ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.
La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "Side Stories". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.
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Capítulo 4: Historia de fondo de Guen.
Guen nunca conoció a sus padres. No sabía si habían muerto o le habían abandonado. Lo que conocía era las calles de la ciudad. Ese Nam-Gi, el más grande y fuerte de ellos, podría quitarle algo de su comida, pero nunca dejo que ningún niño mayor o adulto le hiriera. Ese Kyu-Min era el más sigiloso y rápido, capaz de robar más que nadie pero siempre dispuesto a compartir. Esos Mi-Sun y Bo-yeong eran los mejores para acurrucarse cuando las noches eran largas y frías.
Ellos no tenían mucho. Robaban o reunían comida, harapos de ropa, y tenían un viejo edificio que estaba derrumbándose de refugio. La vida era una lucha constante. Pero eso era todo lo que Guen conocía, así que él era lo suficientemente feliz.
Entonces vino el fuego. Se extendió a través de las calles de la ciudad repentinamente. Gorroneando en la basura, Guen no se había refugiado a tiempo. Viendo el parpadeo de las llamas rojas lamiendo la noche, corrió de vuelta. El aire se llenó de calor abrasador y humo negro. Guen trató de lanzarse en el edificio en llamas, pero unas manos fuertes le agarraron.
"¡Niño, no lo hagas!"
Guen pataleó, golpeó y gritó a pasar de que sus pulmones estaban abrasados por el calor y el humo. Las manos mantuvieron un férreo control sobre él hasta que Guen se agotó y calló en la oscuridad de la inconsciencia.
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"¿Un huérfano? ¿Qué vamos a hacer con él, capitán?"
"… No puedo tener buena conciencia poniendo a un niño de vuelta a la calle. Me lo llevaré."
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Guen no quería tener nada que ver con el hombre que le había salvado la vida impidiendo que ayudara a los demás. Pero el Capitán era paciente y cuidadoso con cálidos ojos marrones y manos firmes. Muy lentamente – día a día – Guen se abrió. El Capitán comenzó a enseñarle cosas: a leer y escribir, matemáticas básicas, a cazar, y entonces bajo petición de Guen cómo pelear para matar y pelear para defender.
Según Guen creció hizo de las mejores partes de los otros huérfanos una parte de sí mismo. Se volvió lo suficientemente fuerte para proteger a otros como Nam-Gi, lo suficientemente amable para compartir como Kyu-Min, y fiable y confiable como Mi-Sun y Bo-yeon. Una vez tuvo la edad Guen decidió unirse al ejército como su padre adoptivo.
Los años pasaron, y Guen fue subiendo de rango. Luego las cosas comenzaron a cambiar. De repente apareció un nuevo rey. Había rumores susurrados de que el rey con su inusual pelo escarlata era el dios dragón Hiryuu que había descendido de los cielos. Guen prestó poca atención a los rumores. No importaba quién o qué fuera el rey, Guen haría su trabajo y cuidaría de sus subordinados y la gente del pueblo.
Fue una mañana de invierno temprano cuando Guen vio por primera vez a Hiryuu. No fue una breve mirada desde el cuartel o los terrenos de entrenamiento cercanos al castillo. Guen les estaba dando colchas de plumas de repuesto a un grupo de huérfanos que sabía que habían tomado como refugio un peligroso edificio abandonado. Él dio la vuelta a una esquina y vio una larga e ingobernable melena carmesí. El hombre con el pelo rojo estaba arrodillado al lado de uno de los huérfanos y estaba acariciando el pelo del niño gentilmente. Guen no estaba lo suficientemente cerca como para oír las palabras que intercambiaron pero el rey – tenía que tratarse del rey a pesar de que carecía de guardias y estaba llevando ropa normal – tenía una expresión triste pero aún así reflexiva.
Semanas más tarde Guen se enteraría de un proyecto que estaba siendo puesto en marcha para cuidar de los huérfanos de la cuidad. Fue en ese momento cuando decidió que Hiryuu era un rey al que podría seguir de todo corazón.
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¡Guerreros de los cuatro dragones!
¡Ahora sois nuestra otra mitad!
¡Con Hiryuu como vuestro maestro, le protegeréis, le cuidaréis y nunca le traicionaréis mientras viváis!
Fuego abrasó las venas de Guen. Su brazo ardió y latió con una intensidad que pensaba que podría matarle. Vio llamas por el rabillo del ojo y luego todo se volvió negro.
Cuando Guen llegó, tenía un Rey al que proteger y servir. Tenía hermanos unidos a él con un propósito y la sangre.
