Disclaimer: La saga pertenece a J.K. Rowling como los personajes; yo solo escribo e ideo con ellos.
N/A: editado.
Capítulo Cuatro
— ¿Herms? ¿Estás despierta?
—Sí. ¿Qué paso? —pregunté. Mi cabeza parecía una montaña rusa fuera de control.
—Al parecer sufriste un colapso. Y el tomar, hizo que perdieras la conciencia. ¿Qué era lo que estabas pensando?
—Yo... La verdad, no lo sé. Florence me dijo que harían una reunión en la casa de Frank. Fui al piso para ver si estabas pero no apareciste. Así que, fui a la reunión, tomamos, regresé y creo que ya sabes que pasó luego. Por cierto, ¿dónde estuviste ayer?
—Eso... Tenemos que hablarlo. Lo haremos cuando regresemos.
— ¿Y qué tiene de malo el hospital como para no poder hablar aquí? —pregunté tercamente.
—En casa, Herms.
—Vale. Llama a un medimago para que me dé el alta. Ni que me haya pasado algo serio como para permanecer más tiempo aquí.
—Descansa, ¿sí?
—Vale —dije refunfuñando.
Unos días después, regresamos al piso. Yo estaba bastante expectante por saber que era lo que él tenía que hablar conmigo. En parte, creía saberlo pero aún así me mantenía en vilo; mi curiosidad podía más.
—Ya. ¿Qué es lo que tienes que decirme?
—No sé qué es lo que estás planeando para el futuro, pero lo que sé es que yo tengo que dejarte ir.
— ¿Dejarme ir? ¿A qué te estás refiriendo?
—Cada uno seguir su camino. Mira, fue genial todo esto, pero eres demasiado joven como para arruinarte el futuro prometedor que tienes.
— ¿Me estás diciendo esto por...? —No entendía. Bueno, no quería entender.
—Yo regresaré a Inglaterra. No sé qué harás tú pero espero que me lo hagas saber.
Sí. Lo sabía.
Con Sirius las cosas no tenían un futuro. Mi error fue dejar que mi corazón, guiase a mi cerebro —cursi, lo sé—. Creo que estaba haciendo todo al revés; cuando era adolescente, nunca me hubiese relacionado sentimentalmente con Sirius, y supuestamente adulta y madura, lo hacía. ¿Etapa de rebeldía? ¡Qué sé yo!
Me sentía estúpida, sabía los riesgos que corría pero aún así... Creo que cometer errores es realmente parte de madurar. El conocimiento da poder, pero el experimentar también.
Después de que hablamos, él se fue. Y yo tenía que seguir. Lo primero que hice fue mudarme, no podía quedarme o me sentiría estúpida. Como no tenía mucho ahorrado decidí pedirle asilo por unos días a Florence.
— ¡No puedo creer que él te haya terminado así! ¡¿En qué rayos estaba pensando?
—No lo sé, Florence. No sé si te lo dije pero no teníamos algo serio. Solo estábamos disfrutando mutuamente.
—Pero aún así... ¿Lo amas?
—Sí.
—Lo curioso es que no estás hecha un mar de lágrimas —dijo escéptica.
—Lo que pasa es que él nunca fue mío, ambos sabíamos que nada iba en serio. Era mi culpa el involucrarme. Él no conocía de mis sentimientos, así que, aquí la culpable soy yo. No puedo llorar por quien nunca me amó.
—Curioso pensamiento.
—Supongo...
Quería desenamorarme, olvidarme completamente de él, pero me hacia débil.
Pensé en regresar a Inglaterra, y seguir mi vida tal y como Sirius lo haría, pero me resultaba difícil. Hablaba diariamente con Ginny. Harry le había propuesto matrimonio unos días después de que me fui a vivir con Florence. En una de las conversaciones, por teléfono, el tema Sirius Black saltó a relucir.
—Gin, ¿qué les dijo a ustedes?
—De que él había pensado que lo mejor era que tuvieses independencia.
— ¿Alguien más sabe sobre nosotros? —pregunté nerviosa.
—Remus, se lo saco hace poco. Dijo que tú lo habías terminado. ¿Es eso cierto?
—No. No sé porque le habrá mentido pero eso ya no importa.
— ¿Te duele?
—No, Gin. SI él me hubiese amado tendría derecho a que duela pero no.
No podía creer que él habría sido tan cobarde de decir que yo lo había terminado. ¡Esperen un momento! ¿Terminar? ¿Terminar qué? ¡Si ni siquiera habíamos comenzado algo! Además todo esto era un juego... o lo que hubiese sido pero no una relación como para "terminar", ¿cierto?
— ¿Dijo terminar?
—Si, Herms. No entiendo si él te terminó porque está así... como si tú hubieses terminado con él.
— ¿Sabes, Gin? Me haré cargo del as cosas, y regresaré. No puedo estar aquí como si fuese una convicta. Tengo que hablar las cosas, y dejarlas en claro.
— ¿Qué piensas hacer?
—Decirle todo. Absolutamente todo.
No sabía de dónde sacaría fuerzas porque decir algo es fácil, pero de ahí a realizarlo, hay un gran camino.
Yo sabía que todo había terminado allí, y que tenía que hacerme cargo de las cosas, y no huir que era lo que quise desde que Sirius "me dejó el camino libre". Me despedí de los chicos, prometiéndoles que regresaría en algún momento.
Al llegar a Londres me sentí como en casa. Esa era mi casa. Pero no tenía la menor idea de hacia dónde dirigirme. Me refiero a que si la tenia pero tenía miedo a encontrármelo.
Si, lo sé. Con Sirius, y todo lo relacionado a él, me contradigo.
― ¡Llegaste! ¡Te he extrañado mucho!― dijo Gin abrazándome, casi, ahorcándome― Prométeme... ¡No! ¡Júrame que nunca te iras de nuevo!
― ¿Por qué? ¿Tanto me has extrañado? ―pregunte sarcásticamente y riendo.
―Un poco... De verdad, ¡me has hecho falta! Bien, luego seguimos hablando. Todos te están esperando―dijo entusiasmada mirando hacia la sala, yo tuve miedo.
― ¿Todos? ―pregunte; aun no podía enfrentarlo y fingir que nada había pasado.
― ¿Sabes? Te diré que él puede llegar a ser un tanto cobarde como tú.
― ¡Oye! ¡Eso no es justo!
― ¡Vamos! ―dijo jalándome hacia la sala.
Él no estaba ahí. Se disculpó diciendo que tenía ciertos pendientes en el ministerio. No me la creía, y Remus lo sabía. Tonks me miraba de vez en cuando, y sabía que quería hablar conmigo.
Luego de haber probado todas las exquisiteces que Molly había preparado, todos se pusieron a hacer conversaciones, y Tonks me llevó atrás de la casa.
—Aquí no seremos interrumpidas
— ¿De qué deseas conversar conmigo?
— Obviamente de Sirius. Quiero que me digas que rayos pasó. ¿Y qué lo tiene así?
—Le preguntas a la persona equivocada. Yo no tengo idea de lo que está pasando.
—Remus no me quiere decir nada, Ginny no sabe nada, y Sirius… Sirius es… Sirius. ¡De verdad! No entiendo que les pasa. Es como si fuese… que él estuviese triste.
—Él no puede estar triste.
— ¿Por qué?
—Te lo diré porque confió en ti, y sé que tendrás un criterio amplio para lo que te diré… Estuve con él. Era una relación pero sin el compromiso de eso. No fue… como Ginny y Harry, o… tú y Remus. Fue muy al estilo de Sirius. Mi problema es que terminé por enamorarme aún más de lo que ya estaba… Y bueno… él me terminó. No entiendo porque rayos le dijo a Remus que yo le había terminado…
—Así que era eso. ¿Sabes? Le voy a decir sus cuatro verdades. ¡¿Cómo rayos te va a terminar?
— No, Tonks. Ambos estuvimos de acuerdo que esto no sería para siempre. Yo seguiré con mi vida, y él también lo hará.
— ¿Es en serio?
—Sí. Las cosas se dan o no se dan. No se puede forzar al destino.
—Ambos son tal para cual. Pero ya verás.
Mi vida tenía que seguir. No podía dejarme terminar por algo tan simple como el querer a alguien. Pero al mismo tiempo, sabía que el amor puede destruirte. Decidí concentrarme en mis estudios, en lo que era buena. Aún me faltaba un año y medio para poder graduarme.
El tiempo comenzó a pasar, estudiaba, hacia mi vida pero no me olvidaba de él. Trataba de que no me afectase. No lo veía, y tampoco quería hacerlo. O quizá en el fondo, si quería…
— ¡Feliz cumpleaños! —gritó Ginny, entrando con una pequeña magdalena incrustada por una vela gigante.
— ¿Ah? ¿Por qué has asesinado a esa magdalena?
— ¡Porque es tu cumpleaños! ¿No te acuerdas?
— ¿Hoy?
— ¡Rayos! ¿Dónde andarás que ni de eso te acuerdas?
—Lo siento —dije un poco triste.
—No, discúlpame… Es que nadas en un estado de inercia que es un poco desesperante. ¿Sabes qué? ¡Hoy saldremos! ¡Avisaré a los chicos y quizá hoy te ligues a alguien!
— ¿Tú crees?
— ¡Por supuesto!
Pasé gran parte del día siendo saludada por muchas personas, cumplía diecinueve y me sentía extraña. Quería poner un poco de mi parte para sentir bien, y alegrarme para lo que pasará en la noche.
— ¡Ginny! ¡Ya llegué! —dije cuando llegué a La Madriguera.
— ¡Vaya! ¿Se puede saber por qué tan alegre?
—Decidí poner de mi parte… Supongo.
—Está bien… Te cambias rápido porque nos andan esperando.
Luego de media hora nos estábamos dirigiendo a Londres muggle. Iríamos a un club que según Luna y Ginny era muy bueno.
— ¿Tú ves a alguien? —pregunté a Gin, el ambiente se sentía bastante cargado y casi todas las personas estaban bailando. — ¿Crees que esto es una buena idea?
— ¡Por supuesto!
—Pues a mí no me parece. Podríamos haber jugado verdad o consecuencia, o cosas similares pero aquí toda las personas son libres de venir… Y si a Harry se le ocurre invitar a Sirius… Él no sabe que es lo que ha pasado…
—Deja de armarte un rollo por nada. Él no vendrá. ¡Ahí está Harry! —dijo señalando hacia un morocho alto; y luego se dio cuenta de quién era la persona que lo acompañaba. —Hermione, lo siento... —dijo muy arrepentida
— ¿Sabes? Yo también lo siento —dije acercándome para saludarlos.
Ginny saludó a Harry con un beso, y luego a Sirius con un abrazo. Yo estaba parada sin decir nada, me sentía muy estúpida pero luego tuve que reaccionar.
Ambos me abrazaron, me desearon feliz cumpleaños pero cuando sentí a Sirius, me quería morir. Olía como siempre, lo sentía como siempre, y lo tenía en mis brazos.
Después de un par de horas, llegaron Ron y Luna. Con Ginny nos reímos por el aspecto de culpables que ambos tenían. Y así fueron llegando todos, hasta que llego Remus y Tonks. Ambos se sorprendieron de ver que Sirius había ido a la fiesta.
— ¿Qué rayos? —dijo Tonks cuando estábamos apartadas tomando unas bebidas.
—No sé. A mí también me sorprendió. La verdad es que esperaba no verlo hasta dentro de un par de meses, o hasta que se diese pero no ahora, y menos hoy.
—Hablé con él pero es tan… tan cerrado que no entiendo nada. No quiere saber nada, ni que le expliquen nada. Que él hace las cosas a su modo, y punto final, ¡aquí se acaba todo, Nymphadora! —dijo imitando a su queridísimo primo. — ¡Detesto que me llamé así!
— ¿Imitándome Dora? —dijo una voz a nuestras espaldas.
Ella se volteo y le respondió —Pues figúrate que sí. ¿Saben? Los dejo solos para que de una vez arreglen sus cuentas —y se fue.
Yo no sabía si reírme o salir corriendo de ahí. Y luego me acordé, yo tenía que decirle la verdad,
—Hola —dijo sentándose a mi lado.
—Hola —respondí; estaba nerviosa, mi nivel cardíaco se había desestabilizado, y estaba buscando la salida más próxima de aquel lugar.
—Tenía que hablar contigo. Lo que hice la última vez no estuvo correcto
— ¡Y recién te das cuenta! ¡Es un alivio! —no sabía de dónde podía llegar a ser tan sarcástica pero eso era lo que afloraba de mí.
—Sí… Discúlpame. Creo que nunca dejémoslas cosas claras…
—Sirius, lo sabíamos. No sé qué es lo que andes pensando pero yo sí tenía las cosas claras, y que era lo que estaba pasando. Sabíamos que lo que pasó no era por siempre. Deja de dar tantas vueltas, y sigamos con lo que tengamos que seguir. ¿De acuerdo? —sí era mentira pero yo ya estaba enamorada de él, y sabia que él, no. Yo salía perdiendo.
—No —me dijo, arrastrándome hacia la salida. Y lo sentí como aquella vez antes de perder la conciencia, lo sentí, me había olvidado de lo inmenso e irresistible que podía ser un beso de él; otra vez estaba en el cielo.
