SEEEE SUPONE QUE LOS DÍAS 4, 5 Y 6 LOS IBA A SUBIR ESTE FIN DE SEMANA, peeeero la conexión de red en mi casa se cayó desde el Martes y no ha regresado TODAVÍA (CANTV XFABOR VUELVE), así que estoy usando mis horas laborales para subir el día 4 a escondidas ¿?

Lamento si la última parte fue muy corta o querían saber más de Pidge, la verdad es que no se me ocurría que podía poner ahí D:


-A ver si entendí bien –La princesa coloco su mano sobre su frente, un brazo cruzando su pecho viendo al grupo de paladines.- Ustedes están… ¿Envenenados?

-No exactamente… -Decía Shiro, alzando un hombro y mirando hacía Keith que lo sostenía del bíceps. El paladín rojo restregaba el dorso de su mano insistente sobre sus ojos, al detenerse los abrió parpadeando un par de veces y chasqueando la lengua.

Cada uno de los paladines parecía tener su propio problema. Pidge también restregaba sus oídos con ambas manos mientras soltaba quejidos de fastidio, Hunk por algún motivo parecía a punto de llorar mientras que en sus manos tenía un… ¿Es eso un muffin?, Lance de su parte no se veía tan afectado salvo por la manera en como estaba cruzados de brazo y la expresión amarga de su rostro. Y Keith, bueno, giraba su rostro en diferentes direcciones como si buscara algo, más Allura podía notar como sus ojos parecían nublados, apagados, vacíos.

-¿Puedes repetir de nuevo lo que paso, número uno? –Preguntaba Coran al lado de la princesa, con su mano bajo la barbilla de forma contemplativa.

-Fuimos al planeta Exump tal como nos pidió, princesa, para liberarlo de los galra –Repetía Shiro pasando su mirada de Coran hacía Allura.- Los habitantes del planeta quisieron agradecernos por la ayuda así que nos prometieron un festín.

-Cabe mencionar que el festín era muy, muy bueno –Hunk puso una mueca soñadora al recordarlo, lamiendo sus labios. Cuando se fijó en el muffin en sus manos, de nuevo sus ojos se llenaron de lágrimas y acariciaba este con un dedo.

-No pasó nada extraño cuando consumimos su comida, -Proseguía el paladín negro, en su intento de ignorar como Hunk le decía cosas bonitas al muffin.- Fue cuando ya veníamos de regreso al castillo que simplemente paso, cada uno de nosotros parecía haber perdido un sentido.

-Interesante –El alteano mayor asentía un par de veces, se fijó en Keith quién tenía la mirada perdida en un punto inespecífico del lugar.- Así que asumiré que el sentido que perdió Keith fue…

-No veo una mierda –Se le adelantó, gracias a no ver nada no se fijó en la mirada de regaño que le envió Shiro.- No tengo ni la menor idea de cómo pilotee a Red hasta acá, soy bueno pero no TAN bueno.

-¿Qué hay de ti, Shiro? –Preguntaba Allura, acercándose a él y poniendo su mano sobre el hombro del mayor.

-El tacto –Dijo con una pequeña sonrisa.- No puedo sentir tu mano sobre mi hombro, tampoco el agarre de Keith a mi brazo, no puedo decir que tanto me está apretando o si me está lastimando.

-Número cinco, ¿Tú que perdiste? –Coran se giró a ver a Pidge, la chica seguía restregando su mano sobre uno de sus oídos.- ¿Número cinco? ¿Pidge?

El paladín verde alzó su cabeza un momento, dándose cuenta de que todos le estaban viendo expectante.

-¿QUÉ DICEN? –Gritó con fuerza, haciendo que Lance y Hunk se estremecieran y cubrieran sus propios oídos.- ¡NO PUEDO ESCUCHARLOS! ¡CREO QUE YO PERDÍ LA AUDICIÓN!

Lance chistó limpiando su oído con el dedo meñique, bufando al volver a cruzar de brazos. Abrió su boca como si fuera a decir algo y lo único que salió de ahí fue puro aire, ese era el único sonido que lograba articular, el del aire al pasar por su garganta o expulsar por la nariz. Llegó a poner una mano sobre su cuello mirando hacía Coran con ojos esperanzados, esperando que el alteano mayor pudiera decirle sobre lo que pasaba con él y con todos.

-Veo que Lance perdió su voz –Anunciaba a todos, subiendo una ceja. Keith bufó ruidoso moviendo su cabeza a un lado buscando a Lance con sus ojos.

-¿Me estás diciendo que una comida alienígena hizo que Lance por fin cerrara la boca? –Sonrió burlón, el paladín azul resopló sacándole el dedo del medio a Keith el cual parpadeó lento y frunció el ceño.- No veré ni mierda pero te juro que puedo sentir que me estás haciendo ese gesto.

Shiro suspiró resignado, pasando su mano por su rostro.

-Yo no sé si perdí el gusto o el olfato –Decía Hunk, frunciendo sus labios.- Quiero decir, los dos sentidos están relacionados ¿No? Puedo morder el muffin y no me sabría a nada, aun cuando lo huelo.

-¿QUÉ ESTAS PASANDO CON NOSOTROS? –Pidge volvió a gritar muy alto, todos se estremecieron por el volumen de su voz. Quién diría que alguien tan pequeño tendría tan grandes pulmones.- ¿ESTO VA A SER PERMANENTE? PORQUÉ YO NO SE COMO VIVIRÍA SIN PODER OIR.

-O sin poder probar nuevos platos –Hunk sorbía su nariz, dando un mordisco al muffin y brotando más lágrimas por no tener ningún sabor.

Lance resopló por la boca, elevando sus brazos de forma exasperada y agitándolos en dirección a todos ellos, su boca se movía diciendo miles de cosas a la vez. Si tan solo alguien fuera experto en leer labios, el alteano mayor carraspeó su garganta para llamar la atención de todo, salvo con Pidge quién tuvo que ponerle una mano en su hombro para que le prestará atención.

-Nunca escuché de algún veneno que causara tal efecto en las personas, sin embargo me gustaría realizarle una prueba de sangre a todos ustedes, ¿Les parece bien? –Apretó el hombro de la chica e hizo una seña con su mano contraria para que le siguiera en dirección a la enfermería.

Todos comenzaron a seguir a Coran hacía dicho lugar, Shiro debía mantener una mano sobre la espalda de Keith para guiarlo por el pasillo a pesar de sus quejas de que puede encontrar la enfermería por sí solo, claro eso lo dijo justo antes de que se golpeará con una pared y tropezará con las esquinas, aún sin voz Lance no perdía la oportunidad para reírse de él.

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Shiro, Allura y Coran estaban en una zona de la enfermería que se parecía bastante a un laboratorio clínico común de la tierra. El paladín negro les había indicado a los demás que podrían ir a descansar mientras esperaban por los resultados, y recordarles que tuvieran mucho cuidado por su condición (A Pidge en específico tuvo que escribirle todo eso en su pad para que pudiera entenderlo). Coran tomaba el ultimo tubo de ensayo con sangre y vertía una pequeña gota de un extraño líquido multicolor dentro de esta, agitándola un poco para de último colocarla dentro de una máquina y encenderla.

-Los resultados de las pruebas deberían estaaaaaaar…. –La máquina soltó ciertos sonidos mecánicos, agitándose de repente hasta que de un lado de la misma comenzó a salir una impresión, el cual al detenerse Coran arrancó, empezando a leerlo.- ¡Oh, ya pudo ver el problema!

-¿Qué es? ¿Es grave? –Preguntaba Allura con expresión preocupada, poniendo su mano sobre el brazo del consejero.- ¿Si están envenenados?

-Oh no, no, no. No es un caso de envenenamiento –Decía, negando con su cabeza y revisando una vez más los papeles.- En realidad es un efecto secundario de una intoxicación.

-¿Efecto secundario? –Preguntaba de nuevo la princesa, elevando una ceja. Coran volvió a asentir, mostrándole el resultado en aquellas hojas.

-Tal parece que el sistema inmunológico de los humanos son muchos más complejos de los que creía –El alteano mayor parecía fascinado con esa nueva información.- No tuvieron ningún problema en digerir los alimentos que le habían dado, sin embargo, ciertas enzimas lo tomaron como agente tóxicos y sus cuerpos están tratando de eliminarlos. Las pérdidas de sus sentidos son parte del efecto secundario de intentar eliminar estas enzimas.

-Ya veo –Ponía su mano bajo su barbilla, encontrando eso interesante también y giró a ver hacía el paladín negro.- Shiro tu que… ¿Qué estás haciendo?

No saben que tanto tiempo tenia haciendo eso, pero el paladín tenía entre sus manos una baba de un azul transparentoso que saco del frasco frente a él. Ningún de los alteanos se veían preocupados en que tuviera eso, puesto a que esa baba era un tipo de antiséptico que no es contaminante ni produce ningún tipo de reacción en los paladines –Con pruebas hechas ya.-

-Lo siento –Se le veía un poco avergonzado, su mano humana es la que estaba más llena de esa baba que la mecánica.- Eso solo que es extraño, ni siquiera puedo sentir la sensación mentolada o la babosidad, solo siento pues… Nada.

Se quitó el exceso de baba colocándolo en el frasco de regreso, y puso sus ojos grises sobre el alteano mayor.

-¿Será permanente esto?

-Lo dudo mucho –Le respondía totalmente seguro.- Como mucho, este efecto puede que solo dure veinticuatro Vargas máximo, mañana habrán recuperado sus sentidos por completo.

-Y eso es un alivio –La princesa se llevaba una mano al pecho, soltando el aliento que tenía dentro desde hace mucho. Sonrió juntando sus manos.- ¡Debemos anunciarles estas buenas nuevas a los demás!

-Creo que alguien debería escribírselo a Pidge, ya saben… -Apuntaba a su propia oreja, dando alusión a su sentido faltante.

-Yo puedo darle las noticias a Pidge –Coran dejaba los papeles sobre la mesa de trabajo.- Además es mi oportunidad para ver ese detector galra del cual ha estado hablando por muchos quintants.

Con eso en mente, los tres salieron de la enfermería en búsqueda del resto de los chicos para decirles que no había de que preocuparse. Coran cruzó hacía una esquina en dirección al hangar del León Verde conocido también como el laboratorio de Pidge. Allura de su parte cruzó en la siguiente esquina, mencionando que tenía unas cosas pendientes que hacer pero volvería cuando el grupo estuvieran juntos en la sala común. Shiro, por su parte, decidió ir a la cocina pensando que un pequeño bocadillo no le haría mal justo ahora.

Claro que no pensó que se toparía con uno de ellos ahí, a pesar de que es muy obvio que todos sabían que la cocina era dominio de Hunk, el master chef del condado.

Y dicho paladín estaba usando la cocina, una bandeja con galletas de un color verde musgo recién horneadas descansaban en la mesa. El olor no estaba mal, de hecho hacía que Shiro aguara su boca con la necesidad de hincar su diente en una de ellas, sin embargo, lo que le detuvo fue la misma mirada de Hunk que veía esas galletas con mucha inseguridad, si es que la forma en como mordía sus labios no acusaba los nervios que tenía.

-Hunk, ¿Qué sucede? –Decía, acercándose a la mesa y mirando las galletas que parecían bastante inocentes para él.- ¿Salió algo mal?

-No lo sé –Respondía, tomando una de esas mirándolas de lado a lado.- Quiero decir, sé que use los ingredientes adecuados ¿Verdad? Y sé que probablemente huelan bien y eso… Pero no sé si use las medidas adecuadas o si batí bien la mezcla; ¡Shiro rápido, dime si está muy dulce o muy agrio!

El chico le extendió la galleta al mayor quién parpadeó un par de veces por la impresión, tomando la galleta esperando que con eso Hunk no fuera a tener una aneurisma justo donde estaba parado. Bueno, Shiro no tenía problemas en probar la galleta, estaba hambriento además de que haría lo que fuera por mantener a su equipo feliz. Así que le dio un mordisco a esta, mascando un par de veces saboreando y probando la consistencia. En efecto era como cualquier otra galleta, dura y con un agradable aroma…

El problema era el sabor.

No era dulce, no era agrió.

Era picante.

El efecto fue inmediato, Shiro tuvo que apretar los labios sintiendo como su rostro se enrojecía y el calor crepitaba por su cuello. Abrió la boca para tomar un poco de aire aunque eso solo hizo que la sensación fuera mucho peor que antes, y para colocar la cereza del pastel; Hunk le miraba ansioso y a su vez con la esperanza de que su creación fuera del agrado del paladín negro. Shiro no tuvo el valor de arruinarle lo que más disfruta Hunk, el compartir sus recetas con otros, así que se armó de valor y cerrando su boca tragó lo que tenía de galleta y se comió el resto.

-Esta, -Carraspeó la garganta, para evitar toser de forma evidente frente al chico.- Muy bueno Hunk, te quedo bien.

-¿En serio? –Sus ojos brillaron poniendo sus manos bajo su barbilla. Irguiéndose de nuevo y frotando sus manos, a lo que tomaba el delantal de regreso colocándoselo una vez más.- ¡Entonces voy a seguir cocinando! Quiero intentar hacer esos muffins que nos sirvieron de postres en Exump.

-Eeeh, déjame ayudarte –Dijo apresurado, sonriendo con afabilidad y esperando que no se notará como le corría las gotas de sudor por las sienes.- Es mejor si tienes a alguien quién pueda ayudarte probando las cosas, ¿No? Aún si lo haces bien, no me molesta en ofrecerme como voluntario para eso.

Hunk le miró por unos segundos antes de elevar su mirada y poner un dedo sobre su labio inferior.

-Bueno, tienes razón –Le sonrió, tomando un bol de aluminio entre sus grandes manos.- Tu sabes que yo soy feliz cuando mi comida hace feliz a los demás, y Lance suele ser mi catador pero esta un tanto molesto pues bueno… Ya sabes, sin voz y eso y…

Shiro escuchaba de forma atenta al paladín amarillo mientras que, aprovechando lo distraído que estaba, tomaba una a una las galletas y las iba ocultando entre los diferentes estantes que podía encontrar en la cocina y fingía que se las había comido cuando Hunk volteaba a verle.

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Allura limpiaba las pequeñas gotas de sudor de su frente, una sonrisa de satisfacción como muestra de haber terminado con cada una de sus tareas, las cuales consistían desde hacer llamadas hacía Olkarion y Arus hasta darles un baño a los ratones. Ahora que todo estaba en orden y tenía tiempo libre, ya era momento de regresar a la sala común del castillo esperando a que todos se encontraran ahí con las noticias acerca de los efectos secundarios de su intoxicación. Ella iba pasando por el comedor yendo en dirección a la sala, sin embargo, retrocedió sus pasos cuando la imagen que había visto de reojo llamó mucho su atención.

Allura estaba un poco sorprendida, y no de una mala manera. De hecho era una buena sorpresa, que le hizo sonreír ante lo que veía.

Bueno, ahí estaban Lance y Keith. Sentados frente a frente, ambos ligeramente encorvados hacía delante, las manos del paladín rojo elevadas y sus dedos flexionándose en un ademán de agarrar. Lance sonreía de forma traviesa, en sus manos había una planta parecida a un cactus enano solo que de color rosa, extendiéndoselo hacía su compañero. Keith poco a poco fue acercando una de sus manos al objeto que tenía en frente, apenas sintiendo el pinchazo de una de las espinas del mini cactus picar las puntas de sus dedos y retractar su mano rápido.

-¡Lance! –Siseó, metiendo dentro de su boca uno de sus dedos. Lance comenzó a reír, pero solo era una serie de sonidos huecos y airosos que a pesar de todo no lo hizo detenerse.

Esos sonidos airosos solo aumentaron más cuando el pelinegro intentó darle un golpe en el hombro, sino fuera porqué fallo al no saber que Lance se había movido un par de centímetros. Keith movió sus ojos de forma frenética, enarcando su entrecejo y apretando sus labios. Lance puso sus dedos índices en la comisura de los labios del otro obligándole a sonreír, Keith resopló poniendo su mano sobre el rostro de Lance, apretando sus mejillas.

-¡Ya detente! –Le decía, Lance tomó sus muñecas soltando un bufido por la nariz. Ambos comenzaron a forcejar sus manos, Keith tratando de liberarse y Lance tratando de mantenerlo atrapado en sus malignas garras, les hacía recordar a dos pequeños niños (Aunque bueno, para Allura ELLOS son niños).

Una vez se detuvieron, Lance ahora con más cuidado le tomó de la muñeca y giró su brazo. Usando su dedo empezó a hacer unos extraños trazos sobre la piel del otro el cual entrecerró sus ojos unos segundos, parpadeando cuando termino de hacerlo y sintiendo que el paladín azul lo miraba esperando.

-No creo que esto sea permanente, Lance –Decía, subiendo un hombro. Una vez más Lance volvía a escribir sobre su piel, haciendo que el pelinegro chasqueara la lengua.- ¡Te lo dije, no tuve mucha idea de cómo pilotee a Red ciego hasta acá! Lo más seguro es que se puso en autopiloto por su cuenta, ellos pueden hacer eso.

Lance solo resopló haciendo un mohín, y siguió escribiendo sobre la piel de Keith. Toda la escena parecía irreal, en especial cuando estás acostumbrado a verlos pelear cada vez que Keith se atrevía siquiera a respirar. Pero eran estos pequeños momentos que sucedían de vez en cuando que hacía enorgullecer a la princesa, en donde parecían disfrutar de la compañía del otro, en donde actuaba como amigos… No, no, ellos SON amigos y podían mostrarlo a todos con pequeños actos como esos.

No necesitaban palabras de por medio o una gran demostración, ambos paladines confiaban plenamente en el otro con cosas simples como esas.

-Wow, tu piel es muy suave –Decía el paladín rojo, tildando su cabeza a un lado haciendo que Lance le mirara con ojos abiertos.- Puedo sentirlo cuando haces eso.

Nadie supo que pasó por la mente de Keith en ese momento (Nadie sabe que pasa por su mente casi la mayoría del tiempo), solo se sabe que levantó su otra mano, llevando las yemas de sus dedos a acariciar con suavidad la mejilla del moreno. Si sintió como el paladín azul se tensaba y aguantaba su respiración, no dijo nada sobre eso. Su dedo índice hacía trazos por toda la mejilla, subiendo por sus pómulos e incluso llegando a rozar el párpado de Lance.

Lance hizo un sonido de dolor cuando Keith metió su dedo en su ojo.

-Oops, lo siento –Dijo con una sonrisa que prácticamente decía muy bien que no lo sentía. Lance picó su ojo haciendo que el pelinegro se quejará también.- ¡Ouch!

Lance volvió a reír de forma muda.

Allura dio media vuelta en silencio, abandonando el gran comedor no sin antes mirar una última vez a la escena detrás de ella. Puede decirle las noticias acerca de sus sentidos en otra ocasión, para nada quería interrumpir ese momento íntimo entre ellos.

Eventualmente se enteraran de todo.

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(Oh, ¿Qué paso con Coran y Pidge, se preguntan?

Bueno, solo digamos que el alteano mayor tuvo que cerrar el airlock que Pidge había dejado abierto, apagar la alarma del hangar del león verde y evitar que las diferentes máquinas y artefactos tecnológicos que tenía la chica explotaran al sobrecargarse mientras que ella trabajaba ajena a todo el ruido que sucedía a su alrededor.

-¡ME GUSTA TRABAJAR CON SONIDOS DE FONDO! –Había gritado aun cuando Coran había apagado hasta la música fuerte que resonaba de las cornetas de su computadora.

Él veía esas veinticuatro horas demasiado lejos.)