En primer lugar, siento haber tardado tanto en actualizar.

En esta capítulo conoceréis un poco más de la vida de Rachel, la familia de Quinn, y los sentimientos de Rachel por Quinn.

La verdad es que al principio pensaba acabar el capítulo en un punto más lejano, pero creo que lo mejor ha sido que acabe donde acaba. Por eso no sé si el próximo capítulo empezará con Quinn o seguirá con Rachel y luego cambiará.

Muchas gracias a todos los que confiáis en esta historia ya sea siguiéndola, con fav o dejando una review, es muy importante para que sea continuada

Glee no me pertenece.


EN FAMILIA

POV RACHEL

¿Quieren diversión? Bien, entonces esta panda de ignorantes musicales va a tener toda la diversión que quieran.

Blaine comienza a cantar su parte de la canción. Aunque no es nuestro estilo de música habitual ni mucho menos, esta canción se nos ajusta como anillo al dedo. Empezamos a cantarla juntos hace años en un concurso de música pop al que nos llevaron nuestros padres.

Nos toca cantar juntos y nuestras voces combinan a la perfección. Sin duda, Blaine y yo nacimos para actuar juntos. Aunque no como amantes, claro. Sería raro besar a tu hermano, pero en el mundo del espectáculo nunca se sabe.

El profesor del Glee Club, el Sr. Shuester creo recordar, nos mira embobado. Cree que no me he dado cuenta de la forma en la que me veía cantar. Se nota que no andan sobrados de talento en este club.

No puedo evitar sonreír cuando mi hermano se acerca hacia mí coquetamente, empleándose al máximo en su papel. Dejo que la música fluya a través de mí, guiándome. Me dejo llevar logrando una actuación mucho más convincente.

Sólo necesito un instante para ponerme de cara al público y observar a todos y cada uno de ello. No importa cómo de grande sea la audiencia. Una audiencia es una audiencia.

Brittany baila junto a un chico en silla de ruedas que recuerdo porque me indicó la dirección de mi cuarta clase del día. Otros más bailan o dan palmadas con las manos, algunos golpean el suelo con la planta del pie, como en el caso del señor Shue.

Pero hay tres personas que están estáticas. Una de ellas es la latina idiota que ha hablado antes. Britt me ha dicho que son novias secretas y que nadie puede saberlo excepto Lord Tubbington y yo. Parece fastidiada, aunque mis dotes de actriz me dicen que sólo está fingiendo estar molesta. No sé por qué pero esta chica gana mi curiosidad. Ya tendré ocasión de hablar con ella.

El segundo es el chico del pasillo, el que tiró a Blaine a la basura, el que tiene cara de bebé que acaba de manchar el pañal. Nos mira como si estuviese a punto de tener una rabieta y levantarse para estampar la silla de una patada. Su rabia me complace por algún motivo que desconozco.

Entonces la veo. A ella.

Por tercera vez nuestros ojos se cruzan. Su color avellana me hipnotiza tanto que estoy a punto de perder el hilo de la canción. Pero sigo adelante, el espectáculo siempre debe continuar. Me pongo nerviosa cuando me doy cuenta de que su mirada no se despega de mí un solo instante. La manera en la que sus labios se fruncen es la cosa más sexy que he visto en… Espera… ¿qué? Se muerde el labio inferior mientras me mira y podría jurar que el mundo se ha detenido. Ni siquiera sé su nombre. Pero sí é que es alguien muy importante en el McKinley, su uniforme de animadora, que si me lo permiten también es la cosa más sexy que he vis… ¿Qué? Y el estúpido gigantón con cara de bebé al que todo el mundo identifica como el quarterback del equipo de fútbol, delatan que la preciosa chica de cabello dorado y ojos esmeralda o avellana, según cómo se miren, es alguien con mucho poder aquí.

Los aplausos interrumpen mis pensamientos.

¿Ya ha acabado la canción? ¿Tanto tiempo he estado fantaseando?

El señor Shue nos pide que tomemos asiento. Cuando lo hago, el chico que hay a mi lado no deja de mirarme. Le devuelvo la mirada, está claro que no lo hace porque yo le guste o algo así, es claramente gay. Tantos años viviendo con tres hombres gays sirven para muchas cosas… excepto para aprender a coser. Pero no solo eso, sino que el chal que lleva de la última colección de Máximo Dutti para la línea femenina, no es algo que llevaría un chico hetero. Sigue mirándome con completa admiración y le sonrío cordialmente, dándome cuenta de que a su lado está la misteriosa chica de preciosos ojos y duro carácter.

—¡Esa es la actitud si queremos pasar a las Nacionales este año, chicos! —dice el señor Shue señalándonos a Blaine y a mí—. Habéis estado extraordinarios. Sin duda de las mejores cosas que se han visto en esta sala en mucho tiempo. Y sería un honor para todos nosotros contar con vuestro talento en este coro, ¡bienvenidos! —el resto de chicos nos aplaude. El señor Shue se dirige a la clase en cuanto los aplausos cesan—. Gracias a la brillante actuación de Rachel y Blaine, tenemos nueva lección para la semana. La primera tarea del año es… ¡Duetos! ¿No es increíble? —Yo y el chico que hay a mi lado aplaudimos entusiasmados a pesar de que la mayor parte del Glee Club no muestra demasiado interés. El señor Shue vuelve a dirigirse a Blaine y a mí—. Y, por favor, vuestro dueto ha sido magnífico, pero me gustaría que os mezclaseis con parejas diferentes para la tarea y que los demás tengan alguna posibilidad. Tenéis de fecha hasta mañana, y cuando todas las parejas hayan cantado, realizaremos una votación. ¡La pareja con más votos ganará una cena totalmente gratuita en Breadstix! —Esta vez sí que todos aplauden entusiasmados y empiezan a organizarse rápidamente—. ¡Podéis empezar a trabajar en ello, chicos! ¡Hasta mañana!

—Perdona —digo al chico de mi lado que aún sigue mirándome—, ¿qué es Breadstix?

Él me dedica una sonrisa bastante adorable.

—Es el único restaurante de todo Lima al que merece la pena ir. Va a haber un gran duelo para conseguir esos tickets.

Suspiro. Si pudiese formar pareja con Blaine todo sería más fácil, ganaríamos seguro.

—Oye —llama mi atención—. Mi nombre es Kurt Hummel.

Gustosamente tomo la mano que Kurt me ha ofrecido en un saludo.

—Rachel Berry —respondo mientras ambos salimos del aula y comenzamos a caminar por los pasillos.

—Lo sé, lo has dicho delante de toda la clase —bromea, pero su gesto se torna serio enseguida—. Tu actuación de Barbra ha sido… impresionante —ciertamente me asombra que conozca a Barbra, la mayoría de adolescentes no lo hace—. Me preguntaba si te gustaría formar pareja conmigo, creo que tu voz combinaría a la perfección con la mía, y ya tengo en mente varias canciones que nos vendrían como anillo al dedo, pero casi todas son de musicales y no sé si las conocerás…

—¿De musicales? —le interrumpo—. ¿Broadway? —Kurt asiente con una chispa de ilusión creciéndole en los ojos y me abalanzo sobre él, abrazándolo como una niña que le acaban de regalar un cachorrito—. ¿Bromeas? ¡Por supuesto que las conozco! ¡Dios mío! No me puedo creer que haya encontrado por fin a una persona que le guste Barbra y Broadway, a parte de mi hermano.

—¿El chico que ha audicionado hoy también para el Glee Club… es tu hermano? —pregunta ruborizándose levemente.

Asiento.

—Sí, Blaine es mi hermano.

Kurt parece confuso.

—Pero él… Tenéis diferentes apellidos.

Suspiro.

—Es una larga historia —digo.

No quiero dar demasiadas explicaciones, al menos de momento.

Creo que Kurt lo ha entendido porque no hace más preguntas.

No sé cómo pero hemos acabado en mi taquilla. Y lo que me sorprende aún más es que él se detiene justo en la taquilla de mi derecha y comienza a introducir su contraseña. Tal vez este nuevo curso no esté tan mal después de todo.

—Entonces, ¿qué me dices? ¿Me harías el honor de ser mi pareja para el dueto, Rachel Berry? —pregunta bromeando.

—Indudablemente.

—¿En mi casa? —pregunta.

—De acuerdo.

Tomo el brazo que Kurt me ofrece y caminamos hacia la salida del McKinley, intento buscar a Blaine para informarle de que no volveré con él a casa. Lo encuentro con un chico rubio, hace un signo en mi dirección.

—Blaine, este es Kurt —le digo presentándole a mi acompañante—. Kurt, mi hermano, Blaine.

—Encantado —dicen los dos al mismo tiempo con un hilo de voz.

Aquí ocurre algo raro.

—Kurt y yo vamos a hacer la tarea del Glee Club juntos en su casa, así que supongo que nos veremos luego.

Blaine asiente.

—Hola, Sam —saluda Kurt al chico rubio—. ¿Vienes con nosotros?

Él niega, sonriente. Su cabello rubio dorado y desordenado me recuerda a la preciosa animadora, aunque los ojos de él son azules.

—Blaine y yo también vamos a hacer el dueto juntos —explica—, vamos a su casa.

—¿Sabes si Quinn…?

—Se ha ido con el estúpido de Finn —dice el nombre del chico entre dientes—. Creo que iban a trabajar en su canción.

¿Quiénes son Finn y Quinn?

—Entonces nos vemos luego. Adiós, chicos —se despide Kurt.

Kurt tiene la vista clavada en la espalda de mi hermano mientras los dos chicos se alejan de nosotros.

—Oye —protesto—, sé que es guapo pero no deja de ser mi hermano. No te lo comas con la mirada delante de mí.

Él se ruboriza y carraspea.

—¿V-vamos a-al coche?

Afirmo con la cabeza, Kurt comienza a guiarme por el aparcamiento del instituto.

—A propósito —le digo—, ¿Sam y tú vivís en la misma casa?

—Así es —responde con la mirada fija en la carretera—. Mi padre y su madre están juntos. Todavía no se han casado, pero lo harán dentro de poco. Mi padre y yo empezamos a vivir con Judy y sus hijos hace unos días, nos mudamos todos juntos a una nueva casa.

—Entiendo.

Soy nueva en Lima y no puedo estar completamente segura, pero juraría que la dirección en la que vamos conduce a mi casa.

—¿Y vosotros? —pregunta Kurt—. ¿Por qué os mudasteis?

Se me forma un pequeño nudo en la garganta que consigo disimular fácilmente.

—Necesitábamos un cambio de aires —le explico—. Papá trabajaba en el hospital de Chicago y pidió un traslado. No buscábamos ningún sitio en especial, pero cuando le ofrecieron una plaza fija en el hospital de Lima no pudo decir que no. Aquí fue donde él se crió. Chicago nos traía demasiados recuerdos dolorosos de papi.

Él no parece entender. Me esperaba esa reacción por su parte

—Papi Leroy y papá Hiram alquilaron un vientre de alquiler para tenerme a mí —empiezo a contarle mi historia—. Ni siquiera sé el nombre de mi madre adoptiva, ella nunca se ha preocupado de ponerse en contacto conmigo. Cuando yo tenía ocho años, mis padres se habían apuntado en la lista de espera de las adopciones para poder tener otro niño o niña. Pero un día encontramos a Blaine, le habían dejado solo. Papi y papá tuvieron que pasar mucho tiempo en juicios antes de que consiguieran parte de la custodia de Blaine. Pero todavía no está completa, por eso no puede cambiarse el apellido a "Berry". Hace unos meses… papi Leroy… Papi Leroy murió —cierro los ojos y tomo una bocanada de aire, consciente de que es la primera vez que pronuncio esas palabras en voz alta. Necesitábamos un nuevo comienzo… y el destino nos trajo a Lima.

Se forma un pequeño silencio en el que creo que Kurt trata de darme mi espacio para que me recomponga. Realmente lo aprecio.

—Sé cómo te sientes —finalmente habla. Sigue con los ojos puestos en la carretera, pero parece tener la mirada perdida—. Perdí a mi madre cuando era muy pequeño. A veces apenas puedo recordar su rostro sin ver una fotografía. Siempre echarás de menos a tu padre, Rachel. Pero con el tiempo aprenderás que en realidad nunca se van.

Pasamos el resto del camino callados. No es un silencio incómodo, es reconfortante.

Kurt ha sido la primera persona con la que he hablado de la muerte de papi. Creo que en cierto modo necesitaba hacerlo.

Cuando el coche de Kurt se para en frente de una puerta metálica en el garaje de una casa enorme, mis sospechas se hacen realidad.

—¡Somos vecinos, Kurt! —exclamo saltando fuera del coche— Aquella casa en la acera de en frente es donde vivo desde hace menos de una semana —señalo a la casa que queda justo en frente cruzando la calle.

Él sonríe.

—Entonces supongo que los dos lo pasaremos bien en nuestras nuevas casas.

No podría estar más de acuerdo.

Pasar la tarde ensayando con Kurt es una de las cosas más divertidas que he hecho en mucho tiempo. Mi nuevo amigo tiene muchísimo talento. Aunque su voz se ajusta más a canciones escritas para una mujer y tal vez por eso no podría ser mi acompañante masculino en las competencias. Pero aun así, nuestras voces combinadas forman una potente armonía.

Nos cuesta mucho decidirnos qué canción elegir. Finalmente, optamos por el famoso mash-up de Barbra Streisand y Judy Garland, "Get happy/Happy days are here again". Yo canto las partes de Barbra, obviamente.

Incluso hemos arreglado unos trajes para vestirnos casi igual que nuestras dos musas en la canción.

Vamos a ganar. Tan segura como que mi nombre es Rachel Barbra Berry.

—Kurt —oímos una voz femenina desde abajo y los dos bajamos a ver qué ocurre.

—Hola, Judy —saluda el chico a la mujer que acaba de aparecer en la casa, la prometida de su padre, Burt Hummel. La madre de Sam—. Rachel y yo estábamos practicando una canción para el Glee Club.

—Me parece estupendo, cariño.

Judy pasa por nuestro lado dejando una suave caricia en la cabeza de Kurt. Me mira simpáticamente.

—¿Te quedas a cenar, Rachel?

Sus ojos. ¿Dónde he visto yo esos ojos antes?

—Me encantaría, señora… —me quedo callada al darme cuenta de que desconozco su apellido.

—Fabray, querida —dice dulcemente.

—Me encantaría quedarme a cenar, señora Fabray. Pero soy vegetariana, y además mi padre debe de estar preguntándose dónde estoy.

—Oh, por eso no te preocupes, cariño. Yo también soy vegetariana, y esta noche toca mi deliciosa lasaña de verduras —me guiña un ojo consiguiendo que una sonrisa ilumine mi cara—. Y por tu padre, puedes usar el teléfono de la casa para llamarle y avisarle de que vas a tardar un poco más.

—No es necesario, Judy —interviene Kurt—. Rachel vive al otro lado de la calle. Se mudaron hace poco.

—¡Vaya! Entonces podéis ir los dos a avisar a tu padre mientras yo preparo la cena —me dice—. Burt no tardará en llegar con los niños, Sam dice que pasará la noche en casa de un amigo y Quinn… Como siempre no sé nada de Quinn.

Ese nombre de nuevo. ¿Quién será la misteriosa Quinn?

—Oh, entonces Sam debe de estar con mi hermano Blaine —le digo a la señora Fabray—. Habían quedado para ensayar su canción

—Si Sam va a dormir fuera… ¿puede quedarse Rachel a dormir en casa? —pregunta Kurt—. Sólo si tú quieres, claro —añade mirándome.

—Siempre que a Rachel le parezca bien, a mí me parece bien —sonrío. Es imposible no hacerlo con la dulzura de la señora Fabray—. Pero nada de acostarse demasiado tarde, mañana hay que ir a clase.

—Por supuesto, señora Fabray.

—Llámame Judy, cielo —me pide antes de volver a la cocina para empezar a preparar la cena.

Kurt me acompaña a recoger ropa para mañana a casa. Sam y Blaine juegan a la play mientras papá prepara la cena.

—Buenas noches, princesita —dice al verme—. ¿Qué tal el día? Blaine me ha dicho que has estado en casa de un compañero practicando una canción.

Asiento.

—Él es Kurt Hummel, papá —presento a mi nuevo amigo y mi padre, ambos se dan un apretón de manos—. Kurt, mi padre, Hiram Berry.

—Encantado, señor Berry.

—El gusto es mío —responde papá después de haber escaneado por completo a Kurt asegurándose de que no haya una posible relación amorosa entre él y yo.

—La madrastra de Kurt me ha invitado a cenar y pasar la noche con ellos, no te molesta, ¿verdad? Es en la casa de enfrente.

Desde la muerte de papi, papá está cada vez más protector con Blaine y conmigo. Nos trata como si fuésemos de cristal.

—Para nada —contesta—. Id y pasadlo bien. Pero no demasiado bien.

—Gracias papá.

Coger lo necesario para sobrevivir a la mañana siguiente nos lleva menos de cinco minutos y nos despedimos de los chicos para volver a la casa Hummel-Fabray.

Cuando llegamos allí, el panorama ha cambiado completamente.

Un delicioso olor a comida inunda toda la cocina y unos gritos provenientes del salón resuenan por toda la planta baja. Se pueden distinguir las risas claras de unos niños y la voz masculina de un adulto.

Al llegar al salón, la imagen que vemos Kurt y yo nos hace sonreír a ambos: dos niños rubios juegan a lanzarse encima de un hombre que están tirado sobre el sofá y finge ser un monstruo.

El juego para cuando nos ven aparecer. El niño corre rápidamente a esconderse detrás del hombre que supongo es Burt, el padre de Kurt. La niña se nos acerca, torciendo su cabeza en señal curiosa.

—Hola, yo me llamo Stacey, ¿quieres ser mi amiga?

Mi sonrisa crece aún más ante la infantilidad que desprende la niña. Me hace recordar a alguien con su cabello dorado y su rostro de angelito, pero no logro descifrar a quién.

—Stevie —llama Burt suavemente al niño que sigue escondido—, ¿no quieres ir a conocer a la amiga de Kurt?

El pequeño se asoma un poco de la pierna de su padrastro, asustado. Mira a Kurt, asegurándose y sólo se decide a acercarse cuando éste le anima con un movimiento de la cabeza.

Cuando se acerca a mí, puedo distinguir sus preciosos ojos verdes, también familiares. Ya sé dónde he visto esos ojos antes, pero la relación no tiene ningún sentido…

—H-hola —tartamudea tímidamente—. Yo… me lla-llamo Stevie.

—Hola Stevie, yo soy Rachel, encantada de conocerte.

El niño me dirige una última mirada, ha dejado de estar asustado para mostrar curiosidad. Se coloca a mi lado y toma una de mis manos entre las suyas, examinando mis dedos con cuidado y suavidad.

—Es un poco tímido al principio —interviene el señor Hummel.

Miro a Stevie fascinada. Me recuerda a Blaine cuando era pequeño. Parece tan asustado y tan vulnerable que consigue que mi corazón se mueva a vuelcos.

Sus ojos parecen haberme tomado confianza.

—Le cuesta mucho tratar con las personas —me explica Kurt tomando en brazo a Stacey que reclama su atención—. Cuando nos conoció por primera vez a mí y a mi padre, se pasó tres horas escondido en el aseo porque tenía miedo. Nunca le había visto tomar tanta confianza con alguien a la primera. Creo que le gustas.

Los gritos de Judy llegan desde la cocina, está enfadada.

—Creo que es hora de ir a cenar.

Haciendo caso al señor Hummel, entramos a la cocina. Stevie me ha agarrado la mano fuertemente durante el pequeño recorrido, y cuando me voy a sentar en la silla que Kurt me indica, tira de mi mano indicándome que baje hasta su cabeza.

—¿Puedo comer contigo? —me pregunta tímidamente al oído.

Le sonrío. Es imposible no hacerlo. Parece tan vulnerable que lo único que quiero es encerrarlo en un búnker bajo tierra y protegerlo con mi propio cuerpo de cualquier cosa.

—Claro que sí —murmuro.

Me siento en la silla esperando a que el pequeño suba a mis piernas y se siente sobre mí recostándose en mi cuerpo.

Kurt nos mira curioso.

—¡Me da igual si estás con Finn o con Santana, Quinn Fabray! ¡Sabes que tienes completamente prohibido estar fuera de casa a estas horas de la noche sin avisar! —grita Judy furiosa—. ¡Te quiero en casa antes de medianoche o te juro que las cosas van a cambiar! ¡Y como me entere de que me has mentido y estás con el estúpido de Finn en vez de con Santana, no vas a volver a salir de casa hasta que cumplas los cuarenta y cinco años!

—No me gusta Finn —susurra una vocecilla en mi oído.

Y no sé por qué lo hago, ni siquiera sé quién es Finn, pero me inclino hacia Stevie y le digo:

—A mí tampoco.