Fuerza Sobrehumana
Reto 20 días OTP!Vampire del Foro I'm Sherlocked
-Entonces, ¿Qué te parece regresar a Baker Street?
-Sinceramente, no me agrada la idea. –Contestó el doctor, frunciendo el ceño. ¿Quién sabría lo que podría llegar a intentar el detective? No confiaba en él. – Pero conozco otro lugar. Vamos.
John caminó hacia el lado contrario, no enfilando para Baker Street sino para su propia casa. Si tenía que llegar a recurrir a algún enfrentamiento físico, prefería que fuera en su territorio. Por lo menos dispondría de su revólver.
Sherlock, en silencio, lo siguió. Sabía que no era probable que el rubio lo llevara a cualquier otro lado que no fuera su casa, pero al mismo tiempo se debatía entre decirle o no que no podía entrar a menos que lo invitaran. El trayecto no fue muy largo, después de todo, no le había llevado más de quince minutos a John llegar al pub.
Subieron las escaleras hasta su departamento aún en silencio, cosa que comenzaba a molestar al más alto.
"¿Vamos a seguir sin hablarnos? Esperaba algo más entretenido que esto."
-¿Podrías por favor dejar de hacer eso? Es… raro, molesto. Y ya casi llegamos, así que aguanta un poco más. –Añadió el otro, sacando las llaves del bolsillo. John abrió la puerta y la dejó abierta para que otro pasara, pero no dio indicaciones de hacer nada más. Sherlock maldijo para sus adentros.
-¿Qué te pasa? -Preguntó el doctor - ¿No que querías hablar? Aunque por mí no hay problema si quieres hablar en el pasillo, pero preferiría que los vecinos no nos oyeran.
El de cabello oscuro dudó unos momentos. –Es que… -John lo miró divertido. ¿Al fin se había quedado sin palabras? – No puedo entrar, a menos que me invites. –Terminó de decir, mirándolo con intensidad. Si se oponía a dejarle pasar, siempre podía insistir.
El doctor hizo justamente lo que él esperaba: Acabó por cerrarle la puerta en la cara y trabándola con llave. No sabía por qué lo había hecho en el momento, aunque después se daría cuenta de que si pensaba mantenerlo fuera así, era muy ingenuo.
"¿De verdad piensas que esto me mantendrá lejos de ti, John? No arruines la impresión que tenía de ti."
Al principio, el doctor no quiso responder, se negaba a seguirle el juego. Lo ignoró y fue a por el revólver que había conservado desde la guerra, que estaba guardado en el cajón del escritorio. No sabía si Sherlock terminaría por marcharse o no, pero era mejor estar preparado. Chequeó que aún tuviera algunas balas y le quitó el seguro.
"¿Planeas abrir esta puerta en un futuro cercano? Te lo advierto, John Watson, no me provoques."
Con el revólver en mano, se acercó a la puerta, esperando oír signos de que el vampiro aún seguía allí fuera. Apoyó su mano en el picaporte y giró la perilla, escondiendo el arma tras él. En el portal seguía estando el de cabellos oscuros, que lo miraba de mala manera.
-No es muy cortés dejar a un invitado esperando. –Se quejó el otro.
"Déjame pasar."
John suspiró y se hizo a un lado para dejar espacio. –Pasa. Pero cuidado con lo que haces.
Sherlock sonrió de lado y pasó junto al médico como si nada. –Mucho mejor ahora, gracias. Aunque puedes poner el arma donde la vea, es evidente que crees que eso te protegerá. No me molesta que creas eso, si te reconforta.
El rubio trató de no hacer ningún gesto que lo delatara, pero terminó por tener el revólver en el bolsillo de la chaqueta a la vez que hacía pasar a Sherlock a la única habitación que tenía. No había estado pasando por una buena situación económica después de volver de la guerra, Londres era una ciudad demasiado cara para vivir. Había estado buscando algún empleo hasta que consiguió el del hospital, pero no igualaba a la práctica privada que había poseído en algún momento.
John se sentó en la cama, mientras que el detective tomaba una silla y la posicionaba frente a él.
-Bien… -Comenzó el más bajo. – Dime, ¿por qué te intereso? ¿Qué es lo que quieres?
-Haces las preguntas correctas, eso es interesante. Imagino que sabes qué es lo que quiero de tu persona, ¿no es así? –Preguntó sarcásticamente el otro – En cuanto a tu primera pregunta… no sé con exactitud.
-Es decir, lo único que te interesa de mí es mi sangre. Brillante. –Respondió también con sarcasmo a la vez que se frotaba la sien.
Sherlock se levantó y se acercó a él, tomando la mano del doctor y mirándolo a los ojos. -¿Acaso esperaba que me interesara algo más de ti?
John apretó el revólver en su bolsillo y lo extrajo rápidamente, apuntando al vampiro con él. –Aléjate. Te dije que no te me acercaras.
Sherlock suspiró, y con la mano libre tomó el cañón del arma para luego estrujarlo como si fuera papel. John abrió los ojos sorprendido. No era posible que hubiera doblado el cañón con solo su mano.
-Y yo te dije que no me provocaras. Estás siendo difícil. Vine aquí a hablar, quizás algo más, pero no a ser apuntado por tan primitiva arma. –Rebatió el más alto, tomando esta vez ambas manos del doctor.
-Suéltame. –Ordenó John, mirándolo con desprecio. No iba a dejar que el detective lo intimidara.
-No. Ahora, puedes hacer esto fácil o difícil. Me molestó mucho no tener noticias tuyas durante esta semana, John. Creo que tendré que vigilarte más de cerca, lo que significa que te trasladarás a Baker Street conmigo. Sí… creo que esa sería la opción más viable.
El más bajo lo miró como si estuviera loco. –Claro que no. No puedes obligarme, y no quiero. Olvídalo.
Sherlock se separó de John y sonrió fríamente. –Claro que lo harás. Y creo que la sangre de Harry apreciaría mucho seguir corriendo por sus venas.
El otro lo miró furioso, pero intentó controlarse sabiendo que nada de lo que hiciera valdría la pena y no haría el menor rasguño al vampiro. –Deja a Harry en paz. Ella no tiene nada que ver, la tocas, y me aseguraré de matarte así sea lo último que haga, Sherlock.
-¿Ella? ¿Ella es mujer? –Preguntó anonadado el más alto. – No puedo creerlo, siempre hay algún detalle.
El doctor prefirió no hacer ningún tipo de comentario sobre cómo podría haberse enterado el detective sobre su hermana y simplemente decidió ignorarlo. –Vete, Sherlock. Largo.
El de cabello rizado lo miró. –No puedes echarme.
-Claro que puedo. Acabas de amenazar a mi hermana, decides sobre mi vida como si fuera de tu maldita incumbencia. ¡Vete, no puedes esperar que me agrade tenerte aquí después de algo como eso!
-De acuerdo –Accedió, aunque lo miró de mala manera. –Mañana me encargaré de venir por ti. Mycroft se encargará de llevar tus cosas. –Añadió como si nada el detective, volviendo a transformarse en un gato. El felino saltó grácilmente por la ventana hacia el edificio de al lado, desapareciendo en la oscuridad y dejando a John preguntándose quién demonios sería Mycroft. Lo único que él esperaba era que no fuera otro vampiro más.
Negó con la cabeza antes de cerrar bien la ventana y la puerta, y se sentó en su escritorio a escribir sobre lo sucedido hasta entonces, quién y qué era Sherlock Holmes. Y aunque la idea se le antojara ridícula, decidió investigar más sobre esos "vampiros". Todavía no podía creer que hubiera accedido tan fácilmente a vivir con él.
