Naruto es de Kishimoto-sensei
Este OS puede considerarse una continuación del prompt número dos.
Blindness.
Prompt 4: One Shot basado en una canción triste
(Hallelujah)
Amar.
Observan, los dos en completo silencio, el nombre grabado en la gruesa y pálida piedra. Kanjis que reconoce como los que forman el nombre del hombre al que más ha respetado dentro y fuera del campo de batalla. Un amigo. Un aliado. Un rival al que nunca ha podido vencer.
Ni en la lucha.
Ni en el amor.
Irónicamente, a pesar de que su vida siempre le ha parecido propia al del protagonista de alguna película, no llueve. Debería estar cayendo la mayor tormenta del siglo. El cielo debería estar encapotado, sincronizado con la tonalidad gris que ha adquirido su vida ahora que ya no está. Pero no hay ni una sola nube en el cielo. El sol le quema la nuca. El traje verde se le pega a la espalda por culpa del sudor y puede sentir que la temperatura del día de hoy es todavía más ardiente que la de su propio dolor.
Ha llorado a Hyuuga Neji muchas veces. Al presenciar su muerte. Al decírselo a Tenten y a Gai-sensei. Al llevar su cuerpo, frío e inerte, sobre su espalda cuando por fin volvían a casa. Al entregárselo a Hinata-sama (porque, en honor a su hermano caído en batalla, se ha jurado proteger a la heredera de ojos de perla con su vida, tal y como él hizo viviendo y muriendo). Al enterrarlo. Y siempre que va a visitarlo llora. Una o dos lágrimas caen ahora que han pasado cuatro meses, pero el dolor persiste.
La sensación de pérdida y vacío no se desintegra. Pero Rock Lee es más fuerte que esos sentimientos y logra enterrarlos cuidando de Tenten.
Tenten que, como manda la tradición de su país (el de los Abanicos), no tendrá apellido hasta que se case.
De estar él vivo se lo habría ofrecido. Sin anillos. Sin promesas. Sin arrodillarse. No habría flores ni confesiones de ardiente y sempiterno amor. Sólo un casto beso, una pregunta humilde agachando la cabeza. Ella habría dicho que sí. Porque lo amaba (ama).
Porque espera un hijo suyo.
¿Que cómo pasó? Eso le gustaría saber. Siempre supo que entre Neji y Tenten existía esa conexión que surge entre aquellos que están hechos el uno para el otro. Lo veía en el brillo de los ojos perlados. Lo veía en la forma en la que ella siempre estaba cerca de él. Lo vio cuando ella se pasó una tarde entera trenzando el largo y sedoso cabello castaño. Pudo sentir el amor que compartían cuando presenció, a escondidas, el beso que se robaron en la tienda de campaña de la que salió él minutos después, horas antes de morir.
Ahora que el estómago de Tenten se hincha con el paso de las semanas él es quien cuida de ella como sabe que lo habría hecho Neji. Le trae todos los dulces que pide. Masajea sus pies. Carga con sus compras. Pinta la habitación de la criatura. La acompaña a las visitas al hospital. Propone nombres de ambos géneros.
La abraza muy fuerte contra su pecho cuando ella se echa a llorar. Porque está aterrorizada y herida. Pero sobre todo está desamparada. Porque no está preparada para ser madre de un hijo que le recordará cada día de su vida al hombre del que se niega a despedirse.
―Neji ― murmura ella al arrodillarse en la tierra húmeda, frente a la piedra ― Algo dentro de mí me dice que es una niña. Una niña preciosa que tendrá tus ojos y, espero, tus finos rasgos. Esperemos que no herede mi temperamento de embarazada. No sabes lo mal que lo está pasando Lee cuidando de mí.
―No seas tonta, Tenten. Neji, no la escuches. La fuerza de la juventud de tu bebé brilla desde el interior de Tenten y se refleja en la energía de su madre. ¡Es impresionante!
Ella se ríe. Sólo lo hace cuando van a visitarlo o cuando habla de la criatura que crece en su interior. El terror no le permite no querer a ese bebé.
Pero a pesar de la llama de la juventud que brilla en el interior de ese cuerpecito que todavía no pueden ver y de los inmensos cuidados de Lee, una noche se despierta alarmado. Algo le dice que tiene que ir a ver a Tenten, algo le dice que todo está saliendo mal.
Salta sobre los tejados de Konoha, que sigue tratando de recuperarse, hasta llegar a la ventana del dormitorio que será el del bebé. Al entrar puede oler todavía el breve aroma a pintura fresca que ha quedado después de pintar el nombre que han decidido para el bebé, que sí, va a ser niña: Hikari.
―Tenten. ¿Qué haces levantada, deberías estar en la cama, es tarde.
No puede verla porque las luces están apagadas, pero su silueta es inconfundible, ahí sentada en la mecedora, junto a la cuna que será ocupada dentro de tres o cuatro semanas, Tenten se balancea con cuidado.
―Se ha ido.
Lee piensa durante un momento que Tenten le está hablando de que acepta que Neji ha muerto, pero algo dentro de él le dice que no es eso. No habla de esa pérdida (la aceptó hace tiempo, pero eso no hace que duela menos), habla de otra.
―¿De quién hablas? Vamos, levántate, voy a llevarte a la cama.
La agarra del codo y apoya su mano en la parte baja de su espalda para ayudarla a ponerse en pie. Se le hace raro ver a la siempre enérgica y fuerte Tenten tan vulnerable. Con el pelo suelto ni si quiera parece ella. Ella camina, pasito a pasito, por el pasillo oscuro hasta llegar a su dormitorio. Lee la deja durante un momento apoyada contra el dintel de la puerta para ir a encender la pequeña lampara que está sobre la mesita de noche.
Cuando la luz baña la habitación se encuentra con la cama cubierta de sangre. Las sábanas, el suelo, el colchón e incluso la almohada. La pureza del blanco de las sábanas que él mismo colocó en la cama hace dos días está completamente mancillada por el rojo carmín.
Cuando se da la vuelta se da cuenta que el camisón celeste de Tenten, que le llega a las rodillas, está igual de manchado. Ella lo mira con expresión neutra y Lee se pregunta qué mierda ha pasado. Qué ha podido salir mal. Qué es lo que ha hecho ella para perder lo último que le quedaba del hombre al que se lo habría dado todo.
―Tenten...
―Parece que el destino se ha empeñado en que lo único que quede de Hyuuga Neji son recuerdos. Ni si quiera voy a poder conservar parte de él en nuestra hija ― dice acariciando el abdomen ensangrentado. La mujer se da la vuelta ligeramente ― Anda, Lee, cuida de nosotras una última vez, por favor. Llévanos al hospital. Tengo que verle la carita antes de enterrarla con su padre.
