Disclaimer: Digimon no me pertenece.


Desbordarse

Un fic sobre Taichi Yagami


EPÍLOGO

El aeropuerto estaba atiborrado de gente como siempre. Once personas caminaban con cierta parsimonia en dirección al puente donde uno de ellos abordaría un avión con destino a Norteamérica.

El peliazul con anteojos del grupo empujaba en carrito con el equipaje al tiempo que charlaba con un castaño de ojos verdes que lucía mucho más joven que él. Una pelimorada con anteojos caminaba a la par con su marido, un tipo alto de cabello azulado oscuro y brillante, y cargaba entre sus brazos un pequeño bulto arropado en una cobija con dibujos de digimon bebés. Una castaña de ojos canela charlaba animadamente con ella, mientras que el hombre de cabello azulado charlaba con un hombre rubio. Delante de ellos iba una pareja de recién casados, un rubio que tenía un brazo alrededor de la cintura de una pelirroja, que charlaba y reía con una mujer de cabellera castaña clara y ojos caramelo que iba acompañada de un moreno alto y atlético. Cuando llegaron a su destino, cada uno se despidió de la castaña de ojos caramelo, abrazándola, deseando verla pronto, y enviando junto a ella saludos y recuerdos a su amigo moreno que se había ido a perseguir su sueño hacía un tiempo.

—Claro que lo haré —le respondió Mimi a Hikari y a Miyako cuando expresaron sus saludos para Davis. —Y de paso me comeré un plato de sus fideos, son deliciosos.

Todos se rieron, se despidieron nuevamente de ella con un gesto y se alejaron con dirección a la salida. Sólo tres personas se quedaron con ella.

—Nos veremos pronto Mimi —dijo Sora. —Muchas gracias por todo. El banquete fue grandioso. No sé qué habríamos hecho Matt y yo sin ti —dijo, cogiéndole las manos.

—No me lo agradezcas —murmuró la castaña. —Nos veremos pronto amiga. Ya sabes que si Yama va a Estados Unidos, debes meterte en su valija y así vas a visitarme.

—Claro que lo haré —rió la pelirroja.

Sora se alejó para dejar que su esposo se despidiera de su amiga.

—Recuerda pasar a verme de vez en cuando —dijo ella haciendo un puchero. —Pasas mucho tiempo en USA por eso de la NASA y apenas te apareces por mi casa.

—Lo haré si tengo tiempo —dijo él.

—Ah no —protestó la castaña, cruzándose de brazos y despreciando su mirada. —No quiero tus sobras, Yama.

—No seas tonta —sonrió él, abrazándola. —Sabes que para ti… para ti tengo todo el tiempo del mundo —murmuró en su oído, estrechándola.

Se separaron un tanto azorados, levemente sonrojados y evitando mirarse. Matt volvió junto a su esposa y le pasó un brazo por sobre los hombros, un gesto posesivo que era muy típico de él. Entonces el moreno que estaba con ellos se acercó a la castaña, con las manos hundidas en los bolsillos y los hombros caídos.

Ambos se miraron. Los ojos de Mimi se llenaron de lágrimas al instante.

—No llores —pidió él, sabiendo que se encontraba de la misma manera.

—No estoy llorando —replicó ella.

—Nos veremos pronto, ¿está bien?

—¿Lo prometes?

—Lo prometo. Nuestra nueva casa en Hawái nos espera —la estrechó con fuerza y Mimi correspondió a ese abrazo rodeándole hasta tocar su espalda. —Voy a extrañarte mucho —le dijo. —No me sentía tan vivo desde hace mucho tiempo.

—Prometo prepararte unas tartaletas de frutas y esos panecillos que tanto te gustan —sonrió ella, separándose para mirarlo y secándose con el dorso de la mano la lágrima que se le había escapado.

—Entonces esperaré ansioso el estar contigo de nuevo —dijo, atrayéndola nuevamente hacia sí y apretándola más.

—Ya quiero estar contigo de nuevo —murmuró ella, y él entendió el secreto de esas palabras, y se sonrojó.

—Yo también.

Se quedaron abrazos hasta que una amable voz femenina salió de los parlantes que había en las paredes y los sacó de su trance, anunciando que el vuelo de Mimi saldría pronto.

—Es hora de irme —se separaron. —Te adoro —dijo ella.

—Y yo a ti —le tomó el rostro con ambas manos y le besó la frente con infinita ternura, pero tras haberlo hecho, se quedó mirándola fijamente y decidió que eso no sería suficiente. Se inclinó y sin importarle que Sora y Matt los vieran, la besó en los labios. —Que tengas un buen vuelo —le deseó, respirando el mismo aire que ella antes de alejarse.

Ella asintió. Se despidió de los tres con una sonrisa radiante y un gesto de la mano, y tomó su equipaje de mano y arrastró la valija con ruedas hasta perderse entre la multitud.

Tai suspiró sin darse cuenta, y cuando se giró, notó las miradas de Matt y Sora, pero no eran miradas acusadoras ni curiosas, eran simples miradas que escondían una infinita comprensión y hasta un cierto alivio. Taichi se ubicó del otro lado de Sora y los tres comenzaron a caminar.

—¿Quieres ir a comer con nosotros? —le propuso su amiga.

—Con tal de que Matt no cocine, me apunto —dijo.

—Hey —le golpeó la nuca con la mano que cubría el hombro izquierdo de Sora. —Mi comida te encanta.

—Pero le echas mucho picante a todo, Yama. Ya es tiempo de variar.

—¿Por qué no vamos a ese restaurante de comida italiana que está cerca de la floristería? Tengo antojos de comer pasta.

—¿Tienes antojos? —repitió Matt, con cierta curiosidad, mirando de reojo a su esposa y no pudiendo evitar mirar su vientre.

Sora se sonrojó muchísimo y le miró fijamente, un tanto alarmada, desviando su mirada nerviosa hacia el moreno que iba a su lado, y luego volvió a fijarla en su marido con cierto reproche.

Taichi, a su lado, hundió las manos en los bolsillos y deseó con todas sus fuerzas darse media vuelta y correr para alcanzar a subirse al avión donde ahora Mimi debía estar y marcharse con ella.

—Felicidades —se limitó a decir. —¿Cuánto tiempo tienes?

—Apenas un mes —dijo ella, toda apenada sin atreverse a mirarlo.

—¿Y alguien más lo sabe?

—No —dijo Sora. —Lo confirmamos hace poco y… queríamos que tú fueras el primero en saberlo —le miró, nerviosa. —No quería que te enterarás así…

—¿Y ya sabes si será niño o niña? —dijo Tai, esforzándose por no mirar a ninguno de sus amigos.

—Es muy pronto para eso —sonrió la pelirroja sin poder evitarlo, acariciándose el vientre con ilusión. —Yo espero que sea una niña.

Taichi no se resistió y la miró. El rostro enternecido de su amiga le generó una extraña emoción, que se apoderó de él. Sin bien la noticia le había dado ganas de salir corriendo, de golpear a alguien y vomitar, la ilusión y el anhelo de Sora se le habían contagiado de alguna manera.

—Yo espero que sea un niño —dijeron entonces Taichi y Yamato al mismo tiempo, y se miraron, un tanto sorprendidos.

—Para que así juegue soccer conmigo —agregó el moreno.

—Para así enseñarle a tocar la guitarra —agregó el rubio.

—Si es niña puede hacer todo eso —dijo Sora, fingiendo molestia. —Sé que será una niña —agregó.

Tai no pudo evitar reírse. Miró a Matt por el rabillo y este captó su mirada.

—Serás padre —le dijo, serio.

—Sí —dijo el rubio.

—Felicidades —dijo Tai, de todo corazón.

—Gracias —sonrió el rubio.

—Y bien, ¿qué dicen? ¿Comida italiana o qué?

—Voto por las pastas. Si eso es lo que mi futura ahijada quiere comer —comentó Tai inclinándose, hablándole al vientre de Sora.

Ella se ruborizó y sus ojos se llenaron de lágrimas por la emoción.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Matt, preocupado.

—No es nada —dijo ella, secando sus mejillas con la manga de su suéter.

—Ya se puso sensible —dijo Tai poniendo los ojos en blanco.

—No seas odioso —musitó ella, molesta, golpeándole fuerte en el brazo.

—¡Ouch! ¿Qué tienes? ¿Eres bipolar?

—Hum —Sora le hizo un desprecio con la mirada.

—Ya cálmense —pidió Matt, suspirando.

Los tres se perdieron entre la gente rumbo a la salida, donde el resto de sus amigos los esperaban.


FIN


Corto y preciso ;D.

No es demasiado dramático, pero a mí me dio penita u_U.

Estaba en mis planes escribir la boda, pero no pude xD. Too much for me Dx.

Tiene pequeños detalle que nos hacen dudar de ciertas cosas, como el abrazo entre Matt y Mimi, o la despedida entre ella y el castaño. No es mi intensión que crean que Mimi y Tai se quedan juntos o algo así. Para nada xD. Sé que Tai conocerá a un tipa buena que le dará ese encantador niño que sale en el epílogo de 02 xD.

Eso es todo.

Gracias por leer ;3

Lyls