Capitulo 4.

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Hermione no respiró tranquila hasta que el autobús noctámbulo la dejó afuera de 'El caldero chorreante'. Ella había supuesto que requeriría de unas monedas en caso de emergencia después de la amenaza de Harry, así que guardo justo la cantidad para hacer su rápida escapada en caso de que él estuviera ahí.

Se quedó un momento ahí en la calle, tratando de que su corazón dejara de palpitar tan endiabladamente y miró al cielo: se había tornado de un color rojizo. Le indicaba que el anochecer estaba cerca y ella aún debía caminar mucho para regresar a su abandonado refugio. Inhaló y exhaló varias veces y caminó con tranquilidad lejos de ahí.

Su caminata le ayudó a relajarse mucho, pero también a pensar en todo lo que Luna le había comentado. Sacó a conclusión de que ella, Hermione, estaba tomando la decisión correcta: irse lejos y dejar que el ciclo de su vida se cierre. Ahora podía hacerlo sin mirar atrás. Si acaso había alguna asociación para mujeres en su situación, ella ni lo sabía ni lo quería. Ya no deseaba ser vista o ayudada... solo deseaba acabar con las penas que parecían arrastrarla a un abismo demencial.

Después de dos horas de caminar, llegó por fin a la casa abandonada y apunto de ser demolida. Como ella ya había quitado los seguros de la puerta, no hizo falta sacar la varita.

Con un gran suspiro, se sentó frente a la chimenea de fuego morado. De nuevo, su mente divagó lejana a los recuerdos en Hogwarts, pero sobre todo, Harry. El peso de saber que estaba comprometido le comía la mente, pero igual sonrió para sí, convencida de que por fin las cosas se iban poniendo en su lugar.

De repente, sintió que el espacio alrededor de ella se condensaba en algo que no había sentido desde hacía meses. Pudo percibir presencias en el mismo lugar que ella, pero no pudo escuchar nada fuera de lo normal. Asustada, se puso en pié y miro alrededor; cinco figuras apenas visibles estaban paradas por donde ella había entrado. Hermione no sabía quienes serían, pero horror la golpeó cuando una de las figuras demostró ser real cuando habló.

-Mucho tiempo sin verte, sangre sucia.

La fría voz de Draco Malfoy no hizo mucho eco pero le atravesó el alma como un mal presagio.

-¿Qué... qué hacen aquí?- preguntó Hermione asustada -¿Cómo supieron...

-Te seguimos- respondió Zabini indiferente –Nott te vio llegar en el autobús noctámbulo hasta 'El caldero chorreante' y te siguió. No sabía que ahora eras indigente... la gran prefecta y 'premio anual' de Hogwarts.- Los otros rieron ante la insidiosa burla del moreno.

Malfoy empezó a caminar hacia ella hasta que la luz del fuego iluminó su rostro: las sombras lo hacían ver aún más tenebroso y su mueca burlona le trajo de golpe el recuerdo de aquél sábado... la respiración de Hermione se volvió agitada y se odió a sí misma por temerles.

-¿Por qué me siguieron?

-Bueno... pensamos que podríamos divertirnos un rato, no te parece?- sugirió Malfoy como si tuviera una simple charla con un viejo amigo. –Nos queríamos asegurar que todo estaba bien. Sabes? Te has portado como una buena chica al no haber soltado la lengua, pero no es suficiente.

-¿Qué quieres?- preguntó Hermione dando un paso atrás.

-¿Qué nos puedes ofrecer?

-No tengo nada.

-A mí me parece que si.- con dos largos pasos, Malfoy se acercó a Hermione y la aventó contra la pared detrás de ella, haciendo que se golpeara la cabeza. La chica, a pesar de que su visión se nubló por un instante, sacó de su abrigo la varita pero Malfoy, de un manotazo, la arrancó de su mano y al abofeteó. El rubio apretó su cuerpo contra el de ella, sujetó el rostro de Hermione con una mano y con la otra acarició su cuerpo desde el cuello y descendiendo –Todavía podemos divertirnos un rato. Hay cosas que aún quiero hacerte...- hizo una pausa cuando la mano que tocaba a la chica llegó hasta su vientre y notó el pequeño bulto que la chica escondía bajo la ropa. -¿Qué es esto¿Engordaste?

-De-déjame... por favor.- la voz de Hermione se quebraba ante el miedo de que la fueran a lastimar.

Malfoy apretó el vientre con su mano y la chica dejó salir un grito de dolor.

-Vives como indigente... pero engordaste?... espera...- los ojos de Malfoy se abrieron en un gesto que indicaba su sorpresa. –Estás embarazada.

De las bocas de los otros muchachos salieron sonidos de sorpresa mientras que el rostro de Malfoy se contorsionó en una que era mezcla de diversión, sorpresa y nauseas.

-Por favor... no-no nos hagas daño- susurró Hermione suplicando, pero esto pareció ponerlo furioso y Malfoy la abofeteó de nuevo. Con una mano empuñó el cabello de la chica y la lanzó al suelo, donde Hermione apenas pudo meter las manos para que su vientre no hiciera contacto.

-Me da la impresión de que la experiencia de aquél día te agradó... así que guardaste un 'recuerdito'. Lamento decirte que no puedes conservarlo- la fría voz de Malfoy llegó hasta ella como promesa latente. La chica le miró desde el suelo con sus castaños ojos pidiendo piedad. -¿Tan bien la pasaste que no quisiste deshacerte de la criatura?

-No soy una asesina.

-Pero lo intentaste... supimos lo que hiciste en el tren... es por eso que no tienes a donde ir. Es por eso que te convertiste en una indigente... como sea, esa criatura no debe nacer.

-¿Qué?- murmuro Hermione furiosamente. Malfoy hizo una seña a los otros y Crabbe y Goyle se acercaron a la muchacha, se pusieron de rodillas junto a ella y le quitaron el abrigo, el cuál botaron sin fijarse donde caía. Hermione forcejeó para que no la desvistieran, pero fue inútil. Los dos gorilas le sujetaron ambos brazos mientras Malfoy se desvestía lentamente frente a ella.

-No creerás que voy a permitir que tengas a esa... cosa. Sería una abominación viniendo de ti. No hay sociedad en este mundo que pueda aceptar un ser que seguramente va a nacer anormal. Un ser repugnante... quizás no sea ni mago ni muggle, sino un squib... hijo de una sangre sucia.

-No, no... por favor, no.- el urgido tono de vos de Hermione fue acompañado de patadas para forcejear contra sus captores pero uno de ellos le soltó un puñetazo en el ojo derecho para detener sus frenéticos movimientos, mientras el otro le desabrochaba el vestido y se lo quitaban, sin desaprovechar la oportunidad de tocarla.

-Antes nos divertiremos un poco.- para entonces, Malfoy ya no tenía ni camisa ni pantalón y solo conservaba sus boxers. Abrió las piernas de la chica y, sin importarle aplastar su vientre, se acostó sobre ella. Con una mano arrancó las pantaletas de Hermione y se bajó los boxers. De nuevo, Malfoy la penetró de golpe y la chica soltó un grito de dolor. Al oír esto, Zabini levantó la voz para lanzar un hechizo silenciador a la casa que, por unos instantes, se iluminó. Él y Nott se acercaron para ver la acción, todos mirando la escena con rostro psicópata.

-Ahora estás más estrecha...- gimió Malfoy en el oído de Hermione y empezó a moverse lentamente. – Parece que después de todo, el embarazo te sienta bien.

Hermione lloraba y gemía. De nuevo se repetía aquel horrible sábado, pero ahora su terror era doble. En muchas de sus pesadillas, una y otra vez, se veía atacada por ellos... pero siempre se despertaba. Ahora no. Ahora estaba despierta, y sabía que esta vez sería peor.

De nuevo la violaban... de nuevo disponían de ella como un juguete. Ella observó en los grises ojos del rubio que lastimarle le causaba un placer enorme, y Hermione no podía evitar aullar, gemir, gritar y llorar de dolor mientras las manos del rubio y su boca se posesionaban de todo lo que encontraba: cuello, seno, pezones, muslos...

Entonces, el rubio aumentó el ritmo. Ahora la penetraba más rápida y fuertemente mientras él gemía regocijado... hasta que se vino dentro de ella.

Durante un largo rato, todos se turnaron para penetrarla, a veces de manera salvaje, otras un poco lento para que Hermione fuera capaz de sentir sus miembros invadirla. De hecho, Malfoy volvió a penetrarla, pero ahora Zabini le acompañaba... ambos la penetraron al mismo tiempo y Hermione pudo sentir su ano desgarrarse. Cuando ella gritó ante tal herida, Malfoy la abofeteó de nuevo, mientras los demás gritaban a coro '¡más, más, más!'.

Era obvio que la chica llorara. Todo en ella se desmoronaba, incluido su propio cuerpo adolorido. Lo único que por su cabeza cruzaba era una plegaria a los cielos para que aquello terminara pronto... pensó en su bebé... y en que tal vez sería mejor que hicieran con ella lo que quisieran... ya no le importaba.

Malfoy y Zabini se vinieron dentro de ella y se salieron de su cuerpo. Un terrible ardor en ambas entradas fue lo único que pudo sentir mientras lloraba.

Entonces, un dolor aún más fuerte le recorrió el cuerpo, como cien navajas ardientes entrando en su carne... Malfoy le lanzó la maldición cruciatus con toda la vehemencia posible, y Hermione gritó con todas sus fuerzas. Una y otra vez, el rubio la torturó por largos minutos mientras los otros cuatro miraban ahora un poco asustados.

-Espera, Malfoy- lo detuvo Zabini cuando el rubio estaba a punto de torturarla de nuevo. –Creo que estás llegando muy lejos. A este paso vas a matarla.

-No creí que te importara.- comentó Malfoy con desdén.

-No del todo. Es solo que no quiero que me acusen de asesino.

Hermione escuchaba la interacción desde el suelo, donde se retorcía de dolor cubriendo con ambas manos su vientre. Cuando levantó la vista, con su ojo izquierdo porque el derecho estaba cerrado por el puñetazo, pudo ver el rostro de Malfoy en total ausencia... hasta que conjuró un látigo.

Sin más, Malfoy levantó el látigo y, antes de que asestara el golpe, Hermione se acostó boca abajo, haciendo que la gruesa tira de cuero le azotara la espalda. Ella gritó cuando sintió su carne abrirse y la sangre empezó a correrle... y de nuevo sintió el azote... una y otra vez, Malfoy la azotó con todas las fuerzas que su brazo derecho pudiera juntar.

Después de varias veces de hacer esto, Zabini lo interrumpió.

-¡Ya basta, Malfoy¡Ya fue suficiente!

Hermione seguía con la vista hacia el suelo mientras escuchaba forcejeos. No podía moverse, pero su cuerpo temblaba violentamente.

-Tienes razón- jadeó Malfoy –Ya nos divertimos lo suficiente. El engendro ya debe haberse muerto, está sangrando bastante.- Hermione sintió la presencia del rubio cerca de ella y movió la cabeza para verlo. Malfoy la miraba con lástima y desprecio. –Que no se te olvide, sangre sucia. No vales nada.- y el rubio le escupió en la cara, se puso de pié y se escucharon sonidos de desaparición.

La visión de Hermione se nublaba poco a poco mientras sentía su espalda y piernas sangrar. Sentía una agonía detestable ante la impotencia de no poder hacer nada. Era cierto que deseaba morir... ahora más que antes, pero le repugnaba saber que moriría de una manera tan humillante. El agotamiento y debilidad de su cuerpo la llevaban a la rendición. No quería morir en ese lugar... no de esa manera... encontrarían su cuerpo y probablemente los periódicos amarillistas la expondrían... los que la conocían sabrían de su humillación... sentirían lástima por ella.

-Mamá... Papá...- se recostó de lado en el suelo y con su ojo bueno miró alrededor: sus cosas ya no estaban, lo único que pudo ver fue el vestido y los zapatos que llevaba puestos tirados en el suelo. Su cuerpo cimbraba, sus nervios habían dejado de funcionar correctamente. Colapsaba en ella todo lo que le había sucedido desde que sus padres murieron... sin poder evitarlo, perdió el conocimiento.

Hermione despertó por el dolor y ardor en su cuerpo que, por cada herida, era una punzada, una oleada de sufrimiento.

Al instante recordó lo que había pasado y su cuerpo empezó a temblar, ahora por coraje, tristeza y debilidad. Su ojo derecho no se abría debido a la hinchazón, pero con el izquierdo pudo ver que ya no había fuego y la oscuridad de las ventanas se desvaneció. El sol asomaba a través del cristal, pero Hermione no podía imaginar cuánto tiempo había pasado inconsciente en el suelo. Para ella fue un milagro no haber muerto.

Aprovechó saber que aún seguía con vida y, con dificultad, se movió a gatas a través de la sala, buscando lo que quedó. Se dio cuenta de que en la chimenea quedaba lo que ella tenía. Algunas cosas como la manija de su baúl y pastas de libros quemados, así como pedazos del león de peluche, permanecían inertes sobre la montaña de cenizas.

Aún desnuda, cogió su vestido y, tambaleándose, se puso en pié y recargo su cuerpo sobre una pared, caminó lentamente hasta el baño y mojó su vestido. Tuvo que dar varias vueltas de la sala al baño y de regreso. Mojaba su vestido con el agua de la regadera y volvía para limpiar la sangre y semen regados por el suelo, mientras su propia sangre seguía cayendo, dejando un rastro de gotitas.

Después de que le pareció que el lugar estaba lo suficientemente decente, volvió al baño y ella misma se empapó del agua helada que aceptó con gusto. El frío del líquido apenas lograba calmar el ardor de las gruesas heridas. Ahí mismo lavó su vestido, cerró la regadera, se puso la prenda y fue por sus zapatos.

Ya no podía más. Se sentó en el suelo frente a la chimenea titiritando cuando el frío de la humedad penetraba su piel. Jadeando de agotamiento, se recostó nuevamente mientras la oscuridad del anochecer iba cayendo.

-Tu sabes que te amo, verdad bebé?- susurró Hermione poniendo una mano sobre su vientre. –Perdóname... pero tengo que hacer esto. Ya no tengo varita pero igual voy a intentarlo. Verás que todo va a salir bien... te lo prometo.

Hermione cerró los ojos, inhaló y exhaló despacio varias veces y se desapareció.

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Después de que Hermione la visitara, Luna se decidió a hablar con Harry. No pensaba decirle que la castaña había ido a verla, pero tampoco sabía qué decirle.

Cuando llegó a Grimmauld Place supo la verdad... una verdad que despejó dudas de su mente... una verdad indignante. Harry no estaba en casa, pero si dos personas, una de ellas vivía con el ojiverde, y Luna escuchó por accidente...

Por desgracia ya estaba oscureciendo y tenia que planearlo todo lo mejor posible, dejando a un lado su aire fantasioso y reemplazándolo por total seriedad. Regresó a su casa y se contactò con las personas necesarias para el trabajo... al día siguiente estallaría la bomba, y Luna esperaba que fuera a tiempo. Estaba decidida a lo que fuera. Solo ella podía lograrlo.

Muy temprano al día siguiente, Luna usó la conexión flu para contactar a Ron, quien se alteró cuando Luna le interrogó como si fuera un delincuente. La rubia pensó que no era momento de decirle nada aún, pero le pidió al pelirrojo que confiara en ella e hiciera lo que le había pedido, jurándole que todo era por el bien de Harry.

Así, a las dos de la tarde, echó a andar el plan.

Por petición de Ron, Harry quitó la alarmas del número 12 de Grimmauld Place, según el pelirrojo le dijo, para que Harry sorprendiera a Cho con un regalo que entre Ron y Luna habían formulado. El ojiverde aceptó.

Ya iban a entrar los muchachos cuando Luna se quitó la capa de invisibilidad frente a ellos. Ron notó que su novia llevaba un frasco en la mano izquierda.

-¿Qué demonios...

-No hay tiempo para eso- interrumpió Luna a Harry, quien de seguro quería saber qué hacía ella con su capa. –Antes de entrar, Harry, quiero que bebas esto.

-¿Qué es?

-Es una poción energética.

-¿Para qué la quiero?

-Confía en mì... te aseguro que no sabe mal- añadió Luna cuando Harry intercambió miradas de extrañeza con Ron, y como éste confiaba ciegamente en Luna, el ojiverde aceptó y bebió del frasco un líquido que sabía a menta, eucalipto y una pizca de clavo... y algo más, pero Harry no sabía qué era. Poco a poco, el ojiverde sintió como si despertara de un largo sueño, de un letargo en el que permaneció como convaleciente.

-Síganme- dijo Luna y cubrió a los tres con la capa. –Pase lo que pase no hagan ruido hasta que yo les diga¿Está claro?

Los chicos aceptaron en silencio y, de la misma manera, entraron a la casa. Luna los guió hasta el corredor de la cocina y, sin entrar, alcanzaron a escuchar dos voces del interior con facilidad pues la puerta estaba abierta.

-... y esto... tallo de mandrágora.- y se escucho algo que caía sobre un líquido. La voz era de Cho. –En una hora estará listo. Ya verás cómo de ahora en adelante no tendré de que preocuparme, Marieta.

-Te digo que no está bien, Cho. Yo siempre te he apoyado, pero esto... ¿Ya pensaste que tal vez la poción puede dejar loco a Harry¿Y si se enteran cuando lo llevemos a San Mungo? Yo creo...

-Basta, Marieta. Te asustas por nada.- el relajado tono de la oriental hacía que su amiga se alterara más. –He triplicado la concentración pero no se va a morir... no me voy a quedar viuda antes de casarme. Necesito que se vuelva loco por mí.

-¿Y si de verdad se vuelve loco? Piénsalo, Cho.

-¡Bah! No lo creo. Él es un tipo fuerte. No por nada derrotó a quien-tu-ya-sabes.

Para este momento, Harry sintió como si una neblina que cubría su mente y sentidos se disipara y un frío le recorriera involuntario.

-Pero es una poción prohibida. Amortentia con tal grado de concentración puede traer graves consecuencias, nadie lo ha hecho hasta ahora. Las dosis que le has dado desde que lo atendiste en la enfermería han sido pequeñas y efectivas.- parecía que el miedo de Marieta iba más allá de la moralidad porque escucharon los pasos de la chica ir de un lado a otro como león enjaulado. –Y lo del tren... ya te deshiciste de Granger, ya no hay peligro. Ella no volverá. No veo porqué seguir envenenando a Harry.

-Tengo que asegurarme...- dijo Cho. En su voz se distinguía el estrés. –no puedo arriesgarme... sin embargo pensaste muy rápido cuando estábamos en el tren. Si la estúpida sangre sucia no hubiera escuchado nuestro plan, y tú no hubieras actuado rápido... bueno, fue una suerte que se te ocurriera modificar su memoria. Me dolió el golpe que me diste... ¡Hasta me sangró la boca!, pero valió la pena. Apenas tuve tiempo de hacer la maldición asesina con la varita de la chica antes de que reaccionara.

-No debí hacerte caso.

-Eres mi amiga, Marieta. Las amigas se apoyan.

-¡Pero simular que Granger trató de matarte y ayudarte a volver loco a Harry Potter no es ser amiga¡Eso es ser cómplice!

Lo que estaban oyendo Harry, Ron y Luna los dejó mudos. Aún escondidos bajo la capa, entraron sigilosamente a la cocina y vieron a Cho y Marieta una frente a la otra, ambas sonrojadas por la discusión. Un caldero en el fogón hervía como loco.

-¡Cállate¿Que tal si Harry viene antes y nos escucha?

-Dijiste que se fue hace rato y no va a volver sino hasta las seis.

-Error. Le ORDENÉ que volviera a las seis. El muy tontito...- Cho se rió entre dientes y eso fue lo que hizo que la sangre de Harry hirviera como el contenido del caldero. Luna retiró la capa que los cubría y ella, Harry y Ron les apuntaron a las chicas con sus varitas.

-No, TÚ estas en un error.- la voz de Harry era tan fría que hubiera congelado la cocina entera. Ron estaba rojo de furia y Luna, al igual que su novio y el ojiverde, las miraba con enorme repulsión.

Cho y Marieta pegaron un grito de sorpresa y el color de sus rostros se esfumó.

-No... no es lo que piensas, Harry querido.

-Ni siquiera hace falta que te justifiques, Cho. Lo he escuchado todo... pero ahora mismo haré que se arrepientan. Las voy a llevar al Ministerio de Magia y pagarán por todo lo que hicieron.

-No hace falta, Harry.- se escuchó la voz de Kingsley Shackelbolt, actual Ministro de Magia y, ante los ojos de todos, el hechizo desilusionador de disipó... y junto a él, Tonks y Remus, los tres apuntando con sus varitas hacia las dos muchachas.

-Lo escuchamos todo y...- dijo Tonks levantando en su otra mano, una esfera como las que había en el departamento de misterios. –además lo grabamos.

-Pero, cómo...?- Ron volteó a ver a Luna, pero la rubia miraba con asco a Cho y Marieta.

-Yo les dije que vinieran. No les dije par qué. Solo dónde y a qué hora. Les dije que era cerca del bienestar de Harry.

-Bien, señoritas- dijo Kingsley en tono imponente –en este momento están bajo arresto y serán llevadas a juicio por perjurio e intento de asesinato.

-¿Perjurio?- pregunto Marieta.

-¿Intento de asesinato?- preguntó Cho. Ambas temblaban de pies a cabeza.

-Perjurio por implantar evidencias falsas para inculpar a Hermione Granger de algo que no hizo, y uso ilegal de una maldición imperdonable.- aclaró Tonks -... e intento de asesinato contra Harry Potter. La sustancia no solo es prohibida, sino que, además, en cantidad y concentración peligrosamente excesiva.

-Eres una vergüenza para la casa de Ravenclaw, Cho Chang- las palabras de Luna llevaban ponzoña. –Sabía que algo no estaba bien... pero jamás imaginé que fueras capaz de algo tan bajo, tan ruin... y aún así, cometiste un error. No solo subestimaste a Harry, sino también a Hermione. Si no fuera por ella, no hubiera venido ayer y no me hubiera enterado de lo que ibas a hacer...

-Tu...- gruño Cho entre dientes mientras Tonks le ataba a ella y Marieta las muñecas con unas muñequeras mágicas para que no pudieran desaparecer y les quitaba las varitas.

-¡Accio anillo!- grito Harry, y el anillo del dedo anular en la mano izquierda de Cho salió volando hasta él. –No tengo adjetivos para nombrarte, Cho. Pero reza para que Hermione te perdone porque yo no lo haré. Lo que hiciste no tiene nombre. Por mí, puedes recibir el beso de los dementores. No vales ni un knut partido a la mitad.

-¡Pero yo te amo, Harry!

Antes de que el ojiverde dijera nada, Luna, en tres zancadas, se acercó a Cho y le dio un puñetazo en la nariz con un doloroso 'crack' cuando el hueso se rompió. La oriental se tiró al suelo con aullidos de agonía y Luna se frotó los nudillos de la mano izquierda, volteó a ver a Harry quien, al igual que los demás, la miraban impresionados y ella le dijo al ojiverde.

-¿Qué?- preguntó Luna de manera inocente –Tu no puedes pegarle a una chica porque eres un caballero... pero yo si puedo.- y le dedicó una mueca de diversión. Tonks y Remus sonrieron con beneplácito y con ayuda de Kingsley, todos se fueron al Ministerio de Magia vía flu.

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En una de las oficinas de los aurores, se encontraban todos rindiendo declaración mientras un par de sanadores fueron llamados para revisar a Harry, Luna y Cho.

Luna les dijo que Hermione la había visitado el día anterior y relató la preocupación de la castaña, así como la experiencia cuando se dieron la mano, y lo que ella pudo escuchar a las dos acusadas decir cuando les cayó de sorpresa en Grimmauld Place. Harry poco a poco se hacía consciente de lo vivido durante todos los meses desde que estuvo en la enfermería de Hogwarts. La poción que Luna le había dado contrarrestaba las dosis de amortentia que Cho le había dado de manera disfrazada y sutil a Harry en cada visita.

Pero realidad les golpeó como bofetada con sartén: no solo acusaron falsamente a Hermione, sino que, además, se había ido del país y nadie sabía dónde localizarla. Pensaron que sería fácil contactarla por medio de Hedwig, pero no sabían que la magia de Hermione era casi nula debido al bloqueo que el trauma de ser violada le provocó, así como tampoco sabían que ahora su varita había sido reducida a cenizas. Solo esas dos cosas hubieran podido guiar a las lechuzas, pero a falta de éstas, no la encontrarían. Lo peor es que ellos no tenían ni idea de aquello.

Para Harry era el acabose del mundo. Su amada Hermione permaneció exiliada por una sucia trampa y se preguntaba si algún día los perdonaría. Dudaron de ella... la trataron con la punta del pié. De no haber sido por la breve visita que le hizo a Luna y esta no hubiera sospechado, probablemente Harry le estaría haciendo compañía a los padres de Neville en San Mungo.

Ron y Luna prometieron movilizar gente para empezar la búsqueda. Harry, entonces, se armó de valor y fe.

Se jurò que no descansaría hasta encontrar a Hermione.

----- CONTINUARÁ -----

A/N¿Qué tal? Soy mala, verdad? Por si se lo preguntan, no, no tengo nada en contra de Hermione. Es, como ya les había dicho, una idea que me vino a la cabeza. De cualquier manera, les pido una disculpa si he ofendido a alguien. Me pareció que era buena idea poner esta historia. A lo mejor los siguientes capítulos van a tardar un poquito porque aún estoy escribiendo otras dos historias al mismo tiempo (solo a mi se me ocurre!!!), pero trataré de apurarme, ok?

Sigan pendientes!!!!