Kagome PoV

-¡Vamos! Despierten, maldita sea- Gritaba Bankotsu, mis ojos se abrieron perezosamente, pero ningún resplandor o rayo de luz se poso en mi rostro. Miré al horizonte y el sol todavía no había comenzado a salir.

-¿Por qué nos despiertas tan temprano?- Pregunté.

-¿ Tienes algún problema, niña mimada?

-¿A quién le dices niña mimada?- El sueño desapareció de mí como si se hubiese evaporado.

-Mm...No se…¿Ves a otra niña por aquí?

-Eres un…

-Oh vamos, Kag-Jakotsu me abrazo por detrás y apareció con una sonrisa a mi lado.- Aquí nos despertamos más temprano, tenemos cosas que hacer. Además, tú también tienes cosas que hacer.

-¿Yo?

-Sip. Así que recoge tus cosas, porque ya nos vamos- Miró a los demás guerreros, y al ver que ninguno había despertado, paró en seco- O al menos nos iremos en algún momento.

Se acercó a sus hermanos, y comenzó a patear a uno de ellos. A Mukotsu, para ser exacta. En lo que ellos se despertaban, me paré y colgué mi mochila por detrás de mis hombros, y me acerque a un manzano que estaba algo alejado de nosotros.

Las manzanas rojas colgaban de las ramas, y tomé una. Mis dientes se incrustaron en ella, y el dulce sabor lleno mi boca. Guardé algunas en mi mochila, por si me llegaba a entrar algo de hambre en el camino.

-¡Kagome! ¡Nos vamos!- Me gritó Jakotsu, quien era el único que me esperó, mientras que los demás ya habían comenzado a caminar a un rumbo que yo desconocía. Corrí hasta donde él estaba, y comenzamos a caminar, alcanzando rápidamente a los demás.

-¿Quieres una?- Le ofrecí una manzana.

-No, gracias.

-¿Seguro?

-Sí, bueno...Ohh, solo dámela- Me la sacó de las manos, y se la llevó a la boca.

En lo que seguíamos caminando, me puse a ver el cielo. Las estrellas todavía resplandecían, aún con el sol comenzando a asomar por el horizonte. Los colores se mezclaban, formando algo parecido a una danza, que era realmente hermosa.

-Hermoso, ¿No?

-Si…

-Pues acostúmbrate, porque lo verás todos los días.

-Pues entonces será una bella costumbre.

Caminábamos en silencio, pero no era incómodo. Al parecer, ellos estaban acostumbrados a tanto silencio, aunque yo no. Pero, en estos momentos, el silencio era una de mis mejores compañías.

Llegamos a un prado, que estaba descubierto, dejando que los pocos rayos del sol comenzaran a asomar por entre los árboles.

-Bien, aquí nos separamos. Nos vemos dentro de 2 meses- Bankotsu paró, dando esas indicaciones. Los demás guerreros tomaron caminos diferentes, y se alejaron unos de otros.

-¿Se separan?- Pregunté.

-Sí. No podemos estar juntos por siempre- Respondió Jakotsu

-Tu…¿También te irás?

-No estarás pensando que te quedaras sola, ¿Verdad?- Dijo Bankotsu, parándose detrás de mí, cruzándose de brazos- No sobrevivirías ni 5 minutos.

-¿Qué te hace creer eso?

-No lo sé. Tal vez porque apenas ayer te fuiste a remojar y dejaste todos tus sustentos fuera de tu alcance.

-E-Eso es diferente…- Me sonrojé al recordar el pequeño incidente que había ocurrido.

-No me parece para nada diferente.

-Bueno, bueno…-Jakotsu se interpuso entre nuestra pelea- ¿Qué tal si dejan de pelear y comenzamos a entrenar?

-¿Entrenar?

-¿No recuerdas el trato?- Dijo Bankotsu- Aprenderás a mantenerte sin ayuda de nadie, así podrás irte y caminar por estos bosques sin necesitar que alguien te defienda si llega a aparecer algún demonio o algún enemigo. Y cuando ya no nos necesites, te irás y dejará de molestarnos.

La última frase que dijo, fue como una puñalada en el pecho.

-Yo nunca pedí su ayuda.

-Pues la necesitabas. Con razón aquella bestia te reemplazó por un cadáver.

-...- Bajé mi mirada, intentando retener las lágrimas que comenzaban a asomar por mis ojos.

-Kag, no le hagas caso, es un inútil- Jakotsu intentó animarme, cosa que no consiguió.

-No...Tiene razón- Levanté la mirada, y sonreí, aún con las lágrimas cayendo de mis ojos- Soy una inútil.

Comencé a correr, como aquella noche en la que Inuyasha me engañó. A diferencia de aquella vez, ahora ignoraba los gritos de Jakotsu. ¿Por qué siempre me pasaban las cosas malas a mí?

Bankotsu PoV

¿Por qué lo hice? No lo sé.

Aquella sacerdotisa comenzó a correr sin rumbo alguno. Jakotsu le gritaba, intentando que parara.

-¡Kagome!- Gritó por última vez, hasta que ella desapareció de nuestra vista- Ya estarás contento, ¿Verdad?

-Si, en realidad. Nos sacamos un peso de encima.

-¿Un peso de encima? ¡Que rayos te pasa! Tú nunca fuiste así.

- Pues es momento de cambiar- ¿Por qué digo esto?

-Sabes por lo que ella ha pasado. Yo pase por eso, ¿Por qué eres así con ella?

-No tengo que responderte nada.

-Ni tu sabes por qué lo hiciste, ¿Verdad?

-Claro que lo sé.

-Escucho, entonces.

-...

-Ahh. Debes entender que no eres el único que importa, Bank.

Me miró y se dio media vuelta, comenzando a caminar por la ruta que la sacerdotisa había tomado. Me quedé parado en el mismo lugar. ¿Por qué lo hice?

No lo sé. Solo...pasó.

Miré el cielo, cubierto de chispas, llamadas estrellas. Formas podía notar en cada una de las que veía, todas estaban juntas, de a grupos.

Pero, dos se encontraban alejadas de las demás, pero estas no estaban juntas. Una en una punta, y la otra en la contraria.

Una de ellas parecía la más delicada que podía haber, con un destello que te atrapaba, que te hacía observar durante horas. Y la otra, todo lo contrario; estaba a punto de apagarse, tenía algo que la hacía alejarse de las demás.

El brillo de la primera, me hizo recordar la primera vez que vi aquellos ojos marrones, profundos, que parecían débiles a simple vista, pero que ocultaban un gran poder; que, más de una vez, nos mandó a mí y a mis hermanos lejos de ellos.

-Tal vez arco y flecha…-Pensé, era más que obvio que tenía buena puntería, pero no serviría, era un arma que se usaba a las lejanías.- Una alabarda sería demasiado peso para ella; una katana no estaría mal, aunque unas cuchillas también servirían en caso de emergencia.

Volví a mirar el cielo, y esta vez miré a la segunda estrella. Esta estaba un poco más apagada, estaba igual de distante a las otras al igual que la primera, esa me pareció muy familiar, y me recordó a mí mismo.

Era frío hasta con las personas más amables que había conocido en toda mi vida, al igual que lo había sido con aquella sacerdotisa de ojos marrones.

¿Por qué era así con las personas que, aun después de haberlas tratado de la peor forma posible, me trataban como la mejor persona del mundo, como su igual?

PoV Normal

Kagome seguía corriendo por el bosque que recién comenzaba a iluminarse debido a los rayos del sol, pero, en un momento, paró en seco.

¿Quién era él para decirle que no valía la pena? ¿Quién dijo que ella no podría mantenerse sola, vivir sin nadie, defenderse a sí misma? Si no podía defenderse a sí misma, siempre debería vivir de los demás. Solo sería lo que le dijo Bankotsu, solo un estorbo.

Reflexiona, si entrenaba con todas sus fuerzas, podría demostrarle, no solo a Inuyasha, si no a Bankotsu también que no necesitaría su ayuda nunca más. Pero, ¿por qué ella tenía de repente aquel interés por demostrarle a Bankotsu que no lo necesitaba?

-Yo no lo necesito, no necesito de su compasión. Bankotsu es solo un idiota más, al igual que Inuyasha. Les demostrare a ambos que no los necesito, dejaré que Inuyasha forme su vida, su propia familia, aunque me duela como nunca jamás me ha dolido una traición. Hare que Bankotsu se dé cuenta de que el algún día me necesitara más a mí que yo a él.

Apretó con fuerza su mano, formando un puño, y una sonrisa se formó en su rostro, sus ojos brillaban de la furia y las ganas de luchar.

Dio media vuelta, y volvió por donde vino. En el camino se encontró con Jakotsu, que al verla corrió hacia ella.

-¡Dios, Kagome! ¿Estás bien? Te estoy buscando hace media hora, o más todavía.

-¿Tanto tiempo me fui? -Dijo irónica.

-¿Qué te ha sucedido?

-Me decidí. Les demostrare a esos inútiles que no los necesito para poder vivir. Algún día, Inuyasha verá lo que se perdió al dejarme por un cadáver, y le demostrare a Bankotsu que se equivoca con lo que dice, le demostrare, sobre todo a él, que no soy una basura.

Jakotsu quedo en shock, y una sonrisa se formó en su rostro, aún más grande que la de Kagome.

-Hasta que razonas un poco, pero…-Aquella sonrisa de felicidad pasó a ser una traviesa- ¿Qué pasó que de repente sientes tanto interés por mi Bank?

Un sonrojo apareció en las mejillas de Kagome.

-¡Y-yo no demuestro interés por el! -Chilló.

-Cálmate, mujer, que era solo una broma, jajaja.

-...

-Entonces, ve a entrenar, y demuéstrales que vales la pena, al perro rabioso, y al idiota de mi hermano.

-¡Sí!

Volvieron al lugar en el que habían parado ellos tres, y al llegar se encontraron con Bankotsu dejando algunos troncos en el suelo. El amanecer ya había terminado, dejando en su lugar un día soleado y algo caluroso.

-Vaya, vaya -Dijo- ¿Dejaste de llorar?

-Sí, así que déjate de idioteces y dime lo que tengo que hacer, "maestro"- Dijo.

-Así que te haces la graciosa, ¿He? -Respondió Bankotsu- Pues entonces, comencemos, "alumna"

Jakotsu sonrió y se alejó de ellos para buscar algún animal que sirviera de almuerzo. Mientras tanto, Bankotsu tomó uno de los troncos que había dejado en el suelo, y se lo pasó a Kagome, que no entendió lo que quería decir.

-Intenta romperlo, solo usando tus mano.

-¿Es enserio? ¿Cómo quieres que haga algo como eso?

-Así -Tomó otro tronco, y casi sin utilizar fuerza, rompió el grueso y duro tronco a la mitad.

-¿C-como rayos-?

-Cuando puedas romperlo, habrás llegado a la primera parte de tu entrenamiento.

-Y…¿Por dónde empezamos?

-Hm…-Sonrió- Sigue mi ritmo- Dijo comenzando a correr.

Era un trote a paso lento, el cual Kagome siguió con facilidad, a medida que más tiempo pasaban, mas acelera el paso. Para Bankotsu esto no era ni una milésima parte de la velocidad que podía llegar a tener, pero para Kagome, era uno de los entrenamiento más duros que había llegado a hacer en toda su vida.

-P-para -Dijo Kagome ya cansada de tanto correr, habían corrido sin parar por las de lo que creía ella una hora, y su piernas no daban más- Solo un...pequeño...descanso- Cayó rendida en el suelo.

-¿No dijiste que querías hacerte fuerte?- Bankotsu se paró frente a ella con una mirada dura.-¿No dijiste que no quieres depender de nadie?

-S-sí pero…

-¿Pero qué? ¿Acaso todo fue una farsa, y solo eres una debilucha?

-N-no…

-No te escucho.

-No soy una debilucha.

-¿Que dices? - Posó su mano en su odio fingiendo que no había escuchado.

-¡No soy una debilucha! ¡No dependo de nadie para poder sobrevivir!

-¿Necesitas ayuda de un hijo de perra como esa bestia repugnante?

-¡NO!

-¡Entonces, ponte de pie! ¡Demuéstrales a esos idiotas que no los necesitas! -Le entregó su mano, para ayudarla a levantarse, y ella la aceptó con una sonrisa de confianza.

-¿Seguimos?-Dijo.

-Obviamente.

Antes de comenzar a trotar, Kagome tomó del brazo a bankotsu.

-Bank…

-¿?

-Gracias…

-No tienes que darlas -Sonrió, se puso detrás de ella, y le dio un pequeño empujón, para luego comenzar a correr, esta vez un poco más despacio, para que ella se acostumbrara.

PoV ¿?

¿Dónde rayos estaban esas dos idiotas? Tan solo les dije que trajeran a la sacerdotisa. ¿Tanto trabajo era?

Este santuario ya me estaba hartando, ese maldito refugio que teníamos que plantar por fuera para que nuestro escondite no saliera a la luz, para que ese grupo de idiotas no nos encontraran. Se estaba deshaciendo, pronto tendríamos que volver a cambiar de sitio.

De las puerta se oyó un golpe.

-Pasa.

-Le hemos traído lo que nos ordenó -Dijo Kagura entrando por la puerta, seguida de Kana, y luego de aquella sacerdotisa que me ponía los pelos de punta.

-Pueden irse - Dije.

Salieron por la puerta, la cual luego fue cerrada de la forma más silenciosa posible.

-Que quieres esta vez, Naraku…

-Ohh, vamos, Kikyo -Me puse de pie y me acerqué a ella, quien solo se quedó inmóvil.-Ya sabes para que estas aquí.

-Ya me arte de tu juego, solo te ayudo para poder vengarme de él, no porque te ame.

-Entonces, ¿Por qué me dejas hacer esto?

La tome de la cadera con una mano, y con la otra la agarre de su nuca y la acerque a mi rostro. Nuestros labios se encontraron, y el beso duró un tiempo, cuando nos separamos, me miró, y volvió a besarme, esta vez me dejo paso para que mi lengua se encontrara con la suya.

Entre nuestras lenguas se desató una batalla para saber quién poseía el control, el calor comenzaba a subir, mis manos pasaron de su nuca a su cuello, y de su cuello fueron bajando hasta toparse con sus pecho, los cuales ya estaban algo necesitados.

Desate el nudo de aquella vestimenta, la cual quedó algo floja, y pude extraer aquellas telas que me impedían seguir el paso hacia sus pechos. Cayó al suelo, y sus senos quedaron expuestos. Sus pezones ya estaban duros, y mis manos no pudieron evitar tocarlos.

Los apreté, y ella soltó un gemido, mi boca se alejó de la de ella, y atrape uno de ellos con mi boca, comenzando a lamerlo y a morderlo.

-P-para…

-¿Por qué? No voy a dejar pasar que estés más sensible que de costumbre. -Volví a morderlo.

-Ahh…

Mi mirada pasó a su vientre, que estaba algo abultado.

-Así que subiste algo de peso…¿No?

Cuando pasé mi mano por él para dirigirse a su entrepierna, sentí una sensación extraña.

-Que rayos…

-¡No lo toques!

Me alejó bruscamente de ella, levanto su vestimenta y se vistió por completo.

-Que rayos era eso.

-Eso no te interesa.

-Dímelo.

-No tengo que decirte nada.

Me enoje, mis fuertes pasos golpeaban el suelo a medida que me acercaba a ella, cuando la alcance, justo antes de que saliera, la tome del cuello.

-¡Dímelo!

El miedo se apoderó de ella, y susurro…

-E-estoy en-embarazada.

NO, no, no, no, no. No era posible. Ella era solo un cadáver, era imposible que estuviera embarazada.

-Imposible…-Mi mano se alejó de su cuello, y la miré pidiendo explicaciones. -Esto no era parte del trato.

-El trato era conseguir alejar a la sacerdotisa del grupo, ambos salimos ganando. Ellos se quedaron sin su recolector de fragmentos, y yo me quede con Inuyasha.

-De quien es.

-No lo sé.

-¡¿Como que no lo sabes?!

-Vaya, Naraku, nunca te había visto así.

-Te quedarás aquí hasta que sepa de quién es.

-No puedes hacer eso.

-No soy idiota, sé que también estuviste con el Hanyou.

-El cree que es de él, lo cual me facilitó el trabajo.

-¿Y lo es?

-Es posible.

-Reza porque sea así, porque si no, ese híbrido no nacerá.

Sus ojos se cristalizaron rápidamente, al darse cuenta de que si ese niño era mío, no nacería. No podía correr riesgos, era lo último que necesitaba, si ese niño nace, tendría mi aura, y cualquier sacerdotisa lo notaría. Y nuestro plan para obtener la perla de Shikon se iría a la basura.

Más vale que ese niño no sea mío…

PoV Normal

El plan de estos dos se veía con pequeños problemas. Pero en otro lugar, recién había terminado de entrenar Bankotsu y Kagome, aunque ella estaba obviamente más cansada que el primero.

-Me duelen todos los músculos.

-Cálmate, lo hiciste bien, Kag. -Jakotsu se sentó al lado de la sacerdotisa, y le ofreció algunas manzanas que había sacado de su bolso.

-Debo de admitir que no lo haces mal, aprendes rápido. Pero debes entender que aún nos queda mucho por delante. -Dijo Bankotsu, con una pequeña sonrisa de orgullo.

-Por ahora solo quiero comer, me muero de hambre.

-Aunque mañana será más difícil. -Jakotsu miro a Kagome.

-¿Por qué lo dices?

-Mañana entrenaras agilidad-Dijo Bankotsu.

-Y en agilidad te entrenare yo-Jakotsu se puso de pie, y apuntó con su dedo a Kagome.-Así que más te vale descansar, porque no tendré piedad.

-Creo que serán unas semanas muy largas...jajaja-Kagome y Jakotsu rieron, y Bankotsu solo los miraba, ella se dirigió a él.-Vamos, no seas aguafiestas, ríe con nosotros.

-No tengo porque hacerlo.

-Si lo haces te daré patatas fritas.

Ambos se le quedaron mirando, ya que ninguno le había entendido. Kagome sacó de su bolso una bolsa más pequeña que tenía patatas fritas de su época, las abrió y le ofreció a los hermanos.

-Prueben.

-Mmm...Dudo sobre eso-Dijo Bankotsu.

-Si tú me lo ofreces, con gusto.-Jakotsu tomó una patata y se la llevó a la boca, y cuando la comió., su rostro se transformó en el de un niño.-¡Quiero más!

-Jajajajaja…-Rieron Kagome y Bankotsu, era una expresión realmente tierna.

-Déjame probar-Dijo el líder, quien al ver la reacción de su hermano quiso probar, y tuvo exactamente la misma reacción que su hermano.

Pasaron un rato comiendo las patatas y otras cosas que Kagome tenía de su época, hasta que no quedaron más.

-Si tienen tantas de estas cosas en tu época, llevamos algún día-Dijo Jakotsu contento, con la boca algo sucia debido a la barra de chocolate que había comido hace unos minutos.

-Jaja, lo intentare.

Cayó por fin la noche, y todos durmieron para esperar el día de mañana, para un nuevo entrenamiento.

Aunque ninguno de ellos sabía lo que estaba por venir…

-o-

Esta vez no tengo comentarios, juro que lo lamento, pero esta vez estoy de vacaciones, así que jugo que actualizar todos los lunes, o lo intentare, ya tengo algunos capítulos hechos así que no se preocupen, y lo lamento mucho.

Hasta el lunes que viene!