El Secreto de

Riley W. Terrell

Escrito por:

Airi Melody y EvilChipie

La siguiente historia es original y es ficción.

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

No representa a ninguna persona ni refleja la cultura de ningún país.

Simplemente es el relato de una historia que nació a partir de un juego de rol entre dos mujeres que se aman.

Este es el resultado de: Mis madrugadas a tu lado.

Capítulo 4:

Riley Terrell agarra a Shinku por las muñecas, atrayéndola hacia ella de nuevo; la pequeña adolescente no es capaz de resistirse. Y le susurra al oído – Tú decides cómo va a ser este juego. Si es por las malas, te puedo obligar a hacer lo que yo quiera. Pero si eres obediente, tal vez no te resulte tan desagradable todo esto, después de todo. Te puedo dar un trato especial si eres buena chica –. La toma por la mano, jalándola hacia adentro de la casa.

Shinku se resiste, pero es en vano. No puede creer que aquella mujer sea tan fuerte; pero claro, es alta y se nota que hace mucho ejercicio, tan sólo con ver su cuerpo y sus hombros trabajados. – Encontraré la manera de escaparme, prefiero morir a que usted haga conmigo lo que quiera – le grita desesperada.

– No podrás escaparte y tampoco te dejaré morir tan fácilmente. Si te resistes, sólo es otra manera de darme diversión – le responde Riley, sonriendo porque el intento de la chica de jalar la mano para que la suelte, le resulta gracioso porque ella es demasiado débil a comparación suya. La carga en brazos como princesa – Veo que te molesta que te lleve de la mano. Tal vez prefieres que te lleve así, señorita Ayame Shinku. Eres muy ligera. Antes te dije que tus ojos son bonitos, pues viéndote bien, todo lo que consigo ver de ti es bastante lindo –.

Shinku patalea y le da golpes en el pecho, hacia la cara, donde sea que pueda – Suélteme, le digo que me suelte –.

Riley ladea el rostro para no recibir los golpes en su hermoso rostro, su vanidad no aceptaría marcas que afecten su buena apariencia. Le resulta una molestia pero la sigue sosteniendo con firmeza para no dejarla caer, sus golpes no son particularmente fuertes pero le colma la paciencia recibir un puñetazo en la mejilla. – ¡Ya basta! – le grita enojada. La tira sobre el sofá, se pone encima de ella, aprisionándola, sujetando sus muñecas con sus manos, con su cintura en el medio de sus piernas – ¡Cálmate de una maldita vez! No te voy a hacer daño pero no me provoques porque puedo cambiar de opinión en cualquier momento. Soy muy impaciente, joder. No me pongas a prueba –.

– Nunca va a obtener nada de mí. La odio. No le creo nada. Usted quiere hacerme daño – grita la adolescente, forcejeando con ella sin conseguir liberar sus brazos. No consigue quitársela de encima, es demasiado fuerte.

– Eso ya lo veremos – le responde Riley, esta vez de verdad molesta, mientras ella sigue forcejeando. – Sigue hasta cansarte, tengo todo el día – comenta con cinismo. Riley pone una expresión de fastidio porque ella sigue tratando de escapar aunque es obvio que no podrá liberarse. Observa su rostro, es casi irresistible para ella mirarla tanto. Joder, qué raro es esto pero… Es muy linda con esta actitud, piensa Riley Terrell, que está disfrutando aquél momento. Recuesta su cabeza en su hombro, con el rostro cerca de su cuello. Uuff, huele muy bien, es hasta relajante, piensa, respirando su fragancia. Le permite forcejear todo lo que quiera, mientras juguetea con su nariz en su cuello, disfrutando del ameno aroma femenino de su ser, entremezclado con un perfume floral, apenas perceptible. Posa sus labios en su cuello. Inquietándose por lo suave, cálida y agradable que le resulta.

La indefensa chica forcejea con todas sus fuerzas sin conseguir ni mover a esa criminal. Mueve la cabeza de un lado a otro, intentando que se quite de su cuello – Basta. No quiero. No haga eso – le grita – No tiene derecho –.

– Dejaré de hacerlo cuando tú me obligues a parar – la reta Riley, con frialdad. Se da el gusto de tomar ambas muñecas de la adolescente, con una sola mano. Sujetándola por la barbilla con su otra mano, con firmeza, para mantenerla quieta. Ya no sólo posa los labios en su cuello, le va dando besos de verdad. Sólo es que me parece divertido molestarla, piensa Riley como si buscara justificar sus acciones, pero se siente extrañamente bien con el tacto de esa chica bajo su cuerpo. De todos modos, ella no puede apartarme porque soy más fuerte. Tampoco es que planee llegar más lejos que esto. Si tanto le molesta, aún más lo haré, cruza por su mente rebelde aquél pensamiento. Le da besos en el cuello por un largo rato, mientras ella forcejea; hasta que su respiración se agita, para su sorpresa. El movimiento de la chica, su negativa y sus gritos, incluso saber que la podría obligar si quisiera… le resulta erótico.

Shinku llora y termina por quedarse quieta. Por mucho que forcejee y grite, esa criminal lo hace peor. La adolescente, delgada y baja de estatura, no puede creer que esa malvada mujer le esté haciendo eso. Yo me estaba preparando para mi novia, para Rukia, pero esta mujer está besando mi cuello, antes que mi novia, piensa dolorosamente. Sus lágrimas recorren sus mejillas porque no quiere que eso suceda, no quiere ser tomada por esa cruel yakuza; deseaba conservarse virgen hasta que llegara el momento de ser de su novia, Rukia, con quien todavía ni siquiera había compartido su primer beso. Shinku Ayame cierra los ojos, temiendo lo peor – Ya. No quiero. No tiene derecho, no le pertenezco. No puede hacerme esto, tengo novia y sólo ella puede hacerme suya. Es usted una maldita. Tiene novio, se va a casar con él. No tiene derecho –.

Riley aparta sus labios de su cuello, la ve a los ojos y hace una indescifrable mueca al percatarse de las lágrimas de la chica. – Creo que soy un poco sádica pero es que eres demasiado linda portándote así y llorando –. Nota que algunos yakuzas las ven y se marchan enseguida cuando su mirada se cruza con la de su jefa. Riley carraspea, incómoda, sonrojada. Se pone de pie – No te voy a violar si eso creíste. Sólo te estaba molestando porque me resulta divertido – le asegura con seriedad. – Te voy a llevar a tu habitación. Acompáñame –.

Shinku permanece en el sofá, acostada, temblorosa y llorando. Cierra sus piernas y cubre su rostro con sus manos – ¿Por qué me hace esto? ¿Es su hobby disfrutar viendo sufrir a los demás? ¿Se da cuenta de que sólo tengo diecisiete años? –.

– Entiendo tu punto de vista, Ayame Shinku. Pero no intentes hacer que yo tenga remordimientos o arrepentimientos. Nunca te olvides de que soy yakuza y he hecho cosas mucho peores – replica Riley, impasible.

Shinku se sienta en el sofá, sin atreverse a mirarla a la cara – ¿Tiene una hermana o alguna amiga que aprecie mucho? Porque si la tiene, ¿cómo se sentiría si la trataran como a mí? –.

Riley la toma por la mano, obligándola a ponerse en pie. Ignora sus últimos comentarios y la lleva consigo hasta la habitación de huéspedes más grande.

Shinku observa con desgana aquella recámara enorme y lujosa, es el doble de grande que su habitación en su casa, a pesar de que vivió toda su vida en aquella familia de la alta sociedad.

– Esta es tu habitación – le dice Riley – Dime si quieres que traiga algo de tu casa o si prefieres que te compre cosas nuevas. Te puedo vestir como yo quiera, así que… – la observa detenidamente – Te compraré muchas cosas lindas. Te ves muy bien con falda o vestido –.

Shinku se siente asqueada por aquella mirada – Es usted una asquerosa. No quiero nada de usted. Sólo déjeme en paz –. Le da la espalda, cruzándose de brazos.

Escucharla, de verdad cabrea a Riley. La jala por el brazo, poniéndola contra la pared, sosteniéndola amenazante del cuello de la blusa – ¡No vuelvas a llamarme de esa manera! – grita furiosa. Saca su pistola de su funda, debajo de su chamarra; le apunta a la adolescente hacia la cabeza – Me importa poco si lloras o si me dices que soy una asesina, pero deja de ser tan impertinente, mocosa. Tu padre dijo que eras obediente, pues no veo nada de eso y sólo me estás cabreando. Te traje conmigo para no matarte porque eres muy joven y me pareció una lástima tener que ejecutarte. Tu padre debe mucho dinero. Y ya debería estar muerto junto contigo y toda tu familia. No me hagas perder otra vez la paciencia. Estoy siendo amable contigo pero puedo dejar de serlo en cualquier momento, entiende bien eso –. Apunta hacia un florero, al otro lado de la habitación y dispara. El florero se rompe y la bala queda incrustada en la pared – Fíjate bien en eso para que sea tu recordatorio de que mi puntería es excelente, y si quiero puedo dispararte a ti o a quien yo quiera. No vuelvas a llamarme asquerosa y no vuelvas a desafiarme –.

– Jamás me dejaré por usted. Si quiere matarme, máteme, pero no dejaré que siga tratándome como su propiedad cuando sólo me da asco. Mi padre me crió para ser obediente a un macho y delante de la alta sociedad, pero usted no se merece mi respeto – la desafía la joven de ojos carmesí.

Su reacción hace enojar aún más a la alta mujer yakuza, de largo cabello negro y ojos color esmeralda. – ¡Eres una molestia! – grita iracunda. Le da una cachetada con fuerza, sin pensarlo, tan sólo pierde la paciencia.

La bofetada es tan fuerte que Shinku queda aturdida, aferrándose contra la pared para no caer.

Riley respira agitada, al obligarse así misma a calmarse; enfunda su pistola. – Con esa actitud la única que lo va a pasar mal eres tú, mocosa. Si lo que quieres es que te mate, eso no va a pasar. No te traje aquí para eso –.

Shinku pega su cabeza a la pared y pone su mano temblorosa en su mejilla enrojecida. Pensaba que esa criminal iba a matarla, eso es lo que quería, terminar de una vez por todas con aquella tortura antes de que fuera peor, pero esa mujer yakuza se controló. En ese momento lo único que quiere es morir ya. – Igual, no me trajo aquí para tener unas buenas vacaciones – le dice sarcástica.

Riley suspira agobiada, forzándose a controlarse; le sonríe burlona – Ya te dije por qué te traje, no lo voy a repetir otra vez. Si prestaste atención o no, ese es tu problema –. Pone su mano en su cabeza, echando su cabello hacia atrás – Te dejo a solas para que descanses. Quédate aquí, calladita y tranquila –. Se marcha de la habitación, azotando la puerta y echando llave por fuera; dejándola sola en esa enorme habitación, con cama king size, baño con ducha y jacuzzi, televisión por cable y una excelente vista hacia el jardín; tiene muchas comodidades pero es ahora su prisión.

Shinku forcejea con el pomo de la puerta, no consigue girarlo, así que corre hacia la ventana y la abre. Está en el último piso de aquella mansión, es tan alto que si llega a tirarse, no saldría viva. Aunque a lo mejor sería una buena opción tirarse para terminar con todo aquello. Pero no se atreve, vuelve a cerrar la ventana. Se sienta en el suelo, en un rincón de la habitación. Llorando por ser el juguete de aquella cruel mujer, sin saber qué es lo que quiere obtener esa yakuza de ella.

Esta historia continuará…

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