Luego de un enorme bloqueo mental y muy pocas ideas, al fin pude terminar el cap 4. Son las 3 de la mañana en argentina y debo decir que es la mejor hora para escribir.

"Vaya, el tiempo vuela cuando te diviertes" pensó ella con sarcasmo mientras evocaba una vieja frase que leyó en alguna novela (...) esta frase la saque del libro"Harry Potter y la Camara Secreta". Soy una fanatica empedernida de esa saga y pense que esa frase vendria muy bien para este capitulo.

Saludos!


Capitulo IV

Kisara miraba anonadada a Seto. No podía entender cómo, luego de todas las discusiones que tuvieron desde aquel encuentro en su oficina, él le proponía quedarse a comer en su mansión. Él había alegado que sus criados habían hecho una cena para dos y como Mokuba salió a cenar con Rebecca no quería desperdiciar un plato de comida; además ya era bastante tarde y la hora de la cena ya había pasado.

Aunque él tenía razón, Kisara seguía sin entender porque esa proposición tan desinteresada de su amigo del pasado. Su comportamiento desde su encuentro fue algo diferente sin embargo esto cambiaba todas las cosas. Ella, sin embargo acepto contenta. Seri a un buen momento para decirle acerca de su pasado.

La cena paso sin muchos inconvenientes. Los criados de Seto prepararon el plato favorito del Ceo: Carne y patatas, que según el gusto de la peliblanca estaban exquisitas. Cuando terminaron de comer y levantaban los platos sucios Seto le pregunto:

-¿Hace cuánto trabajas para Pegasus, Kisara?

-No hace mucho, en realidad. Mi padre era conocido de Maximilian. Un día él llamo a casa preguntando si mi padre conocía algún dibujante competente para el departamento de arte, ya que había varios puestos vacantes; y como mi padre me enseño a dibujar le pareció que yo era la más capacitada para ello. Pegasus vio mis dibujos y al parecer les gustaron porque no he tenido una queja de él desde que entre a trabajar.

Seto se limitó a asentir con la cabeza mientras un mayordomo le traía dos tazas de café humeantes.

-¿Quieres café? – Pregunto él acercándole una taza

-Sí, muchas gracias Seto- Respondió Kisara cuando tomo la taza de la bandeja- ¿y tú como llegaste a tener esta enorme empresa siendo tan joven?

-Es una historia larga, pero solamente te diré que la empresa era de mi padrastro y yo la herede limpiamente al igual que esta mansión.

Kisara supo que Seto no hablaría más del tema, por eso se limitó a ver el techo, distraída mientras que pensaba las posibilidades que tenía para seguir con el proyecto en su departamento tranquila.

-Seto, muchísimas gracias por la comida y el café pero debo irme. Mañana tengo que ir temprano a la oficina y tengo que terminar varios bocetos para mañana, discúlpame.

-Ni lo menciones. Ya es muy tarde es verdad. Entonces, mañana las 5 de la tarde nos encontramos en los viejos hangares de Kaiba Corp.?-Propuso seto mientras acompañaba a su invitada hacia la puerta.

-Sí, perfecto. ¿Te importa que lleve a alguien conmigo? Es que necesito a una persona ajena para que de una opinión.

Seto negó con la cabeza mientras le estrechaba la mano a Kisara a modo de saludo.

Kisara estaba sentada en un banco en el jardín del orfanato viendo el hermoso atardecer que se proyectaba en el cielo. Unas lágrimas amargas rodeaban su rostro mientras sostenía una carta. Escucho que alguien se acercaba, se sentaba a su lado y la abrazaba. Aquel cálido abrazo familiar hizo que sus lágrimas aumentaran y se acurrucara en el hombro de su acompañante, llorando silenciosamente.

-¿Es realmente necesario que me vaya dentro de un mes, Señora Potter? ¿Qué va a ser de Seto y Mokuba cuando me vaya de aquí? No quiero perderlos, son mis mejores amigos aquí, mis hermanos.

La señora Potter, una mujer joven de ojos verdes esmeraldas y cabello negro azabache miro a su nueva hija con ternura y le dedico la sonrisa más sincera que Kisara jamás vio.

-Pequeña no debes pensar eso, seguramente puedas visitar a tus amigos cuantas veces quieras, no voy a dejar que te separes de ellos de un día para otro, te lo prometo.

Kisara levanto la cabeza y sus ojos azules miraron a la que sería su nueva madre; en ese momento supo que no había otra opción que aferrarse religiosamente a esa promesa y que además aquella mujer jamás dejaría que nada malo le pasara, ella tenía un corazón de oro. Sin embargo ella tenía el presentimiento que aquel plazo de un mes que le dieron pasaría demasiado rápido, sin poder despedirse correctamente de sus amigos.

Ella suspiró amargamente y contesto:

-¿Enserio? ¿Tú podrías hacer eso por mí? Entonces aceptare ser adoptada por ustedes, aunque me separe de Seto.

En ese momento algo hizo clic en la mente de Kisara y salto de su cama como si tuviera un resorte. Aquello no era la realidad, era todo producto de su mente. Acceder a esos recuerdos dolorosos solo incremento la tristeza y el resentimiento hacia su nuevo compañero de trabajo. Tristeza porque no recordara quien era y resentimiento porque aún seguía sin creer que Seto fuera tan orgulloso y altanero.

"En fin, creo que tendré que aceptar que las personas cambian y que al parecer soy la única que sigue siendo la de antes" Pensó ella con amargura mientras se ponía sus pantuflas y su bata.

El reloj de su pieza marcaba que eran las 6 de la mañana. Volvió a suspirar y con resignación tomo el boceto de la nueva arena que se construiría en los hangares de la Kaiba Corp.

Perdida en sus pensamientos, Kisara no se dio cuenta de cómo el tiempo transcurrió velozmente y que si no se apresuraba llegaría tarde al trabajo. "Vaya, el tiempo vuela cuando te diviertes" pensó ella con sarcasmo mientras evocaba una vieja frase que leyó en alguna novela de las que ella solía leer cuando disponía del tiempo para hacerlo. "En fin creo que tendré que ir a la oficina, será divertido contarle los acontecimientos de anoche a Tea".

Seto, seguía dando vueltas en su cama sin poder conciliar el sueño. No podía sacarse de la cabeza aquella niña de ojos azules y más aún seguía sin recordar quien era. Lo único que sabía era que estaba en el orfanato al mismo momento que el pero aún faltaba algo. "¿Por qué me resulta tan familiar y a la vez tan doloroso recordarla? Debo saber quién es ella".

Siguió perdido en sus pensamientos con sus ojos cerrados hasta que el sol entro con fuerza por el gran ventanal de su habitación, sin embargo no pudo averiguar absolutamente nada. Se sentía terriblemente agotado, hace semanas que no dormía bien y la noche pasada no era la excepción.

Con el torneo, sus negocios en el extranjero y aquella misteriosa niña, el joven Ceo no tenía tiempo ni siquiera para descansar. Pensaba en dejar que su vicepresidente se encargara de toda la empresa por un día y que solamente ira a la cita pautada con Kisara. Él podría darse el lujo de faltar a su trabajo por un día, al fin y al cabo era su propio jefe.

Su celular sonó al mismo momento que se preparaba para una relajante ducha de agua caliente. Malhumorado tomo a regañadientes su celular y dijo fríamente:

-¿Quién habla?

-Hola Kaiba, soy Yugi Motto. ¿Cómo estás?-Le replico una vocecita aguda del otro lado de la línea.

-¿Yugi? ¿Qué quieres? Espero que sea algo importante, no estoy para perder el tiempo contigo.

-Está bien Kaiba, solo quería preguntarte si es verdad el rumor que corre acerca de un torneo que estas organizando. Joey está desesperado por saber cuándo comienza.

-¿Tu amigo el perrito faldero quiere saber cuándo será el torneo? ¿Por qué no se preocupa en calificar para ello y no molestarme con cosas sin sentido? Si me disculpas tengo que hacer cosas importantes para variar. Adiós Yugi.

Luego de pasar casi todo el día ocupado con los proyectos atrasados y creando algunos nuevos, Seto estaba totalmente relajado y listo para afrontar la cita de negocios con Kisara. Sabía que seguramente la peliblanca diría algo que lo pondría de muy mal humor, sin embargo esa idea no le importó, estaba de muy buen humor como para que algún comentario lo cambiara.

Llego al lugar de la cita puntual, sin embargo distinguió la silueta de Kisara parada en el campo abierto y maldijo internamente. "No puede ser que ella haya llegado antes que yo, es una obsesiva con la puntualidad". Bajo del Ferrari negro de un salto y salió al encuentro de su compañera.

-Hola Kisara buenas tardes. ¿Llegue a tiempo o tu llegaste muy temprano?

La aludida levanto la cabeza en dirección e inexplicablemente ella lo miraba con una sonrisa juguetona en sus labios.

-En realidad Seto, quise asegurarme y decidir el lugar donde poder construir la arena. Además quería conocer el lugar porque jamás había venido a esta parte de la ciudad. En fin, ¿quieres poner manos a la obra? Aun mi invitado no llego y quiero matar el tiempo.

El solo se limitó a asentir con la cabeza y comenzó a caminar hacia los hangares. Ella suspiro resignada y lo siguió a paso decidido. Mientas caminaba a su lado pensaba porque ahora, luego de años no verse y encontrarse en una situación extremadamente rara, se sentía fuertemente atraída por él, algo que no pasaba cuando estaban en el orfanato. Sin embargo dejo esos pensamientos de lado y se enfocó en hacer su trabajo.

Estuvieron varios minutos en cada hangar observando y anotando todas las fallas que tenían los 6 depósitos.

Cuando estaban en el último, el celular de Kisara comenzó a sonar con una melodía que a Seto le pareció muy familiar.

-Hola, habla Kisara.

Ella escucho muy concentrada lo que decían al otro lado de la línea y respondió:

-Está bien, dirígete al último hangar que nos encontraremos ahí- Colgó el celular y añadió- Seto mi invitado ya llego. ¿Podrías ser tan amable de acompañarme a recibirlo?

El no respondió y comenzó a caminar nuevamente hacia la puerta del hangar. Cuando ambos llegaron a la entrada Seto no podía creer lo que estaba viendo y todo su buen humor se desplomo hacia el suelo. La persona que Kisara había invitado a dar su opinión fue la última que Seto hubiera querido ver en su vida.