Me siento solo…Jenny me ha dicho que no me preocupe, que todo se arreglará, que hice lo que debía… pero no me lo creo… no van a perdonarme… ella es orgullosa, pero le salvé la vida y no me arrepiento de eso, al fin y al cabo… si una persona te odia es porque sigue viva, me alegro por ello, es como una hermana, no podría perderla, no después de haber pasado tantos momentos, pero ahora parece como si nada importara… no me atrevo a llamarla, ha dejado el puesto, no solo eso… Gates me ha nombrado inspector y no he podido rechazarlo, la dama de hierro no te la da la oportunidad de decir que no… esperaré a que pasen unos días, mientras que reúno el valor para llamarla, no voy a pedirle disculpas, eso no, pero le diré lo que siento, que me alegro de que esté viva, que rechazaré el puesto si ella quiere volver, que puede confiar en mí, pero pedirle perdón no, eso nunca, no puedo pedir perdón por librarla de una muerte horrible, Castle no le pidió perdón por salvarla en el funeral de Montgomery, ¿por qué iba a hacerlo yo? No, no voy a pedir perdón, no lo haré…

Estoy en el sofá con la cabeza sobre su regazo, con los ojos cerrados. Él me acaricia el pelo y me deja pensar, sabe que ayer fue un día duro, un día que lo cambió todo, aunque no sepa nada sobre la renuncia, ni sobre la suspensión de Esposito, tampoco sabe lo que ha pasado con Ryan, ni yo misma lo sé. No puedo odiarlo, es mi amigo, me ha salvado la vida, gracias a eso ahora estoy aquí, entre los brazos de mi escritor. Pero no me atrevo a llamarlo, no sé cómo reaccionará, supongo que seguirá enfadado por no haberle escuchado, por haber dimitido sin despedirme siquiera, por haber provocado una discusión con Esposito… es como un hermano, quiero recuperarle, ahora tengo al hombre de mi vida, pero quiero a mis hermanos. Sé que con Esposito no hay problema, esta mañana me mandó un mensaje, corto, sencillo, "Estoy contigo, decidas lo que decidas" es mi otro hermano, fiel, leal, incondicional, siempre ha sido así para nosotros tres, si uno tenía un problema los otros le seguíamos sin pensarlo, si uno necesitaba ayuda, no hacía falta preguntar por qué. Pero ahora todo es diferente, ellos no se hablan y yo no me atrevo a hablar con Ryan…

Mi hermano… si lo de Beckett me duele lo de Esposito es demasiado. Siempre hemos sido compañeros, luego fuimos amigos, ahora somos hermanos, o mejor dicho, éramos. Le he llamado varias veces, pero no me coge el teléfono, no lo dejar sonar, simplemente me cuelga. No me deja explicarme, estoy harto, he salvado a mi hermana, ¿tan difícil es que lo entienda? Si no lo hubiera hecho ahora estaríamos llevando el féretro de Beckett como en su día llevamos el de Montgomery. Pero no, no lo entiende y eso es lo único que me duele, que les traicioné para ayudarlos. Jenny interrumpe mis pensamientos, dice que le apetece una ducha juntos, que me ayudará a relajarme. No me apetece levantarme de esta cama pero no quiero preocuparla, así que la sigo. Ella misma me desnuda y me sonríe, me besa, me acaricia. -Todo saldrá bien. –No me lo creo, pero asiento y entro en la ducha, donde nos enjabonamos mutuamente, y allí, durante un rato me olvido de todo, mientras que hacemos el amor.

Me siento traicionado, frustrado, furioso y culpable… se supone que somos amigos, que somos compañeros, hermanos, él sabía que hablar con ella sería un castigo para Beckett, pero le dio igual, se lo contó todo, es un imbécil, un maldito imbécil… y un amigo. Le ha salvado la vida a mi hermana, me han suspendido por ello, lo sé, pero ella está viva. Estoy preocupado por ella, no sé qué va a hacer a partir de ahora, le he mandado un mensaje y me ha respondido con un escueto "Gracias, hermano". No quiero llamarla hoy, no sé cómo se sentirá, pero conociéndola hoy no es día de hablar de lo de ayer, es día para reflexionar, pensar y tomar decisiones. Ryan tomó ayer una que lo ha cambiado todo, Beckett tras oír los insultos de la capitana también. ¿Qué se creerá esa bruja? Decirle que no se merece la placa… qué más quisiera ella tener la capacidad que tiene mi compañera para honrar a las víctimas. Pero ahora eso da igual, ella ha dimitido y él se ha quedado con su puesto… El inspector Kevin Ryan… me hace gracia solo de pensarlo, no ha tardado ni un minuto en quedarse con su puesto, es increíble… pero sigo sin poder odiarlo, por mucho que quiera odiarle por esta traición no puedo, le ha salvado la vida. Mi móvil está sonando, es Lanie, no me apetece hablar con nadie, pero si no lo cojo se presentará aquí.

Mañana llamaré a mi amiga, hoy voy a darle tiempo para pensar y relajarse, pero Javi no se escapa. No, con ese sí que voy a hablar muy seriamente, menuda soy yo. Más le vale que me coja el móvil, total, si no lo hace me bajo del coche y le digo a su portero que me abra. Pero parece que no será necesario, me lo ha cogido. No tardo ni unos segundos en empezar a gritarle, que sí en que estabas pensando, que podrían haberos matado, qué llames a Ryan y habléis... pero tengo que parar cuando escucho un sollozo. Se me rompe el corazón, soy una bruta, tengo que aprender a tener más delicadeza. -¿Quieres que vaya?- Me responde con un simple por favor. En dos minutos estoy en su puerta, cuando me abre se me cae el alma a los pies, tiene una botella de vodka en la mano y los ojos llenos de lágrimas. Javi es un tipo duro, no es de los que lloran, tiene que está realmente hundido. Le quito la botella y la dejo en el mueble situado al lado de la puerta y luego lo abrazo, tranquilizándole. Luego habrá tiempo para hablar e intentar que entre en razón, ahora solo quiero consolarlo, al fin y al cabo, es mi mejor amigo.

He decidido que más tarde hablaré con Ryan, tengo que hacerlo, aunque esté enfadado, tengo que darle las gracias por haberme salvado la vida. Pero ahora tengo otra cosa que hacer, me incorporo y le miro a los ojos, él me sonríe. Me siento sobre su regazo y le echo los brazos al cuello, besándolo, quiero jugar con su boca antes de empezar a hablar, han sido muchos años deseándolo y ahora no podemos parar, él parece tan dispuesto como yo.

Ha estado muy callada durante un buen rato, sé que está preocupada por algo, pero espero pacientemente, me lo va a contar, lo sé y no tengo prisa. Mientras me distraigo con sus labios, me encantan, están hinchados por nuestra anterior noche y por todos los besos que nos hemos dado durante toda la mañana. Mi respiración empieza a acelerarse y ella lo nota porque se separa y suspira. –Rick tengo que decirte algo. –Asiento con la cabeza, esperando, aunque en esos momentos no puedo prestar mucha atención, mi sangre no está concentrada precisamente en el cerebro. Ella lo nota y se ríe. –Si prefieres que te lo cuente luego…-Niego con la cabeza, aunque cierta parte de mi cuerpo protesta. –Parece importante, cuéntamelo, luego seguimos con esto.

Está excitado, muy excitado, no solo lo veo, sino que puedo notarlo, pero aún así prefiere esperar y oír lo que tengo que decir. Definitivamente me ha tocado la lotería con este hombre. No sé como decírselo, despacio o de una vez, al final me decido por lo segundo. –Rick, he dimitido.

Me quedo sorprendido, no me lo creo, pero no parece mentir. Intento hablar pero no sé qué decir, prefiero que se explique y lo hace. Me cuenta que Gates los suspendió a ella y a Esposito, que le dijo que no era digna de llevar la placa, que se la pidió junto a su arma, y que en ese momento, cuando la sacó y la acarició se dio cuenta de que no podía seguir trabajando en ese edificio, que renunció. –Ya ves, vas a tener que buscarte otra musa. –La abrazo y la beso en el pelo.

Me pregunta si estoy bien, si me arrepiento. Le digo que no, al menos no hoy, que ahora que quiero ser feliz no puedo estar ligada a un trabajo que me recuerda día tras día el caso de mi madre. Él no dice nada, solo me abraza y me acaricia, es comprensivo y por eso precisamente le quiero tanto, por eso y por otras mil cosas más.