Aviso: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.
Actividad sin fin de lucro.
Advertencia: Contenido para adultos, se sugiere discreción. Incluye lenguaje fuerte, violencia, sexo non/con, dub/con, con.
Lea bajo su propio riesgo.
THE WAR OF
HERMIONE GRANGER
Por
The Fox Lady
Parte dos
SAND AND STONE
Capítulo
1
* * * If a great wave shall fall it would fall upon us all
* * * And between the sand and stone could you make it on your own?
Harry no está en la casa, pero para recordármelo basta con la mancha de sangre del porte de una pelota de básquet en la sábana que está en el lavadero. Tuvo la gentileza de cambiar sábanas, pero el colchón también se empapó y ahora dibuja un fantasma sangriento en otro juego de sábanas. Gracias, chico listo.
Es muy tarde: ya no alcanzo a ir a ver a Ron, tendrá que ser mañana. Me llevo las sábanas al lavadero, y las miro curiosa. Al menos, es la primera vez que veo sangre en seis años y no está relacionada con un cadáver, excepto tal vez, el mío. Aplicó Tergeos y luego me pongo a frotar los dos juegos de sábanas con jabón de lavar, renuncio por imposible, limpio y seco el colchón lo mejor que puedo, le doy vuelta y me apresto a pasar una noche sin sábanas. He dormido mucho peor.
Me envuelvo en la frazada: el frío del invierno se está yendo de apoco, aleluya, aunque me temo que tengamos unas lluvias torrenciales. Tengo que crear aunque sea cobertizos para los desposeídos, o se morirán. Ignoro la vocecita matemática en mi cabeza que dice ¡menos bocas que alimentar, menos camas de hospital! y me pongo piyama: no tengo hambre, o al menos no de ese pedazo de pan sin levadura que compré.
Ephram Rookwood…
… Si Ginny lo pilla, le doy otra medalla. Es más, le regalo ese sweater gris que tanto le gusta.
Me duermo con la cabeza en mi libro de ciencias políticas sobre cómo reabrir embajadas, y despierto a la hora, con la nariz adolorida, y un dolor mucho más fuerte entre mis muslos. Aún sangro, y me estoy empezando a asustar. ¿Qué dijo Ginny? Sí, un baño.
Y he manchado mis piyamas. Crap.
Tropiezo hasta el baño, soñolienta: el pasillo está helado. El reloj marca más de las doce, y cuando entro tropezando con mi pantalón de pijama en la mano, miro mi rostro marcado por el libro al espejo. Tengo la piel como pergamino.
Me froto los ojos, y entonces oigo…
… una respiración.
Me giro, mi varita olvidada en mi velador. Y eso que Moody me inculcó la sana costumbre de ir al baño con varita.
- Quédate callada.-
Está sentado en mi tina, pisando mis sábanas en remojo. Las sombras lo hacen enorme, y es un hombre adulto, no uno de esos pendejos mortífagos que nos llevábamos sin esfuerzo por delante. No, es un hombre, y yo estoy semi desnuda, inerme, y él tiene una varita apuntando a mi pecho.
Asiento, y mis rodillas tiemblan, aunque me clavo las uñas en las palmas para controlarme. Todo lo que quiero… es sacarle los ojos… antes de que me mate.
- ¿Qué quiere?- pregunto con voz ronca.
- Dame tu dinero.- dice saliendo de la tina con los zapatos húmedos. Avanza hacia mí, y yo asiento, intentando echarme atrás: estamos casi pegados en el estrecho baño. Su varita se presiona entre mis senos, y él sonríe. Está barbado y lleno de cicatrices: pero sus brazos son herculeos, y parece sano y fuerte.
Y rápido.
Me toma del hombro.
- El dinero, zorra.-
Asiento de nuevo, y trato de avanzar al living, donde está mi cartera. Pero él me empuja al dormitorio y de un empujón me tira en la cama, revelando mis nalgas desnudas.
Tengo tanto frío.
Tiene la marca en el brazo- es un mortífago. Pero es obvio que no sabe quién soy yo.
Él sonríe, predecible, horriblemente. Tienen mi varita en la mano.
- Qué bonitas.- dice con una voz sibilante, y abre mi camisa de pijama para tocarme los pechos.- A la cama, primero.-
Obedezco. No es diferente, me esfuerzo en convencerme. Al menos Harry fue el primero. Sólo tengo que salir viva. Una vez que se acerque… cuando esté bien cerca…
Maldita sea.
Me gira y me viola de un modo que Harry no hizo anoche. No soy tan ignorante para no saber lo que me hace, pero el dolor es espantoso. Trato de relajar mis músculos, porque si me desgarra usaré una cánula y pañales de por vida, pero… duele…
Que no tenga VIH, por favor…
Él apoya las manos en mis hombros para entrar más, y entonces, su mano resbala y se apoya en la cama.
Con la varita.
¡BINGO!
La aferro, me giro y se la clavo en un ojo con él aún dentro de mí. Cae gritando, y me monto encima suyo para arrebatarle la otra varita y metérsela por la garganta…
Me golpea, con manotones como piedras. No me importa. No me importa. Mi cólera estalla de pronto, y grito Crucio una y otra vez, hasta que el hombre no es sino un guiñapo de carne aullante.
- ¡AVADA KEDAVRA!-
Harry.
Harry está ahí en la puerta, la varita en alto. Ha acabado con el sufrimiento del hombre, y súbitamente, todo lo que era rojo vuelve a foco, y las piernas no me sostienen.
- ¡Hermione!- me dice, horrorizado.- ¿Te lastimó? ¿Estás bien?-
Asiento. Harry mete el cadáver al baño, de donde lo retirarán en la mañana. Un mortífago muerto de hambre. Me he enfrentado a Voldemort en persona, y un simple street burglar casi me…
Estoy manchada de sangre. Me lavo en el agua de las sábanas, se seco, y me cierro el pijama, temblando.
- ¿A qué… viniste?- susurro, aunque sé la respuesta. Cuando me besa, me envaro, pero mi cuerpo no se resiste: es Harry, su aroma familiar y amado, aunque el olor de hombre se sobrepone al de mi niño amado.
Cuando me tiende en la cama bajo él, estoy llorando.
¿Me voy a volver loca, verdad?
- No… llores.- me susurra, sus dedos ya dentro mío, mientras se acomoda entre mis muslos.- No llores… Mione.-
Lloro con más fuerza. Es… como si Harry, mi niño, me calmara mientras un desconocido me viola. Hay lágrimas en sus ojos también, y cuando me penetra veo, por encima de su hombro, la puerta del baño abierta, y allí, la cabeza del mortífago se asoma, muerta, mirándonos con sus ojos abiertos. Chillo, y Harry gruñe, los ojos cerrados, reteniéndome con la fuerza de su orgasmo, y yo chillo y chillo arañándolo porque de súbito es ese mortífago muerto el que me penetra, su rostro tan cerca, de verdad, ¿de verdad? ¿DE VERDAD?
0
Cuando vuelvo en mí, estoy bien tapada y limpia, aún temblando, la puerta cerrada, la luz de día inundándolo todo, y Harry y Ron a mi lado, mirándome con ojos muy abiertos. Siento gente en el pasillo… en el pasillo de mi departamento.
- ¿Qué… pasó?-
Harry traga antes de responder. – Tuviste un breakdown anoche.- está pálido, como lo estaba tras la guerra. Me mira con esos ojos verdes llenos de dolor, y me pregunto si lo lastimé.
- ¿Quién está afuera? ¿Qué hora es?- pregunto, ansiosa.
- Las diez.-
- ¿QUÉ?-
- Córtala, Hermione, Hanna te dio licencia hasta mañana.- dice Ron suavemente.- Métete ahí de nuevo. Se están llevando a ese mortífago.-
- Ron, no…-
- ¡Déjenme hablar con ella, hijos de perra!-
Es Ginny, afuera. Harry mira a Ron como si le exasperara que me molestaran y casi me da risa, pero no me río porque siento que si me río no podré parar hasta que grite.
Ginny entra, aparentemente sin haberse acostado anoche para nada. Está despeinada, pero le envidio su sexy belleza, porque sé que yo parezco una abuela mientras ella es toda una mujer. Se sienta en el velador, ignorando a Harry y a su hermano.
- Te estuve esperando en la oficina.-
- Perdona, estaba ocupada volviéndome loca.- me enderezo en las almohadas.- Si me vas a seguir gritando por las guardias ciudadanas ya te estás largando.-
- No. Pero primero que nada, quiero una medalla bonita, roja, con un león.-
- ¿QUÉ?- me enderezo. Ron hace un gesto, pero igual me siento en la cama.- ¿Ginny, averiguaste algo?-
- Mejor que "algo".- Ginny se ríe.- Encontré el Shangri La de los mortífagos que quedan. Si Rookwood no está ahí, me como la varita.-
- ¿Cómo la prepararías?-
- Dentro de un pan, con mermelada casera.-
Ron y Harry nos miran. Ron habla primero: Harry se ha vuelto tan callado.- ¿Rookwood? ¿Alexis y Joey están muertos, no?-
- Buscamos al padre.- digo con voz serena. Mis instintos siempre han sido de no revelar información innecesaria. ¿Pero qué puedo hacer? Son Ron y Harry.- A Ephram.-
- ¿Para qué?- pregunta Harry.
Lo miro, y desvío la mirada, volviéndome a Ginny.- ¿Cómo lo descubriste?-
- Aporreé a los últimos cinco que cazamos hasta que hablaron. Todos me dieron el mismo nombre: que si quería hallar el tesoro, empezara por él.-
- ¿Él?-
- Me dio la impresión de que Vincent Crabbe maneja una pensión para mortífagos fichados, aunque suene absurdo.-
Salto de la cama. Ron hace un gesto, y entonces miro la cama.
El colchón está manchado de sangre, otra vez.
Aparto la vista. Sé que Ron y Ginny piensan que el mortífago… más de lo que fue. Aprieto la mandíbula, y los ignoro, mientras busco mi ropa.
- Hermione, vuelve a la cama.- me dice Harry, con voz profunda y mandona. Serena, como si razonara con una histérica.
Que me temo soy.
- Harry.- dijo con voz firme, sacando un beatle y jeans desgastados.- Ve a pasearte por East End con un par de Aurores y abran la casa de la calle 67: siempre hemos sabido que es un nido de mortífagos. Que sepan que están siendo cazados. Ginny, lo mismo, en el lado del río. Lo más pública y aparatosamente que puedan. Ron, al Ministerio, coteja todos los archivos que tengamos y dame un estimado de los mortífagos mayores de cincuenta años que queden libres y no hayan dejado el país.-
- ¿Qué vas a hacer, Mione?- el rostro de Ron está lleno de interrogaciones. Incluso es el de Ginny, que es tan lista, y el de Harry, que es un estratega brillante. Pero ellos no saben de política de guerra, me temo.
- Voy a llenar de agua el hormiguero, para que salgan todas las hormigas.-
Harry me detiene, yendo camino a la ducha. El pasillo está cuajado de Aurores, y se han llevado el cadáver.
- Deberías estar en cama.-
Lo miro a los ojos. Hay un tormento secreto en ellos. – Estoy bien, Harry…-
Mis sábanas aún flotan en agua ensangrentada. Pero no me importa. Me doy un baño ardiendo, y luego, me visto: tengo que encontrar a Ephram Rookwood. Y necesito a Draco en esto. Si alguien puede ayudarme, es él.
0
A la salida del paso Trafalgar, un hombre encapuchado, alto y atlético empezó a seguirme. No que no tenga experiencia en atentados: trataron de matar a Lupin por lo menos tres veces. Así que lo esperé en un callejón y moviendo los pies para entrar en calor y desentumecer mis muslos cansados, preparé mi varita con un Expulso como para llevarme por delante un elefante.
El hombre encapuchado no pasa por el callejón. Despacio, me asomo.
- ¿Se te antojó jugar a Rock the Boat?-
Casi me salgo de mi piel cuando una mano me atrapa el hombro. Sólo la voz lo salva de ser enviado a Nunca Jamás.
- Draco.-
- Considerando cómo has movido las cosas, pensé que sería más seguro vernos en la calle.
- ¿Más seguro?-
- Más seguro para mí, obviamente.- sonríe bajo la capucha y capto el destello de sus dientes mientras camina conmigo hacia una iglesia a medio derruir cercana. La rodeamos, y nos encontramos en un camposanto, sombreado por cipreses que han crecido demasiado, entre el pasto alto y húmedo de escarcha. Draco se sienta en una lápida con un desparpajo increíble.
- ¿Y bien? ¿A qué vino la súbita caza de brujas?-
- ¿Esperas que te cuente?-
- La verdad no.- estira las piernas: está muy delgado, más que Harry y Ron, y me imagino que tantas privaciones deben haber pasado la cuenta en el niño debilucho que siempre fue.- Pero es agradable charlar. Máxime cuando me he pasado la noche corriendo para escapar de tus Aurores.-
- ¿Quieres un pancake?-
- ¿Lo hizo Weasley? No.- Draco se encoge de hombros.- Aún me duele el estómago.-
- Como quieras.- devuelvo a mi bolsillo el atadito que Ron puso allí discretamente mientras estaba en la ducha, y meto las manos en las mangas de mi confiable y amado abrigo, que me ha durado tanto.- Quería hablar contigo.-
- Dispara. Para eso me pagas.-
- ¿Qué ha estado haciendo Vincent Crabbe?-
Sonríe.- Me imaginaba que lo pescarías tarde o temprano.- Capucha echada atrás, cruza los brazos como yo.- Ha estado sacando mortífagos del país, a cambio de especie. Y como te puedes imaginar, ha juntado bastante dinero. –
- Me hablaron de una casa, Draco.-
- Oh. Pues te aviso que no era la que allanaste esta mañana en el East End, con tu amiguito Potter estelarizando.-
- Lo sé.-
- ¿Entonces para qué…?- su rostro se ilumina y frunce el ceño a la vez.- Ya veo. Naughty naughty girl. Eres evil, ¿sabías? ¿Haciendo suficiente alboroto, distinguirás a los culpables porque corren más que nadie?-
- Ajá.-
- Y supongo que en una dirección. Ya sabes, no mates la hormiga, síguela.-
Lo miro. Él suelta el trapo de la risa y me mira de regreso.
- Acabas de hacerme sentir mejor por ser segundo lugar todos esos años.-
- ¿Qué sabes de esa casa?-
- Eres como un bulldog, ¿sabías? Nunca sueltas presa… me pregunto si eres así en la cama…-
Hace unos años, me habría sonrojado. La verdad, hace unos días. Ahora, ya no: sólo pienso en dolor, y suciedad, y el poco de algodón que tengo conteniendo una hemorragia.
- Vincent la tiene para los mortífagos en espera de conseguir su salida. Sé que está en algún lugar de la costa escocesa, en un lugar llamado Deadevil's Point, pero no sé más.-
- Gracias.- digo, levantándome. Siento la mirada de Draco en mí.
- ¿Vas tras Vincent?-
- Sí.-.
- ¿Puedo ir contigo? Londres no es seguro para mí ahora, y Vincent me debe cien libras.-
Lo miro desconcertada. Tiene su interés para mí tener un guía, y no tengo Aurores para estar desperdiciando en lo que puede ser una búsqueda estéril. Inglaterra se las puede arreglar un par de días sin mí, espero. Pero Draco… ¿qué interés puede tener en…?
Supongo que el que si lo agarran los Aurores me tenga al lado para evitar que lo maten cuenta.
- Está bien.-
… y necesito alejarme de Harry. Como sea.
