(16 de marzo de 1744)

No debería sentir pena por un humano, he visto caer hermosas e inocentes criaturas cuya pureza podía durar años, tal vez un siglo.

Lo hice, no lo niego... pero debo admitir que habrá algo bueno en esto, el muchacho debe dar el primer paso... yo sólo soy una circunstancia en los planes y tiempos divinos.

...

La comprometida Sofía cayó enferma, debía permanecer en cama; aprender con ahinco sin pensar en el clima trajeron como consecuencia un severo caso de neumonía.

Lo último que recordaba fue que en su clase de ruso comenzó a sentirse débil y con fiebre y justo al recibir una lección de religión ortodoxa todo quedó en voces y tinieblas.

Lo primero que vio al volver en sí fue el muy bien decorado techo de su habitación volteó a su costado derecho y un ramo de girasoles frescos adornaba la mesita de noche

—Si yo fuera usted seguiría durmiendo, da. —se oyó una voz no tan aguda pero sí infantil. El muchacho de bufanda rosa y ojos violetas era el dueño de esa voz. Aquel chico que trabajaba en la servidumbre del palacio— ya es de noche y desvelarse no es bueno. —dijo mientras acomodada otra manta encima de la cama— se recuperará, por eso no vendrá un cura luterano ni un monje ortodoxo.

—Zdrastvuite —dijo con una voz algo audible— Al fin nos conocemos.

—Chto?

—No es nada... por cierto, Kak tibya zabut? (¿Cómo te llamas?)

—Iván Braginski, minya zabut (me llamo) Iván Braginski.

—¿Eres judío?

—Niet, soy ortodoxo...

—Da, ya veo... supuse que por tu apellido... ¿Hace cuánto que estas aquí?

—Desde que las damas se fueron, creo que como tres horas o más... —informó, siempre con la cabeza baja.

—Me refería a tus años en el castillo —sonreía.

—No puedo decirle... ni siquiera de donde vengo, es que yo...

—¿Eres tímido?

—Niet, es solo que no me dejan hablar con los invitados, los asusto con mis historias —dijo con un tono de tristeza.

—Panimayu (entiendo)...

—Si usted quiere me puedo retirar...

—Espera, no te he agradecido por tomarte el tiempo en cuidarme.

—Nie sa chto (no hay de qué), señorita...

—¿Te gustaría conocer mi historia?, no es muy larga.

—Da —se sentó en la alfombra al lado de la cama de Sofía.

—No te sientes ahí, te enfermarás como yo. Ven, siéntate a mi cama.

—¿E-está segura?

—Si te da miedo contagiarte, puedes sentarte al pie de mi cama y por favor deja de hablarme de usted.

—... Da. ¿Qué historias tienes para contarme?

—Bien... vengo del reino de Prusia, un reino hasta hace meses asombroso. Me eligieron para casarme con el hijo de la Zarina.

—De hecho es su sobrino.

—No lo sabía...

—Lo quiere como su hijo pero eso es aparte... ¡Cuéntame más!

—Jarashó (bien), yo me iba a casar con mi tío, aunque yo realmente no quería, pero un día... un hombre albino llegó con una carta para mí y la leyó informándome que me iba a casar con Ulrich

—Pero después le dijeron que sé casaría con Piotr y rechazó al otro prusiano, ¿da?

—De hecho "Ulrich" es el segundo nombre de Piotr... ya lo había conocido cuando niña.

—Suena lindo, que se hayan conocido de niños y al final se casen... es muy raro ver novios que se casen enamorados, casi todo es por arreglo y obligados.

—Es verdad, casi nadie se casa por amor... bien en donde iba... ah sí, me dijeronque me comprometía con Ulrich

—¿Cual Ulrich?

—Con Piotr Ulrich, el sobrino de la zarina.

—Ahh es cierto

Fue entonces que Acepté e inmediatamente —la princesa bostezó— mi madre y yo tuvimos que viajar hasta aquí y entonces...— Sofía se quedó dormida.

—Spokoynoy nochi —dijo el ruso al retirarse de la habitación.

Si se creyó que mientras Sofía se recuperaba con lentitud dejaría de practicar ruso debieron ser más observadores, el joven Iván pedía permiso a las damas de acompañarlas mientras la atendían. Ellas no veían con malos ojos al muchacho, pues era más fácil cambiar las sábanas mientras él conversaba con la princesa:

—Habla muy bien mi idioma y tiene muy bonita letra.

—Gracias, eres muy amable.

—Nie sa chto...

—¿En qué piensa?— le pregunta con franca inocencia.

—Me han dicho que los extranjeros no son bien recibidos aquí.

—Lo sé, pero ya casi habla mi idioma. Normalente a la mayoría no le gusta aprenderlo y dice que es muy complicado pero ahora ya no lo es tanto, si le hubiese tocado nacer en 1560...

—Da, eso me dijeron, de todos modos lo hubiera aprendido.

—Peroen ese año gobernaba Iván VI "El severo".

—Querrás decir Iván IV "El terrible".

—Niet, niet —movía la cabeza en señal de negación— hay un error de traducción en la palabra, verá —explicaba mientras tomaba la pluma de Sofía y escribía en su cuaderno— El verdadero sobrenombre de Iván era "Grozny" que significa "severo", "terrible" en ruso significa "uzhasnyy", aquí le escribo su pronunciación. En europa siempre tuvo mala fama aunque le gustaba la idea de ser llamado terrible.—añadió—

—Cada día se aprende algo nuevo —decía la prusiana mientras veía lo que había escrito el joven— tú también tienes bonita letra y hasta sabes escribir el alfabeto común.

—Spasiva (gracias) —decía con su sonrisa habitual.

—Me has sido de gran ayuda y no sé cómo agradecerte... —le decía mientras le revolvía el cabello.

—No es nada, en realidad yo...

—¿Alguien sabe a donde se fue "durak"? —se escuchaba la voz del príncipe.

—Ulrich, qué bueno que te veo —le decía Sofía con una sonrisa enamorada.

—Hallo, querida. Me alegra que estés aquí y que "Iván durak" también... tengo una pieza que saqué con mi violín y quiero que sea el primero en escucharla. Andando, durak.

—¿No crees que sea ofensivo que le digan "durak"? conozco el significado de la palabra.

—Pero si ese apodo le queda —decía mientras apretaba la cara del sirviente de temple infantil— y es muy conocido por su sobrenombre en todo el palacio... no hay de qué preocuparse, es más... ahora me lo llevo. —y jalándolo del brazo se lo llevó.

Al terminar el día todos se reunieron a la cena. La Zarina estaba a la cabeza de la mesa y por esa ocasión Sofía estaba a un lado de ella. El contraste en modales entre los comprometidos era tal que se preguntaban si el matrimonio funcionaría... hasta que un incidente interrumpieron los pensamientos y opiniones en voz baja de los invitados:

—Te dije que no había mejor vino que el vino alemán —le decía al joven Iván quién tenía arruinada su blusa de lino que apenas había conseguido limpiar de aquella mancha de vino de hace quince semanas— mucho mejor que el vodka del que tanto hablas.

—¡Karl Piotr Ulrich, deja de hacer el ridículo! —la zarina reprendió al príncipe. Todos se quedaron callados ante tal escena.

—De seguro algo habrá hecho ese niño —cuchicheó la madre de Sofía.

A pesar de la imprudencia de Piotr con la nación esclava la cena fue un éxito por la deliciosa comida rusa.

Todos los invitados se habían retirado a excepción de los que habitaban el palacio. Sofía iba directo a su habitación con un libro y su cuaderno de anotaciones entre los brazos cuando se escucharon desde el pasillo una voz que murmuraba "kolkolkolkol".

—¿Quién anda ahí? —y aquellos murmullos dejaron de escucharse.

—Salga inmediatamente de ahí y dígame su identidad...

—Jarashó... pensé que nadie me escuchaba.

—¿Iván?, ¿Qué tienes?

—Nada, señorita... soy sólo yo —le decía mientras agachaba la cabeza.

—Fue por el incidente de la cena, ¿cierto?...

—Niet, esto ya tiene años.

—Ya veo...

—¿Antes de que se vaya podría pedirle un favor?

—¿Cual?

—Si Piotr llega al poder, haga todo lo posible por que él ya no me moleste.

—C-claro... haré todo lo posible por que no te lastimen. Nikogda bol'she (nunca más)

—Balshoi Spasiva y buenas noches —dicho esto el rubio se fue corriendo.


Aprovechando que están los juegos de Sochi aquí está un nuevo capítulo de la serie "La chica que soñaba en grande a los ojos del General". Hay una leyenda que recita que mientras Catalina II deliraba en su enfermedad, su mamá iba a pedirle un cura luterano pero ella pidió forzosamente un padre ortodoxo... según la wikipedia en inglés.

Otra afición de Pedro III era tocar el violín y fastidiar a los criados... tenía una actitud inmadura y caprichosa.

El apodo de Iván IV "El terrible" ha sido un error de traducción y como el ruso explicó, le decían "el severo"

"Durak" significa "idiota" o "loco". En los cuentos de Rusia normalmente el hermano más joven se llama Iván y casi siempre al principio de la historia es despistado, distraido o más bien imprudente; sin embargo al final del cuento (y con un toque de magia) resulta ser el más afortunado ganando el trono y quedándose con la chica ;D En ese entonces no era tan conveniente llamarse Iván por ese tipo de burlas.

Hay más clichés en los cuentos rusos que puede que los ponga en los próximos capítulos...


No duden en dejar review o bien agregarlo a favoritos ;)