Recuperación de archivos 1 de 7 – iDroid File Recovery Tool Ver. 2018 Build 5051.

Ryoko en el fin del mundo.

Escribir un diario es complicado dada nuestra situación actual. Recuerdo, porque es mi maldición recordarlo todo, que siendo más pequeña pasaba tardes enteras escribiendo uno que le di a papá para que lo depurara y corrigiera el estilo. Y no es que haya dejado de recordar esos escritos, pero la verdad es que me resulta doloroso volver a ellos. ¿Por qué es eso? Simple: no hay peor castigo para un condenado al infierno que recordar sus días en el paraíso.

Papá es quien me ha instado… no, creo que lo correcto y justo sería decir que me ha exhortado casi llegando a la coerción, a seguir escribiendo, él mismo sigue haciéndolo, dice que es nuestra responsabilidad con el mundo y las generaciones futuras, y aunque no se lo digo, siento que es ilusoriamente optimista al hablar de nuevas generaciones. Pero dejando de lado mi triste visión del futuro, le cuento a cualquier hipotético lector que hoy celebré mi cumpleaños catorce. Aunque eso de "celebrar" es más un burdo eufemismo para nombrar las actividades del día, que han sido prácticamente las mismas de unos meses para acá: ir de una ciudad a otra, con un poco de suerte a bordo de un auto, buscar supervivientes, enfrentarnos a los muharib y salir vivos apenas, hacer crecer nuestro grupo tanto como las condiciones nos lo permitan, y de haber necesidad, dar un final decoroso a los infectados… yo nunca participo en eso, de hecho, se supone que ni yo ni mis amigos sabemos de ello, pero los secretos son difíciles de guardar cuando tu familia y amigos devinieron en algo así como una comuna nómada.

Llegamos a América desde Japón hace algunas semanas en un ferri, hemos viajado desde Los Ángeles hacia el este, tratamos en la medida de lo posible de evitar las grandes ciudades, y eso nos ha hecho ir recorriendo el camino a intervalos en territorio estadounidense y mexicano; nuestro destino es Florida, dicen las transmisiones de radio que quedan que Cuba logró aislarse del virus y están recibiendo a los supervivientes itinerantes como nosotros, y que ahí se planea una contraofensiva militar y se hacen investigaciones para revertir y erradicar el Virus JA.

Mamoru pena en silencio. Para sus catorce si bien su apariencia general es como la de un adolescente, su expresión y sus ojos muestran el desgaste de un anciano que ha tenido una vida muy difícil… aunque creo que eso nos afecta a todos por igual. Sun-Hee hace de intérprete, sus habilidades de nigromante han sido vitales para la elección de rutas y obtención de conocimientos entre las necrópolis que resultan de la caída de las grandes ciudades y los pueblos. Nuestra amiga médium ha hablado en su vida con más gente muerta que viva. Sentai, como siempre, va mirando hacia el camino, pendiente de ver una farmacia o centro comercial abandonado. Los laboratorios dejaron de producir medicamentos comunes casi un año atrás y cada vez nos resulta más difícil encontrar los fármacos que mantienen bajo control el padecimiento de nuestro amigo, que como recordarán, padece un trastorno mental que en condiciones normales sería fácilmente controlable, pero ni estas son condiciones normales, ni Sentai es un chico normal, y una crisis maniaca o depresiva sin controlar podría poner vidas en riesgo.

Kenji, contra todo pronóstico dada la fuerza de su carácter, ha resultado ser el más "fresco" del grupo, creo que es un asunto cultural, su linaje no japonés es muy poco conservador en lo que a la muerte refiere, y hace todo cuanto está en su mano para evitar que cualquiera del grupo —en particular yo —caiga en depresión o mal humor. Con todo y que tiene mi edad, es ahora el más alto del grupo, y su alborotado cabello castaño sobresale entre las cabezas de los demás mientras hace alguna broma o maldice, siempre en español, cuando algo no va bien… cosas bastante grosera a decir verdad, con temática maternal o fálica según el tamaño del problema. Antes, en nuestra niñez, solía mirarme cuando no me daba cuenta y al reparar en él, retiraba la vista avergonzado, ahora ya no le importa, sus ojos color aceituna se sepultan en los míos como si quisiera que no viera nada más… cuando era pequeña, eso podía causarme incomodidad, pero ahora es diferente… le regreso la mirada como aceptando el desafío, y una gratificante sensación me recorre… es mi ancla a la esperanza en el fin del mundo. Ojalá pueda decírselo algún día sin el temor de que sea el último.


Capítulo 3.

Alguna vez llegué a ver un documental sobre las plataformas petroleras y cuan modernas deben ser para permitir que un grupo de personas viva en ellas por mucho tiempo. Las plataformas que componían aquel gigantesco complejo oceánico eran algo más que el epítome de esa modernidad y avance. Mientras recorríamos detrás del entusiasta anciano el camino hacia el umbral de la plataforma principal, conté al menos a unas doscientas personas, hombres y mujeres, de cada raza conocida, y todos y cada uno de ellos se cuadró respetuosamente cuando aquel viejo llamado Jack pasaba ante ellos. Él respondía con un asentimiento, y no era un secreto que más allá de la edad y la investidura, el viejo parecía tener algo más que un sincero respeto por todos y cada uno de esos hombres y mujeres, incluso Lara lo veía con el respeto y la admiración apropiados para un abuelo venerable. Sin embargo, sería un error asumir que el hombre aquel era una especie de padre amoroso, nada estaba más lejos de la verdad… más tarde entraría en detalles sobre lo que ese hombre era en realidad y sobre esa novedosa micro nación militar que nos recibía esa tarde, de pie al alba del fin del mundo.

—Casi una década fuera de casa y llegas como si nada, no recuerdo haberte enseñado esos modales, jovencita.

—Lo lamento, Jack, pero tenemos una emergencia. ¿Nos darías audiencia privada?

—Desde luego. Pero antes… ¡Ustedes! —Exclamó hacia todos los que seguíamos a Lady Croft. —Entreguen sus armas. No tendré paramilitares armados paseándose libremente por mi base.

—Valientes palabras para alguien que parece vivir de la guerra, abuelo. —Respondió con irreverencia mi esposa. Escucharla en esa tónica, ante una autoridad cuyo alcance desconoce, es algo así como un placer culposo para mí.

—¿Quién es esta mujer y por qué cree que puede hablarme así? —Preguntó el viejo a la saqueadora de tumbas, contrariado, seguramente acostumbrado a ser tratado con respeto y reverencia.

—Es detective de Interpol, aun cuando la conocí ayer es algo así como un alma gemela para gente como nosotros, seguramente tu gente debe saber algunas cosas sobre ella, y algo me dice que terminarás sintiéndote igual de identificado con ella como pasó conmigo. —Se dirigió una vez más a nosotros, con el gesto amistoso al que comenzaba a acostumbrarme. —Depongan las armas, chicos. Aquí estamos totalmente seguros.

Media docena de soldados nos rodeó, y aun cuando no fueron agresivos, el desarme me hizo sentir un tanto desvalido, sensación que comenzaba a hacerse común en las horas que llevaba embarcado en la reciente aventura. Terminada la inspección inicial, caminamos por largos pasillos entre modernos edificios metálicos, donde la actividad se antojaba semejante a la del distrito comercial de cualquier gran ciudad. Nosotros habíamos aterrizado en la plataforma principal, donde la construcción más alta se erguía petulante, pintada en turquesa pálido, coronada con una descomunal antena de radar que giraba con monotonía, sólo matizada con el logo del cráneo y la serpiente, subtituladas en dorado con la leyenda "Outer Heaven". No pude evitar cierta fascinación por aquel lugar, sin dudas uno de los más pintorescos que habíamos visitado hasta entonces, y eso ya es mucho decir viniendo de nosotros.

Subimos algunos niveles del edificio principal hasta que una moderna puerta automática nos dio paso a una aún más moderna sala de mando, con una enorme mesa luminosa con forma de letra omega con nueve asientos, y una pequeña pero confortable banca al centro de la misma. El anciano tomó asiento justo frente a nosotros, y unos minutos después, otros ocho hombres y mujeres, ataviados en sendos uniformes de gala y cubriendo sus rostros con pasamontañas ocuparon los asientos restantes. Me sentía como en un juicio. Uno de los encapuchados, más bien alto y delgado que no nos quitaba la vista de encima llamó mi atención… sus ojos azules… ¿dónde lo había visto antes?

—Cuéntanos entonces, Lara: ¿Por qué tanto misterio? Te recuerdo que aquí tratamos con crisis mundiales todo el tiempo. ¿Qué puede ser tan urgente como para revelar nuestra ubicación a un grupo de civiles?

—Te garantizo que nada es más urgente que esto, Jack. Es una historia complicada y difícil de creer, aun para personas como nosotros.

—Ponme a prueba. —El viejo se reclinó en su silla, esperando escuchar nuestra historia.

Lara extrajo un pen drive de su bolsillo y lo insertó en una ranura de la misma mesa frente a Big Boss, y un par de segundos después, fantasmagóricos hologramas se proyectaron sobre nuestras cabezas. Era la primera vez que veía holografía auténtica, era grandiosa. La saqueadora de tumbas gesticuló con las manos, haciendo que las carpetas del holograma se movieran, concentrándose en la que tenía la leyenda "VAJ". Con demasiada soltura para quien cuenta a un anciano sobre viajeros en el tiempo, la parte que nosotros mismos sabíamos sobre nuestra situación fue narrada por la condesa, apoyada por las imágenes, documentos y videos cuyo reflejo puedo ver en el único ojo de nuestro anfitrión, el cual, por cierto, no hizo gesto alguno de sorpresa o incredulidad, su expresión se mantuvo seria e impertérrita ante la difusa luz de las proyecciones, aunque de cuando en cuando hacía un ademán, y alguno de los otros invitados se acercaba solícito a entregarle documentos o susurrarle algo al oído, y él parecía compararlo con lo exhibido por nuestra guía. En algún punto el viejo encendió un puro. Yo puedo escuchar claramente cómo arde el tabaco cada que Lara hace una pausa.

—Déjame ver si entendí. —Dijo el viejo casi dos horas después, cuando el espectáculo de luces y nuestra historia terminó. —Alguien vino del futuro, cosa de un par de décadas desde ahora, para decirnos que Neo-Umbrella, una de las más grandes organizaciones criminales de nuestra era está por unirse al Estado Islámico, y que en cosa de días podría terminarse la civilización como la conocemos… y que además pretendes que ponga a disposición de tu causa los recursos de Outer Heaven. —Lara asintió y el anciano se reclinó en su asiento mientras daba una calada más profunda que las anteriores a su puro, reflexionó por unos segundos mientras jugaba con el humo en su boca. —Cuba, Rusia, Costa Rica, Afganistán, Congo, Angola, Siria, Venezuela… esos y otros países en el mundo tienen algo en común: nosotros hemos hecho operativos ahí, y una de las más importantes reglas para el éxito ha sido nuestra discreción. Si bien una movilización mundial de nuestra parte es posible, terminaría por exponernos. Por otro lado, sé que tus intenciones son buenas, Lara, nunca he dudado ni dudaré de la legitimidad de tus motivaciones ni de tu ética o tu moral, pero nosotros no somos la ONU… nosotros somos mercenarios y nuestros servicios deben ser pagados.

—Lo sé, Jack, pero realmente creo en esto, y desde luego, no vine con las manos vacías a pedir tu ayuda. —Lara hinchó el pecho y con aire de suficiencia puso las manos en su espalda. —El pago por tu ayuda será la fortuna Croft, las obras de arte y reliquias recuperadas por mi padre y por mí en los últimos ochenta años, muchas de ellas son invaluables, también incluiré la pequeña propiedad en Abingdon. Sé que siempre te gustó esa casa.

Big Boss por primera vez lució sorprendido. —¿De verdad estás dispuesta a darlo todo?

—Si de mí dependiera, te daría mi título nobiliario también.

Él, con su único ojo, escrutó por largos segundos a la cazadora de tesoros, hasta que finalmente hizo un gesto y todo mundo se puso de pie, incluidos nosotros.

—Mis líderes de equipo operativo y yo discutiremos la viabilidad del plan que propones, mientras eso pasa, necesito que sean llevados a la plataforma médica para evaluación y descontaminación. El médico jefe hará el procedimiento directamente.


Volver a salir al exterior fue como despertar una vez más. El sol tropical y la brisa de altamar nos hizo el recordatorio de dónde estábamos, y sólo ahora que sabíamos que una pequeña parte de todo el trabajo estaba cubierto, nos dimos la oportunidad de caminar lentamente entre los puentes y observar al océano vibrante bajo nosotros… y mi mente, traicionando mi instinto de preservación, me hizo pensar en el fracaso de nuestra actual campaña… sí, tal vez por algunos años nuestra especie buscaría la salvación, pero eventualmente llegaría el fin de nuestros días como los señores y soberanos del planeta… y el cielo, el océano, incluso las grandes ciudades en decadencia nos olvidarían… la historia humana se perdería en el inexorable y brutal abismo del tiempo, y eso me llevaba a otro aterrador pensamiento: ¿cuántas especies antes de nosotros habrán desaparecido en los cuatro mil quinientos millones de años que tiene el planeta, así nada más, sin dejar huella, víctimas eternas del olvido, ese olvido al que peligrosamente nos acercábamos nosotros?

—Suban, por favor—. Dijo en inglés un soldado, señalando con la mano extendida hacia la caja abierta de un camión seis por cuatro.

Subimos y nos sentamos, el soldado no abordó, sino que cerró la media puerta tras nosotros y apenas nos vio acomodados, dio un par de palmadas al costado de la carrocería, y el vehículo arrancó.

Durante silenciosos minutos atravesamos la autopista flotante, alejándonos del centro del complejo y hacia lo que la hora del día y la ubicación del sol me decía que era el norte, lo suficiente como para que la imagen del edificio principal se difuminara en la brisa oceánica a la distancia, y ahora crecía otro complejo un poco más modesto de pálidos edificios bajos y rectangulares. En el techo del más alto, al centro, ondeaba una bandera blanca con el logo de Outer Heaven en marca de agua gris, y sobre ese logo, el pictograma de una píldora estilizada.

El vehículo se estacionó a unos metros de los edificios y un nuevo soldado abrió la puerta, indicando con voz firme que habíamos llegado a la plataforma médica.

Fuimos guiados hasta el mismo edificio central, subimos un par de niveles, y finalmente llegamos a un inmenso consultorio que cuyas paredes e instrumental no parecían haber sido siquiera tocadas por la mano del hombre jamás, el pabellón estaba acústicamente aislado del ruido exterior.

—El médico jefe los atenderá en seguida.

Dicho eso, fuimos dejados solos.

El mismo hombre alto y encapuchado de ojos azules entró sólo unos minutos después a la sala con paso firme. Nos dedicó sólo una mirada fugaz mientras se acomodaba detrás de un único escritorio, para luego hacer un ademán con las manos, indicándonos que debíamos quitarnos la ropa.

La mayoría nos pusimos de pie al momento, y poco recelosos ya para ese momento comenzamos a desabotonar camisas y blusas, digo la mayoría porque una persona ni siquiera se movió de su asiento. Por supuesto, Haruhi.

—Buen intento Ojisan, pero no resultará.

—Tenía que intentar, no pueden juzgarme por eso.

La voz profunda y rasposa de aquel hombre me dio una inexplicable sensación de confort, alegría y cierta esperanza. La verdad es que lo creí muerto, me alegra que no haya sido así. Irguió de la silla sus más de ciento ochenta centímetros y se retiró la capucha dejándonos ver sus angulosas y ahora mucho más arrugadas facciones, por algún motivo su rostro siempre me recordó lejanamente a un ciervo, con un ceño demasiado marcado por estar siempre fruncido, sus ojos azules profundos repletos de sarcasmo, y una sonrisa torcida y cínica sepultada parcialmente en una barba cana y tan corta como el cabello blanco sobre su cabeza.

House.

—Ahora ya no debes gastar saliva en el "Greg", aquí con "House" basta.

Fiel a su dinámica social común, saludó desde la distancia mientras tomaba instrumental para hacer el chequeo médico que le fue encomendado, hasta ahí, todo bien. El contraste, sin embargo, era grande. Si bien por un lado su rostro había sido duramente maltratado por el lustro que había pasado desde la última vez que nos vimos y lo había envejecido bastante, seguía siendo delgado, pero parecía más robusto y firme… más importante aún: no cojeaba ya.

Mi esposa estaba sentada en el camastro de auscultación mientras el galeno tomaba una muestra de sangre de su brazo, y mientras él estaba distraído en la charla que sostenía con todos, Haruhi aprovechó para dar una patada firme sobre la pierna enferma de House. Él sólo hizo un gesto, pero no manifestó el mínimo dolor.

—Tu salud ha mejorado bastante. —Dijo ella, esperando poder presionar a House a que nos contara su historia, no hizo falta demasiada insistencia.

—Llegué a este lugar después de…

—¿Después de que moriste…? —Interrumpió Haruhi, seguramente ella había dado seguimiento a la vida del médico como es su costumbre con las personas que considera interesantes o importantes. —Según lo último que leí, en una crisis psico narcótica te quedaste dentro de un edificio en llamas… tu muerte fue confirmada.

—Por supuesto, sabes lo que pasó después, ¿no niña? Y por cierto, tu costumbre de interrumpir a la gente mientras habla sigue siendo igual de irritante ahora que en el pasado.

—"Saber" sería decir demasiado—, respondió ella ignorando el reclamo—, al menos para alguien que no estuvo en los Estados Unidos la mayor parte de ese tiempo, pero leí que el Dr. Wilson atravesó el país al lado de un motociclista anónimo que no se separó de él para nada. Ese motociclista anónimo se encargó de cuidarlo durante sus últimos meses de vida, hasta que Wilson falleció por complicaciones de un cáncer cerebral, incluso se encargó de darle sepultura, para luego desaparecer sin dejar rastro. —House asintió a sus palabras, y la estimuló con un gesto para continuar. —Supongo que sin identidad para ejercer la medicina, estuviste deambulando en países pobres donde no fuera necesaria una licencia médica, o cuyos controles no fueran tan rigurosos para confirmar la identidad de los doctores voluntarios puesto que necesitarían toda la ayuda posible, hasta que finalmente encontraste a una extraña milicia privada repleta de prodigios como tú.

El médico amargó un poco el gesto luego de terminadas las conjeturas de mi esposa y estuvimos en silencio mientras ponía nuestras muestras de sangre en una centrífuga.

—Cuando me enteré de la enfermedad de Wilson llegué a la conclusión de que él había sido la única familia real que había tenido. Me comprometí a hacérselo ver durante el tiempo que le quedó de vida. Creo que lo logré, el tipo vivió bastante bien hacia el final. Cuando murió, viajé a Panamá, El Salvador y otros países de América del Sur, Chile durante los terremotos… finalmente Marruecos, Afganistán, e Irak, donde estuve ayudando a los afectados civiles de los bombardeos. Hay una larga y conmovedora historia acerca de mi reclutamiento en Outer Heaven, pero será en otra charla, sólo diré que le dije a él que no tenía nada para ofrecerle, que tal vez debió dejarme morir allá, porque lo único que podía darle era mi trabajo. Por supuesto, el tipo ya había hecho su tarea y sabía perfectamente quien era yo, así que aceptó mis servicios. También se encargó de darme algunas refacciones. —Levantó la campana de su pantalón, mostrándonos una pantorrilla de revestimiento metálico barnizada en marrón claro. La prótesis continuaba en un pie artificial perdido dentro del zapato y según el mismo médico diría, su armazón subía hasta unirse con su pelvis. Una auténtica pierna biónica, su funcionamiento, movimiento y respuesta a los estímulos era una perfecta emulación a una real, de no haberla visto, habría jurado que nació con ella.

—Y no fue lo único—, dijo relajando el gesto mientras fingía que abriría sus pantalones. —también gané un súper pe… un momento, ¿Dónde está la de las largas piernas y pechos enormes? A ella es a la que más me interesaba presumirle esto.

Kenji se aclaró la garganta en incomodidad y perforó la frente de House con su mirada.

—Aún no se nos une, pero está felizmente casada ahora—, rió Haruhi mientras que Ryoko hacía un gesto con la mano a Kenji para que bajara la guardia—. Y créeme, su esposo acabaría contigo en un momento.

—Y supongo que el niño es un hermano mayor o algo así, ¿no? Te pareces mucho a ella… pero quien realmente me intriga eres tú…— Dijo eso último escrutando a Ryoko, desde luego había notado el abrumador parecido que tenía con Haruhi—. ¿Te acuerdas de mí, niña?

—Apenas. —Respondió Ryoko—. Era muy pequeña cuando nos vimos por última vez.

—Salvé tu vida.

—Y yo te destruí en el ajedrez.

—Ah, eso sí lo recuerdas.

—Es mi maldición recordar, Doc.

Siguió la inspección, apenas si dedicó un gesto a Koizumi, pero con Yuki fue muy diferente. Se quedó largos segundos mirándola directo a los ojos con incredulidad, hasta que ella misma bajo la mirada con cierta timidez.

—Recuerdo perfectamente que tú parecías una adolescente la última vez que te vi, tu envejecimiento no es consistente con el tiempo que ha pasado desde entonces… además, la chica que conocí entonces no hubiera bajado la mirada, lo que es más, ni siquiera me habría dedicado una en primer lugar, recuerdo que te mantuviste estoica aún con una lesión grave y dolorosa en un brazo, y ni hablar de intentar iniciar una charla.

—Todos tenemos que crecer, doctor. —Respondió la alien con su voz melódica y serena.

La charla amistosa terminó cuando el médico trató de poner la aguja en el brazo de Kenji, que se limitó a negar con la cabeza y cruzar los brazos.

—Debo analizarte, niño. —Dijo House mientras tomaba la muñeca izquierda de Kenji, seguramente sorprendiéndose de no moverlo un milímetro de su posición aún cuando tiró de ella con toda su fuerza. —Debes dejarme hacer mi trabajo, o haré que entren los hombres y te obliguen a darme la muestra de mala manera. ¿Qué ocultas de todas formas?

—Doctor… —Intervino Yuki, interponiéndose entre Kenji y House. —Por el momento no será posible analizar su sangre, carga un patógeno muy peligroso que sólo él con ayuda mía puede mantener latente, y yo misma aún no conozco la forma de detenerlo por completo. Es una enfermedad terrible y no es natural, y no tenemos los recursos o los conocimientos para estudiarla sin poner en riesgo a todo ser vivo que rodee a Kenji.

—Al menos no los teníamos. —Dijo Haruhi triunfal, compartiendo una mirada de complicidad con Ryoko, ante el desconcierto del resto, incluido House. —No sabía que estabas aquí, Ojisan, pero algo me dice que con la ayuda del mejor diagnosta del mundo podríamos acercarnos más a la forma definitiva de erradicar esta enfermedad antes de que se propague por el mundo. Supongo que ya te diste una idea de cuáles pueden ser los resultados de la exposición si viste las últimas noticias de lo que pasó en Siria.

El galeno se quedó inmóvil por unos segundos mientras miraba alternadamente a Haruhi y a Kenji, definitivamente atando cabos, recordando vívidamente el espeluznante escenario que las cadenas noticiosas dejaron ver unas horas atrás, y lentamente un brillo poco común iluminó sus ojos azules con fuerza, mientras su retorcida sonrisa comenzaba a dibujarse discretamente, sabiéndose al borde del misterio médico definitivo.

—Supongo entonces que voy a pedir se abra un pabellón de contención en la plataforma de cuarentena…

Imaginamos lo que seguiría en el discurso del médico, pero una ligera vibración y el repentino aullido de alarmas marítimas nos hizo mirarnos unos a otros, confundidos. House se llevó una mano al oído derecho.

—Reporte… ¡De tu juego de ajedrez, por supuesto, idiota! Acaba de haber una detonación y activo las alarmas de toda la plataforma médica, ¿de qué crees que querría el reporte? —Se quedó en silencio por unos segundos mientras escuchaba a su interlocutor por el micro transmisor de radio en su oído. —Pues averígüenlo pronto, manda a una brigada pequeña a mi consultorio y pide refuerzos a la plataforma de comando. —Se volvió a nosotros. —Parece que alguien los siguió hasta aquí, ¿con qué niños de la clase frecuentan últimamente?, ¿debo disculparme con los papás por que le robaron algún juguete?

—Nadie nos siguió, doctor… —Dijo Yuki, caminando hacia una pequeña ventana que daba al helipuerto de la plataforma. —Tengo monitoreo continuo desde el continente hasta aquí y ninguna nave por mar o aire coincidió siquiera un poco con nuestra trayectoria, y el tráfico aéreo de la zona consiste exclusivamente en aviones y helicópteros de Outer Heaven. Lo que sea que esté aquí, estuvo aquí antes que nosotros o no llego por métodos convencionales.

House tocó nuevamente su oído, diciendo segundos después: —Tenemos que movernos a la plataforma de comando, esta es la menos segura de todas zonas del complejo, el grupo de custodia ya está aquí. Todos bajen la cabeza.

Al parecer, estas personas están acostumbradas a hacer este tipo de ejercicios. Apenas se escuchó la exclamación "Clear" fuera del consultorio, House abrió y enseguida fuimos rodeados por una docena de hombres y mujeres encapuchados y equipados con rifles de asalto, que formaron un corrillo a nuestro alrededor. Comenzamos a seguir al médico agazapados mientras que nuestro blindaje humano miraba en todas direcciones, sólo entonces noté la verdadera dimensión del problema: a la distancia, lo que parecía ser una torreta antiaérea se incendiaba lanzando una gruesa cortina de humo negro, una veintena de hombres disparaba hacia un punto que no lograba ubicar, mientras que un número semejante yacía exánime sobre el asfalto. Lo único que me faltaba hoy: culpa por nuevas muertes.

—¡No puede ser…! —Alcancé a escuchar exclamado por Yuki.

Un momento después, dos de nuestros guardianes salieron volando por los aires, lejos de nuestra vista como jalados por un gancho invisible que los había tomado por los pies, otros dos fueron impactados contra un muro lejano como si un camión invisible los hubiera arrastrado, y así, en sólo unos segundos los miembros de la Brigada presentes y el médico quedábamos al descubierto a medio camino del helipuerto más cercano. Desarmados, espalda con espalda. Al menos casi todos.

—¡Prepara tu arma, House! —Gritó mi esposa recordándole al galeno que llevaba una en el cinturón.

—No sé si lo notaste, niña, pero una fuerza invisible está noqueando a todo el que empuña una, ¿de verdad crees que es una buena idea apuntarle a la nada? Pensé que eras más lista… por cierto, ¿recuerdas que soy médico?

—¡Entonces lo haré yo!— En un tirón tomó la pistola y apuntó al cielo, mientras miraba en todas direcciones, tratando de encontrar aunque sea un indicio, un nuevo grupo antimotines se acercaba a la distancia para custodiarnos y un grupo adicional llegaba a por los lesionados, al parecer, no hubo ninguna baja desde el comienzo del asalto.

—Por favor, Suzumiya… baja el arma, no queremos hacerte daño. —Dijo una voz conocida a unos metros de nosotros, haciéndome dar un respingo y justificando la sorpresa de Nagato unos momentos atrás.

Haruhi se volvió hacia el punto de origen de la voz, y sin dejar de apuntar levantó su puño derecho a un lado de su cabeza, ordenando a los soldados detenerse. Para sorpresa mía, obedecieron en el acto, pero no dejaron de apuntar al mismo lugar al que mi esposa.

—¿Mikuru?

Dos personas se materializaron de la nada: un hombre alto, robusto y entrecano de rostro duro y una mujer curvilínea de facciones agraciadas y cabello color caramelo arreglado en una "cebolla" sobre su cabeza. Los Robles Asahina.

—No hubiéramos querido intervenir así, pero debemos llevarnos a Kenji—. Dijo el antiguo maestro de Haruhi con tono plano.

—Por favor, no se resistan… —Dijo en un tono más bien suplicante Asahina.

Haruhi no bajó el arma, la tensión del momento de hecho aumentó mientras miraba a uno y otro alternadamente, sólo haciendo audible el bramido del océano y el canto de las aves marítimas.

—¿Y qué pasa si me resisto? —Preguntó mi esposa luego de echar un vistazo fugaz al chico del futuro.

Robles endureció el gesto y Asahina cerró los ojos con resignación.

—Temía que preguntarías eso… lo lamento muchísimo.

Asahina saltó hacia Kenji, mientras que Robles había librado la distancia entre su antigua alumna y él en un santiamén, listo para desarmarla…

Capítulo 3.

Fin.


Sí, es cierto. Cualquier reclamo al respecto de esta publicación está perfectamente justificada. Y creo que más allá de comprometerme a continuar lo más rápido posible, me comprometeré a no dejar morir la historia. Así que si aún están ahí, ¡manifiéstense! Que yo sigo por aquí, lento, pero seguro…