Primero que nada, una disculpa por ausentarme tanto tiempo, lamento haber dejado la historia asi de abandonada, pero he hecho tantas cosas, y me han pasado tantas otras que, bueno, por lo menos intentare hacerles justicia y subir los capitulos más seguido.
Por ahora, disfruten de éste episodio, hecho con el afan de entretener, no de lucrar, porque al final de cuentas: Disclaimer, Danny Phantom no me pertenece, ni ninguno de sus personajes...pero no por eso dejo de lamentarme ]=) .
CAPITULO III
Algún lugar cerca del Tíbet:
De Danny a Tucker
- Bien, y como hablaremos con la gente de aquí, ¿alguien sabe "tibetano"?-
Mientras Foley leía en su computadora portátil:
- Hay tres dialectos principales: U-Tsang, Kham y Amdo, pero no te preocupes Danny-
Y señalando hacia delante, se vio un monje, ataviado con ropas budistas, el cual saludo:
- Señor Foley, señorita Manson, y por supuesto, señor Danny Phantom, sean bienvenidos al pueblo de Kangding, soy Zhang Ming, seré su guía y traductor-
Mientras sonreía, Tucker miro a la pareja:
- Son relaciones internacionales, ¡buenas para la ciudad! –
Mientras viajaban en carreta entre granjas y cultivos, a Danny le hipnotizaba el ver la cabellera de su amada menearse al compas del viento, en aquel ambiente, su chica era feliz, rodeada por la naturaleza, sin desarrollos, edificios o centros comerciales, era algo hermoso… Sam que disfrutaba del paisaje toco la mano de su novio…sonrojados ambos, se hacía presente el deseo de un beso, por pequeño que fuera, de pronto:
- Vaya, ¡ya tengo hambre! – Hizo el comentario el amigo Foley.
Ante la interrupción (otra vez…), Danny decidió preguntar, ahogando su deseo de un beso:
– Disculpe señor Ming –
- Llámenme Zhang – le interrumpió el monje.
- Esta bien… Zhang, ¿aquí hay alguien que conozca algo sobre el guante de la realidad, la "tiamita" o sobre gemas místicas?- continuo el mitad fantasma.
- De todo ello solo sé de la "tiamita", era un metal que solo podía forjar la familia Lhasa –
- ¿Era? –dijeron los tres amigos a quien fungía de su guía.
- Si, fue sobre explotado hace ya muchos años por el gobierno chino cuando por aquí había demasiados espíritus, después, por ser un metal sagrado, fue destruido y sus restos encerrados con sellos en un lugar secreto –
- Otra cosa que se acaba el hombre, genial – Dijo sarcástica Sam mientras cruzaba los brazos.
Mientras proseguía el viaje, la mente de nuestro héroe saltaba de un pensamiento a otro, no había duda de que Plasmius haría lo que fuera por hacerse del guante, así que iría con los únicos capaces de realizar su ambición…por otro lado, ¿Cuándo le dejarían besar a Sam?....(je).
- Señor Ming…quiero decir, Zhang, podría llevarnos con la familia Lhasa?- Dijo Danny esperando la afirmación.
En el rostro del monje se dibujo una sonrisa:
- Esta bien – y mientras tiraba del Jack (animal del Tíbet, nada que ver con el papá de Danny, bueno, quizás en lo animal) siguieron rumbo de la familia herrera…
Viendo dentro de un restaurante varios hombres tirados en el suelo, mesas y sillas volcadas al suelo, un extraño ser pálido, con colmillos y flotando mientras sostenía por el cuello a quien atendía el lugar:
Lo que sigue se supone estaría en Amdo, partimos de que Vladi sabe muchos idiomas =)
- ¡¡Dime donde está el herrero de la tiamita!!-
- Señor, en verdad que no lo sé…- el hombre jamás había tenido frente a él creatura semejante, para él, en realidad era temible tal visión…
- Lo repetiré una vez más, y espero escuchar la respuesta correcta, si no… - mientras la ecto-energía se acumulaba en la mano derecha de Plasmius llego corriendo a él la hija de aquel hombre, una bella joven ataviada con la ropa tradicional, mientras los adornos del cabello negro sonaban al dar pasó.
- Yo sé donde vive, por favor, deje a mi padre en paz…-
Los sollozos de la chica no tenían efecto en Vlad, sin embrago, era la información que necesitaba, arrojo al hombre y tomando a la joven:
- Llévame allá y no te lastimare- mientras decía tales palabras, su cuerpo se volvió intangible, y con él, la muchacha, atravesando juntos el lugar…
En otro restaurante:
-Vamos Tucker, ¿en serio teníamos que parar? – Pregunto Danny mirando de reojo a su edil.
- Prueba algo Danny, hasta Sam está comiendo- Señalando a la gótica, el joven trato de excusarse.
- ¡Oye! No siempre se pueden comer hongos del Tíbet, ¡recién cosechados!- Dijo la chica deleitándose en su guiso.
- Anda Danny, come algo- mientras Sam sostenía una cuchara trato de hacer que su chico comiera.
- ¡Oigan! ¡Estoy aquí! – Dijo al parecer incomodo el joven alcalde.
En una montaña alejada del pueblo, a una humilde casa entro la pequeña hija del señor antes agredido por Plasmius:
- ¡Auxilio! – Entro la joven algo maltrecha hasta una herrería.
- Pero niña, ¿qué te ocurrió?- Pregunto un hombre viejo, de barba blanca sin cabello, mientras que tras él se podía ver la forja, el horno encendido y todos sus aditamentos para su oficio…
- ¡Un fantasma! Me ha agredido, pero conseguí librarme de él, ¡por favor ayúdeme! – pedía la joven aferrándose al anciano.
El herrero, al parecer no era ajeno a cuestiones fantasmagóricas, rápidamente busco una espada, era un sable largo, por mango tenia lo que asemejaba la garra de un dragón, con sellos a su alrededor, y empuñándola dirigió su amenazante filo hacia la puerta.
Plasmius, con ojos poco amigables (lo sé lo sé, de por si no tiene…):
- ¿Donde estas pequeña mocosa? Ah, así que has encontrado el único ser que podría hacer otro guante, eh? Bien hecho – y mientras cruzaba los brazos se dirigió al hombre con notoria autoridad.
- ¿Así que tú puedes manejar la tiamita anciano?-
- ¡¡No hare nada para ti!! – Exclamo aquel hombre mientras hacía muestra de la presencia de su arma.
- No necesito que hagas nada, quiero que no lo hagas, solo tú puedes crear otro guante de la realidad, ¡y no quiero competencia!– Y terminando esto arrojo un rayo plasma sobre sus presas.
El ataque fue rebotado por aquella espada ante el asombro de Plasmius.
- ¿De qué demonios es esa espada? – pregunto mientras lanzaba más ataques.
- ¡Es la tiamita! – Y mientras los ataques fueron rebotados hacia su creador, el hombre mostraba su dominio del arma.
- Tal vez seas bueno con eso, pero cuando obtenga las gemas místicas, ¡seré imparable! – Y tras su siniestra risa, se marcho.
- ¿El guante de la realidad? – Intrigo a la joven aquel herrero.
- ¿Sabes si acaso lo tiene? -
- Eso es lo que él dijo señor, pero al parecer no tiene las gemas… - Respondió la tibetana.
- Si él lo tiene, las puede buscar, ¡no permitiré que un espíritu como él las tenga! – Dejo con cuidado su poderosa arma, y tomando ahora un mazo pronuncio:
- Habrá que adelantarnos a él, hare otro guante lo más rápido posible, y en cuanto realice el hechizo en él, iré tras las gemas –
La sonrisa salió de la boca de la joven, brillando en ella los ojos de un color rojo…
