-Vaya... - Dijo el señor Bogdánov para despues soltar un suspiro, analizando con expresion dolorida y preocupada el interior de su horno grande, abierto ahora tras haber dejado de funcionar como debia. Arrodillado frente al electrodomestico, el hombre regordete y simplon, pero bueno, chasqueo la lengua, internando medio cuerpo en aquel aparato. Siempre habia funcionado bien, toda una vida y, de pronto, cuando mas lo necesitaban y menos dinero tenian iba y decidia dejar de ser fiel a sus dueños. El cacharro traidor habia querido aumentar su temperatura sin que nadie lo manipulara, achicharrando las magdalenas de aquella mañana hasta hacerlas convertirse en piedras fragiles de polvo negro. Tras esto, decidio volverlo a poner a trabajar como prueba, consiguiendo que finalmente el trasto dejara escapar un silbido raro y ya se apagara, dejando de funcionar por completo.
¡Que mala suerte! ¡Cacharro traidor!
-¿Y si lo desenchufamos y lo volvemos a enchufar?- Con su voz cantarina de muchacha joven, Ninette, inclinada hacia el horno estropeado junto a su padre, apoyo las manos pequeñas sobre sus rodillas delgadas. Curioseando el cacharro, la muchacha observo como su padre salia un tanto del interior, dedicando sobre la joven una miradita entre cansada y negativa.
-¡Ay, Nina!- Exclamo el señor Bogdánov, que solia nombrar Nina a su hija, para despues volver a chasquear la lengua. -Que simple que eres a veces, hija.- Ante el comentario Ninette se encogio de hombros, pensando que ella, cuando algun cachibache electrico no le funcionaba, simplemente lo apagaba y encendia de nuevo para comprobar si volvia a trabajar. Si esto no era asi, lo daba por perdido y a otra cosa.
A lo lejos, en la parte principal de la tienda, se escucho desde la pequeña cocinilla el tintineo de las campanas de viento que indicaban que alguien habia entrado.
Ninguno de los dos acerto a moverse, esperando a que fuera el otro primero. No estaban muy coordinados si la señora Bogdánov no los dirigia como la verdadera cabeza y jefa de la familia que era. Al final, fue el padre quien se decidio a hacer algo, llevando a cabo un ademan de levantarse que acabo en accidente.
Un mal movimiento y el no calcular bien las distancias le hizo golpearse la coronilla contra el borde de la puerta del electrodomestico, resonando el impacto con un ruido sordo acompañado del quejido ronco del señor Bogdánov.
-¡Auch!- Exclamo el hombre mayor, llevandose una mano veloz hacia la zona afectada para frotarsela.
-¡Papa!- Grito ligeramente Ninette con tono preocupado, separando sus manos pequeñas de las rodillas delgadas para tratar de llevar a cabo un movimiento de ayuda hacia su progenitor. Él se lo impidio con un movimiento de su brazo en indicacion de que lo dejara. -¿Estas bien?-
-Si, si.- Asintio el señor Bogdánov con tono molesto, continuando su analisis sobre el horno estropeado de una forma menos atenta que antes. -¿Donde esta tu madre?- Y es que, sin ella, todo era un caos.
-En casa. Ha ido a traer mas harina de la despensa.- Ninette contesto rapida, continuando en su posicion anterior inclinada sobre el horno junto a su padre, mas fastidiado tras el golpe. -Volvera rapido.- Se apresuro la muchacha a decir, sabiendo ella tambien que su madre sabia manejar cualquier situacion y lograr asi que no comenzara a cundir el panico.
Resignado, el señor Bogdánov suspiro. Bueno, podia arreglarselas solo. Era todo un hombre y cabeza de familia y todas esas cosas que son los hombres.
Estuvo por la labor de internarse de nuevo dentro del aparato, recordando de pronto el sonido reciente de las campanas de viento.
-No te quedes ahi, Nina.- Le dijo a su hija que le miro confusa, habiendo ella tambien olvidado por todo aquel asunto del horno la indicacion sonora de que habia entrado alguien a la tienda. -Ve a atender a quienes hayan venido.- Entonces, Ninette tambien recordo. -Yo me quedare aqui solucionando esto... -
-¡Ah!- Exclamo con sorpresa y apuro, irguiendose sobre sus pies y enderezando por fin su posicion mientras su padre abandonaba el interior del horno, dedicandose ahora a la parte de los cables y demas mecanismos para toquetear por alli. -¡Es verdad!- Ninette no tenia demasiada atencion y su padre tampoco. Cosas de la genetica.
Decidida a cumplir con su obligacion, la muchacha bonita se dirigio hacia la salida de la cocina que daba directa con la parte del mostrador que debia ocupar la familia, poniendo su mano delgada sobre el picaporte con claras intenciones de salir.
Sin embargo, el sonido de un silbido electrico la hizo detenerse, llegando del horno una ligera explosion junto con un estallido de humo negro que inundo en menos de un segundo la estancia. Tanto Ninette como su padre gritaron, dando la niña un salto y girandose sobre si misma para observar a su padre medio chamuscado y ennegrecido por la venganza del horno.
-¡Mierda! ¡Maldita sea!- Grito su padre, tosiendo despues sonoramente por el humo negro que salia del aparato sin parar. La cocinilla comenzo a llenarse de aquella niebla espesa y asfixiante, consiguiendo que la pobre Ninette tambien comenzara a toser. -¡Mierda! ¡Mierda! ¡¿Por que precisamente ahora, estupido cacharro?- Por la ira del momento, el señor Bogdánov propino un fuerte golpe con su puño sobre la superficie del cacharro, consiguiendo que, ahora, estallase una llamarada de fuego pequeña que en dos segundos se hizo grande.
-¡Ah!- Ninette grito y su padre despues, llevandose la muchacha las manos a la boca sin saber que hacer exactamente mientras su padre se alejaba del fuego que habia aparecido de pronto. Queriendo demostrarles lo que era una combustion espontanea, al parecer, el cacharro se prendio entero, amenazando con mas humo asfixiante y riesgo de incendiar la cocina al completo. El padre se levanto de un salto con la misma cara de horror que su pequeña hija, comenzando a correr por la estancia hacia el fregadero.
-¡Apagalo, apagalo!- Grito el señor Bogdánov para hacerla reaccionar, consiguiendo que la muchacha diera un respingo y se pusiese tambien manos a la obra. Entrados en panico, padre e hija comenzaron a llenar los recipientes mas grandes que encontraron mientras gritaban, apagando el fuego entre carreras, exclamaciones de terror cuando las llamas se avivaban y toses por el humo cada vez mayor, que habia inundado ya la cocina por completo.
Con mucho esfuerzo y miedo consiguieron apagar el horno en llamas, corriendo Ninette eficaz hacia la ventana para abrirla de par en par y eliminar la niebla negra y espesa que amenazaba con ahogarlos.
Su padre se dejo caer de rodillas frente al horno ahora negro y carbonizado, jadeando cansado por la edad y con el corazon a mil kilometros por hora.
Esta bien. El horno les habia ganado la guerra.
-¡Maldicion!- Exclamo de pronto la joven Ninette, golpeandose la frente con la palma de su mano graciosamente tras recordar, de nuevo, que tenian clientes esperando desde hacia Dios sabia cuanto. Sin querer alargar aun mas aquella aventura malvada del horno, la muchacha morena se dirigio hacia la puerta de salida, abriendola velozmente para despues cerrarla a la misma velocidad. Asi, el humo no invadiria tambien la tienda y los clientes no verian semejante escena.
Por favor, que su madre regresara pronto.
Con el tintineo que las campanillas de viento hicieron al contacto con la puerta, por fin entro en la tienda.
Cauteloso como si se hubiera internado en un terreno amenazador, piso suave sobre el suelo limpio de baldosas color crema, cerrando tras de si cuidadosamente para no hacerse notar demasiado. Tenso y habiendose mentalizado durante todo aquel dia para esa "aventura", se llevo las manos a los bolsillos tratando de aparentar tranquilidad y autoconfianza, recorriendo curioso con sus ojos grises cada centimetro de la tienda.
No habia nadie tras el mostrador.
Por una parte, le resulto de lo mas aliviante, relajando la postura en cuanto comprobo que estaba solo en aquella sala. Sin embargo, por otra parte le fastidio el hecho de que, para una vez que se atrevia y entraba tras tantos años, no hubiera nadie.
Le entraron ganas de huir, pero se contuvo fieramente.
Law Trafalgar no era ningun cobarde y podia manejar cualquier situacion.
Eso es. Podia manejar cualquier situacion.
Como no le gustaba que lo vieran debil o sin tener total control del momento, trato de cerciorarse de que él sabia manejar lo que quisiera de la manera en que quisiera, adoptando la postura mas relajada y tranquila que pudo. Repentinamente, escucho un grito junto a un golpe en la parte trasera de la tienda, al otro lado de una puerta que seguramente llevaria a la cocina, llegandole a sus oidos tambien la voz de una joven junto a la de un hombre mayor.
Nuevamente se puso tenso y el estomago se le retorcio un tanto, teniendo que calmarse a si mismo con ahinco.
Los gritos se acentuaron y Law no pudo evitar levantar una ceja extrañada, dedicando sobre la puerta cerrada una mirada de confusion.
Como comprobo que nadie salia, decidio ignorar aquello y continuar con lo suyo.
Observo el mostrador, en parte cristalera, analizando los pasteles y bollos colocados con buen gusto para llamar la atencion de quien entrara, acercandose en silencio y dejandose llevar por su curiosidad para fijarse en cada cosa. Con las manos en los bolsillos, se inclino, mirando los alimentos bien hechos y de buen aspecto, comprobando los precios de las raciones, los nombres, los colores y los ingredientes.
No eran caros, se notaban hechos con esmero y seguramente estuvieran buenos. Lastima que no le gustaran los dulces.
Asi que aqui pasaba Ninette las mañanas de los fines de semana antes de largarse al conservatorio de danza, atendiendo a la gente al otro lado del mostrador. Se pregunto si aquellos dulces que observaba tambien los hubiera hecho ella o contaran con su participacion, o bien la muchacha se dedicaba tan solo a venderlos. Era el suelo que ella pisaba y el negocio de su familia.
Quiza su interes por la chica llegaba a ser algo obsesivo, pero no le importaba demasiado. Solo sabia que le agradaban todos aquellos pensamientos, el mirarla, el saber que hacia y el donde estaba.
Su mirada se perdio curiosa por entre los pasteles y sus colores, las texturas, y el olor a pan horneado mezclado con un pequeño perfume a quemado le gusto, aunque este ultimo matiz no sabia si era del todo normal. Bueno, Law no entendia de cocina mas alla de lo simple que puede prepararse uno cuando tiene hambre en plena noche y no le apetece ver a nadie, decidiendo que le daba un poco igual descubrir si era el olor normal o no. Era un aroma agradable, despues de todo.
Con los ojos grises perdidos ahora en una tarta de nata decorada con fresas y las manos en los bolsillos del abrigo, Law se encontro de repente con algo que no eran dulces dentro de aquella vitrina. Entre la tarta de nata y unas rosquillas colmadas de azucar glas en el estante de mas arriba, el joven vio un par de esferas negras, muy negras y brillantes junto a lo que debia ser el comienzo de alguna nariz. Como aun estaba en el contexto de la comida, Law no entendio rapido de lo que se trataba, reaccionando en cuanto aquel par de esferas resultaron ser un par de ojos almendrados inconfundibles coronados por unas cejas igual de negras que se movieron arriba y abajo con algo de burla benigna.
Maldicion.
A Law casi le da un infarto por el encontronazo repentino. Si bien habia estado mentalizandose y habia logrado entrar, no estaba preparado para semejante vision repentina y sin aviso, irguiendose a la velocidad de la luz cuan alto era con una expresion entre la sorpresa y el terror. Estatico, el joven se quedo en aquella posicion conteniendo la respiracion rapida para no llamar mas la atencion, no acertando a actuar, hablar o moverse.
Ninette, en cambio, coloco las manos bonitas y pequeñas sobre el mostrador, irguiendose tambien pero mas tranquila y despacio para poder encararlo por fin. Law la miro a los ojos como si aquello fuera una especie de aparicion entre demoniaca y santa, teniendo que controlarse para no dar un paso cauteloso hacia atras y alejarse un tanto.
Era real, ella era de verdad y la tenia a menos de cuatro palmos de distancia, mirandole divertida con sus ojos negros que hacian juego con su cabello largo y su sonrisa picara de hoyuelos en las mejillas.
Era de verdad... ¡Dios Santo, si que era de verdad! Law no se habia preparado para semejante encontronazo, definitivamente.
Con su gracia y elegancia natural la muchacha permanecio en silencio sonriente, cada vez mas divertida su expresion mientras le observaba desde una estatura que apenas le llegaria a los hombros en espera de que él pidiera algo. Pequeña y delgaducha, con el rostro aun mas bonito tras haber pasado los malos años de la adolescencia y llegada ya a la juventud, inclino el cuello largo un poquito con intenciones de hacer algun ademan que le dijera a él que soltara palabra.
Su cuello era de esa palidez fria como el resto de su piel, largo y delgado, fragil, pequeño y delicado como toda ella. Law juraria que podria rodearlo con su mano y se pregunto como se sentiria de bien bajo los dedos. No queria hacerla daño, solo rodearlo no sabia exactamente porque maldito fetichismo y notar la fragilidad, el calor y el pulso en la palma de su mano.
Siempre le encanto su cuello. Era una de sus partes favoritas en Ninette junto con la nariz, los ojos, los labios, el cabello, los hombros, el tronco, los brazos, las manos, las piernas y los pies. Tambien la habia visto hablar con sus amigos y vecinos y le agradaban sus ademanes, al igual que el andar distinguido y elegante que tenia de manera innata.
Bueno, Law no sabia si tenia partes favoritas o si Ninette era su favorita.
Le estaba mirando, y sonriendo, y él no sabia donde estaba de pronto ni que hacer. Callado como un muerto, se quedo con los ojos clavados en los suyos mientras continuaba tenso como una rama, aguantando las ganas de echar a correr cual conejo y esconderse por ahi. Quiza no habia sido una buena idea. Quiza deberia haberse quedado con las ganas y dedicarse a mirarla eternamente.
No le gustaba sentirse tan debil y manejable. Era odioso. Ni le gustaba ni estaba acostumbrado.
Entonces, sus cejas oscuras se elevaron con curiosidad, ensanchando la sonrisa graciosa y acentuando la profundidad de sus hoyuelos.
-¿Y bien?- Cuestiono la muchacha con voz cantarina, notandose facilmente que estaba aguantandose una carcajadita o alguna reaccion similar.
-¿Que?- A Law le costo reaccionar y entonces recordo donde estaba, cayendo en la cuenta de que él habia entrado en su pasteleria y se encontraba en la zona que correspondia a la clientela.
-¿Que quieres?- Volvio a preguntar la joven con gracia y diversion, pareciendo que la situacion hacia que se lo pasara en grande. Definitivamente, ni era ciega ni tonta, sabiendo quien era y reconociendole al instante. -Pasteles, rosquillas... ah... - Amable, se llevo una mano pequeña al menton, dedicando una miradita rapida a sus dulces para agacharse un momento y comprobar lo que tenian cerca. -¿Ensaimadas? Son la especialidad de mi padre.- Cuando dejo escapar una risita Law penso que sonaba muy bien.
-Ya... - Se limito él a decir por el momento, comenzando a poner los pies en la tierra por pura supervivencia.
-¿Ensaimadas, entonces?- Ella parecio paciente y enternecida, decidiendo guiar la conversacion extraña al ver que al otro le estaba costando demasiado participar.
-Eh... no, no, no quiero eso.- Pero a Law no le gustaban los dulces y no sabia nada de ellos porque nunca le habian interesado, posando su mirada en lo que le mostraba la vitrina. Asi era mas facil porque no tenia que estar mirandola a los ojos tan de cerca.
-Mmh... veamos... - Dijo Ninette graciosa, demostrando nuevamente que le divertia la situacion inclinandose un poco hacia su parte de la vitrina, sin cristal en su zona. -Puedo darte un trozo de pastel de nata, si quieres ¡Es genial! Lo ha hecho mi madre esta mañana y le ha salido especialmente bien.- Ninette sabia vender, hablando con un tono de voz que dejaba claro que aquel pastel de nata era el mejor de todo el planeta. -A mi me encanta. Si me dejaran, me lo quedaria para mi sola, pero mi madre me mataria y entonces diria "¡Ninette, ya estas otra vez con las mismas! ¡¿Como puedes estar tan famelica comiendo tantos dulces? ¡Deberiamos llevarte al medico, de nuevo! ¡Eso no puede ser normal!"- Law ya no sabia si estaba tratando de vender o simplemente se dejaba llevar y, entonces, hablaba. Como le estaba dando pie con su silencio, pues Ninette continuo usando su voz cantarina. -Luego seguramente me daria una sobredosis de azucar y me pondria nerviosa, de pequeña me pasaba algunas veces y era horrible, porque perdia atencion y no me concentraba... - Dijo, llevandose una mano a la mejilla llenita con reflexion y expresion fastidiada. -¡Pero a la vez era una sensacion divertida!- Exclamo de nuevo sonriente, dedicandole una mirada negra y brillante que causo que tuviera que dirigir de nuevo su atencion a los dulces por su intensidad. -Da un poco igual, porque aunque devore un pastel de nata completo y luego me de un subidon de glucosa, acabo quemandolo bailando o correteando por ahi. Igual no engordo ni un gramo, a lo mejor mi madre tiene razon y no es normal... - Hablaba. Hablaba mucho.
-Si, si... - A Law podria encantarle Ninette, podria embaucarle su voz, sus sonrisas, cada expresion y como pronunciaba cada palabra, pero no era un santo, precisamente, y su paciencia no era infinita. Viendo que por fin el otro parecia dispuesto a decir algo, la muchachita se callo a la espera de sus palabras y de interactuar por fin en una conversacion de dos. -Dame... - Al azar porque tampoco le iba a gustar y le importaba poco, el joven Law señalo el primer dulce que se interpuso en el camino de sus ojos, logrando que ella le dedicara tambien atencion al alimento. -Dame ese.-
-¿Uno?- Cuestiono ella algo sorprendida, clavando sus ojos oscuros que se le hacian tan intensos sobre los suyos. Al ver la confusion de Law, la muchacha decidio salir de nuevo en su salvacion, dedicandole una sonrisa amable y picara. -Son bocaditos de nata.- Ninette respondio a la pregunta silenciosa del joven que nada sabia de aquello, ni siquiera que habia señalado exactamente, soltando una carcajadita que sonaba musical como toda ella. La mirada confusa que Law mostro le hizo saber que seguia sin comprender. -¡No puedes llevarte solo uno!- Exclamo la muchachita abriendo un instante sus ojos como platos, provocando sobre el otro una vergüenza y nerviosismo mayor que tuvo que ocultar como mejor pudiera.
Ninette se mordio el labio, suspirando despues con resignacion tierna al comprobar que él no sabia que decir, aun pretendiendo no mirarla a los ojos y anteder a cualquier otra cosa.
-Mira... es igual.- Respondio la chiquilla, encogiendose de hombros resuelta y llamando su atencion. -Hagamos una cosa.- Divertida todavia, Ninette se cruzo de brazos con su elegancia propia sobre el mostrador, moviendo el pie pequeño de arriba hacia abajo ligeramente debido a su naturaleza activa. -Voy a prepararte una docena de bocaditos de nata y, tu, te los llevas a casa.- Dijo la muchacha, ampliando su sonrisa en cuanto su mirada fue correspondida por la del otro. Era dificil, porque Law estaba acostumbrado a ser quien manejaba las situaciones y mantener eficazmente el control de todo. Sin embargo, tenia que ser ella quien lo hiciera en aquel momento, haciendole sentirse aun mas descolocado y perdido. -¿Que te parece?-
-Bien.- Escueto, el joven Law se encogio de hombros aun con las manos firmemente en los bolsillos en un vano intento por mantenerse tan gelido e impasible como siempre, consiguiendo con su respuesta que la sonrisa picaresca de ella brillara junto a sus ojos aun mas.
-Puedes pagarlos ¿Verdad?- Evidentemente, estaba de broma porque todos alli sabian quienes eran los Trafalgar y el poderio de la familia, haciendo que Law elevara la cabeza con un pequeño ademan chulesco tipico de su persona, sonriendo fugazmente de aquella manera vaga y carente de significado emocional real.
Durante un instante, ella parecio sentirse incomoda, recuperandose rapidamente en cuanto la sonrisa del joven se fue, tan veloz como vino.
-Si, se que puedes pagarlos.- Se recompuso como un rayo y su expresion amable y picara regreso, apoyando un codo sobre el mostrador para acomodar la barbilla en una de sus manos delgadas. -Sin embargo, voy a dartelos gratis.- Confuso, Law le dedico una mirada extrañada y recelosa. Era desconfiado por mucho que Ninette y su presencia le agradaran.
-¿Por que?- Cuestiono con tono desconcertado y ligeramente cortante. No habia que flaquear en un pueblo donde la gran mayoria de sus habitantes lo querian a uno fuera de escena. Una vez se sintio mas comodo, Law volvio a ser Law un poquito.
-Sera un regalo.- Ella respondio tan resuelta y simpatica como durante todo aquel encuentro, contemplandole divertida y satisfecha de su decision. -No has venido nunca antes y hay que causar buena impresion.- Sin mas ni esperar otra respuesta, Ninette se agacho con su gracia natural, comenzando a preparar el pedido que a ella le habia dado la gana darle gratuitamente.
No iba a negarse, ademas que Ninette no parecia ser hostil ni distante. Esto era una cosa nueva en aquel pueblucho, tambien.
Mientras se convencia de que debia confiar, Law espero, observando ensimismado como sus manos graciles acogian cada uno de aquellos pasteles y los colocaban con la misma elegancia eterea, cerrando la caja delicada pero eficazmente una vez consiguio su cometido. Con actitud satisfecha y resuelta, la muchacha finalmente le tendio aquella caja de color salmon bien cerrada y ordenada, cediendosela cuidadosamente debido a la fragilidad del contenido.
Law trago saliva dificultosamente con el mayor sigilo que pudo, llevando las manos hacia el objeto que Ninette le estaba ofreciendo, todavia agarrado suavemente por ella. Por pura casualidad y sin haberlo pretendido, bajo la yema de sus dedos sintio de pronto la piel blanca de las manos delgadas y pequeñas de Ninette, haciendo que un cortocircuito extraño recorriera la espalda larga del muchacho. Tampoco se habia preparado para eso. Era un contacto pequeño, pero no se habia mentalizado.
Ninette si que era real, definitivamente.
La caja estuvo a punto de caerse porque de pronto él se volvio torpe, asustado en verdad por el momento, escurriendose de entre las manos de ambos en cuanto ella penso que Law ya la tenia y que podia dejar libres a los dulces.
Menos mal que Ninette era de buenos reflejos y no parecia asustada, agarrando eficazmente el cargamento color salmon con la misma delicadeza con que lo trataba y evitando asi que se estrellara contra el mostrador.
Law se sintio aun mas avergonzado y estupido. Maldita sea...
Sin embargo, la muchacha debio adivinar algo de su estado o al menos imaginarlo, porque Law Trafalgar no era facil de leer o adivinar, dedicandole una sonrisilla para tenderle de nuevo la caja que, esta vez, si fue agarrada con eficacia por el otro.
Entonces, el sonido de las campanas de viento rompio el momento extraño, pero agradable, acompañado su tintineo por un chirrido pequeño de la puerta de entrada. Alguien habia venido. Los dos jovenes dieron un respingo, perdiendo la atencion el uno sobre el otro para clavarla sobre el lugar cercano del sonido.
-Oye, Ninette... - La señora Bogdánov venia cargada con un par de sacos con aspecto pesado, adivinando Law que parecia tratarse de harina debido a las manchas ligeras y polvorosas de sus manos regordetas. Como iba mirando sus sacos para pasarlos por la puerta debidamente, la mujer de aspecto vikingo no se percato rapido de la compañia de su hija, hablandole a la niña porque daba por obvio su presencia tras el mostrador. - ... dile a tu padre que necesitamos comprar... - Dijo la señora Bogdánov algo distraida, asegurando los sacos agarrados por sus dedos. Y, entonces, elevo la mirada, dejando que la puerta se cerrase sola tras de si. -Oh... - Se limito a exclamar en cuanto sus ojos azules se clavaron en los del muchacho inconfundible que permanecia en pie, frente a su hija, adoptando la mujer mayor una expresion rara entre la sorpresa inesperada y la preocupacion instintiva de madre.
Se hizo un silencio largo e incomodo.
La señora Bogdánov no sabia que decir ni si continuar su camino, aun cargada con los sacos de harina junto a la puerta. Ninette se mordisqueo los labios con nerviosismo y bajo la mirada un tanto. Law, en cambio, continuo impasible y vago mirandose a los ojos con aquella mujer rellena que tan incomoda parecia de pronto.
- ... ah... Hola, buenos dias.- Pero como era educada, resistio las ganas de echarlo de su tienda o bien ponerse a gritarle como una energumena que se alejara de su pequeña niña, sabiendo que durante muchos años aquel chico problematico la habia estado vigilando y encandilandose con su persona ¡Por el amor de Dios, incluso habia dejado medio muerto en una ocasion al chiquillo que tuvo la mala suerte de salir con Ninette!
-Buenos dias.- Contesto el joven Law escueto y frio, puede que incluso cortante, queriendo decir que no habia necesidad de iniciar una conversacion.
-Si... - Pero, para su desgracia, los Bogdánov eran gente sociable acostumbrada a la charlataneria y amabilidad pueblerina, dedicandole una sonrisa falsa y fugaz al muchacho que, todavia impasible y en el mismo lugar y posicion, la observaba con atencion. -Y... eso... ¿Como esta tu padre?- Debio ser lo unico que le vino a la mente, pregunta tipica que se hace a los jovenes en lugares donde todos se conocen.
-Bien.- Law se encogio de hombros, no habiendose preocupado ni interesado demasiado por el estado de su padre. De todas formas, hasta donde llegaban sus conocimientos, el señor Trafalgar se encontraba como siempre se habia encontrado.
-Me alegro... - Respondio la mujer rellena con otra sonrisa falsa y fugaz, carraspeando despues al comprobar que su voz habia sonado algo ronca.
Entonces Law considero que habia sido suficiente y que la situacion se estaba tornando en algo demasiado incomodo y sin sentido, girando la cabeza para mirar a la chica que aun permanecia silenciosa y tensa, analizando a su madre.
-Muchas gracias por... - Ante sus palabras y el descubrir que estaban de nuevo dirigiendose a ella, Ninette dio un respingo pequeño, clavando sus ojos negros sobre los grises de Law. En el instante en que analizo las palabras y lo que podria terminar diciendo, ella le dedico una expresion de urgencia y apuro, dejandole claro que no podia decir asi de repente y frente a su madre que le habia dado aquella caja gratuitamente. - ... por la atencion.- Ninette respiro tranquila y sonrio, aliviada.
-De nada, gracias a ti.- Dijo ella con su voz cantarina, dando pie a que el muchacho se girara con su caja de comida no deseada, en realidad, y se dirigiera hacia la puerta con claras intenciones de salir. Habia sido suficiente. La señora Bogdánov no le quito los ojos de encima, como si el joven de los Trafalgar fuera una especie de animal peligroso que ahora parece tranquilo, pero que en cualquier momento seria capaz de volverse rabioso y provocar un accidente. En cuanto lo vio acercarse, la mujer madura dio un saltito para apartarse de la puerta, dejandole el camino de salida libre y despejado, aun vigilante ante su persona. -¡Y cuidate!- De repente, la voz de Ninette le llego desde el mostrador, inclinandose un tanto la chica sobre la superficie para cerciorarse de que él escuchaba sus palabras de despedida correctamente.
El joven Law giro la cabeza un segundo, clavando sus ojos grises sobre la expresion bonita, contenta y sonriente de ella. A diferencia de su madre, parecia tranquila.
-Si, gracias.- Y, finalmente, el joven Trafalgar abrio la puerta con el tintineo de las campanillas de viento, desapareciendo de la pasteleria de los Bogdánov y dejando tras él un pequeño silencio.
Todavia con los ojos negros y almendrados clavados sobre la puerta, la joven y pequeña Ninette respiro tranquila con una sonrisilla cerrada, apoyando los codos sobre la barra para acomodar la barbilla en las manos delgadas.
Su madre, consiguiendo recuperarse del encuentro inesperado y tenso, clavo por fin la atencion en su pequeña de expresion feliz.
-Ya estas borrando esa expresion de tu cara.- Le solto sin mas la señora Bogdánov, dejando los sacos de harina sobre el suelo algo molesta. Ante semejante mandato, Ninette parecio desconcertada, borrando la expresion de su cara no por hacer caso al imperativo en si, si no para adoptar una actitud confusa y mirar a su rechoncha madre.
-¿Por que?- Fue lo unico que se le ocurrio cuestionar a la joven, deshaciendo la postura comoda por otra desconcertada y levemente incomoda.
-¿Que por que?- Dijo la señora Bogdánov con incredulidad, incluso, irguiendose cuan alta era en su posicion para llevarse las manos a las caderas en una pose tipica de madre humilde. -¡Niña, no te me hagas ahora la tonta que las dos sabemos que no lo eres!- Ante sus palabras, la mirada de Ninette bailoteo por la estancia de un lado a otro entre molesta y apurada, fijandola otra vez en su madre en cuanto esta hablo de nuevo. -Sabes perfectamente quien es y las cosas que hace... - Pero la expresion fastidiada de niña caprichosa que adopto su hija la saco un tanto de sus casillas. -¿Aun has olvidado lo que paso con Alexander?- Alexander era aquel muchacho que se atrevio a salir un tiempo con su pequeña Ninette, recibiendo la peor paliza de su vida en cuanto cortaron su relacion. Alexander si que era un buen chico, uno normal y decente, guapo ¿Por que no se habia quedado su hija con Alexander y no solitaria, dejando puerta abierta para que ese muchacho que tanta mala espina daba se acercarse cada vez mas a ella?
-¡Oh, mama!- Exclamo Ninette como respuesta fastidiada, chasqueando despues la lengua. -Eso fue hace mucho tiempo.- Como excusa, la joven se auxilio en el tiempo y los años locos de la adolescencia.
-A mi como que ha sido hace dos siglos.- Pero como toda madre que se precie, la señora Bogdánov no daba su brazo a torcer, afianzando su posicion superior de manos sobre las caderas. -No puedo entender que no te de miedo... Lleva siguiendote por ahi desde que piso este pueblo y a ti parece que te da lo mismo, niña inconsciente.- Pero Ninette no se enfado, evitando la mirada de su madre para cruzarse de brazos sobre el mostrador y contemplar los dulces bajo él perdidamente.
-Es como si le conociera de toda la vida.- Bueno, en parte era cierto, aunque nunca antes hubieran cruzado palabras. Ninette estaba acostumbrada a su presencia y vigilancia, a la atencion y a las miradas esquivas cuando era descubierto. Ademas, ella no se sentia incomoda ni asustada al respecto. Sabia que no era normal, que no era lo corriente y que, seguramente, cualquier otra muchacha hubiera acabado paranoica y aterrada, o furiosa, incluso. Pero Ninette no. Quiza si él tambien hubiera sido otra persona se hubiera sentido de manera semejante y hubiera tenido una reaccion normal. Sin embargo, Law nunca le habia hecho daño ni habia pretendido cosa parecida. Es mas, Ninette estaba segura de que él no dejaria que le pasara nada malo ni peligroso, tampoco desagradable. Quiza era un poco exagerado y soñador, idealista tambien, pero Ninette sentia como si tuviera una especie de angel de la guarda o un vengativo guardaespaldas. Era tranquilizador, aunque no pudiera comprenderlo ni ella misma.
-Por el amor de Dios... - Desesperada ante las palabras de su hijay y su ensoñacion que nada bueno presagiaba, la señora Bogdánov contuvo los gritos para no llamar la atencion de su marido, llevandose una mano a la cara con desespero. -No se quien de los dos esta mas loco, si tu o ese... - Señalo la puerta por donde Law habia salido hacia poco tiempo con una mano disgustada, tragandose notablemente unas cuantas palabras desagradables. -Ese muchacho.- Escupio la señora Bogdánov, soltando despues un bufido fastidiado. -Escuchame... no le conoces.- Con esperanzas renacidas, la mujer de aspecto vikingo miro a su pequeña hija, rezando porque ella pusiera los pies en el suelo y se volviera por fin una persona cabal y razonable.
-¡Claro que si!- Exclamo la muchacha con su voz cantarina, pareciendo incluso ofendida tras semejante declaracion materna.
-No, niña, no le conoces... - Armandose de paciencia e incluso condescendencia, que ella tambien habia sido joven y trataba de hacerla comprender, la señora Bogdánov no se daba por vencido. -Tu crees que si, pero en realidad no le conoces. Es un chico peligroso.- Nuevamente, Ninette parecio ofendida ademas de indignada.
-Pero, ¿Que dices? Nunca ha pasado nada que... - Pero tuvo que callarse. La mirada de su madre se clavo sobre la negra de ella, entre incredula y apurada, recordandole que si habian pasado cosas aunque ella hubiera salido completamente ilesa. -Bueno... - Carraspeo levemente, buscando veloz como un rayo las palabras magicas que solucionaran la situacion. Por desgracia, Ninette no las encontro. -Sus razones tendria.- No era una respuesta adecuada, pero ella no sabia que decir. Antes de que la señora Bogdánov abriera la boca, la muchacha se le adelanto. -Como sea, no es peligroso.- ¡Pero si ni siquiera se habia atrevido en tantos años a hablar con ella! No era un peligro para su persona.
-Eres tonta, muy tonta. - Dijo la señora Bogdánov con perdicion, soltando un bufido molesto y sonoro. -No quiero verte hablar con ese muchacho nunca mas.- Ninette dio un respingo, sintiendose molesta no solo por el mandato, si no tambien por el hecho de que su madre pensara que seguia siendo una niña pequeña.
-Mama, no puedes... - Pero fue interrumpida velozmente.
-Nunca mas.- Repitio la señora Bogdánov, consiguiendo finalmente que su hija tirara la toalla. -¡Y ni una palabra de esto a tu padre! No se te ocurra ni mencionarselo.- Ninette elevo la cabeza decaida y fastidiada, admirando a su madre con expresion confusa. Ante semejante reaccion, la señora Bogdánov suspiro larga y ruidosamente, decidiendo que tendria que explicarse mejor. -Le detesta.- Aparte del propio caracter y actuaciones tan odiadas del joven de los Trafalgar en aquel pueblo, ningun padre se siente feliz de que su pequeña hija sea seguida constantemente por un muchacho siniestro cual acosador. -Si se entera de que ha entrado aqui y se ha atrevido finalmente a hablar contigo, habra problemas, Ninette.- La muchacha entendio, asintiendo velozmente a las palabras de su madre. Esta bien, ni una palabra.
Y, como si el destino quisiera hacerlas caer en la trampa, de repente se abrio la puerta de la cocina, asomandose a traves de ella el aun ennegrecido señor Bogdánov.
-¡Oh, querida!- Exclamo con alivio e ilusion total, causando que ambas mujeres dieran un respingo y le miraran tensas, como si fuera una especie de aparicion del infierno que no esperaban. -¡Menos mal que estas aqui!- Dijo continuando a lo suyo. Sin embargo, en cuanto las vio silenciosas e incomodas, secretas y mirandole tan extraño, el señor Bogdánov no pudo evitar el desconcierto.
El ser buen o mal mentiroso debe ser que tambien es hereditario.
-Si, menos mal que estoy aqui.- Finalmente, la señora Bogdánov acerto a responder, normalizando la situacion y dirigiendo sobre su pequeña hija una mirada significativa. Ninette aguanto un suspirito fastidiado, afianzando su posicion apoyada sobre el mostrador para mirar al vacio.
-¿Quien era?- Cuestiono el padre con duda y desconcierto, analizando la extraña situacion que parecia haberse formado en la parte publica de la tienda.
-El hijo del carpintero.- Su madre era rapida y se sabia las tretas hacia su marido de memoria, acogiendo de nuevo los sacos pesados entre sus manos para dirigirse hacia la puerta abierta de la cocina. El señor Bogdánov parecio satisfecho.
-¡Oh! Un buen muchacho.- Exclamo, abriendo la puerta de par en par para lanzarse a ayudar a cargar a su mujer por puro instinto. Por desgracia para él, no recapacito en el desastre que aun se mantenia en la cocinilla pequeña debido al incidente del horno malvado, permitiendo que una espesa nube de humo negro comenzara a inundar la estancia. En menos de dos segundos, toda la pasteleria estaba llena de humo.
-¡Ah!- Grito la señora Bogdánov, comenzando a toser al igual que ocurria con su hija. Su marido parecia haberse inmunizado. -¡Maldita sea! ¡¿Que diablos habeis hecho en la cocina?- Grito con furia total, causando que ambos familiares de ella se agazaparan en sus sitios respectivos. La señora Bogdánov podia dar mucho miedo cuando se trataba del caos en el que solian trabajar tanto su marido como su hija si ella no estaba presente.
-Es que... querida... - Pero no le dejaron excusarse, siendo interrumpido velozmente.
-El horno revento y... - Ninette lo intento tambien, logrando empeorar la situacion sin proponerselo.
-¡¿Como que el horno ha reventado?- Furiosa, la señora Bogdánov les grito cual dragon a punto de escupir una llamarada de fuego, agarrandolos de las muñecas para comenzar a arrastrarlos entre traspies hacia la cocina humeante. -¡No se os puede dejar solos! ¡Sin mi, no haceis mas que provocar desgracias! ¡¿Como pagamos ahora el horno, eh? ¡¿Como?- Intentaron excusarse pero supieron que no podrian, callados por los gritos de la señora Bogdánov. -¡Nunca podre descansar! ¡No puedo respirar ni un segundo sin que la armeis! ¡Ni que fuerais niños!-
Y asi, entre gritos y humo, los Bogdánov trataron de arreglar el desastre en familia.
Hola, pequeños y pequeñas marmotas funambulistas!
Bueno, por fin se termino el prologo y seguimos con el experimento raro que es esta historia. La base la tengo clara, el tema a tratar, la vertebra del fic y todo ese rollo. Lo que no tengo muy claro es como llevarlo a cabo, como desarrollar las situaciones y tal... asi que hago lo que me sale ajajaja Asi de claro, no espereis algo muy bien estructurado, porque estoy escribiendo un poco al azar, quitando el saber como empieza y como va a acabar la historia.
Es raro y me siento un poco temerosita =(... sinceramente, nunca he escrito "en serio" (es decir, estando dispuesta a publicarla y todo) una historia sin tener todo super clarito, aunque luego sobre la marcha surgieran cosas y simbolismos raros que no pretendia. Pero las situaciones siempre las tenia claras D= ¡En esta no! ¡Experimentos para todos wiiih!
Tengo bastante escrito, eso si =D, asi que si a alguien le agrada el fic aun tiene para ratillo, aunque no se que pasara con él ni cual sera su destino.
¡Ah! Se me olvidaba! No se que leches pasa con mi ordenador o con la pagina y mi ordenador juntos, pero no me deja publicar simbolitos ni manera bonita de separar escenas, por eso tengo que escribirlo jou! Pongo cosas bonitas para separar (digase normales XD los que usan todos, vamos) y en cuanto lo publico en la pagina ¡Puff! Desaparece D=! (No, ya lo he conseguido viva! He editado para daros la noticia maravillosa =D!)
Jo, como me enrollo... perdon!
Me despido ya porque si sigo, os dejo leyendo esta basura de comentario personal hasta mañana ajajaja
Os da miles de besos y abrazos achuchosos:
Maddy
(P.D: Perdonadla por sus faltas de ortografia y sus desvarios literarios D=! Queredme, por favor! T-T XD)
