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Sobreviviente

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En medio de la penumbra de la noche, a unos metros de mí el barco donde viajaba entro en una tormenta… lo destruyo todo, llevándose consigo todo lo que me quedaba, mi familia.

Ahora mojada hasta los huesos y con un temible frió, tiemblo con desesperación, a mí alrededor no hay nada, mis lágrimas no han dejado de caer. Sigo parada en medio de la arena esperando algo que jamás va a pasar, mi salvación.

La tempestad de la lluvia vuelve a aumentar y el fuerte viento resonaba golpeando las débiles ramas de los árboles, podía escuchar el estremecedor sonido de sus roces. Golpeaba mi débil cuerpo mojado, sentía como mi sangre era congelada, si me mantenía así incluso podría darme hipotermia pero no me importaba, débil caí a la fría arena y no me moví, solo me quede allí sentada, encogida, aferrándome a mis rodillas. La marea cada vez llega más cerca de mí, el sonido del vaivén de las olas me estremecía aún más.

— ¿Por qué no morí yo? ¡¿Por qué la marea me salvo solo a mí?! —grite con fuerza que sentí mi garganta doler.

Una distorsionada luna se refleja en el mar por los fuertes movimientos de las olas, los rayos azulado son los únicos que dan un poco de luz, pero no me sirven de nada, los nubarrones son más poderosos. Sin nada más que perder me adentro en una espesa selva en la terrible oscuridad, luchando contra el viento, contra mis lágrimas, contra mi debilidad. Al cabo de unos minutos la tormenta ceso.

Ruidos extraños se hicieron escuchar, eran los sonidos de animales salvajes que resuenan en mis oídos, como si quisieran ahuyentarme. Al caminar varios metros me encuentro frente a un imponente árbol, sus grandes raíces sujetas al suelo sobresalen de entre la húmeda tierra y sus fuertes ramas son perfectas para descansar sobre él. En una oscura selva el suelo no es lo más seguro, así que lo más sensato que pude pensar fue trepar hasta arriba, eso me decía mi instinto, porque yo estaba ausente.

Mis zapatos mojados se resbalan haciendo que caiga con brusquedad al suelo, la risa de los animales nocturnos resuenan por todo el lugar haciendo bulla. Con más fuerzas vuelvo a trepar, mis uñas se aferran al tronco para cumplir con mi objetivo, alcanzar la rama más alta.

Aún no he logrado procesar lo que ha pasado, estoy tan cansada que no puedo pensar en nada, respiro agitada y mi corazón retumba con fuerza. En mi cabeza solo resuena un —"Sobrevive"— como un susurro de una voz, que aún no logro recordar.