En una celda
Todos los que conocían a Lucias, sabían de su odio contra los vampiros, un odio con fundamento y que llevaba acarreando sobre sus hombros desde hacía centurias. Fue ese hombre quien le quitó lo que más amaba en el mundo, su amada Sonja y con ella, la vida de su hijo que murió en el vientre de su madre al darles la luz del sol, como condena por su amor.
Lucian había jurado que destruiría a los vampiros y que empezaría por la cabeza de su asquerosa estirpe, entre ellos Víktor, pero también tenía en su lista a Amelia y Marcus, dos ancestros que seguían con vida, junto a su Némesis y que llevaban milenios escapando de sus garras.
Lucian había nacido para ser un guerrero y lo fue por muchos años bajo el amparo de Víktor que juraba verlo como a un hijo, siendo que sólo lo tenía para incrementar su ejército gracias a su sangre contaminada, la que repartía a esclavos para maldecir su existencia y condenar sus almas.
Lucian siguió a sus servicios hasta que el mismísimo Víktor condenara a su propia hija, Sonja. Luego de enterarse del estado de la chica y al dar como excusa que la sangre no podía mezclarse en el nuevo ser que llevaba en su vientre, fue llevada a una cámara en la que le dio el sol y la mató. Todo esto en presencia de Lucian que gritaba por la vida de su amada. Odiaba a Víktor, y a todo vampiro que se cruzara en su camino.
Ahora estaban frente al castillo en donde se escondía uno de los suyos o que lo fue en un principio. Fenrir Greyback. Había sido convertido, pero luego de eso huyó y empezó a causar estragos convirtiendo gente sin su consentimiento.
-¿Qué es lo que haremos primero, Lucian?
Todos los hombres esperaban la señal para atacar.
-Adelante, pero con sigilo. Raze, tú iras conmigo adelante, los demás nos seguirán.
Todos asintieron y se dirigieron a la puerta que los otros hombres habían divisado.
Al llegar al lugar un fuerte olor traspasó las fosas nasales de los licántropos.
-¿Qué demonios es eso? -preguntó uno de ellos, asqueado como muchos otros.
-Greyback, mezclado con más olores, pero ninguno de ellos bueno.
Lucian siguió caminando seguido de Raze y los demás.
Cuando llegaron al pasadizo de las mazmorras el olor era cada vez más intenso. Se guiaron por este y llegaron a una de las celdas. Entraron con precaución y Raze pudo divisar un pequeño cuerpo que convulsionaba en una de las esquinas.
Trató de acercarse, pero una extraña fuerza lo dejó anclado al piso.
-No se acerquen… no me volverán a tocar -advirtió la persona.
Lucian no se vio afectado por la singular defensa que tenía el hombre. Se acercó con cuidado y con espanto vio que estaba en una posa de sangre y otros fluidos que detectó enseguida. Su cuerpo desnudo no dejaba lugar a dudas de lo que le habían hecho. Lo que si lo sorprendió fue percatarse de la esencia de los licántropos en un cuerpo tan pequeño.
-¿Un licántropo? -preguntó otro de los hombres que también se había percatado de lo mismo. Lucian asintió y se agachó para mirarlo de frente.
-¡Dije que no se acerquen!
Lucian se tuvo que dejar caer para que la onda no lo lanzara de espalda.
-Calma, queremos ayudarte.
-Nadie puede ayudarme -su voz lastimada removió la conciencia de los demás hombres del lugar-, sólo déjenme morir para ir con Sirius.
-¿Quién es Sirius? -preguntó Lucian, mientras hacía tiempo para ver como lo sacaban de ahí. Era lógico que estuviera contra su voluntad-¿Cuál es tu nombre?
-Remus -su voz se sentía cada vez más apagada.
-¿Quién te atacó, Remus? -trataba de mantenerlo despierto, mientras le hacía señas a Raze para que se acercara a ayudar.
-Mi creador… Greyback… violó… Sirius -sollozaba a punto de caer inconsciente, pero antes miró al frente y conectó sus ojos con los negros que lo miraban con piedad. Estiró su mano para alcanzarlo-. Mi amado Sirius… viniste a rescatarme -todo lo que pudo haber querido decir quedo en el olvido, al terminar completamente inconsciente.
-Mierda -dijo al sostener al castaño para que no se diera un golpe contra el suelo-. Raze, sácalo de aquí y espéranos afuera, creo que él nos podría dar la información que necesitamos.
El hombre de color tomó con cuidado el cuerpo de Remus, para sacarlo de ahí.
-Está muy lastimado.
-Lo sé. Greyback pagara por esto. Nadie tiene derecho a tomar lo que no le pertenece.
-¿Quién será el tal Sirius? -preguntó uno de los hombres.
-Su pareja, obviamente, pero lo confundió con Lucian -dijo Raze casi como chiste.
Sintieron unos pasos acercándose y salieron rápidamente de la celda encontrándose de frente con Greyback y un gran número de personas.
-Sabía que alguien se había infiltrado, pero nunca me imaginé que fueran ustedes.
-Lamentaras todo lo que has hecho -le desafió Lucian.
Fue en ese momento en que Fenrir se percató del mastodonte negro que llevaba en brazos al castaño que violó unas horas atrás.
-Déjalo en el piso, Raze, nadie te ha dado derecho para tocar lo que es mío.
-Tuyo a la fuerza, porque este hombre tiene otra pareja.
-¡Oh sí! Sirius Black, pues déjame decirte que esta hermosa mujer fue la que amablemente lo sacó del camino, asesinándolo –le dijo, mientras Bellatrix reía como posesa repitiendo la misma cantaleta con la que escapo del ministerio de magia.
-Son unos animales -les dijo Lucian con asco-. Nos volveremos a ver Greyback.
Fue lo último que escucharon antes de ver como los licántropos corrían a la salida a una velocidad impresionante.
-¡Malditos! -gruñó Fenrir al saber que no los podría alcanzar.
Continuará…
