Nota de la traductora: bueno, YenGirl está muy contenta con las reviews recibidas por esta edición en español y ya las ha contestado. Pero 102 visitantes y 219 hits en un mes con sólo dos reviews por el capítulo anterior son poquitas, ¿no? Si tenéis algún comentario, no os cortéis, ella os lo contestará, sólo dadle tiempo porque se las envío agrupadas para no marearla. Siento no haber subido ayer la traducción, pero el trabajo (real) me engulló)

Nota del Autor: ¡otro capítulo sobre comida y finalmente aparece Yuuki! De hecho, quería poner un capítulo diferente para no tener dos seguidos centrados en la comida. Pero el siguiente aún no estaba listo e implicaba algo más de intimidad entre los chicos, por lo que pensé que éste tenía que ir primero.

Algo que olvidé mencionar antes: en esta historia asumo que Zero no está en riesgo inmediato de caer al Nivel E y que no ha bebido la sangre de Kaname. ¿Que no sigue el manga? ¡Lo sé! LOL…

Agradecimiento: Gracias a la maravillosa Sagakure. Su review del capítulo anterior nos condujo a conversaciones sobre Kaname y comer con los dedos que inspiraron este capítulo :D ¡Gracias también a talking cockerel por recordarme los dos primeros versos violentos de mi prólogo –acerca de ser depredador y presa y quererse matar el uno al otro-, teniendo en cuenta que la suma total de violencia de los dos capítulos anteriores ha consistido en sillas que se juntan y comida que se corta LOL, de hecho me olvidé de la violencia. Por desgracia, soy incapaz de pensar en situaciones violentas, ¿a parte de Zero dándole una paliza al Sr. Lascivo si vuelve a aparecer? :D No soy buena escribiendo situaciones violentas entre los dos chicos, prefiero escribir sobre dulzura *sonríe*. De hecho, me temo que los próximos capítulos no sólo no van a contener violencia entre ellos sino que van a rebosar dulzura. Así que tendré que revisar esos dos primeros versos de mi prólogo cuando la inspiración me acompañe…

Resumen: Yuuki tiene un antojo de pollo frito y arrastra a Kaname y a Zero a un popular restaurante fast food de la ciudad. Kaname se debate ante la perspectiva de comer con los dedos, esperando que Zero se ría de él y que Yuuki le eche una mano. Pero las cosas acaban siendo ligeramente distintas.

--Inicio del capítulo—

-¿Zero? ¿Yuuki?

Los dos prefectos hicieron una pausa y se giraron. Volvían a la Residencia Sol después de haber completado el cambio de clases cuando oyeron la voz del director Cross detrás suyo.

-¡Mañana voy a cocinar y necesitaría que me fuerais a comprar un par de cosas ahora a la ciudad! –les informó alegremente el director.

Antes de que ninguno de los dos pudiera articular palabra, le endosó a Yuuki una lista de la compra y algo de dinero y le indicó de dónde podía obtener aquellos ingredientes. Yuuki asintió felizmente, con los ojos chispeando ante la perspectiva de una visita inesperada a la ciudad. Definitivamente, los deberes podían esperar un poco más...

La expresión de Zero no varió pero interiormente se sentió feliz ante la oportunidad de disfrutar de la compañía de Yuuki, aunque tuviera que recordarle el tiempo del que disponía cada media hora, más o menos. El director dirigió una mirada insegura al alto prefecto; siempre era difícil adivinar el humor de Zero con aquel perpetuo ceño fruncido. El hombre añadió rápidamente:

-Y los dos podéis cenar en la ciudad mientras hacéis los recados, tendríais que tener suficiente dinero para una buena comida.

Si pretendía provocar una reacción más entusiasta en Zero, iba a sentirse claramente decepcionado. Pero Yuuki lo compensó con un grito de alegría.

-¡Genial! ¡Gracias, director! Eh... otou-san.-añadió como una ocurrencia, haciendo que el rostro del hombre se iluminara inmediatamente.

-Director.

Yuuki no había oído las silenciosas pisadas detrás de ellos pero Zero sí y se quedó rígido, sabiendo a quién pertenecía aquella voz baja y suave. El joven de pelo plateado había empezado a ser incómodamente consciente de la presencia del carismático Líder de la Residencia Luna desde que habían tenido que soportarse mutuamente en un par de ocasiones. Zero se giró lentamente, casi con reluctancia, pero Kaname estaba mirando al director.

-Kaname-kun, ¿ocurre algo? ¿No deberías estar en clase?

Zero les dio la espalda rápidamente para no tener que ver la radiante sonrisa que el director dirigió al alto y moreno purasangre ni la tímida y sonrojada sonrisa de Yuuki.

-Sí, pero quería informarle de que primero tengo que ir a la ciudad un momento para enviar esta carta por correo. El Consejo está esperando mi respuesta y es urgente...

-Oh. Bien, ¿por qué no vas con Zero y Yuuki, entonces? ¡Les acabo de pedir que me traigan algunas cosas de la ciudad! -sugirió instantáneamente el director, ajeno a la mirada que le estaba dirigiendo Zero.-¡Y también puedes cenar con ellos!- añadió, aún sin reparar en la cada vez más letal mirada de Zero.

Ostras, Cross. No puedes dejar las cosas como están, ¿verdad?

Yuuki también estaba totalmente ajena a ello porque la pequeña chica de pelo cobrizo asentía animadamente hacia Kaname, encantada ante la perspectiva de su compañía durante más rato del habitual minuto o dos durante el cambio de clases. El hecho de que Zero también fuera a estar allí no reducía un ápice su entusiasmo.

Kaname había decidido en principio hacer un viaje rápido él mismo a la empresa de mensajería de la ciudad que abría las 24 horas, en vez de pedir a alguno de los nobles que lo hiciera en su lugar. También pretendía volver directamente a la escuela para no perderse demasiadas clases pero la idea de cenar con Yuuki era muy atrayente... incluso si tenía que soportar la adusta compañía del ex humano.

-No veo por qué no.- el purasangre asintió su acuerdo, sonriendo rápidamente a Yuuki e ignorando el gruñido molesto de Zero.

El director lo ignoró también y dedicó a los tres una sonrisa radiante.

-Bien, id entonces y no volváis demasiado tarde.-les advirtió mientras les achuchaba en dirección a las puertas principales.

-o-

El trío se separó una vez llegaron a la pequeña ciudad que estaba a sólo cinco minutos caminando. El paseo les llevó siete minutos ya que los dos chicos acortaron sus zancadas por el bien de Yuuki.

-Te veo aquí en una hora, Yuuki. ¿Va bien?- preguntó Kaname en aquel tono amable que reservaba especialmente para ella.

Ignoró al prefecto de pelo plateado plantado rígidamente a su lado, con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza testarudamente girada. Yuuki asintió con avidez y un ligero sonrojo adornando sus mejillas ante su amable sonrisa.

-¿Qué querrás cenar, Kaname-sempai?- preguntó.

Zero la cortó rápidamente antes de que el purasangre pudiera responder.

-Después, Yuuki.-abrevió.- Vamos a comprar las cosas primero, antes de que cierren las tiendas.-sin esperar su respuesta, la agarró de la mano y echó a andar, dedicando al purasangre un breve asentimiento.

-o-

Una hora más tarde, Zero y Yuuki se reunieron de nuevo con Kaname. Yuuki no perdió el tiempo informando a ambos de que tenía un antojo de pollo frito y añadió el nombre de una popular cadena de comida rápida. Zero estaba acostumbrado a dejar que Yuuki decidiera por ambos dónde comer cada vez que visitaban la ciudad y Kaname era demasiado educado para hacer otra cosa que mostrarse de acuerdo. Una vez a las puertas del restaurante vivamente alumbrado, el purasangre ojeó el atiborrado interior dudosamente.

-Yuuki.-dijo suavemente.- Yo... nunca he estado aquí antes.

De hecho quería decir que no había estado nunca en un local similar, pero aquello era demasiado embarazoso como para expresarlo en voz alta. Hubiera parecido que había tenido una extraña y retrasada infancia. E incluso aunque pudiera ser cierto, no quería admitirlo. Ni en ese momento ni nunca.

La chica de pelo cobrizo lo miró un momento con los ojos como platos.

-¿Nunca?- preguntó, sorprendida, encontrando aquel concepto inconcebible. Luego estalló en risitas ante el pensamiento.-¡Oh, no te preocupes, Kaname-sempai, te va a encantar!- le aseguró mientras le estiraba de la mano.

La única respuesta del purasangre fue un dudoso alzamiento de una ceja, pero la dejó conducirle hacia las puertas dobles de cristal de la entrada del restaurante. Zero había podido leer su respuesta tan claramente como si la hubiera pronunciado en voz alta. El vampiro de pelo plateado podía asegurar que Kaname se sentía algo más que un poco incómodo entrando en semejante lugar. Sin embargo, el purasangre no dijo nada más y entró con Yuuki, dejando a Zero para que les siguiera.

El local era luminoso, bullicioso y estaba atestado ya que eran más de las ocho de la tarde, la hora de cenar. Era un self-service, donde tú mismo tenías que encargar la comida en uno de los mostradores, pagarla y llevártela a una de las mesas si es que cenabas allí. Teniendo en cuenta que era hora punta, las cuatro cajas estaban abiertas para atender las largas colas de clientes hambrientos.

Zero echó un vistazo a Kaname, reparando en la rápida mueca que el regio purasangre intentaba reprimir. Obviamente, no era un lugar en el que se sintiera cómodo, Zero podía percibir que Kaname estaba como pez fuera del agua, quitando la dificultad para respirar, desde luego... Aunque aquello tampoco era desacertado, teniendo en cuenta que el aire era caliente, algo viciado e impregnado de los aromas de pollo frito mezclado con varios olores corporales de los que sólo eran conscientes el fino sentido del olfato de Kaname y el de Zero, si hacía el esfuerzo. El vampiro de pelo plateado se limitó a sonreír silenciosamente para sí. ¿Disfrutando, Kuran? Nadie te ha obligado a venir, ya sabes...

Yuuki no había visto el gesto de Kaname, pero algo en su postura indecisa llamó su atención.

-Vamos a lavarnos las manos y buscamos un sitio donde sentarnos, ¿vale?-preguntó, cogiéndole de nuevo la mano y señalando una esquina relativamente tranquila del local, tan lejos como era posible de las ajetreadas cajas y de la entrada.

Kaname le sonrió.

-Sí, vamos.- coincidió, con su corazón tan animado como siempre por su brillante sonrisa.

-Oh, Zero. ¿Podrías pedir por nosotros?- preguntó Yuuki mientras le dirigía una de sus encantadoras sonrisas. Tendía a usarlas con gran éxito, particularmente cuando quería que Kaname, Zero o incluso el director hicieran algo por ella.

Zero resopló al instante. ¿Por qué? ¿Es que el niño guapo de Kuran estaba por encima de tareas cotidianas como pedir la comida en una caja? El prefecto de pelo plateado contempló sombríamente las largas colas ante las cajas y luego a Kaname. Pero decidió lo contrario con una sola mirada a la expresión en blanco del purasangre mientras sus profundos ojos marrones escudriñaban las coloridas e iluminadas imágenes y los menús situados encima de las cajas. Dejar que Kuran pidiera la comida les podía llevar toda la noche. Oh, está bien...

Kaname desvió la vista del menú y miró a Zero mientras sacaba su billetera del bolsillo del pantalón y cogía algo de dinero de la fina cartera de piel.

-Si no te importa, Kiriyu-kun. La cena va a mi cuenta, por supuesto.

Zero puso objeciones, teniendo en cuenta que el director les había dado suficiente dinero para costear sus cenas, pero Yuuki se limitó a sonreírle ampliamente en agradecimiento y a Zero no le quedó más remedio que aceptar el dinero de la elegante mano de Kaname. Yuuki condujo al purasangre a la mesa de la esquina. Una familia de cuatro personas la acababa de abandonar y el personal la estaba limpiando. Sus distintivos uniformes de la Academia Cross, blanco sobre negro, y a la inversa, en el caso de Kaname, habían atraído alguna atención, junto con la atractiva apariencia del purasangre y el inusual colorido del cabello de Zero. Yuuki sabía que a ninguno de los dos les gustaba ser observados, por lo que la mesa del rincón les proporcionaría una bienvenida privacidad. Era una suerte que hubieran llegado justo a tiempo.

Zero se enfurruñó interiormente pero caminó hacia la cola más corta de manera obediente, aunque con algo de reticencia, y se colocó en su sitio, ignorando las miradas curiosas y admiradas a su paso. Gracias al eficiente personal de las cajas, la cola avanzó mucho más rápido de lo que esperaba. En menos de diez minutos ya estaba al frente. Pidió la comida para los tres, escogiendo un menú combinado para tres o cuatro personas. Perversamente, pagó con el dinero del purasangre. Después de todo, se había ofrecido, ¿no?

Mientras llevaba la pesada bandeja a la mesa, le llamó instantáneamente la atención la visión de Yuuki sentada a lado de Kaname charlando animadamente, con el cabello cobrizo brillando bajo la luz de los fluorescentes y las mejillas levemente sonrosadas de felicidad. Zero gruñó con su irritación habitual.

Sorprendentemente, Kaname fue el primero en alzar la cabeza y ver que se aproximaba a la mesa. Bueno, no tan sorprendente, es un vampiro con un oído perfecto, ¿verdad? Inmediatamente, el purasangre se puso de pie, cogiendo educadamente la bandeja de las manos de Zero para depositarla en la mesa.

-Gracias, Kiriyu-kun.- murmuró.

Zero asintió, aún frunciendo el ceño.

-¡Oh, gracias Zero!-añadió Yuuki, contemplando la bandeja con deleite.

Zero asintió y su ceño se evaporó mientras sacaba las cosas de la bandeja y las ponía en la mesa. Había una caja de cartón llena de pollo frito crujiente, una caja de nuggets de pollo y dos envases redondos de plástico, uno con puré de patatas cremoso con salsa de pollo y el otro con ensalada de col. Yuuki hizo señas a Zero para que se fuera a lavar las manos, abrió la botella de Coca-Cola y vertió la bebida gaseosa en tres vasos con cubitos de hielo. Con la facilidad de la práctica, les puso la tapa e insertó una pajita en cada uno. Finalmente, cogió uno de los tres platos de plástico de la bandeja, donde había un montoncito de cucharas blancas de plástico. También había unas cuantas servilletas. Sólo quedaba quitarles las tapas a los envases del puré y la ensalada. Yuuki no se había dado cuenta de que Kaname no la había ayudado como era de esperar.

Todos los envases lucían los característicos colores rojo y negro de la cadena de comida rápida. Kaname miró la bandeja y se percató de que Zero había olvidado coger cubiertos. Cuando Zero volvió, lo único que quedaba en la bandeja era el tícket de la cuenta y el cambio en moneda. Lo había dejado para que lo cogiera Kaname. El purasangre ignoró la cuenta y apenas dedicó una mirada al cambio antes de metérselo en un bolsillo.

-Hey, Kuran. ¿No quieres el comprobante?-preguntó el prefecto de pelo plateado. Dios no quisiera que el purasangre se preguntara luego si Zero le había escatimado alguna moneda para llenar sus propios bolsillos…

Kaname levantó la vista hacia él.

-No. ¿Por qué iba a quererlo?-preguntó, sorprendido.

Zero se encogió de hombros.

-No me gustaría que pensaras que yo…. –masculló, dejando la frase en el aire cuando tanto Kaname como Yuuki se lo quedaron mirando.

-¡Oh, Zero, desde luego que Kaname-sempai no pensaría que te habías quedado con su cambio! –le regañó con indignación.

Zero cambió el peso de pierna, sin atreverse a enfrentarse a la mirada del purasangre. No pretendía acusar a Kaname de ser mezquino con el dinero, simplemente no quería que el purasangre pensara que él era del tipo de personas que cogen el dinero de los demás. Era consciente de que, a ojos del purasangre, no tenía muchas virtudes, le gustaba mostrarse enfadado, rudo y resentido con él. Pero la honestidad era también uno de sus puntos fuertes y… y, bueno, quería que Kaname lo supiera, al menos.

-No, desde luego que no pensaría eso, Kiriyu-kun.- murmuró el purasangre.

El tono suave no fue lo que hizo que Zero le mirara, sino la absoluta convicción en su voz. Una media sonrisa flotó en los labios del purasangre cuando se dio cuenta de su sorpresa. Luego, Kaname se giró para sonreír a Yuuki.

-Vamos a comer, ¿de acuerdo?- sugirió.

Yuuki asintió felizmente.

-¡Estoy muerta de hambre!- declaró.

Zero cogió la bandeja, ahora vacía excepto por el comprobante enrollado que rodaba felizmente, y la dejó en un mostrador cercano. Estaba contento de que Yuuki hubiera encontrado aquel rincón aislado, con nadie a un lado y una separación al otro, resguardándolos de miradas de otras mesas. Se deslizó por el banco, justo enfrente de Kaname, quien también se sentó.

Como los dos tenían las piernas largas, sus rodillas se rozaron bajo la pequeña mesa, provocando algún cambio de postura y varios "perdón". Zero permaneció en silencio, igual que Kaname. Había pasado una semana desde que los dos habían compartido mesa en la cocina del director, comiendo amigablemente el arroz frito de Zero, y la forma en la que estaban sentados ahora, uno delante del otro, les recordó aquella ocasión. Pero el confortable y apacible silencio de entonces no se repetía aquella noche, en aquel iluminado, ruidoso y bullicioso local, con Yuuki sentada con ellos.

Kaname estaba algo sorprendido por la ligera melancolía que sentía. ¿Por qué narices tenía que sentirse así? Con toda seguridad, estar con Yuuki era infinitamente mejor que estar con Kiriyu, ¿no? Incluso si el ex humano también estaba aquí con ellos. Aún así, el purasangre evitó la mirada de Zero.

-Mmm, ¿no huele divinamente?

La exclamación de Yuuki distrajo a Kaname de sus pensamientos. La pequeña joven estaba medio de pie levantando la tapa de la caja de cartón y olisqueaba apreciativamente el pollo frito. Kaname sonrió cálidamente ante el transparente deleite de ella antes de levantarse.

-Voy a buscar cubiertos para todos.- ofreció graciosamente mientras esperaba que Yuuki se apartara para poder salir. Entonces se detuvo. Tanto Zero como ella lo estaban mirando.

-¿Cubiertos? –preguntaron a coro con la misma expresión sorprendida.

La ligera incomodidad de Kaname aumentó ante sus miradas de incomprensión y volvió a sentarse. Algo le decía que aquella comida iba a ser… toda una experiencia.

-o-

Bien, así que no se ofrecían cubiertos de acero inoxidable, sólo pequeñas cucharas de plástico para comerse el puré de patatas y la ensalada de col. Kaname se forzó a mantener una expresión neutral mientras digería la sorpresa ante aquel interesante hecho. Pero frunció algo el ceño de nuevo al ojear la caja del pollo frito y la de los nuggets. Entonces, ¿cómo se iba a comer uno todo aquello?

-Con los dedos.- apuntó Zero de repente, sonriendo algo más que maliciosamente.

Había interpretado correctamente la expresión escéptica y dudosa en la cara del purasangre y la encontraba de lo más divertida. Muy divertida, de hecho. Así que realmente Kuran nunca había puesto un pie en un fast food. ¡Aquello prometía ser algo divertido de ver, como mínimo!

-¿Ves eso? –Zero no pudo reprimir la sonrisa mientras señalaba con la barbilla el cartel blanco y negro que decoraba la separación entre las mesas. Era uno de los muchos carteles de las paredes del local.-Dice "Para chuparse los dedos"…

Zero leyó con satisfacción la frase de reclamo antes de distribuir los platos de plástico, poniendo uno delante de cada uno. Kaname vio la franca diversión de Zero y apretó los labios imperceptiblemente. ¿Así que Kiriyu lo encontraba divertido? Bueno, al menos Yuuki no. Con una parte de su mente sopesando si era factible escabullirse fuera y comprarse un juego de cubiertos, se giró hacia a la menuda joven sentada a su lado, esperando encontrar una sonrisa de comprensión.

-¿Por qué narices querrías usar cubiertos en un sitio así, Kaname-sempai?- preguntó Yuuki, con la cabeza inclinada hacia un lado y los grandes ojos brillantes de curiosidad.

Ah. Bien, estaba seguro que sería más comprensiva si entendiera su postura.

Suspiró suavemente.

-No importa, Yuuki. Comamos, por favor.- murmuró, resignándose a aprender algo nuevo aquella noche y agradeciendo que ninguno de los nobles estuviera allí.

Contempló con interés cómo Yuuki se abalanzaba sobre la pieza de pollo en la parte superior del montón, un muslito gordo y atrayente, y lo ponía en su plato. Alcanzó la botella de Ketchup, vertiendo una generosa cantidad al lado del muslito. Luego se sirvió una buena cantidad de puré de patata y ensalada de col con una cuchara.

Las cejas de Kaname se elevaron un poco ante la salsa de un rojo oscuro en el plato de Yuuki. Instantáneamente le recordó a otro tipo de líquido del mismo color, quizás algo menos denso y de un rojo ligeramente más brillante… pero infinitamente más delicioso. El purasangre levantó la cabeza para encontrarse con la firme mirada de Zero fija en él. Kaname se forzó por no sonrojarse ante la inequívoca mirada de "sé en lo que estás pensando" del prefecto de pelo plateado y casi desvió la mirada, avergonzado de que lo hubieran pillado de aquella manera. Pero un momento después se dio cuenta de que la mirada en aquellos misteriosos ojos violeta no era exactamente de reproche o de diversión a su costa. Era… una comprensión compartida. Una especie de "sé en lo que estás pensando porque yo estoy pensando en lo mismo".

La única cosa que le venía a la mente mientras intercambiaba silenciosas miradas con su rival era que, a pesar de sus muchas diferencias, tenía algo en común con Zero Kiriyu, además de competir por el cariño de Yuuki. La sensación duró sólo un momento, hasta que Zero desvió la mirada, rompiendo el hechizo. El vampiro de pelo plateado se sirvió una pieza de pollo, pero Kaname siguió sin tocarlo.

Yuuki tragó su primer bocado de pollo frito y se lamió los labios la mar de contenta.

-¡Delicioso!- exclamó. Luego miró hacia el plato vacío del purasangre.- ¿No vas a comer nada, Kaname-sempai?- preguntó con preocupación.

Zero levantó la vista. De nuevo, interpretó de manera precisa la expresión de incomodidad en los rasgos perfectos del purasangre. Kaname no comía porque no sabía cómo hacerlo con los dedos. Aquella era la única explicación para que hubiera pedido cubiertos antes… Zero miró hacia la mesa una vez más, viendo la misma comida y envases pero a través de los ojos del purasangre. Qué diferente debía parecer para alguien que probablemente había crecido esperando que le sirvieran la comida adecuadamente presentada en una vajilla de porcelana china y con cubertería de plata. Bien, Takuma Ichijou debía haber tenido la misma educación; Zero sabía que Kaname había crecido con el noble rubio, pero estaba seguro de que el sociable Ayudante del Líder de la Residencia habría acudido alguna vez a una cena informal. Incluso si no había sido así, su actitud animosa seguramente le haría adaptarse mejor que el purasangre.

Recordó entonces cómo se había comportado Kaname en la cocina del director la otra noche, expresando su deseo de una taza de té y esperando que alguien se lo hiciera, comiendo rápida y educadamente pero sólo cuando tuvo un tenedor y una cuchara en las manos. Sin embargo, Kaname no le había dado ninguna orden, por lo que no había encontrado ningún motivo para enfadarse con él. Incluso se había servido él mismo la crema de leche y el azúcar para el té y había cogido los cubiertos una vez que le había indicado dónde estaban.

Sí, admitió Zero. Las cajas de cartón desechables y los envases de plástico en la mesa con sus colores brillantes y la ausencia de cubiertos tenían que parecer muy extrañas a alguien como Kaname Kuran. Inesperadamente, sintió una ligera comprensión hacia el purasangre sentado delante de él, al que podía sentir realmente fuera de lugar. Pero Kuran no había dicho nada cuando Yuuki había querido venir aquí. No había propuesto ir a algún otro sitio cuando había visto el tipo de comida que se servía. De hecho, no había dicho nada a parte de insistir educadamente en pagar la cuenta…

Zero apretó los labios. No le estaba gustando nada cómo se sentía en aquel momento, aquella ridícula empatía por la persona que menos la necesitaba. Así que Kuran nunca había estado en un fast food. ¿Y qué? Su situación aún era muchísimo mejor que la de alguien que nunca hubiera estado en uno porque no podía pagar la comida, ¿verdad? ¿Verdad?

Sí, así era. Zero guardó silencio cabezonamente, mordiendo el pollo casi enfadado pero sin apreciar su sabor un ápice. Contempló cómo Kaname acercaba dudosamente una mano a la caja de pollo frito, incómodamente consciente de que estaba siendo observado por sus compañeros de mesa. Dejó la mano suspendida sobre las doradas piezas de pollo, inseguro de cuál escoger.

Una suave risita rompió el silencio de la mesa y Kaname retiró inmediatamente la mano.

-¡Oh, coge una de una vez, Kaname-sempai!- rió Yuuki, divirtiéndose de lo lindo con su duda, simplemente porque nunca le había visto vacilar antes. Siempre se mostraba suave, confiado y compuesto ante ella.

Kaname dirigió una rápida mirada hacia Zero antes de forzarse a sonreír a la chica.

-De acuerdo, Yuuki.-replicó para seleccionar con cuidado la pieza más cercana a él, un alita de pollo.

Los labios de Zero se curvaron irremediablemente mientras continuaba masticando. Vas a necesitar las dos manos para comerte eso, Kuran… Kaname vio la sonrisa pero no entendió el motivo. Puso el pollo en su plato rápidamente, un poco incómodo ante la idea de coger comida con la mano. Parecía algo… vulgar y… grosero para alguien que había sido educado para tener modales impecables en la mesa en todo momento. Pero tanto Zero como Yuuki, así como los otros clientes, comían felizmente con sus dedos, así que tenía que ser correcto, al menos aquí. ¿Verdad?

Eso esperaba.

Volvió a coger la alita de pollo y se la llevó dudosamente a la boca. Realmente olía bien y sintió la piel caliente y crujiente contra sus labios. Le dio un mordisco, rompiendo fácilmente la piel dorada y la caliente carne blanca de debajo. Abrió los ojos sorprendido y la boca se le hizo agua como respuesta. ¡Hala, estaba delicioso! Levantó la vista cuando oyó una suave risita entre dientes. Zero masticaba perezosamente y le miraba por encima de la pieza de pollo a medio comer que sostenía. El prefecto de pelo plateado tragó y comentó:

-Parece que no hayas comido nunca pollo frito, Kuran.

En aquel momento no había malicia en los ojos ni en la voz de Zero y Kaname se permitió una pequeña sonrisa en respuesta.

-Sí… pero no con los dedos.-admitió con calma mientras sostenía la mirada de Zero.

El vampiro de pelo plateado resopló.

-Es bastante obvio.-coincidió, pero sin rencor.

Un momento después. bajó la mirada. Zero empezaba a encontrar difícil comportarse con su habitual sarcasmo cuando el purasangre actuaba así: tranquilo, honesto… e incluso un poco vulnerable. Frunció el ceño, sin gustarle el rumbo que tomaban sus pensamientos. Cogió su vaso, notando el frío del hielo contra sus dedos, y bebió un largo trago de Coca-Cola.

Kaname le imitó, quizás por acto reflejo o porque estaba sediento, no lo sabía. Pero al momento siguiente estaba atragantándose con la bebida gaseosa para acabar con un severo ataque de tos, resollando mientras intentaba respirar. Había olvidado que no toleraba bien las bebidas frías, especialmente las gaseosas. No había vuelto a tomar una desde que Takuma le había engañado para que la probara cuando eran mucho más jóvenes.

No tenía ni idea de por qué lo había olvidado. ¿Quizás por la novedad de estar comiendo con Kiriyu y Yuuki en la misma mesa, y en un fast food en vez de en un restaurante? No podía ser porque le acababa de decir a Zero que nunca había comido con los dedos y aquel no se había reído en su cara, ¿a que no? Depositando el vaso en la mesa algo más bruscamente de lo que pretendía, cogió rápidamente una de las servilletas desechables y se giró de espaldas a Yuuki, hacia la separación del otro lado mientras tosía en el papel. Notaba la garganta irritada por la bebida fría y tenía los ojos llorosos después del ataque de tos.

Una sucesión de risitas estalló a su lado. Aparentemente, Yuuki encontraba divertidas sus molestias y había estallado en uno de sus contagiosos ataques de risa. Normalmente, tenía la virtud de contagiársela a cualquiera que la oyera y los labios de Zero empezaron a curvarse en respuesta a sus carcajadas. Pero algo lo detuvo.

Era la mirada en el rostro de Kaname. Sentada a su lado, Yuuki no podía ver la expresión de su salvador porque estaba girado hacia el otro lado. Pero Zero, sentado justo enfrente, sí podía. E, inesperadamente, el prefecto dejó de tener ganas de reírse.

Kaname estaba avergonzado por su propia reacción. Pero, más que eso, estaba dolido por la inocente respuesta de Yuuki. Sabía que no se estaba riendo de él, más bien de su inesperada reacción. Sabía que no tenía intención de ser cruel y que seguramente no tenía ni la más remota idea de que le estaba haciendo daño. Yuuki era, al fin y al cabo, la criatura más inocente y cariñosa que había conocido. Pero aún así, dolía. El purasangre ya estaba bastante avergonzado ante la idea de que su autocontrol se hubiera debilitado hasta el punto de que su cuerpo lo traicionara tosiendo por una inocua bebida. El conocimiento de que la persona que más quería en el mundo se lo estuviera pasando de lo lindo con su incomodidad, justo en frente de su rival, lo hacía todavía más vergonzoso. Le hacía daño.

El purasangre se enderezó tan rápido como pudo y retiró la servilleta de la boca, limpiándose la humedad de los ojos. Notó la mirada de Zero sobre él y levantó la vista.

El vampiro de pelo plateado lo estaba contemplando fijamente. Luego, Zero volvió la mirada hacia Yuuki, que seguía con alegre carcajada tras carcajada. No era una situación divertida en sí misma pero, desgraciadamente, la inesperada escena del regio y compuesto purasangre ahogándose con algo tan mundano como una Coca-Cola le había hecho gracia a Yuuki. Lo encontraba tan divertido que no podía parar de reír, incluso aunque no demostrara precisamente buenos modales con una escenita así en un lugar público. Por suerte, el local estaba atiborrado y bullicioso y la situación de la mesa permitió que su regocijo pasara inadvertido.

Zero reparó en sus mejillas sonrosadas y en el parpadeo de sus ojos, que estaban empezando a brillar con lágrimas de risa, y se encontró mordiéndose el labio. ¿Es que no se daba cuenta de que estaba haciendo pasar un mal rato a su querido Kaname-sempai? ¿No se daba cuenta de que su risa podía herirle más que cualquier cosa? Pero, ¿por qué tenía que importarle a Zero, en cualquier caso? La culpa era de Kuran, por no saber ni beber con propiedad. Tendría que estar partiéndose el pecho de risa, Dios sabía que no todos los días podía ver al purasangre pillado a contrapié de aquella manera.

Pero la verdad era que Zero no sentía ni chispa de ganas de reír en aquel momento. Ya no era divertido. Contempló en silencio a Yuuki, que ahora se aferraba los costados, doblada por el ataque de risa, y sopesó cómo conseguir que parara. ¿Y si se lo decía directamente?

Algo tocó la mano izquierda de Zero, apoyada en la mesa al lado de su plato, y miró hacia abajo, sorprendido. Era la mano izquierda de Kaname, apoyada sobre la suya. No había usado la mano derecha, aunque la tenía más cerca, porque era con la que había cogido antes el pollo. La mirada de Zero se disparó hacia él inmediatamente, demasiado sorprendido incluso para retirar la mano. El rostro del purasangre aún estaba algo sonrojado, pero negó gravemente con la cabeza.

-No, Kiriyu-kun, está bien.- murmuró muy bajito, sabiendo que Zero podía oírle.- No me importa mientras Yuuki esté feliz... mientras se lo esté pasando bien.

Aquello era algo que Zero podía esperar de Kaname, sabiendo que quería a Yuuki más que a nada en el mundo, pero aún así alzó las cejas.

-¿Incluso a tu costa?- preguntó suavemente.

Una sonrisa nostálgica flotó en aquellos labios bien perfilados.

-Incluso a mi costa.- repitió antes de volver a toser.

Kaname retiró la mano de encima de la de Zero y se enderezó un poco más, aclarándose la garganta para acabar de diluir la sensación cosquilleante que le había dejado la bebida. El vampiro de pelo plateado parpadeó y luego asintió, mostrando un respeto silencioso en su mirada. Por una vez, dejó que la emoción asomara, correspondiendo a la honestidad que le había demostrado el purasangre.

-Yo... ¡Oh, señor, ha sido tan divertido!- jadeó Yuuki mientras cogía una servilleta para secarse los ojos llorosos.- Lo siento, Kaname-sempai, pero ha sido demasiado... demasiado... -se le escapó otra risita y se levantó con rapidez.- Disculpadme un momento, tengo... tengo que refrescarme.

La joven de pelo cobrizo se deslizó del asiento y caminó con rapidez hacia los lavabos en la otra punta del local. Los dos chicos la siguieron con la mirada, reparando en que intentaba reprimir más risitas con la servilleta apretada contra los labios. La partida de Yuuki trajo una súbita calma a la mesa. Cuando Zero miró hacia delante, Kaname estaba contemplando el vaso de refresco con aquella extraña mirada dolida, haciéndole parecer raramente vulnerable.

Zero se quedó parado a medio gesto de servirse un nugget de pollo. Maldita sea... Con un profundo suspiro, se deslizó del asiento, murmurando un "perdona" y se dirigió al mostrador después de coger la cuenta de la bandeja. Debido a lo concurrido de la hora, el personal aún no había podido recogerla.

Rechazó reflexionar mientas sorteaba las largas colas y se situaba delante, llamando la atención de uno de los miembros del personal.

-Agua mineral, por favor. Natural.- pidió secamente, moviendo la cuenta para que viera que ya había pedido antes. Tendría que haber vuelto a hacer la cola, pero sabía que si se permitía tiempo para pensar se habría escaqueado como un gallina, con perdón de la expresión.

Pagó la pequeña botella de agua mineral y se guardó el cambio en un bolsillo antes de volver a la mesa con la bebida, ignorando las miradas exasperadas y las quejas de la gente que aún estaba en la cola. Kaname pareció sorprendido cuando Zero le plantó la botella delante.

-Aquí tienes.- dijo secamente el vampiro de pelo plateado antes de volver a sentarse.

Kaname parpadeó ante la botella antes de volver a mirar a Zero.

-Gracias, Kiriyu-kun.- murmuró, cogiendo la botella agradecido y quitándole el tapón. Bebió a grandes sorbos, dejando que el agua suavizara su garganta dolorida, con el alivio asomando a su expresión antes de volver a poner el tapón.- Yo... realmente lo necesitaba.-añadió al ver que Zero evitaba deliberadamente su mirada.

El vampiro de pelo plateado se limitó a encogerse de hombros y gruñó una respuesta, agradecido de que el purasangre no se hubiera ofrecido a pagar el agua. Kaname miró alrededor, sin saber qué decir.

-Prueba un nugget.- sugirió Zero de repente, haciendo que el purasangre volviera a levantar la cabeza.

-¿Disculpa?- murmuró Kaname.

Zero señaló con la cabeza la caja abierta de nuggets de pollo.

-Prueba eso, es más fácil de comer.- recomendó y se sirvió una pieza. La untó generosamente en ketchup en su plato antes de llevarse el jugoso trozo de carne a la boca.

Kaname lo imitó, cogiendo una pieza con los dedos. Vertió algo de ketchup en su plato y untó con precaución el nugget antes de darle un pequeño mordisco. Zero no pudo evitar sonreír por el modo en que el purasangre arrugó la aristocrática nariz ante el sabor y comió el resto de la pieza sin ketchup.

El vampiro de pelo plateado se sirvió otra pieza de pollo frito. También era un alita y Kaname contempló con disimulado interés cómo se la comía Zero, antes de coger su propia pieza a medio comer e imitarlo. Ah, ¿así que era correcto usar las dos manos, entonces? Asumiendo que Zero sabía mejor qué hacer en este caso, el purasangre siguió su ejemplo, copiando subrepticiamente sus movimientos mientras los blancos dientes del prefecto de pelo plateado arrancaban la piel crujiente y la carne blanda del hueso. Zero asintió silenciosamente por dentro mientras comía. Parecía que Kaname no se había dado cuenta de que había cogido un ala de pollo expresamente para que pudiera ver cómo se comía.

-Hey, Kuran... ¿cómo te comes el pollo frito sin usar los dedos?

La pregunta casual de Zero pilló desprevenido a Kaname mientras alzaba la vista con su segunda pieza de pollo a medio comer, con las puntas de los dedos untadas en grasa de pollo y trocitos de rebozado. Tragó antes de responder.

-Con tenedor y cuchillo, desde luego.

Zero no hizo ningún comentario ante los patosos intentos de Kaname de separar la carne del hueso y ni siquiera parpadeó cuando al purasangre se le cayó accidentalmente el alita de pollo a medio comer, aunque afortunadamente fue a parar al plato. El prefecto de pelo plateado rechazó la disculpa de Kaname con un encogimiento de hombros. La sensación de compañerismo de aquella noche había vuelto y guardaron silencio, disfrutando la paz entre ambos.

No pasó mucho rato antes de que Yuuki volviera del baño, mucho más calmada e incluso con expresión contrita.

-Lo siento mucho, Kaname-sempai.- volvió a disculparse mientras se sentaba.- He sido horriblemente maleducada riéndome de esa manera.

Kaname sonrió, conmovido.

-Está bien Yuuki.- murmuró.- No pasa nada, no tienes de qué preocuparte.

Las cejas de Zero se alzaron mientras contemplaba al purasangre en silencio. Estabas dolido por su risa, Kuran, no intentes negarlo... Pero supo que el purasangre lo haría. Desvió la vista a su pollo, sintiendo de nuevo aquella estúpida empatía. Detestaba cuando podía entender al purasangre, cuando se podía identificar con lo que Kuran decía o hacía.

El trío continuó comiendo en silencio.

-Um, ¡está realmente delicioso!- Yuuki suspiró de felicidad mientras se lamía los dedos para limpiárselos después de devorar su tercera pieza de pollo.

Zero levantó la vista, después de acabar también su tercera pieza. Entonces se quedó de piedra. Kaname estaba mirando a Yuuki, ignorando el nugget a medio comer que tenía en las manos. El purasangre parecía cautivado por la manera en la lengua rosa de Yuuki lamía los trocitos de rebozado de sus dedos, con los ojos llenos de tierna calidez y admiración.

Algo líquido y caliente pareció acumularse en el pecho de Zero. No le gustaba en absoluto la forma en que Kaname contemplaba a Yuuki lamiéndose los dedos. El prefecto de pelo plateado desvió la mirada, contemplando sin ver un punto concreto de la partición a su lado, sabiendo que lo que sentía eran puros celos. Zero se sentia estúpido por haber compadecido antes al purasangre. Debía haberse reído a pleno pulmón cuando Kaname se había atragantado con la bebida. Debería haberlo dejado que se peleara él solito para comerse el pollo frito sin enseñarle cómo hacerlo. No debería haberse preocupado de traerle agua...

Yuuki se levantó, llamando su atención. Mantenía las manos en alto mientras salía de su asiento de nuevo.

-Perdonadme otra vez, chicos. Me voy a lavar las manos.- anunció.

Kaname pronunció un educado "por supuesto", pero Zero se limitó a gruñir.

Mientras la joven se alejaba, los ojos de Zero volvieron a su plato, dejando el hueso de pollo para lamer la grasa de sus dedos ausentemente. Sintió la mirada de alguien y miró hacia arriba. Era Kaname. El purasangre estaba mirando cómo se lamía los dedos, igual que había hecho antes con Yuuki. Pero la mirada no era exactamente la misma. El corazón de Zero latió a trompicones un momento. La manera en que el purasangre le miraba era muy distinta a cómo había mirado a Yuuki antes. A pesar de haber acabado de comer, Kaname parecía... hambriento.

Mierda. ¡Parecía que el purasangre quisiera... probar sus dedos! Nervioso, Zero se detuvo inmediatamante, mirando alrededor. Su mirada tropezó con el cartel de "Para chuparse los dedos" y tuvo una idea. Miró directamente a Kaname, desvió la vista al póster y luego otra vez hacia el purasangre mientras elevaba una ceja en silencioso desafío.

¿Puedes hacerlo mejor, Kuran?

Inesperadamente, Kaname sonrió. No era una sonrisa avergonzada de "ah, me has pillado mirando", sino una de "te doy mil vueltas en esto". Tuvo el desdichado efecto de hacer que el corazón de Zero cayera hasta la silla. Kaname mantuvo la sonrisa un momento más, una misteriosa y desafiadora sonrisa que prometía una interpretación de narices. Zero se encontró con la vista prendida en Kaname, fascinado a su pesar, y el latido de su corazón se aceleró.

Empezó con calor. Un intenso calor que llenó los profundos ojos marrones de Kaname, transformando las normalmente remotas profundidades en pozos de calidez abrasadora. Continuó con su lengua. Una larga, rosada y puntiaguda lengua que emergió lentamente de entre aquellos labios bien formados, brillantes de grasa. El corazón de Zero latió aún más rápido en su pecho, sin darse cuenta de que sus propios labios se han entreabierto también.

Kaname se llevó una mano a los labios y empezó a lamerse los dedos. Guau. La mirada fascinada de Zero siguió todos los movimientos de aquella lengua rosada, mientras barría lánguidamente la pálida piel de los largos y elegantes dedos, llevándose migas y grasa. Zero tragó saliva con la garganta reseca pero no pudo apartar los ojos del purasangre. Sus propios dedos habían empezado a cosquillear, casi como si Kaname los estuviera lamiendo en lugar de los suyos. Y aquellos ojos… le miraban como si el purasangre quisiera lamer sus dedos. Zero pensó que no podría ni respirar con aquel calor quemándole la garganta y la cara y el corazón golpeando contra las costillas ante aquella descarada exhibición sexual.

Kaname se tomó su tiempo, pasando muy lentamente los labios y la lengua sobre el pulgar, el índice y el corazón de ambas manos, haciendo que Zero se acalorara bajo el cuello de la camisa. Cuando acabó, bajó la mano y le dedicó una triunfante sonrisa.

Bueno, ¿qué te ha parecido, Kiriyu-kun?

A pesar del errático latido de su corazón y de la garganta seca, Zero no puedo evitar menear la cabeza, sonriendo a regañadientes mientras le concedía aquel tanto al incorregible purasangre sentado delante.

¡Desvergonzado exhibicionista!

Kaname se encontró sonriendo ante el inconfundible reproche en los ojos de Zero… y el prefecto de pelo plateado le devolvió el gesto.

-¡Vale, chicos, ya estoy!

El alegre tono de Yuuki los sobresaltó a ambos y Zero parpadeó, alzando la mirada hacia ella, sintiendo aún los efectos de aquella seductora y provocativa actuación. ¡Ostras, Kiriyu, contente! Es Kuran, por amor de Dios…

Por el rabillo del ojo, vio que el purasangre se levantaba rápidamente.

-Me voy a asear también.- dijo, mientras se levantaba del banco.

Zero se encogió todavía más en el asiento mientras el purasangre pasaba delante suyo, pero no pudo evitar mirar hacia arriba y sus ojos se encontraron de nuevo. Algo de aquel calor aún permanecía en los ojos marrones cuando le miraron, aunque estaba mezclado con la emoción más inesperada: incertidumbre. Zero frunció el ceño, confundido, y Kaname evitó su mirada, con aquellas pálidas y suaves mejillas de aristocráticos pómulos ligeramente sonrojadas.

-Hey, ¿qué pasa, chicos? ¿Me he perdido algo?

Zero miró a Yuuki, que lo estaba observando con curiosidad, y luego a Kaname, queriendo ver también su reacción y esperando que contestara a la joven. Sabía que el purasangre no le ocultaría nada a ella. Zero se encogió interiormente, imaginando que la respuesta de Kaname sería algo así como "Oh, no es nada Yuuki, sólo un pequeño reto entre Kiriyu y yo mientras te esperábamos. Gané, naturalmente…"

Pero Zero no quería que Yuuki supiera nada. Se dijo que era debido a que sonaría estúpido si intentaba explicarlo, pero la verdad era que prefería que fuera un secreto entre Kaname y él, igual que el episodio del concierto de piano y el CD, y la cena compartida de arroz frito. No sabía por qué, pero así era. Mantuvo la mirada gacha, con la vista fija en su vaso sin verlo.

-No es nada Yuuki.- contestó Kaname, y Zero levantó la cabeza de pura sorpresa. ¿Qué?

-¡Oh! ¿De verdad?- Yuuki sonó poco convencida mientras inclinaba la cabeza hacia atrás y ojeaba al purasangre.

-Aún te queda refresco, Yuuki, ¿no te lo vas a acabar?- le recordó con gentileza.- Y te hemos dejado dos nuggets, mira.

-¡Oh, me los había dejado!- distraída, Yuuki dedicó su atención a las dos piezas, untándolas en ketchup.

La mirada de Kaname se deslizó de nuevo hacia Zero y le dedicó una enigmática sonrisa. Luego, la respiración se le atragantó en la garganta. El purasangre le había guiñado un ojo, con los iris marrones aún cálidos con los rescoldos de su desafío. Decían, tan claro como un diamante, ¿lo guardamos en secreto entre nosotros, Kiriyu-kun?

Y, a pesar de sí mismo y de sus prejuicios, Zero no pudo evitar guiñarle un ojo también mientras reprimía una sonrisa. Sí, quizás deberíamos, Kuran…

Y así permaneció en secreto. Otro que añadir a la creciente lista de secretos entre ellos.

--Fin del capítulo--