Hermione no sabía qué hacer, ni que decir, esperó que él le disparara, pero no parecía dispuesto a hacerlo, quizá había escuchado mal.
-¿Disculpe?- Murmuró. –Soy Nott, Jean Nott.-
Draco negó levemente con una sonrisa.
-Veo que no me recuerda, Señorita Granger.- Le susurró.-Que lamentable, yo me acordé de sus ojos en medio de aquel baile.-
Hermione recordó de dónde le conocía, como un golpe en la frente, su mente viajó a ese día que había logrado huir del grupo que se llevaban al campo de concentración, y caminó, sedienta, hambrienta y cansada, caminó por horas hasta que oscureció, y entonces cayó al suelo, al despertar, unos ojos plateados la miraban con miedo.
-¿Cómo se llama?- Preguntó el hombre rubio frente a ella con uniforme del ejército alemán.
-Hermione Granger.- Murmuró ella casi sin fuerzas, luego recobró el sentido.-Yo… por favor no me mate.-
Pero el hombre no parecía dispuesto a matarle. –Escapó.- No era una pregunta, era una afirmación.
Ella asintió levemente, era un muchacho, probablemente tendría uno o dos años más que ella.
-Cerca de aquí hay un pueblo.- Murmuró, y le dio una cantimplora con agua, que Hermione bebió rápidamente, sintiendo que le volvía el alma al cuerpo. –Pregunte por Adalberta Bock, y vaya a su casa.-
Ambos se levantaron del suelo, Hermione no sabía cómo agradecerle, le había perdonado la vida, podía haberle asesinado, pero no lo había hecho.
-Dios lo bendiga.- Murmuró besándole la mano, él se apartó, quizás se estaba arrepintiendo, así que corrió en la dirección que él le indicó.
Todo era cierto, Adalberta Bock, el pueblo, la mujer le dio comida y vestido, resulta que era una mujer Alemana que ayudaba a los judíos a salir del país, y así lo hizo con ella, pero libertad no era lo que esperaba a Hermione, aunque los demás lograron escapar, la Policía Soviética la atrapó, y tuvo el infortunio de toparse con Scrimgeour, quién se enamoró de la pequeñez de la chica, y su carácter fuerte, entonces, la convirtió en aquel instrumento. Así pasó el tiempo, Hermione se convirtió en una asesina, y Draco Malfoy en un monstruo.
-El soldado…- Susurró ella.
-Puede ver que ya no soy un soldado.- Murmuró él. –Creí haberle dicho que escapara.-
-Cuando llegué a América, comencé a trabajar en casa de una mujer, ella me acogió como su hija, que había muerto… resultó ser la Tía Abuela de Nott.- Mintió.
Draco le creyó ¿De qué otra manera tendría el teniente una judía en su casa?
-¿No lo sabe?- Preguntó él.
Ella negó.
-¿Le dirá? ¿Finalmente va a matarme?- Preguntó.
Draco sintió un peso en el pecho ¿Cómo le explicaba? Él odiaba a los judíos, los odiaba igual o más que el mismísimo Riddle, pero cuando la vio tirada en el suelo, casi muerta y deshidratada, sintió una enorme ternura, inmensa, y desde ese día pensó en ella, cuando la recordó en el baile, el corazón le dio un vuelco, hacía tanto que no sentía nada, no podía matarla, desde que mataron a sus padres en Rusia, a Draco no le quedaba nada por lo qué ser feliz, pero ella, le hacía sentir cosas, con sus maneras, sus saltos, sus sonrisas.
-No.- Negó. –Pero debe jurarme, aquí y ahora, que le es fiel al Reich.-
Hermione soltó un par de lágrimas, y con el corazón en la garganta hizo el saludo del Reich. Quería morirse ahí mismo, estaba menos segura que nunca, él la iba a matar, quería pensar que la iba a matar, pero nada sucedió, Draco Malfoy dio la vuelta, y entró a la casa. Por un momento Hermione se decepcionó, deseó que él la matara, lo deseó con todas sus fuerzas ¿Cómo mataría ahora al hombre que le había perdonado la vida no una, sino dos veces?
Hermione cayó al suelo arrodillada y lloró, lloró hasta que sintió que era tan ligera que volaba. Finalmente, entró, y subió a su habitación, recordando el roce de labios del Señor Malfoy, y sus palabras "Tengo esposa."
Luna se quedó dormida en el sofá de la sala de estar, cuando despertó, era probable que la intervención hubiese acabado, subió corriendo y vio al doctor salir de la habitación que hacía las veces de quirófano.
-¿Cómo está él?- Preguntó.
El Doctor puso cara seria. –Señorita, la operación fue un éxito, pero la parte complicada viene en la recuperación, debe cuidarse mucho, una de mis enfermeras se quedará con él, pero por favor, asegúrese de que tome todos los medicamentos, y se alimente bien, estas dos semanas, son esenciales para su recuperación total de esta enfermedad.-
Luna asintió levemente, y entró a la habitación donde Theodore yacía inconsciente con oxígeno, le tomó la mano suavemente.
-Todo va a estar bien.- Susurró. Comenzó a quitarle el cabello de la cara, y le acarició la frente. –Se va a recuperar.- Afirmó.
Las enfermeras entraron y se llevaron la camilla, y con ayuda de los soldados, lo instalaron en un cuarto, Luna se quedó mirándolo, atenta a su respiración pausada, el doctor entró.
-Está estable.- Dijo. –Le quitaremos el oxígeno y lo dejaremos descansar, la enfermera se encargará de todo, despreocúpese.-
Luna asintió.
-Muchas gracias, que tenga buena noche.-
El doctor se fue y sólo quedaron en la casa los cuatro guardias, una enfermera, y una mujer para el servicio, además de ella y Theodore.
Cuando le quitaron el oxígeno, podía notar que respiraba con más dificultad, pero aún no despertaba, corrió un sillón hasta el borde de la cama, y se sentó a velar su sueño, la mujer de servicio entró.
-Señorita, la cena está servida.- Le susurró.
Ella asintió con una sonrisa. –Bajo en un momento.-
La mujer salió y unos minutos después, Luna se sentó a la mesa, con la enfermera que había quedado, ella se levantó con vergüenza, pero Luna le hizo una seña con la mano. –Despreocúpese, puede acompañarme en las comidas.- Le susurró cordial.
La mujer sonrió. –Gracias.- Susurró, y le tendió la mano. –Soy Astoria, Astoria Greengrass.-
-Luna Lovegood.- Luna se sentó y comenzó a comer en silencio.
-Se pondrá bien.- Dijo la mujer rubia. –Despertará pronto, puede dormir en su habitación, yo estaré pendiente de todo.-
-Claro.- Murmuró Luna, pero la verdad es que le habría gustado quedarse a su lado.
La comida terminó y Luna subió a ver a Theodore, pero seguía sin despertar, así que se fue a su alcoba, tomó un baño, se puso su bata de dormir y se metió a la cama, pensó hasta que el sueño le ganó y cayó en brazos de Morfeo, cuando despertó, se arregló y fue directamente a la alcoba de Theodore, la enfermera estaba ahí, dándole de comer.
-Despertó.- Murmuró ella con una sonrisa, y Luna se la devolvió, se paró al borde de la cama y le miró con cariño. –Le cuesta hablar, le duele el pecho.-
Luna asintió levemente, y Theo la miró con ojos anhelantes, y estiró su mano, Luna la tomó con cariño sintiendo un cosquilleo en todo el brazo, y sintió como sin mucha fuerza, Theodore la apretaba.
-Les dejaré solos.- Dijo la enfermera saliendo y cerrando la puerta.
-Mejorarás.- Dijo Luna sonriente, Theodore aún no le soltaba la mano, él asintió y le hizo una seña para que se acercara más, Luna acercó su oído al rostro de él, pero el muchacho le volteó la cara y la miró fijamente a los ojos, con poca fuerza, la acercó, y la besó en los labios, fue un roce, un choque de labios nada más, pero cuando Luna se alejó, tenía el corazón hinchado de felicidad.
-Te quiero…- Dijo Theodore bajito y con dificultad.
-Te quiero, Theodore, Te quiero.- Le susurró Luna con lágrimas en los ojos, y le besó la mano. –No te dejaré, no te dejaré nunca.- Balbuceó.
Y Theodore sonrió, y sintió una enorme paz, porque sabía que Luna decía la verdad, que nunca le iba a dejar solo, que nunca le iba a fallar.
Hermione se despertó esa mañana con mucho miedo, estuvo largo rato mirando al techo antes de arreglarse para bajar, pero sus miedos eran irracionales, pues el Señor Malfoy no se encontraba en casa.
-Ha salido.- Dijo el ama de llaves con una sonrisa.-Pero dijo que si quería salir de paseo, o de compras, le dijera al chófer, y él la llevaría con gusto.-
-¿Dijo a qué hora regresaba?- Preguntó ella.
La mujer negó levemente. –Sólo dijo que iba a reunirse con unas personas.-
Hermione asintió levemente, ya que no estaba, saldría a comprar algunas cosas, quizás un vestido y un par de sombreros, moriría pronto, estaba segura, por lo tanto podía gastar sin sentirse culpable. Le pidió al chófer que la llevara a algunas tiendas, compró dos sombreros, un vestido, una bonita falda beige con una camisa rosa palo, unos zapatos de tacón, otro vestido más casual, un bellísimo abrigo marrón, pues comenzaba a helar, unos pendientes, un reloj nuevo y unos lentes de sol.
Cuando llegó, con un oficial cargado de bolsas, el Señor Malfoy estaba en el salón leyendo un libro, pareció tensarse cuando ella entró.
-Buenas tardes, señorita.- Saludó.
Hermione inclinó la cabeza. –Deje todo en mi alcoba, por favor.- Susurró al oficial, y se acercó al Señor Malfoy, para sentarse en el sofá junto al suyo.
-¿Hay algo que quiera decirme?- Preguntó él con severidad.
-Ahora me siento completamente indigna de hablarle.- Aceptó.
Draco frunció los labios, en parte lo era, era inferior, pero ¿no era acaso, de cierta forma, familia del Teniente? –He decidido olvidar su origen y enfocarme en su futuro.- Le dijo arrastrando las palabras.
-No sabe cuánto le agradezco.- Hermione le tomó la mano, él no respondió al agarre, pero tampoco quitó la mano, a pesar de estar enfundada en un guante marrón bastante grueso, sentía un cosquilleo cuando la mano de la chica tocaba la suya.
-Despreocúpese.-
-Señor Malfoy, perdone mi atrevimiento, pero… ayer me dijo… que era casado.- Hermione miró al suelo, y él entendió que lo anterior era sólo el permiso para hablar del tema del beso.
-Lo recuerdo.- Comentó, incitándola a que prosiguiera, dentro de él, quería saber qué sentía ella, si había sentido el mismo deseo arrebatador que él cuando sus labios se rozaron.
-Yo… no lo sé, no sé qué decir.- Hermione se sentía confundida ¿Qué hacía ahí? Se había prometido mantener la distancia con el señor Malfoy, cosa que se le daba muy bien antes de ayer, pero al verlo ahí sentado, tuvo la necesidad de preguntarle algo cuya respuesta le asegurara que no iba a matarla. -¿Quiere ver mis compras?- Preguntó avergonzada.
El señor Malfoy levantó una ceja, pero asintió levemente, ella soltó el agarre y subió las escaleras quitándose el suéter que llevaba, al llegar a la alcoba, las bolsas y paquetes estaban sobre la cama, le mostró todo, mientras él sólo estaba parado con las manos en la espalda.
-Todo está muy bonito.- Dijo finalmente. –Permítame ponerle el reloj.-
Hermione lo sacó de la cajita y se lo entregó, se desenfundó el guante y le ofreció la mano delicadamente, él le puso el reloj con delicadeza, y le tomó la mano.
-¿Está consciente de que esto está mal en todo el sentido?- Preguntó mirándola sin expresión alguna. Hermione asintió levemente. -¿Está también consciente de que siento una obsesión casi enfermiza por usted desde el momento en que la encontré al borde de la muerte?-
Aquello no se lo esperaba, la boca se le secó, Draco la atrajo hacia sí con brusquedad, y la besó, esta vez no fue un roce de labios, suave y fugaz, sino una pelea, con su lengua exploró la boca de la chica, que respondía con la misma pasión y ferocidad, enredó los dedos en los rizos castaños de ella, y Hermione tuvo que poner sus manos en los hombros de él para no caerse. Cuando se separaron, Hermione sintió que le había sacado el alma, se quedó un segundo con los ojos cerrados, y cuando los abrió, se encontró con los de él, mirándola con deseo.
Pero no hizo nada más, sólo se fue, bruscamente, dejándola ahí, mareada y despeinada, se sentó en la cama y se tocó los labios. ¿Qué estaba haciendo? Tenía una misión, no entendía por qué Scrimgeour la había mandado ahí tanto tiempo antes, pero aún le quedaba mes y medio para realizarla, a ese paso, para cuando tuviera que matar al Señor Malfoy, acabaría queriéndole en su cama.
Negó rápidamente como volviendo a la tierra, se limpió la boca con el dorso de la mano.
-Cabeza fría, Granger.- Murmuró. –Cabeza fría.-
Por un momento había perdido el hilo, pero ya no más, Draco Malfoy sabía que era una judía, sabía que no era la prima de sangre de Theodore Nott, pero nada más, no tenía idea de su relación con la Policía Soviética y mucho menos de la misión que le habían encomendado, por lo tanto, sólo debía mantenerse viva un tiempo más, completar su misión y salir de ahí, y si tenía que enamorar al Señor Malfoy para que no le matara antes que ella a él, entonces lo haría.
