¡Hola! Ya estamos en abril de 2006 y yo por mi parte los saludos y les traigo un nuevo cap de mi fic Digital Cuatro. Primero que nada lamento la tardanza de la actualización, pero es que últimamente he tenido algunos problemas y no he tenido tiempo de entrar al Internet y de usar la computadora.

Este fic tiene detalles de algunos animes shojo que me gustan, pero la trama en sí es mía. De cualquier modo los personajes de Digimon no me pertenecen, hago esto con el fin de divertirme.

D4 está dedicado a mi amiga Atori-chan.

¡Gracias por entrar en mi fic, los dejo con la lectura.

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En el capítulo anterior Sora fue rescatada por Yamato Ishida después de haberse desmayado, eso dio pie para que Yamato recordara cosas de su niñez. Conocimos un poco del pasado de Yamato: quien fue separado de su hermano por culpa del divorcio de sus padres; también conocimos al pequeño Taichi, quien también vivió alejado de su hermanita –y además sufrió un secuestro-; supimos algunos datos de las infancias de Koushiro y Joe. Cuando Sora despertó de su desmayo, Yamato le hizo frente y le exigió que le contara ciertos recuerdos que involucraban a Taichi.

¿Qué pasará entre Sora y los D4, ¿qué actitud tomará Sora ahora que vive en casa de los Ishida y no cuenta con el apoyo de su padre, ¿qué actitud tomará Yamato con su futura hermanastra? ¿Se casarán el señor Ishida y la señora Takenouchi?

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Digital Cuatro

Por CieloCriss

Tres.- "Música Azul"

Sora abrió los ojos; los abrió de un solo movimiento, cual persiana. Se incorporó inmediatamente: tiesa, incómoda, pálida. Era su tercera mañana en esa mansión fría, llena de vacíos y objetos costosos. Se permitió respirar hondo y profundo varias veces, notó que se sentía mucho mejor que los días pasados. Sonrió; seguramente hoy podría volver a su vida.

–"Desde hoy dejaré de pensar en esos problemas inevitables"– dijo Sora para sí misma mientras se levantaba de su nueva cama y se dirigía a su baño privado. –"Desde hoy voy a enfocar mis energías en lo que vale la pena… conseguiré trabajo de medio tiempo después de la escuela y trabajaré duro para poder irme de este lugar".

–"Sora, hija, ¿puedo pasar?"– escuchó Sora, luego de la puerta de la alcoba se escucharon unos toquidos siniestros: escuetos y parcos, como los ademanes de su progenitora.

–"Adelante"– dijo Sora a modo de saludo.

La silueta de su madre se formó delante de los ojos rojizos de la joven.

–"Todavía tienes mala pinta"– dijo la señora Takenouchi, acercándose a su hija con un semblante impasible –"Estás pálida y no has comido bien desde que te desmayaste por culpa de las ocurrentes noticias de tu padre".

–"Estoy bien"– murmuró Sora, apretando los puños –"El doctor que me ha visto dijo que hoy podría regresar a clases y eso haré".

–"Haz lo que quieras, Sora, sólo daba mi opinión"– replicó su madre –"Además, si estás tan testaruda quiere decir que recobraste fuerza…".

–"¡Claro que sí!"– reafirmó Sora, con una sonrisa entusiasta –"a pesar de que mi madre se quiere casar con un millonario autista y de que mi padre dejó a su familia por un chico muchos años más joven que él… y aunque conocí nuevos enemigos y nuevos obstáculos, ¡no me daré por vencida, en cuanto junte el suficiente dinero me iré de esta casa y buscaré la manera de pagarle al señor Ishida todo lo que le debo por la atención médica, la comida y el hospedaje".

–"Sí, sí, como gustes… puedes hacer todo lo que quieras a partir de que cumplas 18. Por ahora vine para presentarte a tu sirvienta personal".

–"¿Qué?"– gritó Sora, quien traía ojos muy abiertos –"¿Criada personal, ¡estás loca, mamá, yo no necesito ninguna sirvienta ni nada por el estilo, ¡yo misma puedo hacer mis cosas!".

–"Ya lo sé, Sora, pero Ishida la contrató para que te atendiera… yo también tengo una sirvienta a mi disposición".

–"Pues dile a tu prometido que no quiero deberle nada más".

–"Sora, es de mala educación despreciar los regalos de los demás"– regañó la señora Takenouchi.

–"No me parece justo que ése hombre regale seres humanos".

–"Sora, no te pongas terca… lo que Ishida te está regalando es el servicio de una persona… para los ricos eso es algo normal e Ishida se siente comprometido con hacer eso… ahora que si lo piensas, si rechazas la ayuda de esa chica, ésta será despedida y se quedará sin el empleo que los Ishida le han dado. En otras palabras, la despedirían, así que acepta de una buena vez las hospitalidades de nuestros anfitriones, me avergüenza que seas tan terca y no escuches razones".

Sora bajó la mirada. Ahora que estaba recuperada, su vida de torbellino volvía a dar inicio. Pensó en la pobre chica que habían contratado sólo para ella.

–"De acuerdo, acepto el regalo de ese hombre".

–"De tu padrastro, querrás decir"– dijo la madre de Sora mientras regresaba a la puerta de la habitación –"Deberías intentar estar agradecida con Ishida, hija, ese hombre me rescató de un abismo; por otra parte su hijo te rescató a ti cuando te colapsaste".

–"Yo… no le pedí que lo hiciera".

Sakura Takenouchi no le respondió, abrió la puerta y segundos después regresó con una joven que vestía de mucama.

–"Sora, te presento a Noriko-chan, tu empleada personal2"– la pelirroja miró que Noriko tenía en los ojos negros una mirada gastada y roída.

La sirvienta hizo una reverencia, Sora sonrió con nerviosismo.

–"Que tengas suerte en tu escuela, Noriko-chan te preparó el almuerzo"– dijo su madre, su voz sonaba fastidiada –". Tengo que irme a la floristería, adiós".

Sora no le dirigió la mirada a su madre cuando ésta se retiró, tampoco miró a Noriko; mantuvo su vista en sus puños, de nuevo con fuerza los hacía puño… 'Paso a paso, Sora' le decían esos puños a su dueña 'poco a poco tu vida volverá a ser lo que era antes de esta extraña tempestad'.

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La mansión Ishida parecía un laberinto, una caja de Pandora, un túnel encantado, un castillo medieval. Sora caminó algo intimidada por los pisos, los pilares y las esculturas, rezongó para sus adentros, porque odiaba sentirse incómoda. Esa residencia era, por lo pronto, su hotel, y tenía qué aceptarlo. Se respiraba un aire frío en cada puerta, las ventanas estaban cubiertas por altos cortinajes de color plata. La pelirroja se inclinó un poco y sacó de su uniforme un papel arrugado que minutos anteriores le había dado su empleada Noriko.

–"Nunca pensé en que necesitaría de este ridículo mapa…"– rezongó la chica, algo avergonzada por haberse perdido en una casa. –"Parece ser que estoy en el ala 2 del lado este de la segunda planta, ¡dios, sólo quiero encontrar las escaleras para salir de aquí".

Arrugó de nueva cuenta el papel y se adentró a una antesala que al parecer la llevaría directo al pasillo principal.

Abrió la puerta con algo de torpeza, luego comenzó a caminar por la sala de estar, pero quedó brevemente paralizada ante lo que vio.

Era increíble: acomodados en las esquinas del enorme salón con piso de ajedrez, había dos hermosos pianos de cola, en el centro del salón había un estante repleto de todo tipo de instrumentos, desde violines hasta liras, desde acordeones hasta clarinetes. Al fondo del salón había un pequeño escenario y bajo este, una decena de asientos de teatro.

–"…una orquesta… ¿los Ishida tienen una sala de conciertos?"– se escandalizó la joven. Por un momento pensó que mientras los millonarios hacían conciertos innecesarios, miles de personas morían de hambre. Luego despejó su cabeza, porque ella no tenía derecho a opinar: no sabía lo que sentían los ricos y nunca había sido lo suficientemente pobre. No podía, por tanto, conocer a los ricos ni ponerse en el lugar de los pobres. Ella sólo era una mujer común y corriente, con problemas, como todos los seres humanos.

Siguió caminando con el objetivo de no entretenerse más admirando la base enemiga, pero una pintura la volvió a detener cuando estaba a punto de abandonar el salón.

En esa pintura aparecía un niño rubio, con los ojos azules y la sonrisa del tamaño de la luna creciente. Sora se enterneció al ver esas mejillas rebosantes de alegría y esos cabellos de pirita, resplandecientes.

–"¿Yamato Ishida?"– se preguntó por instantes, había algo en los ojos de aquél niño… ojos de alegría, de cielo, de papalotes. Los ojos de Yamato Ishida parecían témpanos de hielo o montañas lejanas y frías.

–"¿Qué demonios haces en mis habitaciones, mujer?"– escuchó de pronto Sora, que se volvió inmediatamente, entonces vio que Yamato Ishida estaba erguido frente a ella con la altivez renovada, con los ojos de lobo o de nieve o de algo parecido.

-"Yo…".

–"No entiendo a la gente miserable"– bufó el rubio, sonriendo con sorna–"nada más te sentiste bien quisiste venir a husmear para ver que hallabas; aunque no deberías hacerlo, apestas mi salón".

–"¡Yo sólo estaba pasando por aquí!"– renegó Sora, frunciendo las cejas, de repente su tono de voz se pintó de sarcasmo. –"Pero ya me largo, 'alteza'. Y no te preocupes, príncipe, tienes tantos criados que seguro se encargarán de limpiar y perfumar este lugar para que mi olor se diluya y sólo quede impregnada la sensación de tus fragancias europeas".

–"No es el olor a pobre, es tu presencia, aunque qué más da"– informó Yamato, Sora abrió la puerta con intención de irse, pero el joven Ishida le bloqueó el paso –"¿A dónde vas sin mi permiso?".

–"¡Quítate!".

–"Es mi mansión, no te olvides, mientras pises mi territorio eres mía".

–"Te pagaré todo, idiota, ¡hazte a un lado, llegaré tarde a la escuela".

–"Es muy temprano aún; seguramente tus desmayos de pobre te redujeron el cerebro todavía más y ahora te cuesta trabajo medir el tiempo".

Yamato sostuvo a Sora del brazo, la chica forcejeó.

–"Suéltame, imbécil"– gritó la pelirroja.

–"No. Necesito hablar contigo".

–"Debería darte asco, ¿no es así?".

–"Un poco de mugre no me hace daño de vez en cuando"– rió Yamato.

–"Idiota"– insultó Sora, con las mejillas encendidas.

–"Mira, si dejas tu inútil ironía a un lado y replazas ese orgullo marginal unos minutos, probablemente podríamos tener una plática coherente"– expuso Yamato –"No te molesté los pasados dos días porque estabas enferma, pero ahora que te reincorporas a tu rutina, lo menos que podrías hacer es decirme si ya tienes una respuesta para mí".

–"No sé de qué hablas".

–"Sabes de qué hablo, mujer, ¡Sabes muy bien que te exigí que te pensaras lo del asunto de Taichi, ¡tú estuviste con él en aquél entonces, eres la única que me puede dar una pista para encontrar a sus secuestradores!".

Sora se lamentó por dentro. En esos días, a pesar de que tenía presente esa plática con Yamato sobre el secuestro de Taichi Yagami, ella no había meditado nada sobre ello. Se había pasado quemando las horas en su padre y en su nueva situación. No había pensado en su corta convivencia con Yagami cuando niños, no podía recordar mucho… no podía.

–"No tengo nada que decirte"– dijo con sinceridad –"Sólo jugaba con él después del jardín de niños… sólo jugábamos".

–"¡Mientes!".

–"Bien, si eso dices, eso es"– dijo con calma la pelirroja –"En cuanto a Yagami, la verdad es que yo lo secuestré y lo mantuve oculto porque quiero su herencia, ¿cómo ves?".

Sora se zafó el brazo y salió presurosa del salón, Yamato no la siguió.

–"No vas a llegar a ninguna parte con ese sarcasmo" – declaró el joven, molesto.

–"Y tú nunca vas a volver a ser igual de encantador y lindo que en esa pintura que tienes en tu salón".

Yamato Ishida bufó. Se acomodó la corbata del uniforme y salió del salón 'En eso tienes razón. Nunca… nunca podría ser igual de encantador y lindo que Takeru en esa pintura… supongo que esa mujer es algo perceptiva... ¡Ja!'".

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Taichi estornudó tres veces seguidas, luego dio un bostezo y se restregó los ojos, como si quisiera sacar de ellos la pereza. Bajó las escalinatas de su casa y volvió a estornudar. 'Maldición, alguien debe de estar hablando de mí; de cualquier manera ¿quién inventó que cuando estornudamos significa que hablan de nosotros, qué estupidez' asoció el chico con torpeza.

–"Joven amo"– interrumpió un mayordomo.

Taichi le dedicó al criado una mirada molesta.

–"… es que tiene llamada, joven amo, es su madre".

–"Ah. Claro. Pásamela".

El mayordomo le entregó a Tai un teléfono. Taichi sonrió. Miró largamente el móvil: las teclas numeradas, la antena dorada, la forma oblicua del aparato. Con una expresión entraña en su rostro, dejó caer el auricular sin responder a la llamada. Después rió.

–"¡Pero joven amo, debería usted contestar esa llamada!".

–"Jeje… si la señora de esta casa vuelve a llamar, dile que a su hijo no le interesa saber de sus compras ni de su vida. Infórmale que ahora he decidido que la única manera de hablar conmigo es en vivo y en directo".

–"Señorito… usted…".

–"Lárgate de mi vista"– ordenó Tai, sin pensársela dos veces salió como huracán de la casa y subió a uno de sus autos 'Vamos a complicarle la vida a esta bola de criados y a mis "queridos" padres' se dijo con entusiasmo.

–"Joven Amo, usted no puede irse sin su protección"– anunció un guardaespaldas, interponiéndose entre el coche de Tai y la salida del garaje –"Permítanos llevarlo al colegio; además… usted aún es menor de edad y…".

Tai pisó el acelerador del auto y casi se impactó contra el guarura, quien rodó hacia un costado y le cedió el pase al muchacho.

–"Ups, ¿te arrollé?; pero no te preocupes, tienes seguro médico"– el chico moreno desapareció por la avenida; el guardaespaldas (por su parte) sacó de su bolsillo un comunicador: El joven amo de nuevo ha escapado

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Sora notó que el instituto se había embellecido. En sus dos días de ausencia los cerezos habían florecido más, parecía que el tiempo los apuraba. Los edificios se iluminaban con el sol, los jardines tenían ese aire perdido del campo. La chica Takenouchi bajó del taxi, pagó y comenzó a caminar rumbo a su aula. Estaba nerviosa. Sus primeros dos días en esa nueva escuela habían resultado un fiasco surrealista que le había dejado en la boca un sabor amargo.

Lo primero que detectó Sora, fueron murmullos. Los susurros de oreja a oreja, a modo de secreto, resplandecían alrededor de ella. Podía sentir las miradas de los estudiantes en su persona, podía percibir las palabras cargadas de veneno.

–"Si el primer paso es el prejuicio y el chisme; el segundo paso es el ataque directo"– se reiteró la chica entre dientes. Ya conocía los métodos: podían arrojarle basura, huevos, hasta útiles, también podían atacarle de frente, jalarle el cabello, escupirle, golpearla. En pocos días Sora había aprendido a manejar esos sentimientos de impotencia que estaba experimentando por tener tarjeta roja: el símbolo de guerra, su sentencia.

Los murmullos no cesaron, pero nadie la atacó. Takenouchi encogió los hombros y avanzó hasta los casilleros, ya que necesitaba cambiar de zapatos y alistar sus útiles.

–"Todo está tan tétrico"– musitó Sora en bajito –"¿Por qué nadie me ataca?".

Miró a sus alrededores, en el área de casilleros casi no había estudiantes. Sólo un grupo de chicas, que parecían de primero y que estaban concentradas en sus asuntos.

En la entrada del edificio, la pelirroja vislumbró las siluetas de Koushiro Izumi y Yamato Ishida; Sora sonrió con malicia. Sin analizarlo mucho entró a su casillero y se escondió en él. Yamato y Kosuhiro, quienes eran miembros de los D4, se adentraron al área de casilleros y caminaron por uno de los pasillos. Koushiro se detuvo cerca del estante de Sora, porque los casilleros estaban por grupos.

–"Entonces eso fue lo que pasó"– comentaba Yamato, con indiferencia.

–"Sí, al final creo que fue mi culpa, por descuidado"– decía Koushiro –"no me di cuenta de cuando se me cayó el papel con los datos de esa mujer… lo más probable es que haya sido dentro del salón de clases y posiblemente fue ahí mismo donde Takenouchi-san lo encontró".

­–"Mh, ya veo; todo está más claro ahora".– dijo Yamato.

–"De cualquier manera no entiendo cuál es el problema, es decir, me parece extraño que Takenouchi-san no haya estado enterada de la dirección de su padre; creo que lo que más debería preocuparte es que en ese papel estaba toda la investigación sobre Sakura Takenouchi".

–"Bah, tonterías; en todo caso deberías preocuparte tú, Kou, el supuesto espía eres tú, ¿no te incomoda que esa mujer te crea un fisgón?".

–"No realmente"– admitió el joven Izumi, mientras cambiaba sus zapatos – "Me es indiferente todo lo que tenga que ver con Takenouchi-san; lo que me interesa de ella es su relación con Tai y contigo".

–"Sí, sí, como digas; de cualquier modo te simpatiza, ¿o no?".

–"Sí, me simpatiza. Como que usa más su cerebro que otras chicas que hay en este instituto"– admitió Koushiro– "No hay nada mejor que una chica inteligente".

–"¿Eh?".

–"Tenlo en cuenta, Yama"– dijo Koushiro –"¡Ah, qué pereza… posiblemente hoy no tome todas las clases".

–"Ni yo"– agregó Yamato –"Supongo que Jo se enojará cuando lo sepa".

–"Mh"– bufó Koushiro –"quien sabe".

–"Voy a dedicar mi tiempo a pensar en cómo deshacerme de esa mujer y su madre".

–"¿La esposa siete?"– preguntó Koushiro, cerrando su casillero. –"¿Vas a destruirla?".

–"¿Lo pones en duda?"– renegó Yamato.

–"Te la pasas pensando en la hija de esa mujer"– analizó Koushiro –"Los últimos dos días ésa chica te ha absorbido el cuerpo y el alma, ya sea para maldecirla, o para considerarla, la has pensado día y noche".

–"Cállate; no te metas en mis asuntos".

–"Tus asuntos me son indiferentes, sólo te informaba la realidad".

–"¿Dónde está el inepto de Tai?".

–"No sé. De cualquier manera, ¿darás un nuevo aviso sobre la tarjeta roja de Takenouchi?".

–"Dile a Jo que la tarjeta roja sigue intacta, pero que nadie puede hacerle daño a esa mujer; yo soy el único que puede joderle la vida".

–"Eso suena muy posesivo".

–"Kou, hoy no ando de buen humor, no me provoques, date cuenta que si no está el imbécil de Tai, tú eres el siguiente en mi lista".

–"Uhm, lo tendré en cuenta".

–"Me largo"– anunció Yamato, mientras salía de la escuela y desaparecía entre los árboles de cerezo y los jardines.

Sora suspiró. Había escuchado lo suficiente pero aún permaneció en silencio para esperar a que Izumi se alejara de los casilleros.

Sin embargo, Koushiro no se movió mucho, sólo avanzó cuatro pasos y se detuvo súbitamente.

–"¿No te parece que vas a llegar tarde a clases si sigues oculta ahí?"– preguntó Koushiro con los ojos curiosos y el resto del rostro sin expresión clara –"Ya has oído, por ahora estás a salvo, Ishida quiere destruirte con sus propias manos; ahora el resto de la escuela te dejará en paz".

Sin decir más, el joven atravesó el vestíbulo y entró a la escuela, Sora abrió el casillero y salió de él revenida en sudor.

–"No entiendo cómo es que ese 'Nerd de computadoras' se dio cuenta"– renegó Sora mientras atravesaba la escuela para dirigirse a su salón –"Los malditos D4 siguen siendo personas problemáticas y…".

–"¡Takenouchi-senpai!"– Sora levantó la vista y se encontró con la chica de cabello violeta que había conocido días atrás en los sanitarios del instituto.

–"Ho-Hola"– saludó Sora, algo turbada.

–"¡Me da tanto gusto verte de nuevo!"– se entusiasmó la joven –"Soy Miyako Inoue, de primer curso, ¿me recuerdas?".

–"Eh, sí, claro"– dijo Sora.

–"Escuché el rumor de que habías dejado la escuela, me da gusto ver que no es así; ya me lo decía, que Takenouchi-senpai era una triunfadora que no se iba a dejar vencer por ese cuarteto de millonarios egoístas; sé que eres una luchadora social y estoy de tu lado".

–"Yo no soy una luchadora social, Inoue-san, pero te agradezco el cumplido. Por ahora continuaré en la escuela".

–"Cuentas conmigo"– dijo Miyako, cuando vio que Sora se alejaba –"Yo no soy de ese tipo de personas que da una puñaladas por la espalda".

Con ese último comentario, Sora se adentró en su salón. Se expuso a los regaños del profesor, a los murmullos de sus compañeros y a la indiferencia de Koushiro Izumi; sin embargo en lo único en que pensó fue en esas palabras de la joven Inoue 'Yo no soy de ese tipo de personas que da puñaladas en la espalda'.

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­–"Más velocidad"– se dijo Tai al tiempo en que metía la quinta velocidad de su auto. La adrenalina le llovía a cántaros, pero la sensación de haber convertido la mañana en una revuelta que descontrolaba a sus guardaespaldas y que enojaría a sus progenitores era el eje rector de su satisfacción –"Si pudiera fumar, tomar y tener sexo al mismo tiempo en que conduzco sería todavía mejor, pero el mundo aún no es perfecto".

Tai aceleró su automóvil, por el espejo retrovisor notó que lo seguían: patrullas de la policía, sus custodios, dos oficiales de tránsito en motocicleta y hasta una ambulancia –"¡Tú también deberías sentir esta velocidad de respirar aprisa, Hikari!".

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Joe Kido se acercó a la sala de profesores. Entró cuidadosamente y cerró la puerta.

El salón de maestros era un aula especial para docentes. Cada profesor tenía su cubículo, en donde ocasionalmente resolvían asuntos de la escuela o conflictos personalizados con estudiantes. La sala de profesores estaba vacía, pero Joe Kido avanzó con confianza hasta el cubículo del fondo. Observó entonces a su profesor de Cálculo Diferencial con nerviosismo.

–"Buenos días, profesor… yo… quisiera saber".

–"Otra vez no fuiste el número uno, Kido"– avisó el profesor mientras ordenaba unos fólderes –"En los exámenes de bienvenida sacaste el quinto puesto de la escuela".

El profesor tenía aspecto de cerdo. Una cara ancha y poco alargada, con cachetes gordos, colgados, y una nariz extendida, con orificios enormes.

–"Profesor… entiendo"– susurró Joe, suspirando –Por favor, no le cuente eso a mi padre, sé que lo conoce, sé que fueron compañeros en la escuela media… no le diga que no obtuve el primer lugar, se lo ruego".

–"No puedo seguir mintiendo a estas alturas, chico"– dijo el sensei –", aunque seas hijo de Kido, yo tengo mis propias necesidades".

–"¡Le pagaré lo que guste, profesor!"– rogó Joe, con terror –"Pero por favor, no le diga a mi padre que fracasé… no tiene qué subirme las notas, sólo no le diga nada, yo…".

–"Podría seguir ayudándote entonces, si haces lo que yo quiero".– dijo el docente, acercándose a Joe con la mirada inexplicable. Joe retrocedió rápidamente.

–"¿Cuánto quiere?"– preguntó el joven, acomodándose las gafas con frialdad.

–"No es la cantidad, es la calidad, chico"– dijo el profesor –"De cualquier manera tendrás que venir a mi cubículo la próxima semana para averiguar el precio de tus notas".

–"Sí. Sí, sensei… gracias"– Joe reverenció varias veces y salió disparado de la oficina. De pronto se sentía cansado, con incertidumbre. Su celular lo interrumpió y al revisar el número, Joe contestó de inmediato.

–"¿Tai?".

"Hey… hola buen, Jo".

–"¿Por qué estás jadeando, ¿de dónde me hablas, No estás en la escuela, ¿verdad, ¡Taichi, tienes qué venir a clases porque es tu obligación como próximo heredero Yagami y…!".

"Sin sermones, Jo, que suficiente tengo ya" Taichi resoplaba constantemente a través de la comunicación.

–"¿Qué sucedió esta vez?".

"Choqué en uno de mis carros… lo estrellé contra una pared repleta de propaganda política, ¡jeje!; no te preocupes, logré saltar antes de que pasara todo, pero creo que me lastimé un brazo… ¡hubieras visto, fue genial, creo que logré burlar a los guardaespaldas que me pusieron mis padres… luego escapé en un taxi que pasaba y no se dieron cuenta… creo que ¡Auch, aún me buscan entre los escombros…".

–"¡Taichi!"– gritó Joe, escandalizado –"¡Esta vez te pasaste de la raya! ¡Te das cuenta de lo que ocasionaste! ¡Y no sólo pudiste salir herido tú, piensa en que un inocente pudo haberse visto involucrado en un accidente por culpa de tu insensatez, ¿dónde estás? ¿Qué te pasó en el brazo?".

"Bien… ahora estoy en las canchas de fútbol de la escuela, jeje, me salté la barda. Ven a curarme, ¿quieres, sabes que odio los hospitales desde lo de Kari, así que aquí te espero… Ah, y no le cuentes a Kou y a Yama, seria una pérdida de tiempo, ¡cuando me cures esta herida yo mismo les contaré esta situación tan chingona!".

Joe negó, luego mugió sonidos ininteligibles.

–"Por culpa tuya voy a tener que faltar de nuevo a clases, espérame ahí".

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Joe Kido detestaba los comentarios curiosos de Koushiro y los constantes sarcasmos de Yamato, no obstante, lo que más odiaba eran las ocurrencias de Taichi. Taichi era el D4 más desconsiderado de todos: siempre lo ponía en riesgo, siempre se metía en problemas y él y los demás tenían que ayudarlo a arreglar sus actos insensatos.

Lo miró a lo lejos, en una de las porterías del campo de fútbol de la escuela. Taichi traía el uniforme de la escuela con manchas de mugre en la camisa y al parecer en uno de los brazos tenía una cortada grande, por la cantidad de sangre que le emanaba.

–"¡Jooooo-sama!"–gritó Taichi, con la sonrisa extendida –"Viniste a salvarme".

–"No seas payaso"– Joe se acercó a Taichi y le revisó la herida sin siquiera saludarlo –"¿Cómo te hiciste esa cortada, ¿acaso traías una navajo o algo así, ¡uf, nunca aprenderás".

–"Rápido, rápido, cúrame sin quejarte. Mis guardaespaldas no tardan en venir al instituto a buscarme; el día de hoy soy un fugitivo".

–"Detesto que te pongas tan infantil"– renegó Joe mientras comenzaba a poner vendas y remedios en el brazo.

En el transcurso de la curación, ninguno de los dos habló. Jo centró su atención en la herida y el sangrado. Taichi apretó los labios y soportó el dolor que le provocaba tener el brazo dañado.

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La hora del receso llegó sin que transcurriera alguna novedad. Sora bufó y no se movió del pupitre en todo el descanso. No bajó al comedor y evitó ir al sanitario. De su mochila sacó el almuerzo que Noriko-chan, su sirvienta, le había preparado (en contra de la voluntad de la pelirroja).

'Maldita sea, no he recuperado el apetito' admitió con congoja mientras batía las bolas de arroz y el yakitori. No le gustaba que su apetito se hubiera escabullido por culpa de los problemas… Sora pensaba que esa era una actitud inmadura de su parte.

Estaba ocupada en su comida cuando sintió detrás de ella una sombra penetrante, como si un gato no le quitara la vista de encima.

–"Etto… Sora-chan, yo…".

Sora desorbitó los ojos y se atragantó con un bocado, acto seguido miró a quien le hablaba, era Jun Motomiya, la chica que había defendido el primer día de clases. La pelirroja sabía que por culpa de esa joven ella estaba metida en un lío, pero aún así se mostró tranquila.

–"¿No te parece peligroso hablarme, Jun-san?"– preguntó de manera irónica, con la frente en alto –"Si me diriges la palabra es posible que los D4 te pongan una tarjeta roja, lo cual sería terrible…".

–"Sora-chan, yo… lo lamento".

–"No vuelvas a llamarme Sora-chan"– pidió Sora, con una expresión seria –"Y no tienes nada qué lamentar, Jun-san, a decir verdad comprendo que no pudieras hablarme o defenderme, estás en tu derecho. Yo no espero nada de ti, así que tú tampoco esperes nada de mí".

–"Es que… tú lo hiciste por mí, Sora-ccchsan, pero me daba tanto miedo decirlo y…".

­–"Descuida, no importa. Este tipo de acciones le revela a las personas como yo quienes son sus verdaderos amigos".

–"¡Sora-san, es que yo quiero ser tu amiga!".

–"Los D4 aún son mis enemigos, así que si no quieres correr peligro, no te acerques a mí. No soy lo suficientemente buena como para darte otra oportunidad"– admitió Sora, de manera fría, mientras seguía comiendo; no quería tener que ver con esa chica más, no por el hecho de que ésta la hubiera traicionado, sino porque Jun no le parecía alguien de confianza. Lo mejor era mantenerse al margen; en esa escuela (Sora creía) era mejor evitar amistades y mantenerse al margen.

–"Comprendo… Sora-san, por favor, te pido que me perdones; yo no sabía que eras la hermanastra de Yamato-sama ni sabía que eras amiga de la infancia de Taichi-san, yo…".

'¿Cómo lo sabe?' se cuestionó Sora '¿Cómo es que esta chica sabe todo eso?'.

–"Te perdono"– dijo Sora algo hastiada; luego le concentró de nueva cuenta en su comida y Jun le sonrió, pero la chica Takenouchi no lo notó.

Jun Motomiya era una joven de 17 años, con la piel morena y los cabellos rebeldes y marrones. Tenía los ojos chicos, pero expresivos y la boca ancha, llena de risas. La chica dejó a Sora con su almuerzo y corrió hacia la salida del salón, pero entonces alguien la sujetó del brazo.

–"¡Hola!"– dijo el chico que la sostuvo.

–"Taichi-san, ¡es decir, Yagami-sama!".

–"Jun Motomiya, segundo curso, clase C"– murmuró Taichi, apretándola con fuerza.

–"Yagami-sama, ¿está herido?"– preguntó Jun al notar que el brazo de Taichi estaba recién vendado.

–"No me agradas"– le respondió Taichi –"Llevas en tu horrible rostro el nombre de traición contigo".

–"¡Yo…!".

–"Sora-chan se metió en líos con Yama por tu culpa"– explicó Tai –", pero tú le diste la espalda; sin embargo ahora regresas arrastrándote como víbora porque te enteraste de que ella fue mi amiga y será la hermanastra de Yamato".

–"No… yo realmente… aprecio a Sora-san".

–"Te voy a arruinar la existencia, Motomiya, te voy a escarmentar por ser traidora con los que te defienden. Llorarás tanto que suplicarás un perdón… escoria barata".

Taichi soltó a Jun y ésta quedó paralizada. Vio con terror la mirada del canelo que estaba frente a ella. En los ojos de Tai había fuego: eran volcánicos y aguerridos, muy contrarios a los dos témpanos fríos de Yamato Ishida, o a los ojos robotizados de Koushiro.

–"¡Desaparece de mi vista!"– ordenó Taichi; Jun a como pudo movió las piernas. Taichi suspiró triunfante. Le fascinaba cuando lo veían con miedo.

–"¡Hola, Sora!"– saludó entonces, cuando entró a la clase 2-C

Sora de nuevo levantó la cabeza.

–"Yagami-san"– saludó –"Buenos días".

–"Sora, no seas mala, se supone que debes decirme Taichi o Tai-chan, por los viejos tiempos".

–"Los viejos tiempos son muy borrosos y el Taichi Yagami de ahora es muy distinto al chico que conocí".

–"Tú también eres distinta, ¡ahora luces muy sexy!"– rió Tai y se acercó a la pelirroja –"Hace un momento me topé con Jun Motomiya".

–"Ah".

–"No vayas a abrirle tu corazón a esa basura de persona, Sora-chan"– ordenó Taichi –"Ese tipo de gente no te conviene".

–"Yo soy la única que decide qué tipo de gente me conviene"– corrigió Sora –"¿Se te ofrece algo?".

–"¡Cielos, Sora, parece que estás enojada; y yo que vine a visitarte a pesar de mis infortunios"– reprochó Taichi, sonriendo –"Sólo quería verte, Yama me dijo que te desmayaste y has estado enfermita desde entonces".

Sora bajó la mirada.

–"Pero parece que ya estás mejor, Sora, me da gusto"– Taichi aplaudió de repente –"Seguro que el cascarrabias de Yama te lo hace pasar mal, jeje, tienes que tener cuidado con él".

Sora no respondió. Siguió mirando tu almuerzo.

–"Yamato te amenazó, ¿cierto?"– dijo de improviso Taichi, poniéndose serio –"Te debió haber exigido que le dieras datos míos… lo más probable es que ya sepas que me secuestraron y que perdí la memoria cuando era un mocoso…".

–"Yagami-san".

–"No te preocupes, no tienes nada qué temer, no importa que no recuerdes; y aunque recuerdes, será mejor que no digas nada, es que no vale la pena, Yamato no lo entiende, pero no vale la pena a estas alturas que busquen a los secuestradores… ahora tengo decenas de guardaespaldas que me cuidan el pellejo".

–"Es que yo no recuerdo mucho de aquellos días"– sinceró Sora.

–"No hay nada qué recordar"– rió Tai –"díselo a Yamato. No te preocupes, el rubio ladra mucho, pero no muerde".

Sora estuvo a punto de sonreír pero se contuvo.

–"¿No está Kou aquí?"– preguntó Taichi.

Sora negó. El 'Nerd de computadoras' había estado muy callado y había desaparecido después del receso.

–"Diablos, quería que me ayudara a escapar"– lamentó Taichi –"¡Ni modo, bueno, Sora-chan, ahora me despido o mis empleados van a cazarme".

Taichi se dio la media vuelta y comenzó a correr desaforadamente, lo último que Sora notó es que llevaba el brazo forrado de blanco.

--

Koushiro entró a la sala de ordenadores y saludó a sus compañeros. Era común que los miembros del club de computación se reunieran en los recreos para tomar el almuerzo mientras programaban.

–"Izumi-sama!" saludaron un par de niñas.

–"Hola chicas"– contestó Koushiro con educación mientras con la mirada buscaba a Miyako Inoue.

La vio en una de las esquinas del aula, concentrada en una portátil negra. Le pareció hermosa.

–"Inoue-san"– saludó desde lejos. Miyako frunció el rostro y lo miró.

–"Presidente"– dijo la chica de cabello púrpura –"bienvenido".

–"Gracias"– Koushiro ignoró los cumplidos de las otras chicas y se acercó a la joven Inoue.

–"¿En qué trabajas?".

–"En la base de datos de la escuela"– dijo Miyako, con una sonrisa.

–"Lo haces muy bien"– anexó Kou, de manera torpe –"… estuve revisando tus expedientes de secundaria… al parecer en tu escuela eras la presidenta del club de computación".

–"Ah, sí"– respondió Miyako.

–"Es una pena que ahora el presidente sea yo"– explicó Koushiro –"seguro que sería genial si fueras nuestra presidenta".

–"Jamás lo haría tan bien como Izumi-san".

–"A lo mejor"– agregó Koushiro –"Pero para el próximo año te postularé como vicepresidenta del club".

Koushiro Izumi se sentía aturdido cuando hablaba con esa chica, pero por alguna razón sentía la necesidad de hacerlo: es que era la mujer perfecta para él; físicamente era bonita, tenía las notas tan altas como él y al parecer la enloquecía la computación. Además, aunque la chica no era muy rica, sus padres eran dueños de supermercados. Era la candidata perfecta, pero él lucía muy torpe cuando le dirigía la palabra a ella.

–"¡Presidente!"– llamó Osamu IChijouji, el actual vicepresidente del club–"¿Me estás despidiendo, ¿por qué le dices a Inoue que será la vicepresidenta?".

–"Osamu-san, buenos días"– saludó Izumi. Osamu entró a la sala de computadoras, tras él venía un chico pálido, de cabello azulado y lacio.

–"No te hagas, Izumi, estás ofreciéndole el puesto de vicepresidente a Inoue, ¡qué cruel eres!".

–"Le ofrecí el puesto a Inoue-san el próximo año y tú ya vas en el último curso; por tanto, habrá vacante para el puesto de vicepresidente".

–"Ah, cierto"– rió Osamu –"De cualquier manera ya te avisé que este año no podré venir mucho al club, tengo que disfrutar de mi último año en instituto y también me debo preparar para los fastidiosos exámenes de la universidad".

–"Vicepresidente"– interrumpió una de las chicas –"¿Has traído a un nuevo miembro para el club?".

–"Ah, no, éste es Ken, mi hermanito"– presentó Osamu –"¡Saluda, Ken!"

Ken suspiró e hizo una reverencia muy elegante, todas las chicas se le quedaron mirando, incluida Miyako Inoue, quien dejó de poner su atención en el monitor.

–"Presidente, la verdad es que traje a Ken para que me supla"– explicó Osamu –"hice un trato con mi hermano para que realice mis funciones de vicepresidente cuando esté ocupado".

–"Pero tu hermano aún va en la secundaria, ¿no es así?"– preguntó Koushiro.

–"Sí, pero Ken va a la secundaria de esta escuela y no le queda lejos la preparatoria… además, mi hermanito es un genio"– explicó Osamu –"Juro que no te decepcionará, ¿cierto, Ken?; mira Jefe, deberías probarlo, palabra de Ichijouji que no te falla".

–"Haz lo que quieras"– dijo Koushiro, indiferente –"Si tu hermano falla en sus labores, el que tendrá tarjeta roja serás tú".

–"¡Excelente! ¡bien!"– gritó Osamu –"Entonces me marcho, tengo clases y luego una cita con un primor… ¡suerte Ken! ¡Adiós jefe! ¡Un beso, chicas!".

Ken Ichijouji resopló, entre inconforme y molesto, pero no dijo nada. Koushiro lo saludó con frialdad y le indicó las labores que debía desempeñar como el segundo al mando del club.

–"Si tienes alguna duda consulta con Inoue-san, Ken-kun"– reiteró Koushiro.

–"Hai"–respondió Ken.

Miyako se sonrojó ante los ojos lejanos de Ken, que la miraron de reojo.

--

Cuando Sora salió de la escuela notó que el cielo se estaba nublando. Las nubes estaban ennegrecidas y el viento arrancaba las flores de los cerezos. La pelirroja maldijo el clima pero desistió de tomar taxi para volver a casa de los Ishida, tenía que ahorrar dinero y además debía hacer el intento de conseguir un empleo de medio tiempo.

La mejor manera de liberarse del yugo de Ishida era consiguiendo trabajo para independizarse, ya no contaba con la ayuda de su padre, por eso tenía que darse prisa y trabajar duro para conseguir algo bueno.

Compró el periódico en un puesto de revistas y siguió caminando por el distrito donde vivía. Tenía qué haber algo ideal para que ella trabajase.

–"No puedo trabajar con mamá en la florería"– se dijo mientras con un plumón iba señalando los trabajos interesantes –"veamos… creo que este está bien… trabajar en un minisúper no es complicado y el horario es ideal para mis necesidades".

La joven encerró el nombre del minisúper Inoue's y se encaminó hacia esa dirección.

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Miyako Inoue salió de la escuela a escondidas. Primero esperó a que todos los automóviles desaparecieran y luego esperó a que los alumnos del colegio se dispersaran más. Sonrió cuando vio el lugar despejado y fue saliendo de él de manera presta, ocultándose en los arbustos. Luego llegó a la estación del tren y tomó su ruta diaria.

Era difícil ir a ese instituto, lo sabía, pero también era su mejor opción. No le gustaba el ambiente de ese colegio, pero el nivel académico era alto y ella necesitaba asistir a una escuela así.

Se bajó del tren ligero y llegó a su edificio. Vio frente a ella el minisúper que sus padres manejaban y renegó al ver que todavía estaba el letrero de 'Se busca empleado'. Miyako sabía que si sus padres no contrataban a alguien iba a ser ella quien tendría que suplir el turno restante.

'Si me aparezco ahí, me pondrán a trabajar y no podré estudiar para los próximos parciales' reflexionó mientras le daba la vuelta al supermercado y se adentraba en el elevador del edificio.

'Lo mejor será visitar a Cody'.

Miyako tocó el timbre del hogar de uno de sus vecinos e instantes después un niño con uniforme gris atendió la puerta.

–"Miyako-san, buenas tardes"– saludó el chico, que tenía piel clara y cabello de color nuez –"¿qué te trae por aquí?".

–"¡Cody, gracias a Dios que estás aquí"– saludó Miyako, abrazando al muchacho con mucha fuerza.

–"Miyako-san, me ahorcas"– se quejó Cody.

–"Ah, lo siento"– rió Miyako –"a decir verdad vengo a refugiarme… al parecer mis padres no han conseguido trabajadora para el negocio y no quiero que me pongan de esclava en el súper".

–"Miya-san, esa es una actitud inmadura"– dijo Cody mientras él y su vecina pasaban a la sala del departamento.

–"¡Bah!"- renegó Miyako –"En el único lugar en el que soy madura es en la maldita escuela".

–"¿Sigues aparentando ser rica e inteligente?"– preguntó Cody, ofreciéndole té a la chica –"Miyako-san, es malo pretender ser alguien que no eres".

–"Ash, cállate, Cody, tú no sabes todo lo que he sufrido para ser tan perfecta, no sabes lo bien que se siente ser la mejor en clases, no sabes lo genial que es cuando todos te alaban".

–"Pero si bien recuerdo, ahora estás en una escuela de alto costo y nivel académico… debe ser difícil aparentar ser millonaria y lista ahí".

–"Nah, esa bola de millonarios es lo de menos; todos ellos se han creído mis mentiras y he sacado las mejores notas de ingreso… todo fuera ideal si no… si no…" –Miyako apretó los labios, hasta humedeció los ojos; Cody sorbió el té.

­–"¿Qué es lo que hace 'imperfecta' tu estancia en la escuela 'perfecta'?"– preguntó Cody, en tono satírico.

–"¡Los malditos D4!"– se quejó Miyako.

–"¿D4? ¿Quiénes son esos?".

–"Son un cuarteto de estúpidos que tienen una dictadura en la escuela"– explicó Miyako –"Al parecer esos chicos son ricos y poderosos y controlan a todos en ese instituto… ¡es horrible, mientras esos molestos chicos estén interponiéndose en mi vida, no podré hacer mi propio camino como la chica más admirable e inteligente de ese colegio".

–"No es importante ser la más perfecta e inteligente, Miya-san".

–"Para mí lo es, Cody, tengo que demostrarle a alguien de lo que soy capaz"– suspiró Miyako –"Pero los D4 en sí no son un obstáculo tan difícil, solamente me preocupa uno de esos chicos".

–"¿Un rival?".

–"¿Cómo supiste, Cody?"– cuestionó la joven –"La verdad es que ese maldito mocoso es un maniático de ordenadores que me quitó el puesto de presidenta del club de computación… y además, revisé los registros en exámenes de admisión y descubrí que él es el que tiene el puntaje más alto en los exámenes de inicio en toda la historia de la escuela… y no sólo eso, por alguna extraña razón todo el mundo lo idolatra y lo considera un genio… ¡ese tipo me enerva!".

–"Miya-san, cálmate"– aconsejó Cody –"Eso significa que aunque seas buena en algo, siempre habrá alguien mejor que tú. La preparatoria no es como la secundaria y tendrás que aprender a vivir con los nuevos cambios".

–"Ash, pues me rehúso, yo tengo que ser la mejor siempre".

–"Como quieras"– lamentó Cody, en esos momentos sonó el timbre –"deja atiendo la puerta".

–"Ok, por mientras haré un nueva agenda para organizar mis horas de estudio, ¡no me dejaré vencer hasta que le quite el puesto de presidente a ese maldito pelirrojo!".

Cody dejó que Miyako siguiera renegando de su vida y abrió la puerta. Tras el umbral de la entrada, el niño descubrió que era uno de los alumnos de su abuelo.

–"¡Koushiro-san!"– saludó Cody, con una reverencia. Miyako se silenció de inmediato al escuchar ese nombre, luego se asomó a la entrada y abrió la boca de un solo movimiento. Junto a su amigo Cody estaba el odioso D4, Koushiro Izumi, el presidente de computación que tanto odiaba.

'Oh por Dios' gimió la chica, con el corazón acelerado '¿será que ese idiota me estaba siguiendo, ¡qué terrible, si ese chico averigua que soy una farsa, mi vida social e intelectual en ese instituto terminará colapsándose… ¿qué demonios hace ese pelirrojo ahí?'.

–"Qué lugar tan pequeño"– dijo de repente Koushiro –"No sabía que el sensei vivía en estas condiciones".

Cody rió de manera nerviosa.

–"Pensé que las clases de kendo empezaban en el dojo la próxima semana, Koushiro-san".

–"Sí, las clases son para la próxima semana"– expresó Koushiro con las cejas fruncidas –"Este lugar es asfixiante… le ofreceré un préstamo a Hida-sensei para que se compre una casa".

–"Mi abuelo adora este departamento"– se defendió el nieto de ojos verdes–"buscas a mi abuelo, Koushiro-san?".

–"No, en realidad te buscaba a ti, Nieto-kun"– dijo Kou, pensativo –"Necesito de tus servicios; Hida-sensei me dijo que me ayudarías en lo que sea".

Cody se mordió los labios y recordó las palabras de su abuelo: Si Izumi Koushiro-kun viene a pedirte un favor, no le niegues nada, querido Cody, es gracias a ese chico que tenemos el dojo .

–"Claro, Koushiro-san, ¿qué necesitas?".

–"Vístete con el uniforme de kendo y date prisa, que se hace tarde".

–"De acuerdo, ¿gustas pasar mientras me visto?".

–"No. No gracias, espero aquí. Date prisa, Nieto-kun".

–"En realidad me llamo Cody".

–"Da lo mismo, date prisa".

Cody dejó la puerta entreabierta y regresó al living, pero no había rastro de su vecina Miyako. Sin preocuparse mucho por ella entró a su habitación y comenzó a buscar su uniforme.

–"¡Coooddyyy!"– exclamó Miyako, que al parecer se ocultaba ahí –"¿Me puedes explicar qué tienes que ver tú con ese D4?"

–"¿D4, ¿te refieres a Koushiro-san?".

–"Exacto".

–"¿Él es un D4, Vaya…".

–"¡Habla, Cody!".

–"Ahora tengo que cambiarme, Koushiro-san me espera".

–"¿Te espera? ¿Qué tienes que ver tú con él?".

–"Koushiro-san es alumno de mi abuelo; desde que era muy pequeño, Koushiro-san toma clases de Kendo en el dojo Hida; de hecho, el dojo de mi familia se salvó gracias a los préstamos que nos ha hecho la familia de ese chico".

–"¡Fatalidad!"– expresó Miyako.

–"Mi abuelo dice que debo tenerle mucha gratitud a Koushiro-san y él ha venido hoy a pedirme un favor, así que me iré con él".

–"Qué horrible… mira Cody, ¡te prohíbo que le digas que me conoces, ¿comprendes, si Izumi se da cuenta de que soy de clase media y de que no soy tan perfecta, mi plan de destruirlo será historia y mi vida social penderá de un hilo".

­–"Miya-san, qué dramática. Koushiro-san no es tan malo como parece".

–"Cody, prométemelo".

–"De acuerdo, pierde cuidado, no le diré nada de ti… pero conste que no estoy de acuerdo con tus ideas".

--

'El día pesa más en las tardes; se siente más la respiración; se escucha más la música' fue lo primero que pensó Yamato después de abrir los ojos. Sintió sobre su figura las sombras de las nubes, estiró los brazos y se incorporó. Parecía bastante tarde, seguramente las clases habían terminado. Yamato se puso de pie, se acomodó el cabello y recogió su saco, 'Estoy hecho un desastre, no vuelvo a quedarme dormido aquí'.

Ishida era un joven que se aburría a menudo en el instituto. Le gustaba estudiar algunas asignaturas, pero el ambiente de las escuelas le parecía despreciable; por eso se saltaba las clases y se refugiaba en los jardines del colegio. Pasaba horas recostado en el pasto pensando, oyendo, sintiendo la música aún sin tocarla.

Yamato sabía que su estancia en el jardín no era un secreto; muchos de sus admiradores sabían dónde se hallaba, no obstante, nadie se atrevía a molestarlo. La vida y rutina de los D4 era muy conocida por todos los estudiantes del instituto, pero todos ellos respetaban las costumbres del los D4, sabían que era mejor no meterse con ellos.

–"Me pregunto si esa mujer regresó a casa por sí misma"– fue lo primero que dijo después de despertar –"Como mínimo vuelve a desmayarse y me causa problemas".

El rubio sacó su radiocomunicador y le dio una orden a su chofer. Luego salió de la escuela mientras notaba el cielo caído y observaba su armónica.

–"No he podido tocar nada decente desde que esa chica entró en mi vida"– renegó Yama, sacudiéndose el cabello claro –"¿Debería buscarla?... no es problema mío si vuelve a desmayarse… aunque no quiero que nadie más la rescate. Ella sólo puede deberme la vida a mí".

El sonido de su celular lo sacó de sus meditaciones. Era Taichi.

–"Imbécil"– saludó Yamato –"¿En dónde estuviste todo el día, Jo nos dijo que faltaste a clases y suspendimos nuestra reunión".

Yamato vio que su chofer le abría la limosina. Colgó el móvil después de haber oído las noticias de su mejor amigo.

–"Estúpido Tai"– logró articular antes de subirse al coche.

--

Koushiro aceleró la motocicleta, pero al mirar que se encontraba frente al edificio Fuji, paró el vehículo abruptamente, de modo que Cody Hida soltó un grito de terror discreto, como su personalidad.

–"Llegamos"– dijo Koushiro, bajando de la motoneta –"¿Sucede algo, Nieto-kun?".

–"No… nada, Koushiro-san"– Cody tenía el rostro algo pálido, pero se bajó del transporte sin soltar ningún quejido –"No sabía que manejaras motocicletas".

–"Ni yo"– sonrió Koushiro –"Me la regaló un amigo mi pasado cumpleaños y por las tardes suelo usarla. Manejar es divertido".

–"Koushiro-san, ¿un amigo te dio un regalo tan costoso?".

–"Taichi es millonario"– admitió Koushiro –"Nieto-kun, será mejor que te arregles el uniforme, quiero que todo luzca muy real".

Cody Hida se sacudió el uniforme de kendo.

–"¿Y qué es lo que tengo qué hacer?"– preguntó de manera modosa.

–"Tú sólo permanece callado y sostén este cartel, yo me encargaré del resto"– pidió Koushiro, sin prestarle importancia al rostro de preocupación que tenía el nieto de su sensei.

El cartel decía lo siguiente: 'Clases de Kendo en el Dojo Hida, ¡aproveche la promoción!'.

–"¿Koushiro-san, vas a hacerle promoción al dojo de mi abuelo?"

–"Algo así… ahora iremos directamente al departamento 9"– ordenó el pelirrojo –"Qué fastidio… Yamato hace los pedimentos más extravagantes".

–"¿Sucede algo, Koushiro-san?"– preguntó Cody.

–"No".– respondió el joven Izumi –"Parece que ya llegamos".

–"Koushiro-san, ¿no deberíamos haber empezado por el departamento 1?".

-"No estamos promocionando el dojo de tu abuelo, Nieto-kun, estoy investigando a una persona y necesito un pretexto para aparecer en su depa".

Cody se indignó ante la declaración sincera de Izumi, pero se contuvo.

–"Pero, entonces… ¿qué hago yo aquí?".

–"Eres el que da pie a la credibilidad de mi mentira, porque estás uniformado y llevas ese cartel".

–"Pero Koushiro-san, tú también eres parte del dojo e incluso eres más avanzado que yo, pudiste vestirte tú".

–"Pero no me gusta perder el estilo, Cody-kun, no me gusta salir a la calle con traje de kendo, tú sirves más para eso".

Cody volvió a reclamar internamente, no se imaginaba que ese chico era tan presuntuoso 'al menos no me dijo Nieto-kun' suspiró el castaño, que todavía cursaba la secundaria. Koushiro tocó el timbre y segundos después un hombre maduro, de piel morena y cabello oscuro le abrió.

–"Buenas tardes, señor"– dijo Koushiro, fingiendo inocencia –"Somos alumnos del dojo Hida y queremos saber si podemos quitarle unos minutos de su tiempo para hablarle de las promociones que hay en nuestra escuela para estudiar artes marciales".

Koushiro sonrió, Cody sostuvo con firmeza el cartel y el hombre que abrió, se rascó el cráneo, 'así que este hombre es el padre de Sora Takenouchi'.

–"Es bueno que los jóvenes practiquen artes marciales"– fue lo primero que dijo Takenouchi, lucía preocupado, estaba algo ojeroso –"Pero por ahora me temo que no cuento con el tiempo y la edad requerida".

–"Es una pena, señor...".

–"Takenouchi"– complementó el hombre.

–"Como le decía, es una pena que no tenga tiempo para practicar kendo, Takenouchi-san, porque el ejercicio es la mejor manera de relajarnos y de liberar tensión… más aún en el caso de las artes marciales; ¿hay alguien más en su hogar que pudiera interesarse en nuestra oferta?".

–"No lo sé, chico, deja preguntar".

–"De cualquier manera aquí le dejo un folleto, Takenouchi-san".

–"Gracias, joven"– el hombre aceptó el folleto y se lo guardó en el bolsillo, luego volvió la cabeza y exclamó: –"Shuu, ¿te interesa el kendo?".

El rostro de un joven de cara afilada se asomó por una de las puertas.

–"¿Qué dices, querido?"– Koushiro agrandó sus ojos negros al reconocer el cabello oscuro del muchacho, y los labios, y las cejas, y los ojos, ¡hasta las gafas!".

–"Que si te interesa tomar clases de kendo en un dojo"– repitió el señor Takenouchi, algo fastidiado.

–"Shuu-san…"– susurró el pelirrojo Izumi, bajando la guardia.

–"¡Pero si es Kou-chan!"– saludó Shuu, acercándose. Vestía un pantalón de mezclilla y una camisa de manta, desabrochada –"¡Qué sorpresa, pequeño, ¿qué haces aquí, ¿Joe-chan te lo dijo?".

–"¿Eh?... yo…"

–"Estamos promocionando una escuela de artes marciales"– explicó Cody, con educación.

–"¿En verdad, Kou-chan, no sabía que te interesaran esas cosas".

Izumi recobró energías y asintió.

–"Practico Kendo en el dojo Hida desde niño y pensé que podría ayudar a mi sensei si promocionaba su escuela".

–"Kou-chan siempre tan buen niño, pasa a tomar una taza de té junto con tu acompañante"– Shuu les indicó que tomaran asiento –"Querido, este pelirrojo tan encantador es uno de los mejores amigos de mi hermanito".

–"Mucho gusto"– dijo el padre de Sora algo más animado.

–"Pero Shuu-san, pensé que te encontrabas estudiando en el extranjero, al menos eso fue lo que nos dijo Jo".

Shuu suspiró.

–"Eso es lo que mi padre le dice a Joe que diga"– explicó Shuu –"La verdad es que me independicé… ahora vivo por mi cuenta con la persona que yo quiero. Estoy viviendo la libertad, Kou-chan, una libertad que me traerá problemas, pero que yo escogí… pensé que Joe-chan lo había superado, que les había contado a ustedes… yo sólo quiero que él encuentre la misma libertad que yo tengo ahora".

Koushiro apenas pudo contener su gesto de admiración, ahora comprendía porqué Joe odiaba tanto a Sora Takenouchi.

--

Sora salió del supermercado Inoue's, con una sonrisa en el rostro, ¡ya tenía empleo!; aunque el sueldo no era mucho, los señores Inoue (dueños del negocio) parecían buenas personas, y sobre todo, comprendían su situación de estudiante.

Takenouchi miró que el cielo ya estaba oscuro, tal vez por las nubes o quizá por el crepúsculo; a pesar de su cansancio, deseó que ya fuera lunes para comenzar a trabajar.

–"Disculpe señorita"– A Sora le tocaron el hombro –"¿Ha pasado por aquí un joven moreno, que lleva el mismo uniforme que usted?"

–"No he visto a nadie, oficial"– admitió Sora –"¿sucede algo?".

–"Se trata de un joven que huyó de su casa, al parecer peleó con sus padres".

–"Ya veo…".

–"Los custodios del joven lo están buscando"– explicó el oficial –", sólo que como la vi con el mismo uniforme que el chico perdido, pensé que a lo mejor lo conocía".

–"Si veo a alguien le aseguro que lo reportaré con algún oficial"– respondió Sora. El policía asintió con amabilidad y se alejó de ella. Sora encogió los hombros y siguió su camino, pero cuando iba atravesando un edificio abandonado, de nueva cuenta le tocaron la espalda.

–"¿Es usted otra vez, oficial?"– Sora giró, pero unas manos grandes y fuertes la jalaron de improviso al interior de la construcción.

–"Sora-chan, no me confundas con oficiales ineptos, ¡qué ofensa!".

–"¿Yagami-san, ¿qué haces aquí, ¡Espera, no me digas que tú eres el joven que busca la policía".

–"Sí"– dijo Taichi con orgullo –"Hoy he armado una de las mejores revueltas de los últimos meses"– Tai llevó a Sora por los recovecos del solitario edificio con una sonrisa en los labios –"¡me encanta estar de prófugo, si fuera un chico normal seguro iría a la correccional unos días, pero soy rico y afortunado… toda la mala suerte se me absorbió cuando tenía seis".

–"¡Yagami-san, ¿estás huyendo de casa!".

–"Sí".

–"Pero tus padres van a preocuparse".

–"Sí. Eso mismo busco".

–"¡No deberías hacerlo!"– regañó Sora –"Ellos deben estar preocupados por ti".

–"A veces, Sora-chan, tenemos que gritar para que nos escuchen"– mencionó Taichi –"El día de hoy le he gritado a mis padres para que se acuerden de que existo, para que me devuelvan a Hikari".

-"¿Qué dices?".

–"Arg, Sora, te ves tan sensual hoy"– suspiró Taichi, cambiando súbitamente de tema –"Es una pena que seas intocable".

–"¿Eh?"– articuló Sora –"No sé lo que estés haciendo, Yagami-san, pero no quiero involucrarme en tus problemas".

–"¿En serio, de pequeños nos involucrábamos en todo".

–"Jamás me dijiste que eras un niño millonario que habían secuestrado unos bandidos".

–"Eso es porque no lo recordaba… daría todo por haber seguido con amnesia, pero en vista de que no se pudo, aún tengo mis métodos para llamar la atención".

Sora guardó silencio. No comprendía a ese chico.

–"Estúpido Tai"– escucharon los jóvenes de pronto –"Aunque te portes mal, no te darán premios".

–"¡Yama!"–saludó Taichi. Yamato saltó al interior del edificio por una de las ventanillas. Sora se lamentó internamente: la aparición del rubio Ishida era lo que menos necesitaba.

–"Eres un irracional, hay un séquito de policías y guardaespaldas rastreándote el pellejo ahí afuera".

–"No es para menos, seguro que ya le informaron a los viejos"– rió Taichi.

–"Traje tu vía de escape, como me lo pediste, pero yo que tú mejor dejaba de jugar al aventurero intrépido y me entregaba".

–"¿Bromeas, ¡si me la he pasado de lujo, hasta me topé con tu hermanastra, Sora-chan".

–"Yo ya me iba"– rugió Sora, como ventisca, pero Yamato la sostuvo del brazo.

–"Si sales del edificio las patrullas te interceptarán y estarás en problemas; entiendo que las mujeres tengan el cerebro más chico que los hombres, pero al menos hay algunas que hacen el intento de pensar, así que has un esfuerzo y ten un poco de sentido común".

–"¡Saldré de este edificio y gritaré a los cuatro vientos lo que está pasando!".

–"Ya oíste a la mujer, Tai"– dijo Yamato –"Normalmente te apoyo en tus locuras, pero tengo pereza esta vez, ¿crees que fue sencillo venir acá adentro, papá no me prestó el helicóptero y me da flojera usar la otra vía de escape".

–"No quiero volver a esa casa hasta que Kari-chan regrese…".

–"¿Crees que Hikari no está preocupada por ti?"– le insistió Yamato a Taichi, sin soltar el brazo de Sora –"¿Crees que no está enterada de que su hermanito se vio involucrado en un macro-choque del que milagrosamente salió vivo?".

–"Ya cállate, Yamato, estás más fastidioso que Jo y Kou fusionados".

–"Alguien tiene que hacerte entrar en razón".

En esos instantes se escuchó un ruido grave, se tambaleó el lugar, a lo lejos se escucharon unas voces: 'aquí está la corbata del Joven amo', '¡Es por aquí!'.

–"Maldición, tus guardaespaldas han entrado, ahora tendremos qué huir"– renegó Yamato.

–"No"– dijo Tai –"Tienes razón, este juego es cansado… voy a entregarme".

–"Mh, a buena hora te decidiste, ahora tendré que lidiar con esos policías y con tus amados custodios, para el colmo esta mujer de mi servidumbre está fastidiándome de nuevo; sin falta mañana te pongo tarjeta roja".

–"Escóndanse… ¡ahí, en ese elevador, yo me encargo de que no los busquen".

Taichi corrió hacia el elevador y lo activó. El aparato abrió sus puertas de inmediato. Taichi empujó a Yamato y éste jaló a Sora con él.

–"Suerte, tórtolos"– susurró, luego se aclaró la garganta –"¡Aquí estoy, bola de inútiles, esta vez tardaron mucho en encontrar al Joven Amo!".

La voz de Taichi se perdió tras las puertas del ascensor. Yamato pulsó un número al azar y el elevador comenzó a subir pisos, uno tras otro, track-track-track.

–"Este elevador de pobres parece tan débil, con razón este edificio está abandonado"– renegó Yamato.

Entonces a lo lejos se escuchó un nuevo estruendo, el ascensor se sacudió y dejó de subir.

–"Maldición"– dijo Sora, al notar que el elevador quedaba paralizado.

--

Cuando la lluvia comenzó, Koushiro se resguardó en una tienda de revistas. Se la pasó ojeando algunos periódicos y mató el tiempo contando la cantidad de revistas pornográficas que vendían en el lugar. Tenía los ojos fundidos en esos papeles, pero pensaba en otras cosas. Tenía la mente en su amigo Joe y en los sentimientos que éste experimentaba, por otro lado estaba contento de haber descubierto un secreto, sólo con los secretos de otros saciaba su curiosidad.

El clima estaba sonámbulo, llovía lentamente, arriba se oían truenos y brillaban los relámpagos, pero a lo lejos, tras algunas nubes, todavía se infiltraban los rayos de sol.

Koushiro revisó su reloj, miró el edificio que tenía enfrente y notó que varios jóvenes empezaban a salir de él. Entonces sonrió ligeramente, cruzó la calle y a pesar de la lluvia esperó con paciencia que entre los jóvenes apareciera su amigo.

–"¿Kou?"– Joe descubrió al pequeño de su grupo a unos pocos pasos de él "¡Kou-kun!".

–"Hola Jo-senpai, te estaba esperando"– dijo Koushiro; se cubría de la lluvia con el saco del instituto.

–"Toma, usa mi paraguas extra"– aconsejó Joe.

–"Senpai, eres el único chico que conozco que trae consigo dos paraguas".

–"Sonará muy obsesivo, pero bien que te sirve, ¿no es así?"– replicó Kido, sonriendo.

–"¿Qué tal las clases vespertinas?"– preguntó Koushiro.

–"Aburridas"– admitió Joe.

–"Deberías dejarlas"– opinó Kou –"No las necesitas".

Joe miró largamente a Koushiro. Le hubiera gustado robarle el cerebro, los ojos curiosos y la voz, por eso negó de repente, como reprochándose por pensar así.

–"Es muy extraño que hayas venido a buscarme… ¿Sucede algo?".

Izumi adoptó una pose seria mientras ajustaba el paraguas de Joe.

–"Hoy vi a tu hermano Shuu"– dijo de repente el pelirrojo, bajando la mirada.

Joe se quedó en silencio, sintió que la incertidumbre le subía hasta el pecho y le alteraba la respiración.

–"Estaba averiguando sobre el padre de Sora Takenouchi y descubrí la verdad que nos has ocultado"– siguió diciendo.

–"¡Cómo odio tu curiosidad!"– reprochó Joe; en poco tiempo los ojos se le habían enrojecido. –"… no tienes ningún derecho de husmear en la vida de los demás".

–"No me importa husmear en la vida de los demás"– sinceró el pelirrojo –"pero entiendo tus sentimientos".

–"¡Por supuesto que no!"– renegó Joe –"Tú podrás ser muy listo, Koushiro-kun, pero no entiendes los sentimientos de las personas".

Hubo un extraño silencio entre los dos personajes. Koushiro siguió con la vista baja, directa al asfalto; Joe en cambio miró hacia arriba, se topó con las nubes de lluvia.

–"Shuu-san me dijo que te dijera que te extraña… me dijo que quiere que tú también encuentres la libertad que ahora él tiene".

–"… si libertad significa darle la espalda a tu familia por culpa de un viejo homosexual, prefiero ser esclavo toda mi vida".

De nuevo quedaron callados, hasta que Izumi alzó la mirada y logró encarar los ojos filosos de Joe Kido.

–"Siempre supe que odiabas a Takenouchi-san por una razón ajena a lo ocurrido en el colegio"– el joven de cabello rojo tomó aire, notó que la lluvia se estaba extinguiendo –"pero siempre he pensado que eres el más justo y sincero de nosotros cuatro… Tai es un cabezotas y Yamato y yo somos algo fríos… y tú, Jo-senpai, siempre estabas ahí para hacernos entrar en razón… por eso pensamos que eras perfecto para ser el juez de los D4…".

–"¡Pues ya ves que soy igual de banal que todos!".

–"Jo-senpai, es triste saberlo… porque… bueno… seguro comprendes que es injusto que los hijos paguen por las culpas de los padres. Si los padres son personas que asesinan, que roban, que hieren… quiere decir que los hijos también tienen culpa de eso, no entiendo… ¿por qué repudias a Sora-san por lo que hizo su padre, entonces ella debería hacerte la vida imposible a ti, porque está en la misma situación que tú… pero la realidad es que tú no tienes que ver con las acciones o preferencias de Shuu, así como Takenouchi no tiene la culpa de que su padre quiera a tu hermano".

–"Eso ya lo sé, no tienes qué decírmelo… de cualquier modo, ¿por qué te interesas tanto en Takenouchi y en su situación familiar?".

–"Es horrible que culpen a los hijos por los errores de los padres"– susurró Kou, como si recordara algo –"Creí que debía recordártelo".

–"pues ya lo hiciste, ¿algo más?".

–"La lluvia"– dijo Koushiro –"está desapareciendo; debo irme a casa; gracias por el paraguas, pero... ¡prefiero mojarme un poco más!".

Koushiro devolvió el paraguas a su amigo, le dijo adiós con un gesto y comenzó a alejarse.

–"Kou-kun es el único de nosotros cuatro que parece haber tenido la vida perfecta"– se dijo Joe –"pero siempre que lo miro, siento como si escondiera un terrible secreto"– Joe entonces se limpió la garganta y gritó: –"¡Gracias por recordármelo, Koushiro-kun!".

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El elevador estaba muerto. Primero se había detenido por un apagón, pero ahora que la luz había vuelto, no funcionaba. Yamato Ishida respiraba aprisa mientras caminaba en círculos buscando una solución.

Había tratado de abrir el techo del elevador, pero estaba atascado; habían pedido ayuda por el intercomunicador del ascensor y no habían obtenido respuesta; no funcionaba ni su radio, ni su celular. La luz dentro del ascensor era leve, chamuscada; afuera, a lo lejos, se oían los truenos de una posible tormenta.

Sora estaba en silencio, recargada en una de las esquinas. Tenía un sentimiento aplastado, frío y oscuro. Los sitios cerrados le enchinaban la piel y perdía noción del tiempo: los segundos se hacían minutos; las horas se convertían en días. Su respiración se confundía con los latidos del corazón, y el hecho de ver a Yamato deambular por los alrededores no ayudaba en nada.

–"¡Pero cuando salga de aquí voy a asesinar a Taichi!"– exclamó Yamato, sin detenerse; parecía león enjaulado –"Maldito elevador de pobres".

–"Detente, estás gastando energías de oquis"– regañó Sora –"¡te estás acabando todo mi oxígeno!".

–"Cállate, mujer, no te di permiso de hablar".

–"Tenemos qué esperar a que alguien nos encuentre"- opinó Sora, tratando de mantener la calma.

Sin embargo la calma estaba lejos, allá afuera junto con la lluvia y los truenos. Adentro de ese elevador había una vorágine, un huracán que la hacía sentir intranquila. Odiaba los sitios cerrados. Los odiaba. Sora se cubrió el rostro, una extraña sensación de migraña la estaba acogiendo; por cada trueno que se oía afuera, Sora miraba dentro de ella un fragmento borroso de recuerdos y una vocecita llena de miedo le decía: 'Sora-chan, ellos son malos, ven, escóndete conmigo'. En su mente, la vocecita iba adquiriendo forma: unas piernitas morenas y muy delgadas, los cabellos chocolates, despeinados, sucios… la carita chamagosa de miedo y mugre.

'¿Tai?' se preguntó Sora. Cerró más los ojos y se recordó de niña, escondida junto con Taichi Yagami en un bote de la basura. El hedor a basura la incomodaba, todo estaba oscuro y afuera, en la calle, había señores con pistolas que la hacían llorar a ella, y también a Tai.

–"Había unos hombres"– dijo Sora abriendo los ojos, regresando a la realidad –"ellos traían armas y estaban persiguiéndonos".

Yamato se detuvo y miró hacia la pelirroja.

–"Estaban buscando a Tai-chan, pero yo no comprendía… él tampoco entendía mucho; me pidió que me escondiera con él, era un sitio oscuro pero estuvimos ahí toda la tarde… me costaba respirar y cuando nos asomábamos, los hombres con pistola seguían rondando los alrededores".

–"¡¿Cómo eran esos hombres!"– exigió de pronto Yamato, mirando a Sora.

–"¡No sé!"– exclamó la pelirroja, dejándose caer al suelo del ascensor –"¡Sólo recuerdo las pistolas y la carita angustiada de Taichi!".

La respiración de Sora se había acelerado, Yamato se hincó al lado de ella y la sostuvo de los hombros.

–"¡Has un esfuerzo, recuerda!".

–"Sólo recuerdo el horror… estaba oscuro… había basura a nuestro alrededor… nos daba miedo respirar, porque Tai y yo sabíamos que esos tipos eran malos… yo… yo… ¡yo no recordaba nada de esto!... pero aquí, encerrada aquí… yo…".

Yamato notó que los ojos de Sora se dilataban, la mirada orgullosa de la chica se perdía.

–"¡Yo odio los sitios cerrados!"– admitió Sora, con la voz trémula. Se encogió y se abrazó a sí misma. Yamato quedó estático, escuchaba la respiración de Sora una y otra vez, siempre más veloz, como locomotora.

–"Tranquila"– susurró, tocándole la cabeza a la chica –"No quise presionarte".

Sora no respondió.

–"Si te hace mal tener esos recuerdos, no me los digas".– Sora seguía sin responderle.

Yamato entonces, sin saber por qué, sacó de su bolsillo su armónica. Se sentó al lado de Sora y comenzó a tocar.

La música salió de su aire y se volvió la luz del elevador. La música a lo mejor no subía pisos, pero destruía fronteras.

La música de Yamato era azul. Como el cielo, como los ojos del niño que Sora había visto en la pintura de la casa Ishida. El sonido de Yamato era algo que se arrancaba de su esencia. Sora levantó el rostro un poco, de reojo miró al líder del D4.

Yamato lucía hermoso. Los ojos entrecerrados acompañaban la música, la armónica cubría los labios delgados del joven, los cabellos estaban desparramados, ligeramente húmedos; las mejillas las traía rosadas, llenas de vida. Sora no pudo evitar conmoverse. Ahí estaba ella, admirando al chico que la insultaba y la odiaba; el chico que solía herirla le estaba tocando una oda a la esperanza o a algo parecido.

De improviso el elevador le pareció más grande, los recuerdos de su infancia con Taichi desaparecieron. Sora se odió esos instantes, cuando se le diluyó la histeria; se odió por ser tan débil y sentirse atraída por los encantos de ese chico, que parecía una estatua de los dioses.

Con su mano libre, Yamato tocó a Sora y la hizo acercarse a él, de modo que Sora recargó su cabeza en el hombro del rubio. La música seguía sonando, Yamato había endurecido la mirada, Sora seguía confundida por lo que estaba experimentando. Cuando había puesto su cabeza en el hombro de ese chico, se le había quemado el corazón y no sabía cómo reaccionar.

La respiración de Yamato se acompasó con la de Sora. La melodía entonces se extinguió sin previo aviso; el joven Ishida soltó su armónica y se acercó a los labios de Sora. Se detuvo cuando los tocó y sonrió mordazmente, luego se desvió hasta llegar al oído de la chica, quien en esos momentos estaba entumida, sin poder moverse, ¿qué le estaba haciendo Ishida, ¿por qué le tocaba los labios, ¿por qué la paralizaba?

Yamato le lamió la oreja y después se le escuchó una risita sin vida.

–Sora– dijo el rubio, era la primera vez que la llamaba así –Soy un demonio... y acabas oír el sonido de tu destrucción.

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Continuará…

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Tuve que detenerme aquí, a pesar de que quería alargar más la escena del elevador, pero de cualquier modo el cierre no me pareció tan malo (de aquí en adelante las cosas se pondrá mucho mejor entre Sora y Matt!). Espero que este capítulo les haya gustado… a decir verdad a mí se me complicó un poco hacerlo, ya que hacía tiempo que no escribía sobre los D4. En este episodio, además, no hay muchas coincidencias con animes shojo, pero sí hay ciertos detallitos, como la escena del elevador (que sale en Hana Yori Dango) y un poco de KareKano con la actitud de Miyako y su relación con Koushiro. También aparecieron nuevos personajes, habrá que ver que pasa con Cody y con Ken en el futuro. Espero que próximamente ya pueda explicar bien lo del secuestro de Taichi y su extraño comportamiento, también vamos a saber por qué no puede ver a Hikari muy a menudo… por otra parte, sabremos qué hará Joe ahora que Kou descubrió lo de Shuu y el papá de Sora… ¡Ah! Y claro, sabremos más de Yamato, de su hermano Takeru y de esa hermosa música que emana de él (y que conquistó momentáneamente a Sora)… y por último, el próximo capítulo se anexará a la trama el personaje de Mimi Tachikawa.

Agradecimientos especiales a: criskizuna, Lizirien, Isfryd Beloved (2), kibun No Tenshi, anita-asakura, adriannita, Alexeigirl, Chikage-SP, HeLLeNsItA16, Dark angel love, Atori-chan, SkuAg, doberman-fire (2), mItSuKi Tao, Naoko Tsukino, Maya, MImato, Priss Yoshisuky (3), Jade Saotome Kusagami... y también gracias a todos aquellos que también leyeron (si me faltó alguien en la lista me disculpo, soy algo descuidada).

Me animan mucho con sus comentarios, espero no decepcionarlos con esta historia.