Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía. Ahí va otro capítulo! :)

BPOV

Estoy segura de que en otra vida, tuve que ser una horrible persona. Una psicópata, una torturadora, una avariciosa o incluso la hija del demonio, porque lo que estoy sufriendo, no es normal.

La respiración comenzó a fallarme, escuchaba los latidos de mi corazón en la cabeza, y estaba levemente mareada.

Traté de controlar mis emociones apretando fuertemente mis puños, antes de que pudiera cometer alguna imprudencia. Podía notar perfectamente cómo me clavaba las uñas en la palma de mi mano. Cerré los ojos y respiré.

No quería parecer una loca sulfurada.

-Edward,¿ me estas escuchando?- Tanya seguía insistiendo. Perra estúpida.

Miré hacia Edward, quien se había quedado mirándome. ¿Habría visto mi repentino cambio de actitud?

Al parecer se dio cuenta de que estaban llamando su atención, ya que se giró rápidamente.

-Ehh, sí, perdona, Tanya.- Por lo menos no le ponía motes melosos. Algo es algo. Estoy segura de que no podría soportarlo.- Me parece que Esme lo sabe. Pero de todas formas...- Desconecté del mundo, me levanté y me dirigí a la cocina, donde supuestamente debería estar parte de mi manada.

Edward me dirigió una mirada preocupada, pero le hice un leve gesto con la mano, indicándole que no pasaba nada.

Pero sí pasaba.

Cada intercambio de palabras, cada sonrisa por parte de Tanya, cada gesto. Todo hacía que mi pecho doliera con cada latido, que mis ojos se llenaran de agua y que sintiera una impotencia que no he sentido en mi vida. Ni siquiera cuando se marchó mamá y Charlie y yo tuvimos que arreglárnoslas solos.

En el resquicio de la puerta de la cocina se apoyaba Sam, sin formar parte de la conversación que se estaba desarrollando dentro.

Su semblante estaba serio, y golpeteaba la pared con sus dedos. Estaba nervioso.

-Bella, yo...- Lo callé alzando mi mano.

-Tú lo sabías.- susurré furiosamente.- Lo sabías y me engañaste...- Estábamos muy cerca el uno del otro. Cualquiera que nos hubiera visto, podría haber pensado erróneamente, pero mi intención era que no se enteraran los ocho vampiros que habitaban en la casa. Aunque en realidad me importaba un bledo que Tanya se enterara de que podría saltar sobre su prometido en cualquier momemento.

-No pude hacer otra cosa, Bella. No estabas dispuesta a visitarlo de ninguna de las maneras. Imagínate si te digo que tiene pareja.- Otro cuchillo en el pecho. - Piensa que es por el bien de la manada. Podemos crear lazos.

Mi manada, mis propios compañeros me habían traicionado para crear lazos.

Me sentí como si me hubieran dado una patada en el estómago. La manada era lo único real en mi vida. El único punto de apoyo. Lo único en lo que realmente confié, y me habían utilizado.

Pero estoy segura de que no todos estaban de acuerdo con esta decisión. A mi mente llegaba el recuerdo de la mirada furibunda de Leah, y la ira de Jake. Ellos seguían ahí para mí.

-Pues crea los lazos tu mismo. No pienso ser una lame-culos para que tengas más soldaditos.- Unas lágrimas se escaparon de mis ojos, pero las limpié con rabia.- Todavía no puedo creer que me hayas traicionado.-Comencé a alejarme de Sam.

-No es así Bella, no te pongas dramática.- Su intento para calmarme solo aumentó mi furia.

-¿¡Dramática!?- Grité. Supongo que ya no me importaba que se enterara todo el mundo.- ¡No tienes ni puta idea!- Los habitantes de la casa habían acudido al oír mis gritos, pero se mantenían a una distancia prudencial. Puede que me hubiera pasado un poco. Solo un poco.

-¡YA BASTA,ISABELLA!- La voz alpha de Sam no se podía contradecir. Se hacía lo que decía sí o sí, y ante la presión, mi cuerpo comenzó a temblar, preparándose para transformarse.- ¡FUERA!- Con su musculoso brazo indicó en un violento movimiento la puerta hacia la salida.

Los Cullen, al otro extremo del pasillo, estaban sorprendidos. Alucinando, se podría decir. La cara de Carlisle no parecía muy alegre, y Esme tenía los labios fruncidos.

Ni siquiera me atreví a mirar su expresión. Aunque seguramente sería de confusión total.

Empecé a expirar violentamente, mi pecho subía y bajaba, todo mi cuerpo temblaba y podía sentir la adrenalina correr por mis venas.

Crují los dedos en un intento de canalizar mi ira y no pegarle un puñetazo en la cara a quien se me pusiera por delante.

Acaté la orden de Sam y fui rumbo a la salida pateando el suelo más de la cuenta. Agarré un trozo del marco de la puerta y lo destrocé, pero me dio igual.

Los Cullen son asquerosamente ricos, y esto no les supondría un problema. Es más, si por mi fuera, hubiera roto un par de jarrones más, pero parecían tener un valor sentimental para Esme, y no podría soportar ver escrito en sus ojos la decepción.

Comencé a correr por la hierba y a lo lejos pude oír a Sam decir algo, pero seguí corriendo.

La piel me quemaba, y las pulsaciones eran cada vez mayores. El paso previo a la transformación es una experiencia única.

Cogí impulso, salté y... caí en mi forma lobuna.

Sonreí para mis adentros al imaginarme la reacción de los Cullen cuando me vieron convertida en un lobo blanco.

Aceleré y me concentré únicamente en llegar a La Push.

…...

Leah, y Jacob ya me esperaban delante de la casa de los Black cuando yo llegué. Sam les habría avisado de mi repentino ataque.

Dejé mi forma lobuna y caminé lo poco que me faltaba con pies humanos.

Jacob, ante mi desnudez, giró la cabeza notablemente avergonzado y eso me hizo sonreír un poco.

-Oh, venga ya Jake. No hay nada que no hubieras visto antes. Me conoces desde que Charlie me cambiaba los pañales.- Mi voz tenía un matiz burlesco.

Jake farfulló algo como "en ese tiempo no sabía que eras una chica" y no pude hacer más que reírme a carcajada limpia.

Al ver que mi risa no terminaba, ellos se contagiaron y terminamos riéndonos como tres tontos.

Leah llegó hasta mí me dedicó una sonrisa tranquilizadora , me rodeó los hombros con un brazo y me llevó hacia la casa de los Black, seguidas por Jacob.

-Esto debe quedarte bien.- Una vez dentro Jacob me entregó una camiseta ancha y vieja mientras ellos se sentaban en el roñoso y hogareño sofá.

-Jake, esto lo puedo usar como vestido.- La camiseta me tapaba hasta las rodillas.

-¡Pues mejor! ¡Ya no necesitas pantalones!- Bufé fastidiada y Leah se rió tontamente. Quedaba bastante claro que tendría que andar con esta cosa puesta hasta que alguien pudiera traerme algo.

Me senté al mismo tiempo que Jake se levantaba. Alcé una ceja en su dirección y el me miró con una sonrisa mientras desaparecía por la cocina.

Al volver, traía consigo una bolsa llena de chocolatinas y gominolas de todos los sabores.

Pienso que mi ancha sonrisa dejó bastante claro mi agradecimiento.

-Bells- Me interrumpió Leah mientras batallaba con una chocolatina rellena de caramelo.- No intentes alargarlo más. Sabes que tarde o temprano nos tendrás que contar.- Suspiré. Leah tenía razón. Precisamente a ellos no podría ocultárselo por mucho que quisiera.

-Me siento humillada, Leah...- comencé a relatar.- Está prometido... y nadie me dijo nada.- Ellos bajaron la mirada. Estoy un 80% segura de que Sam les obligó a cerrar la boca. Ahí estaba la razón de la mirada de Leah.- Siento ganas de llorar a todas horas. La razón por la cual daría cualquier cosa, está enamorado de alguien. Y no es de mí.- Mi voz se iba tornando cada vez más quebrada, y mi mandíbula temblaba."Bienvenida al club" alcancé a escuchar como susurraba Leah- No tengo nada que hacer Leah. Veré como realiza su vida, veré como cuida y hace feliz a su esposa.- Lágrimas brotaban de mi rostro.- Y yo me quedaré en un rincón. Soñando con que es a mí a quien cuida y protege, a quien mima.- Alcé mi mirada vidriosa hacia Jacob y Leah.- Y lo peor... es que estaré presente en todos y cada uno de los momentos de su vida a partir de ahora, porque soy totalmente incapaz de separarme de él.

Sollocé y sentí como dos pares de brazos me abrazaban. Y me derrumbé.

Lloré como una niña pequeña que se siente perdida.

Lloré por la traición de mis compañeros.

Lloré por la maldita, estúpida y molesta imprimación.

Lloré por inminente boda.

Lloré porque me sentí más sola que nunca.

Lloré, lloré y lloré por Edward.

Podríamos haber estado en ese maltratado sofá, abrazados los tres toda la tarde.

Fue por fin Sue, quien vino a altas horas de la noche preocupada por la llamada de Billy, el cual nos encontró a los tres en ese pésimo estado.

Nos preparó chocolate y nos consoló como si fuera nuestra madre, acariciando nuestros cabellos y limpiando mis lágrimas.

Jake y Leah se fueron a dormir, pero yo me quedé en el sofá con Sue. Pensarían que lo mejor era que estuviera un rato a solas con Sue.

-Ya está, cielo.- dijo Sue acariciándome la mejilla.- Duérmete, te hará bien.- Ella comenzó a tararear una suave melodía, y ,entre consuelos y música, conseguí relajarme hasta quedarme dormida.

No era de extrañar que a la mañana siguiente me doliera la cabeza como si alguien se hubiera puesto a pegar martillazos en mi cerebro. Me había pasado todo el día anterior echa un mar de lágrimas.

Pero el suave reflejo del sol que se colaba por la ventana de la cocina de Billy, era relajante. Hacía cosquillas en mi piel, como el roce de una pluma.

La Push debería ser considerada una maravilla más en este mundo. Después de todo, es una de los paisajes que no ha sido estropeado y deteriorado por la industrialización. Hay que darle las gracias a las personas que en su momento se negaron rotundamente a modificar su lugar de origen. Era un sitio donde se respiraba pureza.

-Bells, pequeña- Jacob al entrar en la cocina, comenzó a hablarme.- Sé que no es el mejor día para decírtelo, pero te recuerdo, que has sido matriculada en el instituto de Forks, y mañana Lunes deberías empezar.- Mierda, me había olvidado por completo del estúpido instituto.

Tras mi conversión lobuna, me apunté al instituto de La Push, por recomendación de Billy, pero apenas había pisado las clases desde entonces.

Quizás iba cuatro o cinco veces al mes, pero no más. Es más, no lo había pisado en tres meses. Era más por precaución que por otra cosa. No me imagino despedazando a un profesor al enfadarme por haberme echado la bronca; puedo llegar a ser muy irascible.

Supongo que mis notas deberían ser pésimas, pero no me importaban lo más mínimo. A Charlie le debió afectar mucho que su hija pasara de ser una estudiante modelo a no hacer absolutamente nada.

-No quiero ni preguntar quién fue el idiota que tuvo la gran idea.- Estaba cabreada, y mis modales no eran los mejores.

-En realidad, es una ventaja para ti. Puedes verle todos los días. Además, - añadió para animarme un poco.- no quiero ni imaginarme la cara de tu ex al verte paseando tranquilamente por los pasillos.

Ufff, me había olvidado completamente de Mike.

Estuve con él cerca de dos años. Pero ahora, me doy cuenta de que nunca estuve realmente enamorada. No fue ni una quinta parte de lo que siento por Edward.

-Lo más seguro es que Jessica Stanley me interrogue sobre mi desaparición. Se habrá inventado otra de sus historias diciendo que huí del país porque mi propio padre me perseguía para detenerme o vete tú a saber.- Jake se carcajeó. Le había hablado en el pasado demasiadas veces de lo que podía llegar a hacer esa pequeña arpía (ahora no tan pequeña)

-Me lo puedo imaginar.

-Pero Jake, iré con una sola condición.- Estaría dispuesta a ir si...

-Claro, dime. ¿Quieres una mochila super fashion?- dijo con voz chillona.

Reí suavemente ante sus tonterías.- No, no es eso.- dije.- Iré con una única condición, y has prometido cumplirla. Tú también vendrás conmigo.

...

Jake lo ha prometido! Ahora lo tiene que cumplir!

Muchas gracias por vuestros reviews, enserio. Les contestaría, pero mi tiempo es limitado :S

Espero que les haya gustado el capítulo e intentaré actualizar lo más pronto posible.

Besos.

-Bohe-