Teddy
Estaba más nerviosa que nunca. Estaba aun mas nerviosa que cuando peleaba con quirópteros y caballeros, y por supuesto que estaba confundida como jamás lo había estado en toda su vida. Cuando se entero por primera vez -en el siglo antepasado- que no era humana y que tenía que asesinar a su hermana, y luego, la vez mas reciente en que toda su vida regreso a frecuentar sus recuerdos con extrema crueldad, frecuentemente la había dejado con una sensación de vacío, culpa y sobretodo, la había dejado muy desconcertada, pero al menos, tenia la certeza de su misión en la vida, la causa y culpa de quien era aquella misión que se tenia que llevar acabo, y el por que de sus decisiones… Todo era demasiado seguro al parecer, pero era común que las cosas en su vida no duraran mucho tiempo, al igual que esa certeza, que aunque dura, era segura y relativamente practica.
Ahora Diva aparecía haciéndose la buena del cuento y tentándola de esa descarada manera. La seguridad se había ido al diablo como todo y todos. Era realmente desesperante tener una vida así, y la vida que le ofrecía su hermana no parecía mejor.
Estando frente aquella puerta no ayudaba en nada, pero tenia que hacerlo. El departamento donde vivía con su hermano Kai, su mano puesta en la perilla, sin atreverse a girarla… simplemente no podía.
-De camino al hospital pasaremos por el mar por que se que te gusta- le aviso Kai arrancando su motocicleta en la luz verde, justo al frente de la fila de la gran y transitada avenida.
-Gracias Kai- contesto ella sonriendo por debajo del casco que el mismo Kai le había puesto para protegerla, y estaba ansiosa por llegar al lugar, sobretodo, feliz del detalle… Después de todo no importaba si no tenían lazos sanguíneos, eran familia, eran hermanos.
Odiaba que acudieran a ella recuerdos de ese tipo en ocasiones como esas, recordándole que todo había sido una gran mentira, una gran broma, y que su destino estaba condenado si trataba de entablar relación alguna con humanos, y mucho menos ponerse a jugar a la familia feliz… Por mas que ella lo intentara, o por mas que su hermano lo hiciera…
-No puedo- dijo inesperadamente Saya quitando su mano de la perilla, como si el metal estuviera ardiendo. Respiro un poco, con una incomoda sensación de pesadez en el pecho y pudo notar como Hagi posaba su mano vendada en el picaporte, tal y como lo hiciera en los portones del Zoológico en señal de que pasara lo que pasara, él estaría con ella como siempre.
Claro que estuvo a punto de mandarlo al diablo también a él, pero su imponente figura –la idea de un hombre serio y maduro- la incomodaban y la empujaban a tomar sus… responsabilidades con seguridad y decisión.
De seguro Hagi lo estaba haciendo a propósito, así que no tuvo más remedio que seguir el ejemplo, y juntos, abrieron la puerta del lugar. No hubo ni un sonido antes de su llegada. La televisión no estaba prendida, nadie hablaba, ni una palabra cruzaba el aire, nadie daba un paso hasta que…
-¡Saya! ¡Volviste!- chillo Kai mientras salía de su habitación al escuchar la puerta abrirse. Saya se mantuvo cabizbaja y seria.
-Si… Kai. Perdo… ¿¡Que te paso!?- grito ella justo después de levantar el rostro, encontrándose el de su hermano, adornado de no muy estética manera por un enorme ojo morado y una mejilla completamente hinchada y enrojecida, con una gasa encima, agregando también que sus labios tenían una desagradable herida en la parte inferior, ennegrecida por la sangre que recién había coagulado.
-Nada, nada, solo me caí- contesto el muchacho que luchaba por sonreír aunque le doliera la boca como el demonio, al tiempo que las carcajadas de Lewis se escuchaban sonoras e indiscretas desde la cocina, atento a la situación.
-¡Vamos Kai! ¿No te dará vergüenza decir quien te dio esa paliza, o si?- dijo burlonamente Lewis saliendo de la cocina con una enorme sonrisa traviesa en el rostro y con una bolsa de papas fritas en la mano.
-¡Cállate gordo!- exclamo molesto el muchacho, y calmándose un poco, se dirigió de nuevo a su hermana –Saya, ¿Podemos hablar… a solas?- pregunto haciendo énfasis en las ultimas palabras y mirando a Hagi de reojo, como diciendo "Ni se te ocurra meterte donde no te llaman". La muchacha contesto positivamente sin notar absolutamente nada de lo que había pasado frente a ella.
Kai se llevo a su hermana fuera del departamento, y por alguna razón, el muchacho no se detuvo hasta que llegaron a la entrada del edificio, como si no quisiera que nadie en lo absoluto se entrometiera, ni los escuchara, mucho menos que los vieran.
-Saya, yo… Siento mucho lo de hace rato. No debí haberme portado así, simplemente me comporte como un idiota y no mereces que te traten así, y mucho menos viniendo de un estúpido como yo… Eres mi hermana, y te quiero Saya- dijo él sonriendo a pesar de las heridas en su cara, pero sin atreverse a abrazar a su hermana por más ganas que tuviera, aun esperando su respuesta.
-No te preocupes, yo también me porte algo histérica- acepto ella sonriéndole- Será mejor que cuidemos que no se repita. ¿Esta bien?- Kai le devolvió la sonrisa.
-Yo también te quiero hermano- contesto ella abrazándolo cariñosamente como pidiéndole perdón de nuevo, con el gesto.
-Supongo que no lo entendió… No, jamás superare al tipo del violonchelo- pensó Kai mientras correspondía al abrazo con fuerza, un tanto dolido.
Sentía las vísceras apunto de estallarle dentro del cuerpo como si hubiera dentro de él una bomba. Tenía ganas de sacar ambas garras y cortarle la cabeza y tirar su cuerpo a los perros callejeros para que lo dejaran hecho mierda… Realmente eran unos celos tontos, sin fundamento ni razón y mucho menos lógica, pero seguían siendo celos, eran cosas irrefutables. Ambos abrazados aun, y se pregunto si Kai sentía lo mismo cuando él, lo observaba con Saya, tan cerca… Pero si supiera que de todos modos, ambos, estaban tan lejos de ella. Probablemente él mismo lo estaría aun más si no hacia algo al respecto… Y no tenia las agallas para hacerlo tampoco, pero Kai era demasiado inmaduro para entenderlo, y a decir verdad, tampoco era competencia digna.
Resignarse. Resignarse es lo único que podía hacer… resignarse una vez mas, observándolos desde la ventana, con las entrañas revueltas y los celos quemándole la garganta y el cráneo.
-Oye, Saya… ¿De casualidad… estuviste tomando?- pregunto Kai mientras ambos entraban al departamento, recordando como se había percatado minutos antes del fuerte aliento alcohólico de su hermana, y que en realidad no supo interpretar como su imaginación o algo real.
-¿Qué?... No, claro que no- fingió la muchacha tapándose involuntariamente la boca y frunciendo el entrecejo como si la hubieran ofendido, mientras Kai la observaba muy atento.
-Estas mintiendo… Saya, estuviste tomando- reafirmo el muchacho a punto de regañarla.
-Kai… no empieces por favor- dijo ella con un seco tono, cortante- No quiero pelear contigo de nuevo- pidió mientras se retiraba a su habitación con Hagi detrás de ella.
-Esta bien, esta bien… ¿Pero porque demonios ese tipo tiene que ir todo el tiempo a tu habitación?- susurro molesto mientras veía como ambos cerraban la puerta tras de si.
-Fuiste tú quien le pego a Kai, ¿Verdad Hagi?- pregunto Saya inesperadamente a su caballero, mientras bajaba el cierre de sus botas para quitárselas.
-Lo siento- se disculpo Hagi bajando el cierre del vestido de Saya –Pero se lo merecía después de la forma en la que se comporto contigo- termino por decir sin remordimiento mientras dejaba la prenda sobre el respaldo de una silla.
-Gracias, Hagi- contesto ella sonriéndole, mientras llevaba sus dedos a los botones de su blusa sin importarle la presencia de un hombre. Hagi volteo su rostro al notar como Saya desabrochaba sin pudor alguno su blusa, mientras ella se sonreía. Hagi siempre hacia eso cada vez que ella se quedaba en ropa interior o algo por el estilo. En alguna parte de su caballero aun quedaba el niño que se sonrojaba y salía corriendo cuando le pedía que la ayudara a mudarse de ropa, y eso seguía causándole gracia a pesar de que Hagi ya era todo un hombre.
-Que tú y Diva se encontraran en el bar no fue casualidad, ¿Verdad?- hablo de repente Hagi, sacando súbitamente a Saya de sus recuerdos sobre él, mientras rogaba que no hiciera esa pregunta -¿Qué fue lo que te dijo Diva?- "Demonios", maldijo en su cabeza la muchacha.
-Nada, no hablamos de nada- contesto ella estrepitosamente. El caballero torció un poco la boca. Saya no sabía mentir, en lo absoluto. Era increíble que aun sin verla pudiera leer de tal forma perfecta y pulcra el sonido, la tonalidad y la forma de cada palabra que salía de su boca. Y realmente esta vez ella estaba mintiendo.
-Puedes tratar de mentirle a Kai, pero no a mi- reitero el caballero como diciendo "Soy callado pero no tonto", cuando, de repente, sintió la mano de Saya en su hombro, obligándolo a voltearse precipitadamente, mientras este notaba que ella solo estaba con la falda Blanca y el sostén puesto.
-Saya, cúbrete- dijo Hagi caminando hacia la silla donde estaba el vestido de Saya, pero esta lo detuvo tomándolo por el brazo.
-Hagi… ¿Te quedaras conmigo siempre?- pregunto ella con la cabeza baja, como si estuviera avergonzada mas por decir eso que por estar en ropa interior.
Aun dentro de su cama y mirando el techo oscuro de la habitación le era imposible pensar. Extrañamente las ganas de tomar su violonchelo habían desaparecido al quedarse pensando y dándole vueltas una y otra vez a las palabras de Saya. ¿Por qué le había preguntado eso? Ella sabia que le era completamente fiel. Se lo demostraba a cada momento y con cada acción, o quizás él era el que estaba mal y necesitaba expresar su fidelidad y su… ¿Amor? Aprecio, sí, demostrar su fidelidad y aprecio con palabras. La palabra amor era algo que sin razón alguna, temía y lo perturbaba fuertemente, quizás era una palabra muy fuerte, y dentro de él había una enorme resistencia a ella.
También le había pedido que se quedara con ella hasta que se durmiera, y por supuesto que había accedido a su petición sin pensarlo, y no fue hasta estar seguro de que ella estaba dormida que regreso a su habitación, topándose con Kai, quien lo miro expectante debajo del enorme moretón sobre su ojo, que él, tan amablemente le había causado.
Cuando entro a su cuarto la cama delante de él se veía tormentosamente tentadora, pero eso ya era algo imposible, aunque de todos modos se quito su gabardina la cual dejo caer en cualquier rincón del cuarto y se dejo caer sobre el colchón, como alguna vez, de niño, había saltado a su nueva y suave cama, al llegar al Zoológico. La suavidad del colchón y la frescura de las sabanas sin usar lo relajaron un poco, y al mismo tiempo, lo hicieron sentirse más pesado que nunca, y tratando de contrarrestar eso, cerró los ojos, como si tratara de dormir.
Y por supuesto que fue inútil.
Que estúpido e ingenuo era. De todos modos volvió a abrirlos, sin éxito en su sueño, y por lo que parecía, todos ya dormían en el departamento, así no era muy discreto tocar durante la noche su sonoro instrumento. Suspiró, esta sería otra larga noche, o eso había creído cuando escucho la puerta de su habitación abrirse lentamente, mientras una frágil figura se introducía en el cuarto y caminaba rápidamente hacia él en medio de la oscuridad, acurrucándose sin aviso alguno con él en la cama. La sorpresa no fue poca, pero aun así pudo saber enseguida de quien se trataba.
-¿S-Saya?- pregunto Hagi mientras veía como la joven se metía debajo de las sabanas con él y se apegaba a su cuerpo.
-¿Puedo quedarme contigo? No puedo dormir- dijo ella mirándolo suplicante. Para su desgracia, la palabra "no", no era una opción para Saya, así que con una mirada respondió un "sí", mientras rodeaba el cuerpo de la muchacha con sus brazos. Ella profundizo el abrazo, y Hagi lejos de sentir algo mas "insinuante"… se sintió como el osito Teddy.
Pudo notar como ella se quedaba dormida rápidamente, recargada en su pecho, mientras este le acariciaba la cabeza con gentileza. Una minuciosa y apenas visible sonrisa apareció en sus labios, pero así como llego, así se fue. Hubo algo que lo hizo cambiar de expresión súbitamente, a una casi aterrorizada. Sin razón alguna, de pronto sintió el cuerpo de la muchacha frío como el hielo, como si se hubiera muerto y enfriado en un segundo, y acerco su mirada a ella para verla mejor.
La joven que el creyó estaba abrazando, ya no era la misma. No era difícil notarlo. Era imposible que el cabello le creciera tan largo en solo cuestión de segundos, sin contar que el color de su piel había cambiado notoriamente, a uno pálido como el suyo y helado como la nieve.
Esa no era Saya.
Pero al mismo tiempo era imposible que no fuera ella, entonces ¿A donde se había ido? ¿Y quien demonios era la joven que tenia en sus brazos?
Fue escalofriante la escena, cuando la misteriosa muchacha levanto la vista debajo de él… Los ojos no eran los mismos; ni en color, y mucho menos en expresión. No eran calidos como siempre lo habían sido. Ahora eran penetrares y daban la sensación de estar cayendo en una cueva de hielo sin salida en medio de la Antártica… Muy diferente a los ojos del infierno que en repetidas ocasiones poseían a Saya.
No… ella era…
-¿Hagi?… ¿Hagi estas bien?- todo había pasado demasiado rápido como para ser real. Los ojos, aquella alucinación… ¿De verdad había sido una alucinación? ¿O un sueño, quizá? Era simplemente estúpido pensarlo sin haber experimentado la sensación del sueño en los últimos ciento veintitantos años. ¿Intoxicación? Mucho menos. No era de los que alimentaban el socorrido estereotipo del típico músico que se inspiraba con opio, marihuana o se aloca con cocaína, mucho menos con alcohol. Ninguna opción era aceptable, por más vueltas y mil posibilidades que buscara en cada una de ellas.
-¿Hagi?- simplemente era imposible, era imposible que la que joven que vio fuera…
-¡Hagi!- cayó en la cuenta de que Saya, la verdadera Saya, lo llamaba notoriamente preocupada desde algunos momentos atrás.
-¿Que?- susurro confuso el caballero, sin saber aun si posar su vista sobre ella y estar seguro de que era su ama.
-¿Que pasa? Parecías como ido- dijo ella separándose un poco de él.
-Lo, lo siento… me distraje- contesto con la misma seriedad de siempre tratando de disfrazar su confusión, pero Saya tampoco era tonta, y pudo notar sin problema la inseguridad con la que había pronunciado las palabras, aunque hubiera tratado de inyectarles la dosis de seriedad y calma con la que siempre hablaba. El pequeño tartamudeo lo había delatado, como si no supiera que pasaba o donde estaba, ¿Hagi distraído? ¡Por favor! Eso no le pasaría a él aunque fuera el fin del mundo. Era obvio que la respuesta no era aceptable.
-¿Estas seguro? Te ves un poco extraño- indago la joven tratando de descubrir el por que de su inusual comportamiento, que le daba tan mala espina y una horrible sensación de malestar tanto como a él.
-No te preocupes por mí. Estoy bien…- la joven frunció un poco el entrecejo sin creerse aun ni una palabra y sintiéndose ligeramente ofendida. No le gustaba que la trataran como a una niña o una tonta, pero no dijo nada.
-Duerme… Necesitaras descansar después de todo lo que tomaste- dijo Hagi. Saya sintió que le había dicho Touché, razón por la cual no pudo evitar que se le coloraran las mejillas y mejor optó por volver a recargar la cabeza en el pecho de su caballero, quedándose dormida casi de inmediato. De todos modos ¿Que tan grave podía ser ese pequeño tartamudeo, tratándose de Hagi?...
… Era mejor no pensarlo.
Por obvias razones Hagi no durmió, y mucho menos estuvo tranquilo durante el resto de la noche. Su cabeza daba vueltas y vueltas en lo mismo, y no lo dejaban en paz, y le gritaban cosas que no entendía y que mucho menos sabía siquiera si eran ciertas, y para colmo, comenzaba a sentir un dolor de cabeza insistente y palpitante en sus sienes, con el temor de volverse a encontrar con alguien que no fuera Saya.
Ella… ¿Realmente era ella? ¿O había sido producto de su imaginación? De todos modos, ¿Por qué con ella? ¿Porque no con cualquier otra mujer? Es más, con Mao o la doctora Julia hubiera sido más lógico pero no… Había sido ella, no había duda de eso, nadie tenía unos ojos tan crueles como esos.
Y tan hermosos. Sí, no era ciego… era quizás tan hermosos como los de Saya.
Bueno, quizás solo había sido su imaginación -y que imaginación tan mas inoportuna- pero decidió dejar de pensar en eso, de todos modos, ya había pasado, y no se repetiría, fuera real o no.
-¡Que divertido! Eres más divertido de lo que esperaba… Hagi- exclamo una joven mientras se dejaba caer en un enorme sillón, acercando a ella un osito Teddy que abrazo con fuerza.
-En verdad muy divertido- y dicho eso, tomo con brusquedad la cabeza del muñeco, la cual arranco con una agresividad frenética.
Bueno que puedo decir, ahora que esta reeditado el capitulo, me gusto más que nunca, aunque no hay mucha diferencia en la narración, pero sin duda esta mejor. Y enserio, si creen que necesita de alguna corrección, que haya por ahí algún dedazo, algo de OcC, etc, háganmelo saber, y si tiene alguna idea o alguna sugerencia también.
También espero que Hagi no haya salido muy soso (y creo que salio medio raro mas bien) pero bueno, como sea. No creo tampoco que Saya haya salido con demasiado OoC. No seria la primera vez que se queda dormida o se acerca mucho a Hagi, sobretodo después de lo que paso, y obviamente, la alucinación que sufrió Hagi fue intencional, ya se imaginaran de quien, creo que eso lo deje bastante claro, y bueno, el titulo no necesita tampoco mucha explicación.
Me despido.
Agatha Romaniev
