Día 4. Oscuridad-obscuridad.

En esa lúgubre cueva el invierno azotaba sin piedad. Una ráfaga de viento había logrado apagar el fuego que hasta hace unos momentos le brindaba el calor y luz necesaria. Y empezó, despacito, a adentrarse en la densa niebla de los recuerdos.

Aquel espejo de su conciencia era implacable, y hasta hace no mucho encontró la manera de enfrentarse a ese reflejo, el reflejo de aquel abominable ser que en sus ojos cualquiera podía ver el odio y el dolor…

Una vida marcada por las decisiones de otros, una vida vacía, una vida envuelta en la oscuridad.

En momentos como aquel la nostalgia de una vida que no fue y de una vida que quizá no mereció. En ese momento la oscuridad y el frio, en su viaje de redención era como un recuerdo de las cicatrices que cargaba en su alma, de aquella guerra eterna entre el calor y el frio. Una pequeña chispa lo obligó a volver a la realidad, Sakura intentaba encender nuevamente la pequeña fogata, con una mueca de concentración.

Consiguiéndolo al fin, devolviéndole el calor, sacándolo de su oscuridad.