Disclaimer: Renuncio a los derechos sobre los personajes reales, pues ellos se pertenecen a si mismos, así como los nombres artísticos que se toman para nombrar a otros personajes que sajen en esta historia. Crepúsculo así como su universo es propiedad de su autora Stephenie Meyer. La trama y los personajes originales son míos. Esto es sin animo de lucro, y el único motivo es entretener al lector.

Cap.3 FIEBRE

Entonces él captó el mensaje

—No estoy en plan de conquista Bella— a esas alturas ya estaba completamente empapada

—No quería venir, de hecho estaba en casa, pensando en lo sucedido en la tarde porque yo…—no lo dejé terminar, no quería escuchar.

—No me debes nada Edward, no tienes porqué sentirte atado a mi, sólo porque anoche…—se me hizo un nudo en la garganta

—…tu sabes. No tienes ningún compromiso conmigo y descuida, no me atravesaré en tu camino, has de cuenta que no me conociste.—Y me di la vuelta y lo dejé ahí, caminé lo más aprisa posible. Quería alejarme lo mas pronto de ahí. Su recuerdo me estaba quemando, y no podía quitar de mi mente esas imágenes. A las pocas cuadras, me alcanzó Emmett, esto era el colmo de la frustración. Me quedé parada, mojada y molesta al verlo, comencé a temblar calada hasta los huesos, el agua estaba helada al igual que el viento, Emmett me miró pues Jasper su hermano, estaba junto a él. No dijo nada, pero mi furia en vez de aumentar iba disminuyendo.

—Sabes, si fueras vampira, te tendría miedo—se carcajeó Emmett. El volvo se estacionó a un lado. Y Edward salió de él.

—No me iré con ustedes, así que olvídalo.—le miré furiosa.

—Ok, ¿sabes una cosa? dicen que es mejor pedir perdón que pedir permiso— Comentó Emmett y en seguida me cargó como si no pesara nada y me metió en el auto, que de inmediato arrancó. En menos de 20 minutos llegamos a mi casa.

Pero en todo ese tiempo, no dije una sola palabra, mi furia se acrecentaba más, solo podía ver de pronto por el espejo retrovisor las miradas entre Jasper, Edward y Emmett. Seguía temblando a pesar de que Edward puso el aire acondicionado. Seguía sintiendo mucho frío.

—Bien, "gracias por traerme" espero no verte en mucho tiempo Emmett si en algo valoras tu vida.

Él como siempre, soltó una carcajada, Jasper se despidió y bajé del auto, y me dirigí hacia mi casa, escuché como se fue el auto y por fin, las lagrimas pudieron brotar.

—¡Estúpido vampiro arrogante!—abrí la puerta.

—¿Eso piensas de mi?—La voz de Edward estaba pegada a mis espaldas y entonces grité del susto.

—¡Ahhhhhhhhh!¿Qué diantres te pasa? ¿Porque hiciste eso?—entonces caí en la cuenta que él se había quedado. Molesta por sentirme descubierta mi mano voló a mi rostro a quitar las malditas lagrimas.

—Siento mucho haberte asustado. No era esa mi intención— su voz era un murmullo aterciopelado mientras que jadeé al verlo a los ojos. Era increíblemente guapo. Mi corazón latió desaforado mientras mi cuerpo temblaba, y él limpió las demás lagrimas mientras yo hacia amagos para que no lo hiciera.

—¿Puedo hablar contigo Bella?—asentí derrotada.

—Creo que primero deberías tomar un baño, si no, te enfermarás.—asentí y subí por mi ropa en menos de cinco minutos ya estaba en la ducha caliente, después de otros quince minutos, salí con una toalla, envuelta y entré a mi recamara, me cambié con una pijama calientita y luego bajé. Estaba hecha un lío, no sabia porque reaccionaba así.

Edward había preparado té y lo bebí mientras él algo nervioso, empezó a hablar muy rápido por lo que tuve que esforzarme para entenderle.

—Verás Bella, desde esta tarde no he podido leer tu mente, ni en estos momentos tampoco. Así que estaba pensando el porqué, tratando de encontrar una razón lógica y válida que me explique porqué ya no puedo leer tu mente. Debo decir—y se acercó peligrosamente a mi, cosa que nuevamente disparó los latidos de mi corazón a un ritmo frenético.

—que me gustas muchísimo Bella, y que anoche lo pasé de maravilla, que no sabes las ganas que tengo de repetir esa deliciosa experiencia, que no eres una aventura—le miré arqueando las cejas, mientras él sonrió con picardía.—Bueno, que te parece si empezamos por el principio, para que veas que no estoy bromeando.

—Bella Cullen ¿Quisieras ser mi novia?—me quedé en el limbo. Entonces no era broma, él quería que fuera su novia. No pude decir nada.

—Caray, esperaba un si por respuesta pero esto, es… preocupante.—me miró con preocupación.

—¿Bella, estás bien?—asentí despacio.

—¿Porqué Edward?—él me miró incrédulo al escucharme y comprendió.

—Porque me gustas muchísimo Bella, deseo conocerte más, que tú me conozcas a mi, a mi familia, en fin, tratarnos más y que sepas que no me gustan las aventuras.

Me sentí arder, mi rostro parecía fuego puro. Y el contacto de la mano de Edward fue un alivio.

—¡Tienes fiebre!—murmuró preocupado y me acomodó en el sofá, mientras llamaba por teléfono, mis oídos empezaron a zumbar, mientras yo sentía que me quemaba, que el fuego de mi rostro bajaba violentamente a mi cuerpo. En un minuto, yo parecía arder en los fuegos del infierno.

—Cielos, ¡estás hirviendo Bella!—buscó una toalla y la mojó poniéndomela en la frente, pero al poco tiempo estaba seca del calor que emanaba yo.

Unos minutos después alguien tocó el timbre. Intenté levantarme. Pero una mano deliciosamente fría me lo impedía.

—Debo… abrir, tocan…—me sentía entre brumas y escuché muy lejano la voz de Edward.

—Por favor Bella, no te levantes, es mi padre, Carlisle.

Nuevamente me recosté pero estaba temblando ahora de frío. Una mano gélida me hizo gritar al tocarme la frente.

—¡Ahhhhhhhh!—Carlisle me miró con preocupación, mientras Emmett y Jasper veían curiosos y comenzaron a reírse.

—Idiotas, no es momento para eso—comentó agriamente Edward.

—Lo siento, pero es que esta chica es tan divertida ¿ya viste sus pantuflas de garras de dinosaurio?—Jasper contuvo una carcajada al percibir la molestia creciente de Edward. Salieron ambos y se alejaron lo suficiente y ahí, en el bosque pudieron reír a carcajada batiente.

—Es necesario bajar la fiebre cuanto antes, necesito que consigas hielo, debemos sumergirla en agua con hielo para poder ayudarla antes de que convulsione.—Antes de que terminara, Edward había desaparecido y volvió en cinco minutos con varias bolsas grandes de hielo, que de inmediato vacío en la bañera.

Carlisle me llevaba en brazos y en unos segundos ya estaba en la bañera, pegué un grito al sentir el hielo.

Ya estaba en ropa interior, pues la pijama me la quitaron para que pudiera tener contacto mi piel con el hielo.

Las frías manos de ambos vampiros me sostuvieron para que no me saliera pues hacia esfuerzos por salir de ahí.

—Frío, frío, hace … frío—gimoteé mientras Edward me acariciaba la mejilla, totalmente preocupado al ver que no cedía la fiebre.

—Dale unos minutos Edward, el cuerpo empezará a bajar su temperatura—pero no era suficiente para Edward.

—¿Cómo es posible que una simple lluvia le haya provocado esto? ¿Habías visto algo así?…—pero de pronto se calló y vió a Carlisle con horror, él tenia un termómetro en la mano y la lectura parecía correcta, lo sacudió prontamente y lo volvió a poner en mi boca. A los pocos segundos lo sacó pero claramente se veían los números.

—¡No puede ser!—comprobó varias veces y todas daban resultados distintos, y envió a Edward por dos termómetros diferentes, el de mercurio y uno digital. En menos de tres minutos volvió y acomodó los termómetros, mientras trataban de acomodarlos se dieron cuenta de que estaba muy quieta.

—Carlisle…—pidió Edward asustado. Aún a pesar de escuchar los lentos latidos de mi corazón.

—Esto no esta bien, no esta bien—murmuraba Carlisle asombrado y por primera vez asustado pues no sabia que hacer, médicamente no podía hacer más.

—Padre, por favor, haz algo—me miraba con angustia y a su padre a su vez, lo miró con pena.

"Dime Edward, ¿Y que hay de Isabella Swan?"sus pensamientos fueron captados por Edward quien entendió la pregunta.

—No padre, Isabella Swan… es otro asunto. Ella es distinta, lo paradójico es sólo su nombre: Bella Cullen y yo estoy comenzando a sentir sensaciones distintas por ella, además… me gusta muchísimo—bajó la mirada avergonzado mientras su padre sonreía con tristeza.


Mil gracias a:Caresme, mil gracias por comentar hermosa.

Besos