Holis.
Explico una cosita del anterior y ya. Sejuani toma el título de Rey porque Freljord solo puede tener una reina, no porque considere que es como un hombre ni nada de eso. Simplemente es una cuestión de estética, de que Ashe continue siendo la Reina. Además, no me gustó la idea de que fuera Sejuani fuera Reina v2.0.
Esta historia es Katarina x Lux, AU. Tengo que confesar que cuando empece a escribirlo no tenía idea de pa dónde iba, eso no es raro en mí... más bien lo raro es que lo tenga todo planeado. Después me puse a pensar y estructure, confieso que me encanta esa cicatriz que tiene Katarina me parece re sexy... en serio. En fin, no los aburro más.
Ah, si empiezan a notar un patrón... es que soy así xD.
Katarina observó detenidamente su reflejo en el espejo durante varios segundos. Aún tenía las palabras de Garen Crownward dándole vueltas en la cabeza y evitando que pudiera dormir, aunque no fuera de las personas que exponían sus sentimientos con facilidad lo que él dijo le lastimó a un nivel profundo. Lo peor es que con el paso de los días se fue dando cuenta que Garen, por mucho que odiara admitirlo, tenía razón: ¿Qué podía ella ofrecerle?. No era nadie, no tenía nada y a duras penas lograba mantener su propia vida a flote. En cambio ella, que dormía como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo, era completamente diferente.
Los padres de Katarina habían invertido el dinero de su familia en un conjunto de apartamentos campestres cerca del mar, el negocio había sido próspero y pronto tuvieron dinero suficiente para ser aceptados dentro de los círculos sociales más altos. Ella tenía tres años en ese entonces y el único recuerdo que tenía de esa época de abundancia era un cochecito rojo en el que solía pasear con su hermana mayor, pero dos años más tarde el cochecito y todo lo demás se esfumó, sus nuevas amistades habían logrado convencerlos de invertir en un negocio en el extranjero pero en realidad solo fueron víctimas de una estafa que los dejó prácticamente en la ruina. Así había crecido Katarina, con sus padres lamentándose y culpándose por lo ocurrido, su hermana aun soñando con la vida de lujo a la que rápidamente se acostumbró. Luego del divorcio su padre se volvió a casar y solo por amargarle la existencia a su ex esposa pidió la custodia de las niñas a las que casi núnca prestaba atención, su madrastra se aseguró que casi cada centavo que su padre pudiera ganar fuera para su hijo Talón. Cassiopeia aprovechó sus atributos físicos y se convirtió en modelo, Katarina con el apoyo en secreto de su madre logró entrar a una universidad pública y salir de la casa de su padre quién se enteró días después de su mudanza. Katarina trabajaba medio tiempo en el restaurante de su madre, al principio fue muy difícil no romperle la cara a cada cliente idiota que pretendía ser un gran conquistador, pero con el paso de los días desarrolló una coraza que por sí sola mantenía a raya a los imbéciles.
En segundo año, una tarde lluviosa en la cual el restaurante estaba completamente lleno un grupito de colegialas entró al lugar completamente empapadas. Katarina maldijo internamente su suerte, seguro que ella tendría que limpiar el charco que estaban dejando. La lluvia comenzó a ceder minutos más tarde, los clientes más valientes o que más prisa llevaban empezaron a abandonar el establecimiento y con ellos las muchachas, salvo dos que se acercaron al mostrador para ordenar un par de pasteles.
De mala gana Katarina procedió a atenderles y en segundo preciso que sus ojos se posaron en la rubia pequeñita con brillantes orbes azules su vida cambió por completo. El corazón que solo le había servido para mantener con vida decidió que era el momento para acelerarse y latir con tal fuerza que el eco en sus oídos amenazaba con dejarla sorda, sus manos temblorosas a duras penas podían sostener las pinzas y el recipiente para guardar el pedido, y que decir de su voz, siempre segura y desinteresada ahora poco le faltaba para tartamudear. La rubia y su acompañante pagaron dejando propina y se marcharon hablando animadamente entre sí, Katarina se quedó como un pasmarote observándola alejarse en tanto el siguiente cliente intentaba obtener su atención.
Los días siguientes dejó de renegar cada vez que le tocaba turno, llegaba antes de hora y se quedaba hasta que su madre ó alguno de los encargados cerraran el lugar. Siempre buscando con la mirada alguien que bien sabía no llegaría. Sin embargo, dos semanas más tarde había regresado a su mal humor habitual, se encontraba ojeando un taller que debía desarrollar cuando una voz la sacó de inmediato de su ensimismamiento. Era la rubia bajita, en su uniforme blanco con esa falda a cuadros azul celeste y la cinta también azul en la base de su cuello, sonreía radiante. Katarina pasó saliva recordándose que era imperativo respirar, se tomó un par de segundos para calmar los nervios e intentar mantener la compostura, algo que no resultaba nada fácil con su mirada desviándose a cada momento por la humanidad de la adolescente. Pero al final, parecía que tenía éxito el tiempo suficiente para cumplir con su trabajo, esta vez, la rubia decidió consumir su pedido allí y Katarina tuvo muchos problemas para continuar laborando sin que se notara demasiado que no paraba de mirarla.
A veces iba sola, en ocasiones con una o dos de sus amigas, y rara vez con una castaña algo más alta que siempre miraba a Katarina de una forma en la que estaba segura pretendía intimidarla. Tardo más de tres meses en armarse de valor y hablarle más allá de la interacción normal de un cliente, para su sorpresa la chica era muy fácil de tratar y en menos de dos semanas Katarina sabía mucho más de lo que hubiera imaginado conocer. Una noche, Lux, como prefería que la llamara, permaneció hasta que fue la hora de cerrar y ante la insistencia de Katarina permitió que la acompañara a la parada de bus. En tanto esperaban Katarina divagaba si era buena idea invitarla a salir, por supuesto no en una cita, sino algo más normal, algo que no fuera a resultar en una catástrofe y arruinara cualquier posibilidad por muy pequeñita que fuera. En ello no se percató que el bus estaba ya próximo, fueron las manos tibias de Lux sobre sus mejillas las que la devolvieron a la tierra, antes que un tímido roce de labios la enviara directamente al cielo. Le costó reaccionar, darse cuenta que en verdad había pasado y para el momento que consiguió espabilar el bus iba ya varias manzanas adelante. Mas esa noche regresó a su pequeño departamento feliz como no recordaba jamás en todos sus días.
Durante las semanas que siguieron sentía estar en un sueño, Lux pasaba a menudo por el negocio y Katarina dejaba lo que estuviera haciendo para ir a su lado. Hablaban y reían de todo y nada a la vez, la academia en la que Lux estudiaba era una, sino la más, de las mejores de la ciudad, quizá del país entero. De ello no hablaban mucho, pero así como Katarina terminó contándole la historia de su familia también Lux se decidió a revelar que sus padres habían muerto en el tan sonado accidente aéreo hacía un par de años y que su hermano mayor estaba cargo del emporio familiar. Ella recibía una mensualidad que sus padres le habían asignado desde su treceavo cumpleaños y las cuentas de su educación estaban pagas hasta su graduación. No pasó desapercibido para ninguna como la mención de sus hermanos no fue más que un dato obligatorio, aunque por diferentes razones ninguna quiso detenerse a explicar la mala relación que con ellos tenían. Katarina rara vez cruzaba algún e-mail con Cassiopeia, y Lux a duras penas hablaba con Garen entre los viajes que realizaba. Sin embargo, Katarina tenía a su madre, que a pesar de no estar del todo feliz con la elección de su hija, no mostró jamás desagrado alguno por la chica que ponía una sonrisa imposible en el rostro de la pelirroja.
A medida que el tiempo pasaba la relación se fue tornando más seria, empezaron a pasar más tiempo juntas integrando sus actividades pues cuando Katarina estaba llena de trabajo Lux llevaba sus deberes con el fin de compartir unos momentos juntas. Era cada vez más el tiempo que Lux pasaba en el departamento de Katarina pero por extraño que pareciera no habían pensado en llevar su relación a un plano físico, al menos para Katarina no había prisa. Le gustaba el punto en que se encontraban, Lux podía quedarse dormida a su lado y despertar con una sonrisa radiante que se le contagiaba inmediatamente pasando todo el día soñando despierta con esa rubia pequeñita que tan enamorada la tenía. Habría tiempo, se decía en los momentos que su mente le instaba a pensar en esos temas, mucho tiempo concluía dejando el tema refundirse en las nebulosas de su pensamiento. Pero la realidad estaba esperando para despertarla de mala manera.
Pasaban de las ocho, Lux estaba en la cocina en tanto ella resolvía los últimos ejercicios que la separaban de un fin de semana de ocio junto a su amada cuando dos golpes secos en la puerta las sorprendieron. Katarina apenas había soltado el lápiz al momento que dos más se escucharon, segundos más tarde alguien parecía dispuesto a derribar la puerta a golpes. Asustada Lux perdió todo color en sus mejillas, Katarina fue rápidamente a su habitación y agarró el primer objeto contundente que encontró, el estridente ruido de la madera aporreada se hacía cada vez más fuerte, o al menos así le parecía. Abrió de un tirón, con su improvisado armamento listo para defender la integridad de Lux, pero un sujeto alto, corpulento de corto cabello castaño claro y ojos azules le miraba furioso, el traje negro solo le daba una apariencia más sombría. En segundos Lux se colocó entre los dos, empujando con ambas manos al sujeto que no se movía ni un milímetro mientras fulminaba a Katarina con una mirada de piedra, pronto vio que además de furia había en esos ojos gran desprecio.
No supo absolutamente nada de Lux por varias semanas, había atado cabos y llegado a la acertada conclusión que era ese hombre el hermano del cual Lux no gustaba hablar. Seguramente la tuviera bajo vigilancia o algo así, aunque esa teoría fue basada en la poca televisión que veía no estaba nada lejos de la realidad. Garen, furibundo había colocado dos hombres para vigilar a su hermana en todo momento, con órdenes precisas de llevarla a la académica y dejarla en casa al término de la jornada. Si pensaba ó debía salir por alguna razón académica ellos debían acompañarle en todo momento, y si esa se acercaba debían dejarle claro que más le valía alejarse de su hermana ó las consecuencias no serían nada agradables. Katarina entendía el peligro potencial al que se exponía pero un día simplemente no aguantó más, faltó a sus clases de la tarde para ir hasta la dichosa academia, los niños ricos y de buena familia le miraban entre extrañados e interesados, las niñas solo la ignoraban, una que otra le miraba con desprecio. Por mucho que buscó no logro dar con su rubia bajita y estando por regresar alguien la tomó del brazo, la chica de cabello castaño con quién Lux solía permanecer. Ella le advirtió sin detenerse a perder tiempo del peligro que corría en ese lugar: Lux estaba vigilada, no había manera que pudiera escabullirse para ir a verla pero había tomado la prevención de escribir una carta y confiársela a su amiga, Katarina la recibió y se dejó llevar fuera de peligro en tanto la muchacha fingía hablar animadamente de algo que no entendía.
En efecto, Lux apenas podía hacer algo sin que su hermano se enterase y ello la tenía en extremo triste, pero lo que más le lastimaba era haber arrastrado a Katarina al desastre que era su familia. Más repetía varias veces en un mismo párrafo cuanto la quería, cuanto le extrañaba pero por sobre todo cuanto deseaba que pudiera estar a salvo y por ello, le suplicaba no fuere de nuevo a la academia exponiéndose innecesariamente, Garen era su hermano y ya encontraría ella la forma de aplacarle lo suficiente para buscarla. Sin embargo, Katarina podía ser muy necia cuando algo se le metía en la cabeza y continuó visitando el lugar aunque a la distancia y siempre con ropa que pudiera ocultar su rostro. Creyó estar haciendo un buen trabajo, pero Garen no era estúpido y se enteró pronto de su plan. Una noche en que cerraba tarde dos tipos se acercaron para hacerle un pedido de último minuto, Katarina estaba por despacharlos cuando reconoció a los dos sujetos que servían de escolta para Luxanna. No le sirvió de mucho patalear, se las arregló para romperle la nariz a uno y rasguñar al otro pero al final lo único que recordaba era el líquido tibio que cubría su rostro y el rastro húmedo que dejaba al tambalearse.
Despertó dos días después en el hospital, su madre ojerosa lloró de alegría al verle desubicada pero viva. La mitad superior izquierda de su rostro estaba vendada, los doctores le restaban importancia cada vez que preguntaba pero al final de la semana, cuando no necesitó más cuidados especializados removieron las vendas para respirar aliviados. El corte que ahora le hacía lucir una cicatriz vertical no había lastimado su córnea, por ende, su visión en tan buenas condiciones como antes del incidente. Katarina no contradijo la versión que el médico consignó como verdadera, tomó las medicinas y las lanzó en el primer cesto de basura que encontró incluso si su madre protestaba airada. Después de ese día, cada mañana miraba con detenimiento la cicatriz, el rosado intenso perdió color y sano tan bien como era posible para su cuerpo sin ayuda alguna, pero Katarina, contrario a lo que se pudiera pensar, no deseaba que desapareciera.
El miércoles de la semana que pasó recluida, Luxanna cumplió 17 años, solo doce meses la separaban de la total independencia. Katarina que no había olvidado la fecha compró un dije con forma de estrella y se lo hizo llegar por medio de su amiga. Sin ponerse de acuerdo, eso se convirtió en un amuleto ligado a una promesa secreta y compartida.
El tiempo pasaba lento, un mes, dos meses, tres, cuatro y cinco se consumieron en el calendario. En ocasiones Quinn, la amiga y cómplice, llevaba algún mensaje corto o detalle sencillo, amparada en la falsa distancia que creo con Luxanna era difícil ser descubierta. A mediados del sexto mes Garen debía hacer un viaje urgente al extranjero y Lux aprovecho el primer respiro de libertad que tenía para escabullirse de sus guardianes. Agitada llegó hasta el departamento de Katarina quién abrió de mala gana pensando que era su madre para recriminarle algo, pero su rostro se transformó en menos de un segundo al igual que el de Luxanna se contrajo en una mueca de dolor. Katarina decidió ignorarlo, ni ella ni Quinn se habían tomado la molestia de mencionar el incidente con los matones de su hermano y ciertamente no iba a permitir que un detalle como ese dañara el hermoso momento. Tomó a la rubia por la cintura y cerró la puerta mientras la besaba con pura devoción.
La noche llegó pronto, Lux regresó a su hogar con energía renovada, poco le importaron las amenazas de los dos escoltas, pues los tres sabían bien que si Garen se enteraba era el pellejo de los dos hombres el que peligraba. De manera que Lux llegó a un acuerdo con los dos sujetos, siempre y cuando Garen estuviera de viaje se quedaría con su novia y ellos debían hacer de cuenta que Luxanna se encontraba en su casa, recluida en su habitación. Así funcionó durante un par de meses pero el mayor de los Crownward pronto sospechó que algo no funcionaba como se suponía.
Garen descubrió el engaño, montó en cólera y estuvo a punto de irse lanza en ristre contra su hermana pero cayó en cuenta que no faltaban sino unos pocos meses para que Luxanna cumpliera la mayoría de edad y todo el poder que tenía sobre ella desaparecería. Entonces optó por una alternativa diferente: Si no podía prevenir a su hermana de verse con esa mujer, la haría desaparecer, pero asegurándose que fuera ella quién rompiera el corazón de Luxanna. De modo que una noche llegó al establecimiento fuertemente escoltado, los demás empleados dudaron cuando Katarina les pidió abandonar el lugar pero ante tal intimidación era difícil chistar. En realidad no hablaron, Garen tomó un trozo de papel y lo firmó, luego se lo entregó a Katarina quién lo tomó sin darse la molestia de mirarlo. Él se fue satisfecho pensando que estaba todo arreglado, para él no había ya nada de qué preocuparse.
Dos días después Luxanna interrumpió en su oficina furiosa, rompió el cheque que le había entregado a Katarina y dando un portazo abandonó el hogar jurando no volver jamás. Para evitar crearle más problemas a la pelirroja Lux se hospedó con los Laurent, su tía materna estuvo más que dichosa de tenerla en casa aunque ella y su hija menor no se llevaran bien. Pero también eso había cambiado, Fiora Laurent que detestaba a la mocosa consentida que siempre creyó era Luxanna había desarrollado un respeto profundo por la muchacha en la que se estaba convirtiendo. Y es que en la academia todo el mundo sabía ya el motivo de la disputa entre los Crownward, había versiones distorsionadas que retrataban a la tercera en disputa como una delincuente de barrio bajo, sin educación y únicamente interesada en el dinero de Lux, pero era con él único fin de hacer lucir a Garen como el príncipe azul que muchas soñaban era.
A pesar de las circunstancias Garen no se rindió. Recurriendo al último recurso buscó de nuevo a Katarina y se sentó, ahora sí, a hablar con tanta calma como le era posible. Las palabras del hombre fueron hirientes y llenas de veneno, pero no podía negar que llevaba razón en algunas de sus ideas: Luxanna tenía el potencial y dinero para lograr cualquier cosa con su vida, y ella era el único lastre que la prevenía de alcanzar ese futuro brillante. La joven Crownward heredaría la mitad de un emporio en pleno crecimiento, estudiaría en las mejores universidades para tomar las riendas de una empresa que bien podía convertirse en una poderosa multinacional bajo su control. Pero Lux no parecía tener ánimo de abandonar el país y seguir su sueño, porque estaba cegada por una pasajera ilusión. Katarina no respondió, solo escuchó dejando que las palabras permearan el muro que hubo construido hasta que penetraron quitándole el sueño.
Y allí estaba, de nuevo mirando sus ojos verdes y cansados en el reflejo. Parecía ser la mejor solución, ¿Para quién?. Para Luxanna por supuesto. ¿En verdad?. Respondía incrédula la vocecilla en su mente.
En el momento que Lux abría los ojos perezosamente Katarina entendió al fin que no podía tomar una decisión que no le correspondía. Regresó a la habitación junto a los primeros rayos del sol y esperó que su rubia bajita terminara por espabilar, era el momento pues había decisiones importantes por tomar.
El día que terminé de redactar esta historia fui mid y toco vs Lux. Me daba risa porque mi querido preguntaba quién diantres era la rubia bajita de la que hablaba xD.
Espero que les haya gustado, de los que he escrito este es uno de mis favoritos y dudé en ponerlo hoy. Pero la verdad estoy cansada y no tengo ánimo de ponerme a revisar de nuevo algunos de los otros xD.
