planearlo un par de lágrimas rebeldes se resbalaron por su mejilla.
Sherlock se sintió terrible, odiaba profundamente ver llorar a su hombre y todo por su culpa. Como pudo se le acercó aún más y quito aquellas lágrimas, para luego intentar dar un beso. Pero fue esquivado por John, quien en un ágil movimiento lo tenía sobre la cama aprisionado. El detective consultor no entendía que estaba pasando, aún estaba algo lento producto de los estupefacientes.
- Sherlock estoy cansado, tú no entiendes con nada. Pero hoy todo va a cambiar, haré algo que lo cual se debió encargar papá Holmes –
En un rápido movimiento, le bajó el pantalón del pijama junto a la ropa interior. Dejando ver las pálidas nalgas de su novio. Él aún no entendía que diablos estaba pasando, intento zafarse del agarre de John, pero sólo logró que lo inmovilizaran aún más.
Sin aviso una fuerte nalgada se escuchó en la habitación, dejando rápidamente impresa la mano del exsoldado. A ese golpe, vinieron un par más. No hubo diálogo, John se enfocaba en dar su castigo, mientras Sherlock intentaba analizar la situación, pero no podía pensar con claridad, estaba avergonzado, dolido y porque no, algo excitado.
- Escúchame bien Sherlock Holmes, no quiero que nunca más en tu vida vuelvas a ponerte en peligro de esa forma. Nunca más vas a consumir algún tipo de droga – al decirlo, intensifico aún más los azotes, provocando que rápidamente las posaderas del detective estuvieran coloradas y posiblemente escocieran, pero eso no lo detuvo, aplicó aún más fuerza.
Cuando notó que las lágrimas de Sherlock eran de verdad y que removía su cuerpo ante cada nalgada, decidió parar, al menos por un instante.
- Perdón John, lo prometo, nunca más – dijo el menor de los Holmes, entre hipidos.
Pero John le quedó mirando curioso y sin aviso previo le tomo de la oreja, dándole un suave tirón, haciendo que el detective abriera aún más los ojos.
- Ahora niño bonito, me vas a llegar a cada escondite y botaras cada mierda que tengas en este hogar. Te juro que, si llegas a mentirme, te podría ir mucho peor – juntos se levantaron, mientras Sherlock le guiaba al primer lugar, John le dio otra nalgada para apurarle el paso.
Recorrieron diversos lugares, llegando a un total de cinco escondites con suministros. John estaba atónito y temblaba de furia. Él mismo había recorrido hace poco en búsqueda de esas malditas cosas, pero Sherlock siempre más inteligente, seguía escondiendo muy bien su droga.
Le dio algunos gruñidos y una mirada llena de furia, haciendo que Holmes solo bajara la mirada apenado, pidiendo perdón entre temblores y algunas lágrimas. Pero algo inesperado ocurrió, de un momento a otro, Sherlock se le lanzó a las piernas y se arrodilló, llorando de forma escandalosa.
- No me dejes John, no me dejes. Te prometo dejar esta mierda, hago lo que quieras, pero no me dejes – abrazó aún con más intensidad las piernas de su novio y lloró más profundo, empapando rápidamente las piernas de médico.
John estaba estupefacto, era la primera vez que veía a su novio de esa forma y la verdad no le gustaba, por muy enojado que estuviera, su plan nunca sería herir a Sherlock de verdad.
Se movió con fuerza, sin decir palabra alguna, dejando a Sherlock arrodillado y llorando con más intensidad, si es que eso era posible. Luego se le acercó y se agachó junto a él, rodeando con sus brazos y dando suaves besos en su coronilla.
- Jamás te dejaría amor, te amo con mi vida y por lo mismo no voy a permitir que te hagas daño – le tomó el rostro con ambas manos, haciendo que Sherlock le mirara de forma directa, mientras las lágrimas seguían cayendo – escúchame bien Sherly, juntos te haremos salir de tu adicción y juntos seguiremos siendo la hermosa familia que somos – al finalizar las palabras se acercó, dándole un suave beso en los labios.
- Te amo tanto John, no me merezco – al decirlo, le abrazó aún más fuerte, dejando caer algunas lágrimas que aún estaban contenidas.
Fue en ese momento que John notó que la fiebre había vuelto, además, su novio estaba más pálido de lo normal, hasta se atrevería a decir que estaba un tono algo verdoso. Y comprobó su hipótesis, cuando Sherlock salió corriendo al sanitario, devolviéndolo todo.
El se le acercó por la espalda y le dio suaves masajes mientras su novio vomitaba quejándose. Luego le preparó un baño, necesitaba bajar esa fiebre, un poco avergonzado, Sherlock se quito su ropa y permitió que John le bañara con cuidado.
El médico no pudo evitar hacer algunos comentarios jocosos sobre lo roja y brillantes que estaban las nalgas de su chico, aunque con su típica voz de mando, expresó que esperaba que esa situación no se repitiera.
Juntos fueron a la cama, John le puso un paño frío en la frente, la fiebre lentamente estaba comenzando a ceder.
- Al parecer no es lo único caliente – le dijo divertido, mientras pasada la mano por las nalgas aún calientes producto de los azotes, le dio un par de nalgadas más provocando un audible gemido por parte de Sherlock – espero hayas aprendido la lección Holmes, la próxima vez no será mi amable mano, créeme que conocerás el cinturón – Sherlock solo movió la cabeza asistiendo, pero dio un respingo cuando John se acercó a su miembro, el cual de alguna forma se había levantado. Al parecer el castigo, había provocado un par de efectos secundarios no planeados.
No resistió mucho más y en un rápido movimiento estuvo a ahorcajas sobre John, moviendo sus posaderas adoloridas sobre la entrepierna de su novio. Pero el exsoldado fue más veloz y nuevamente lo dejo en su anterior posición, abrazándole por la espalda e imposibilitando algún movimiento. De forma que John quedó atrás de él, haciendo que el maltratado trasero de Sherlock quedara por encima de su voluptuoso miembro.
- Ni lo pienses Holmes. Estás sin sexo como castigo – al decirlo, movió sus caderas dando una embestida, solo para provocarlo más y hacerlo sufrir.
- Eres un demonio – le respondió Sherlock entre quejidos – pero te amo –
- Yo también amor, ahora a dormir. Que mañana debemos ir por Rosie – le dio un par de besos en el hombro, mientras le abrazaba aún más fuerte, aumentando la tortura para Sherlock Holmes.
- John de verdad, perdón por todo. Gracias por estar siempre para mí –
- Lo estaré hasta el final de mis días – acto seguido, hizo girar a Sherlock para darle un profundo beso en los labios, al fin sus lenguas podían reencontrarse y juguetear, sus dientes chocaban y se dieron algunas mordidas.
Pero en cuanto Sherlock intento con sus manos tomar el miembro de su novio, nuevamente fue girado y puesto en aquella horrible posición, siendo prisionero de los brazos de John. Con sus caderas chocando, pero sin poder tocarse realmente.
- Ni lo intentes Holmes, el castigo sigue en pie – el detective solo dio un gruñido a modo de respuesta – a dormir –
John le beso con cuidado la espalda y sus manos le hacían cariño en las suyas, finalmente entrelazados, ambos pudieron conciliar el sueño.
Gracias por leer, ¿Qué te pareció este capítulo?
En el próximo y final, será especialmente de Mystrade al cuidado de Rosie.
¿Qué les parece un extra con la reconciliación de John y Sherlock, ya sin castigo?
Espero tú voto y comentario, un abrazo!
