Capitulo 3: Cómo hacer nuevos amigos, y que estos intenten matarte
Dos días después, Observatorio de Overwatch, Gibraltar:
-Doctora Ziegler-dijo Winston al ver a Angela Ziegler, alias Mercy, vestida con su bata de medico mientras examinaba unos papeles de su portafolios. La voz grave de su compañero simiesco llamó la atención de la doctora, que guardándose los papeles bajo el brazo esperó a que Winston avanzara por el pasillo hasta donde estaba ella. Sin detenerse, Winston siguió caminando, con Mercy a su lado-. ¿Alguna novedad respecto al estado del prisionero?
-Por ahora nada-dijo la doctora-. Le hemos tratado las heridas y suministrado sedantes para el dolor, pero sigue inconsciente. Al principio nos costó un poco, ya que su cuerpo estaba tan caliente que las agujas se fundían antes de poder inyectarle nada, pero por suerte Torbjörn consiguió diseñar un sistema para refrigerarlo un poco y así poder tratarlo.
-Curioso. ¿Hemos descubierto ya la fuente de sus poderes?- La luz del atardecer bañaba los cuerpos de Winston y Mercy, entrando a raudales por los enormes ventanales que ocupaban el lateral del largo pasillo, mostrando unas preciosas vistas del vasto mar con el sol anaranjado de fondo, casi a punto de hundirse en el lejano horizonte. La pareja de héroes pasó junto a una puerta custodiada por dos agentes uniformados, que los saludaron con respeto cuando Winston y Mercy pasaron por su lado. Devolviéndoles el saludo, siguieron con su camino.
-Parece ser que sus poderes térmicos tienen su origen en sus huesos-comentó Mercy ojeando sus notas-. Actúan como los tubos de un radiador eléctrico: generan calor, y este se transmite por contacto a su cuerpo y de ahí hasta el exterior. Lo que no sabemos es como consigue controlar ese mismo calor, pero esperamos descubrir más una vez despierte.- Winston notó algo en la cara de Mercy, como su expresión denotaba algo de preocupación por alguna cosa que le rondaba la cabeza.
-¿Ocurre algo?
-Pues… También hemos descubierto que…bueno, parece ser que el cuerpo de Hellhound se resiente cada vez que activa sus poderes. Es decir, que contrariamente a lo que creíamos, no es inmune al calor o al fuego, ni al suyo ni al externo.
-Espera… ¿quieres decir que se quema a si mismo cada vez que hace uso de sus habilidades?-preguntó Winston, incapaz de imaginarse cómo debía ser quemarse a uno mismo una y otra vez desde dentro a una temperatura semejante. Debía de ser como pasarse un soplete por todo el cuerpo, pero veinte veces peor, ya que ocurría de dentro a fuera.
-Eso mismo. Sus células parecen regenerar el tejido quemado a un ritmo mayor de lo normal, pero solo se activan en casos de temperatura extrema en proporción al daño recibido.
-Aun así, estamos hablando de un dolor atroz, algo increíblemente doloroso. Debe de ser como una tortura.-Winston empezó a pensar al respecto-. Tal vez…sea interesante estudiar su caso más a fondo.
-Sí, yo estaba pensando lo mismo-coincidió Mercy-. También encontramos extraño que sus poderes sigan activados a pesar de haber perdido la consciencia. Como ya he dicho, hay un límite sobre lo que podemos descubrir con él en su estado. Tendremos que esperar a que…
Varios agentes pasaron por su lado a toda prisa, esquivándoles sin dirigirles la palabra debido a la urgencia con la que marchaban. Extrañado, Winston detuvo con la mano al último agente del grupo.
-¿Qué está pasando?-le preguntó el gigantesco gorila al apresurado agente.
-¡Tenemos una posible fuga en la enfermería!-dijo el agente-. ¡Estamos enviando a todos los agentes disponibles, pero nos está costando un poco contenerlo!- El agente siguió su camino a todo correr, dejando atrás a Winston y Mercy, que se miraron entre alarmados y preocupados.
-¿Crees que…?-empezó a decir Mercy. Winston se subió sus gafas.
-Solo hay una manera de saberlo-dijo, echando a correr sobre sus cuatro patas, mientras Mercy se apresuraba a seguirlo de cerca.
La pareja de héroes llegó a la puerta de la enfermería, junto a la cual se había reunido una pequeña muchedumbre de operarios y trabajadores curiosos, justo a tiempo para ver como un grupo de agentes entraba apresurados en su interior, del cual se oía el sonido de golpes y de una violenta pelea acompañada de gritos y algunas palabrotas. Un agente salió despedido de espaldas por la puerta, cayendo dolorosamente al suelo y alertando a Winston y a Mercy.
-Me da que el prisionero ha recobrado la consciencia-comentó Winston, mientras Mercy se limitaba a asentir a sus espaldas.
Abriéndose paso por entre los curiosos que habían ido a ver qué estaba pasando, la pareja de agentes entró en la enfermería.
Para consternación de Mercy, el interior de su consulta era un caos. Varios de sus armarios se habían roto cuando los cuerpos de algunos de los agentes habían chocado contra ellos durante el altercado, desparramando y desordenando su contenido. Su escritorio había sido volcado, y sus papeles estaban desperdigados por el suelo. Varias de las camas y camillas de la enfermería presentaban golpes y abolladuras, y varias de ellas habían sido puestas del revés a causa del violento enfrentamiento que aun seguía teniendo lugar. La mayor parte del resto del equipo médico había sobrevivido, si bien Mercy detectó varias máquinas que habían caído al suelo y que la hicieron temer que luego no fueran a funcionar, obligándola a tener que pedir otras nuevas. Una o dos pantallas que ella utilizaba para monitorizar constantes vitales y organizar datos habían acabado con el cristal roto, seguramente a causa de algún impacto recibido durante el altercado. En el centro de la estancia, varios agentes intentaban contener a Hellhound que, vestido únicamente con sus pantalones y un vendaje alrededor del torso, se agitaba violentamente en un intento de librarse de sus captores. Un férreo cepo de acero lo mantenía sujeto por las muñecas, impidiéndole separar las manos, aunque estaba claro que esa pequeña limitación no le impedía luchar al violento australiano, ya que cada vez que un agente intentaba acercársele Hellhound lo recibía con una patada o lo golpeaba con el cepo de acero, mandando al pobre agente al suelo, donde varios de ellos se encontraban ya retorciéndose de dolor o esforzándose por ponerse en pie.
A pesar de sus esfuerzos y de su superioridad numérica, estaba claro que a los agentes les estaba costando bastante contener a Hellhound. Su cuerpo estaba demasiado caliente como para sostenerlo sin protecciones, los múltiples tatuajes que adornaban sus brazos y cuerpo brillando con una luz rojiza que parecía iluminar también las pequeñas bombillas repartidas en su firme cepo. A pesar del peligro, varios agentes se habían enrollado largos trozos de tela en los brazos y habían conseguido agarrar a Hellhound en un intento de frenar sus movimientos, mientras este seguía luchando por librarse de ellos retorciéndose como un pez fuera del agua y repartiendo golpes a diestro y siniestro.
-¡Vamos, cabrones, ¿quién quiera un poco de Hellhound?!-preguntó desafiante mientras golpeaba con su cepo en la cara a un agente que cometió la temeridad de acercársele de frente-. ¡Puedo seguir así todo el día, incluso con las manos atadas! ¡Venid si os atrevéis, pandilla de come-mierdas!- Sin embargo, a pesar de sus desafiantes palabras, estaba claro que poco a poco los agentes estaban consiguiendo reducirlo, ya que la frecuencia de sus golpes fue bajando mientras que el número de agentes que conseguían agarrarlo fue en aumento, hasta que finalmente Hellhound fue inmovilizado contra el suelo con cinco agentes de Overwatch sujetándolo desde arriba.
-Agente Winston, señor. Doctora Ziegler-saludó uno de los agentes a la pareja de héroes, algo sudoroso y jadeante a causa del esfuerzo realizado. Al agente, un hombre de tez morena y cabello corto y negro, le sangraba la nariz y tenía el labio hinchado, seguramente a causa de alguno de los golpes de Hellhound, quien seguía intentando liberarse mientras se debatía en el suelo-. Sentimos mucho el desastre ocasionado. No sabemos cómo lo ha hecho, pero consiguió soltarse de la cama y a punto estuvo de salir por la puerta cuando una patrulla escuchó el sonido y fue a investigar. Debido a que su captura resultó ser más…complicada…de lo esperado, acabamos solicitando la presencia de refuerzos para atraparlo.
-Bien, buen trabajo, agentes-dijo Winston a todos los presentes, tanto a los que mantenían sujeto a Hellhound como a los que se encontraban aun en el suelo, algunos empezando a ponerse de pie mientras se agarraban las zonas golpeadas.
Los agentes llevaron a Hellhound hasta un largo tubo de cristal, forzándolo a entrar mientras este seguía luchando para escapar de su agarre. Finalmente, consiguieron introducirle en el interior del tubo y cerrar la puerta tras de sí. Hellhound golpeó repetidas veces el cristal con su cepo, pero a excepción del sonido amortiguado de los impactos, sus acciones apenas afectaron a su cristalina prisión. Dándose por vencido, Hellhound apagó su cuerpo, y sus tatuajes volvieron a la normalidad.
-Señoras y señores, en seguida les atenderé a todos-dijo Mercy a los agentes allí presentes-. De momento esperen fuera. Winston y yo tenemos que hablar con el prisionero.- Los agentes fueron abandonando la enfermería, ayudando a quienes las heridas impedían o dificultaban el poder caminar correctamente, y pronto solo quedaron Winston y Mercy en la enfermería.
-Muy bien…Empecemos-dijo Winston, cogiendo la ficha médica de Hellhound y colocándose enfrente de él, mientras este lo miraba desafiante con una ceja levantada en su celda de cristal-. William Jackson Craig, alias "Hellhound"…
-¿Y tú quien eres, la mascota del equipo?-preguntó Hellhound bruscamente con tono burlón. Suspirando, Winston siguió leyendo la ficha.
-26 años de edad. Lugar de residencia: desconocido. Lugar de nacimiento: Alice Springs, Australia. Antecedentes criminales: varias denuncias y detenciones por hurto menor, allanamiento de morada y vandalismo en la juventud. Actualmente buscado en la mayoría de países del mundo por asesinato, terrorismo, incendio premeditado, vandalismo, robo, extorsión, secuestro y…múltiples denuncias por acoso sexual.
-…no me pienso disculpar-dijo Hellhound-. Solo para que conste en acta, todas fueron de padres cascarrabias y maridos cabreados. Ni una sola queja por parte del sector femenino.
-Tomo nota…-dijo Winston estoicamente, alzando una ceja para contemplar el burlón semblante de Hellhound, quien por el momento parecía más centrado en Mercy que en el gorila que le estaba hablando. Mercy, al oír las palabras de Hellhound, miró con aire desaprobador al joven australiano-. Afiliaciones conocidas: antiguo miembro de la banda australiana conocida como los Chatarreros. En la actualidad, miembro de la banda de Junkrat, cuyo paradero aún es desconocido…y es la razón de que me encuentre hoy aquí-concluyó Winston, dejando a un lado la ficha y centrando su mirada en Hellhound.
-Oh, me duele que te interese más Jamie que yo. Dime, ¿qué tendría que hacer para despertar de nuevo tu interés?
-¿Qué tal si me dices donde se esconden Junkrat y Roadhog, y a cambio te permitiré escoger la cárcel de máxima seguridad en la que pasaras tus diez cadenas perpetuas?
-Hmmm…-dijo Hellhound, fingiendo que se lo estaba pensando-…Eres un duro negociador, mono, pero me parece que va a ser que no.- Mercy miró preocupada a Winston por si la mención de "mono" había afectado negativamente a Winston. Este, sin embargo, permaneció firme en su sitio, aparentemente ignorando la descortesía y la rudeza de las palabras de Hellhound-. Además, ¿qué clase de trato es ese? ¿Cadena perpetua múltiple en una prisión de mi elección? ¿No es en estos casos que se negocia con "libertad bajo fianza", o "reducción de condena"?
-Sí, así sería si esto fuera una película de polis y cacos-dijo Winston, sonriendo-. Por desgracia para ti, Overwatch actúa ahora al margen de las leyes de las Naciones Unidas, de manera que ya no poseemos la misma influencia que antes. Que puedas evitar la inyección letal es lo máximo que puedo…
-Un momento… ¿me estás diciendo que me toooodo esto…es ilegal?- Por el tono en que lo dijo, Winston supo que Hellhound ya lo sabía, pero que solo estaba fingiendo ignorancia para reírse de él-. ¿Qué me están reteniendo contra mi voluntad una pandilla de mercenarios que actúan al margen de la ley?-preguntó Hellhound, como si no acabara de creérselo, sonriendo por lo mucho que todo aquello se parecía a una broma pesada-. ¡Oh, noooo~! ¡Socorro, que alguien me salve~! ¡He sido secuestrado por una banda de criminales…!-dijo Hellhound fingiendo ser una damisela en apuros, provocando que Winston mirara con expresión cansada a Hellhound, y que Mercy se pinzara el puente de la nariz.
-Hellhound…
-¡Por favor, no me haga daño! ¡Tengo mujer e hijos!...en alguna parte, creo. No suelo prestar mucha atención a los pequeños detalles.
-Hellhound…-dijo Winston, cansándose de las tonterías del joven Chatarrero.
-¿Es muy tarde ya para pedir mi llamada? ¡Quiero utilizar el comodín del publico!- Hellhound empezó a golpear con el cepo el cristal-. ¡Chatarreros! ¡Unidos! ¡Jamás serán vencidos! ¡Chatarreros! ¡Unidos! ¡Jamás serán…!
-¡Hellhound, escúchame…!
-¡No, TÚ escúchame!-dijo Hellhound, parando de hacer el bobo y poniéndose serio-. Si crees que puedes negociar conmigo para que traicione a mis amigos a cambio de un trato tan penoso como ese, es que está claro que alguien no se ha comido todos los plátanos que debía en su desayuno de esta mañana. Así pues, te propongo un nuevo trato…-dijo Hellhound. Winston, en vez de enfadarse, se cruzó de brazos y escuchó lo que tuviera que decir Hellhound con una ceja levantada-…Tú me abres la puerta, me quitas estas esposas tan chulas, me devuelves mi sombrero y el resto de mi ropa, y me sacas de esta base. A cambio, te prometo que NO os volatilizaré a todos una vez salga de aquí…, o eso intentaré.
-Mmm-hmm…-dijo Winston.
-Entiéndelo, es lo mejor que puedo prometerte. Lo tomas o lo dejas-dijo Hellhound encogiéndose de hombros. Winston, al igual que había hecho antes Hellhound, fingió pensárselo durante unos instantes, y finalmente respondió a Hellhound.
-Hmmm…creo… que no va a ser posible.
-En fin, no siempre se gana-dijo Hellhound, encogiéndose de hombros de nuevo-. A todo esto, contéstame a algo, peluchito.
-Tú dirás…
-¿Qué diablos es esta cosa?-dijo Hellhound, señalando con la cabeza el cepo de sus muñecas-. No…me deja… ¡disparar!-dijo, poniéndose una vez más a gran temperatura mientras su cepo parecía activarse y encender algunas de sus bombillas. A pesar del gesto de esfuerzo del rostro de Hellhound, nada salió disparado de sus manos, con las cuales apuntaba a unos imperturbables Winston y Mercy.
-Ah, sí. Hemos tenido que tomar algunas precauciones extra contigo, aprovechando que estabas fuera de combate-explicó Winston-. Esas esposas que llevas te impedirán calentarte hasta cierta temperatura, de manera que vete olvidándote de tus disparos de calor, y de salir volando en forma de esqueleto.
-Venga ya, colega…-dijo Hellhound dándose la vuelta, dejándose caer de espaldas contra la pared del tubo y deslizándose hasta el suelo, donde quedó sentado de espaldas a Winston.
-Doctora Ziegler, creo que ahora le toca a usted-dijo Winston, dando paso a Mercy. Intercambiando posiciones con su peludo amigo, Mercy se acercó al tubo, mirando pensativa a Hellhound, quien seguía sentado de espaldas a ella.
-William, soy la doctora Angela Ziegler-se presentó Mercy-. Soy quien sanó tus heridas después de tu captura.
-Y no crea que no se lo agradezco, doc. El viejo de la armadura sí que sabe manejar ese martillo…-dijo Hellhound sin girarse, mirando las vendas que cubrían su desnudo torso.
-Durante tu tratamiento surgieron…dificultades…con las que no habíamos contado al principio, dificultades en relación a tus poderes térmicos.
-¿Ah, sí? ¿En qué sentido?-preguntó Hellhound todavía sin girarse. Mercy carraspeó un poco.
-Básicamente, tu recuperación fue retrasada por el hecho de que tu cuerpo estaba demasiado…
-¿Bueno? ¿Musculoso? ¿Caliente?-preguntó Hellhound con tono divertido.
-No…Bueno, la verdad es que sí, pero…
-¡Doctora Ziegler! Que descarada….-dijo Hellhound sonriendo y llevándose las manos a la boca en señal de horror ante el atrevimiento de la doctora.
-¡No es eso!-le regañó Mercy, sonriendo algo avergonzada por la forma en que se podía interpretar su comentario. Incluso Winston tuvo que esconder su sonrisa-. Lo que quería decir es que, como tú mismo has dicho, ardías demasiado como para que pudiéramos tratarte.
-Ah, vale. Entiendo…
-Sería interesante que nos respondieras a un par de preguntas en relación a tu caso, ni que sea para facilitar el resto de tu tratamiento y poder entenderte mejor.
-Ya, y facilitar mi captura por si intentara escapar de aquí, ¿no? Buen intento, rubita…-dijo Hellhound bruscamente.
Winston podía tolerar que se pasaran de la raya con él, pero estaba claro que no iba a permitir que hablaran con aquel tono a una amiga suya. Gruñendo, dio un paso en dirección al tubo, solo para ser detenido de inmediato por un gesto de Mercy, quien seguía con su atención puesta en la figura de Hellhound. Winston, si bien estuvo tentado de decirle algo a Hellhound, al final optó por hacer caso a la doctora, y se dirigió a la puerta de la enfermería. Conocía a Mercy lo bastante como para saber que ella tenía experiencia con casos como aquel, y que lo mejor que podía hacer era dejarla manejar aquel asunto a su manera y sin que hubiera nadie mirando por encima de su hombro. Tras dedicar una última mirada a Mercy y a Hellhound, Winston salió de la sala, y cerró la puerta.
Mercy y Hellhound permanecieron en silencio durante unos instantes. El sol seguía descendiendo poco a poco, los últimos rayos de luz colándose por las ventanas de la destrozada enfermería, mientras Mercy no perdía detalle del cuerpo de Hellhound, examinándolo con ojo clínico.
La espalda de Hellhound permanecía pegada al cristal del tubo, ligeramente cubierta por los vendajes que ella misma le había colocado. Los tatuajes de sus brazos parecían trepar por ellos como enredaderas hasta agarrarse firmemente a su cuello, alcanzando la parte baja de la mandíbula. Numerosos dibujos y marcas le bajaban por los hombros hasta llegar al pecho y la espalda, tatuajes de animales y más marcas tribales como las de los brazos, además de varias palabras, frases y extraños símbolos que Mercy no acabó de identificar. Su cuerpo, si bien carecía de la constitución de un atleta o de un soldado entrenado, era delgado y sus músculos estaban bien definidos, marcándose bajo su piel como prueba de su activo estilo de vida. Era, en definitiva, la clase de cuerpo que alguien que se mueve mucho y come poco tendría, nada extraño considerando de donde venía Hellhound y la clase de vida que llevaba.
-Saque una foto, doctora, le durara más-comentó en broma Hellhound cuando, al mirar de reojo, sorprendió a la doctora mirándolo fijamente. Mercy se limitó a sonreír.
-No hace falta. Ya te saqué varias mientras dormías-respondió Mercy, sorprendiendo a Hellhound. Si la doctora estaba de guasa o no, él no podía saberlo.
-¿En serio? ¿Es así como actúa con todos sus pacientes, o debo considerarme afortunado?
-No, solo con los pacientes cuyos casos me llaman la atención.
-¿Yo le llamo la atención, doctora?-preguntó Hellhound con la ceja levantada, susurrando cada palabra con voz seductora mientras se ponía de pie y miraba fijamente a Mercy a los ojos. Si bien Angela tenía que admitir que era bastante guapo y que tenía un cuerpo no poco atractivo, no olvidaba que se trataba de un criminal buscado, y que ella era una profesional, de manera que se limitó a sonreír y a negar con la cabeza.
-Solo tus huesos, me temo.- Hellhound chasqueó la lengua, y levantó las manos mientras fingía sentirse exasperado.
-¡Vaya, pues no se los puedo dar! Da la casualidad que los estoy usando en este momento, pero si al final resulta que puedo prescindir de ellos, tenga por seguro que será la primera a quien llamaré-dijo Hellhound, provocando que al final Mercy se riera. Inmediatamente después, Mercy se sintió mal por ello. Aquel hombre era un criminal, un asesino despiadado y un terrorista perturbado. Si bien como doctora quería ayudarle, ya que en aquellos momentos era un paciente suyo, no podía olvidar que él era la razón de que muchos inocentes hubieran acabado perdiendo la vida. Era un monstruo cruel que no dudaría en aprovecharse de ella si con eso conseguía escapar. Por tanto, Mercy se obligó a inspirar, y trató de adoptar una expresión más profesional con Hellhound.
-La radiación del núcleo ómnico alteró tu material genético, confiriéndote las capacidades térmicas de tus huesos, pero no le confirió a tu cuerpo la capacidad de resistir las altas temperaturas a las que es sometido, ¿cierto?
-No sé de qué me habla-dijo Hellhound, sonriendo burlón mientras se encogía de hombros. Ziegler no se dejó engañar, y siguió hablando.
-Tu cuerpo se rompe cada vez que activas tus habilidades, quemándose y curándose casi al instante durante el rato que tú decides usar tus poderes, o cuando tus células resultan dañadas por el fuego o el calor. El resultado es una constante quemadura que nunca freirá del todo tus terminaciones nerviosas, ya que se regeneraran en el mismo instante en que el calor las destruya.
-Vaya… Dicho así, sí que parece que esté bien jodido, ¿eh?-comentó con una sonrisa Hellhound, si bien su ánimo parecía haber decaído ligeramente.
-Sin embargo, lo que me extrañó más de todo este asunto fue que tu cuerpo permaneciera con tus poderes activados aunque tú hubieras perdido la conciencia.-Hellhound se giró y apoyó la espalda otra vez contra el cristal, permaneciendo de pie y aparentemente ignorando a la doctora, que siguió hablando-. Este suceso únicamente puede ser explicado con dos posibles teorías: o bien tu cuerpo es capaz de mantener la ultima temperatura a la que llegaste por sí mismo sin que tú tengas que intervenir, o bien…
-No…-dijo Hellhound, tratando de cortar a Mercy, pero ella siguió hablando.
-…tu control sobre tus poderes funciona a la inversa de lo que creíamos al principio-dijo finalmente Mercy. Hellhound permaneció en silencio, de manera que Mercy entendió que había dado justo en el clavo-. No es que actives tus poderes para calentarte, sino que liberas el control que ejerces sobre ellos para regular cuanto te calientas. No tienes el poder de calentarte, sino de enfriar tu cuerpo, el cual se encuentra a una temperatura increíblemente elevada.- Tras unos segundos sin decir nada, Hellhound suspiró, rindiéndose al ver que lo había descubierto todo.
-…suena complicado, ¿a que si?-preguntó Hellhound-. Yo mismo la cago siempre que intento explicárselo a alguien, de manera que hoy día paso de hacerlo, y dejo que asuman lo que ellos mismos crean que es verdad.
-La temperatura normal de un cuerpo humano se encuentra sobre los 37 grados centígrados, con algunas variaciones en relación al género, la edad, el lugar de origen, o a la disposición genética. El tuyo, en cambio, se encuentra a casi 2000 grados cuando estas inconsciente. De no haberte refrigerado, habrías fundido la camilla y el suelo de la enfermería, eso sin contar los graves daños que tus células estaban luchando por regenerar.
-¿Qué puedo decir?-dijo, encogiéndose de hombres-. Siempre me han dicho las damas que les provoco calores.
-Hellhound, esto es serio-dijo Mercy, cansada ya de que Hellhound no dejara de irse por las ramas con sus bromas subidas de tono.
-¡No, ¿en serio?! Vaya, y yo que creía que esto era perfectamente normal…-dijo Hellhound, sardónico-. ¿Puedo hacerle ahora yo una pregunta a usted, doctora?
-Dime.- Hellhound, todavía apoyado en el cristal, miró a la doctora de reojo.
-Verá… Después de la explosión del núcleo, cuando la gente empezó a ponerse enferma y a morir a causa de la radiación, todos creímos que aquella mierda radioactiva nos iba a matar a todos. Deformaciones, enfermedades, hambruna porque nuestros campos y ganado se fueron a pique,…-Suspiro-. Por eso, cuando la gente vio lo que yo era capaz de hacer, muchos no tardaron en tenerme envidia. "¡Wow, eso es algo alucinante!", decían algunos. "¡Qué envidia que me das!". "Supongo que tú has tenido suerte, ¿eh, maldito cabrón afortunado?". Si solo supieran…-dijo Hellhound, mirando sus manos. Poco a poco sus tatuajes se pusieron rojos, haciendo temblar el aire alrededor de su cuerpo mientras miraba pensativo como sus huesos parecían transparentarse a través de su carne-…si solo supieran lo que es tener esta…mierda dentro. Si supieran lo que es pelear día sí y día también por evitar que tu cuerpo arda como una puta cerilla, si supieran lo que es sentir como tu cuerpo arde desde dentro, como tu carne se fríe como una tira de beicon a la parrilla..., sí solo supieran lo que es temer a perder el control- Hellhound volvió a la normalidad, mirando y sonriendo con aire tristón a Mercy-. Yo no pedí nada de esto, doctora. Yo no pedí sobrevivir a la radiación como lo hice. Yo no pedí ser una maldita estufa ambulante, pero así es como son las cosas. Algunos, como mi amigo Junkrat, se cortaron los miembros mutados o cancerígenos y se los sustituyeron con prótesis para sobrevivir. Otros, como Roadie, prefirieron resistir a su manera, ya fuera con gas o medicación alternativa. Sin embargo, hay algo común, algo que nos une a todos: que todos, a pesar de lo sucedido, nos quedamos. Nos quedamos, y tratamos de reflotar el barco hundido que era Australia, cada uno tratando de sobrevivir como buenamente pudiera, al igual que hicieron nuestros antepasados. Aunque, como puede comprobar, algunos no seguimos exactamente el camino más virtuoso de todos…
-Así pues, y sabiendo lo que he hecho con esta…"bendición" y como soy y a lo que me dedico, ahora quiero saber yo su opinión, doc-siguió diciendo Hellhound, plantándose enfrente de Mercy con una sonrisa, apenas a unos centímetros el uno del otro, pero separados aún por el cristal-: ¿Cree usted también que fui afortunado, o piensa que hubiera sido mejor que la radiación me hubiera matado?
Mercy no respondió de inmediato a la pregunta de Hellhound. En su lugar, se quedó mirando a los ojos a aquel criminal, mientras trataba de imaginarse cómo debía de ser vivir lo que él había vivido. En parte se identificaba con Hellhound hasta cierto punto: sabía lo que era ser una superviviente de una explosión semejante, que la gente muriera a su alrededor mientras ella se preguntaba atormentada sobre si hubiera podido hacer algo al respecto, si había tenido suerte o había sido el destino quien le había permitido vivir un día mas mientras otros yacían muertos en el suelo o enterrados entre los escombros. Sin embargo, no podía ponerse en su piel al respecto de sus poderes, porque la mera idea de pensar en lo que debía de haber sido encontrar que su cuerpo había cambiado de repente en algo semejante era difícil de imaginar. Día tras día, atrapado en su propio cuerpo sin más consuelo que la propia voluntad; sin comprender qué pasaba; sin poder buscar ayuda; sin poder fiarse realmente de nadie, mientras a la vez luchaba por sobrevivir en una tierra rota y cambiante. Era como para volverse loco…aunque, bien visto, estaba claro que Hellhound sí que debía de estar un poco loco.
-Pienso que…-empezó a decir Mercy, eligiendo sus palabras con cuidado.
-Diga, diga sin miedo. No la voy a morder…a no ser que usted me lo pida-respondió con una sonrisa seductora y burlona.
-…que mi opinión no te importa para nada-dijo finalmente Mercy-. En realidad, te da igual lo que yo tenga que decir, así que, ¿por qué molestarse?
Hellhound miró fijamente a Mercy durante unos instantes mientras esta le sostenía la mirada. Finalmente, Hellhound empezó a reírse, cada vez más descontroladamente, hasta que al final estalló en carcajadas en el interior de su pequeña prisión. Poco a poco, Hellhound empezó a controlarse, mirando con una amplia sonrisa a Mercy.
-¡Veo…jaja…veo que es usted tan buena como parece, doctora Ziegler!-dijo Hellhound, limpiándose una lagrima del borde del ojo.
-Gracias por el cumplido-dijo Mercy, inclinando ligeramente la cabeza-. Seguidamente, quisiera hacerte una pregunta respecto a tu problema de control de temperatura.
-¡Adelante, dispare! Se lo ha ganado, por hacerme reír tanto.
-¿Cómo lo haces para dormir? Imagino que en cuanto intentas dormirte tu cuerpo empieza a quemarse sin control, provocándote un gran dolor. Así pues, ¿cómo consigues descansar por las noches?
-Bueno, esa pregunta es bastante difícil de responder… Principalmente hago dos cosas: o no duermo (me mantengo despierto a base de cafés y bebidas energéticas), o me meto a dormir en la bañera con el agua corriendo toda la noche. No es perfecto, y al final la factura del agua me sale carísima, pero es lo que hay. También he descubierto que es muy efectivo el meterme a dormir en un rio, aunque luego el ecosistema local se va a paseo, y debo tomar precauciones para que no se me lleve la corriente-explicó Hellhound-. En una ocasión, cuando rondábamos por los bosques de Quebec, se rompió la cuerda que me mantenía sujeto a la orilla del rio junto al que habíamos acampado, y a la mañana siguiente me desperté enredado en la presa de unos castores. ¡No vea el cabreo que se pillaron esas pequeñas bolas de pelo con dientes cuando me encontraron en su casa!
Mercy no pudo evitarlo. La visión de Hellhound siendo perseguido por una banda de castores enfurecidos fue demasiado para ella, quien sin poder controlarse acabó riéndose a carcajadas junto a Hellhound. Sabía que estaba mal y que era poco profesional, pero había que admitir que el chico tenía su gracia. Finalmente, los dos pararon de reírse, cada uno calmándose en su lado de la pared de cristal.
-Bueno, por aquí no tenemos ríos, pero buscaremos alguna solución a tu problema mientras permanezcas aquí como nuestro prisionero.
-Más bien como vuestro rehén. No olvide que técnicamente esto sería un secuestro-puntualizó Hellhound, a lo que Mercy simplemente negó con la cabeza, sonriendo.
-Más bien sería un "arresto civil" un tanto cogido por los pelos a nivel legal, pero como tú veas-decidió cortar Mercy-. En fin, pues ya está todo. ¿Aún te duelen las costillas?
-Nah, estoy bien, doc, aunque creo que uno de los agentes de antes me pateó el torso, y eso sí que aun me sigue doliendo.
-Te daré un par de analgésicos antes de irme. Más tarde unos agentes te escoltaran hasta tu celda, de manera que te agradecería que, por favor, no te resistieras.
-Doctora Ziegler, ¿me está pidiendo que me deje encerrar por las buenas? ¿En serio?-preguntó divertido e incrédulo Hellhound.
-Sí, si no es mucha molestia.- Mercy y Hellhound volvieron a sostenerse la mirada, como esperando a ver quién de los dos se echaría para atrás primero. Al final, fue Hellhound el que suspiró y cedió.
-Está bien, está bien… Pero que conste que solo lo hago porque me lo ha pedido "por favor", y porque está usted como un queso.
-Tomo nota-dijo Mercy, riendo por lo bajini. Tras rescatar de su destrozado armario un pequeño tubo de pastillas, sacó dos y se las tendió a través de un pequeño acceso a Hellhound. Después, se despidió de él, y salió de la sala, dejándolo solo mientras contemplaba como finalmente el sol acababa de ocultarse en el horizonte, dando paso a la fría noche.
Momentos más tarde, en el hangar de la base:
Varios agentes de Overwatch permanecían a la espera en el hangar, habiendo recibido la señal de que la nave de transporte estaba a punto de llegar.
En la nave viajaba un pequeño pelotón de agentes que, comandados por McCree, habían salido en busca de varios de los viejos operativos de Overwatch que, ya fuera por la distancia o por su situación personal, no pudieron responder a la llamada de reunión de Winston de manera inmediata. En su lugar, habían contactado con la base y habían solicitado un transporte, propiciando aquella improvisada operación que había concluido, por suerte, con éxito.
Según el enigmático mensaje de McCree, con "demasiado" éxito, aunque nadie entendía a que podía referirse.
Pasada una hora, el momento previsto para la llegada de la nave estaba próximo. Los agentes esperaban impacientes a que sus compañeros llegaran de una vez a la base, cotilleando y preguntándose entre ellos qué caras conocidas encontrarían una vez se abriera la puerta de la nave, todos deseosos de ver a viejos conocidos o amigos del pasado. Entre los allí asistentes se encontraban un par de miembros de la organización que, si bien no habían formado parte de Overwatch hasta hacía apenas unos meses, ya se sentían en aquella base como en su propia casa, con el resto de agentes como sus padres, madres, hermanos y hermanas. Dichos miembros, a pesar de que no estaban presentes en la primera formación de Overwatch durante la Crisis Omnica y por tanto no habían recibido el mismo mensaje de Winston que los demás, habían demostrado con creces el merecerse un puesto en aquel equipo, recibiendo una invitación por parte del gigantesco gorila bajo la promesa de que allí podrían poner sus peculiares habilidades al servicio del mundo, aunque para ello tuvieran que hacerlo en la clandestinidad. Uno de ellos, un joven brasileño con voluminosas rastas, escuchaba algo de música con sus grandes auriculares, mientras a su lado se encontraba mascando chicle una joven menuda de rasgos asiáticos, vestida con un holgado mono azul de trabajo salpicado de manchas de aceite y con la caricatura de un conejito rosa dibujada en el pecho.
-¿Cuánto crees que van a tardar en llegar?-preguntó con aire cansado Hana Song, también conocida por sus fans como DVa. Su compañero, Lucio, se quitó uno de los auriculares.
-Disculpa, ¿qué decías?- DVa suspiró.
-¡Digo que cuanto crees que van a tardar en llegar todavía!-repitió DVa-. Si llego a saber que iban a tardar tanto, me hubiera quedado revisando el MEKA un rato más.
-Vamos, no seas impaciente-le dijo Lucio dándole un suave codazo de complicidad en el hombro-. ¡Ya verás cómo deben de estar al caer!
-Sí, claro…Eso mismo me dijiste hace como una hora.
-Lo sé, lo sé… Mira, si te hace sentir mejor, te dejaré mis cascos un rato, hasta que llegue el transporte. ¿Qué me dices?- DVa se lo pensó unos instantes, y al final asintió con la cabeza. Cualquier cosa era mejor que esperar allí de pie sin hacer nada, y la verdad era que le gustaba bastante la música de Lucio, de manera que no tenia quejas.
De esta manera, la pareja de héroes continuó su espera en el hangar junto al resto de agentes, mientras alguno se iba impacientando y otro se iba a sentar para esperar más cómodamente a que llegara el transporte.
El sonido de unas fuertes pisadas llamó la atención de Lucio. Aquel que hacía temblar el suelo de aquella manera a su paso, Reinhardt, avanzaba desde la puerta del hangar en su dirección, vestido con un traje casual formado por una camiseta negra ceñida a su gigantesco cuerpo, unos holgados pantalones beige y su blanca barba pulcramente acicalada.
-Buenas. ¿Hay noticias de la nave?-preguntó a Lucio tan pronto llegó hasta ellos. A pesar de su enorme tamaño, Reinhardt era un hombre amigable de carcajada fácil, algo así como un súper abuelo musculado y bonachón, y a todos los miembros más jóvenes de Overwatch les gustaba tratarlo como si de su propio abuelo se tratara, recibiendo a cambio el trato de nietos por parte del veterano paladín de la justicia. DVa, al percatarse de la presencia de Reinhardt, corrió hasta su espalda y saltó a ella para intentar subirse a su hombro, si bien su escasa altura solo le permitió agarrarse y asomarse un poco por encima de su hombro.
-De momento nada, aunque dicen que llegará pronto-le dijo Lucio. Asintiendo, Reinhardt sonrió cálidamente a DVa, y con una de sus enormes manos la ayudó a sentarse en su hombro, como el loro de un capitán pirata. El enorme tamaño de Reinhardt hacia que DVa pareciera minúscula en comparación, pero esta parecía más que satisfecha de encontrarse allí, desde donde podía verlo todo sin problemas.
-¡Ya los veo!-exclamó DVa desde el hombro de Reinhardt, señalando con el dedo a la lejanía.
Efectivamente, del horizonte surgieron las brillantes luces de la aeronave de transporte de Overwatch, ganando tamaño a medida que se iba acercando a la base. Los agentes allí reunidos se apartaron para dejar espacio a la nave, que empezó a maniobrar mientras se introducía poco a poco en el interior del recinto. Los propulsores de la nave la mantenían en suspensión sobre el suelo, hasta que del techo surgió unas enormes pinzas metálicas que sujetaron desde arriba a la nave, que por fin pudo detener sus motores, sumiendo en un cada vez mayor silencio el hangar, solo roto por el creciente murmullo de los demás agentes.
La compuerta de la nave se abrió desde arriba, descendiendo y convirtiéndose en una solida pasarela por la que empezaron a descender los ocupantes de la nave, cargados con sus bultos, mientras eran recibidos entre risas, exclamaciones y palmadas en la espalda por sus antiguos camaradas. Muchos empezaron a ver a sus objetivos en la multitud, algunos abandonando el hangar al ver que aquel agente o aquel técnico con el que esperaban reencontrarse no estaba allí, o resignándose y yendo a saludar a otra persona diferente a la que en un principio esperaban ver.
De la nave surgió una figura que portaba un viejo poncho rojo y un sombrero de cowboy, fumando un cigarro mientras contemplaba desde el umbral de la nave el amistoso reencuentro de los camaradas que hacía años que no se veían. Satisfecho, empezó a atravesar la muchedumbre mientras iba saludando a viejos conocidos y estrechando las manos de los nuevos reclutas. Finalmente, empezó a caminar hasta el extremo en el que se encontraban Reinhardt, DVa y Lucio, el eco de sus espuelas resonando a cada paso que daba.
-¡Jesse, amigo mío!-exclamó Reinhardt con su potente voz, casi abalanzándose sobre McCree y enterrándolo en la montaña de músculos que era su cuerpo de un prieto abrazo que casi tira a DVa de su puesto. McCree, devolviendo el abrazo, trató de coger aire mientras sentía como los poderosos brazos de su amigo le chafaban el cuerpo-. ¡Han pasado muchos años! ¿Cómo has estado?
-Ah…bien…hasta que has venido y me has partido el espinazo…-dijo McCree con una sonrisa, estirando la espalda para recolocarse las vertebras que casi le parte su compañero-. Una pena que no coincidiéramos antes por aquí, pero Winston tenía trabajo para mí, y no me podía negar.
-Lo entiendo, lo entiendo. Después tenemos que tomarnos algo con el resto del viejo equipo, para recordar los buenos tiempos. ¿Qué te parece?
-Suena bien, compañero. Suena bien…-McCree reparó entonces en la joven asiática del hombro de Reinhardt, y en el brasileño de curioso traje que se encontraba a su lado-. ¿Y estos quiénes son? ¿Nuevos reclutas?
-Algo así. Estos son Hana…-dijo, señalando a la joven de su hombro. DVa saludó a McCree haciendo el signo de la paz con una mano, mientras formaba una pompa de chicle en su boca y la hacía explotar-…y Lucio-dijo, pasando a presentar al otro joven, quien directamente le estrechó la mano a McCree-. Chicos, este es Jesse McCree. Luchó a nuestro lado en la antigua Overwatch, y lleva siendo uno de sus más valiosos miembros desde que tenía poco más de vuestra edad.
-Un placer, chicos. Espero tener la oportunidad de luchar a vuestro lado en un futuro próximo.
-Lo mismo digo, colega-respondió Lucio.
-Hmm…-dijo DVa, mirando fijamente a McCree. Este, rascándose la nuca, dedicó una mirada de extrañeza a la joven celebridad coreana.
-¿Ocurre algo, señorita?- DVa, en vez de responder, se bajó de un salto del hombro de Reinhardt, y le quitó el puro con un rápido gesto a McCree, dejándolo tan anonadado como a Reinhardt y Lucio.
-Estos cigarros apestan, viejo. ¿No sabes que fumar es malo para ti y los que te rodean?-dijo, tirándolo sin cuidado por encima de su hombro. McCree contempló algo boquiabierto y apenado como su preciado cigarro caía al suelo y rodaba hasta caer en una alcantarilla, perdiéndose para siempre. Las carcajadas de Reinhardt sacaron de su estupor a McCree.
-¡JAAAA, JA JA JA JAAAAA! ¡Tiene agallas, ¿a que si?!-dijo Reinhardt, colocando una de sus manos en el hombro de DVa, tan pequeña en comparación que casi la aplasta a pesar de no haber hecho fuerza-. ¡Siempre te dijimos que te quitaras de ese vicio, y aquí tienes a alguien que coincide con nosotros!
-Me alegra que te diviertas, amigo-dijo McCree, fulminando con la mirada a DVa mientras esta le devolvía la mirada con los puños apoyados en la cadera-, porque lo que viene ahora seguramente te deje con la boca abierta.
Como si hubieran estado esperando esa misma señal para aparecer, dos figuras más surgieron del interior del transporte, avanzando por la muchedumbre de agentes mientras esta se abría y les dejaba pasar, mirando con ojos de puro asombro a las dos personas que acababan de desembarcar, dirigiéndose estas hacia Reinhardt y los demás.
Una de las dos personas era un extraño hombre que llevaba la cara tapada. Vestía una curiosa cazadora de cuero con el número 76 a la espalda, pantalones oscuros y un peculiar visor rojo a la altura de los ojos. Su cabello blanco y las arrugas de su frente indicaban que se trataba de un hombre mayor, aunque su porte y su cuerpo cuadrado indicaban que estaba lejos de estar débil y desgastado. En sus manos se encontraba un rifle de pulsos, el arma estándar de los antiguos agentes de Overwatch. Sin embargo, quien más llamó la atención era la otra persona.
Se trataba de una mujer, una mujer mayor de rasgos egipcios que vestía un traje de combate anticuado y portaba un rifle de francotirador bastante singular al hombro. Su rostro denotaba serenidad, con su ojo izquierdo tatuado mirando por encima de la asombrada muchedumbre que parecía centrar la gran parte de su atención en ella, y su ojo derecho cubierto con un oscuro parche. Al caminar, una larga trenza blanca rebotaba contra su pecho, saliéndole del interior de la capucha que cubría el resto de su cabeza.
Reinhardt, tal y como había dicho McCree, estaba con la boca abierta. Su expresión de sorpresa era tal, que DVa preocupada trató de pasar la mano por delante para ver si reaccionaba, pero era demasiado alto y ni saltando conseguía llegar hasta sus ojos. La extraña pareja siguió avanzando hasta situarse justo enfrente de ellos, con la mujer mirando fijamente a Reinhardt.
-Ha pasado mucho tiempo, Reinhardt-dijo la mujer con una sonrisa en el rostro. Reinhardt, todavía con cara de no acabar de creérselo, empezó a avanzar hacia ella, sus manos acercándose a ella, pero sin atreverse a tocarla, como si creyera que fuera un copo de nieve que fuera a romperse cuando él la tocara, o como un sueño increíble que pudiera acabarse en cualquier momento.
-A…A… ¿Ana?-dijo Reinhardt con voz entrecortada. La mujer asintió, su sonrisa algo menos firme en su rostro, como si en cualquier momento fuera a echarse a llorar-. ¿De…de verdad eres tú?- La mujer, Ana, volvió a asentir.
-Siento mucho no haber estado con vosotros cuando…pasó todo-dijo ella, mirando arrepentida al sorprendido alemán-. Necesitaba…el mundo debía creer que yo…-trató de decir Ana, pero fuera la explicación que fuera que hubiera podido preparar, se desvaneció de su mente en el momento en que encaró al sorprendido alemán. Ana suspiró, sonriendo tristemente mientras miraba al suelo-…imagino que debes estar muy enfadado con…
Reinhardt, por segunda vez en lo que llevaban de día, se abalanzó sobre alguien y lo envolvió en sus brazos para abrazarlo, solo que en aquella ocasión su abrazo fue mucho menos prieto y sí más cariñoso, arrodillándose en el suelo para así estar a la misma altura que la sorprendida mujer. Varias lágrimas recorrían las mejillas del poderoso guerrero, quien apretando los dientes trataba de contener su llanto.
-Creímos…creímos que habías muerto… ¡Todos creímos que…te habíamos perdido…!-dijo Reinhardt, fallando en controlarse y contener las lagrimas que le empapaban la barba cada vez más-. Qué alegría… ¡Que alegría siento de verte otra vez aquí con nosotros!-exclamó, abandonándose al llanto. Ana, sonriendo, devolvió el abrazo a Reinhardt, si bien sus brazos apenas podían rodear el cuerpo del alemán.
-Shhh, shhh,… Tranquilo, suéltalo todo…-dijo, palmeando a Reinhardt como a un bebé y dejando que se desahogara bajo la anonadada mirada de DVa, Lucio y el resto de agentes presentes en el hangar-. Eso es…Eso es…Ya está… Siento mucho haber hecho lo que hice, pero el mundo debía creer que había muerto. Creí que…distanciándome del conflicto podría proteger a mis seres queridos, pero ahora veo que nunca debí marcharme-dijo Ana, mientras poco a poco Reinhardt volvía a controlarse-. El mundo necesita que Overwatch vuelva a luchar por él, y no estoy dispuesta a quedarme a un lado otra vez mientras haya gente que me necesite.
Rompiendo el abrazo, Reinhardt se volvió a colocar en pie, sorbiendo los mocos de su nariz y limpiándose las lagrimas con sus puños. Ana, si bien permaneció serena en todo momento, aprovechó el momento para limpiarse una solitaria lágrima del ojo, sonriendo a Reinhardt mientras este, sacando pecho, ensanchaba su sonrisa.
-¡Me alegra poder contar contigo una vez más, Ana!-dijo Reinhardt, más calmado-. Te hemos echado mucho de menos por aquí, incluida tu…-Entonces, todos vieron que Reinhardt parecía acordarse de algo de repente, porque se llevó una mano a la frente en forma de manotazo-. ¡Por mis barbas, casi lo olvido! ¡Tu hija se ha unido a nosotros, Ana!
La noticia sorprendió a Ana, quien si bien consiguió mantener el rostro inexpresivo, no pudo evitar abrir el ojo de la impresión. Por un momento, incluso el misterioso soldado de pelo blanco pareció sorprendido, pero la máscara impedía que nadie pudiera verle la cara, de manera que era difícil de estar seguro.
-¿Fareeha? ¿Está aquí, en Overwatch?
-Sí, aunque ahora se hace llamar Pharah-explicó Reinhardt-. Se encuentra actualmente en Japón, cumpliendo una misión para Winston, pero no te preocupes, que ahora mismo cogemos una radio y…
-¡No, espera!-le cortó Ana-. No se lo digas todavía. Quiero ser yo quien le explique todo y…aún necesito tiempo para mentalizarme.
-Está bien. Tomate el tiempo que necesites-dijo Reinhardt con una sonrisa, que pronto le fue devuelta por Ana. Una vez aclarado todo, su atención se centró en el misterioso acompañante de Ana-. ¿Y quién es él?
-Él es el Soldado 76, un mercenario de quien seguramente habréis oído algún que otro rumor- explicó Ana. Reinhardt y todos los demás, efectivamente, conocían los rumores, y si ni que fuera solo la mitad de ellos verdad, entonces aquel tipo era más peligroso de lo que aparentaba-. Coincidí con él en Colombia, y nos hemos estado ayudando mutuamente desde entonces. Cuando Jesse me encontró, lo invité a venirse con nosotros.
-La verdad, no pensaba venir-dijo 76 hablando por primera vez. Algo en su voz le era familiar a Reinhardt, pero la máscara distorsionaba ligeramente su voz, y no la acabó de situar-, pero Amari fue muy insistente al respecto. Así pues, lucharé a vuestro lado durante un tiempo, pero no pienso quedarme ni unirme a vuestra causa.
-…está…está bien, de acuerdo-dijo finalmente Reinhardt-. Por aquí no aprobamos mucho tu manera de hacer las cosas, pero si Ana confía en ti, para mí eso es más que suficiente. ¡Bienvenido a bordo, compañero!-exclamó Reinhardt dándole una palmada en la espalda que lo hizo trastabillar un poco. Haciéndose crujir un poco el cuello, 76 volvió a erguirse y permaneció derecho sin decir nada.
-En fin, hay que ir a informar a Winston. Ahora es quien está a cargo de todo esto-dijo McCree a Ana.
-¿En serio? Es curioso cuanto ha avanzado el pequeño Winston.
-Jeje, creo que ya no es tan pequeño como recordarás, pero seguro que se alegrará mucho de verte de nuevo.
-Sí, y yo de verlo a él.
De esta manera, el pequeño grupo de héroes volvió a adentrarse en el complejo, dejando atrás el hangar de donde el resto de agentes ya se habían acabado de marchar, dispersándose en silencio. Cada uno de los agentes que habían vuelto aquel día sentía algo diferente respecto a volver a formar parte de Overwatch: orgullo, alegría, inseguridad, miedo,…
Solo uno de ellos permanecía estoico, sumido en sus propios pensamientos, sintiendo algo que ningún otro agente sentía al volver a encontrarse entre aquellas paredes. Suspirando, dicho agente se cargó al hombro su rifle de pulsos, y siguió su camino detrás de la francotiradora que, de alguna forma, le había convencido de que todo aquello podía llegar a funcionar.
Se mostraba escéptico al respecto, pero dentro de sí esperaba que ella tuviera razón.
Horas más tarde, 21:45 PM
-¿¡ES ESO CIERTO!?-preguntó Tracer a Mercy, agarrándola por los hombros y sacudiéndola como si pretendiera sacarle la verdad agitándola. Las dos mujeres iban vestidas, en vez de con sus característicos y dispares uniformes de combate, con sus trajes básicos de operaciones, consistiendo estos en una ceñida camisa blanca con el logo de Overwatch que se les pegaba al cuerpo y unos pantalones negros a juego. Mercy, por su parte, llevaba encima de esto su fiel bata médica y el pelo recogido con un pequeño clip. Tracer, en cambio, había optado por cambiar sus pantalones por otros más holgados, y encima de la camisa llevaba su siempre presente Acelerador Cronal. Las gafas naranjas que solía llevar en las misiones colgaban de su cuello y saltaban sobre su Acelerador cada vez que ella saltaba o corría.
Ambas se encontraban, en aquellos momentos, sentadas una al lado de la otra en el comedor del Observatorio, frente a una solitaria bandeja de comida, mientras a su alrededor otros tantos agentes de Overwatch charlaban animadamente entre ellos mientras cenaban. Mientras Tracer se encontraba ocupada devorando su cena, Mercy se le había acercado por detrás para darle la gran noticia de que Ana Amari, aparentemente, había vuelto de entre los muertos y había llegado recientemente a la base en el último transporte. La sorpresa inicial la había llevado a soltar la cuchara, con la boca abierta y los restos de su cena a la vista en su interior.
- ¡Sí, Lena, sí! Pero deja ya de agitarme, ¿quieres…? -dijo Mercy, librándose de su compañera. Tracer estaba sin palabras-. Y por lo que más quieras, traga de una vez, que me estás empezando a escupir.
-Ana Amari…viva…-dijo como si no se creyera que esas pocas palabras pudieran ir juntas en una misma frase. Desde que se había unido a Overwatch, la capitana Amari había sido uno de sus referentes en lo que a heroicidades se trataba. No exageraba si decía que todo agente en aquellos tiempos había deseado ser, o por lo menos parecerse, alguien tan increíble como lo era aquella mujer. La noticia de su desaparición los había sacudido como un mazazo, pero ahora que estaba viva…-…tengo que ir a verla-dijo de repente, levantándose de la mesa y girándose hacia la puerta. Sin embargo, Mercy la detuvo antes de que pudiera ponerse a Brincar a toda velocidad.
-Espera, espera… Esa no es la razón por la que he venido a verte.
-Ah…-Tracer se volvió a sentar en el banco-. Entonces, ¿qué querías de mi?-dijo, agarrando de nuevo su cuchara y poniéndose a comer mientras escuchaba lo que tuviera que decirle Mercy.
-Verás, resulta que Hellhound se ha despertado y está siendo interrogado en este preciso instante. Winston y yo nos preguntábamos si te gustaría estar presente, ya que fuisteis tú y Reinhardt quienes lo atrapasteis, y al final he venido yo mismo a informarte.
Tracer se puso a pensar si ir o no mientras masticaba su cena, cruzándose de brazos con la cuchara aún en la mano. Habían pasado dos días desde que atraparan a Hellhound en Londres, y apenas había pasado un día desde que habían llegado a la base. Tracer había ido a tratar sus heridas (tanto las que recibió durante el atraco como las quemaduras que sufrió al tirarse al agua para sacar a esa estufa con patas del Támesis) y a descansar un poco mientras que Hellhound fue llevado a la enfermería. Como todos, había oído rumores sobre lo ocurrido cuando el australiano se había despertado, y en el fondo se había alegrado de no haber tenido que ir ella a intentar solucionar aquel desaguisado, ya que lo más seguro era que se hubiera llevado alguna torta ella también en el intento.
-¿Tendré que interrogarlo yo?-preguntó.
-No, ya tenemos a un experto en ello. Tú estarías más en calidad de observante desde detrás de la pared falsa-dijo Mercy. Si no tenía que hablarle a Hellhound, entonces Tracer no veía ningún inconveniente en estar presente. Además, su presencia podía servir para interpretar alguna cosa que pudiera decir Hellhound, ya que ella había sido la que más cerca había estado de atrapar a la banda entera, con la colaboración de Reinhardt.
-Muy bien. En ese caso, de acuerdo-dijo Tracer, dejando la cuchara a un lado de la bandeja.
-Vale. Ven, no perdamos más el tiempo-dijo Mercy, robándole el postre de la bandeja a Tracer y yendo hacia la salida. Abriendo la boca al ver que le habían quitado la parte más deliciosa de la cena delante de sus narices, Tracer se apresuró a descartar el resto de la bandeja y echó a correr detrás de Mercy, quien riendo había empezado a huir hacia la puerta del comedor.
-¡ANGELA!-exclamó, corriendo en vez de Brincar para seguirle el juego a la doctora.
Sala de interrogatorios, momentos más tarde:
Finalmente, Tracer atrapó a Mercy cuando esta abría la puerta de la sala de observación, agarrándola por detrás y zarandeándola entre risas de la doctora.
-¡Te pillé, criminal! ¡Entrega el flan y nadie resultara herido! ¡No hagas esto más difícil de lo que ya es!-dijo a Mercy mientras le hacía cosquillas en el costado, haciéndola reírse a carcajadas.
-¡Nooo, basta, jajajaja! ¡Me rindo, me rindo!-exclamó Mercy entre lagrimas, incapaz de librarse de Tracer, entregándole su flan de vuelta.
-¡Ja! La justicia siempre triunfa-dijo Tracer con una sonrisa de orgullo, dándole un bocado a su premio y atravesando con altivez la puerta. Suspirando, Mercy la siguió al interior de la sala.
-Sí, bueno, eso es muy…-Justo entonces, tanto Mercy como Tracer vieron que ya había alguien más en la sala. De hecho, habían dos personas allí dentro: McCree y un hombre de cabellos blancos y extraño visor, que miraba fijamente a través de la pared holográfica al interior de la sala, donde un agente de mediana edad intentaba sonsacarle información a Hellhound, maniatado por su cepo a la mesa que ocupaba el centro de la sala.
-Ups, esto… ¡Jeje…je…no sabíamos que hubiera alguien ya aquí!-dijo Tracer sonriendo algo avergonzada, mientras Mercy se ponía roja de pura vergüenza. Riendo entre dientes, McCree le quitó importancia con un gesto de su mano, su poncho y armadura guardados en su habitación, pero aun con su sombrero en la cabeza y su revólver colgado de su cintura.
-No pasa nada, tranquilas. No os habéis perdido nada, de todas formas-comentó McCree. Cerrando la puerta tras de sí, Tracer y Mercy se reunieron con los dos hombres, mirando ellas también al interior de la sala de interrogaciones.
-¿Y este es…?-preguntó Tracer, algo incomoda por tener que estar al lado de aquel desconocido, tan quieto que por un momento la joven londinense se preguntó si no sería una estatua. Ni siquiera cuando habían entrado entre risas en la sala había movido un pelo.
-Es el nuevo…digamos, "colaborador"-explicó McCree-. Se hace llamar Soldado 76, y como habréis podido comprobar, no es el mercenario más parlanchín del mundo.- Por primera vez desde que habían llegado, 76 dio muestras de vida. Girando la cabeza ligeramente, saludó con un corto ademán a las dos mujeres, volviendo a centrar su atención en el interrogatorio antes de que alguna de ellas alcanzara a devolverle el saludo. A Tracer no le cayó nada bien aquel tipo, optando por ignorarlo si tan pocas ganas tenia de hablar con ella, mientras que Mercy no pudo evitar sentir que conocía a aquel hombre de algo, pero no supo de qué.
En la sala de interrogaciones se estaba llevando a cabo, tal vez, uno de los interrogatorios menos productivos de toda su historia. El interrogador a cargo, un experimentado agente que ya había participado en varias decenas de interrogatorios a lo largo de su carrera, se enfrentaba a uno de los huesos más duros de roer que jamás hubiera tenido que interrogar. No se dejaba intimidar. No le interesaba negociar. La idea de pasarse encerrado una cantidad indeterminada de tiempo no le asustaba. La charla banal con el objetivo de ganarse su confianza terminaba siempre con chascarrillos y bromas a su costa. Incluso, en un momento de furia y frustración, había acabado soltándole un puñetazo, pero aquel tipo se había limitado a relamerse y a pedirle más. Ya no sabía que más intentar.
-Por última vez, Craig…-dijo el interrogador.
-No, YO por última vez-le cortó Hellhound-. ¡Mi nombre es Hellhound!
-¡Lo que sea!-dijo el interrogador, harto ya de todo-. Dime donde están Junkrat y Roadhog, y dónde habéis escondido las joyas de la Corona.
-¡Ya le he dicho que no lo sé! ¿Cómo demonios quiere que lo sepa, por telepatía?- El interrogador se pasó la mano por la cara. Ya era la quinta o sexta vez que repetían lo mismo, y se estaba empezando a hartar.
-Hellhound, creo que no eres consciente de tu posición…
-¡Pero sí que soy consciente! Estoy sentado, ¿verdad?-dijo inocentemente Hellhound.
-No es eso a lo que me refiero.
-¿Hablaba de mi posición en coordenadas geográficas? Porque debo reconocer que nunca acabé de entender todo eso de latitudes, longitudes y demás…
-Hellhound…
-O, tal vez, se refiera a mi posición respecto a algo. ¿Respecto a qué? ¿Al Sol? ¿Las estrellas? ¿Un cacahuete en el suelo a 1000 kilómetros de aquí? ¡Sea más especifico, hombre!
-¡Aaaagh!-exclamó frustrado el interrogador, agarrando a Hellhound por el cuello de la camisa y levantándolo un poco de su asiento-. ¡QUE ME DES UNA RESPUESTA YA, HOSTIA!
-Vaaaale, vale…No hace falta ponerse así-dijo calmadamente Hellhound-. ¿Quieres una respuesta? Vale, allá va…La respuesta es pi.
-… ¿Qué?
-¿No es correcto? Entonces…la respuesta debe ser… ¿el amor? ¿El dialogo entre personas?-empezó a decir Hellhound. El interrogador lo soltó, pero Hellhound siguió hablando-. ¿Un enano patizambo? ¿Dos litros de agua? ¿El huevo? ¡La gallina! ¡Veinte metros! ¡Rojo! ¡La segunda opción! ¡A! ¡1958!
-¿Pero qué estás diciendo ahora?-preguntó el interrogador, al borde del colapso.
-Pues lo que me ha pedido. Le estoy dando respuestas. No sé si estas le servirán, ya que aún me faltan las preguntas, pero para cuando las tenga ya le voy dando yo las respuestas. Así, usted gana tiempo, y yo podré cenar antes. Todos salimos ganando.
-…
-…
-…
-… ¿seguro que no es pi?- El interrogador miró con cara inexpresiva a Hellhound. Inspiró, exhaló, y dándose media vuelta salió de la sala-. ¿Eso es un sí o un no?-alcanzó a preguntar justo antes de que se cerrara la puerta.
Los espectadores de la sala contigua centraron su mirada en la puerta, por la cual pronto entró el cansado interrogador. Sin decir nada, atravesó la sala y fue directamente a la máquina de cafés que ocupaba la esquina opuesta a la puerta.
-¿Qué, avanza la cosa?-preguntó tentativamente McCree. El interrogador negó con la cabeza.
-¿Avanzar? Me está sacando de quicio… ¿Es que ese tipo no sabe lo que es el sentido común? ¡Parece que le de todo igual!
-Bueno, cuando eres un criminal que constantemente esta bajo un intenso dolor físico, supongo que un interrogatorio tradicional debe de impresionarte más bien poco-comentó Mercy, observando como Hellhound silbaba en la sala de al lado, mirando distraídamente por todas partes. El interrogador, sin embargo, se tomó a mal el inocente comentario de Mercy.
-¡Eh, si alguno de vosotros, pandilla de listos, cree que es tan sencillo, es libre de entrar e intentarlo! Yo, por mi parte, lo dejo. Me voy a cenar…-El interrogador, café en mano, abandonó la sala antes de que nadie pudiera decir nada. En vista de que no parecía dispuesto a volver, los miembros de Overwatch allí presentes se miraron entre sí.
-¿Y ahora qué?-preguntó Tracer.
-Supongo que nos tocará a nosotros interrogarlo. ¿Algún voluntario?-preguntó McCree.
-A mi no me miréis. Ya hice bastante con atraparlo, y no tengo muchas ganas de pelearme con él ahora mismo, muchas gracias-dijo Tracer, levantando las manos.
-Yo iré-dijo el Soldado 76 de repente, quien no había apartado la vista del prisionero en ningún momento, y sin esperar a que nadie le dijera si sí o si no, se dirigió a la puerta y salió de la sala.
-¿Creéis que es buena idea?-preguntó Mercy-. Dicen que los métodos de ese hombre pueden resultar ser un poco…brutales.
-Bueno, míralo por el lado bueno: peor que el otro interrogador no lo puede hacer-comentó en tono divertido McCree, ganándose una mirada feroz por parte de la doctora e invitándolo en silencio a que se callara.
De esta manera, los otros tres miembros restantes permanecieron atentos a lo que fuera a pasar en el interior de la sala, cada uno con sus propias teorías sobre cómo iba a ir la cosa.
...
Una vez el interrogador abandonó la sala, Hellhound empezó a sonreír victorioso para sí. Si es que a insufrible no le ganaba nadie…
Algo aburrido al no tener ya nadie con quien charlar, empezó a examinar con la mirada la sala en la que se encontraba. Parecía bastante normalita en lo que a salas de interrogatorios se refería: paredes grises, una simple mesa y dos sillas como único mobiliario, cámaras de seguridad bastante obvias en el techo, y una pared falsa que daba a una sala donde, seguramente, habían varios agentes de Overwatch observándole y escuchándolo todo. Lo típico.
Hellhound estiró la espalda todo lo que pudo, que no era mucho. Le habían atado el cepo a la mesa, de manera que aunque podía levantarse de la silla, no podía alzar los brazos ni incorporarse del todo, de manera que optó por permanecer sentado. Al menos le habían dejado conservar el bombín y su collar, y la celda en la que lo habían metido hacía un par de horas tampoco estaba mal. Era mucho más espaciosa que la celda en la que lo habían metido la última vez que la poli lo había pillado, tenía un retrete con un pequeño tabique que aportaba algo de intimidad por si tenía que sentarse en él, un camastro que ni tenía chinches ni muelles sueltos, y encima tenía buenas vistas del pasillo y de la celda de enfrente, ya que la pared que daba al pasillo en realidad era un campo de fuerza. En cierta manera hacia menos claustrofóbico el lugar, lo cual le permitiría resistir mejor cuando lo volvieran a encerrar allí. Había estado en sitios que, en comparación, hacían que aquel antro pareciera un hotel de cinco estrellas, de manera que no se quejaba de su estancia en los calabozos de Overwatch hasta el momento.
Además, resistir su interrogatorio era pan comido. No tenía ni idea de qué clase de criminales habían interrogado en aquel lugar hasta el momento, pero estaba claro que ninguno de ellos había tenido tanta labia como él. Por experiencia sabia que, si no te da miedo que te hagan un poco de daño, solo era cuestión de mostrarse seguro y no soltar prenda para que hasta el interrogador más inquisitivo acabe subiéndose por las paredes. ¿Qué podía decir? Marear a los agentes de la ley era uno de sus deportes favoritos.
La puerta de la sala se abrió de nuevo, y alguien entró en su interior sin decir ni una palabra. A primera vista no parecía un agente de Overwatch. De hecho, Hellhound no tenía ni idea de quién podía ser. Se trataba de un hombre que, a juzgar por el pelo y las arrugas, debía de tener 50 o 60 años, si bien su cuerpo parecía que perteneciera a un soldado de 30 como máximo. Vestía un traje que parecía una mezcla entre un uniforme de guerrillero y el de un motorista y en su cara, y este tal vez fuera el detalle más indicativo de su persona, había un peculiar visor rojo que le cubría los ojos y ocultaba su rostro.
Sin decir nada, aquel hombre se sentó enfrente de él, observándolo en un silencio tan incomodo que incluso a Hellhound le costó un poco sostenerle la mirada (el hecho de no verle los ojos ayudaba a que, obviamente, le costara mirarle a los ojos).
-Ehm…hola-dijo Hellhound.
-…
-Mi nombre es Hellhound. Un placer-volvió a decir-. Te daría la mano, pero…me encuentro un poco indispuesto para ello en este preciso instante-comentó con una sonrisa.
-…
-¿Vas a ser mi amigo? Me duele reconocerlo, pero no tengo demasiados amigos…
-…
-¿Eres un hombre de pocas palabras, eh? Eso me gusta. Significa que así yo tendré más espacio para hablar.- Hellhound se colocó mejor en su asiento, mientras el otro hombre permanecía inmóvil en su propio asiento-… ¿Sueles ir al gimnasio? Imagino que sí, porque… ¡Macho, estas cuadrado, colega! He visto armarios menos rectangulares que tú.
-…
-Oye, tu cara me suena de algo. ¿Dónde…donde te he visto antes…? ¡Ah, ya lo sé!-siguió diciendo Hellhound-. ¡En un comic antiguo de los X-men! Eres idéntico a como seria Cíclope si se hiciera motero durante su crisis de los 40…o 50… o los que tengas tú.
-…
-¿Nada? ¿Vas a dejarme con la palabra en la boca, Cíclope? ¡Jo, pues vaya interrogador más aburrido que eres! ¿Seguro que sabes cómo va esto? Mira, yo te lo explico: primero, tú me haces una pregunta, luego yo me rio de ti, y finalmente tú te enfadas y te jodes. ¿A que es sencillo? Venga vamos a probar…Primero…
76 pulsó un botón debajo de la mesa, liberando el cepo de Hellhound de la mesa. Este, sorprendido, comprobó que, efectivamente, le habían soltado, si bien sus manos seguían atrapadas la una con la otra. Sin acabar de entender que estaba pasando, miró algo extrañado a su silencioso interrogador.
-Ehm… sé que ya te lo he preguntado antes, pero… ¿seguro que sabes lo que estás haciendo? Porque te diré, esto es lo mas…
-Dime-dijo 76 por primera vez desde que entró allí, sorprendiendo y cortando a Hellhound- dónde está tu banda.
-¿Ves? ¡Así es como se hace esto, ASI SÍ! Vale, ahora es cuando yo te digo que no sé de qué me estás hablando, y tú simplemente…
-¿Dónde…?-volvió a decir-¿…está…tu banda…?- Hellhound suspiró.
-Pero mira que sois pesaditos con la dichosa pregunta. ¿Cuántas veces tengo que decir que "no lo sé"? ¿Acaso queréis que os lo deletree?-preguntó a malas Hellhound.
-Hijo, podemos hacer esto por las buenas, o podemos hacerlo por las malas.- Hellhound sonrió. ¿En serio, amenazas? ¿Eso era lo mejor que podía hacer? Vaya, y él que se había empezado a preocupar…
-Pues siento desilusionarte, "papi", pero mi respuesta no va a cambiar. Además…-dijo Hellhound, inclinándose un poco hacia adelante en su silla-…tú y yo ya sabemos cuál de esas dos opciones voy a escoger al final-dijo con una sonrisa. 76 permaneció unos segundos en silencio, e imitando a Hellhound se inclinó ligeramente hacia adelante.
-Última oportunidad. ¿Estás seguro?- Hellhound sonrió. Tenía que admitirlo, se estaba empezando a acojonar, pero a la vez la situación estaba resultando de lo más divertida y emocionante.
-¿Comen plátanos los monos?-preguntó Hellhound a modo de respuesta, sonriendo burlón.
Sin decir nada más, 76 agarró por la cabeza a Hellhound y se la estampó contra la mesa, sacándole del golpe el bombín de la cabeza y dejándolo algo mareado. Sin perder un instante, 76 aprovechó para ir hasta donde estaba el, agarrarlo por el chaleco, y levantarlo en el aire casi sin esfuerzo. Antes de que Hellhound pudiera entender que estaba pasando, 76 lo estampó contra el suelo, y levantándolo a pulso de nuevo por el cuello lo lanzó contra la pared del fondo, sacándole el aire del cuerpo cuando su espalda chocó violentamente contra la pared. Tras caer pesadamente al suelo, fue recogido nuevamente por 76, que tras hacerle levantarse le soltó un puñetazo en el estomago que Hellhound sintió como si se lo hubieran dado con una maza de hierro. Un fuerte rodillazo por parte del mercenario le levantó la cabeza de golpe, sangrando bastante por la nariz e impidiéndole recuperar el control de sus sentidos todavía, todo pasando demasiado rápido como para que su cerebro pusiera en marcha su cuerpo.
Nuevamente, 76 agarró a Hellhound por su chaleco, y lo estampó contra una de las dos paredes laterales sin soltarlo, zarandeándolo por la sala como a un muñeco de trapo. Girándose, 76 repitió la misma operación, golpeando a Hellhound contra la pared holográfica de luz solida que separaba la sala de interrogatorios de la de observación. Cuando el cuerpo de Hellhound chocó contra la pared, Mercy y Tracer retrocedieron de la impresión, siendo solo McCree el que permaneció estoico en su sitio, observando tranquilamente como 76 destrozaba a Hellhound.
-¿Pero qué hace?-preguntó escandalizada Mercy al ver como 76 lanzaba a Hellhound de aquí para allá, y como lo molía a palos sin molestarse en hacerle ni una sola pregunta-. ¡A este paso lo va a matar!
-Solo lo está ablandando un poco para que hable-dijo tranquilamente McCree, encendiéndose un cigarro mientras veía como 76 ponía en pie a Hellhound, y empezaba a darle puñetazos en la cara, haciéndosela girar de un lado para otro. Uno de los puñetazos mandó a Hellhound al suelo, la sangre que proyectó de su boca salpicando la pared.
-¿"Ablandando"? ¡Esto es una carnicería!-dijo Tracer.
-Ese tipo ha matado a cientos de personas personalmente, y es responsable directo de la muerte de otras tantas de cientos o miles más-dijo McCree-. Créeme, no me da mucha lástima lo que le pase a ese chaval.
-Aun así, este no es el estilo de Overwatch…-dijo Mercy, tratando de razonar con McCree, pero este se limitó a reír entre dientes.
-No, cierto, este es más el estilo de Blackwatch-reconoció McCree, sorprendiendo a Mercy y a Tracer-. ¿Qué? ¿Os sorprende saber que antes también calentábamos un poco a los malos para que hablaran?
-¿Quieres decir que antes también hacíais estas cosas?-preguntó horrorizada Mercy. McCree exhaló una bocanada de humo al aire.
-Solo en los casos más peligrosos. Hacíamos lo que hubiera que hacer para arrancarles la verdad y salvar mogollón de vidas. No era bonito…-76 estampó de nuevo a Hellhound contra la falsa pared, esta vez aplastándole la cara contra ella, de manera que su cara amoratada quedó a la vista de todos durante unos instantes. Después, 76 lo levantó en el aire y lo estampó de espaldas sobre la mesa-…, pero ese era el precio de hacer justicia.
-¿"Justicia"?-preguntó Tracer, viendo como 76 pisaba la mano de Hellhound y le arrancaba un alarido de dolor, un sonoro crujido resonando alto y claro hasta donde estaban ellos. El hecho de que semejante asalto pudiera tener algo que ver con la justicia que ella tan firmemente defendía la hacía sentir…mal, asqueada, sucia…, como si ella misma fuera quien estuviera ahí golpeando a Hellhound-. ¿Qué tiene esto de justo? ¿Dónde está todo aquello por lo que luchamos, aquello que juramos defender?
-Lena…-empezó a decir McCree, pero Tracer no estaba dispuesta a dejarle que la hiciera callar.
-¡No, McCree! ¡Si no nos ponemos limites, si actuamos creyéndonos por encima de la justicia, si nos rebajamos al nivel de aquellos a quienes nos enfrentamos!…entonces no somos mejores que ellos-dijo Tracer, mirando fijamente a McCree, como desafiándole a que le llevara la contraria. Tras sostenerse la mirada durante unos instantes, con únicamente el eco de la paliza ininterrumpida que estaba recibiendo Hellhound de fondo, McCree sonrió con aire nostálgico.
-¿Sabes? Una vez un hombre a quien yo admiraba dijo algo muy parecido a eso que acabas de decir-dijo, sorprendiendo a Mercy y a Tracer-. En su caso me llamó la atención porque no le pegaba nada por su aspecto y carácter, pero… creo que en tu caso sí que te va-dijo, sonriendo a Tracer. Después, se giró hacia la falsa pared y golpeó en ella dos veces con el puño.
76, a medio camino de un puñetazo, detuvo su ataque al oír los golpes en la pared. Mirando al machacado y amoratado joven que colgaba inerte de su mano, lo dejó caer pesadamente al suelo y se lo quedó mirando amenazadoramente desde arriba mientras Hellhound se arrastraba hasta la pared y apoyaba su espalda en ella, tosiendo sangre de vez en cuando mientras miraba a 76 a través de sus dos ojos ennegrecidos por los golpes.
-Voy a darte otra oportunidad. Tu ÚLTIMA oportunidad-dijo 76, haciendo reír a Hellhound por alguna extraña razón. Su risa sonaba algo áspera, y su rostro indicaba que reírse le estaba haciendo daño, pero eso no le impidió reírse durante un buen rato. El resto de su cuerpo, magullado y golpeado, había empezado a humear ligeramente.
-Vaya, papi…Debo…debo de ser un cabronazo muy afortunado, porque…creía que esta ya era mi…última oportunidad-dijo, sentado en el suelo al ver que le era imposible ponerse de pie, y escupió un pegote de sangre a un lado. 76, sin decir nada, levantó su pie y le dio un fuerte pisotón a Hellhound en la rodilla derecha, machacándosela y obligándole a apretar los dientes para no gritar.
-¿Dónde…?-76 apretó aun más la presión de su pie, mientras Hellhound hacia verdaderos esfuerzos por no gritar-¿…está…?-Girando un poco el pie, 76 hizo que Hellhound tirara la cabeza hacia atrás por el dolor, apretándola contra la pared mientras con una mano intentaba apartar la dura pierna del mercenario-¿…tu banda?
-…ugggghhhh… ¡Vale, valevalevale, te lo diré, te lo diré, pero quita la pezuña, animal…!-Tras unos instantes más de dolor, 76 acabó por levantar el pie. Hellhound examinó el daño de su pierna, viendo como esta parecía doblarse ligeramente en dirección contraria a la normal.
-Te escucho-dijo 76, cruzándose de brazos. Hellhound inspiró y expiró pesadamente un par de veces, mirando de reojo al hombre que lo había machacado de aquella manera.
-Es…espera. Tengo tu respuesta…justo aquí, en mi bolsillo… Espera que la coja…- Hellhound giró su cuerpo y empezó a rebuscar en el bolsillo de su pantalón con la mano buena-…ten un momento de paciencia. Esto con un cepo cuesta más, pero… te aseguro que no quedarás decepcionado con la respuesta que tengo aquí guardada…
Hellhound siguió rebuscando hasta que, finalmente, se le iluminó la mirada.
-¡Ah, ahí está! Ten, aquí tienes tu respuesta…-dijo, sacando la mano. En vez de algún papel, un mapa, o alguna especie de comunicador, lo que Hellhound sacó de su bolsillo fue su mano sana, cerrada en un puño y con el dedo del medio estirado-. ¡Anda, mira…! ¡Pero si es "que te jodan"! Vaya… ¿quién hubiera podido esperar una respuesta semejante…?- Hellhound empezó a reírse de su propia broma, su risa algo extraña a causa del dolor que sentía en aquel instante, mientras sus ojos miraban nerviosos a la figura de 76.
Este, sin decir nada, agarró a Hellhound por su chaleco y lo levantó en el aire sin esfuerzo aparente, sus pies colgando inútilmente en el aire a pesar de ser de la misma altura.
-¿Últimas palabras?-le preguntó 76, tirando el puño hacia atrás. Hellhound sonrió, mostrando una dentadura manchada de sangre.
-… ¡Viva Magneto!-exclamó sonriendo-. Ah, y ese visor te hace parecer gordo…
Cerrando los ojos, Hellhound esperó al impacto final de 76…pero nunca llegó. Abriendo poco a poco los ojos, vio que otro agente, este vestido con un curioso atuendo de vaquero, había entrado en la sala y sujetado por el brazo al mercenario antes de que pudiera seguir golpeándolo.
-Vale, ya está bien. Muerto no nos sirve de nada-dijo el agente, mirando fijamente al mercenario a la cara.
Sin decir nada, 76 dejó caer a Hellhound al suelo, donde se quedó momentáneamente de pie hasta que se dejó caer de espaldas contra la pared. Luego, lentamente, empezó a deslizarse por ella hasta caer de culo en el suelo.
-Te libras por esta vez, escoria-le dijo 76. Hellhound, debilitado como estaba, ni siquiera levantó la cabeza para mirarle -. Considérate afortunado. La próxima vez, lo haremos por las malas…
Inclinándose hacia un lado, el cuerpo de Hellhound empezó a caer hacia el suelo. Antes de que su cabeza pudiera acabar de caer, un zumbido que ya había oído antes resonó de repente en su oído, y un par de brazos lo sujetó justo a tiempo, impidiéndole chocarse contra el suelo. Una silueta entró en su campo de visión, una silueta ligeramente familiar para él, pero que a causa de la paliza recibida y de las luces que le daban en la cara no pudo ver con claridad. Su visión estaba demasiado borrosa como para ver nada, y el zumbido de oídos fruto de los golpes del tipo del visor le impedían oír más que un pitido, distorsionándolo todo como si lo estuviera intentado oír desde debajo del agua.
"Ah, inconsciencia…dulce, dulce inconsciencia…", pensó dramáticamente, mientras sentía como poco a poco perdía la sensibilidad y el control de su cuerpo, la familiar temperatura extrema que llevaba acompañándolo desde hacía años empezando a extenderse por todo su cuerpo. "…haz tu magia…".
Y aquí lo dejo por hoy.
¡Brutalidad policial! ¡76 a prisión! ¿Qué es eso de tratar así a los OCs de la gente?
Espero que os guste, y ya me diréis lo que os está pareciendo.
Además, para los que no lo hayáis visto, he colgado un especial de Halloween bajo el mismo título que este fanfic: "Héroes, Villanos y Chatarreros (especial Halloween)". Mi primer Oneshot, y el primer fic de este tipo que jamás he escrito. Espero que os guste mucho tambié.
Chao, chao.
