Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! es propiedad intelectual de Akira Amano.


Switched

por Onmyuji


IV.


«—¡Imbécil!

¡Idiota!

¡Simplona!

¡Amargado!

Caminaron calle abajo mientras encontraban formas cada vez más originales de insultarse. Lentamente comenzaba a convertirse en una suerte de hábito el que Gokudera tomara precisamente el camino que Haru tomaba a su casa, para ir a casa de Tsuna.

Y siempre acababa de la misma forma.

¿Realmente es necesario que estés con Tsuna-san todo el tiempo?

¿Realmente es necesario que hagas preguntas estúpidas?

¿Por qué no puedes ser más amable, Estupidera? —Gritó ella cuando llegaron a la intersección donde finalmente se separaban y se echaba a correr por la calle en dirección a su casa, sin esperar a que él respondiera.

El guardián de la tormenta continuó su camino en dirección a la casa del Juudaime, más mosqueado que antes. Había tratado de mantenerse tranquilo para evitar pelear con ella y lo había vuelto a arruinar. Porque real, realmente estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano (al cual aún no le encontraba una justificación) por portarse adecuadamente con ella, pero no estaba resultando nada bien.

¿Sería que estaban destinados a pelear toda la vida?

La realización de lo que es evidente (al menos para él) lo hizo sonrojar. Es una suerte que la mujer idiota sea demasiado despistada, y que su amor por el Juudaime la tenga cegada. Eso al menos le ahorrará algunos dolores de cabeza.»


El desarrollador líder acaba de notar que falta algo en el laboratorio, pero no puede definir exactamente qué es. La gente va y viene con su ritmo cadencioso y habitual, pero siente que algo está fuera de lugar en esa ala del gran espacio.

Decide que no es importante y continúa su diseño en un dispositivo que permite establecer comunicación diez años al pasado o al futuro, en completa calma.


El rostro de Gokudera está rojo y siente que el mundo se le ha caído encima. La Haru de 25 años le mira por encima del hombro, antes de cubrirse con la cobija que él a regañadientes le prestó para que pudiese dormir en su sofá.

«Deberías tener una actitud más propositiva en todo este asunto, Hayato. Porque de lo contrario vivirás soltero y amargado toda la vida.»

Las palabras seguían zumbando en su cabeza.

El anillo en el dedo anular de ella, ese que indicaba que ella tenía un compromiso romántico con alguien, confirmaba lo que su mente, siempre tan capaz, ató con una velocidad impresionante tras un breve y ácido intercambio de palabras con la Haru adulta.

«A veces me pregunto cómo fue que terminé enamorada de ti.»

¿Él? ¿Y Miura Haru? ¿Juntos?

No pudo conciliar el sueño sino hasta muy entrada la noche.


«—Eres demasiado intrépida.

Había dicho él mientras la sostenía fuertemente entre sus brazos, mientras ella se encogía torpemente al tenerlo tan cerca y verlo tremendamente consternado.

La mantuvo aferrada, muy de cerca, mientras el agua caía sobre sus cabellos y los empapaba por completo.

¡Go-Gokudera-kun! —Ahora estaba completamente sonrojada.

Ya sabía que era imprudente por demás, siempre lo había sido. Pero esta vez no había previsto que sería atacada por un par de maleantes en mitad de la noche mientras caminaba sola, en medio del tifón de vuelta a su casa; a pesar de que Kyoko había insistido que se quedara y sus padres no tendrían ningún problema.

Pero no. Ella quería volver a su casa en medio de terrible inclemencia del tiempo. Y no, no contempló que es en momentos como ese que la gente peligrosa sale de sus escondites a atosigar a los más indefensos. O torpes en su caso. Como ella.

Luego Gokudera Hayato aparecía y le salvaba el pellejo.

Los dos atacantes inconscientes por obra del guardián de la tormenta de los Vongola pasaron a segundo plano mientras Haru veía al albino, con esa postura tan propia de él, de alguna forma galante como un caballero, pero la cara de leche agria.

Su corazón dio un salto. Y sus sentimientos también.»


Haru sentía su corazón desbordarse. Pero no precisamente de felicidad.

Cerró la puerta de la habitación en la que había aparecido más temprano ese día y se llevó una mano al pecho, mientras la otra torpemente limpiaba las lágrimas que se acumulaban en sus ojos. Al fin sentía el peso de los eventos del día cayendo sobre sus hombros, agotándola. Se talló torpemente, consciente del nudo en la garganta.

¡Qué terrible era el futuro que le esperaba!

Todos en el castillo Vongola habían sido amables con ella. Particularmente Sawada Tsunayoshi, el Décimo líder de la familia, se enfocó en mantenerla cómoda y rodeada de gente conocida. Algo tenía este Tsuna del futuro que emitía un aura tranquilizadora y pacífica, que daban ganas de estar a su alrededor todo el tiempo.

Hasta que llegó Kyoko, en compañía de un pequeño de apenas un año de edad, que le reconoció brevemente. León. El bebé de Tsuna y Kyoko. En palabras de Reborn, el Undécimo líder de los Vongola.

La información atravesó su corazón duramente y ella hizo un esfuerzo sobre humano por mantenerse compuesta. Pero el daño ya estaba hecho y, aunque Kyoko y Tsuna mantuvieron la compostura y las distancias, quizás en respuesta a sus sentimientos (sus sentimientos de ahora, no de la Haru del futuro) por el Juudaime, Haru podía ver perfectamente el amor brotar en sus ojos cuando se miraban entre ellos o al pequeño bebé que recién comenzaba a caminar.

Las lágrimas fluyeron de sus ojos sin control esta ocasión, luchando por contentarse con cosas más agradables de su estancia ahí.

Bianchi Gokudera se había portado completamente paciente y adorable con ella. Se habían visto antes en el incidente con Byakuran y fue una cara familiar y reciente en todo ese embrollo. Era muy dulce y comprensiva, quizá demasiado maternal. ¿Era porque estaba comprometida con su hermano en este futuro? El estómago le dio un vuelco.

Chrome también era muy dulce, pero siempre tímida. Y fue por ella que se enteró de que había cumplido su sueño de ser diseñadora de ropa, una muy reconocida al menos en Italia y Japón, y que había sido ella misma quien elaboró el vestido de novia que se suponía que usaría ese día. Sintió la arcada al pensarlo, en esta ocasión.

Se sorprendía de lo maduros que lucían todos diez años al futuro. Incluso Kyouya Hibari se había presentado a la boda, en compañía de Dino Cavallone, más guapo y galán que nunca antes. Al parecer se habían establecido como una peculiar pareja y aunque Dino siempre fue muy caballeroso con ella al presentarse y saludar, seguía reclamando que le parecía inconcebible que ella y Gokudera Hayato fueran a casarse.

Haru concedió la razón, pese a que todos lucieron una mueca llena de desánimo por su serio consentimiento ante tales acusaciones hechas por el Décimo Cavallone, que ciertamente había estado bromeando al hacer los comentarios.

A pesar de todo ello, le dio la impresión de que había algo que no estaba del todo correcto. La sensación fue aún más apremiante cuando, a la hora de cenar (había insistido cenar en un lugar pequeño y cerrado, en compañía de Bianchi, Chrome y I-Pin, quienes la guiaron hasta la cocina), habló.

—Bueno, si se supone que este día es mi boda, ¿dónde están mis padres? He hablado casi con todos nuestros amigos y es genial haberlos visto y saber que tienen un futuro genial, pero no he visto a mamá y papá. ¿Qué clase de boda suponen que sería si ellos no están aquí?

Todas las chicas callaron en cuanto la escucharon hablar. Y de inmediato cambiaron el tema y ella lo dejó pasar, siendo consciente de que evadían sistemáticamente la respuesta, como si pretendieran no proporcionarle demasiada información sobre el futuro que pudiera afectar su presente. No obstante, Haru estaba convencida de que el simple compromiso con Gokudera Hayato ya era suficiente información. Y aquello no la hizo perder la oportunidad de tomar nota de la relación que Hana, una de las mejores amigas de Kyoko, sostenía con su hermano mayor, Ryohei; o de que Chrome parecía haber tomado cierto interés en el guardián de la lluvia.

Y hablando de él, se hizo apremiante su necesidad de hablar con Yamamoto Takeshi. Normalmente era centrado y estaba segura de que él sería sincero con ella, soltando hasta el más mínimo detalle de lo que estaba ocurriendo en ese futuro; desafortunadamente, una vez que pusieron en evidencia su relación con el guardián de la tormenta, no volvió a verse luces de él en lo que restó de su día.

Su corazón se calmó despacio, mientras las lágrimas dejaban de aflorar de sus ojos. Se convenció a sí misma de que este futuro podría ser uno de muchos otros, y que si hacía las cosas correctamente al volver a su época (si es que realmente volvía), se aseguraría de no llegar a él.

Y de que Tsuna se fijara en ella y no en su mejor amiga Kyoko.

Y deshacerse de este compromiso con Gokudera-kun.

Respiró, sintiéndose de pronto más tranquila. Las lágrimas habían dejado surcos de agua salada seca en sus mejillas, pero ya no pareció prestarle atención. Miró el entorno de la habitación y se maravilló con lo acogedor que lucía el espacio. Le hizo recordar mucho a lo que ella esperaba de sí misma en el futuro. Sentía un gran alivio de saber que aún quedaban resquicios de la Haru que era ella.

Caminó hacia el espacioso armario y lo abrió, ávida de curiosidad. Si ella sería diseñadora en el futuro, seguramente usaba ropa confeccionada por ella misma. Pero cuando abrió las puertas y vio que el armario ocupaba casi el tamaño de su habitación en casa de sus padres y encontró sobre un maniquí de madera cuidadosamente colocado el vestido prometido, enmudeció.

Era esponjoso, bellísimo. Jamás se habría imaginado que algún día sería capaz de diseñar y crear algo tan magnificente como la prenda que tenía ante sus ojos. Azorada de la emoción, largó sus dedos hacia el vestido y lo acarició despacio. La tela era delicada y preciosa. Sentía que se derretía entre sus dedos cual si estuviera hecha de copos de nieve. Admiró cada detalle, memorizándolo; desde el suave encaje bordado con piedras preciosas, hasta el escote.

Fue ese el momento en que la realidad de ese futuro le golpeó fuertemente. Sintió un vacío en el estómago.

«De verdad voy a casarme con Gokudera Hayato».

Sobrepasada por esa realización, salió del armario sin volver a echar un vistazo y lo cerró rápidamente.

Desbordada por sus emociones, dio vueltas sobre el espacio. La habitación de la Haru de diez años del futuro era más grande que la casa en la que vivía actualmente con sus padres, pero seguía conservando algo de su sencillez de toda la vida, confiriéndole algo familiaridad a la joven castaña. Se acercó a la cama y se sentó, siendo atrapada estudiando una fotografía que descansaba sobre la mesa de noche.

Eran ella y él. Gokudera Hayato y ella. Viéndose de frente el uno al otro, tomados de las manos. Ajenos a la fotografía que capturaba el momento.

Ambos sonreían, felices. Enamorados.

—El idiota del baseball tomó esa fotografía hace casi un año, el día que anunciamos a la familia que nos casaríamos. Estaba furioso por eso, pero tú insististe en conservarla.

Haru saltó al ver al adulto Gokudera recargado contra el marco de la puerta de su habitación. Y luego, profundamente cohibida por su aparición en el cuarto, reclamó.

—¿No te han enseñado a tocar? ¿Qué tal si Haru hubiese estado desnuda?

—¡Por favor! —El albino habló en ese momento, con la voz más dolida que le había escuchado nunca, antes de retomar su compostura y responder—. Nunca antes había sido necesario tocar. Y no sería la primera vez que te veo.

Haru enrojeció mientras apretaba el portarretratos contra su pecho, volteando en otra dirección para evitar ser blanco de sus burlas o abochornarse más. ¡Parecía casi intencional la forma en que el Gokudera del futuro buscaba ocasión para ponerla en apuros! ¿Quizá era porque buscaba demostrarle la profundidad de su relación? ¿Era su forma de tratar de convencerla de que al volver a su presente, buscara enamorarse de él? Ya poniéndolo en perspectiva, no le desagradaba del todo este guardián de la tormenta; más maduro, centrado, un poco atrevido si estaba de su parte decirlo. Quizá con ese carácter explosivo y humor de perros que siempre había tenido, pero era muy gentil con ella.

¿Era porque en esta época estaban enamorados?

—Has sido amable con Haru. —Reconoció ella.

—Sí, bueno, no te acostumbres a ello.

—Haru debe sentirse afortunada. —Se atrevió a mirarlo y había una mueca burlona y peculiar en el rostro del adulto, cual si la hubiese pescado confesando que ya estaba enamorada de él (cuando eso no era ni remotamente posible), provocando que ella inmediatamente corrigiera—. Es decir... la Haru diez años mayor.

La expresión del albino de ensombreció despacio, mientras la sorpresa se dibujaba en su rostro. Le sorprendió a sobremanera, conociendo lo chismosos que eran prácticamente todos en la casa, que ella aún no hubiese dicho algo. ¿Estaba esperando el momento adecuado para saltarle a la yugular y matarlo? No supo que lo envalentonó, pero se encaminó al sofá de gamuza que estaba más cerca de la cama y de ella.

Tenía la garganta seca del temor a decir algo que pudiera romperla, y sin embargo sabía que tenía que mostrarle que ese futuro no podía ser tan malo.

.

«—Deja de menospreciarte de esa manera. ¿No lo ves? Yo soy feliz por estar aquí, contigo. Me enamoraría de ti aunque tuviera que regresar el tiempo, las veces que sea necesario. ¿Tu estilo de vida? Mientras sepa que vas a volver a mí, eso es todo lo que necesito. Tú y yo sabíamos a lo que nos podíamos enfrentar. ¡Hasta Tsuna tenía que ser cuidadoso por su madre y mira lo que pasó! Ambos sabemos lo mucho que esto duele, pero es la vida que hemos elegido. ¿Tú crees que su madre le va a reprochar u odiar por eso en la otra vida...? Hayato, mírame. ¡Mírame, te digo! ¿Crees que mis padres te pueden odiar? ¡Por supuesto que no! ¡Y yo tampoco! ¿O es que acaso voy a tener que perderte a ti también...?»

.

Ella lo reiteró incontables ocasiones, en esos momentos de vulnerabilidad. ¿Y se supone que ella debería sentirse afortunada?—. No tanto como lo soy yo. Pensé que todo se iría por la borda, que me odiarías, que te alejarías y me olvidarías después de que tus padres-... —Calló de súbito, consciente del rumbo que estaba tomando su tren de pensamiento de manera peligrosa.

Pero había dado un giro equivocado y la curiosidad de Haru se encendió. De esa forma en que siente algo turbio acercándose a ella; apretó la fotografía en sus manos sin reducir la intensidad de su mirada que poco a poco lo subyugaba—. ¿Después de que mis padres qué?

Gokudera guardó silencio, mirándole con cara de circunstancia. El rostro de Haru mostraba indignación, haciendo que el albino volteara hacia otro lado—. Nada.

—Mientes.

—No puedes saberlo, en tu época ni siquiera te has molestado en conocerme. —Aquello sonó más afectado de lo que pretendía.

—Sé que mientes. Algo en el corazón de Haru lo dice. —Y la miró. Tenía exactamente la misma expresión en su rostro que le había enamorado hace años. La misma a la que no podía negarle nada. La misma que estaba a punto de joder la mente de su prometida diez años más joven.

La resignación cayó en sus hombros y se repitió mentalmente que se arrepentiría toda la vida de esto, pero ya no había vuelta atrás—. Tus padres fueron asesinados hace seis meses. Una familia rival los usó como rehenes junto a la madre del Décimo y los mató.


TBC.


PS: ¡Zas, culebra! Me gustó el cliffhanger de este capítulo. Pero que de verdad no tengo vergüenza DX el capítulo está terminado desde hace un montón, pero lo sometí a revisión y añadí muchas otras cosas. No, eso no me demoró la de meses, pero entre las diversas actividades que llevo a cabo en mi día a día, a veces es complejo ponerme a escribir, editar y publicar para ustedes.

Bueno, no sé, me siento dispersa para hacer comentarios al respecto del fic, así que espero los suyos con ansias :3 ¿Qué les parecen Gokudera y Haru? ¿Qué les parecen los pequeños flashbacks que estoy insertando entre la narración? ¡Todos sus comentarios son super valiosos y bien recibidos! :D para muestra: la información añadida (no diré cuál :P) responde a uno de los reviews que recibí :3 así que ya saben :D espero con muchos ánimos todos sus comentarios, fangirleos, dudas, e incluso críticas :3

Haré todo lo posible por no demorar de nuevo X3

Mientras tanto, nos estamos leyendo :D *Lanza galletas*

Onmi.