Capitulo 4: "Lecciones de la vida":
Bunnymund llevaba 603 formas de torturar a Mim – si es que algún día llagaba a verlo- cuando al fin logro llegar a la fábrica de Norte. Eran las cinco de la mañana aproximadamente y ya no hallaba donde caerse muerto. Necesitaba una cama con la misma ansiedad urgente con la cual un alcohólico busca emborracharse hasta los huesos. El sueño que se apretujaba en sus ojos lo hizo bostezar, y restregarse la modorra. Delante de su nariz estaba la condenada puerta que tantas veces le había mostrado Mim esa noche. Suspirando con pesadez y cruzándose de brazos pensó que aun podía volver. Sintiendo que la Luna lo miraba fijamente volvió a maldecir al viento. ¿Por qué él? ¿Por qué demonios tenía que ser él?
La nieve que aun no se pegaba floto en aire y le hizo estremecer. La puerta espero con una sonrisa socarrona. Maldición, maldición, y mil veces maldición…¡Se estaban burlando de él!, eso no era justo, el debería estar durmiendo, el debería estar caliente bajo las mantas de su cama, en su humilde madriguera, no haciendo de nany en la casa de Norte. Como el frío que le congelaba las orejas parecía no ser suficiente como para animarlo a entrar, el viento volvió a levantarse tempestuoso. Bunny enojándose nuevamente soltó al aire una respuesta, sintiéndose algo tonto y más que enojado.
-"¡Ya te oí!, ¿¡quieres que entre!? ¡Pues estoy entrando!"- abriendo la puerta de un tirón se metió dentro de la tibia casa, y sin molestarse en parar su pataleta cerro de un portazo la puerta. Ya dentro se deslizo contra la misma y espero con los brazos cruzados alguna otra "amable señal"
AsterBunnymund que jamás le había hecho caso ni a su conciencia ahora estaba sentado en medio de la fábrica de Norte, a las cinco de la mañana, y sintiéndose como un completo imbécil. Su orgullo había quedado tirado tras el primer túnel, y sus ideas asesinas se congelaron cuando llego a pensar que alguna de esas pesadillas podía contener otra cosa más allá de la simple invención de Mim. Pasándose una garra por la cara se mentalizo en que la "niña rara que absolutamente no era su hija" estaba bien, y que de seguro lo mas que tendría sería dolor de estomago por comer galletas altas horas de la noche, fin de la historia.
Parándose de mala gana se encamino hasta el segundo piso. Una parte de él – una muy pequeña por cierto- se sintió culpable mientras subía los escalones. Le había gritado a Norte, a ese amigo algo demasiado alegre pero siempre bonachón que le aguantaba su malhumor y su seriedad desbordante, y además lo había literalmente abandonado con una niña que no sabía ni hablar. Pegándose una cachetada mental se susurro un "Que buen amigo eres orejón, que buen amigo…" Pegado con este pensamiento no se percato cuando estuvo frente a la puerta de madera del cuarto de invitados. La última vez que había dormido en casa de Norte, había dormido en esa habitación. No era que no le gustara la que su amigo había arreglado para él, pero es que Norte era por demás extravagante. Demasiadas luces, demasiado verde, y sobre todo demasiado de Norte en un cuarto que se suponía suyo. Suspirando abrió despacio la puerta y asomo su nariz dentro de la habitación. Si no mal recordaba la niña traía de equipaje un curioso oso negro del tamaño de un bunker. Mejor tener cuidado o perdería algo más que una pata.
Respirando profundamente, busco algún aroma no familiar. Primero olio las galletas. Luego la leche. Y así siguió hasta que sintió hasta el barniz de la madera. Pero ni rastros de la esencia del oso y menos aun la de la niña. ¿Pero qué Demonios? Abriendo la puerta de golpe se encontró con una cama vacia, y sin ningún ocupante dentro del cuarto.
Ay No…
Olvidándose del sueño y de todo su malhumor se precipito escaleras abajo. El cuarto del Norte era el más grande, por eso estaba en el primer piso, detrás de la fábrica de peluches. Acelerando a todo lo que daban sus patas, se abrió camino entre ositos de felpa y muñecas de trapo. No podía estar pasando. Sus pesadillas siempre comenzaban igual. Una puerta. Una habitación, y nadie dentro.
¡DEMONIOS!
Saltando un banco olvidado por algún yeti, y sin detenerse a pensar abrió de golpe la puerta de la habitación de Norte, y grito con todas sus fuerzas
-"¡La niña no está!"
Norte abrazado a un oso teddy- que fue ocultado en un segundo- balbuceo un "¡Donde está el fuego!" que casi enloqueció a Bunnymund. No era culpa del pobre hombre, el simplemente estaba durmiendo y de pronto lo despertaban con trompetas y todo. ¿Que se le iba a hacer?
-"¡Norte reacciona y pone esos pies en movimiento, la niña no está!"- volvió a gritar el conejo casi queriéndole saltar encima. Norte quien seguía tratando de espabilar abrió los ojos de manera desorbitada ante esta nueva información. Eso no podía ser. El había dejado a la niña arropada y lista para dormir. ¿Cómo que no estaba?
-"¿De qué estás hablando? , yo…yo la deje acostada…"- El conejo al ver que el otro no se movía volvió a lo mismo
-"¡Que te digo que no está!, subí a su cuarto y…"
-"Espera…"-corto Norte-"¿Subiste?, ¿Al cuarto de una señorita a estas horas? ¿Y qué haces aquí a las cinco de la mañana?"- Bunny sintió ganas de arrancarse las orejas y de lanzarse del segundo piso hacia abajo, realmente estaba pasando a ser una prioridad cometer suicidio.
-"¡Eso que importa!, ¡No está!, ¿Me oyes acaso?, ¡La niña no está!"- Norte parándose de la cama de un salto tomo su abrigo rojo y alcanzo a Bunny en la puerta antes de que ambos comenzaran a correr al segundo piso. Entre jadeos y palabras cortadas ambos llegaron nuevamente a la habitación vacía.
Ni niña, ni oso. Excelente.
Norte sintiéndose como el peor padrino del universo entero, no le quedo de otra más que comenzar a recorrer la fabrica con Bunny. Dividiéndose trataron inútilmente de encontrarla, pero lo máximo que veían eran yetis trabajando en su rol nocturno y uno que otro duende adormilado. Ni rastros de los dos fugitivos.
-"¿¡Cómo pudiste perderla!?"-reclamaba Aster-"¡Es una niña que no camina, y tiene un oso gigante de mascota!"-seguíareclamando mientras se paseaba inquieto por todos lados
-"¿¡Crees que no lo sé!? ¡Y no me vengas a reclamar! ¡Tú eras el que debía cuidarla!"-Bunnymund deteniendo su alocado andar miro culpable a su mejor amigo. Norte tenía razón, quizá si se hubiera quedado, no estaría buscando una niña extraviada a las cinco con cuarenta minutos de la maldita mañana. Norte notando como el cansancio y la culpa caían como los bloques de hielo de Jack sobre la espada de Conejo, suspiro y trato de calmar los animos
-"Escucha, es imposible que haya salido de aquí, afuera hay una tormenta de los mil demonios, y no creo que nuestro amigo el oso haya querida sacarla, a menos claro…que Aby haya querido salir"-Bunny miro contrariado al de pelo blanco
-"Espera… ¿Dijiste Aby?"- El hombre sonrió notablemente y hablo con voz tranquila
-"Ese es su nombre amigo"- Norte observo como las orejas de Bunny que se habían pegado a la nuca en un signo de total cansancio y preocupación, se levantan despacio. Estaba sorprendido, y al mismo tiempo contento. Ocultando esta última emoción en lo más recóndito de su ser el conejo volvió a ser el de siempre
-"Tenemos que seguir buscando"-ordeno mientras se ponía en movimiento. Norte asintió y le siguió tras la puerta de madera oscura.
Luego de quince minutos más de búsqueda, nuestros amigos comenzaron a desesperarse otra vez. No estaba en ningún sector de la fábrica. Habían dado vuelta el sector de embalaje, casi desarmado el puente de armado, y revisado hasta el más pequeño de los contenedores en busca de la niña.
-"Soy el peor padrino del mundo"- Musito Norte por milésima vez mientras se dejaba caer agotado sobre una silla
-"¿Quieres dejar de decir eso compañero?"-Conejo sin otra forma de descargue que su mal humor miro molesto a su compañero nocturno. Norte había estado lloriqueando una tontería extraña en la que mezclaba la palabra padrino desde que se habían puesto a buscar a la chica. Pasándose una garra lentamente por la cabeza y aplastándose las orejas en el proceso comenzó a recapitular -"Haber pensemos, buscamos en toda la fábrica, les preguntamos a todos los yetis que vimos y agitamos a los duendes que estaban despiertos, ¿Dónde más puede estar?"-
-"¿Cómo saberlo?"-pregunto Norte alzándose de hombros-"La última vez que la vi estaba en su cama, arropada, y ahora se ha desaparecido como el polvo…"
-"¿Te dijo algo? ¿Te pidió algo?, no sé...lo que sea es bueno en este momento amigo…"-Norte puso su cabeza entre sus manos y negó. La niña no había pedido nada, todo lo que había hecho era hacerle un par de preguntas.
-"No, ya te dije que nada, …solo estaba ahí, sentada, con todas esas cobijas que le puso Tooth, rodeada de peluches, y con un cargamento de galletas digno de un yeti hambriento…-El silencio se hizo presente como una capa de pesar.
-"Y donde demoni- ¿Escuchaste eso?"- Norte parándose asintió. El sonido de la puerta que quedaba detrás de la cocina se había escuchado perfectamente. Avanzando atropelladamente el par de amigos se acercó hasta el lugar de los hechos y prendieron las luces sin ninguna vacilación. La cara les quedo echa un poema digno de Shakespeare cuando la luz invadio el lugar. Aby, empapada por la nieve, helada por el viento y sentada sobre su oso miro extrañada a los dos personajes, y luego de que ninguno dijera nada durante un tiempo se dio el gusto de sonreír. Como diciendo "Hola, ¿Qué tal todo?" Eso fue todo lo que Bunny pudo soportar
-"¡Donde se supone que estabas!"
La niña sin extrañarse por su actitud molesta miro hacia abajo y apunto a su oso. Kopahk que antes era negro como el carbón había cambiado su extraño abrigo por uno blanco como la nieve. En resumen, era el mismo oso pero con diferente traje. ¿A eso había salido?
-"¿¡Es que te has vuelto loca!? ¡Si querías matarnos del susto o tomar una pulmonía créeme que casi lo consigues!"- Bunny junto aire. No quería seguir gritando como un desquiciado. Pero la situación "era desquiciante". Esa niña había salido afuera, al frío del polo, con nada más que un vestido. ¿En qué rayos estaba pensando?
Norte anticipándose a mas gritos, tomo a Bunny por los hombros y lo hizo retroceder para poder avanzar hasta la niña. El oso agachando la cabeza se declaró culpable, pero Norte ni siquiera se percató de este gesto por parte del animal. Tocándole la cabeza casi congelada a la niña supo que tenía que empezar a moverse. La chica estaba temblando sin control y de manera cada vez más errática, su temperatura corporal seguía disminuyendo con cada segundo que pasaba y ya no se veía capaz de siquiera decir su nombre. Había que hacer algo. Y pronto. El conejo detrás de él seguía gritando.
-"¿¡Cómo se te ocurrió salir así a estas horas!? ¿¡Te falta un tornillo o algo pare-!?"
-"¡Bunny ya deja de gritar!"-ordeno Norte callando de golpe al conejo-"¡trae unas toallas!, despierta a Phil, necesito una tina con agua caliente, ¡Pero para Ayer! ¡Corre! ¡Now!"- Aster que ya se preparaba para declararle la guerra al ruso por el regaño, se quedó estático al ver a la chica ponerse de un tono casi azul. El oso debajo de ella la remeció con fuerza para mantenerla consiente, mientras ella intentaba sujetarse a su pelaje mojado. Estaba congelada, y si sus ojos no le fallaban entonces la chica estaba entrando en un estado de hipotermia por demás peligroso
-"¡Que te muevas!"-La voz de Norte agujereo sus orejas hasta hacerlo reaccionar. Saliendo de su trance corrió a hacer lo que le había pedido el hombre. Corriendo a toda prisa se lanzó contra la puerta del pobre de Phil como si esta tuviera culpa de todo lo que había vivido esa noche. El yeti saliendo de su cuarto puso su mejor cara de molestia –acababa de dormirse luego de haber sido despertado minutos atrás y no estaba muy contento-, pero al ver el semblante pálido de conejo se despejo el sueño con una garra y corrió a hacer lo que le habían pedido, no sin antes entregarle un par de enormes y mullidas toallas a Bunny, el cual sin dar ni las gracias volvió a correr.
Todo esto lo hizo en un tiempo record de dos minutos, pero dos minutos para una chica con hipotermia era demasiado tiempo. Una vez volvió a entrar a la zona de desastre, la chica apenas y resistía mantener los ojos abiertos. Cuando vio al enorme conejo trato de sonreír pero todo lo que pudo hacer fue tratar de mantener el castañeo de dientes al mínimo. Norte arrebatándole una de las toallas, le quito el abrigo rojo que la había puesto a la chica y comenzó a secarla con toda la suavidad que se lo permitían sus enormes brazos. Bunny nuevamente se quedó quieto con una toalla en las manos y sintiéndose tan inútil como el sol en invierno. Había sido su culpa. Si se hubiera quedado. Si tan solo hubiera escuchado a Norte. Si se hubiera molestado en hablar con esa niña que seguía siendo una total desconocida…
-"¡No te quedes ahí parado! ¡Ayuda!"-gruño norte con la chica cubierta por la toalla. Aster sacándose la culpa de encima se aproximó a la chica y comenzó a ejecutar las mismas maniobras que Norte, ya sin ninguna duda de estar haciendo las cosas mal. Había empezado con el pie izquierdo, era hora de poner la otra pata dentro del juego.
La chica tembló bajo el contacto de las toallas que a diferencia de la realidad se sentían ásperas y tan frías como ella misma. Salir con Kopahk no había sido una opción. Su oso no habría podido soportar la baja temperatura aún con el abrigo negro que traía. Ese pelaje estaba hecho para un lugar un poco más cálido, no para la zona del polo, se le habrían agrietado las patas y habría sufrido. Por eso cuando lo había sentido inquieto, incluso dentro de la tibia casa, supo que tenía que hacer algo. Así que despertándolo lo había obligado a llevarla hasta abajo y salir por la puerta de la cocina. Una vez afuera se había lanzado de cabeza a la nieve junto con él. De esta forma y con paciencia había comenzado a cubrir a su oso con nieve. Una vez que ya tuvo cada área cubierta, abrazo al enorme mamífero y conto hasta veinte mientras musitaba un par de palabras en una lengua que ni ella conocía. Cuando el tiempo paso, Kopahk se había sacudido y su pelaje negro fue cambiado por el blanco. Ahora era un oso polar. Aby sabía hacer este truco. Kopahk no era un oso negro cuando lo conoció. Su habilidad con los animales aún se mantenía más o menos controlada y ciertamente escondida, solo era cosa de seguir esperando para ver como explicaba en que consistían sus dones. Sería una explicación larga y quizá aburrida. Su padre quizá hasta se dormiría…
-"¡Oye compañero, esto no está funcionando!"- La voz de Bunny la saco de sus pensamientos y la regreso en parte a la conciencia. Se estaba durmiendo, tenía frío y quería dormir. Ella iba a dormir-"¡No te duermas!"-Hay estaba el conejo de nuevo. Mirándole con esos ojos verdes molestos, nunca felices ¿Qué estaba haciendo él allí? Su cabeza aunque helada y confundida no dudo en culpar a Mim. De seguro no le había gustado el hecho de que le dejara con Norte. Lo había obligado a volver. Iba a matar a Mim. No era que le molestara la presencia de su padre,estaba feliz de verlo, pero era claro que él no estaba feliz de verla. Y ahora… ¿Por qué sentía ganas de llorar?
-"¡No te duermas niña!"- La chica afirmándose al oso balbuceo
-"A…Aby.."-por último que la llamara por su nombre no sería malo, pensó mientras el agarre de sus manos se soltaba un poco más de Kopahk, y una lagrima escurridiza y extraña escapaba de sus ojos
-"¡Norte, hay que despegarla de este oso!"-La chica al escuchar esta frase trato de negar con la toalla sobre su cabeza, pero todo intento quedo olvidado cuando alguien tomándola por los brazos la jalo hacia un costado. Su cuerpo tieso cayó sobre un mullido pecho y las ganas de dormirse se acrecentaron. El sonido de un rugido extraño la semidesperto, pero cuando sintió que todo se movía, y que sus ojos se cerraban, se olvidó de preguntar quién era el nuevo invitado.
En los brazos de Bunny, y a un par de metros de la tina con agua, Aby se quedó dormida.
wiiii, capi 4 xD! NOS LEEMOS!
