Primero de todo, siento haber tardado tanto en actualizar, la verdad es que no sabía cómo continuar esta historia.
Segundo, gracias a todos los que leéis y/o comentáis. Es bueno saber que no estoy perdiendo el tiempo ;)
CAPÍTULO 4: Doubts.
Richard Castle es un hombre afortunado. Tiene una familia a la que adora, fama, dinero... y hasta hace media hora, novia.
Ahora está casi más confuso que triste. Sabía que la proposición conllevaba un riesgo. Aunque tenía la esperanza de que le dijera que sí, también era realista. Las posibilidades de que le respondiera 'no' eran muy elevadas. Pero no había pasado ni una cosa ni la otra, al menos no directamente.
El mensaje lo había recibido alto y claro: no habría boda. Pero jamás esperó que Kate le echara en cara su propuesta, que se la tomara como una encerrona para retenerla. Él nunca le haría eso. Era perfectamente consciente de lo que significaba para ella esta oportunidad. Nunca intentaría cortarle las alas en ese sentido.
Ha llegado a la puerta de su casa y no sabe si entrar. Son tantos los recuerdos que lo podían invadir... La misma puerta es un claro ejemplo de ello. Finalmente, saca la llave y abre la cerradura. Su madre está en la cocina. Nada más verlo, intuye que algo malo ha pasado. Lo de esta mujer es increíble. Por muy loca que pueda parecer a veces, en realidad es la más perspicaz de la familia.
- Querido, ¿qué ha pasado? - pregunta caminando hacia él.
Castle se lo cuenta todo. La conversación, la propuesta y la reacción de Kate. Cuando acaba, su madre está esbozando una pequeña sonrisa.
- No tiene gracia, madre.
- Ay, querido. No entiendes nada.
- ¿Qué es lo que no entiendo? ¿Que no quiere seguir con lo nuestro? ¿Que ya no le importa lo que yo sienta? ¿Qué?
Martha lo mira cómo si le estuviera explicando a un niño pequeño porqué no puede bañarse después de comer.
- Eres escritor por una razón, Richard. Tienes el don de la palabra. Cuando hablas, cuando narras una historia, no se te olvidan los detalles – Castle la observa sin saber adónde quiere llegar -. Por lo que me has contado, y estoy segura de que no te has saltado ni una sola sílaba, ella en ningún momento te ha dicho que 'no'. ¿Me equivoco?
Vale, ahora sí que entiende su razonamiento.
- Pero eso no tiene porqué significar nada, madre.
Ella se ríe y se levanta del sofá donde están sentados para dirigirse a las escaleras que llevan a su habitación en la parte de arriba.
- Créeme, querido, lo significa todo.
Quizá tenga razón, piensa Castle un rato después. Quizá no esté todo perdido. Pero Beckett no es de las que buscan palabras bonitas para disfrazar lo que piensa. Si le ha recriminado, será porque lo considera un obstáculo en su camino a D.C. Así que se hace una promesa: no ser una carga, dejarle el camino libre. Dejarla volar.
Hace más de dos horas que saliste de la morgue, escapando de las palabras de Lanie. Escapando de una verdad que no quieres reconocer. 'Creo que sufres porque quieres. Si en verdad quisieras dejar de sufrir te enfocarías en lo que te hace feliz y te alejarías de lo que te hace daño.'
Es verdad. Puedes elegir no sufrir más. Olvidar el pasado e imaginarte un futuro de ensueño. Hay quien dice que nuestras vidas se rigen por nuestras elecciones, pero en realidad no son nuestras elecciones las que determinan quiénes somos, sino nuestro compromiso con ellas. Ése es el problema, que no sabes hasta qué nivel te podrías comprometer con ese futuro. No hay elecciones seguras, sólo elecciones distintas.
Desde el momento en que nacemos, deseamos sellar una unión con otra persona. Sentimos el impulso de conectar, de amar, de pertenecer a otro. En una unión perfecta hallamos las fuerzas que no encontramos en nosotros mismos. Pero la fuerza de esa unión no se conoce hasta que se pone a prueba. ¿Y si no pasamos la prueba? ¿Y si, después de todo, la unión se rompe?
El amor es un proceso químico que causa una ilusión, dicen algunos. ¿Porqué, entonces, es tan trascendente? ¿Porqué, entonces, es eterno? Da igual qué página de la historia de la humanidad te toque. Da igual que hayan pasado 1000 o 5000 años. Allá donde mires, el amor estará presente. Paternal, fraternal o carnal. Secreto o público. Bueno o malo. Eso da lo mismo.
Dos horas más de dudas, de preguntas sin respuesta. Ya es de noche, como hace un año. E, igual que entonces, has acabado frente a su puerta sin saber si llamar o no.
Un año, que pronto se dice. Pero las diferencias son abismales. Esta vez no vienes decidida a dar el siguiente paso, sólo a no perder lo que ya has conseguido. Esta vez no tienes las ideas claras, tu mente es poco más que un garabato. Esta vez, quizás sea la última.
Alzas el puño y golpeas con los nudillos. ¿Y si no te abre? ¿Y si no te quiere ver? ¿Y si...?
Lo tienes delante. Lo miras a los ojos. Él también ha estado llorando.
Ni Castle ni sus personajes me pertenecen, son del oh, gran genio Marlowe.
