Una hora después Steve se encontraba tocando la puerta de la habitación de Wanda, un sueva "pasa" se escuchó al otro lado a modo de invitación. Steve la encontró sentada en el piso, frente a un rectángulo enorme de corcho (una de sus adquisiciones del día), un montón de fotos y recortes de frases o cosas de su agrado y lugares que le gustaría visitar, tijeras y pegamento y revistas recortadas.

-¿Ya has comenzado a decorar tu corcho? – Preguntó Steve tomando asiento en la cama, haciendo a un lado algunos marcos de fotografías, ropas y más adornos que había comprado la castaña durante el día, mientras Wanda tomaba una de las fotos del piso.

-Sí, creo que lo terminaré después de la cena. -Respondió mientras aseguraba con una foto de ella y Pietro, había sido tomada unos años atrás, antes de los experimentos de Strucker, Pietro aún tenía en cabello oscuro. – Natasha fue muy amable al traernos algunas de nuestras cosas, las importantes al menos. – Comentó mirando las fotografías de su hermano y del equipo que había tomado durante el año que llevaba con ellos, regadas por el piso, después encontrarían su hogar en el corcho o en alguno de los portarretratos que había adquirido esa tarde.

-Sí, pudo haberse metido en problemas, pero así es ella, aunque no lo quiera admitir. – El hecho de pensar en Natasha tomándose la molestia de entrar a sus habitaciones y tomar de estas lo que sabía era importante para ellos antes de huir hacía a Steve sonreír. – Am, si necesitas ayuda para colgarlo después en la pared no dudes en decirme. – Se ofreció Steve.

-Te aviso en cuanto lo termine. – Respondió Wanda poniéndose de pie y sacudiendo de su falda los restantes de sus recortes.

Steve le sonrió imitando su acción.

-Hay que bajar, Natasha preparó la cena y si la hacemos esperar seguro nos mata. – Bromeo el rubio antes de salir de la habitación seguido por Wanda.

Se encontraron a Natasha mezclando una ensalada, una botella de vino abierta y una copa frente a la espía.

-Ya casi está la cena. – Dijo en cuento los vio entrar a la cocina para después girarse y voltear las pechugas de pollo que se asaban en la plancha. - ¿Quieren vino? – Preguntó señalando la botella y la copa que tenía servida.

- ¿Puedo? – Contestó Wanda mirando a Natasha y Steve.

-Hm, olvidé que no tienes 21, no sé cuál sea la edad legal en Wakanda, lo siento. – Natasha se buscó la mirada de Steve esperando ser rescatada, avergonzada de haberle ofrecido vino a Wanda, pero con todo lo que había vivido y sufrido se olvidaba con facilidad que, como suele decir Steve, es solo una niña.

-Haremos esto, preguntaré a T'Challa en cuento lo vea, creo que nos conviene mantenernos alejados de problemas con la ley, si estas en edad prometo que la próxima yo mismo te sirvo la copa. – El rubio palmeo cariñosamente la espalda de Wanda. - ¿necesitas ayuda en algo?

-Am, voy a terminar las pechugas, ¿pueden poner la mesa? Y buscar a Sam.- Respondió apagando la parrilla de la estufa.

-Iré por Sam.- Contestó Steve saliendo de la cocina.

Wanda se dispuso a poner la mesa, acomodando los platos y cubiertos en los manteles individuales que Natasha había dejado en la mesa.

-Perdón por lo del vino. -Dijo Natasha nuevamente mientras ponía la ensalada y el pollo al centro de la mesa.

-No es nada, no te preocupes.

-A veces es difícil creer que solo tienes 19 años.

-Bueno, las edades y experiencias engañan, sobre todo si no celebras tus cumpleaños, digo nadie creería que Steve tiene 98. – Bromeo Wanda tratando de aliviar la culpa de Natasha.

-Tienes razón es todo un abuelo. – Natasha rio mostrándose más tranquila.

- ¿Quién es un abuelo? – Preguntó Steve entrando al comedor seguido por Sam quien tenía las arrugas de la almohada marcadas en su mejilla.

-Tú. – Respondió Natasha llevándose un trozo de tomate de la ensalada a la boca. - ¿Qué tal la siesta Sam?

- Si no fuera por la cena la habría continuado. – Respondió Sam aún con voz de dormido mientras tomaba asiento. – No sabía que cocinabas.

-Wanda y yo hicimos waffles esta mañana. – Natasha tomó asiento frente a Steve mientras contestaba a Sam.

-Sí, pero todos pueden hacer waffles, pudieron haber sido waffles congelados, o mezcla de caja. – Sam estaba estirado sobre la mesa, poniendo en su plato una buena cantidad de ensalada y un par de pechugas asadas.

-Bueno, supongo que con la cena tendré que demostrar mis habilidades culinarias, espero le guste. – Natasha se llevó la copa de vino a los labios, Steve había tomado su plato y el de Wanda y había comenzado a servirles.

Cenaron y hablaron y siguieron hablando por horas, hasta que no hubo más comida o vino en la mesa y los bostezos de Sam se hicieron más frecuentes, se disculpó para después irse a la cama, Wanda ayudó a recoger la mesa y limpiar la cocina hasta que Steve le dijo que podía irse a terminar de acomodar su cuarto.

-Así que en labor de lavaplatos otra vez, comenzaré a creer que te gusta lavar platos. - Bromeo Natasha mientras le pasaba a Steve los vasos y copas utilizados durante la cena.

-Sam estaba cansado, y sé que Wanda quiere terminar hoy de adornar su corcho, no quiero que se desvele, además es nuestra casa, tenemos que mantenerla limpia y ordenada sabes, así que no me molesta lavar y guardar platos. - Respondió Steve.

-Suenas como un papá, y amo de casa. – Una risita escapó de los labios de Natasha, la mesa estaba recogida, la cocina limpia, y Steve ponía el último vaso a escurrir, así que se sentó sobre la barra viendo como el rubio secaba y guardaba los platos. – Te gusta ¿cierto?

-¿Qué? – Steve dejó el último plato en su lugar antes de girarse a Natasha.

-Esto, la vida así de fácil, salir a pasear a la plaza, cenas largas con mucha plática, la vida hogareña. – Respondió la pelirroja mirándolo fijamente.

-Es diferente a lo que he vivido, una idea que había descartado, por cierto, así que, se siente bien, me podría acostumbrar, es como si a pesar de las peleas y de todo lo vivido la vida escogiera darnos una segunda oportunidad… o tercera. – Contestó el rubio.

-O milésima. – Natasha intentó bromear, aunque en sus ojos se reflejaba lo contario.

-O milésima. – Repitió Steve. – Si es una oportunidad, una buena, y con la posibilidad de hacer algo bueno se debe de aprovechar, no importa si es la segunda, tercera o milésima, todo mundo se merece la oportunidad de ser feliz y vivir tranquilo, aunque sea solo por un tiempo, dudo que sea algo permanente en mi vida.

Los ojos azules del soldado a pesar del dolor siempre presente reflejaban también esperanza y tranquilidad, Natasha se permitió perderse en ellos por un momento, Steve había dejado de guardad vasos para ponerse de pie frente a ella, recargado en la isla ubicada a mitad de la cocina y que servía como desayunador, Natasha se inclinó un poco hacia el frente permitiéndose verlo más de cerca, los músculos de sus brazos, pecho y abdomen se marcaban en la camisa, Steve también se agacho un poco para quedar a la altura de los ojos de Natasha, lo que hizo que esta saliera de su trance y se enderezara nuevamente.

-Así que… ¿besaste a Carter? – Preguntó Natasha después de aclararse la garganta.

-Si, yo mm, no sé porque lo hice, la emoción del momento supongo, nos ayudó mucho a Bucky, Sam y a mí, puso su carrera entera en riego al robar nuestros trajes y armas y entregárnoslas, así que…

-Se lo agradeciste con un beso. – Concluyó Natasha por él. – Vaya forma de agradecimiento, si agradecieras así siempre tendrías a centenares de mujeres haciendo fila poniendo en riesgo sus vidas y trabajos para ayudarte. - Natasha sonrió fallando en que su sonrisa se reflejara en el resto de su lenguaje no verbal.

-Si bueno, espero no lo hagan porque no lo pienso repetir. – Contestó Steve mirando los pies de la espía que se mecían hacia delante y atrás en el especio que los separaba.

-¿Por qué? Crecía que te gustaba.

-Sharon es grandiosa, pero besarla, bueno no fue como lo que se espera normalmente, no me hizo sentir como se supone debería sentirme en cambio ahora siento que no fue lo correcto.

-¿Cómo esperabas sentirte entonces? – Preguntó curiosa Natasha.

-Es difícil de explicar. – Steve suspiró recordando lo que otros besos le había hecho sentir, no es que tuviera un historial grande, pero si tenía una base con la que comparar. – es como un calor que comienza en tu pecho y se expande a todo tu cuerpo, sonríes como idiota, se te corta la respiración y no puedes pensar o hablar de forma coherente, es sentir los labios de la otra persona sobre los tuyos incluso cuando el beso se terminara y sentir emoción ante la expectativa de verla nuevamente o de estar con esa persona más tiempo, aunque no se besen nuevamente. – El rubio sonrió ante el recuerdo de las dos ocasiones en que se había sentido así después de un beso.

-Wow, con palabras así es difícil decir si lo plagiaste de alguien o en verdad te has sentido así. – Natasha lo miró, buscando la respuesta en sus ojos.

-En verdad me he sentido así, tú, ¿tú te has sentido así alguna vez? – Steve le sostuvo la mirada esperando alguna respuesta evasiva o broma de parte de la pelirroja, porque sabía que sus sentimientos no era algo de lo que hablara con regularidad y de forma abierta o directa.

-Sí. – Los ojos azules del soldado bloquearon cualquier evasiva o respuesta ingeniosa con la que le pudo haber contestado, en cambio Natasha respondió con la verdad. – Sí me he sentido así.

Se sostuvieron la mirada unos segundos hasta que fueron interrumpido por alguien tocando con suavidad en el marco de la entrada a la cocina.

-Perdón por interrumpir. – Se disculpó Wanda. – He terminado mi corcho y me dijiste que te avisara cuando lo hiciera. -Prosiguió dirigiéndose a Steve.

-No hay problema, enseguida voy solo termino de guardar las cosas. - Respondió el rubio señalando los vasos aún en el escurridor esperando que alguien terminara de guardarlos.

-Puedo terminar yo, anda ve a ayudar a Wanda. – Natasha se bajó de la barra antes que Wanda o Steve tuvieran la oportunidad de decir algo más.

-¿Segura? – Preguntó el soldado.

-Sí, son solo unos cuantos vasos, prácticamente nada, anda a ayudar a Wanda. – Natasha sonrió mientras tomaba un vaso y se estiraba para ponerlo en la repisa.

Steve le sonrió y asintió en señal de agradecimiento, lo mismo que Wanda. Natasha los vio desaparecer en dirección a las escaleras y los pasillos que llevan a las habitaciones.

NOTA: Dado que en las películas no mencionan su edad, y tomando en cuenta que Steve si se refiere a ella cono una niña (she's just a kid) le calculo a Wanda unos 19 o 20 años, tomando en cuenta que quedó huérfana a los 10 y todo el descontrol de armas de Stark no había sido descubierto hasta hace 9 años (cuando salio la primera película).