Cuatro
Cuando llegó a la Orden no la encontró. Cosa que en sí, era muy obvia ya que no tuvo la potestad para llegar a la Central, sino a uno de sus derivados de Asia.
Pero de igual forma, Komui no dejó que el desánimo le ganara y a pesar de fracasar en los exámenes de compatibilidad con la inocencia y mostrarse inepto para el puesto de buscador; siguió insistiendo en quedarse y ser de ayuda. Sin más, le preguntaron si era inteligente y si es que sería capaz de renunciar para siempre al exterior. En ese punto, Komui dudó. Su educación fue escasa, pero él sabía leer, contar y tuvo más de una experiencia donde mejoró utensilios típicos de su hogar; solo con esfuerzo e imaginación. Así que dijo que sí, pensando que aprendería en el proceso, que con esfuerzo él podría de alguna forma, ser trasladado a la Central. Ahí, donde estaba Lenalee.
Ahora que estaba tan cerca, Komui no retrocedería de forma alguna. Aun si es que la competencia era mucha, y todos los demás eran hombres preparados. Komui creía que podía. Komui que había llegado ahí por sus propios esfuerzos, sabía que podía. Pero entonces le dieron un golpe, que le hizo pensar en el retorno:
—¿Y crees tener unos nervios de acero?
Él no saldría a ninguna misión, así que le pareció que esa pregunta no veía al caso. Pero como la interrogante parecía ir en serio, Komui no tuvo más que asentir. Le miraron con pena, pero creyeron su palabra, y lo llevaron a un cuarto. Éste era oscuro y estaba apenas iluminado por las luces de unas máquinas; adentro también habían pocas personas. Solo eran un par de científicos y una chica; vestida con ropas de civil.
—¿Ella es una exorcista? —preguntó. Su guía se encogió de hombros.
—No, pero aquí, al igual que en la rama europea, hemos decidido crear uno con nuestras propias manos.
No pudo preguntar nada más, ya que vio, cómo incrustaban una piedra verde en el brazo de la fémina, y cómo ella se retorcía de dolor en el suelo; llorando por piedad, por misericordia. Tragó saliva y tuvo que morderse la lengua para no gritar del espanto. Siquiera tuvo la potestad de darse la vuelta y escapar, solo se quedó ahí, lívido, asustado y enfermo.
¿Qué era este lugar?
¿Dónde se había metido?
¿Dónde habían metido a su hermana?
Se rompió, cuando la chica murió y se llevaron al cadáver cual costal de papas. Asqueado, vomitó todo lo que tenía del estómago y lloró las lágrimas, que se negó a soltar, desde que decidió no rendirse por su hermana.
—Aun eres un tipo joven, es tiempo de que escapes. ¿No crees?
Komui aun recordaba las protestas de sus padres, para su poca resolución para su mañana. Komui aun recordaba los pocos años que tenía, pero también llevaba el conteo del poco tiempo que vivió su hermana.
—No, me voy a quedar y llamaré a todo esto, mi hogar.
Algún día terminaré esto de buena forma, y lo haré hasta que se encuentre con Lenalee, pero eso será en otro tiempo.
La gran verdad es esta, yo… me dejé pisar por el tiempo en este fanfic. Al principio, creía que lo haría más rápido, pero no pude y así están las cosas ahora, la gran verdad es que no pude ni darle una segunda lectura a esta historia y temo mucho mi alboroto de ideas, así que… lo siento mucho.
Otro punto, siento si hice a Komui muy depresivo, en serio que lo siento, creo que me dio un ataque emo y decidí darle a Komui una pizca, o yo qué sé. Pero siento que él estaba en un mal momento, y que cualquier persona no reaccionaría con una gran jovialidad para estas situaciones, es más, Komui se dio el trabajo de proseguir aun, estando mal.
Y… bueno, eso…
¿A alguien le gustó la historia?
