Disclaimer: Los personajes de Resident Evil no me pertenecen, son propiedad de CAPCOM, únicamente la trama es mía.

Aclaraciones:

Letra normal. –Narración general.

Letra en negritas. – Notas de autor, algunos pensamientos de los personajes.

Letra en cursiva. –Recuerdos, algunas frases.


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Sorority Row.

Capítulo IV – Viejos conocidos.


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Silícea, Italia. 6:00PM.

Piloteó por la ciudad reconociendo el terreno al ser la primera vez que estaba ahí. Su rostro contempló cómo el paisaje estaba lleno de infectados, devorando a todo ser con vida, tenía que darse prisa y verificar su habría algún sobreviviente aunque sus sentidos dijeran lo contrario. Parecía ser imposible que alguien lograra escapar por la cantidad de los destrozos pero al menos debía investigar según lo debido.

Aterrizó sobre un edificio alto para seguir teniendo una mejor visión del entorno, sacó de su bolsillo el mapa que su hermano le dio horas antes de partir. En el estaban varios puntos de laboratorios reconocidos. En esa parte del mundo Umbrella había escogido la creación de varias fábricas especializas cuando estaban al máximo de su escala. Ahora años después eran la mayoría ruinas que caían en el olvido y su misión era averiguar qué tipo de experimentos creaban o habían creado y detectar algo extraño en ellas.

Bajó las escaleras con rapidez, el primer laboratorio no se encontraba muy lejos, varios se acercaron para atacarla, solo le bastó un disparo de la escopeta para derribarlos. Al llegar al primer laboratorio se sorprendió. Era enorme, estimó unos ocho pisos. Los carteles amarillentos prohibiendo la entrada a segundas personas desde hacía tiempo. Lo curioso, las paredes blancas estaban manchadas de sangre por todo largos y vísceras bastante resecas, cosa que dudaba fuera producto del incidente así que ellos no habían generado esas marcas.

Tocó el cristal de la entrada, estaba cuarteado y terminó de romper el vidrio abriendo la puerta. Empuñó el arma. La obscuridad le abrazó, encendió la linterna para tener mejor visión y esta cayó al ver.

Al parecer seguían experimentando por que los cuerpos estaban recién muertos, totalmente despedazados que no era posible hacer un reconocimiento sobre si era humano u otra cosa. El hedor a descomposición se olía a kilómetros mientras seguía adentrándose hacia el interior.

El departamento de investigación fue el primero con el cual se topó. Había una computadora encendida, varias carpetas que hablaban sobre las rutinas ordinarias para un grupo joven de científicos. Una amarilla polvorienta llamó su interés, era antiguos empleados del laboratorio retirados poco antes del virus C.

–Dylan, Ramón Rodríguez, Marcus Finnigan –leyó en voz alta. –Tal vez pueda servir para algo.

Un extraño sonido la alertó seguido de un chirrido. Algo salió de entre las sombras iluminándose con la linterna. Una criatura que tenía apariencia humana salvo por la gran piza sobre su brazo. Sus piernas mutadas se parecían a las arañas y sus ojos amarillentos, el rostro carcomido, mostrando parte de los tejidos sueltos. Claire disparó hacia el computador encendido. Chispeó, distrayendo al arma biológica y comenzó a correr. Esta le seguía el ritmo, esquivando las mesas metálicas. Logró salir del edificio, lo primero que vio fue una pipa de gasolina volteada y rompió el tubo dejando salir el ansiado líquido. Se apartó y disparó al ver el objetivo parado bajo. La explosión resonó con intensidad que la pelirroja se cubrió los oídos.

Emprendió nuevamente el camino, esquivando las cosas que comenzaban a caer del cielo hasta el ala oeste de la cuidad. En esa parte no parecía haber personas vivas o muertas por lo cual continuó la búsqueda, pero la instalación parecía haberse consumido, no era una buena opción entrar.

Decidió partir al último punto de la lista. La tercera compañía era más grande que la primera, rondando casi los nueve pisos y estaba en buenas condiciones por lo cual había sido fácil el acceso. La primera planta consistía en experimentos sencillos a base de animales de laboratorio. Al ver metros adelante el cartel que buscaba en la segunda planta casi ponía un pie en el escalón cuando un disparo le rozó el tobillo, paralizándola. Alzó el rostro cabreada.

Se apuntaron instintivamente, amenazando con jalar el gatillo sin compasión.

Azul y verde se habían encontrado y bajó el arma.

El aire comenzó a escasear, entreabrió los labios para dar paso al oxigeno hacia sus pulmones. Le ardieron los ojos solo con verlo parado con la ropa táctica similar a la su hermano mayor. El cerebro dejó de mandar señales eléctricas, no podía ser cierto, era una estúpida broma cruel.

–Steve –su voz se escuchó más a un sonido ahogado. El hombre se negó a bajar su semiautomática.

– ¿Nos conocemos?

Claro que lo hacían.

–Soy Claire, ¿me recuerdas? –Todavía le costaba asimilar que Steve Burnside seguía vivo, respirando el mismo aire cuando le dio por muerto en la isla prisión.

–Si no te recuerdo seguro no eres importante.

Las palabras le golpearon. Ese no fuiste alguien importante terminó de hacerlo. Su corazón latió con violencia ante el rechazo del hombre el cal parecía ser al Steve. Mismo color de cabello, ojos. Rasgos faciales similares aunque parecía tener el efecto del tiempo en ellos, justo como imaginó pudiera lucir actualmente. La mirada del hombre le respondió que o era igual. Reforzó el agarre de su arma, no tendría piedad aun siendo él.

– ¿Qué estás haciendo aquí Steve? –preguntó retrocediendo dos pasos atrás, creando distancia entre los dos. El pelirrojo avanzó entretenido.

–Yo te preguntaría lo mismo. Una mujer sola como tú andando por estos lugares no es muy usual, hermosa – Claire reconoció el truco de seducción usando la voz, más no caería.

–Fuiste quien liberó el virus –Su cuerpo chocó contra la estantería. Steve rió.

–Debes ser la hermana de Chris Redfield, se parecen bastante. –Mentira, pero él parecía saber más de lo que aparentaba.

–Si involucras a Chris, ¿Tú te llevaste a su esposa e hijo? – ante la reducción del espacio disparó, pero no pareció importarle al pelirrojo.

–No responderé ninguna pregunta tuya, yo solo vine a darles una mano.

–A quienes.

–Toma, dale esto a Redfield –Le arrojó una pequeña cinta la cual atrapó con facilidad. Él estaba evadiendo el asunto y ella quería respuestas. –Tengo asuntos por atender en Westerwald mañana, esta plática queda para después lindura.

–Deberías al menos decirme donde habías estado.

–Estás enojada conmigo verdad, te queda bien –Le cerró un ojo admirando el gesto fastidiado de la pelirroja. Para ser la primera que se encontraban parecía ser lo contrario, cosa estúpida ya que no salía del laboratorio de Marcus. Algo dentro de su mente cambió al escucharle, pero tenía que matarla a órdenes del rubio y por alguna razón se negaba a cumplir.

–Vas a responderme Steve, aunque no ahora –la pared crujió.

–Será mejor marcharnos ahora pelirroja o de lo contrario será tarde.

–Porqué estás…

El edificio se movió. Claire se aferró al barandal y algo llegó hasta su oído. Un débil palpitar proveniente de alguna bomba oculta. Emprendió vuelo hacia la salida sin voltear hacia el pelirrojo. No esperó encontrarse con un helicóptero a la salida y Claire tenía la certeza de no llegar al suyo propio. Con desconfianza arrancó el motor elevándose por el aire. En las afueras de Versalles una última explosión cobró fuerza e intensidad acabando automóviles, casas, personas. Cualquier cosa en su camino sería y si no fuera por Steve ella no habría sobrevivido.

Gracias a Steve…

Se permitió perderse de recuerdos, sobre todo cuando el cuerpo de Steve estaba pálido bajo sus llenas. La confesión y la tentación de besarlo antes de morir. La herida de su corazón se abrió a pesar del tiempo e intentar corregir parte de su vida.

Sintió algo húmedo sobre su mejilla y corroboró que las lágrimas caían de impotencia. Ignoraría el encuentro con Burnside ya que solo la salvó para que ella llevara la información a su hermano. Tomó la grabadora y la apretó levemente.

–¿Qué estarás planeando Steve?

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El silencio se tornó incómodo para Billy Coen, Carlos le había pedido que lo cubriera en una misión en Bagdad gracias a las palabras de Hunnigan, confiándole que lo haría con éxito. No espera ver sus fantasmas del pasado y no planeó ver a Rebecca Chambers después de dieciocho años pero ahí estaba, tanto o más confundida que él mismo. La especialista tosió y Billy decidió prestarle atención al paisaje.

–Rebecca, paso una buena temporada –Fue quien inició la conversación. La de los ojos azules se encogió de hombros.

–Lo mismo digo Billy, ¿te ha ido bien?

–No me quejo, ahora trabajo en la milicia –ella sonrió sin mirarlo, él continuó –Así que eres parte de una alianza contra el bioterrorismo, fuiste a grandes ligas.

Chambers se acaloró. Parecía ser como si el tiempo no hubiese pasado con ellos. Siempre era así, Billy tenía ese extraño modo.

–Chris insistió en fundarlo y lo seguí junto a Barry.

–Siguen siendo amigos. Vaya, al parecer no has cambiado nada.

Ella sentía que Billy estaba queriendo decir algo pero se silenció. De la nada el helicóptero se balanceó y calló contra la espalda masculina desviando la ruta.

–Será mejor que revises afuera –Billy alzó el mando desviado.

Ella asintió. Notó que estaban siendo acorralados por otros helicópteros los cuales golpeaban repetidas veces el suyo.

–Nos tienen rodeados Coen.

El hombre intentó procesar la información aunque fue demasiado tarde. Los helicópteros traían consigo ametralladores que habían comenzado el tiroteo. La alarma de descendiendo le puso los nervios descontrolados. Caerían al suelo. Billy se levantó y cubrió a Rebecca Chambers entre sus brazos. Cerró los ojos esperando la colisión al no tener mando. Una bala le atravesó la pierna y otra el hombro. Su cuerpo sangró y el dolor parecía hacerse más fuerte. Calculó pronto sería el final y no podía evitar pensar en al menos salvarla a ella.

Todo se volvió rojo. Muy rojo.

Marcus Douglas aplaudió fascinado la imagen. La bioquímica había caído.

Sacó de su bata el móvil y marcó unos números.

–Blanco dos asegurado –Informó –El comienzo sigue la ruta planeada.

–Siempre eficaz Marcus ¿contactaste con Burnside?

–Cumplió, se dirige a la base –Ella siguió mirando tras la ventana.

–Veremos que piensa Chris Redfield cuando vea a su antiguo compañero tratar de matarlo. Es perfecto, la guerra mental está a punto de dar sus frutos

Marcus Douglas piloteaba con calma sin darse cuenta de la silueta femenina que se arrastraba bajo él con un segundo cuerpo. Rebecca miraba el único helicóptero restante el cual contenía un icono demasiado familiar.

Umbrella, lo reconocía desde la distancia.

Era demasiado revelador que aún quedaran esos helicópteros, lo que significaba una posibilidad de una base en pie. Era imposible. Pero si el virus T se había colado por algún lado la posibilidad seguía siendo válida.

Un pequeño quejido la distrajo de sus pensamientos. Billy tenía quemaduras por su cuerpo, no eran peligrosas si se trataban a tiempo, lo que tenía a Rebecca angustiada era las heridas de bala en el cuerpo del castaño. Se apresuró a romper el pantalón del hombre, notando sus fuertes piernas y pálida piel.

Pidió concentración o de lo contrario lastimaría al hombre. Habría preferido otra manera de reencontrase, pero admitía que estaba contenta de verlo.

Sacó de su bolsillo un pequeño cuchillo para sacar las balas de su cuerpo, al estar inconsciente no sufriría mucho. Cubrió las heridas con vendas las cuales estaban antes en el mismo bolsillo. Necesitaba estabilizarlo. Como pudo se levantó para conseguir agua, la cual consiguió al romper una máquina expendedora. Utilizó las ropas desgarradas para mojarlas con el agua, tratando de contener la temperatura elevada de su cuerpo.

Estaba sola, herida y con un hombre al borde de la muerte, no era la escena que tenía preparada para un futuro encuentro con Coen. Si es que alguna vez pensó en un posible rencuentro Sacudió su cabeza alejando esos pensamientos.

–Regresaré por ti, lo prometo

Se alejó para buscar ayuda en aquello que parecía ser un pequeño pueblo. Las personas al mirarla se escondían, su imagen era lo que menos le importaba.

Tenía que hacer algo y pronto. No lo dejaría morir, una mujer tomó su brazo cuando estaba a punto de caer, afortunadamente tenía un radio. Con eso sería más que suficiente para asegurar la supervivencia de ambos.

Solo tenían que esperar a la llegada de sus amigos.

–Tienen que ir por Billy, no está muy lejos. –murmuró antes de caer presa del agotamiento.

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Italia. 9:00PM

Chris Redfield viajaba a bordo de su automóvil. Italia era parte de Roma, por lo cual no conduciría muy lejos, según Hunnigan era el lugar bajo índice de infección por el virus A. La ciudad que atravesaba no era de las más populares, casas y calles pequeñas con personas normales, al parecer aún no llegaba la infección por ese lugar. Había hablado con su hermana hacia unas horas notando un extraño nerviosismo, Chris en ese momento lo adjudicó al trauma de casi morir en una gran explosión. Estaba preocupado por su amiga Rebecca con la cual no tenía contacto. Quería confiar en que se encontraba bien, algo en su interior decía que estaba en serios problemas y no se equivocó. Minutos antes había recibido una llamada informándole de la emboscada hacia Rebecca y compañero. Los cuales apenas habían logrado sobrevivir a la explosión. Estaba viva, con algunos daños menores, el más grave era Billy Coen, con dos heridas de bala e inconsciente, gracias a su compañera que logró mantener el contacto con la B.S.A.A se dieron cuenta y acudieron al rescate a cargo de Barry. Helena desde la base se encontraba tratando de establecer contacto con Leon Kennedy.

Una criatura se atravesó en su camino, aumentó la velocidad a la vez que preparaba su arma, el Lican saltó sobre el convertible y Chris aprovechó su oportunidad para disparar en el abdomen casi en cámara lenta. Frenó ruidosamente para después intentar atropellarlo en reversa, era muy astuta. Disparó nuevamente notando la rapidez para esquivar las balas. Su enorme lengua se encargaba de delatar su posición. Ese era su punto débil.

Un Segundo Lican apareció al lado de la otra, pisó nuevamente el acelerador maniobrando el convertible intentarlo distraerlos. Tomó la escopeta que reposaba en el asiento de alado apuntando al cerebro descubierto, disparó rápidamente tomando al arma biológica desprevenida acabando con su vida al instante.

Solo faltaba una.

Ambos estaban frente a frente, Chris fue el primero en avanzar, el Lican imitó su acción, estaban a punto de chocar cuando un disparo derribó a la B.O.W.

–No era necesario tanto teatro para acabar con eso –giró la cabeza al reconocer la voz.

Su primer instinto le dijo que se trababa de una treta. Habían pasado años sin escuchar aquel tono grave. Alzó la mirada y un hombre de ojos azules vestido de combate negro lo aturdió. El mismo aparecía frente a sus ojos, completamente humano ¿cómo podía ser posible?

– ¿Piers? –preguntó solo para cerciorarse. El joven torció la boca.

–Ya nos conocemos, que sorpresa

–Por supuesto, estuviste en la lucha contra el bioterrorismo ¿no lo recuerdas? Fui tu capitán.

–Es curioso si dices eso, tengo la misión de eliminarte.

Chris retrocedió.

–Entonces eres parte del atentado.

Esperó la respuesta de su ex compañero cuando una bala pasó por el cuerpo de Piers y paró dentro del brazo enemigo. El joven se volteó para encarar al culpable pero no parecía haber segundas personas a excepción el hombre corpulento frente a él, y dudaba pudiera impactarlo así. El brazo de Piers comenzó a sangrar y se llevó una mano al área herida maldiciendo no prestar atención.

– ¡Chris!

Helena apreció desde la distancia apuntando el arma con el cual le había disparado al ahora enemigo. Se juntó a un lado de su compañero que seguía rígido y se decidió a intervenir. Él sacó una grada liberando el seguro.

El humo se esparció rodeando los alrededores. El castaño tosió y afianzó el arma, pero el blanco se había marchado del terreno. Helena vio las gotas de sangre del suelo y dedujo no podría estar muy lejos, por lo tanto tomaría la responsabilidad mientras Chris Redfield no se diera cuenta.

– ¿Te encuentras bien?

No lo estaba, Piers Nivans era uno de sus mejores agentes, para él era considerado uno de sus mejores amigos, él lo ayudó a escapar de esa plataforma petrolífera arriesgando su vida, cuando solo quería que los dos juntos fueran a casa, representando a los caídos.

Su mente recordó algo antes visto. La ultima vez que había visto a su amigo él estaba transformándose a causa del virus C, pero ese Piers que vio era completamente humano, sin ninguna transformación. Debía haber una explicación, tenía que haberla, necesitaba interrogarlo.

Las señas de Helena lo trajeron a la realidad, aunque aún era difícil de asimilarla.

– ¿No deberías estar contactando a Kennedy en la base?

Harper suspiró.

–Te mentí, lo siento –se disculpó. –el comandante Burton insistió acompañarte, declaró que necesitarías ayuda y no se equivocó, ¿me contarás quien era él?

–Un viejo conocido, luego hablaré sobre él. Por ahora debemos regresar a la base para restablecer la comunicación con Leon. Contactaré con la esposa de Oliveira para saber su actual ubicación.

–Eso indica una separación, aun debo hacer otra cosa antes de regresar – Helena acompañó al soldado hasta el automóvil. –Estaré bien.

–La ciudad pronto sufrirá una descontaminación, te sugiero termines tus pendientes y te marches. Estaremos en contacto.

Ella se despidió agitando la mano. Al desaparecer el convertible negro gruñó doblando la esquina siguiendo el rastro y encontró al mismo hombre anterior apoyado contra la pared. Seguía sangrando y aunque la herida no era mortal si sangraba más podía desmayarse. Se acercó con cautela, el tipo era capaz de intentar matar a Chris Redfield y el bufido proveniente desde el fondo de su garganta hablaba que no parecía ser amigable.

–Debe ser doloroso. Si quieres puedo ayudarte –ofreció. Piers le miró asqueado.

–Fuiste quien me disparó, gracias.

–Olvidemos eso, solo ignóralo –trató de convencerlo. –Morirás si no te trato.

El dolor punzante del brazo izquierdo no le dejaba a Piers Nivans pensar con claridad. Si estaba perdiendo sangre y la cabeza le dolía del debilitamiento. Contra su orgullo cedería,

–Tú ganas – Se desprendió la camisa. Helena tragó grueso.

El hombre era atractivo a la vista.

–Lo haré rápido.

Al no tener el equipo apropiado, como pudo le extrajo la bala. El castaño se retorció de dolor. Dejó caer la cabeza en el hombro femenino exhalando entrecortadamente. Helena se tensó, el volvió a moverse del dolor.

–Quédate quieto, no podré vendarte así – susurró y recibió un resoplido en respuesta. Se acomodó nuevamente en su cuello. Ella sentía el aire denso y vio curioso como cambiaba la situación pues el torso desnudo del chico le daba la sensación de querer recorrerlo con los dedos.

– ¿Por qué me ayudas? Mi objetivo es matar a tu compañero –aclaró, señalando la distancia los bandos. Piers aspiró su perfume inconscientemente pues ayudaba a calmar el dolor. Esa mujer era extraña.

–El no hizo nada para matarte, eso quiere decir que no eres alguien malo. Chris rara la vez perdona a las personas… –examinó el vendaje –Con esto bastará.

Le ayudó a reincorporarse, dejando que apoyara todo su peso en ella. Seguía débil, pero estaría en óptimas condiciones si se marcaba y le daban la atención adecuada.

–Vendrán por mi dentro de unos minutos –habló, impidiendo que avanzaran más. –márchate.

Ninguno se movió.

–No le mencionaré nada a nadie

–Bien – el joven se separó de ella

–Jamás digo esto, pero tendré en consideración tu ayuda.

Ella sonrió ¿esa era su manera de agradecerle? Típico de los hombres. Piers la imitó y Helena Harper sintió su garganta reseca ante esa mueca. Todo él desprendía atracción masculina.

–Ya devolverás el favor, pero fue un placer Piers Nivans – dio media vuelta.

Al soldado le llevó un par de segundos comprender que estaba despistándole el mover de las caderas femeninas. Al igual que Chris Redfield ella parecía haberlo conocido antes y no recordaba verlos hasta esa ocasión. Marcus nunca los dejaba salir ¿entonces cómo se conocían? Necesitaba respuestas y saber más sobre ella.

–¿Con que Helena Harper eh?

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Sala de juntas de la B.S.A.A. Roma, Italia

Entró al área al asegurarse de encontrarse solo en la habitación. Las personas responsables se encontraban enviando equipos para aminorar la contaminación de las zonas peligrosas. Los altos mandos seguían investigando y los afectados en diferentes partes del mundo siguiendo las pistas.

Sacó de su bolsillo un pequeño cubo que vibraba dentro del bolsillo. Una cara conocida se hizo presente, luciendo igual de indiferente.

– ¿Si?

–Cuál es tu posición –preguntó. Él levantó el cubo permitiendo distinguiera el lugar.

–La sala de juntas, aun nadie ha regresado.

– ¿Redfield?

– Seguro enfrentando la sorpresa –la persona tras el comunicador pareció satisfecha.

– ¿Tienes noticias sobre la evolución del virus? Ellos tienen a la mejor química viral entre sus agentes.

–La enviaron como titular, la investigación está pausada, pero escuché pronto llegará Ingrid Hunnigan y ella es muy importante.

–Si era la del helicóptero, podremos decir que no será problema – él arrugó el entrecejo recordando el mensaje de radio.

–Si resulta cierto, han sobrevivido. Se envió un equipo de búsqueda.

El rubio golpeó la mesa.

–Todavia podemos sacarle provecho a la situación.

–Dime el próximo movimiento, padre.

Marcus sonrió. El perfecto espía de la BSAA. Gracias a la genética materna jamás pasaría reconocido como hijo suyo, aunque el color de piel lo delatara. Ricardo era un Douglas y como tal no tenía permitido fallar.

–Ve a la sala de archivos del sótano y trae información del parasito némesis dentro de Jill Valentine. Está añadido al expediente Uroboros. Con ello crearemos algo fascinante.

–Si lo haces te delatará –corrigió el castaño –Padre…

–Concéntrate Ricardo, nosotros terminaremos con esto antes de que se den cuenta.

Ricardo Douglas miró con desconfianza. El que su figura paterna se entusiasmara con trabajar el parásito le indicaba que definitivamente crearía algo sorprendente y más si estaba con ella, juntos eran invencibles.

–De acuerdo, es molesto ser vigilado constantemente al saber que no formo parte del cuartel y siendo un reemplazo.

– No tiene relevancia eso –aclaró el mayor –Gana la confianza de los involucrados en China, especialmente la agente Birkin. La bioquímica puede esperar.

Cortejar la rubia parecía sencillo, solo había un molesto problema.

–Jake Muller rara vez se despega de ella, contario a Rebecca Chambers. La bioquímica está sola la mayoría del tiempo o con el comandante Burton.

–Deshazte de ellos, solo asegúrate no te vean.

Ricardo Douglas cortó la llamada quedándose en silencio, planeando la estrategia perfecta para dar comienzo. Suspiró sonoramente para salir del lugar como si nada hubiera sucedido.

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Para el que no lo recuerde Ricardo es el joven con el que Sherry estaba conversando sobre "armas de defensa" cuando Jake los interrumpe xD, volviendo a otras cosas...

¡Hola! ¿Cómo están? sé que querrán matarme al no volver a ver a Leon nuevamente, pero todo tiene su explicación la cual es…

¡EN EL PROXIMO SE REVELA EL MISTERIO!

Así como lo leen, en el siguiente se revelará quien es la esposa de Leon y madre de Mara Kennedy ¿Aun así querrán matarme? Yo sé que no.

Bien…. ¡Un concurso! Si alguien me dicen cuál fue la pista que delató a la madre de la niña (en uno de los cuatro capítulos está) al ganador le enviaré un pequeño resumen del siguiente capítulo. (También cualquier detalle que el ganador quiera conocer o preguntas generales) será enviado por PM.

Así que espero sus respuestas, comentarios y/o amenazas de muerte xD

Y otra cosa, ¿Qué opinan de la interacción Helena/ Piers? ¿Separarán a Sherry de Jake? ¿Billy sanará? Todas estas preguntas se contestarán en el siguiente capítulo

Capítulo 5: La señora Kennedy.

Fecha de actualización: 23-11-12

Un saludo

Fatty Rose Malfoy.

PD: ¿alguno se imaginaba este final o la intención de Ricardo en esta historia? No mientan esto jamás se vio venir.

PD2: Capítulo editado 5/11/15 para hacer más clara la historia.