Capítulo 3 [Understanding]
Diferente, era todo lo que podía pensar acerca de esa sensación. Había dado besos a Sammy en muchas ocasiones, como cuando lo arropaba durante las noches y se despedía él hasta el día siguiente, o cuando se lastimaba, incluso cuando se sentía triste y solo por la ausencia constante de John. Pero con Castiel la cosa era diferente. Sentía sus mejillas calentarse agradablemente, un cosquilleo constante en sus labios, y una mezcla de ambas cosas en su estómago y manos.
No reparó en el instante en que por su labor de limpiar las lágrimas ajenas con besos, sus labios fueron a parar a milímetros de la comisura de los de Castiel.
-Detente –murmuró con los ojos firmemente cerrados el pequeño Castiel, casi temblando.
El joven Winchester entendió que aquello quizá podría estarle resultado desagradable a su nuevo amigo, tal vez las cosas eran como solía decir su padre y ese tipo de acciones no eran agradables para la mayoría de las personas. Su padre, en sus perpetuos estados de ebriedad, hablaba de lo asqueroso y desagradable que resultaban ese tipo de contactos entre maricas, los cuales, siendo ellos mismos hombres, preferían estar con otros hombres en lugar de mujeres. El tío Bobby -a quien secretamente llamaba "papá", ya que éste había velado más que John por él y Sammy.- le había explicado pacientemente a Dean que a quienes les gustaban personas de su mismo género se les conocía como homosexuales, no maricas como John le había dicho al menor en el pasado.
Con esa idea en mente Dean se alejó de Castiel un par de pasos agachando la mirada avergonzado. Se sentía confundido, lo que había hecho no le parecía incorrecto y realmente no encontraba el arrepentimiento necesario para disculparse con el moreno.
-No quise asustarte –dijo alzando la mirada al moreno, trataba de sonreírle, sin embargo, era difícil siendo que disfruto el contacto que había provocado miedo en su amigo.
Castiel se le quedó mirando a la cara, aun temblaba un poco, no era que las acciones de Dean lo hubiesen asustado, sino que temía la reacción de su madre si se enterase que él había sido participe de "porquerías de perra en brama". No obstante, la visión entristecida de su nuevo y primer amigo le provocó una tristeza desconocida hasta ahora.
Podría decirse que su mente bloqueó por un momento el miedo a su madre, por unos instantes no supo de Eva, no supo de las heridas en su pequeño cuerpo, ni de la cicatriz en un costado de su frente que apenas podía cubrir su desordenado cabello. Dejándose llevar impulsivamente por algo que a su temprana edad no sabía cómo llamar, se precipitó al frente, en dirección a Dean, depositó un tímido y rápido beso en su mejilla, para luego apartarse tan rápido como se había acercado.
-No me has asustado -se podía apreciar el sonrojo en las mejillas del moreno, el cual veía fijo sus zapatos mientras movía los pies inquietamente. Dean lo veía con los ojos abiertos cual platos sin poder ocultar la sorpresa, las pupilas dilatadas al grado de que el negro de ellas se igualaba en cantidad al verde silvestre de sus ojos, después de una silenciosa asimilación asintió en silencio.-
Tras aquel extraño episodio en el cubículo de Miguel, las cosas se volvieron más cómodas y sencillas para ambos, con ello Miguel se encontraba más tranquilo respecto a la estabilidad del ojiazul, aun cuando ya no estuviese tan cerca como quisiera para velar por él. Cuando vio esa chispa de alegría en los ojos de ambos mientras se veían lo supo, el rubio cuidaría al moreno sobre sí mismo, y Castiel no parecía que fuese a quedarse atrás. En la opinión de Miguel, el moreno aun sin saberlo a su temprana edad, había encontrado algo que pocas personas encuentren en sus vidas.
Como Miguel prometió, pasaron el último fin de semana del moreno en Missouri en el hogar del profesor. Bobby había regresado a Kansas con la promesa de recoger a los menores el domingo por la tarde. Eva se encontraba haciendo la mudanza de a poco para que nadie notara que estaba por desaparecerse de la ciudad. Aquel fin de semana era el más tranquilo que Castiel tendría en el poblado donde había vivido hasta ahora, era increíble, no recibió golpes en tres días seguidos y sus heridas habían sanado mucho mejor de lo usual gracias a los secretos cuidados de Miguel.
Lo mejor del asunto era que había conocido al primogénito de la familia Winchester, aquel chico de ojos verdes, mirada salvaje y actitudes desconocidas para Castiel. El chico que lo había incitado a ir contra sus miedos, a desafiar lo impuesto por Eva. Había abierto la puerta del mundo para Castiel, aunque el moreno, como muchas otras cosas, no lo diría y lo guardaría para sí mismo.
La noche del viernes, después de que Miguel los arropara en su cama para irse a dormir al sofá, Dean se giró y tomo la mano de Castiel, lo miró a los ojos con paciencia. No hubo palabras, solo el contacto de sus pequeñas e infantiles manos, una mirada que les acariciaba el alma, eso era todo lo que en tan pocas horas necesitaban para comunicarse.
A lo largo del fin de semana el profesor se dio cuenta, esos niños se entendían en silencio, no es que no hablaran, sino que las cosas más íntimas se las comunicaban con la mirada. Se respiraba la paz y comprensión entre ellos dos, incluso cuando había momentos incomodos, los niños parecían entender el silencio del otro.
El primero de esos momentos, y más alarmante para Miguel, fue cuando Dean entro al baño mientras Castiel terminaba de vestirse en el mismo.
Miguel se encontraba en la sala de estar, pero, cuando escuchó un ruido de algo cayéndose al piso salió disparado al cuarto de aseo. Encontró a Dean completamente pálido viendo fijamente el torso y los brazos de Castiel. Miguel había puesto la misma cara cuando vio por primera vez las heridas de Castiel, entendía la reacción de Dean a la perfección. Se disponía a explicarle al rubio aquello que prefería no tener que decir sobre la vida de Castiel, empero, el moreno le miró a los ojos y luego desvió la mirada a Dean para inmediatamente negar con la cabeza y terminar de vestirse en silencio. El profesor suspiró aliviado al notar como el rubio no insistía, a pesar de que su molestia era palpable.
El resto de los momentos incómodos fue más bien gracioso, uno de los que Castiel jamás podría olvidar es cuando el rubio le preguntó al profesor si era un ex de Bobby, ante lo que el profesor se puso rojo como manzana madura y respondió rápidamente, que, si bien no tenía problemas con ninguna de las preferencias sexuales, él no era ex del mecánico, sino que lo conoció por el taller del mismo al cual acudía su hermano Lucifer.
Castiel nunca había escuchado el término "preferencias sexuales", lo más parecido que había escuchado al respecto era la palabra "sexo" la cual, gracias a Eva, le hacía temblar de miedo y relacionarla al dolor. Motivado por aquella curiosidad que siempre lo había caracterizado, aunada a la confianza que tenía en Miguel, reunió el valor suficiente para preguntar abiertamente al respecto.
Miguel no se encontraba preparado para eso, él había elegido ser profesor de escuela elemental, y parte de esa decisión se basaba en que la secundaría implicaba ese tipo de charlas con los alumnos. Se podía ver el sonrojo en las mejillas del profesor quien, tras soltar una maldición, a sabiendas que ninguno de los progenitores de los niños les daría aquella charla, a no ser que Bobby y su pareja quisieran ser las almas caritativas dentro del círculo cercano a los menores, decidió darles "la charla" a los niños.
Los niños atendieron la situación, a pesar de estar sonrojados por las explicaciones clínicas, y que rebasaban por mucho lo necesario en cuanto al ámbito descriptivo, que les proporcionaba Miguel. Quizá fue una edad demasiado temprana para aquello, aunque para las situaciones que vivían los niños, parecía mejor aplicar un correctivo temprano a las ideas que sus padres habían implantado en ellos.
Por un lado, Dean pensaba que todos los que tenían preferencias que no fueran estrictamente heterosexuales, eran maricas de quienes desconfiar el 99% del tiempo, pues le saltarían encima sin pensarlo a quien quisieran sin pensar en lo demás, a excepción de Bobby, quien, según John, era del 1% confiable de aquellas personas. Por otro lado, Castiel creció con la idea de que el contacto sexual era sucio, malo y que con ello solo obtenían placer personas malas y desviadas que después de obtener placer dejaban votados a los ilusos que caían en la trampa. Ambos supieron cuan equivocados estaban tras la charla de Miguel, y a pesar de ser niños, el profesor les dijo que no debían permitir que los traumas de sus padres los estigmatizaran.
Cuando llegó la tarde del domingo, y junto con ella el momento de partir, Bobby fue a recogerlos a Missouri con su pareja, un hombre llamado Crowley. Fue así, viéndolos juntos, que tanto Dean como Castiel comprendieron de una manera más precisa todo a lo que se refería Miguel en su plática posterior a la charla sobre sexo, aquella platica donde les explicó que la situación era lo más importante para diferenciar el sexo, de hacer el amor.
Tras ver como Bobby y Crowley bromeaban, se divertían, y sonreían todo el tiempo, entendieron que sus progenitores no eran malos, sino que, en palabras de Dean, solo eran bastante estúpidos. Eva y John tenían ideas muy negativas de las relaciones de pareja, y eso era el resultado de que ellos no tenían amor, no podían asegurar si jamás lo tuvieron o si jamás lo tendrían, pero sabían que en sus vidas actuales no lo tenían y si seguían así nunca lo experimentarían.
Durante el viaje a Lawrence los niños se tomaron las manos, en aquel entonces no les importaba nada más, no importaba el hecho de que el otro no conociera las circunstancias de su amigo, tampoco que ninguno de los dos entendiera las dudas y temores del otro cuando Miguel les hablo del sexo, el amor y la vida. Simplemente importaba ese tacto, evitaba que se sintieran solos. Los roces de los dedos ajenos sobre el dorso de la mano propia les hacían saber que, aun si estaban rotos, alguien estaba para ellos, sin preguntar, esperando pacientemente a que el otro quisiera expresar con palabras lo que fuera. No lo sabían con certeza, pero lo sospechaban, lo que había surgido entre ellos era amor, sin embargo, como muchas otras cosas, ninguno de los dos lo verbalizaría por mucho tiempo.
