Los personajes de Saint Seiya The lost Canvas (y todas sus series) no me pertenecen
Capítulo 4: Sobrevivir en El romance.
Albafica, no le sorprendió mucho que los adolescentes en El romance fueran contados con los dedos de una sola mano, sus estudiantes (dado que ahora era el profesor De la roses) eran cinco: tres chicas y dos chicos. Por suerte estos parecían muy conscientes de lo que pasaba en el pueblo, dado que entre las hojas de la tarea se encontró más de un escrito, en lápiz, que le aconsejaba no cometer la misma estupidez que su antecesor.
Agatha, por su parte fue a trabajar a la farmacia, les habían dejado una nota con sus nuevos puestos de trabajo... Aunque en lo personal el trabajo no era desagradable, el hecho que hubiera una cámara de seguridad le ponía los pelos de punta. Un joven, aproximadamente de su edad, de cabello castaño y ojos del mismo color fue el único cliente en toda la mañana... Solo acudió al negocio a comprar unas aspirinas y ya, al igual que ella llevaba sortija. No era la única en la farmacia, su jefe (por así llamarlo) era un hombre con cuerpo atlético y mirada suspicaz de color esmeralda. Se presentó secamente con el nombre de Aioria y ahí había muerto la única conversación que habían tenido hasta la hora del cierre del medio día.
Salió a la acera, mientras su jefe cerraba con llave la puerta de acceso. Una mujer de cabellera rojiza se acercó a ellos trayendo un bebé en una carriola. El hombre se acercó a esta y sin decirle un adiós se alejaron con paso calmo. Agatha sufrió un ligero momento de pánico al encontrarse sola en esa vereda, vio venir a una segunda pareja, el hombre de mirada filosa y la mujer de aire oriental con rostro bello. Esta última traía en brazos una niña de cabellera verde oscuro y agarrado de su saco un niño idéntico a quien claramente era su esposo.
-Buenos días. -Saludo, cuando estuvieron cerca de ella.
-Buenos días -fue la seca respuesta de ambos padres.
-Hola -replicó el nene, de unos cinco años. -Adiós… -Dijo mientras se despedía con la manito.
-Shura. -Escucho que gruñía el hombre, antes de tomar al niño en brazos y apresurar el paso. Ser los nuevos, claramente le aislaría por un tiempo del resto del pueblo. Aunque Albafica prometió elaborar un plan de escape, no veía la necesidad de ser descortés con los vecinos. Claramente, igual que debía de pasar con su vecino, tendrían que tener cuidado con aquellos que tuvieran hijos...
-Agatha -Albafica no tardó en aparecer- Te dije que esperas adentro...
-Mi jefe cierra con llave, es horario cortado -Albafica dejó salir un gruñido antes de comenzar a caminar hacia la casa. Si caminaban, tendrán más chances de conocer mejor el pueblo para escapar luego. Más se veía caminando que el auto. -¿Qué tal la escuela?
-Cinco alumnos, uno más callado que el otro. -Notifico mientras veía a la esposa del doctor caminar con el niño en brazos hacia la pequeña sala de primeros auxilios local. Supuso que el buen doctor estaría ahí. Pasaron frente a una veterinaria, un hombre de cabellera castaño dorado reponer mercadería dándole la espalda a ambos.
Residencia.
Agatha estaba en el patio, hasta las 16 horas tenía tiempo libre... Miro el cerco de madera que separaba su casa de la siguiente. Los tablones de madera deberían de medir cerca de los dos metros, ni parada de puntitas llegaría a tocar la parte superior de este. Escucho el ruido de un motor al otro lado, el vecino acaba de llegar a casa. Dejo salir un suspiro, el vecino de junto aun no se había presentado... Albafica se sentó a su lado y le tendió un vaso de limonada.
-Gracias...
-Sé que es difícil...
-¿Y si no logramos escapar? -Preguntó al fin, esa pregunta le estaba destrozando por dentro. Uno de sus vecinos lleva 12 años en ese lugar... Podría ser que el de junto llevara aún más tiempo. Era claro que había quienes se habían resignado y agachado la cabeza por el bienestar de las criaturas inocentes que formaban parte de sus familias. Ella no quería que eso les pasara a ellos...
-Lo lograremos. -Le informo él en un tono decidido.- Ven, vamos a almorzar...
Agatha salió de la casa en compañía de Albafica, en la casa de junto había un jeep relativamente nuevo con matricula griega. El dueño no estaba a la vista, pero si otra persona... Una mujer llegó caminando por la acera, tenía el cabello verde a la altura de los hombros y un abrigo de pana violeta. En una de sus manos llevaba una bolsa con las compras del día. Albafica la saludo con la mano, ella solo les miro y realizó una inclinación con la cabeza. El hombre de la casa no tardó en aparecer en el umbral de la puerta.
-Ya estaba preocupado -Informo, mientras bajaba presuroso la pequeña escalinata y su cabellera índigo daba saltos a cada presurosa zancada. En su rostro se notaba su alivio al verla de regreso.
-Solo fueron cinco minutos.
-Para mí fue como una hora -Notifico mientras tomaba la bolsa con la compra- Aun no me acostumbro a esto- escucharon que susurro, mientras entraban a la casa. Antes de cerrar la puerta lanzó una recelosa mirada turquesa hacia Albafica y Agatha.
-Parece ser que no somos los únicos nuevos. -Dijo al fin Albafica luego de varios minutos de silencio.
Pueblo.
Luego de dejar a Agatha en la farmacia, él optó por recorrer el pueblo para conocer mejor esa zona. Tendría que conocer bien ese lugar, principalmente el epicentro de ese hervidero de locura. Al pasar por la acera donde estaba el cuartel de bomberos, divisó a la pareja de la mesera que había intentado advertirles para que escaparan. Pudo ver con notoria y clara facilidad el brazo en cabestrillo del hombre. Este intentaba como podía lavar uno de los camiones que conformaban. También pudo notar un segundo hombre; este tenía el cabello lacio y rubio, la piel bronceada y ojos celestes.
-Hagen- escuchó que llamaban mientras se retiraba de ese lugar con paso calmo- Dame una mano con los baldes.
Estaba mirando las tiendas cuando divisó una ferretería, luego de pensarlo un poco recordó que no tenía ninguna herramienta en la casa más que el gato del auto. Apresuró el paso y entro a la tienda, podría que encontrara algo interesante en ese lugar a parte de las herramientas.
Ferretería.
El dependiente estaba jugando a las palmas con quien supuso era su hijo. La cabellera. verde lima del adulto y el cabello rubio dorado del menor hacia dudar un poco el parentesco entre ellos.
-Buenos tardes-Saludó, el dependiente le miró y movió la cabeza a modo de saludo. Estaba muy ocupado con el pequeño de cuatro años aproximadamente- Me llevare estas, luego veo que necesito e iré viniendo...
-Las indispensables -Comentó el joven, debería de tener la edad de Albafica, si no era más joven.- Haber, Mu, papá necesita el mostrador.
-¿Cuánto tiene?
-Tres años... -Informo el hombre mientras hacía las cuentas- ¿Cinta aisladora? -Albafica asintió ante la pregunta.
-Hace cuanto... -El hombre le lanzó una mirada nerviosa- ¿hasta cuando estás abierto?
-Hasta las ocho, vivo arriba. -Informó sereno- Así que si necesitas algo urgente solo tienes que tocar el timbre... -le tendió una bolsa con las compras- Son 215.
-Pensé que sería más -Admitió, mientras gastaba lo último que tenía en la billetera- Soy Albafica.
-Shion. -El joven le tendió la mano, a pesar de ser un hábito poco común Albafica le tendió la mano.- Dudaste...
-Tengo un TOC. -Admitió- Me cuesta a veces estrechar manos...
-No te preocupes, aquí las manías personales son los menores problemas. -Fue un rápido movimiento de ojos, Albafica al inicio no lo entendió- Mi mayor preocupación, es que Mu agarre las herramientas- Dijo mientras ponía su mano en la rubia cabecita, cuyo dueño estaba parado a su lado- como notaras hay muchos niños en el pueblo... Todos prefieren preocuparse por sus hijos antes de las manías personales de los vecinos.
-Qué bueno... Escucharlo. -Cuando tomo la bolsa, noto la cámara de seguridad e interpretó el gesto de los ojos del hombre. No podía hablarse en ese lugar.
Farmacia.
Una mujer de cabellera violeta ingreso a la farmacia, se presentó con una receta médica para el dolor. Escucho al farmacéutico, o mejor dicho su jefe, preguntándole por la pierna de su esposo. Esta replicaba que estaba bien, mejorando… Y que su esposo prometía tener más cuidado con la escalera cuando quisiera hacer un arreglo en la casa. Tanto las palabras de la mujer, a la que identificó como la secretaria llamada Sasha, al igual que la sonrisa del hombre le sentaron por demás forzadas.
Ninguno de los dos se tragaba lo del accidente con la escalera. Tampoco ella, de reojo miro la cámara de seguridad y se preguntó quién supervisaba las grabaciones.
Residencia, esa misma noche.
-En la farmacia hay cámaras de seguridad.
-Posiblemente haya en todos lados -informó Albafica, mientras miraba con desgano su comida- Tal vez solo estén en los locales.
-¿Y si no? -Albafica le miro- y si nos vigilan incluso aquí… Él dijo que... que siempre se enteraban de todo. -El silencio reino en la mesa por varios minutos, eso no lo había pensado detenidamente. Ellos tranquilamente podrían tener cámaras y micrófonos esparcidos por toda la casa, podrían estar escuchando hasta la más mínima conversación que sostenían.
Agatha durmió aferrada a él, pero no precisamente por una causa romántica. Temblaba y lloraba dormida, habían movido una cómoda para trabar la puerta que daba acceso a la habitación desde el pasillo. El terror que su esposa tenía, era tal que no se había dormido hasta que él juró que se quedaría despierto, toda la noche de ser necesario, para cuidarla.
Al parecer, tendrían que imitar a los vecinos… Posiblemente tuvieran que aprender a sobrevivir en El romance. Recordar al doctor cojo, al bombero con el brazo roto y el terror en la mirada del dependiente de la ferretería le puso los pelos de punta. Él no estaba dispuesto a que su vida se volviera una miseria por culpa de quienes gobernaban El Romance. No, claramente no permitiría que ellos se salieran con la suya. De ser necesario pelearía, pero escaparían de ese lugar aunque fuera lo último que hiciera en su vida. No importaba si los vecinos se habían dado por derrotados ya o el terror que estos le tuvieran al comisario, y compañía, les tenía sumisos. Él buscaría la solución.
Tenía el auto, la cosa era saber cómo escapar de ese lugar… ¿Acaso no tomaba en cuenta la posibilidad que simplemente se largaran en este? Tal vez estaban tan acostumbrados que el resto del pueblo se comportara como manso cordero que no había tanteado la posibilidad de que intentarán escapar del lugar. Pero claro está, el plan de escape tendría que ser meticuloso… Todo debería ser planeado con sumo cuidado, si querían escapar de ese lugar y no quedar atrapados como todos los demás habitantes.
Estaba dormitando cuando escucho un ruido fuera, se levantó y con cuidado dejó la cama, con temor de despertar a Agatha abandonó su posición y se acercó a la ventana. El vecino de junto parecía estar en problemas, dado que el patrullero del comisario estaba parado justo delante de la puerta.
Vio cuando sacaban al joven a rastras de la casa, el comisario y dos más, mientras un cuarto sujetaba a la esposa y le tapaba la boca para que no gritara. Ya mucho escándalo parecía haber para el gusto de ellos, vio al comisario golpear a su vecino antes de meterlo en el baúl del auto y cerrar este con fuerza. Apartó por unos segundos la vista de la escena y la fijó en la casa de la acera de enfrente. No tardó en divisar dos cabecitas azules espiando tras una cortina, tampoco el movimiento de la sombra de un mayor al retirar a los pequeños fisgones de la ventana.
Albafica se apartó de la ventana, justo cuando el comisario miraba hacia su residencia, tomó una buena bocanada de aire y se dijo así mismo que no tenía que mirar… Alejándose lo máximo posible de la ventana, volvió a la cama. Diciendo mentalmente, una y otra vez, que cuanto antes pudiera idear un plan de escape mejor para ambos… Agatha abrió los ojos y le miro, él solo le sonrió para calmarla.
En el exterior de la casa, volvía a reinar el silencio.
Continuará.
