Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece; me adjudico la trama de la historia.
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Lágrimas de Cristal
Hasta siempre.
Dos semanas habían pasado después de aquella fiesta. Takeru y Hikari disfrutaron cada segundo juntos, bailaron y se dedicaron a admirarse el uno al otro, sin importar el tiempo. Aquel fin de semana lo pasaron juntos, ella fue a dormir a su casa a petición de su madrina y él aprovechó esa oportunidad para conocerla mejor.
No les importó la hora en que se durmieron o de comer, fueron felices y lograron calmar sus corazones después de tanto dolor. La semana que siguió se vieron con igual frecuencia, aunque compartieron con sus amigos. Mimi logró estabilizar su vida y ahora su madre se recuperaba bien del tratamiento. Yamato y Sora partieron a Hokkaido en sus últimas vacaciones juntos porque sabían que después del año escolar se separarían para ir a diferentes países a seguir sus sueños. Minako se fue con sus padres fuera del país por lo que, prácticamente, disfrutaron sin sus amigos.
Pero ese fin de semana no se pudieron juntar. Hikari se quedó ayudando a sus hermanas con el negocio y Takeru a su mamá con algunos asuntos de la empresa. No obstante, se comunicaron a cada momento. El día domingo en la noche él fue capaz de ir hasta su casa a pedirle que fuera su novia y le obsequió un hermoso collar de plata con una lágrima de cristal. (1)
Y todo eso pasaba a gran velocidad por la cabeza del mayor de los Takaishi. Ahora estaba sentado en el hospital esperando a que el doctor saliera con alguna noticia. No podía imaginar que su pequeña princesa se encontrara mal y menos sin haberse dado cuenta antes. En realidad, nadie se había percatado que algo andaba mal con la menor de las Yagami.
Él sabía que había llegado al hospital inconsciente y que anteriormente se quejaba de dolores en el pecho. Claro que Takeru no sabía y fueron las hermanas de ellas quienes le contaron aquello. Rogaba al cielo que todo fuera bien, que nada grave pasara y que el susto aquel fuera recordado como algo sin sentido en el futuro.
No concebía una vida sin su princesa, no ahora que la había encontrado. Era poco el tiempo que la conocía, apenas un mes y dos semanas, pero sentía que fue toda una vida la que pasaron juntos. En algún momento se cuestionó por el inmenso amor que le tenía, mas no le dio cabida a las dudas y ahora sólo quería ser feliz.
Pasaron los minutos y las horas sin señales positivas. Las hermanas de Hikari se encontraban igual de hundidas en el dolor y la tristeza, la incertidumbre las consumía por completo y solo pedían que su hermanita menor se salvara de aquello que tenía. Siempre había sido una niña sana y fuerte, por eso no comprendían que ahora estuviera en un hospital.
Tarde en la noche llegó un doctor y preguntó por los familiares de la pequeña. Todos saltaron de sus sillas y fueron a escuchar lo que el especialista les quería decir. Hikari Yagami estaba grave y sin esperanzas de vida. Una infección a su corazón había agravado su estado y por no ser detectada a tiempo ya era tarde. Todos sus órganos vitales se encontraban comprometidos y ahora sólo quedaba esperar.
Sollozos desesperados brotaron en aquel lugar y desmayos por la presión tampoco. Sin que ellos se dieran cuenta, había llegado Natsuko a ver como se encontraba su ahijada. La sorpresa la tomó mal, pero debía ser fuerte por su hijo, por la pequeña. Se acercó al médico y le pidió conversar a solas. Le contó que ella era la tutora de Hikari y le pidió la mejor habitación para ella. Si iba a vivir sus últimos días en un hospital, quería que fueran con comodidades. También, le expresó que era con ella con quien debía referirse a temas económicos y no con sus hermanas.
Takeru quedó sin expresión después de las palabras del doctor. No comprendía como es que todo su mundo de felicidad iba a acabar con la muerte de la persona más importante para él. Todo había marchado bien, no había errores de por medio y de la nada la realidad los llevó consigo. Se fue hundiendo más y más en su asiento hasta quedar hecho un ovillo. Y lloró. No imaginaba una vida sin ella.
Fue su mamá quien lo sacó de ese incómodo estado y apoyó su cabeza en sus piernas para que lograra descansar algo. Se venían días difíciles para todos aquellos que formaban parte activa de la vida de la castaña y sabía que su hijo tenía un gran dolor con todo aquello. Sólo deseaba que fuera capaz de sobreponerse bien a todo esto. Lo ayudaría en lo que necesitara porque sabía por experiencia propia que es perder al amor de tu vida.
A media noche les avisaron que Hikari fue traslada a una habitación propia, pero que se encontraba sedada por lo que iba a tardar en despertar. Todos pasaron a la habitación y en lela encontraron dos sillones grandes y uno pequeño. Takeru se sentó en el último en absoluto silencio. Su mente aún no procesaba todo lo que estaba sucediendo. Su madre tuvo que irse para ver a su hermano menor, pero prometió volver al día siguiente.
Fueron 10 horas lentas para todos. Dormitaron un poco y ya cuando el doctor entró a hacer su chequeo de rutina, las hermanas de Hikari se fueron a su casa a comer algo y cambiarse de ropa. Takeru no se movió de la sala hasta que llegó su madre y por exigencia de ella fue a comer algo. En ese intertanto fue cuando la castaña abrió sus ojos y fue reconociendo todo a su alrededor. Se sorprendió de ver a la Sra. Takaishi en el lugar, pero no dijo nada.
Esta última se dio cuenta de que había despertado y fue donde ella inmediatamente a ver si necesitaba algo. La respuesta fue negativa y aún así Natsuko fue en busca del médico de cabecera para informarle que su ahijada ya había despertado. Mientras ella buscaba al médico, Takeru entraba a la habitación nuevamente. Se sorprendió al encontrar a su pequeña novia despierta y corrió a su lado.
– Amor, despertaste – susurró él emocionado.
– Si – le sonrió ella – Aún me queda mucho por hacer.
– No te esfuerces, Kari. Es mejor que descanses todo lo que puedas.
– No, quiero verte lo más que pueda, para así llevarme un lindo recuerdo tuyo.
Él quedó sorprendido con su respuesta y le dio a entender que ella sabía que iba a morir. Aguantó sus lágrimas y le sonrió en respuesta para luego besarla suavemente en los labios y disfrutar cada segundo a su lado.
Ese día fue de aceptación y observación por parte de todos, aunque Hikari ya sabía que iba a morir en cualquier momento, ocultó su miedo a la muerte y se mostró fuerte ante todos. Sonreía constantemente y se dejaba querer por sus hermanas y su novio. Este último era quien más la consentía y no se separaba en ningún momento de ella.
Leían juntos o sólo observaban su entorno. Desearía que sus últimos días no fueran en una cama, pero su cuerpo estaba muy débil para mantenerse en pie. Por ello, sus hermanas se turnaban para hacerle compañía ya que no podían dejar el negocio sin atender. Pero ellas, a diferencia del rubio, se encontraban tranquilas porque su hermana había encontrado a quien se dedicara al 100% a ella y la hiciera feliz.
Un día los adolescentes se encontraron solos en la inmensidad de la sala donde se encontraba la pequeña Yagami, ya que sus hermanas no habían podido asistir y Natsuko se encontraba atendiendo a unos inversionistas ingleses. Ese día fue tan íntimo como a vez en que él le pidió ser su novia. Fueron pocas las palabras que trazaron, pero con miradas se comunicaban todo lo que podían.
Él jugueteaba con sus dedos y sus cabellos, le dejaba pequeños besos en sus nudillos y aspiraba su aroma. Ella se derretía a su toque y sentía que no había mejor paraíso que aquel en donde estuviera su príncipe. Quería llevarlo con ella, pero sabía que no podía arrancar su vida cuando aún tenía tantos sueños por cumplir. Si tuviera la posibilidad de pedir un deseo sería morir de otra manera, una que causara menor angustia y dolor en la camino, para así ser capaz de verlo sonreír cuando ella ya no estuviera a su lado.
Ambos no se imaginaban una vida sin el otro, era totalmente oculto el futuro incierto que le esperaba a Takeru. Vivían el minuto a minuto, sin pensar en que quizás mañana no estarían juntos. Esperaban que todo fuera un mal sueño, mas en lo profundo de su corazón sabían muy bien que todo era real y tendría un fin.
La salud de Hikari empeoraba día a día, cada vez los medicamentos eran más y más cables se unían a su cuerpo. Dentro de su gravedad, su estado era estable. No había tenido sobresaltos y los dolores en el pecho eran atacados a tiempo. La idea era que sufriera lo menos posible para que así estuviera lúcida la mayor parte del tiempo.
Pero de un momento a otro, de toda la estabilidad lograda, la castaña empeora de golpe a tal punto de tener un paro cardiorespiratorio. Todos se asustaron porque pensaban que no saldría de esa, pero lo logró, a duras penas, eso sí quedó conectada a un ventilador mecánico y sus riñones ya no podían más.
Dentro de aquel cuadro estaba bien. Takeru seguía a su lado día a día y le contaba de sus sentimientos en cada momento que vivieron juntos. Como cuando la conoció, cuando fue a su casa y su impulso de tenerla cerca y no soltarla jamás, cuando le pidió ser su novia… Cada detalle que para él fue importante lo quería compartir con ella y hacerle saber que siempre estaría en su corazón.
Y cuando todo parecía mejorar, ella partió. Una tarde del verano, después de decirle te amo a su novio, ella decidió que debía descansar. Todos quedaron anonadados pues todo indicaba que aún faltaba mucho para ese momento. Takeru, quien estaba a su lado, soltó un grito desgarrador en el silencio sepulcral de la habitación. Su princesa se había ido y para siempre.
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Continuará…
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(1) Imagen en mi perfil.
Autora: Quise hacer este capítulo simple y lleno de emociones. El domingo publico el epílogo.
